El Juicio de Dios Grande y Terrible

HOMILÍA: 19 DE NOVIEMBRE DE 1989

El Juicio de Dios Grande y Terrible.
(Homilía Pronunciada en la Basílica del Sagrado Corazón,
el 19 de Noviembre de 1989.)
Mons. Arturo Rivera Damas
Arzobispo de San Salvador



Introducción: el juicio definitivo de Dios, fuerza dinamizadora

Esta función, como se dan cuenta, está presidida también por la imagen del Divino Salvador del Mundo, titular de la arquidiócesis, de la ciudad de San Salvador y de la república.

Estamos en el penúltimo domingo del tiempo ordinario, que es como decir en las postrimerías del año litúrgico. En este final, como lo hemos venido diciendo en los domingos anteriores, se presenta a nuestra consideración, como fuerza dinamizadora, el juicio definitivo de Dios, la alegría del premio y el temor del castigo.

Como seres provistos de libertad, podemos elegir el camino estrecho de la virtud, o la vía ancha de la permisividad, del vicio, del pecado; podemos hacer de nuestra vida y de las cosas que Dios nos hadado, la oportunidad de ganar amigos y de ser hombres para los demás; o podemos encerrarnos en nuestro egoísmo y postrarnos ante los ídolos del tener, del poder y del placer, e inmolar ante ellos, la vida y el honor de los demás.

1. El juicio de Dios, grande y terrible

La primera lectura de Malaquías, en su brevedad, nos anuncia el juicio de Dios, grande y terrible. Como una hoguera para los perversos, y un sol de justicia para los justos.

Los textos de la misa quieren ubicarnos en un realismo teológico, no ocultan las dificultades del camino, o circunstancias como las que vivimos aquí y que se han agravado con la ofensiva inútil e injustificable del FMLN y la respuesta excesiva de la Fuerza Armada, porque en otros términos, se nos dice la palabra consoladora de Cristo: "no temais, yo he vencido al mundo." En efecto, en la antífona de entrada, que es como el tema o idea dominante, o motivo conductor, se nos exhorta a tener confianza: "tengo designios de paz y no de aflicción, me invocarán y yo los escucharé, los congregaré sacándolos de los países y comarcas donde los dispersé."

Esta confianza se transforma en alegría, que se hace oración filial, por eso hemos cantado: "señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero." Esta es la paradoja de la cruz, en la que sufrimiento es igual a alegría; muerte y martirio, igual a resurrección.

Con esta confianza y alegría que nos da la certeza de ser hijos de Dios y amados y cuidados diligentemente por El, debemos trabajar y luchar por ir haciendo mas digna y humana nuestra convivencia social, cambiando la injusticia por la solidaridad, la violencia por la paz, la muerte por la alegría de vivir.

2. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan: estamos apurados, pero no desesperados: nos derriban, pero no nos rematan.

En la segunda lectura, Pablo se pone como ejemplo de los cristianos de Tesalónica. El, que sobreabunda de gozo en todas las tribulaciones, que nos las describe con estas antítesis incisivas: "nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; nos derriban, pero no nos rematan" (2 Cor 4, 7-15), exhorta a los tesalonicenses al trabajo, pues él no vive holgazaneando o de caridad, sino activo, ganándose el pan con el trabajo de sus manos y el sudor de su frente. Tiene derecho a que la comunidad a la que sirve le de el honesto sustento; pero renuncia para no ser carga de nadie.

¡Claro que hay emergencias como las que tenemos hoy! No todos pueden trabajar por estar en albergues temporales para ellos, los que estamos sin problemas o con menos problemas debemos proveer. Este es otro motivo para ver lo inconveniente de la lucha y para buscar salidas más racionales.

A parte de esta aplicación práctica a las necesidades del momento, queda claro que el cristiano se siente estimulado a trabajar como si nunca tuviera que morir; pero a vivir como si en cada momento tuviera que rendir cuenta al Dios, único dueño de la vida.

3. En alegría vivamos la tensión del "ya" y el "todavía no"

También el evangelio, el texto de hoy, nos incomoda y desinstala de la inclinación al tener, al placer y al dominar sobre los demás.

Todo es transitorio, aun el templo de Jerusalén, morada de Dios y puerta del Cielo, en el que se conjugaba la belleza del arte, con la riqueza y nobleza de los materiales empleados, la pureza de la devoción con el orgullo nacional y las prácticas viciadas de cajas de cambio y venta de animales para el sacrificio.

Pero lo que es peor, el hombre, templo de Dios, y la humanidad misma sufriera el mal de la división, de la violencia y de la guerra. En este siglo ha habido más de cien guerras; pero muchas guerras sangrientas se han terminado a base de acuerdos, sólo la nuestra es una de las pocas que todavía quedan. Las guerras como la persecución contra los seguidores de Cristo, son otro signo de la segunda venida del Señor; pero no hay que creer a los vaticinadores de infortunios que estamos ya en las puertas del fin del mundo. El mensaje evangélico es para que en alegría vivamos la tensión del "ya" y el "todavía no." El reino de Cristo está ya entre nosotros, pero su plenitud se dará al final de los tiempos.

Es aquí, mientras peregrinamos, donde esa presencia del reino dentro de nosotros, que es la gracia de Dios, nos estimula a ser artífices de nuestra salvación, trabajando tesoneramente por el bien de los demás. Pasemos a los hechos de la semana.

4. Hechos de la semana
4.1. Hechos de la realidad nacional

El marco macabro de los hechos de la semana, sobre todo en el área metropolitana de San Salvador y en varias ciudades del interior del país, lo constituye la ofensiva del FMLN, que no dudo en calificar de inútil e injustificable, y la consiguiente reacción de la Fuerza Armada, que como pastor considero excesiva.

¡Cómo quisiera llegar esta mañana hasta los lugares donde el sufrimiento, la angustia y las lágrimas han sido insoportables, y decirles cuan profundamente se ha conmovido mi corazón de pastor ante el indescriptible dolor de familias enteras! ¡Cómo quisiera estar personalmente en cada hogar que llora al ser querido que murió víctima de la violencia descomunal que todavía no termina, a pesar del apremiante llamado del Papa, del Comité Internacional de la Cruz Roja, de numerosos gobiernos y de organismos internacionales! ¡Cómo quisiera consolar a los heridos y a las familias más atribuladas y llevar un trozo de pan a quienes padecen hambre y rezar por todos y con todos!

La prueba ha sido terrible, peor que el terremoto de hace tres años, sobre todo para la población civil de la zona norte, noreste y sureste de la capital, así como de San Miguel y de Zacatecoluca. Y lo peor es que la lucha continúa, una lucha insensata que ha hecho experimentar a muchos de nosotros, quizá por primera vez, los horrores de la guerra, esa guerra que durante casi diez años ha sido la cruz cotidiana de miles y miles de humildes e indefensas familias en el interior del país.

4.2. El execrable asesinato de seis sacerdotes

En ese clima de confrontación total y después de las reiteradas y apasionadas acusaciones anónimas que se escucharon en la Cadena Nacional de Radio contra conocidas personas, el mundo entero se horrorizó al conocer el brutal asesinato de seis sacerdotes jesuitas y de dos empleadas de su residencia. A la condena general se unió la de Su Santidad Juan Pablo II, quien en consolador mensaje dirigido a mi persona dice: "...deseo expresarle, Señor Arzobispo... mi vivo dolor por este acto de execrable violencia, junto con la seguridad de mis plegarias por el eterno descanso de los fallecidos."

Y a renglón seguido, el Santo Padre añade: "Al expresar una vez más mi enérgica reprobación por acciones contra la vida de las personas, renuevo mi urgente llamado a la responsabilidad y a la concordia, mientras hago votos para que el sacrificio de los religiosos asesinados induzca a todos a rechazar la violencia y a respetar la vida de los hermanos, para así conseguir frutos de paz y reconciliación en ese sufrido país."

No cabe duda que tan nefanda acción había sido decidida con antelación y preparada por la irresponsable campaña de acusaciones y calumnias, sobre todo en algunos impresos, contra varios de los distinguidos académicos de la UCA que ahora ya están muertos; tales acusaciones y calumnias envenenaron las mentes y terminaron armando los brazos asesinos. El Santo Padre y el mundo civilizado nos llaman a reflexión al gritar que la violencia no es el camino y que toda vida debe ser respetada.

Horas antes de la masacre que coloca a nuestro país en el primer lugar de la barbarie, ya que en ningún país cristiano en los tiempos recientes, se ha asesinado a tantos sacerdotes y religiosas y catequistas, e incluso a un arzobispo, el Papa había expresado su preocupación por las "dolorosas noticias de violentos enfrentamientos que están sembrando muerte y sufrimiento" en El Salvador. Se cree que los muertos pasan del millar, cifra que viene a sumarse a los más de setenta mil que han caído en el último decenio.

4.3. No queremos venganza, pero exigimos justicia

"No queremos venganza, pero exigimos justicia." Con esta afirmación del Padre José María Tojeira, provincial de la Compañía de Jesús en Centroamérica, quedó claramente definida la actitud que debemos adoptar ante la muerte martirial de esos conocidos religiosos y ante la muerte de tantos salvadoreños hombres, mujeres, jóvenes y niños cuya historia nadie recogió y cuya sangre quedó perdida en los distintos rincones de la atribulada tierra cuscatleca.

En el caso de los padres jesuitas, las investigaciones han comenzado con mucha seriedad. ¿Podemos esperar, por fin que se llegue al fondo de las cosas, cualquiera que sea el culpable? El presidente Cristiani y el Alto Mando han hecho público solamente su compromiso de llevar a cabo una investigación exhaustiva. Les tomamos la palabra, no sólo porque debe hacerse justicia, sino también porque hay una presunción vehemente de que los asesinos de los religiosos sean elementos de la Fuerza Armada o en íntima connivencia con ellos.

4.4. El buen samaritano entre las balas

La maldad del corazón humano no debe tener la última palabra. Por eso nos reconforta el servicio generoso y desinteresado, a menudo también arriesgado, de tantos compatriotas y extranjeros que están prestando a sus hermanos víctimas de la confrontación armada de los últimos días. Allí están los miembros de la Cruz Roja Salvadoreña, del CICR, de la Cruz Verde, de los Comandos de Salvamento, de la Brigada Internacional de Rescate y otras abnegadas instituciones de socorro. Allí está el heróico ejército blanco de los médicos, enfermeras y personal paramédico. Allí están también el personal de la Iglesia, en el arzobispado, en las parroquias y en numerosos albergues temporales abiertos para acoger a la población civil que huye de las zonas de combate.

Quiera Dios que la tribulación termine pronto, pero no olvidemos lo que puede venir después: una pavorosa ola de venganzas, de denuncias, de amenazas a muerte como las recibidas por el obispo luterano Medardo Gómez, y la consiguiente represión y "cacería de brujas" que puede desatarse cuando vaya volviendo la calma. Ciertamente, habrá que reconstruir o reparar centenares de viviendas destruidas o dalladas por las armas pesadas de la guerrilla y sobre todo por los temibles ataques de la aviación sobre zonas pobladas. Sin embargo, lo más difícil serán, sin duda, la reconstrucción del tejido social, tan cruelmente desgarrado por esa interminable pesadilla que comenzó hace nueve días.

4.5. Trabajar por la reconciliación y la paz

Aunque la voz de la Iglesia parezca perderse en el desierto, seguiremos gritando, con el evangelio en la mano y el dolor cotidiano de nuestro pueblo en el corazón, que la violencia de la izquierda o de la derecha nunca podrá producir frutos de paz. Es urgente, por tanto, que los dirigentes de todas las fuerzas sociales, políticas y militares, se abran al apremiante llamado del Papa "para que se ponga fin inmediatamente a los combates y todas las partes interesadas vuelvan responsablemente a la vía del diálogo, sincero y constructivo, (diálogo) que, tras tantos años de estéril conflicto y de innumerables pérdidas de vidas humanas, lleve a la suspirada reconciliación, base segura de paz y prosperidad, para el amado pueblo salvadoreño." No son palabras mías, queridos hermanos, sino la voz de la más alta autoridad moral de la tierra, el Papa Juan Pablo II.

En el mismo sentido se expresan los obispos de México, Centroamérica y Panamá reunidos en Guatemala con las principales autoridades del CELAM, reunión a la que no pudimos asistir por la emergencia que estamos viviendo: "sentimos la urgencia de unir nuestra voz , dice el documento dado a conocer el jueves pasado, a la de todos los hombres y mujeres que rechazan los medios violentos como solución a los problemas y, por lo tanto, condenan y repudian esta lucha fratricida, fruto amargo incubado en la situación de insoportable injusticia que ha padecido ese noble pueblo y exacerbado por la repudiable intromisión de poderes hegemónicos al servicio de intereses extraños a nuestras naciones."

Gracias, Santo Padre, por vuestra cercanía espiritual y vuestras luminosas orientaciones. Gracias hermanos obispos de América Latina y de otras iglesias. Gracias a todos los que dentro y fuera de nuestras estrechas fronteras, han expresado su solidaridad con el sufrido pueblo salvadoreño y con sus pastores, en estas angustiosas jornadas.

Ponemos de nuevo esta nación en el regazo maternal de Nuestra Señora de la Paz, patrona de El Salvador, cuya fiesta celebraremos dentro de dos días, quizá todavía bajo las balas que rodean su imponente santuario en la ciudad de San Miguel. Que ella nos muestre el único ca

Universidad Centroamericana José Simeón Cañas
Dirección de Comunicaciones
Bulevar Los Próceres, Antiguo Cuscatlán, La Libertad, El Salvador, Centroamérica
(503) 2210-6600 • direccion.comunicaciones@uca.edu.sv