PROCESO — INFORMATIVO SEMANAL EL SALVADOR, C.A.

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    El informativo semanal Proceso sintetiza y selecciona los principales hechos que semanalmente se producen en El Salvador. Asimismo, recoge aquellos hechos de carácter internacional que resultan más significativos para nuestra realidad. El objetivo de Proceso es describir las coyunturas del país y apuntar posibles direcciones para su interpretación.

    Su producción y publicación está a cargo del Centro de Información, Documentación y Apoyo a la Investigación (CIDAI) de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” de El Salvador. Por favor, asegúrese de mencionar Proceso al utilizar porciones de esta publicación en sus trabajos.

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Año 24
número 1105
Julio 7, 2004
ISSN 0259-9864
 
 
 
 

ÍNDICE



Editorial: Corrupción en el poder ejecutivo

Internacional:

Economía: El déficit habitacional

Economía: El pulso económico de EEUU y su impacto en El Salvador

Derechos Humanos: Juntos el hambre y las ganas de comer

Indicadores Sociales: Desarrollo productivo en economías abiertas

 
 
Editorial


Corrupción en el poder ejecutivo

 

Pareciera que a la prensa le han dado vía libre para exhibir la corrupción en algunas instituciones públicas, dependientes del poder ejecutivo. A juzgar por la ofensiva contra el Instituto Nacional de los Deportes (INDES), la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA) y la empresa encargada de controlar la emisión de gases de los vehículos, la veda sobre la gestión de Flores habría sido levantada, al menos de forma selectiva. Con todo, los altos funcionarios del gobierno actual se muestran circunspectos cuando les piden comparar gobiernos. Las denuncias confirman las sospechas de corrupción en el poder ejecutivo, pero aquélla es más amplia de lo que la prensa está mostrando. En el gobierno de Flores, la prensa se ensañó con los poderes legislativos y judicial, pero dejó de lado al ejecutivo como si éste fuera la excepción. Es interesante observar cómo los funcionarios públicos favorecen a socios y amigos y cómo ellos mismos se benefician a través de éstos. Alteran los términos de referencia de las licitaciones, modifican las ofertas presentadas y disponen del dinero público con una enorme liberalidad, pues pagan bastante más de lo que cuestan los bienes y servicios que adquieren. Un familiar o amigo al frente de una institución pública es una oportunidad única para hacer buenas ganancias, a costa de la hacienda pública.


Tampoco hay que pasar por alto la inmoralidad de la empresa privada, la cual no puede competir limpiamente en una licitación, sino que debe apoyarse en amistades, compadrazgos y sobornos para hacer negocio. Es la misma empresa privada que suele proclamar su fe ciega en el mercado libre, la libre competencia y la no intervención estatal. En la vida real, no practica el mercado libre, porque no resiste la competencia, y necesita del favor estatal, porque de lo contrario no podría permanecer en el mercado. Por eso se las arregla para colocar a sus representantes en puestos claves del gobierno. De esta manera se vuelve a comprobar que la empresa privada es una de las fuerzas que más atenta contra la gobernabilidad, puesto que incita y acepta violar las leyes más elementales para hacer ganancias. Eso, para no hablar de los bancos y sus tarjetas de crédito, de las distribuidoras de los servicios públicos, de las empresas del transporte público y de las farmacéuticas, que se aprovechan de la desprotección y la ignorancia de los consumidores, todo en nombre de la libre empresa. El gobierno actual ha mostrado la intención de someter estas empresas a la legislación vigente. El desafío es enorme, pues se enfrentará con el gran capital, el mismo que lo colocó donde está, precisamente para que no hubiera cambios. Sin embargo, no puede combatirse la pobreza, ni promoverse el desarrollo humano con un capitalismo tan salvaje como el salvadoreño. Es un capital que se coloca por encima de la legislación y que considera al poder ejecutivo como un servidor complaciente de sus deseos. La denuncias de la corrupción gubernamental también pone en evidencia la realidad de una empresa privada inconsecuente con su propio credo.


Los tres casos en los que la prensa se ha concentrado están relacionados con recursos vitales para el país: el agua, el medio ambiente y el deporte. Con tanta corrupción, no es extraño que el agua sea cada vez más escasa y de peor calidad, que el medio ambiente sea hostil a la población, lo cual se manifiesta en una serie de enfermedades evitables, y que el deporte salvadoreño no levante cabeza, ni dentro ni fuera del país, no obstante las falsas expectativas que crean los comentaristas deportivos. Y eso que aún no se ha investigado a las federaciones de las diversas disciplinas deportivas, donde también hay corrupción disfrazada de honorabilidad y donde también se encuentran diputados y otros funcionarios públicos. Los hijos e hijas de los directivos son seleccionados para representar al país, aun cuando su rendimiento deportivo no sea el mejor. Con criterios igualmente subjetivos se aceptan invitaciones y se seleccionan los representantes oficiales. Las investigaciones debieran extenderse a otras ramas del ejecutivo como obras públicas, donde se han manejado millones de dólares para construir infraestructura, por medio de empresas privadas. Asimismo, también amerita echar una mirada a la administración del transporte público, donde hay sobrados indicios de corrupción.


En los tres casos ventilados en la prensa es evidente la ausencia de controles eficaces sobre la administración pública. Las instituciones responsables de esta función, en particular la Corte de Cuentas y la Fiscalía General de la República han demostrado una ineficiencia inexcusable, no obstante consumir una buena partida del presupuesto nacional. Los funcionarios encargados de ejercer esos controles son tan ineptos que, a juzgar por lo que declaran, se informan por la prensa nacional de lo que sucede en las instituciones públicas que, por ley, debieran controlar.


Ante esta ineptitud, la prensa tiene un papel insustituible para controlar a funcionarios y empresarios. Es cierto que sus denuncias no son suficientes para fundamentar un proceso judicial, pero al menos exponen a los corruptos y su corrupción ante la opinión pública, lo cual temen más, porque, por lo general, se trata de conocidos personajes con fama de honorables. Pero para cumplir con esta función, la prensa debe ser libre y en El Salvador no lo es. Su actitud ante el poder ejecutivo durante el gobierno de Flores lo demuestra. No se atrevió a exponer su corrupción, hasta que éste dejó el poder. Si la prensa y la ciudadanía hubieran gozado de esa libertad en el gobierno anterior, la corrupción en la gestión del agua y del deporte se hubiera conocido a tiempo y hubiera podido detenerse. Ahora es tarde para recuperar el dinero y seguramente también para pedir responsabilidades judiciales, porque la coartada estará bien montada. Aun así, la prensa y la opinión pública pueden ejercer un control sobre la corrupción mucho más eficaz que las instituciones estatales. La tarea no es fácil y, además, es arriesgada, porque se trata de investigar los entresijos del poder económico y político. Es aquí donde verdaderamente se ejerce y se pone a prueba la libertad de la prensa y no en la difusión de banalidades y trivialidades de la vida nacional y sus personajes. La libertad se ejerce frente al poder de los fuertes y en la exposición de las vergüenzas de los débiles.

G

 

Internacional


Sadam ante la justicia

 

El pasado jueves 1º de julio, Sadam Hussein compareció ante la justicia en Irak. Todos los medios de prensa internacional presentaron la noticia. El ex dictador llegaba esposado ante un juez que le leyó los diversos cargos que pesan en su contra. Esta fecha quedará grabada, sin duda, en la memoria de todos los iraquíes. Por un lado, tenemos las reacciones de los simpatizantes de Sadam, los sunnitas, quienes, según dicen los periodistas, vivieron alegremente durante el reinado del ex dictador. Éstos manifestaron su indignación con lo que estaba ocurriendo con su ex presidente. Algunos de ellos juraron ante las cámaras de televisión internacionales que estarían dispuestos a dar su sangre por Hussein.

G

 

Los nacionalismos y sus matices

 

Los efectos del fenómeno de la globalización no sólo han tenido consecuencias en el ámbito económico, sino que también han incidido en lo político y en lo sociocultural. Precisamente uno de los aspectos más criticados por los movimientos antiglobalización ha sido el “fantasma” de la homogeneización cultural, como consecuencia de la expansión del capitalismo neoliberal a escala mundial, y que supondría la conversión paulatina de las diversas culturas expandidas a lo largo y ancho del globo a imagen y semejanza de Occidente, o mejor dicho, de EEUU. En definitiva, se trata de la desaparición de lenguas, culturas, tradiciones, estilos de vida, moda etc. para dar lugar a una “norteamericanización” de nuestras culturas y sociedades.

G

 

Economía


El déficit habitacional

 

Poseer una vivienda propia es vital para una familia. Al interior de ese espacio físico donde convive y proporciona alguna privacidad, se transmite una serie de valores y referentes sociales que determinan la manera en la que sus miembros han de insertarse en la vida social. Desde una óptica económica, la vivienda se constituye en una necesidad fundamental para que las familias puedan satisfacer sus necesidades materiales más importantes. La carencia de la misma se constituye en un obstáculo serio en la búsqueda del desarrollo de las familias y, por consiguiente, de la sociedad.

G

 

El pulso económico de EEUU y su impacto en El Salvador

 

A principios de este año, organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtieron que el “excesivo déficit fiscal en Estados Unidos podría afectar el sostenimiento a largo plazo de la economía global” (BBC news, 08.01.04). El FMI señaló, en ese entonces, que “la recesión, el recorte de impuestos y los astronómicos desembolsos para financiar la llamada guerra contra el terrorismo” eran las culpables de esta tendencia deficitaria de EEUU.

G

 

Derechos Humanos


Juntos el hambre y las ganas de comer

 

Ni modo. Ni el Plan “Mano dura”, ni la ley temporal antimaras y su prórroga, ni los operativos “Puño de hierro”, ni la dotación extra de dinero a la Policía Nacional Civil (PNC), ni la intensificación de patrullajes de los Grupos de Tarea Conjunta que —desde hace años— mantienen a la Fuerza Armada de El Salvador (FAES) realizando labores de seguridad pública… Nada; de verdad, nada ha resultado efectivo para combatir la avalancha de crímenes que sigue castigando a nuestro pueblo. Peor aún, el número de homicidios ha aumentado en lo que va del año, si se compara con lo acontecido en el 2003.


Por si fuera poco, todavía hay quienes con sarcasmo aseguran que las cifras de muertes por la llamada “violencia social” se han “disparado”. Más allá del humor negro, es una formulación de lo más cercana a la realidad. Hace unos días la PNC informó que —en los meses transcurridos del 2004— había contabilizado más de mil cuarenta hechos fatales, de los cuales más del setenta por ciento fueron cometidos con armas de fuego.


Para insistir con las ironías, en un periódico nacional apareció —también hace unos días— una nota cuyo titular era más o menos el siguiente: “Preocupa el aumento de crímenes en Guatemala: treinta en una semana”. Entonces, ¿la situación en el vecino país está peor que acá? Ese parecía ser el mensaje que se quería transmitir, junto al de otra nota que habla de setecientas muertes violentas —siempre en Guatemala— durante el recién pasado semestre. Pero con una simple multiplicación las cosas se aclaran considerando que, oficialmente, acá se habla de siete muertes diarias. El resultado, cuarenta y dos homicidios por semana en el territorio nacional.


Las cifras son escalofriantes y mantienen a nuestro país entre los más violentos de Latinoamérica, dejando a San Salvador y sus alrededores como una de las áreas de mayor criminalidad en el hemisferio. Inútiles han sido los ríos de tinta que han corrido, tratando de definir cuáles podrían ser las medidas a adoptar en aras de frenar esta oleada criminal. Sin embargo, las opciones oficiales siguen inclinándose hacia la represión que — hasta la fecha— ha sido claramente ineficaz. Tanto el pasado gobierno encabezado por Francisco Flores como hasta ahora el nuevo de Antonio Saca, optaron por la fuerza como la única vía para combatir los hechos de violencia. Si bien en algún momento pueden ser convenientes medidas de ese tipo, como en el caso de ciertos operativos especiales, la eficacia de las mismas se pierde con el tiempo —como se ha revelado reiteradamente— si no se acompañan de aciones serias y permanentes en materia de prevención de la violencia, así como en los campos de la rehabilitación de los violentos y su reinserción.


Otro grave error —quién sabe si intencional— es el de señalar a las “maras” como las responsables casi únicas de los graves actos de violencia que ocurren en el país. Pese a que el conteo incesante e inaceptable de muertes continúa, tanto la PNC y la Fiscalía General de la República como el Ejecutivo siguen insistiendo en esa dirección. Cómo llegan a esa conclusión tan absoluta, es un gran misterio. Sobre todo porque una de las fallas sobresalientes del cuerpo policial salvadoreño sigue siendo su deficiente nivel investigativo. Si sus técnicos no son capaces de determinar la autoría de numerosos hechos delictivos, resulta fuera de toda lógica que puedan llegar a semejante conclusión. Basta ser un poco observador, para comprobar eso: cuando los efectivos policiales no han realizado a cabalidad su labor, se justifican asegurando con una ligereza irresponsable que la causa de la muerte tiene que ver con delincuencia común o “maras”.


Por desgracia, en El Salvador se acostumbra pensar que para cada problema hay que aprobar una ley. Lo malo viene después; cuando está vigente sirve para atacar las consecuencias y no las causas de los problemas. Así, la ley temporal antimaras se dirigió sólo contra quienes —por decisión presidencial— son “responsables” de la criminalidad en el país. Y ahora andan con la idea de crear nuevas policías para cada situación que no han podido resolver. Van a crear la rural y comenzaron, con los últimos estudiantes de secundaria asesinados, a hablar de la escolar; así, si se incrementan los niveles de violencia en los estadios de fútbol habrá que integrar una policía deportiva y si eso ocurre en las iglesias alguien pensará en una celestial…


Sin embargo, pese a que las estadísticas señalan que siete de cada diez homicidios se cometen con armas de fuego, se continúa sin enfrentar el tema de su comercialización y tráfico clandestino. No lo ven como algo prioritario y urgente, aunque esté claro que las armas sólo sirven para lesionar o matar. Asimismo no se aborda en serio otra situación que también destaca: el de la participación de los hombres en los hechos de violencia, como victimarios y como víctimas. Mientras no se consideren estos dos aspectos fundamentales a la hora de combatir la criminalidad en nuestro país, abundarán las mesas de discusión pero se volverá a tropezar —una y otra vez— con la misma piedra.


Para colmo de males, los problemas de la PNC que recientemente se han estado ventilando públicamente no son más que un síntoma de su real estado. Hoy por hoy, esta institución nacida después de la guerra se encuentra en un cruce de caminos del que todavía no sale; ni siquiera ha logrado elegir la vía correcta para avanzar en el cumplimiento de su misión. Los informes especiales de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH) corroboran lo antes dicho. La lista de arbitrariedades cometidas por elementos policiales y registradas por la PDDH, revela su involución con respecto al espíritu y la letra de los acuerdos de paz.


A lo anterior se suman los sucesivos planes para combatir la delincuencia juvenil organizada, que han acaparado la mayor parte de sus recursos técnicos, económicos y humanos. Los graves errores contenidos en las leyes especiales acentuaron el accionar discrecional de los agentes del orden público, al punto que se han alcanzado cifras históricas de detenciones sin que eso suponga una mejora real en el combate de la delincuencia a todo nivel y en el de la reducción de los altos índices de violencia social.


Se ha querido golpear con la mano y con el puño —poco faltó para usar el pie– pero los problemas siguen siendo los mismos. Más aún, el número de muertes violentas se ha elevado en determinados núcleos poblacionales, como en Sonsonate por citar un ejemplo que —además— sirve para evaluar el actuar institucional. Pese a los esfuerzos realizados y la gran publicidad de Casa Presidencial, la criminalidad se ha mantenido y ha convertido a esta ciudad en uno de los sitios más violentos del país. Frente a ese cuadro, el director de la PNC y sus subalternos decidieron entrarle directamente con una intención clara: encararla con un enorme despliegue en todo sentido, para transmitir la sensación de que la institución controla la situación.


Entre las medidas adoptadas está la remoción de muchos policías destacados allá, en una cantidad que asusta: dicen que son ciento setenta y cinco agentes. No es un problema aislado, sino una deficiencia estructural grave que afecta a la institución y, por tanto, a todo el país. Sin embargo, no se ha optado por la depuración de estos agentes, cuando por la gravedad de los hechos se tomaron disposiciones tan drásticas como la citada. Surgen entonces dos preguntas elementales: ¿Depuró bien la PNC Mauricio Sandoval, cuando era su director general del cuerpo? ¿Están repartiendo delincuentes con uniforme por todo el territorio nacional, al trasladarlos de Sonsonate a otros puestos? Preocupa, además, que su Inspectoría General no haya hecho nada antes en este caso, cuando precisamente para eso está.


Así se evidencia el estado crítico de la institución que debe garantizarnos la tranquilidad, la seguridad y la paz pública. A la actual Policía Nacional Civil, pues, se la han juntado el hambre con las ganas de comer, Súmenle los nuevos escándalos de corrupción por los altos costos para el mantenimiento o suministro de partes de aeronaves, que tampoco es un hecho aislado; baste recordar el alboroto que se armó por antes por licitaciones irregulares en el suministro de uniformes. Es urgente entonces cambiar de rumbo para combatir la criminalidad y hacer de la PNC un organismo eficiente, que cumpla bien su cometido.

G

 

Indicadores Sociales


Desarrollo productivo en economías abiertas

 

A continuación, transcribimos el resumen del documento Desarrollo productivo en economías abiertas, elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) para su trigésimo período de sesiones (San Juan, Puerto Rico, 28 de junio al 2 de julio de 2004).


Desarrollo productivo en economías abiertas


Los países de nuestra región han mostrado un intenso y persistente interés en los mecanismos de desarrollo económico y las políticas públicas para promoverlo, proceso que ha sido acompañado por la CEPAL desde su fundación, hace ya más de medio siglo. Hoy en día, el debate sobre estos temas se enmarca en el proceso de globalización, que se caracteriza por el contraste entre un inusitado dinamismo en varias de sus dimensiones —sobre todo económicas, financieras y culturales— y el lento desarrollo de una red de instituciones que permita responder a la mayor interdependencia entre las naciones en diversos planos y corregir progresivamente las acentuadas asimetrías del orden global.


En las dos últimas décadas, América Latina y el Caribe apostó con fuerza a la integración en la economía global, ya que fue la región del mundo en desarrollo que adoptó con mayor decisión los programas de liberalización económica. El examen de este período permite valorar algunos logros que fueron muy importantes, pero también identificar rezagos y temas pendientes. La CEPAL sostiene que es necesario construir sobre lo ya conseguido, pero también es preciso superar las brechas existentes y abordar los temas aún no tratados. Los avances que se consigan pueden incluso ser esenciales para consolidar una mayor integración en el plano mundial y, a la vez, para impedir que los costos sociales, económicos y políticos asociados al proceso de reformas económicas hayan sido en vano.

I. Rasgos básicos del escenario internacional actual
En los años noventa se consolidaron características económicas y financieras enraizadas en prolongados procesos históricos. En ese período se fueron creando las condiciones para que la economía mundial dejara de ser un agregado de economías nacionales vinculadas por flujos de comercio, inversión y financiamiento, para convertirse progresivamente en un conjunto de redes globales de mercados y producción que cruzan las fronteras nacionales. Sin embargo, estos procesos de indudable y creciente empuje no estuvieron acompañados de un desarrollo equivalente de la institucionalidad global, cuya agenda es incompleta y asimétrica (Ocampo, Bajraj y Martin, 2001).

1. Hechos económicos destacados
En el marco de un menor crecimiento mundial, el comercio internacional se expandió a tasas cercanas a un promedio anual del 6% entre 1990 y 2003; en el 2000 la inversión extranjera directa rozó los 1,4 billones de dólares, cifra que equivale a siete veces más la de comienzos de los años noventa. Las transacciones diarias en los mercados cambiarios superaron los 1,5 billones de dólares en los primeros años del presente siglo, en tanto que las innovaciones y el cambio tecnológico se concentraban aún más en los países desarrollados.

a) Disminución del dinamismo económico mundial
Entre 1990 y 2003 el crecimiento de la economía mundial alcanzó una tasa media anual de sólo 2,6%, situándose en el nivel más bajo de la posguerra en un período equivalente. En este resultado incidieron el magro desempeño de los países desarrollados, la crisis de Europa oriental y el escaso crecimiento de África y América Latina y el Caribe. En cambio, Asia se expandió a tasas elevadas y mejoró el ritmo de crecimiento del Medio Oriente.


En el grupo de los países desarrollados se aprecia un notorio contraste entre el período 1990-2003 entre el desempeño de Estados Unidos (3% promedio anual, con una aceleración en 1997-1999, cuando superó el 4%), de la Unión Europea (2% anual) y de Japón (1% anual, incluso con tasas negativas en 1991 y 1998). Esta evolución de los países desarrollados estuvo signada además por marcados desequilibrios macroeconómicos. En particular, en Estados Unidos la expansión del gasto y la contracción de los ingresos fiscales, como consecuencia de las reducciones impositivas y de la recesión económica, transformaron el superávit fiscal de los años noventa en un cuantioso déficit, que puso nuevamente en el tapete el problema de los “déficit gemelos”. En la Unión Europea, el escenario está dominado por el histórico ingreso de 10 nuevos miembros a la Unión Europea a partir del 1º de mayo del 2004.


Los países en desarrollo, incluidas las economías en transición de Europa oriental, iniciaron los años noventa con grandes diferencias en sus tasas de crecimiento. Destacaron por su dinamismo en el período 1990-2003 los países de Asia sudoriental, China e India. Los primeros, con la excepción de Indonesia, se recuperaron rápidamente de la crisis de 1997, mientras que China triplicó con creces su producto entre los años extremos del período (226%) e India prácticamente lo duplicó (98,1% entre 1990 y 2003). El impresionante crecimiento de China la ha convertido en el tercer importador mundial, sólo superada por la Unión Europea y Estados Unidos.


Por su parte, a partir de 1996 las economías en transición retomaron un sendero de crecimiento que ha tendido a estabilizarse en torno a un 4% en los primeros años de la actual década. África, después de su pobre desempeño en el comienzo de los años noventa, tendió a registrar una tasa de crecimiento en torno al 3% anual, sin mayores altibajos desde 1994. América Latina y el Caribe, al igual que Medio Oriente, registró un mejor desempeño a principios de los años noventa; en cambio, desde mediados del quinquenio, y sobre todo a partir de 1997, mostró caídas importantes en 1999 y 2001.


b) Exportaciones y crecimiento económico: una relación variable
En el período 1990-2003 el comercio mundial volvió a presentar tasas de crecimiento anuales parecidas a las de las primeras décadas de la posguerra, tras la fuerte desaceleración sufrida entre 1973 y 1990. Debido a la disminución simultánea de las tasas de crecimiento del producto mundial, la relación entre ambas variables en 1990-2003 fue la mayor de la posguerra, con una tasa de crecimiento de las exportaciones que casi triplicó la del producto. De hecho, la tasa de crecimiento de las exportaciones excedió a la del producto todos los años desde 1985 hasta el 2000. La creciente liberalización comercial en la industria manufacturera y en los servicios y el mayor volumen del comercio intrafirma, debido a la dinámica de los sistemas internacionales de producción integrada, explican parcialmente esta brecha entre la expansión del comercio y del producto mundiales (UNCTAD, 2002).

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