PROCESO — INFORMATIVO SEMANAL EL SALVADOR, C.A.

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    El informativo semanal Proceso sintetiza y selecciona los principales hechos que semanalmente se producen en El Salvador. Asimismo, recoge aquellos hechos de carácter internacional que resultan más significativos para nuestra realidad. El objetivo de Proceso es describir las coyunturas del país y apuntar posibles direcciones para su interpretación.

    Su producción y publicación está a cargo del Centro de Información, Documentación y Apoyo a la Investigación (CIDAI) de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” de El Salvador. Por favor, asegúrese de mencionar Proceso al utilizar porciones de esta publicación en sus trabajos.

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Año 24
número 1088
Marzo 17, 2004
ISSN 0259-9864
 
 
 
 

ÍNDICE



Editorial: Falsa libertad

Política: Razones de una bofetada democrática

Documento: Estudio socioeconómico de once cantones y tres núcleos urbanos del oriente de El Salvador

Regional: Si quieres paz...

Derechos Humanos: Quien siembra vientos...

Opinion: El imperio, la campaña electoral

 
 
Editorial


Falsa libertad

 

Las libertades por las que ARENA va a votar en las próximas elecciones no son las del ciudadano, es decir, las consagradas en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Las libertades que dice defender no son las libertades democráticas del Estado liberal. La libertad a la que ARENA se refiere en su discurso es la del mercado y su razón no es la del bien común, ni la del Estado liberal, sino la razón de mercado. Se trata, pues, de una libertad reservada sólo a unos pocos empresarios exitosos. El bien común del que habla ARENA no se refiere al bienestar de toda la población salvadoreña, sino al de los protagonistas del mercado. Su misión primordial es garantizarles que puedan realizar sus transacciones sin ningún estorbo; aunque su gobierno interviene para ayudar a sus allegados, cuando éstos se encuentran en aprietos.


La razón de mercado ha sustituido a la razón de Estado y funciona de la misma manera que ésta. Al igual que la razón de Estado, en su momento, sostiene que para conseguir un fin hay que usar unos medios determinados. El fin aquí es el mercado. En consecuencia, hay que poner todos los medios para que éste predomine en la sociedad y en la vida privada, es decir, hay que prescindir de cualquier otra consideración que no sea el mercado. Por eso, ARENA habla tanto de libertad. La libertad a la que se refiere es la del mercado y su propósito es que el mercado predomine de manera absoluta, sin ningún obstáculo, ni cuestionamiento. El mercado es el nuevo absoluto, así como, en su momento, lo fue el Estado.


El criterio fundamental para determinar los medios que deben usarse para conseguir el fin, es la ganancia, que, ya se sabe, sólo es privilegio de unos cuantos. Al hacer del mercado un absoluto y de la ganancia el criterio único, los valores humanos y sociales pasan a segundo plano. El mercado no puede aceptar otra cosa que no sea la rentabilidad, medida en dinero. Los derechos y las libertades del empresario y del consumidor valen mucho más que los derechos y las libertades del ciudadano y son esas libertades la que ese partido defiende. Son las libertades de quien tiene dinero para invertir y comprar. Esta razón de mercado obliga a ARENA y a su gobierno a pensar la realidad desde la economía y, más en concreto, desde la empresa.


Ahora bien, para poder llegar a este punto, el gobierno de ARENA debilitó antes al poder político hasta volverlo irrelevante. Es lo que llama adelgazar el Estado, volverlo más pequeño, es decir, neutralizarlo para que, en su lugar, predomine el mercado. Pero eso no ha sido todo. Además, tuvo que socavar las estructuras comunales y sociales para que también ellas fueran objeto de mercado. En la actualidad, pese a las promesas de campaña, todo puede ser comprado y todo puede ser vendido. Esta mercantilización de la sociedad es la que ha destruido los valores sociales y comunitarios, religiosos y morales, cívicos y políticos, que tanto echa en falta la derecha salvadoreña, cuando se pone nostálgica. Lo grave es que esa mercantilización ha penetrado tanto en el hacer e incluso en el ser de la población, que ya forma parte de ella, como si fuera algo connatural.


La libertad que ARENA ha colocado en el centro de su discurso de campaña es la libertad de cualquier coacción, límite o intervención, de tal manera que el mercado opere sin traba alguna. De la misma manera, el individuo debe ser libre de todo vínculo o relación que lo someta o sujete a algo que no sea el mercado. Esta libertad, contrario a lo que parece pensar la derecha, es contraria a la familia, a la comunidad y a la sociedad, e incluso a la moralidad, las cuales son vistas como obstáculos a esa libertad, que aspira a ser absoluta. Una sociedad mercantilizada es, necesariamente, destructiva, puesto que se levanta sobre las ruinas de la familia, la comunidad y la sociedad. La razón de mercado, en efecto, disuelve la cohesión básica de la sociedad y sus formas tradicionales de organización, y con ellas, se lleva por delante los valores y la moral. En su lugar, se levanta, victorioso, el individualismo exacerbado y el libertinaje, que no reconoce límite a su ambición de ganar dinero.


En esta nueva forma de vida, todo bien y todo servicio sólo son accesibles por la vía del mercado. Así, la realidad humana queda reducida a intercambio y el intercambio adquiere formas humanas, de tal manera que el mercado posee sensibilidad y las bolsas padecen de nerviosismo y entusiasmo, tienen expectativas y frenesíes cambiarios. La empresa y la compañía son el modelo que toda institución y organización deben imitar, pues se han convertido en el patrón de la buena administración. Toda actividad humana se concibe, se planifica y administra a la manera empresarial. El nuevo individualismo de mercado implica sacrificar al ciudadano, puesto que su fundamento es el individuo libre de toda vinculación social y comunitaria, que pretende autorregularse, haciendo caso omiso de la legalidad y la moralidad. Para él, el valor y el ideario ciudadanos no son más que obstáculos que deben desaparecer para que el mercado reine. De esta manera, el individuo económico se libera del político y las relaciones, los valores y las normas quedan sometidas al nuevo imperio del interés individual, es decir, de la riqueza del gran empresario o del inversionista.


La razón de mercado es un imperativo totalitario, que interpreta, interpela y da sentido. Pero es un pensamiento simple, simplista y simplificador, que aparenta solidez con series estadísticas. Se impone sin pensamiento, sin teoría y sin intelectuales. Se ha impuesto al hacer de la eficacia el único conocimiento válido, explicativo e interpretativo de la realidad. Y es que la razón de mercado se opone a cualquier otra forma de pensar, porque no resiste un análisis serio.


La libertad por la que ARENA pide votar es la que permitiría que los que tienen mucho que ganar y poco que perder, los encargados de repartir los beneficios y las pérdidas de manera desigual, sigan gobernando. Muchos de los que tienen poco que ganar y mucho que perder están convencidos que ésta es su mejor opción para ser libres. Piensan que, en una sociedad de mercado, es más seguro colocarse del lado de quienes saben cómo ganar, aun cuando esas ganancias sean distribuidas de manera muy desigual y a ellos les lleguen sólo las migajas. Aun así, algunos se atreven a afirmar que la política económica de ARENA pretende poner rostro humano al capitalismo neoliberal.

G

 

Política


Razones de una bofetada democrática

 

Hasta conocerse la decisión en las urnas de la mayoría de los españoles, el pasado domingo 14 de marzo, José María Aznar deambulaba tranquilamente con aires de un egocéntrico pavo real, contando, a quien quería escucharle, sus dotes de estadista del siglo XXI. Ante las interrogantes incesantes de quienes le advertían de sus decisiones impopulares, decía defender los intereses de la Corona española, cuyo peso en las decisiones políticas mundiales se había reducido drásticamente, desde el siglo XIX, a raíz de las recurrentes crisis que habían sacudido al país. Así, el presidente del gobierno español solía decir que se consideraba un líder con aplomo, que no se dejaba mecer por las mareas de la opinión pública. Su filosofía de un liderazgo de altura era la de aquel que estaba dispuesto a tomar decisiones discutibles, aunque chocaran con la opinión pública, si él estaba personalmente convencido que se trataba de defender los intereses supremos de su país.

G

 

Documento


Estudio socioeconómico de once cantones y tres núcleos urbanos del oriente de El Salvador

 

El diagnóstico socioeconómico de once cantones y tres núcleos urbanos situados en los departamentos de San Miguel y Usulután arroja información de primera mano sobre los principales problemas que afrontan los pobladores de esa zona, desde el año 2003 a la actualidad, así como la conciencia que éstos tienen de sus problemas. El estudio ha sido dividido en dos áreas específicas: primera, los resultados generales; y, segunda, el contraste entre los resultados de las zonas urbanas y los cantones visitados del área rural. Los primeros son los que arrojan más información.


Así, los resultados generales del estudio han sido agrupados, a su vez, en seis grandes rubros —aspectos sociodemográficos, condiciones de vivienda, percepciones de riesgo, recursos productivos y situación económica, condiciones alimentarias y redes sociales—, de los cuales se han realizado los siguientes hallazgos.


En primer lugar, respecto de la composición poblacional, destaca la predominancia de las mujeres entrevistadas frente a los hombres; asimismo, existe una fuerte presencia de población mayor de los 49 años (más de un tercio de los pobladores entrevistados), lo que refleja la permanencia de las personas mayores en el hogar.


Respecto del nivel educativo de los entrevistados, el estudio refleja que la mayor parte de ellos saben leer y escribir y han asistido a la escuela. Menos de un tercio de los entrevistados manifestó no haber asistido a la escuela. Preguntados por el sostenimiento económico de sus familias, la mayoría de los entrevistados manifestó que era el padre quien llevaba el sustento familiar. Asimismo, de los entrevistados, la mayoría son amas de casa y agricultores.


En segundo lugar, en lo referente a las condiciones de vivienda, el estudio concluye que la mayoría de los entrevistados posee acceso al agua potable por grifo y servicio de energía eléctrica, mientras que el porcentaje de entrevistados disminuye cuando se les preguntó por el material de que estaba hecho el piso de sus viviendas y si las mismas poseían tuberías de aguas negras. Sólo una minoría dijo tener pozo en sus terrenos o viviendas.


En tercer lugar, respecto de la percepción de los riesgos medioambientales y sociales, el estudio permite concluir que las personas entrevistadas perciben, en su mayoría, poco o ningún riesgo en su vivienda o terreno. Pocos ven, por ejemplo, amenaza por derrumbes, hundimientos o inundaciones, pese a la presencia de quebradas secas y laderas expuestas a derrumbes. Un vistazo a la zona permite darse cuenta de los peligros ambientales que enfrentan esas comunidades. Con todo, la mayoría de las personas tampoco percibe riesgo por erosión del suelo, deforestación, disminución de la cantidad del agua, contaminación por basuras y disminución de animales silvestres, pese a que la inspección del terreno denotaba carencias en esas áreas. En general, la mayoría de los encuestados manifestó que, durante el 2003, no había tenido ninguno de los problemas señalados en la muestra. Una minoría señaló como sus principales problemas las epidemias tales como gripe, dengue y enfermedades gastrointestinales.


En el mismo sentido, las personas fueron consultadas sobre su percepción de la violencia y la inseguridad en sus comunidades; al respecto, la mayoría señala que sus comunidades son bastantes seguras y menos de un tercio de los entrevistados respondieron lo contrario, es decir, que sus poblados eran inseguros. Similar resultado se obtuvo al preguntárseles sobre la frecuencia de hechos delictivos en las comunidades. La mayoría de los consultados también coincidió en decir que no habían sido víctimas por algún tipo de delito, lo cual dice del aparente nivel de seguridad de la zona en estudio. Por ejemplo, quienes manifestaron haber sido víctimas de algún tipo de delito, en su mayoría indicaron que se trató de robos menores relacionados al raterismo.


En cuarto lugar, en lo tocante a la situación socioeconómica y los recursos productivos, casi la mitad de los entrevistados dice no poseer recurso productivo alguno. De los que poseen, la mayoría coincide en la crianza de animales para su posterior comercialización. En la misma dirección, menos de un tercio de las personas consultadas dice ser propietario de uno o varios vehículos. Adicionalmente, fueron cuestionados sobre el número de miembros de sus familias que aportaban económicamente al hogar y más de la mitad de ellos coincidió en señalar únicamente a una persona. Quienes laboran, se dedican en su mayoría a la agricultura, la ganadería y la pesca. Le siguen las ocupaciones en actividades comerciales y de servicios.


Sobre el ingreso familiar, un tercio de los entrevistados se ubica en el rango de entre 47 y 115 dólares mensuales, seguido de quienes reciben menos de 46 dólares al mes, mientras que la décima parte dijo recibir entre 116 y 171 dólares. Quienes reciben más de 344 dólares son una minoría muy marcada. Preguntados sobre si sus familias reciben remesas familiares, un poco menos de un tercio de los consultados dijo haber recibido remesas en el último año, habiendo recibido la gran mayoría no más de 50 dólares al mes. Sobre el gasto familiar, la tendencia es similar: un tercio manifestó gastar entre 47 y 115 dólares al mes, seguidos por quienes dicen gastar menos de 46 dólares mensuales. Un poco menos de la mitad de las personas entrevistadas dijo que el gasto más importante corresponde a alimentación y vivienda, seguido por alimentación y salud. Del total de gastos, el más bajo es el de educación.


En quinto lugar, el estudio sondeó las condiciones de alimentación de los pobladores, preguntándoseles sobre su dieta semanal. Al respecto, una gran mayoría dijo consumir a diario tortillas y frijoles, mientras que el pan y los huevos son consumidos en menor cuantía, seguido del arroz, la carne blanca, los lácteos, las verduras y las carnes rojas. Poco menos de un tercio de las personas abordadas dijo no consumir nunca carne roja.


Finalmente, el estudio permite llegar a algunas conclusiones en lo referente a las redes sociales y la participación de los pobladores para resolver sus problemas. Un primer elemento considerado en este punto tiene que ver con el transporte y el sistema vial de esas comunidades. En ese sentido, la gran mayoría señaló la existencia de un transporte público accesible que les permite desplazarse hacia sus actividades; de igual manera, la mayoría —más de dos tercios— dijo que no se le dificultaba acceder al transporte público en su comunidad. Sobre las condiciones de las vías de acceso, poco más de un tercio respondió que la calle de su comunidad estaba pavimentada y con iluminación, seguido de cerca por los habitantes cuyas vías de acceso no son pavimentadas y carecen de iluminación.


Respecto de las redes sociales propiamente dichas, la mayoría coincide en señalar las organizaciones religiosas como las de mayor presencia en sus comunidades. Más de la mitad de las personas entrevistadas dijo participar en esas organizaciones, mientras que sólo una décima parte dijo hacerlo en las comunales. Preguntados sobre la autoridad a que acudirían en caso de problema o conflicto dentro de su comunidad, un tercio señaló a la Policía, seguido de cerca por la alcaldía y muy por debajo al cura o pastor. Los resultados dicen que los pobladores de esas zonas tienen una participación escasa en la solución de los problemas de sus comunidades y su vínculo con las estructuras institucionales es mínimo.


Dos trabajadores de Oikos-Solidaridad trataron de dar respuesta a esta situación, señalando que la participación es condicionada por la fuerte presencia de iglesias protestantes, cuyos dirigentes inhiben la participación de sus fieles en actividades que no sean de naturaleza religiosa. De igual manera, los trabajadores entrevistados señalan que el grado de participación tiene que ver también con las autoridades políticas de la zona; para el caso, ambos coinciden en que la participación aumenta cuando las alcaldías son gobernadas por los partidos FMLN y PCN, y que disminuye cuando ARENA es el partido que gobierna el municipio.


El segundo gran bloque es el análisis comparativo entre la zona urbana y rural. En esto se pueden notar algunas coincidencias y otros datos que más bien abren una brecha entre las condiciones de vida de los habitantes de esas zonas. Por ejemplo, el resultado permite concluir que la dieta fundamental en ambas zonas es prácticamente la misma. La mayoría consume frijoles y tortillas, en ambas zonas. Sin embargo, aunque la variación es mínima, puede notarse que las personas que habitan en la zona rural son las que más consumen este tipo de alimentos. Esto es evidente en tanto que en la zona urbana hay una mayor diversificación de productos que son relativamente escasos en la zona rural (lácteos, pan, carne roja y pollo y/o gallina).


En lo que se refiere a las remesas recibidas, en la zona urbana existe una mayor proporción de personas que reciben este tipo de ayuda: un poco más de la mitad. En la zona rural, apenas un tercio de la población recibe remesas. Los montos más altos se reciben especialmente en la zona rural, donde un poco más de la cuarta parte de las familias recibe ingresos en el tramo correspondiente a más de 200 dólares mensuales.


Según los resultados, las remesas se gastan mayormente en alimentación, tanto a nivel urbano como rural. Aunque en está última tiene mayor peso. Como dato interesante, el segundo gasto más importante que se realiza con este tipo de ayuda difiere esencialmente entre las zonas urbana y rural. Para quienes habitan en la zona rural, el segundo gasto más importante es la salud, mientras que en la primera corresponde a gastos fuera de necesidades fundamentales.


En lo referente a las características de la vivienda, los resultados arrojan que la mayoría de familias que habitan en la zona urbana cuentan con los servicios más indispensables (agua, luz y piso de ladrillo). Sin embargo, hay un problema que se hace evidente en la misma zona: la falta de tuberías de aguas negras. En la zona rural, la principal problemática es la falta de tuberías de agua potable. Las principales vías de acceso en los núcleos urbanos se encuentran pavimentas o adoquinadas, aunque algunas de ellas carecen de iluminación. En contraposición, en la zona rural, las vías de acceso son generalmente calles de tierra y las mismas carecen de iluminación. Aunque más de las dos terceras partes de las familias consultadas en dicha zonas expresaron las presencia de transporte publico, también reconocieron la larga espera que se debe realizar para abordar las unidades.
La enfermedad que más afectó en la zona rural y urbana fue la conjuntivitis. Sin embargo, es interesante notar la mayor parte de personas que padece problemas en las vías respiratorias habita en la zona urbana. Aunque, a nivel general, el perfil del estado de la salud de la comunidad que presenta la zona urbana y rural tiende a ser bastante similar. Respecto de la percepción sobre la seguridad en sus comunidades, los habitantes de las zonas rurales manifestaron sentirse un tanto más seguras que los de los núcleos urbanos. Ello se refleja al preguntárseles sobre si han sido víctimas de algún hecho delictivo en el último año: los casos de robo, por ejemplo, aumentaron entre los habitantes de la zona urbana, sobre los pobladores de las zonas rurales visitadas.


Por último, en lo que se refiere a la posesión de recursos productivos y vehículos, destaca el repunte al doble de la crianza de animales en la zona rural respecto de la zona urbana, mientras que la situación se invierte respecto de la posesión de vehículos: el porcentaje de habitantes propietarios en los núcleos urbanos dobla a los propietarios de las zonas rurales.


En definitiva, el estudio comparativo permite apreciar, por un lado, la brecha que separa a los habitantes de las zonas urbanas respecto de quienes habitan en los cantones ubicados en el área rural, en cuanto al acceso a servicios básicos y grado de vulnerabilidad. Por otro lado, algunos datos como el de la seguridad sugieren que los habitantes de las zonas rurales llevan, en promedio, una vida más tranquila que la de sus pares de los núcleos urbanos.

G

 

Regional


Si quieres paz...

 

Los atentados terroristas ocurridos en Madrid el pasado once de marzo no pueden menos que provocar tristeza e indignación. La autoría de los mismos no cambia en un ápice lo censurable de todo acto de esa índole. El filósofo alemán, Immanuel Kant, cuyo bicentenario se celebra este año, pedía hacer del ser humano un fin y no un medio. Trasladando esa petición a lo ocurrido en Madrid, puede decirse que no hay fin político que justifique hacer del sufrimiento humano un medio. Hacer del estruendo de los explosivos y de los gritos de dolor de casi 200 víctimas mortales, de los 1,400 heridos y de sus familiares una caja de resonancia para determinadas posiciones, sólo logra deslegitimarlas.

G

 

Derechos Humanos


Quien siembra vientos...

 

¡Por fin acabó la campaña electoral! Al menos formalmente, el miércoles 17 de marzo los políticos clausuraron su intensiva operación publicitaria. Sólo queda esperar que los comicios del domingo 21 transcurran sin alteraciones, de acuerdo con lo establecido en la ley. No obstante, tras largos meses de un millonario desperdicio de recursos, permanece la incertidumbre: ¿quién será el próximo Presidente de la República? Por eso, consideramos necesario evaluar lo ocurrido por la trascendencia que ha tenido y, sobre todo, por las consecuencias que tendrá luego.


No fue una campaña proselitista de progreso, sino de regreso. De vuelta al siglo pasado: discursos políticos violentos, mensajes revanchistas y manipulación del terror como factor determinante del voto. El recurso del miedo fue una muestra ejemplar de una de nuestras tesis: que El Salvador sigue siendo un país en posguerra, donde las heridas todavía permanecen abiertas. La “paz” que nos quisieron vender como cierta a partir de Chapultepec, hace más de doce años, resultó ser un espejismo. Queda todavía un largo camino para que vivamos en una sociedad conciliada entre sus integrantes y consigo misma; prueba de ello es que ninguno de los partidos políticos en contienda la incluyó como tema en su programa de gobierno y mucho menos apeló a la misma en su accionar.


Los partidos que quieren alcanzar la Presidencia de la República olvidaron, de nuevo, la verdadera finalidad que tienen los actos de la campaña electoral: que las y los votantes adquieran insumos para definir su decisión política y puedan identificarse en términos positivos con el candidato de su preferencia. Esto supone hacer uso de todos los medios legítimos y legalmente disponibles; pero no en los términos aberrantes que hemos padecido, desde antes del inicio oficial del proceso electoral que casi finaliza. La manipulación ha llegado al punto de ofreces cosas irrealizables como válidas, sazonadas por el absolutismo ideológico. El resultado es obvio: una campaña contraria a los fines que en sí misma se persigue.


Finalmente, tras largos meses de una abusiva publicidad, mucha gente sólo tiene una cosa clara: por quién no votar. Cuando debería ser lo contrario. Tal es el grado de polarización ideológica que impregnó esta elección. Así, el domingo 21 de marzo habrá quien deposite su voto con los ojos cerrados y apelando a la voluntad divina. De haber llegado a esta situación son responsables los mismos partidos políticos, como también lo son del distanciamiento actual que existe entre “representantes” y “representados”.


Por si no fuera suficiente, no hay que olvidar la patética labor realizada por el Tribunal Supremo Electoral. Éste prefirió dedicarse sólo a la gestión y logística electoral, dejando de lado —casi por completo— su tarea fundamental: la jurisdiccional. La única vez que decidió sancionar la propaganda adelantada, optó por la fórmula del “café para todos”. De esta campaña también merece citar la participación de particulares entre los que destaca Rafael Menjívar, director de la Fundación Libertad, y la “anónima” Asociación de Mujeres por la Libertad. Aún se esperan los resultados de las investigaciones fiscales y las correspondientes sanciones.


El elevado tono que llegó a alcanzar la campaña, se tradujo además en casos de violencia explícita. No vamos a entrar en detalles sobre quién hizo esto o lo otro. No. Las consecuencias de esos “dimes y diretes” van más allá de lo que suceda el domingo 21 de marzo. Tal como reza el conocido refrán: “Quien siembra vientos recoge tempestades”. De ahí que —gane quien gane— la situación del país se pondrá más difícil de lo que está, a menos que se haga un verdadero esfuerzo por concertar y democratizar las decisiones estratégicas. Si esta campaña ha sido tan mala y si el candidato que resulte vencedor continúa en esa línea, es fácil augurar un gobierno peor que el actual. Eso lo decimos no por los colores de quien ocupe la silla presidencial, sino por lo difícil que puede resultar el diálogo y el consenso después de tanta afrenta Sin duda, para el país, lo que está por venir no es “lo mejor” sino una dura prueba para la escasa gobernabilidad que le queda.


Con tanto mensaje polarizado y violento ya no se sabe cuál es la situación real en la que nos encontramos. Después de todo lo dicho y hecho en esta campaña electoral, es necesario y urgente realizar un diagnóstico que refleje cuál es el verdadero estado de nuestra sociedad, trascendiendo la realidad virtual que pinta Antonio Saca y la automática mejoría que ofrece Shafick Handal, el optimismo infundado de Héctor Silva y los pintorescos discursos de Machuca. Nos preocupa cómo estamos, pero también cómo estaremos; de ahí que, además, nos inquiete quiénes guiarán ese difícil tránsito en lo político y económico, tanto desde el gobierno y la oposición a éste como en la llamada “sociedad civil”.


Los liderazgos que nos ofrecieron hasta ahora todos los partidos políticos han sido cuestionados y cuestionables. Los retos y desafíos que hoy enfrenta el país, exigen frescura; no es aceptable, por ello, atrofiarse en fórmulas propias de décadas pasadas o promesas de un “rebalse” que nunca llega. Y eso no tiene que ver con la edad de las personas. Los temas son serios y urgentes; por citar algunos: la regeneración de una agónica institucionalidad; la reducción de la indignante brecha económica y social entre esos pocos que tanto tienen y los muchos que para nada les alcanza; el reto de alcanzar una migración digna, fluida y sostenible, reconociendo legítimos derechos de participación política a quienes están sosteniendo con sus remesas al país; y la superación de la impunidad, tanto la del pasado como la del presente.


Sin embargo, la confusión creada con tanta propaganda electoral ha provocado que la población no vea más allá de la derrota del contrario; es decir, la de los “escuadroneros” o la de los “secuestradores”. Pero más allá de esas expectativas, ¿cuál es el horizonte de país, de nación, de sociedad que busca una paz plena, con verdad y justicia sin excepciones ni privilegios? Porque la derrota del contrario en primera o segunda vuelta, en el mejor de los casos es una perspectiva de muy corto alcance; se trata de una coyuntura en la que se tocan superficialmente temas importantes, pero no se aborda lo esencial. Quien gobierna no lo hace pensando en un proyecto colectivo, sino en los réditos electorales que esa actividad le dará en los siguientes comicios. La realidad de nuestro país es vivir en campaña electoral continua, donde los horizontes para gobernar se fijan de cara a las próximas elecciones. Ojo: en un año comienza la próxima campaña por las elecciones de alcaldes y diputados, en el 2006.


Sobre las consecuencias a las que nos referimos al inicio, existe una que exige una valoración inmediata: cuáles serán, entre los partidos políticos, los efectos de su derrota; porque, evidentemente, sólo uno ganará. Acerca de las dos formaciones políticas mayoritarias, se habla de depuraciones internas, fisuras y debilitamiento. Para el caso del FMLN la probabilidad de un revés —según vaticinan diversas encuestas— debería llevar a la jubilación forzosa de la alta dirigencia que comandó el movimiento guerrillero y que aún se aferra al poder interno. En la casa de esa izquierda, deberán abrir puertas y ventanas para que la impregnen ideas originales.


Al pensar en un descalabro de ARENA, surge la interrogante: ¿Respetará las reglas del juego, ejercerá una oposición democrática y no le apostará a la desestabilización?. Lo visto hasta ahora indica que no. Además, sus grietas internas son más que constatables por mucho cemento que pongan. Las diferencias existentes entre sus tres presidentes honorarios —Cristiani, Calderón y Flores— han provocado el surgimiento de grupos y fobias en el seno arenero. Tan es así que, por momentos, no siempre lavan la ropa sucia en casa. Un conocido dicho forense dice que “excusa no pedida es acusación manifiesta”. Y el reciente comunicado de los fundadores constituyentes de ARENA respaldando al candidato oficial, es un ejemplo de eso.


Finalmente, se debe concluir que —más allá de las elecciones de este domingo 21 de marzo— no iniciará la primavera de la democracia y la justicia en El Salvador. La realidad nacional se agravará con ARENA y no se solucionará con el FMLN. Por eso, más allá de quién gane o quién pierda las elecciones, llegó la hora del protagonismo para la gente. Independientemente de lo que resulte en las urnas, el papel del pueblo salvadoreño —el que está adentro y el que está afuera— debe ser fundamental para exigir rendición de cuentas y ejercer contraloría social a quien sea. La gobernabilidad y la convivencia pacífica —aspiraciones aún no cumplidas en nuestro país— necesitan de esa participación. Están en juego nuestro presente y el futuro de nuestra descendencia.

G

 

Opninion


El imperio, la campaña electoral

 

Carta a Monseñor Romero
El imperio, la campaña electoral,
el 11-M y el 11-D

 

Querido Monseñor:
Veinticuatro años después de tu martirio y doce después de los acuerdos de paz las cosas siguen mal, a veces muy mal. Mucha gente está harta de la injusticia, la corrupción y la mentira. En tiempo de elecciones estamos hartos de la desvergüenza. Y los pobres están hartos de la pobreza y de tener que emigrar.


¿No hay solución, Monseñor? Quiero hablarte de estas cosas con la esperanza de escuchar alguna palabra tuya que traiga luz y ánimo para trabajar.


El imperio. Es lo más grave. La palabra parecía muerta, pero la realidad la ha resucitado. Hoy no basta con hablar de opresión y de capitalismo. Hay que hablar de imperialismo, y de “imperialismo norteamericano”, que, con Bush, se ha hecho inocultable: imponer su poderío sobre todo el planeta, a través de todo, comercio injusto, información mentirosa, guerra cruel e irrespeto impúdico de los derechos humanos.


El imperialismo nos llega con el servilismo político de los gobernantes, pero en el día a día penetra de forma más profunda con la seducción e imposición de la “cultura norteamericana”, the american way of life: el individualismo, como forma suprema de ser y el éxito como verificación última del sentido de la vida, como lo mejor que ha producido la historia. Y a la inversa, comunidad, compasión y servicio son productos culturales secundarios. Insistir en ello no es “políticamente correcto”. La igualdad de la revolución francesa, y nada digamos la fraternidad del evangelio, están obsoletos. De Irak no cuentan los iraquíes, y de África no cuenta nada.


Este imperialismo es antievangélico, y por ello para el cristianismo la primera exigencia es combatirlo, proclamar —y vivir— la “cultura de Jesús”. Y como, además, se pretende que comamos, bebamos, cantemos y nos divirtamos, como ocurre en el imperio, hay que defender el “nacionalismo” bien entendido: la defensa de la bondad de la creación de Dios, en diferentes pueblos, tradiciones, culturas y religiones.


El imperialismo, además, nos confronta con otro problema, que es de siempre, pero que hoy se ha acentuado. En Asia y África, “cristianismo” ha sido sinónimo de “Occidente”, con beneméritas excepciones. Pues bien, en el mundo actual, más de mil millones de seres humanos, los pueblos musulmanes, ven en Bush, a la vez, la expresión de occidente y la expresión del cristianismo. Con ello, la misión, no como proselitismo, sino como diálogo, se hace muy difícil. ¿Quién les convence de que no hay que identificar las dos cosas si el imperio, Bush y su grupo, aparecen orando al Dios de Jesús y desoyen a los cristianos que se les oponen, incluido Juan Pablo II?


Monseñor, tú nos enseñaste a desenmascarar a los ídolos y les pusiste nombre: la absolutización del capital, de la doctrina de la seguridad nacional y también, aunque en sí fuesen buenas, de las organizaciones populares, cuando todo lo subordinaban a ellas. A estos ídolos hay que añadir hoy el del imperio, esa forma de generar víctimas, lenta o violentamente, por imposición irredenta.


Conclusión: “Sólo Dios es Dios”, no lo es ni el César, ni el imperio, como Jesús vino a decir a Pilatos. Equivocarse en eso, en forma creyente o secularizada, tiene gravísimas consecuencias, como lo vemos a diario en el mundo. Bien lo dijiste: “Ningún hombre se conoce mientras no se haya encontrado con Dios. Por eso tenemos tantos ególatras, tantos orgullosos, tantos hombres pagados de sí mismos, adoradores de los falsos dioses. No se han encontrado con el verdadero Dios y por eso no han encontrado su verdadera grandeza” (10 de febrero de 1980).

La campaña electoral ha mostrado que la política está por los suelos. Muchos gritos y agresiones al adversario, a veces hasta físicos, y pocos argumentos. Muchas promesas y pocos programas y medios de llevarlos a cabo. Entonces nos vienen a la mente unas palabras tuyas: “Oyendo ciertos discursos de estos días de carácter político, yo no encontraba ninguna idea constructiva... Ideas serenas para construir el bien del país” (13 de enero de 1980). Y nada digamos de pedir perdón por los errores en el pasado y de propósito de enmienda. Apelar a la austeridad, generosidad e incluso al sacrificio no se hace por no perder votos, pero sin ello no hay solución.


Quizás en muchas de estas cosas no haya muchas diferencias entre los partidos, pero la derecha ha hecho un alarde de desvergüenza que pensábamos superada. No apela a la esperanza —la inmensa reserva de los pobres—, sino al miedo. Dicen: si gana la izquierda volverán los secuestros; los salvadoreños en Estados Unidos no podrán enviar remesas; la educación —así la presentan contradiciendo la realidad— será tan pobre como en Cuba. Del miedo y el terror que produjo su fundador y varios de sus predecesores nada dicen.


Y para un creyente da dolor cómo la derecha mete a Dios en su propaganda. Es hipócrita invocar a Dios como aval del éxito futuro. Es cínico que ese Dios no exija hacer examen de conciencia de unos quince años de gobierno, tan favorable para las minorías en abundancia y tan perjudicial para las mayorías en penuria. Y es indignante —si ganan—, ofrecer a Dios como el gran tesoro para el país sin decir una palabra de cómo era Dios para Jesús.


Y por supuesto, nada dicen de tantos salvadoreños y salvadoreñas, con Monseñor Romero a la cabeza, que se parecieron a Jesús en vida y murieron en cruz como Jesús a manos de ejércitos y escuadrones de la muerte. Nada dicen de ti, Monseñor. En público te silencian, y en privado te siguen teniendo un miedo patológico. Tu palabra les sigue sacudiendo. También les iluminaría, pero no se dejan sacudir ni iluminar. No les queda otra solución que autoengañarse y tergiversarte.


Hablan de Dios, y no les importa nada lo que dicen de él. Qué poco entienden lo que dijiste un 9 de septiembre de 1979: “Si es verdadera palabra de Dios lleva algo explosivo y no muchos la quieren llevar. Si fuera dinamita muerta, ya nadie tendría miedo”. Ni te escucharon ni te escuchan, y por eso hablan de Dios mal y sin pudor. Y ojalá todos tengamos esto en cuenta: los sacerdotes en nuestras homilías, los profesores de teología en nuestras clases, y ciertamente los candidatos en campaña. No se puede manosear a Dios ni quitarle fuerza y vigor. Cuando buscamos votos, dejemos a Dios en paz, y si en serio queremos hablar de él, sobre todo los políticos, anunciémosle como “un Dios de los pobres”.


La contrapartida es que política es “servicio”, y en nuestro mundo tiene que ser “servicio a los pobres”. La derecha no sabe nada de eso, en la izquierda puede haber algo más, pero en todos es difícil encontrar una vocación de servicio que supere el egoísmo personal y de partido.


Es sabido que la palabra “política”, puede ser usada en el sentido aristotélico de procurar el bien común en la vida pública, y puede ser usada en el sentido pos-maquiavélico de pugnar por el poder del Estado. En general, lo segundo prima sobre lo primero. Qué extemporáneas suenan hoy las palabras del papa Pío XI: la política es la formas más elevada de la caridad. Y qué chocantes son las palabras de los exégetas cuando dicen que la religión de Jesús estaba centrada en el reino de Dios y pretendía configurar la vida del pueblo; por eso era una religión política. No post-maquiavélicamente, se entiende. Y por cierto, buena falta le hace también a la Iglesia meterse en política en este sentido: “Si es cristiano, no cambie por nada el proyecto del reino de Dios y trate de reflejarlo y ser sal de la tierra y luz del mundo... En las diversas coyunturas políticas, lo que interesa es el pueblo pobre” (10 y 17 de febrero de 1980).

El 11-M y el 11-D. Al terminar esta carta ha ocurrido la barbarie de Madrid. Nos queda lejos, pero nos toca muy de cerca. 200 muertos, gente sencilla trabajadora, entre ellos 13 latinoamericanos que se ganaban la vida lejos de sus países. Como cuando lo de las torres de Nueva York, la solidaridad de la gente ha sido ejemplar con los muertos y heridos. En protesta, once millones de españoles se lanzaron a la calle en un espectáculo impresionante de repudio y de solidaridad. Después estalló el escándalo político: del atentado se responsabilizó un grupo islámico en venganza por el apoyo vergonzante del gobierno español a Bush en la guerra de Irak, aun cuando el 90 por ciento de los españoles estaban en contra de la guerra. El gobierno hizo lo posible por ocultarlo, y en otro acto memorable muchos españoles salieron a la calle para protestar por la mentira. El gobierno perdió las elecciones, y los españoles han escrito una bella página de solidaridad con los que sufren y de dignidad ante el poder.


Pero, aunque la urgencia de las cosas lo haga comprensible, todavía falta algo importante que ojalá se haga realidad, sobre todo a nivel europeo. En Europa, aunque sea desde la tragedia, dicen que ya están a la altura de Estados Unidos. Allí, hubo un 11-S, atentado en las torres de Nueva York, y ahora un 11-M, atentado en los trenes de Madrid. Ambas fechas han entrado en la historia universal, pero no así otras. ¿Qué pasa con el 11-S de Chile, con el asesinato de Allende y la masacre en el palacio de la Moneda, tras la cual estaba Estados Unidos? Y sobre todo ¿qué pasa con el 11-D? Ese día, el 11 de diciembre de 1981, alrededor de mil personas fueron asesinadas en El Mozote, divididas en tres grupos: los hombres fueron encerrados en la Iglesia, las mujeres en un casa, y los niños, unos 170, con una edad media de seis años, en otra casa cercana a la de las mujeres, de modo que éstas podían “escuchar” —algunos dicen “reconocer”— el llanto de su hijos cuando les daban muerte. Todas y todos fueron asesinados. Los asesinos eran miembros del batallón Atlacatl, entrenado por los norteamericanos, y el mismo que asesinó a los jesuitas, a Julia Elba y Celina, el 16 de noviembre de 1989.


Pues bien, el mundo, tampoco el mundo occidental democrático, reaccionó. La embajada de Estados Unidos dijo no saber nada de muertos en El Mozote, y cuando los muertos fueron inocultables, dijo que se debió tratar de un enfrentamiento. No hubo reconocimiento de las víctimas y entierro digno, y por supuesto no hubo manifestaciones en contra del terrorismo del batallón Atlacatl, terrorismo de estado, ni pudo haberlo. La televisión —perdónesenos la ironía— no mostró nada. Y salir a la calle a protestar hubiese significado poner en juego la propia vida. Las cosas cambiaron, y años después, sí se ha reconocido la masacre y enterrado a los cadáveres. Los familiares los recuerdan —y celebran— todos los años. Y han hecho un sencillo monumento con estas palabras: “Ellos no han muerto. Están con nosotros, con ustedes y con la humanidad entera”, fechado en El Mozote, 11 de diciembre de 1991.


Si alguno de los familiares y amigos de las víctimas del 11-M de Madrid lee estas páginas, comprenderá que con ellas nos hacemos muy solidarios de su dolor, porque en El Salvador lo hemos vivido en carne viva. Y les ofrecemos con mucha humildad consuelo, apoyo y también la esperanza del “ellos no han muerto”. Y les pedimos con todo respeto que unan su dolor al de todas las víctimas —más allá de las de Europa y las de Estados Unidos—, las víctimas de Colombia, del Congo, de Bangladesh...


Los políticos europeos hablan ahora de repensar la “seguridad europea”. Y es comprensible. (Ya dicen que la seguridad de los juegos olímpicos de Atenas estará en manos de la OTAN). Pero Europa tiene otra tarea más importante y más decisiva, para ellos y para todos: repensarse no sólo desde su seguridad amenazada, sino desde la solidaridad con las víctimas de todo el mundo. Más que una Europa unida, proclive al eurocentrismo, es decir, al egoísmo, lo que se necesita es una internacional de todas las víctimas, con su dolor, y de todos los solidarios y solidarias, con su entrega. La internacional de todos los días 11- en cualquier parte del mundo, sobre todo en los lugares en que las víctimas —por hambre y por balas— se cuentan por millones.


De nuevo, mucho dolor, mucho respeto y mucho cariño a las víctimas de Madrid. No se trata de ir mas allá del 11-M, pues cada dolor es inintercambiable, pero sí se puede ubicarlo en el dolor más grande de la familia humana. Y también en su esperanza.


Monseñor, todas estas cosas, políticas y humanas, ocurren en Cuaresma. Es tiempo de desierto, lugar de tentación y de reflexión. Y también lugar del encuentro silencioso con Dios. Ahí resuenan sus palabras: “partirás tu pan con el que tiene hambre”. Y hoy resuenan también tus palabras políticas: “Un cristiano que se solidariza con la parte opresora, no es verdadero cristiano” (16 de septiembre de 1979). “Lo que marca para nuestra Iglesia los límites de la dimensión política de la fe es precisamente el mundo de los pobres... Según les vaya a ellos, al pueblo pobre, la Iglesia irá apoyando desde su especificidad de Iglesia, uno u otro proyecto político, apoyar aquello que beneficie al pobre, así como también denunciar todo aquello que sea un mal para el pueblo” (17 de febrero de 1980).

Jon Sobrino, 15 de marzo de 2003

Presentamos a continuación el Resumen Ejecutivo del documento Estudio socioeconómico de once cantones y tres núcleos urbanos del oriente de El Salvador (San Miguel y Usulután), elaborado por el Centro de Información Documentación y Apoyo a la Investigación (CIDAI), en febrero de 2004.


[Documento]

Estudio socioeconómico de once cantones y tres núcleos urbanos del oriente
de El Salvador

El diagnóstico socioeconómico de once cantones y tres núcleos urbanos situados en los departamentos de San Miguel y Usulután arroja información de primera mano sobre los principales problemas que afrontan los pobladores de esa zona, desde el año 2003 a la actualidad, así como la conciencia que éstos tienen de sus problemas. El estudio ha sido dividido en dos áreas específicas: primera, los resultados generales; y, segunda, el contraste entre los resultados de las zonas urbanas y los cantones visitados del área rural. Los primeros son los que arrojan más información.
Así, los resultados generales del estudio han sido agrupados, a su vez, en seis grandes rubros —aspectos sociodemográficos, condiciones de vivienda, percepciones de riesgo, recursos productivos y situación económica, condiciones alimentarias y redes sociales—, de los cuales se han realizado los siguientes hallazgos.
En primer lugar, respecto de la composición poblacional, destaca la predominancia de las mujeres entrevistadas frente a los hombres; asimismo, existe una fuerte presencia de población mayor de los 49 años (más de un tercio de los pobladores entrevistados), lo que refleja la permanencia de las personas mayores en el hogar.
Respecto del nivel educativo de los entrevistados, el estudio refleja que la mayor parte de ellos saben leer y escribir y han asistido a la escuela. Menos de un tercio de los entrevistados manifestó no haber asistido a la escuela. Preguntados por el sostenimiento económico de sus familias, la mayoría de los entrevistados manifestó que era el padre quien llevaba el sustento familiar. Asimismo, de los entrevistados, la mayoría son amas de casa y agricultores.
En segundo lugar, en lo referente a las condiciones de vivienda, el estudio concluye que la mayoría de los entrevistados posee acceso al agua potable por grifo y servicio de energía eléctrica, mientras que el porcentaje de entrevistados disminuye cuando se les preguntó por el material de que estaba hecho el piso de sus viviendas y si las mismas poseían tuberías de aguas negras. Sólo una minoría dijo tener pozo en sus terrenos o viviendas.
En tercer lugar, respecto de la percepción de los riesgos medioambientales y sociales, el estudio permite concluir que las personas entrevistadas perciben, en su mayoría, poco o ningún riesgo en su vivienda o terreno. Pocos ven, por ejemplo, amenaza por derrumbes, hundimientos o inundaciones, pese a la presencia de quebradas secas y laderas expuestas a derrumbes. Un vistazo a la zona permite darse cuenta de los peligros ambientales que enfrentan esas comunidades. Con todo, la mayoría de las personas tampoco percibe riesgo por erosión del suelo, deforestación, disminución de la cantidad del agua, contaminación por basuras y disminución de animales silvestres, pese a que la inspección del terreno denotaba carencias en esas áreas. En general, la mayoría de los encuestados manifestó que, durante el 2003, no había tenido ninguno de los problemas señalados en la muestra. Una minoría señaló como sus principales problemas las epidemias tales como gripe, dengue y enfermedades gastrointestinales.
En el mismo sentido, las personas fueron consultadas sobre su percepción de la violencia y la inseguridad en sus comunidades; al respecto, la mayoría señala que sus comunidades son bastantes seguras y menos de un tercio de los entrevistados respondieron lo contrario, es decir, que sus poblados eran inseguros. Similar resultado se obtuvo al preguntárseles sobre la frecuencia de hechos delictivos en las comunidades. La mayoría de los consultados también coincidió en decir que no habían sido víctimas por algún tipo de delito, lo cual dice del aparente nivel de seguridad de la zona en estudio. Por ejemplo, quienes manifestaron haber sido víctimas de algún tipo de delito, en su mayoría indicaron que se trató de robos menores relacionados al raterismo.
En cuarto lugar, en lo tocante a la situación socioeconómica y los recursos productivos, casi la mitad de los entrevistados dice no poseer recurso productivo alguno. De los que poseen, la mayoría coincide en la crianza de animales para su posterior comercialización. En la misma dirección, menos de un tercio de las personas consultadas dice ser propietario de uno o varios vehículos. Adicionalmente, fueron cuestionados sobre el número de miembros de sus familias que aportaban económicamente al hogar y más de la mitad de ellos coincidió en señalar únicamente a una persona. Quienes laboran, se dedican en su mayoría a la agricultura, la ganadería y la pesca. Le siguen las ocupaciones en actividades comerciales y de servicios.
Sobre el ingreso familiar, un tercio de los entrevistados se ubica en el rango de entre 47 y 115 dólares mensuales, seguido de quienes reciben menos de 46 dólares al mes, mientras que la décima parte dijo recibir entre 116 y 171 dólares. Quienes reciben más de 344 dólares son una minoría muy marcada. Preguntados sobre si sus familias reciben remesas familiares, un poco menos de un tercio de los consultados dijo haber recibido remesas en el último año, habiendo recibido la gran mayoría no más de 50 dólares al mes. Sobre el gasto familiar, la tendencia es similar: un tercio manifestó gastar entre 47 y 115 dólares al mes, seguidos por quienes dicen gastar menos de 46 dólares mensuales. Un poco menos de la mitad de las personas entrevistadas dijo que el gasto más importante corresponde a alimentación y vivienda, seguido por alimentación y salud. Del total de gastos, el más bajo es el de educación.
En quinto lugar, el estudio sondeó las condiciones de alimentación de los pobladores, preguntándoseles sobre su dieta semanal. Al respecto, una gran mayoría dijo consumir a diario tortillas y frijoles, mientras que el pan y los huevos son consumidos en menor cuantía, seguido del arroz, la carne blanca, los lácteos, las verduras y las carnes rojas. Poco menos de un tercio de las personas abordadas dijo no consumir nunca carne roja.
Finalmente, el estudio permite llegar a algunas conclusiones en lo referente a las redes sociales y la participación de los pobladores para resolver sus problemas. Un primer elemento considerado en este punto tiene que ver con el transporte y el sistema vial de esas comunidades. En ese sentido, la gran mayoría señaló la existencia de un transporte público accesible que les permite desplazarse hacia sus actividades; de igual manera, la mayoría —más de dos tercios— dijo que no se le dificultaba acceder al transporte público en su comunidad. Sobre las condiciones de las vías de acceso, poco más de un tercio respondió que la calle de su comunidad estaba pavimentada y con iluminación, seguido de cerca por los habitantes cuyas vías de acceso no son pavimentadas y carecen de iluminación.
Respecto de las redes sociales propiamente dichas, la mayoría coincide en señalar las organizaciones religiosas como las de mayor presencia en sus comunidades. Más de la mitad de las personas entrevistadas dijo participar en esas organizaciones, mientras que sólo una décima parte dijo hacerlo en las comunales. Preguntados sobre la autoridad a que acudirían en caso de problema o conflicto dentro de su comunidad, un tercio señaló a la Policía, seguido de cerca por la alcaldía y muy por debajo al cura o pastor. Los resultados dicen que los pobladores de esas zonas tienen una participación escasa en la solución de los problemas de sus comunidades y su vínculo con las estructuras institucionales es mínimo.
Dos trabajadores de Oikos-Solidaridad trataron de dar respuesta a esta situación, señalando que la participación es condicionada por la fuerte presencia de iglesias protestantes, cuyos dirigentes inhiben la participación de sus fieles en actividades que no sean de naturaleza religiosa. De igual manera, los trabajadores entrevistados señalan que el grado de participación tiene que ver también con las autoridades políticas de la zona; para el caso, ambos coinciden en que la participación aumenta cuando las alcaldías son gobernadas por los partidos FMLN y PCN, y que disminuye cuando ARENA es el partido que gobierna el municipio.
El segundo gran bloque es el análisis comparativo entre la zona urbana y rural. En esto se pueden notar algunas coincidencias y otros datos que más bien abren una brecha entre las condiciones de vida de los habitantes de esas zonas. Por ejemplo, el resultado permite concluir que la dieta fundamental en ambas zonas es prácticamente la misma. La mayoría consume frijoles y tortillas, en ambas zonas. Sin embargo, aunque la variación es mínima, puede notarse que las personas que habitan en la zona rural son las que más consumen este tipo de alimentos. Esto es evidente en tanto que en la zona urbana hay una mayor diversificación de productos que son relativamente escasos en la zona rural (lácteos, pan, carne roja y pollo y/o gallina).
En lo que se refiere a las remesas recibidas, en la zona urbana existe una mayor proporción de personas que reciben este tipo de ayuda: un poco más de la mitad. En la zona rural, apenas un tercio de la población recibe remesas. Los montos más altos se reciben especialmente en la zona rural, donde un poco más de la cuarta parte de las familias recibe ingresos en el tramo correspondiente a más de 200 dólares mensuales.
Según los resultados, las remesas se gastan mayormente en alimentación, tanto a nivel urbano como rural. Aunque en está última tiene mayor peso. Como dato interesante, el segundo gasto más importante que se realiza con este tipo de ayuda difiere esencialmente entre las zonas urbana y rural. Para quienes habitan en la zona rural, el segundo gasto más importante es la salud, mientras que en la primera corresponde a gastos fuera de necesidades fundamentales.
En lo referente a las características de la vivienda, los resultados arrojan que la mayoría de familias que habitan en la zona urbana cuentan con los servicios más indispensables (agua, luz y piso de ladrillo). Sin embargo, hay un problema que se hace evidente en la misma zona: la falta de tuberías de aguas negras. En la zona rural, la principal problemática es la falta de tuberías de agua potable. Las principales vías de acceso en los núcleos urbanos se encuentran pavimentas o adoquinadas, aunque algunas de ellas carecen de iluminación. En contraposición, en la zona rural, las vías de acceso son generalmente calles de tierra y las mismas carecen de iluminación. Aunque más de las dos terceras partes de las familias consultadas en dicha zonas expresaron las presencia de transporte publico, también reconocieron la larga espera que se debe realizar para abordar las unidades.
La enfermedad que más afectó en la zona rural y urbana fue la conjuntivitis. Sin embargo, es interesante notar la mayor parte de personas que padece problemas en las vías respiratorias habita en la zona urbana. Aunque, a nivel general, el perfil del estado de la salud de la comunidad que presenta la zona urbana y rural tiende a ser bastante similar. Respecto de la percepción sobre la seguridad en sus comunidades, los habitantes de las zonas rurales manifestaron sentirse un tanto más seguras que los de los núcleos urbanos. Ello se refleja al preguntárseles sobre si han sido víctimas de algún hecho delictivo en el último año: los casos de robo, por ejemplo, aumentaron entre los habitantes de la zona urbana, sobre los pobladores de las zonas rurales visitadas.
Por último, en lo que se refiere a la posesión de recursos productivos y vehículos, destaca el repunte al doble de la crianza de animales en la zona rural respecto de la zona urbana, mientras que la situación se invierte respecto de la posesión de vehículos: el porcentaje de habitantes propietarios en los núcleos urbanos dobla a los propietarios de las zonas rurales.
En definitiva, el estudio comparativo permite apreciar, por un lado, la brecha que separa a los habitantes de las zonas urbanas respecto de quienes habitan en los cantones ubicados en el área rural, en cuanto al acceso a servicios básicos y grado de vulnerabilidad. Por otro lado, algunos datos como el de la seguridad sugieren que los habitantes de las zonas rurales llevan, en promedio, una vida más tranquila que la de sus pares de los núcleos urbanos.

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