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Lunes, 28. Jul 2014
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Grandes ideas entre peines y tijeras

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Es la una de la tarde. Una a una, llegan para anotarse en la lista de asistencia. 20 mujeres, entre 15 a 51 años, sentadas en una mesa, podría significar una tertulia para unos, una oportunidad para otras. El municipio de Ahuachapán, en Ahuachapán, se convierte en el escenario de esta reunión, en la que diversos anhelos se conjugan a través de un objetivo común: El dominio de la estética y la belleza.

Aprendizaje-Seño, pero ¿para hacer un corte estilo hongo cómo hago?-, preguntaba Glenda Marroquín.

-Recuerda primero que para utilizar bien las tijeras, la punta del dedo índice se apoya en el punto próximo al clavillo. ¿Recuerdan lo que es el clavillo?...-, decía la capacitadora Nori Aracely Colocho.

En octubre de 2009, la Asociación AGAPE decidió desarrollar por primera vez en Ahuachapán un taller destinado al aprendizaje de la cosmetología, contando con la ayuda presupuestaria de 4 mil 500 dólares, otorgada por el Instituto Salvadoreño de Formación Profesional (INSAFORP).

Reunidas en un salón, las integrantes del “Programa Técnico Hábil Permanente”, como se le conoce al proyecto, escuchan atentamente todos los conceptos expuestos por la “Seño”. Al fondo del aula se encuentra un cartel con el reglamento que dice: “Tratar con respeto a los instructores, compañeros/as, y autoridades”. Por ello todas toman nota de lo dicho por la maestra, para luego pasar a la parte práctica donde ponen a prueba su aprendizaje.

A las dos y media de la tarde, con nervios y temor a equivocarse, cada una comienza a realizar cortes de cabello, supervisados por la capacitadora. “Para cortarle a ella, debo ver el tipo de cara que tiene, así que aplicaré un corte en capas largas”, decía Karen Liseth Recinos, de 31 años, a todas sus compañeras quienes observaban cómo iba a cortar el cabello de su prima Carmen Elena, de 13 años. Con gabacha, tijera y peine en mano, personifican a las  mujeres que aspiran convertirse en cosmetólogas profesionales con una acreditación.

Muchas cosas tienen en común las mujeres que asisten al taller: su pasión por la cosmetología, el deseo de aprender y salir adelante y a la vez, componen por el momento esa parte de la ciudadanía que, según el Censo de Población 2007, representa el 71.9 % de la población femenina desocupada. Sólo en el municipio de Ahuachapán hay un total de 57 mil 703 mujeres, de acuerdo a este informe, y precisamente el proyecto está orientado a promover la enseñanza gratuita del oficio de la estética y belleza para que las mujeres puedan emprender un negocio que les otorgue una fuente de ingresos.

 “Antes no teníamos oportunidad para costearnos una academia donde pudiéramos aprender este oficio”, aseguraba Julia Rivas. Pero, ¿acaso esta iniciativa ha sido suficiente como para instalar a todas las mujeres que han formado parte de ella, en un puesto de trabajo?. “A mí me vino a buscar AGAPE y vino una niña el año pasado. La cipota que me mandaron no conocía mucho, y tenía que enseñarle más cosas. Aunque es bueno que aprendan, la competencia está dura y la gente no se deja de cualquiera”, comentaba Sandra de Martínez, cosmetóloga desde hace 30 años y propietaria de su propia sala de belleza en Ahuachapán.

En el afán de realizar los cortes de cabello, las mujeres que están en el taller ven su reflejo en un salón de belleza como el de Sandra Martínez. “A nosotros sí nos ha servido de mucho todo este proyecto. Con cuatro amigas pensamos hacer una unión y montar nuestro propio salón”, decía entusiasmada Wendy Tatiana Nicia, mientras escuchaba las instrucciones de su maestra para hacer su ejercicio de corte.

Pero tanto, Nicia como sus demás compañeras deben estar conscientes que su progreso económico no dependerá simplemente de las clases a las que asisten. Para poder tener a la estética y belleza como una forma de negocio, deben realizar una inversión económica inicial compuesta por aspectos como el local, los utensilios básicos: tijeras, secadoras, sillas, espejos, químicos, etc. Y si se considera que las 20 mujeres que están inscritas en el programa no tienen los ingresos para costearse la enseñanza en una academia de belleza, entonces es mucho más difícil que puedan establecer un salón.

En el oficio“Yo sé que para salir adelante con un negocio todo depende dónde está el local y de los precios”, expresaba una de las estudiantes del taller, Elsa de Méndez, de 51 años. El licenciado en administración de empresas Gerardo González afirma que para que un negocio pueda tener rentabilidad debe estar registrado en la Alcaldía, y  de esa manera ser contribuyentes. “El problema con el que se encuentran las personas, es que no tienen el suficiente capital base para montar su negocio y carecen de un respaldo económico que les permita acceder a un crédito en cualquiera de los bancos del país”.

Además de los obstáculos económicos, las nuevas cosmetólogas deben estar al nivel las exigencias de los y las usuarias del sector de estética y belleza. “Aunque esos cursos son de beneficio para las mujeres, no son lo suficientemente adecuados ya que en un lapso de tres meses tratan de condensar todos los conocimientos que al menos yo he aprendido a lo largo de años de experiencia. A mí me ha costado hacerme de mis clientes, (un aproximado de 100 clientes mensualmente), he aguantado hambre y gastado mucho dinero, si yo termino ganando unos 70 dólares y créame que no alcanza”, decía Olga Polanco, propietaria del Salón de Belleza Olga en Ahuachapán. 

Polanco también debe pagar un dólar con diez centavos mensualmente a la Alcaldía Municipal, lo que para ella reduce las posibilidades de aumentar sus ganancias, ya que invierte en alquiler del local (150 dólares),pago de luz (40 dólares) y el sueldo de la empleada que le ayuda (190 dólares).

Mientras todas están ocupadas en sus tareas, en el salón se respira ese afán por conocer, por demostrar lo que han aprendido. Por supuesto, existe un intento por motivar la promoción de la mujer en el ámbito laboral con el desarrollo del programa. “Tenemos testimonios de muchas mujeres que gracias a los cursos que impartimos han podido montar sus negocios y crecer económicamente”,  expresaba sonriente la coordinadora del proyecto Hábil Permanente de AGAPE, Ada de Vigil. En definitiva es una oportunidad gratuita y de gran ayuda, pero las cifras de desempleo aún no han cambiado.

Son las cinco de la tarde. Después que han terminado con los cortes de cabello, las estudiantes del taller finalizan su jornada, entregan los materiales y se destinan a sus hogares. Luego de cuatro horas en las que se divirtieron, compartieron y aprendieron, se quedan comentado que su deseo es llevar a la práctica lo que están conociendo. “Esto sólo podemos lograrlo con verdadera entrega, es decir con vocación y por supuesto apoyándonos en programas que nos ofrezcan una capacitación completa”, señalaba Ana Figueroa, de 23 años.

Los proyectos no deben limitarse sólo a intentos. Así como comentaban Olga Polanco y Sandra Martínez, en un lapso de tres meses no abarcan a totalidad todo lo relacionado con la cosmética. El espacio dedicado a enseñar cortes de cabello es apenas de dos semanas. Para que AGAPE catalogue el programa como un éxito no debe basarse sólo en la cantidad de mujeres que se inscriben, 20 por cada módulo, sino que también debe velar porque la mayoría de las que asisten puedan encontrar trabajo o hacer un negocio autosostenible.

El Licenciado Gerardo Gonzáles sugiere: “para que se encuentren oportunidades de trabajo, AGAPE como INSAFORP deberían incluir en su presupuesto un financiamiento destinado a los salones de belleza ya establecidos, de manera que tengan un incentivo para contratar a las mujeres que se gradúan de los talleres y a la vez darles un seguimiento. Sólo así podrán hacer sus prácticas y poco a poco ir creciendo”.  

 “Adiós niñas, mañana veremos el corte para caballero, no se les olvide. Que les vaya bien”, se despide la capacitadora, quien espera la tarde del siguiente día para continuar enseñando a estas mujeres a crear ideas entre tijeras y peines, para que puedan  salir adelante.

Actualizado ( Jueves, 04 de Marzo de 2010 15:17 )  

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