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Jueves, 17. Apr 2014
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Cuando vivir en la calle se vuelve normal

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En la actualidad, un aproximado de 200 personas de la tercera edad viven en las calles de Santa Tecla. La mayoría de ellos son originarios de otros municipios, pero han decidido emigrar a la ciudad para beneficiarse de ministerios altruistas de la zona. Aún así su estilo de vida no es bueno y se ve reflejado en el mal estado de salud en que se encuentran.

mujer indigenteTras una noche lluviosa, antes de que la luz del día aparezca, en la esquina de la iglesia El Calvario, ubicada en Santa Tecla, departamento de La Libertad, Rafael García, de 69 años, originario de Sonsonate, abre los ojos y se levanta de los viejos cartones que le han servido de cama una noche más. Luego, estornudando y quejándose de una fuerte gripe, se dispone a caminar en busca de alimento.

Al igual que García, decenas de ancianos, deambulan por las calles del centro de Santa Tecla. La mayoría son originarios de otros municipios, y padecen de alguna deficiencia física o de una enfermedad, resultado de la mala calidad en que comen, duermen y se ganan la vida.

Los motivos por los que ellos viven en las calles son diversos: fueron abandonados por sus familiares, no tienen parientes, sufren de problemas con el alcohol o de drogas, etc. Quienes no son originarios de la ciudad afirman que dejaron sus lugares natales porque allá se les dificultaba aún más sobrevivir, debido a la falta de instituciones altruistas.

“Yo nací en Izalco, ahí viví 35 años. Me casé y tuve hijos, pero después me hice alcohólico y empecé a vagar en las calles de mi pueblo. Con el tiempo dejé el vicio, pero ya no tuve valor de regresar a mi casa. Me vine a vivir Santa Tecla, porque me di cuenta que aquí hay lugares donde regalan comida”, afirmó Moisés Granados, indigente de 63 años de edad, mientras hacía fila para recibir un plato de comida en la “Posada Santa María”.

Centros de atención, un alivio soñado

La “Posada Santa María” es un ministerio de acción social de la parroquia Inmaculada Concepción, que brinda desayuno y cena, de manera gratuita, a personas como Granados que carecen de alimento. De martes a domingo, 25 servidores preparan desde muy temprano la comida, para luego abrirles las puertas a las 450 personas que visitan el establecimiento, en busca del sustento diario.

Según Ada de Sermeño, coordinadora de la “Posada Santa María”, este tipo de proyectos atrae a  indigentes de otros municipios a vivir en las calles de Santa Tecla. “Aquí cada día la demanda crece, cada vez vienen más ancianos y la mayoría pertenecen a otros departamentos, pero al darse cuenta de la existencia de la Posada, se vinieron a vivir al centro de la ciudad”.

Al igual que la Posada Santa María, existen otras instancias que se preocupan por el bienestar de los ancianos abandonados, una de ellas es el ministerio “Divino Niño” que se reúne en las instalaciones del oratorio “Don Bosco”. El grupo, conformado por 15 servidores, recibe los días viernes por la mañana a 150 personas, entre ellas 65 de la tercera edad.

Así mismo, la Fundación Salvadoreña para Personas de la Tercera Edad (FUSATE), el ente más reconocido por su trabajo directo para los ancianos, funciona con dos mecanismos de ayuda en Santa Tecla: el primero, y el que posee una ayuda más integral, es el internado que consiste en brindar asilo permanente y alimentación a 40 ancianos que puedan valerse por sí solos. El segundo es el dormitorio público, el cual da posada a 70 personas cada noche. Los adultos mayores no pagan por la estadía, el resto de sus usuarios deben cancelar un precio simbólico de $0.25. Las puertas del dormitorio se abren para los beneficiados a las cinco de la tarde, y deben retirarse a las cinco de la mañana del siguiente día.

Este tipo de proyectos ha hecho que en Santa Tecla aumente la presencia de indigentes, quienes ven en ahí el maná para finalizar su ciclo de vida. Por otro lado, para las autoridades municipales los hechos son significativos y vistos desde dos ángulos: uno positivo y el otro negativo.

“Nosotros estamos en total acuerdo con los beneficios que los ministerios hacen por las personas de la calle, el único detalle es que la imagen de la ciudad es opacada, porque la gente tiende a confundir que la Alcaldía es responsable del exceso de indigentes”, explicó Hemmer Palma, director de la Fuerza Municipal de Empleo de la comuna, y agregó:  “Podrían ver a los indigentes como un problema originado en la municipalidad, aunque no es así, al contrario, la razón por la que ellos dejan sus pueblos natales es porque aquí tienen más posibilidades de persistir gracias a las personas altruistas.

La vida en la calle es difícil

A pesar del esfuerzo de los diferentes ministerios e instituciones, hay una triste realidad: los propósitos no son suficientes, y como resultado las personas de la tercera edad que viven en abandono tienen que buscar otras maneras de subsistir.

Vida en la calleTras desayunar en la Posada Santa María, Juan Méndez, de 77 años, aferrado a un bastón hecho de un palo de escoba, regresa a lo que llama su “hogar”. Se sienta en la esquina del Mercado Dueñas, extiende su mano, pide limosna. Las horas y la gente pasan, pero ni el tiempo ni los que lo ven se apiadan de él. Llegan las doce del medio día, y no logró conseguir más de $0.10. Se da cuenta que tiene hambre, entonces se levanta y va al basurero del mercado, donde empieza a buscar frutas, verduras podridas para almorzar.

Hasta el momento, por falta de fondos, la Posada Santa María se ve limitada a brindar almuerzo todos los días. Lo hacen sólo los domingos. De martes a sábado, únicamente dan desayuno y cena. Así mismo, el ministerio Divino Niño no cuenta con los recursos económicos para dar alimento todos los días. Por lo tanto, la manera en que los ancianos de la calle comen y duermen, es irregular y perjudicial para su salud.

Según la geriatra Cristina Hernández, las personas de la tercera edad deben tener una buena alimentación para vivir de manera sana, eso implica desayunar, almorzar y cenar bien todos los días. “El envejecimiento es un proceso natural en el que uno va perdiendo facultades, por lo tanto una buena nutrición es elemental para la salud de los ancianos”.

Después de ocultarse el sol, Marcos Castro, de 64 años, le da gracias a Dios por haber cenado una noche más en la Posada. Se limpia con la manga de la camisa su enorme barba blanca. Y luego, se levanta y camina apoyado en su bastón, tres cuadras, hasta llegar a la esquina del Mercado Dueñas, en donde dormirá  una noche más. Se cubre con un trapo. Y se encomienda al creador para que ningún delincuente lo llegue a molestar.

Por otro lado, hay quienes duermen  de una manera más cómoda en el dormitorio público de FUSATE, pero no todos los días. La capacidad de la instalación es sólo para 75 personas por noche. Mientras que la demanda es de un aproximado de 200 ancianos. A más de la mitad no les queda otro remedio que dormir en las calles.

Hernández insiste que es necesario que los adultos mayores duerman bien por su bienestar,  y que estén bajo el control de un médico, y de un familiar o amigo que le brinde afecto y atención. “Los ancianos que carecen de un techo y de cuidado son más frágiles ante las enfermedades”. La especialista explicó que las dolencias más comunes que padecen las personas de la tercera son las infecciones respiratorias, intestinales, y de las vías urinarias, entre otras.

Su estado de salud

Las consecuencias de dormir mal y alimentarse de manera irregular e insalubre son las enfermedades. La mayoría de ancianos que viven en la calles están enfermos, debido a que no tienen quién se preocupe por ellos, y a su incapacidad de buscar asistencia médica. Por el hecho de estar enfermos, muchas veces mueren sin ser atendidos.

Magdalena Ramírez, de 65 años, carece de su mano izquierda. Padece de artritis. Ella explicó que si le da fiebre o alguna infección no va a pasar consulta, porque las mismas enfermedades le quitan las fuerzas para ir en busca de asistencia médica. “Cómo voy poder ir al hospital, si no  tengo a nadie quien me lleve ni fuerzas para ir”.

Así mismo, Marta González, de 85 años de edad, originaria de San José Villanueva, afirma que vivir a la interperie y enfermarse es normal. “Otros indigentes si se enferman van a la Unidad de Salud, pero yo no, sólo me tiro en la calle, cierro los ojos y me pongo a esperar, o bien a que me cure o que me muera; así nos toca a la mayoría, porque quién lo va llevar a uno”.

Si un anciano se encuentra postrado en la calle por alguna enfermedad es ignorado. Hay quienes los ven y piensan que están así por que andan ebrios;  otros, porque son locos, pero nadie se pone a pensar en que pueden estar delicados de salud y necesitar ayuda. Las pocas veces que son atendidos y trasladados a un hospital es porque han sido atropellados.

Según Adalberto Garay, médico cirujano del Hospital San Rafael de Santa Tecla, la mayoría de ancianos indigentes que llegan al nosocomio es porque han sido atropellados o padecen de una enfermedad crónica. “Aquí vienen sólo cuando algún carro los ha golpeado, o si ya están bien avanzados en alguna enfermedad”.

Un destino llamado natural

La realidad de los ancianos abandonados es vista con normalidad: ellos ya se acostumbraron a vivir y ser excluidos, e ignorados. 

Los indigentes de la tercera edad al ser desahuciados no pueden permanecer en un hospital. Son dados de alta y deben retirarse a pesar de la enfermedad terminal que padezcan. De esa manera, se ven obligados a concluir sus vidas en la calle. Al morir, son enterrados en una fosa común sin ser velados. 

“Un hecho lamentable es que si un anciano indigente es incurable, lo normal es que debe abandonar el nosocomio, por el hecho que la cama en la que se encuentra, puede ser ocupada por alguien que aún tenga más posibilidades de vivir”, explicó Sandra Sorto, trabajadora social del Hospital San Rafael.

En general, los ancianos indigentes fallecen a la intemperie. Al ser encontrados muertos son trasladados y enterrados en fosas comunes. Las Autoridades municipales y  de  Medicina Legal son quienes se encargan del proceso. “Nuestro deber es enterrarlos después de ser tramitados”, dijo Jorge Zamora, empleado del Cementerio Municipal de Santa Tecla.

“Uno sabe que al viejo vagabundo nadie lo quiere,  por eso ya estamos acostumbrados  a vivir así hasta el fin de nuestros días,” comentó Marvin Aguilar, de 61 años, y agregó: “si ni su familia se preocupó por él, mucho menos lo harán los gobernantes y la sociedad”.

Exclusión e inclusión, una paradoja del Gobierno

La suerte para los ancianos de la calle no está de su lado, y tendrán que seguir su vida de una manera a la que ellos llaman “normal”: ante el olvido de sus familiares y las autoridades gubernamentales.

El nuevo Gobierno de El Salvador ha retomado el proyecto Red Solidaria que implementó la administración anterior, y aparte de cambiarle el nombre a “Comunidades Solidarias”, dentro del novedoso concepto se aumentará la cuota para las personas de la tercera edad de las comunidades más pobres del interior del país. A ellas se suministrarán, a partir de noviembre de 2009, de $30, a $50 mensuales.

El organismo encargado para la distribución de los bonos será el Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local (FISDL), liderado por el Héctor Silva, quien afirma que para el año 2010, piensan implementar también el proyecto en el área urbana. “Unas de las comunidades que serán beneficiadas son la comunidad San Rafael, en Santa Tecla, y la Nuevo Israel, en San Salvador”.

“Para nosotros será una gran ayuda si de verdad nos dan esa ayuda, porque para quienes vivimos en la pobreza esos centavitos no estarán de más”, comentó Marisela de Chávez, de 75 años, habitante de la comunidad San Rafael de Santa Tecla, y abuela de siete, de los cuales tres están a su cargo.

Según las autoridades del FISDL, se encuentran en un proceso de trabajo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). El objetivo es construir un mapa de pobreza urbana, para el que han tomado como referencia el Censo de 2007, de la Dirección General de Estadísticas y Censos (DYGESTYC), en el que se determinó que el 10.3% de la población salvadoreña es de la tercera edad. Sin embargo, los ancianos que viven en las calles no son parte de ese censo, porque fueron excluidos por el pasado Gobierno. Por lo tanto, no se tomarán en cuanta en el proyecto.

Para cierta parte de la tercera edad, el propósito será positivo y de inclusión pero para otros, como los ancianos de la calle, no.

Según las autoridades municipales de Santa Tecla, es una lástima que los ancianos de la calle no sean beneficiados con el proyecto. Pero para erradicar la situación buscarán establecer alianzas con la Secretaría de Inclusión Social, que ha creado el nuevo Gobierno, para mejorar las condiciones de vida de los ancianos indigentes de la ciudad.

“Trabajaremos con la Secretaría de Inclusión Social para optimizar las condiciones de vida de los indigentes, no sólo la de los ancianos sino que también la de todos aquellos que no tienen donde vivir,” explicó Palma.

Sólo la generosidad y el acompañamiento pueden cambiar la historia

Según las personas altruistas de los ministerios que apoyan a las personas de la tercera edad en Santa Tecla, acabar con la mala vida de los ancianos indigentes sería posible si se crearan principios culturales altruistas,  y políticas de inclusión total.   

 “En culturas como la hindú o la japonesa, las personas de mayor edad son valoradas por su sabiduría, no sólo por sus familiares, sino por la sociedad”, comentó Elba Castro, miembro del Ministerio Divino Niño. “Pero, en nuestro país, somos pocos quienes los valoramos a los ancianos”, agregó mientras que con entrega y delicadeza servía un plato con frijoles, huevo y plátano frito, a un humilde anciano que con una sonrisa de agradecimiento, extendió las manos para recibirlo.

Para el sociólogo Alfredo Gutiérrez, la cultura de la exclusión es parte de la historia de los países centroamericanos, factor que considera negativo para la sociedad. “En Centro América, la cultura de la exclusión fue traída por los conquistadores, quienes excluían a los mestizos y oprimían a los indígenas. En la actualidad, la exclusión sigue presente”.

 Si en El Salvador hubieran más ministerios e instituciones altruistas como las que hay en Santa Tecla: la Posada Santa María, Grupo Divino Niño y FUSATE, el estilo de vida de los ancianos de la calle florecería de manera más digna. Pero mejor aún, si el Gobierno revalorara los proyectos que están por implementar, e incluyeran a todos los indigentes de la tercera edad, ellos ya no tendrían que migrar a otros municipios en busca de lo que consideran: “el maná” para sobrevivir.

Así mismo, si se fomentara una cultura de inclusión, en la que desde temprana edad se enseñase a ser generoso, a amar al prójimo y a honrar a los padres y madres sobre todas las cosas hasta el fin de sus días, los ancianos ya no serían abandonados, no carecerían de pan, techo, abrigo y salud digna. Mucho menos tendrían que vivir de una manera “normal” en las calles de Santa Tecla.

Actualizado ( Jueves, 04 de Marzo de 2010 15:22 )  

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