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Martes, 29. Jul 2014
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Del náhuatl nadie come

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El náhuatl se niega a morir. Para la comunidad indígena y expertos lingüistas, la enseñanza del idioma no solo garantiza la supervivencia del código sino que significa el inicio de un reconocimiento de derechos. La identidad, cultural y social, busca reforzarse a través del idioma.

colegio nahuatA la 1:30 de la tarde el único lugar en el que el sol no quema, es en una esquina. Ahí un cuerpo menudo reposa mientras sus ojos cafés, detrás de un par de lentes, vigilan atentos a un grupo de niños. El Director de la casa de la cultura de Santo Domingo de Guzmán, en Sonsonate, Genaro Ramírez, debe cuidar los libros y al mismo tiempo debe proteger su identidad, no porque quiera esconderla, sino porque quiere transmitirla. Ramírez es miembro de la población nativa del lugar y maestro del idioma náhuatl.

Más de 77 años han pasado desde el levantamiento de campesinos de 1932 y El Salvador sigue sin reconocer constitucionalmente la existencia de la población indígena. Tampoco existe una ley de lenguas indígenas que vele por la preservación y difusión de estas, como sí ocurre en Nicaragua y Guatemala.

Por eso Rita de Araujo, encargada de asuntos indígenas del Consejo Nacional  para la Cultura y el Arte (Concultura), sostiene que las diferentes comunidades nativas salvadoreñas buscan por sus propios medios la protección de su identidad en su territorio. De acuerdo a De Araujo, la formación de organizaciones es uno de los métodos para obtener respeto.

Para Ramírez también explorar y aprender la lengua nativa es una manera de acercarse y reconocer la existencia de su propia población, porque a través de esta se conoce, dice, la cosmovisión, la manera de ser y pensar de un pueblo. “Mi sueño es explotar el idioma, que la gente lo conozca y que el punto de encuentro entre este y el español sea que ambos se valoren”, concluye.

Una lengua viva

 Aprendamos palabras en náhuat

Nativo: Ikman tágat

Lengua: Tennagáyo

Rancho: Chan

Casa: Gal

Campo: Cójtan

Padres: Tejtégu

Comer: Tácua

Hombre: Tágat

Mujer: Síhuat

Señor: Tájtsin

Anciano: Shúlet

Oraciones

Naja niknégui: Yo te quiero

Timumachtígan náhuatl: Aprendamos náhuatl

¡Tay galánchin Téchan!: ¡Qué bonito pueblo! 

Fuente: El náhuatl vive. Concultura.

“El náhuatl es una lengua moribunda que tiene menos de 200 hablantes en El Salvador. Es un idioma en extinción”, asegura Jorge Lemus, Investigador y lingüista de la Universidad Don Bosco. Por ello, en 2004 Concultura y la Don Bosco firmaron un convenio para enseñar el náhuatl en la zona occidental del país.

El proyecto fue nombrado “Revitalización del Náhuatl” y en la actualidad se mantiene gracias a maestros voluntarios, pues no existe una remuneración económica ni mucho menos un maestro asignado de forma directa a ninguna escuela para impartir este idioma. Los docentes que deciden sumarse a la iniciativa simplemente dividen su jornada laboral entre el plan educativo asignado por el Ministerio de Educación y la enseñanza del código nativo.

Durante el desarrollo del programa, La Universidad Don Bosco ha impartido dos tipos de capacitaciones dirigidas a esos maestros. La primera aborda el pronunciamiento y escritura del náhuatl con maestros indígenas; la segunda es una metodología de enseñanza de idiomas. Lemus explica que, en ese sentido, la enseñanza del náhuatl es igual a la enseñanza de, por ejemplo, el inglés. “Tenemos un libro de texto y uno de trabajo, y el docente cuenta con su libro de gramática que contiene consejos y sugerencias de juegos”, indica.

En todo el país existen ya 11 centros escolares donde se está desarrollando el proyecto. Están ubicados en su mayoría en los municipios de Armenia, Izalco, Nahuizalco y Santo Domingo de Guzmán, ubicados en el departamento de Sonsonete, y en la localidad de San Juan Talpa, en La Paz. El proyecto empezó con 3 profesores, pero ahora incluye a 28 maestros. La cifra de los alumnos también se ha incrementado. Iniciaron con 109 alumnos y ahora hay 3 mil niños que aprenden náhuatl.

Otro proyecto de intenciones similares es Pro-náhuatl, impulsado por estudiantes de la Universidad de El Salvador. Su coordinador, Alirio Ravín, sostiene que en un primer momento el esfuerzo era solo su tesis de graduación, pero que el grado de identificación que se generó con la comunidad de su estudio cambió sus planes. “Convivir más dos años con la comunidad de Santo Domingo de Guzmán me hizo ver que esto no podía quedarse en una simple tesis. Tengo la satisfacción de haber recuperado una parte ancestral muy autóctona del país”, asevera.

Pro-náhuatl, que de momento solo existe en papel, consta de tres fases. La primera parte de que académicos aprendan el idioma para poder crear material educativo. La última implica que el náhuatl pase a formar parte del pensum de la Licenciatura en Idiomas. “Al inicio, la respuesta de los catedráticos fue: ‘¡del náhuatl nadie come!’ Pero no se trata de eso, sino de rescatar la cultura y conocer nuestras raíces”, concluye.

Un encuentro con el pasado

Ravín sostiene que, para él, lo más difícil de aprender náhuatl no fue la pronunciación o la escritura sino entrar en las vidas y tradiciones de sus hablantes. “Son bien celosos con su identidad, pues históricamente su conocimiento ha sido visto como mercancía. Para ganarnos su confianza tuvimos que demostrarles que nos interesaban sus tradiciones, sus ritos, entre otras palabras, sus cosas. Realizamos actividades sociales, compartimos con los niños y nos quedábamos fines de semana enteros con ellos”, cuenta.

Katherine Pérez, estudiante de cuarto grado del centro escolar “Dr. Mario Calvo Marroquín”, una de las que forman parte del proyecto de la Universidad Don Bosco, dice que en ocasiones es difícil recordar la pronunciación, pero que disfruta cuando aprenden a escribir las palabras. “Hay palabras raras, pero aprendemos mucho de ellas. A veces lo práctico con mi hermano en la casa. Cuando él me despierta me habla en náhuatl o a veces cuando vamos para la escuela lo repetimos”, relata con una sonrisa en su rostro.

Al igual que ella, Brian Martínez comenta que en ocasiones repasa las lecciones con su familia. “A mi mamá no mucho le gusta hablarlo, pero cuando estoy en exámenes me ayuda a practicarlo. A mí me encanta poder cantar o saludarnos en náhuatl”.

Alejandra Campos, estudiante de quinto grado, no duda en asegurar que su materia preferida es el náhuatl. “Es un lenguaje muy bonito... Es nuestro lenguaje”, dice. “Tenemos que recuperarlo para volver a nuestros orígenes.”

libros náhuatlLa Directora del centro, Juliana Ama, confirma que el náhuatl forma parte de las materias que imparten con normalidad durante el año escolar. “Se imparte como una materia más, los niños realizan exámenes y tienen una nota promedio”, enfatiza.

Ama se declara completamente indígena. “La descendencia de mi madre fue indígena. Mi papá era descendiente de Feliciano Ama, pero jamás nos habló en náhuatl. Cuando mi madre hablaba en náhuatl con sus hermanas pensábamos que estaba hablando mal de nosotros”, recuerda. “Era triste no saber nada. Pero a la vez nos daba orgullo ver cómo ella se comunicaba con sus hermanas, porque era algo que no conocíamos”.

Un punto de encuentro

Al hacer remembranzas de su infancia, Ramírez cambia su tono de voz y sus ojos toman un poco de brillo. “Desde pequeño podía hablar náhuatl. Yo aprendí  sin letras, porque no sabía leer ni escribir. Solo escuchábamos hablar a mi mamá y así fuimos aprendiendo, repitiendo lo que ella nos decía a mis hermanos y a mí”, cuenta.

Lemus, asegura de hecho que uno de los objetivos del proyecto de la Don Bosco es reforzar la relación nieto-abuelo. “Cuando los niños aprenden algunas palabras, tienen la oportunidad de establecer una conversación con sus abuelos. Incluso hemos tenido casos donde los niños corrigen la pronunciación de los maestros, por que sus abuelos les han corregido el término.”, explica.

A pesar que solo un 0.20 % de la población salvadoreña se reconoce indígena según el último Censo de Población realizado en el 2007  realizado por la Dirección  General de Estadísticas y Censos. La mayor parte de personas, afirma de Araujo, pasan de los 60 años. Esto se convierte en una limitante, pues en su mayoría carecen de alfabetización.

Ramírez enfatiza por eso mismo la diferencia entre su caso y la labor educativa que hacen otros hablantes, y remarca con orgullo que ha estado en cuatro congresos lingüísticos, en los cuales conoció a sus homólogos de México y Guatemala. En esos congresos ha aprendido a formular su propio material de trabajo. “Ahora sé designar qué días impartiré ciertos temas y que días daré otra lección a mis estudiantes”, sostiene. La temática de los libros educativos que ayuda a editar no solo se enfoca en la escritura y pronunciación del idioma, sino en tradiciones, costumbres y héroes indígenas.

Sin embargo, los trabajos de Concultura, la Universidad de El Salvador y la Don Bosco por rescatar y reestablecer el náhuatl no son suficientes. Rita de Araujo afirma que se necesita una voluntad política real y un presupuesto que permita salir a flote con todos los proyectos. Ama coincide con ella en que el Ministerio de Educación debe jugar un papel más importante en este campo. “Apoyan en la publicación de libros junto a Concultura, pero no deberían limitarse a eso. El ministerio ha sido testigo de cómo los niños lo aprenden, pues han venido y han observado el trabajo que se realiza”, dice.

El lingüista Lemus es consciente además de que involucrar a la mayor cantidad de personas en el proceso de socialización del náhuatl representa una posibilidad para el reconocimiento de los derechos de la población nativa. Por otro lado, Ama asegura que hay una lucha constante por fortalecer esta lengua. “Aunque no se diera una legislación, hay personas que simplemente aman sus orígenes”, recalca.

A medida que la gente estudie el código náhuatl, sostiene Lemus, se reconocerá la identidad de los indígenas. Y enfatiza: “Antes de legislar la lengua hay que probar que existe”.

Actualizado ( Martes, 31 de Marzo de 2009 19:03 )