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Por Karla Zamora
Ha pasado más de un lustro desde que las historias de los piratas que cruzaban los mares me eran excitantes. Sin embargo ahora cuando escucho la palabra piratería no puedo dejar de preguntarme sobre este fenómeno del siglo XXI que golpea a la economía del mundo y de El Salvador, restándole a este último aproximadamente $80 millones que se dejan de percibir en las arcas del Estado y las alcaldías en concepto de impuesto, IVA, pagos a cuenta, entre otros, en el año recién pasado, según los resultados del estudio realizado por la empresa consultora Jabes Market Research.
La quiebra de la multinacional Blockbuster en El Salvador, hecho publicado el 23 de marzo en la Prensa Gráfica, es un ejemplo de las consecuencias negativas a la inversión extranjera y en consecuencia al desarrollo económico en la nación. Lo preocupante es que la quiebra sea producto de la piratería. La globalización permite hoy más que nunca que en el sistema capitalista la inversión extranjera directa (IED) y la participación de las empresas trasnacionales sea uno de los medios de desarrollo deseables para los países "emergentes" o "en vías de desarrollo". Estos son medios de acceso al capital y a la tecnología, por lo que funciona como fuentes de difusión tecnológica y dinamismo económico. No es una idea nueva: es reconocido así por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) desde la década de los 50.
A principios de este año, la Business Software Alliance (BSA), organización internacional de industria del software, colocó a El Salvador como el segundo país con más piratería de programas de computadora en Latinoamérica: un 82% compra programas no originales pese a que contamos con leyes que protegen los derechos de autor.Lo preocupante de la situación es que, tal como lo afirma el premio nobel de economía Douglas North, si el marco institucional recompensa la piratería entonces aparecerán organizaciones piratas que afectan drásticamente los intereses las empresas que distribuyen los materiales, productores y autores.
Según datos publicados en el periódico El Mundo, en una encuesta realizada en el último trimestre de 2007, el 66.9% de los y las salvadoreñas estuvieron de acuerdo con que esta compra (de material pirata) ayuda a la gente pobre, y el 70.9% avalaron la tesis “comprar productos pirateados es ahorrar, no robar”. Dichas opiniones solo reflejan un efecto psicológico de compra que obvia el aspecto de la seguridad social de la que carece el trabajo informal, la falta de un seguro social y de ahorro para pensión.
a Cámara Americana de Comercio (Amcham) indicó un aumento de 8% en la piratería lo cual es preocupante si lo comparamos con el índice de crecimiento del país que fue de 4.7% en el 2007 y que, según el Banco Central de Reserva, tiene sus bases en el consumo. Mientras la piratería siga creciendo habrá menos ingresos parael Estado, las empresas se irán como lo hicieron durante el conflicto armado, pero ahora ahuyentados por los piratas.
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