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Editorial

Agruras periodística

¿Quién te ha dicho que es fácil ser periodista, que te van a publicar todo?, le respondió el editor a Ricardo Valencia, de 26 años, ante su inconformidad.

Al escuchar la anécdota no puede evitar sonreír, porque de alguna manera todos y todas las que hemos pasado por una sala de redacción tarde o temprano nos “ubicaron” en la realidad del medio de comunicación: Qué si la publicidad, qué se murió alguien importante y hay que dejar espacio para las esquelas; qué vamos a darle más páginas a las noticias de políticas y adiós a la publicación de tu reportaje sobre un pueblito del interior, cuya gente lucha por sobrevivir en el límite de la pobreza-hambruna, ...

Por supuesto, esto jamás te lo enseñarán en las aulas de la universidad, y si te lo mencionaron lo olvidaste o no lo creíste. Así que el día menos esperado, por no decir en las primeras de cambio te ponen las íes de qué va y qué puede esperar en la agenda periodística.

Cuesta asimilar la lección, sin embargo pronto te vuelves muy lista para sacarle el jugo a cuanto espacio te dan para escribir las noticias que cubriste ese día y de la cual depende, muchas veces, que las personas conozcan un hecho que le ayudará a tomar una decisión en su vida diaria, por no decir ahorrar unos dólares.

Roberto Turcios, colaborador de la Prensa Gráfica, también nos recordó al gremio en el Encuentro de Periodistas “Medios en transición: la prensa y el pueblo”, celebrado recientemente en la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), que no hagamos perder el tiempo al lector o lectora con notas donde atropellamos el lenguaje de una forma irresponsable, y al final lo único que provocamos son “agruras” en la audiencia.

Turcios nos aconseja crear un Comité de periodistas preocupados, siguiendo el ejemplo de lo que han hecho en España. Sería interesante ver lo que resulta de una experiencia de ese tipo en El Salvador. Problemas de los cuales hablar sobran, y que mejor que los y las que salen todos los días a la calle con la misión de capturar la noticia para el público que discutan el rumbo que lleva el oficio que ejercemos. Así, de repente, tal vez descubramos que nuestros titulares ya no son pensando en la ciudadanía, sino en el poder, en lo que el funcionario nos dice. Las agruras aparecerán entonces en nuestro estómago. Buen comienzo, no les parece.