“A nosotros nos toca luchar con las ideas, ese es el momento que nos tocó desde Quezaltepeque”: Alberto Molina
Gracia Rodríguez
Redacción
Quezaltepeque tiene una amplia tradición de producción literaria, incluyendo entre sus grandes escritores y poetas de alto renombre a Alfonso “Kijadurías” (Quijada Urías), Rutilio Quezada, Quino Caso y Jorge Kattán Zablah.
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Foto: Gracia Rodríguez |
Tiene 23 años, es egresado de Ciencias Jurídicas de la Universidad de El Salvador y gestor de uno de los principales talleres literarios de Quezaltepeque, llamado “Amílcar Colocho”. |
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Actualmente, en dicha ciudad se están gestando al menos cinco talleres literarios, todos conformados por jóvenes comprometidos con la literatura y la tradición de su pueblo. Este nuevo movimiento ya es tomado en cuenta en los círculos literarios e intelectuales a nivel nacional, sin importar que todos sus gestores sean jóvenes a partir de los 15 años, jóvenes que, en las palabras de Alberto Molina, son personas pensantes, luchadoras, comprometidas, curiosas, pero sobre todo con un alto sentido de responsabilidad y humildad.
Molina es justamente uno de esos jóvenes. Tiene 23 años, es egresado de Ciencias Jurídicas de la Universidad de El Salvador y gestor de uno de los principales talleres literarios de Quezaltepeque, llamado “Amílcar Colocho”. En esta entrevista revela los planes que este movimiento literario persigue, desde cómo querer hacer poesía y consagrarse como la siguiente generación literaria, hasta cómo luchar desde el uso de la palabra.
¿A qué se debe la tradición literaria en Quezaltepeque?
Esa tradición literaria de Quezaltepeque es por la herencia que se tiene, siempre se ha dicho que Quezaltepeque es la ciudad de los poetas. Y no solo de los poetas, sino de los artistas, desde los artistas plásticos hasta artesanos y escritores. Pero fundamentalmente, escritores. “¿De dónde viene esa tradición?” sigue siendo la gran pregunta. ¿Por qué ese hilo de creación literaria en la sangre de los quezaltecos? No se ha sabido definir por qué.
Aparte de los novelistas de antaño, ¿Qué otros poetas o escritores quezaltecos considera que han sobresalido en los últimos tiempos?
Muchos poetas se quedaron en el anonimato porque quizás nunca tuvieron los medios o el momento histórico que los hiciera saltar a la luz y empezar a actuar dentro de una realidad. Pero hay otros reconocidos, como los que pertenecieron en la década de los ochentas el taller literario Xibalbá, del que la mayoría de sus integrantes eran quezaltecos, como Otoniel Guevara, Javier Alas, Amílcar Colocho, Kenny Rodríguez, Antonio Casquín, entre otros.
A todos estos escritores los motivó la época que se estaba viviendo, en medio de la guerra civil. Sin embargo, estamos en otros tiempos y aún hay varios jóvenes comprometidos con la literatura en Quezaltepeque, ¿a ellos qué los mueve?
Otros tiempos no quiere decir olvido. En un primer momento esta época quedó olvidada, pero hubo quienes lucharon, muchos de los poetas que mencioné murieron. ¡No! no muchos, es un caso excepcional el de Amílcar Colocho, que murió combatiendo para que jóvenes como los de ahora pudieran hacer estas cosas a la luz del día, en espacios abiertos, sin que fueran reprimidos y sin que les fuera prohibido. Por eso mismo se hace ahora, porque se comprende el momento histórico en el que se está viviendo, en el que es totalmente necesario usar las ideas, usar la palabra, algo por lo que los hombres de aquel entonces soñaron, no solo salvadoreños sino a nivel latinoamericano.
Son cosas que las tenían trazadas hombres como Ernesto “el Che” Guevara, que una vez dijo que a él le había tocado luchar con las armas. A nosotros nos tocaría hacerlo con las ideas y ese es el momento que nos tocó a nosotros desde Quezaltepeque; pero para eso hay que trabajar, para no soltar las armas. De una manera muy módica, o muy sencilla, pero todo el esfuerzo que se está gestando a nivel latinoamericano es bastante considerable y bastante serio. ¡Por eso!
El taller literario al que usted pertenece lleva el nombre de Amílcar Colocho. ¿Cómo está conformado este taller?
El taller está conformado por gente quezalteca, ocho jóvenes que oscilan entre los 17 hasta los 24 años. Es gente que entiende el peso del nombre del taller, por lo que Amílcar Colocho fue y por lo que Amílcar Colocho hizo, porque a nosotros nos toca retomar lo que un día él quiso hacer. Es gente que, muy humana y que muy sencillamente, quiere hacer las cosas, sin pretensiones, sin ese afán, hoy en boga, de publicar y publicar y vender libros para tener un estatus y creerse un buen escritor porque han publicado más de 10 libros, cuando quizás de los diez libros no se rescate ni un solo verso. Es gente sencilla en ese sentido, pero con la gana de trabajar. Eso es Amílcar Colocho en el fondo.
“Amílcar Colocho” es el primer taller que se funda, luego el taller literario Teshcal, y luego se creó el taller literario que… todavía no tiene nombre. Ellos están en el proceso que estuvo Teshcal un día, un proceso de depuración. De ahí va a surgir otra buena propuesta, y ya viene pujando también otro taller, son dos grupos los que están en gestación por el momento.
¿En qué consiste el sistema de estudio del taller? ¿Cuál es su papel dentro de la enseñanza?
Dentro del sistema de estudio tengo un rol de facilitador o de instructor; hay una relación, en ese sentido, con dos de los talleres, con Amílcar Colocho y con Teshcal. El plan de estudio está diseñado para abarcar desde la época griega hasta los tiempos actuales. Se estudia poética, Aristóteles, Horacio, la poética de la Edad Media, la poética contemporánea y la poética española, qué es el estudio de la métrica, narrativa y ensayo, cosas así. Un plan de estudio diseñado para largo (plazo).
Pero antes de cualquier sentido funcionalista, lo que existe ahí es un núcleo y un nivel de amistad y hermandad, sin eso no podría fundamentarse todo ese sistema disciplinario, no rígido, pero sí consciente. Después, si cada quien quiere hablar de que se le murió el chucho, se puede, lo hacemos, es esa comunión que existe entre nosotros.
¿Qué razones son las que los mueven a considerar este trabajo como un movimiento literario sólido?
Un movimiento sólido es bastante riesgoso decirlo, pero sí es un movimiento que se está gestando para consolidarse como una propuesta seria, y las razones que nos llevan a considerarnos como esa agrupación es esa sistematización que existe. Tiene un fin, que es llegar a esa consolidación para crear una propuesta ya seria en pro de la literatura nacional.
¿Hasta dónde pretende llegar este movimiento? ¿Cuáles son sus fines?
Sin ningún afán ideológico de posiciones políticas o clasistas, al final es un frente de resistencia, no porque nos vayamos a encapuchar la cabeza y vayamos a tomar las armas, sino porque estamos haciendo la contrapuesta al mundo que Occidente nos ofrece, individualizado, cosificando, todo es lo mediático. Nosotros decimos “no” en grupo, humanizados, lo que importa es el otro, el que importa sos vos, regresá a vos mismo que es la poesía. Ese es el fin, crear un espacio en el que la gente vea que todavía se puede. Si nos equivocamos, por lo menos lo intentamos, y si no nos equivocamos, igual, ya veremos qué pasa. Al final es el trabajo lo que cuenta.
Aparte de “Amílcar Colocho”, Teshcal y los otros dos talleres en formación, en Quezaltepeque se sabe de otro taller, el de “Quino Caso”, con el que ya ustedes no tienen relación.
Hubo relación, una relación muy estrecha porque se estuvo trabajando con dos talleres de la Universidad de El Salvador y uno de Soyapango. Se estuvo trabando un proyecto bastante serio y en ese momento hubo total relación entre los seis talleres, pero delimitándolo a Quezaltepeque. Ellos decidieron apartarse porque no compartieron ese nivel de compromiso y disciplina que se debe tener. Entonces prefirieron la bohemia, prefirieron ese afán de publicar, prefirieron tener un estatus social porque se escribe.
¿Cómo valora usted esa decisión?
Tienen toda la razón (para haberlo hecho así), tienen todo su derecho. Y como es el principio de la individualidad el que se debe guardar, aun cuando se está en un colectivo, con todo su derecho legítimo a renunciar, renunciaron al proyecto y ellos siguieron su camino. Es un camino distinto, sí, pero siempre un camino, y siempre en pro de la literatura quezalteca. Talvez haya divergencias de métodos y de ideas, pero no en el espíritu y en el sentido de querer hacer algo por Quezaltepeque a través de la literatura. Hay amistad y hay cierto respeto.
¿Por qué no comparten el que se considere un gran poeta a aquel que logra numerosas publicaciones?
Por el peso que tiene la palabra poeta, porque ser poeta no es publicar muchos libros, tener tantos premios, ahora apláudanme, díganme poeta. Cuando decimos que no hay prisa por publicar no decimos que no queramos publicar, eso es un error, y hago la aclaración porque podría malentenderse. Pero, ¿de qué sirve publicar la palabra que no va a hacer nada por cambiar la realidad concreta de la gente o hacerle entender que hay algo mas allá? Eso es publicar por prostituir y la palabra es una de las cosas mas sagradas que existen. En ese sentido es que no urge publicar cosas que vayan en desmérito de esa divinidad que la poesía tiene.
¿Ustedes piensan hacer algo por cambiar esta percepción, especialmente en los jóvenes apáticos a la lectura?
Sí pensamos hacer algo, pero no está claro porque no estamos en esa etapa del proceso. Si Roque Dalton un día lo hizo es porque fue un tipo totalmente genial, que podía estar publicando cosas clandestinas cuando te mataban por eso, estar escribiendo poemas tan hermosos como los que hoy encontramos. Nosotros, por el momento, estamos en una fase de formación, estamos captando y entendiendo de qué se trata el problema histórico, y cuando ya lo hayamos entendido, asimilado y digerido, entonces vamos a ver qué hacemos. Por el momento, creo que no podría decir que tenemos un plan para masificar la lectura o para vendérselas sencilla.
En Quezaltepeque se está organizando actualmente el encuentro permanente de poetas y Quino Caso está colaborando con eso. ¿Qué opinión le merece?
A mí me parece muy bien que ellos tengan su propio proyecto o que se hayan adherido a otro, que es el de la Fundación Metáfora. Que hagan lo que crean conveniente, pero lo que sí me parece mal es que en este tipo de encuentros internacionales o permanentes quienes tienen libre camino son los poetas que vienen invitados, y en el fondo no son certámenes que se realizan para promover la literatura salvadoreña. |
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