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Pupilajes universitarios: Una estancia necesaria para continuar estudiando

Por Margarita Salguero
Periodista

"La decisión de estar acá es por el tiempo que te demanda la universidad. Los horarios son en la mañana, y se me hacía difícil por el tráfico que tardaba hora y media para llegar hasta mi casa”, comenta Diana Vidal, de 24 años y estudiante de Comunicación Social de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA). Esta alumna, originaria de Santa Ana, regresa cada lunes a una habitación de un pupilaje, en Antiguo Cuscatlán, departamento de La libertad, para comenzar la rutina que le exige su carrera.

Foto: Margarita Salguero

Diana Vidal y Araceli Rodríguez afirman que la convivencia con las otras compañeras de habitación es lo que más disfrutan.

Casos como los de Vidal son comunes entre aquellos jóvenes que inician su formación profesional, sobre todo entre estudiantes que proceden de la zona oriental y occidental del país. El no contar con un familiar o amigo que le brindara hospedaje en la capital para estudiar la carrera de Contabilidad en la Universidad de El Salvador, también obligó a Santos Melgar, de 20 años, a trasladarse desde Ahuachapán hasta Ciudad Delgado, en San Salvador, para alquilar una habitación junto con dos amigos.

“Al principio me costó adaptarme, porque no conocía San Salvador. Tenía que preguntarle a toda la gente sobre cómo llegar a un lugar”, expresó Melgar. En este sentido, Iván Orellana, psicólogo social de la UCA, sostiene que el trasladarse a un pupilaje supone para todo joven un período de acomodación, en el cual hay muchas incertidumbres orientadas a un cambio radical de vida. “Esto sucede sobre todo en estudiantes que provienen de zonas rurales a la capital, por mucho que alguien se encuentre en un mismo país”, enfatiza el profesional.

Un negocio rentable

Las personas que habitan en los alrededores de las universidades del país aprovechan hacer negocio a través de los pupilajes. Las cuotas por habitación en la zona de la UCA, Universidad Alberto Einstein, los dos centros de estudio en Antiguo Cuscatlán, y la Universidad Don Bosco, en Soyapango, van desde los 40 hasta los 100 dólares. Todo depende de las comodidades que se les ofrezca a los estudiantes. Por ejemplo, televisor con cable, acceso a lavadora, aire acondicionado, etc.

Por la Universidad Nacional, en cambio las cuotas rondan cerca de los 25 dólares e incluso los estudiantes deben costear gastos de luz, agua o teléfono.

Con los pagos de estos cuartos, los dueños de los pupilajes lograr cubrir los gastos por servicios básicos y alimentación de su hogar. Ante esta ventaja, no desaprovechan la oportunidad de anunciar las habitaciones en los clasificados de los periódicos o en las carteleras de las universidades.

Las habitaciones, por lo general, constan de una cama, un ropero o una mesa de madera. En ellas pueden dormir hasta cuatro estudiantes del mismo género, según la capacidad de los cuartos. El baño es compartido con los otros compañeros y compañeras de pupilaje.

“Es un poco incómodo estar en un espacio reducido; pero si todos se ponen de acuerdo en el orden y la limpieza se convive mejor”, cuenta Melgar.

A cada estudiante se le otorga una llave de la casa. Los horarios de entrada no deben exceder de las 10 de la noche. La televisión la pueden ver siempre y cuando no interrumpa el descanso de los dueños. El uso del teléfono está restringido casi en todos los pupilajes y las visitas de otros compañeros o compañeras también están prohibidas.

En la mayoría de casos, se destina una refrigeradora para que cada estudiante guarde su comida. También es permitido que utilicen la cocina de la casa. “En una ocasión salió bastante en el recibo del teléfono, por lo que nos tocó poner una parte del dinero para pagarlo. La dueña se molestó bastante esa vez y dijo que mejor lo iba a restringir”, relata Vidal con aflicción.

Los pros y los contra

Saúl Chicas, de 25 años, de Morazán, alquila una habitación en la Zacamil, en San Salvador, para finalizar sus estudios de Derecho en la UCA. Él afirma que la ventaja de vivir en un pupilaje es que se lleva una vida bastante independiente: “Uno organiza su tiempo, según sus necesidades. No hay alguien que te esté dando órdenes a cada rato”.

“A veces querés dormir más tiempo, no se puede. A veces la cocina no la podés ocupar libremente. Aquí nos prestan muchas cosas, como la lavadora, la televisión, pero no estás en tu casa”, aclara Vidal, quien sostiene que si bien el vivir en un pupilaje le facilita trasladarse a sus clases, esto no implica toda la comodidad que una persona encuentra en su propio hogar.

La experiencia de compartir un espacio con los compañeros de habitación es lo que Melgar ha disfrutado más de su estancia en un pupilaje. “Si teníamos algún problema, lo discutíamos para solucionarlo. Lo bueno es que siempre tratamos de llevarnos de la mejor manera posible”, dijo.

Al respecto, la directora del Centro de Admisiones de la UCA, Olga Doñas, opina que cuando un joven decide trasladarse a un pupilaje siente que tiene más libertad, sobre todo en el hecho de que puede llevar amigos o amigas a la casa. “Sin embargo, este puede ser un factor que repercuta en el rendimiento académico del estudiante si dedica más tiempo a la interacción”, considera la profesional.

Sin embargo Melgar nos trae a la realidad con sus palabras: “De vez en cuando me visitan algunos de mis compañeros, pero ellos saben que no pueden estar mucho tiempo acá. Porque de repente pueden venir los dueños de la casa”.

En este sentido, Omar Chacón, de 22 años, quien se traslada todas las semanas desde Sonsonate hasta una habitación en Ciudad Merliot, opina que cada uno es dueño de las decisiones que toma y que “en la conciencia de cada persona está en invertir su tiempo en actividades provechosas”.

Chacón, estudiante de Economía de la Universidad de El Salvador, cuenta que hace dos años convivió en ese pupilaje junto a dos compañeros de la misma carrera. Mientras ellos salían a divertirse todas las noches, él optaba por quedarse en casa para repasar las clases o realizar algún trabajo. “Lo más importante es no descuidarse de la carrera”, recalcó.

Los “amigos” reprobaron algunas materias, sin embargo no les importóporque ambos contaban con la ayuda económica de sus padres, quienes trabajaban en Estados Unidos y además no tenían familiares que los estuvieran fiscalizando a cada momento.

Un espacio de solidaridad

Los pupilajes para estudiantes universitarios pueden convertirse también en espacios donde se abren relaciones de amistad entre jóvenes con edades similares, intereses y metas parecidas. En estas circunstancias, algunos muestran su solidaridad con los compañeros ante alguna dificultad que se les presente en la universidad. Melgar dice encontrar apoyo entre sus compañeros de habitación cuando se le dificultaba alguna materia. “Como mi compañero había sacado el Bachillerato Técnico en Contaduría y nosotros dos el (Bachillerato) General, ahí nos echábamos la mano un poco”, cuenta.

Vidal hizo lo mismo con un compañero de pupilaje. Éste, en repetidas ocasiones, le facilitó su computadora portátil para realizar trabajos académicos que le exigía una asignatura que cursó durante el ciclo pasado.

Melgar y Vidal manifiestan haber recibido ayuda económica de parte de sus compañeros de pupilaje en momentos que necesitan alimentarse o comprar papelería para la universidad.

La cuestión de género

La convivencia entre personas del sexo opuesto en un pupilaje es un hecho real. Las implicaciones atañen más en las mujeres, como lo explica el Director del Centro de Investigación y de Apoyo a la Investigación (CIDAI), en la UCA, Luis González: “En principio esto tiene que ser una experiencia que fomente la igualdad de género, pero en la realidad es casi siempre la mujer la que termina haciendo la limpieza en estos lugares”.

Al respecto, Vidal sostiene que todos son responsables de la limpieza de sus habitaciones, pero acepta que ella y su compañera de habitación dedican más tiempo a la limpieza de la cocina y del baño que sus compañeros de pupilaje.

Por otra parte, la mujer es quien recibe mucho más proteccionismo y más cuidado de parte de la familia, quien la recibe como pupila. Así lo detalla Orellana: “En los anuncios se ofrece más cuartos a ellas que a ellos. No sé si es porque demográficamente hay más mujeres o porque se piensa que la mujer cuida más de lo doméstico”.

Un salto a la madurez

El hecho de que un joven se traslade lejos de su hogar para continuar su formación universitaria, lo obliga a asumir ciertas responsabilidades que de no cumplirlas, nadie las asumirá por él. Esto implica que tenga limpia su ropa, que prepare sus alimentos, que administre un fondo para los gastos diarios.

“De salir de una situación hogareña protegida, saltará a sobrevivir por cuenta propia, tendrá su propio ritmo de trabajo, horario de vida. Esto implica un salto de madurez”, apunta Doñas.

La historia de Mayra Herrera, de 26 años, ilustra esta situación. Ella se graduó de la carrera de Ingeniería Industrial en la UCA y vivió como pupila, mientras trabajaba y estudiaba. Los horarios que le exigían ambas actividades la condujeron a buscar una habitación cerca de la universidad, debido a que perdía dos horas y media de viaje en autobús hasta su casa, en Ciudad Delgado, en San Salvador. Esto le restaba energía para repasar las clases durante la noche.

Ahora trabaja como administradora en un programa para jóvenes, en el Centro Monseñor Romero, en la UCA. La experiencia de residir como pupila marcó en ella una mejor forma de desenvolverse en su actual empleo, porque aprendió a convivir con personas de diferentes lugares: “Ahora siento que soy más autoindependiente. Aprendí a hacer mis cosas por mi cuenta”.

Hospedarse en pupilajes es una situación a la que se enfrentan muchos estudiantes de las universidades del país. El dedicar más tiempo a los estudios o llevar una vida cómoda es una opción que está marcada por los valores de la joven o el joven, los cuales determinarán a largo plazo el éxito o fracaso en su vida profesional futura.

 

 

 

 

 

Al estilo internacional

 

Los alojamientos estudiantiles en la Unión Europea y Suramérica ofrecen mejores condiciones para la nueva generación de profesionales

- En España, se encuentran los Colegios Mayores, ubicados cerca de las zonas universitarias, donde hallan habitaciones con todas las comodidades y pueden hacer uso de instalaciones para el estudio y actividades extraescolares.

- Existen también las Residencias Universitarias, las cuales se gestionan directamente desde las universidades y prestan servicios similares a los Colegios Mayores.

- Asimismo están las Residencias para jóvenes con escasos recursos económicos que ofrecen estancia gratuita a cambio de prestar trabajos sociales en el barrio, donde está la residencia.

En Argentina, se localizan las Residencias Universitarias para estudiantes mujeres, un servicio exclusivo para este género. Ellas tienen salas de estudio, salas de estar, comedor, cocina, refrigeradora y hasta servicio de limpieza.