Una historia diferente
Silvia Ayala
Periodista
Era viernes por la noche, el reloj marcaba las 11:53 p.m. cuando, lentamente,Adán volvió su mirada hacia la pared en la sala de espera de emergencias del Seguro Social.
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Foto: Rebeca Guerrero |
Los casos de abuso y maltrato a los hombres son cada vez más comunes y, aunque son pocas las instituciones que velan por sus derechos, se trata de un problema real en la sociedad. |
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Sus heridas habían dejado de sangrar, pero el dolor estaba presente y el particular olor del hospital volvía la situación aún más incómoda. Las enfermeras corrían de un lado a otro, parecía una noche ocupada para todos en el lugar.
Mientras esperaba ser atendido, Adán cerró sus ojos y pensó en las razones por las que se encontraba en ese lugar, ese día y en ese preciso momento. Inmediatamente fueinvadido por la misma sensación de ahogo, desesperación y tristeza que a menudo lo asechaba.
¿Por qué? Se preguntó en voz baja y suspiró.
La imagen de Mónica, mujer con quién había compartido cinco años de su vida, vino a su mente. Una vez más, y sin razón alguna, ella había reaccionado agresiva y violentamente contra él lanzándolecuanta cosa estuviera a su alcance.
Adán era paciente. Por años tuvo la esperanza de que los medicamentos podrían curar los problemas del sistema nervioso de su compañera de vida, pero fue en ese momento cuando desistió a tal idea.
Recordó los gritos, empujones, aruñones y puñetazos que hacía menos de una hora había recibido. Según Adán, esa era la manera en la que Mónica reaccionaba por su enfermedad y se desprendía de su estrés.
Esa noche las cosas fueron distintas, Mónica lo amenazó de muerte. “Son cosas de su enfermedad” pensó e ignoró la advertencia. Mientras se dirigía a la puerta ella se abalanzó sobre él con un cuchillo. Se quedó atónito ante lo ocurrido, no podía ni quería creer lo que estaba pasando.
Nuevamente pudo sentir la humillación de ser golpeado por su mujer. En ese momentola pena moral era más fuerte que el dolor físico. Jamás respondió a sus agresiones ni la denunció. En el fondo, él sabía que sus razones para callar iban más allá de su amor por ella: el qué dirán de la sociedad.
Adán se había convertido en uno más de los hombres maltratados en el país, uno más de los que no cuentan con una institución que los respalde en ese tipo de situaciones...uno más de los que muchos desconocen.
Para él, su el silencio valía la pena cuando pensaba en cómo son vistos y criticados los hombres que son golpeados por mujeres y lo que se dice de ellos.
Después de casi 30 minutos esperando, a las 12:20 p.m. Adán pasó a pequeña cirugía para ser atendido. Sudaba mientras el médico y una enfermera cosían las heridas de sus brazos, que por suerte no eran muy profundas.
Su corazón palpitaba más rápido cuando le preguntaban qué le había ocurrido, no podía evitar ponerse nervioso al repetir la misma versión una y otra vez cuando lo cuestionaban sobre sus golpes.
Un asalto, esa era su excusa para defenderse y no decir la verdad sobre lo ocurrido. Tuvo que crear toda una historia para poder explicar con detalle a los curiosos cómo es que había ido a parar ahí.
Luego de escuchar las indicaciones del médico para limpiar sus heridas y evitar algún tipo de infección, tomo sus medicinas, agradeció la atención y se marchó, esperando no tener que volver más y mucho menos a ser atendido por un asalto inexistente.
Adán regresaba malherido al que llamaba su hogar para seguir enfrentando la realidad a la que él mismo se sometía. Una vez más volvió su mirada hacia el reloj mientras caminaba, marcaba la 1:05 a.m. |