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Los altos dirigentes de
ARENA opinan que deben continuar al frente del Órgano Ejecutivo para concluir
la tarea reformista, emprendida hace quince años. Después de tres períodos
presidenciales, el país aún no estaría preparado para la alternabilidad
en el poder, según su opinión. En consecuencia, consideran su deber prepararlo,
para lo cual es indispensable retener el control de dicho Órgano durante
cinco años más. De acuerdo a sus declaraciones, este nuevo periodo será
un tiempo dedicado a concluir sus planes y, entonces, cuando hayan preparado
al país, podrían permitir a otro partido gobernar El Salvador. Así, pues,
ARENA se ha convertido en árbitro supremo del país. En las elecciones
recién pasadas no sólo demostró los extremos a los cuales está dispuesto
a llegar con tal de retener el poder de la Presidencia de la República,
sino que también puso en evidencia su naturaleza antidemocrática.
Los altos dirigentes del FMLN, en el otro extremo del espectro político,
juzgaron que había llegado la hora del cambio de gobierno para imprimir
una nueva dirección a las políticas públicas, en beneficio directo de
la gente. Apoyados en su buen desempeño en las elecciones de marzo de
2003, decidieron que el momento para hacerse con el poder del Órgano Ejecutivo
había llegado. Juzgaron que ARENA, su adversario principal, estaría derrotado
de antemano y, por lo tanto, el triunfo de la izquierda estaba asegurado
con independencia de quién fuese el candidato, de su programa de gobierno
y de la estrategia electoral. Estaban tan seguros de su triunfo que decidieron
reafirmar con fuerza la identidad tradicional del partido. En consecuencia,
eligieron como candidato a un prominente representante de su tradición
histórica, presentaron un programa de gobierno ambicioso y reafirmaron
sus antiguas aspiraciones transformadoras. Sin embargo, la mayor parte
de la población no aceptó esos cambios y votó por ARENA.
Esta forma de ver las elecciones de 2004, llevó a los dos partidos grandes,
a protagonizar una elección sin reglas. En principio y dada su poderosa
maquinaria electoral, esto favorecía a ARENA y, de hecho, así fue; pero
el FMLN pudo haber ganado las elecciones, o al menos, pudo haber hecho
un mejor papel.
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