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El año
2003 terminó con tres diagnósticos sobre el estado de la nación. Aunque
provenían de instituciones diferentes y fueron elaborados desde perspectivas
diversas e intereses también diversos, de una u otra manera, los tres
coinciden en lo fundamental ?aunque tal vez sus autores no estarían dispuestos
a reconocerlo de forma abierta. En efecto, los informes de la Asociación
Nacional de la Empresa Privada (ANEP) y la Fundación Salvadoreña para
el Desarrollo Económico y Social (FUSADES), su centro de pensamiento,
y el del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) coinciden
en señalar que el modelo salvadoreño actual se encuentra agotado y necesitado
de reformas urgentes y, hasta cierto punto, profundas. Si bien las dos
primeras instituciones difieren de la tercera, en cuanto al grado de agotamiento,
y la primera modificó su postura y aceptó, de forma incondicional, la
propuesta electoral del partido de gobierno, la envergadura de la reforma
reclamada habla por sí misma. En noviembre, la gran empresa privada organizada
pidió gobernabilidad; poco después, sus intelectuales pidieron creatividad
e innovación y, al final del año, Naciones Unidas pidió cambios profundos
en el modelo neoliberal.
No interesa aquí comparar estos tres informes, sino señalar las razones
que respaldan estas peticiones. Para ello, nos serviremos del informe
de Naciones Unidas, el más completo y comprensivo (Informe sobre desarrollo
humano. El Salvador 2003. Desafíos y opciones en tiempos de globalización).
No nos detendremos en los logros, porque de eso se encargan el gobierno
y la gran empresa privada y porque es un mal punto de partida, pues con
facilidad desemboca en el conformismo. Comenzar por los logros suele ser
una coartada para no enfrentar el contraste abrumador entre las realizaciones
y las metas que el modelo actual se propuso alcanzar.
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