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Contrario al discurso
oficial, que repite que el país se encuentra en una situación
magnífica, el tercer gobierno de ARENA deja a su sucesor, quienquiera
que sea, las condiciones para una crisis de gobernabilidad. A este
estado de crisis no se ha llegado de manera abrupta, sino que es
consecuencia de las políticas de los dos gobiernos anteriores de ese
mismo partido. Es el resultado ya conocido de los gobiernos que han
creído ciegamente en los artículos de fe del credo neoliberal. El
Salvador y Argentina fueron los dos modelos que el Fondo Monetario
Internacional exhibía como ejemplos exitosos que deberían ser imitados
por los otros gobiernos. La versión argentina de este modelo ya es
cosa del pasado y la salvadoreña se aproxima a su propia crisis. No
obstante, el presidente Flores, en continuidad con la tradición del
Fondo Monetario Internacional, insistió en el éxito de la versión
salvadoreña, en su intervención, en la última Asamblea General de
Naciones Unidas. La responsabilidad de esa situación crítica es
socialmente compartida, aunque la mayor parte de ella recae sobre los
dirigentes del partido y de sus tres gobiernos. Ante la elocuencia de
los datos, la conclusión se impone: los gobiernos de ARENA han
fracasado.
Este juicio puede parecer radical o exagerado. Los defensores del
modelo señalan como grandes logros la estabilidad de la economía, el
aumento de la inversión social, la reforma educativa y la reducción de
la pobreza. Según ellos, estos logros habrían colocado a El Salvador
en una posición muy ventajosa para aprovechar los impulsos
provenientes de la economía internacional, es decir, del exterior. El
argumento es engañoso, tal como sostiene el último diagnóstico de los
investigadores del sector privado (Fundación Salvadoreña para el
Desarrollo Económico y Social, FUSADES). De sus conclusiones se deduce
que si el entorno exterior fuera favorable, con lo que eso implica de
dependencia, El Salvador no podría aprovecharlo, porque no se
encuentra preparado para ello, en gran medida, por la falta de interés
del sector empresarial y del gobierno. Contrario a lo que parecen
creer ciertos sectores, el tratado de libre comercio con Estados
Unidos no resolverá ninguno de los problemas que el gobierno
salvadoreño no haya solventado antes. En quince años, pese a un
programa amplio de ajustes y reformas, los gobiernos de ARENA no
pudieron preparar al país para afrontar los desafíos del siglo XXI.
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