No. 655 Mayo 2003

 

 

 

 

 

 

ÍNDICE

 

 

Premio de los derechos humanos de la República Francesa al IDHUCA

 

Por un mundo mejor y más justo

Discurso de la embajadora de Francia, Lydie Gazarian

Estoy feliz y orgullosa de estar con ustedes esta noche para entregar, en nombre del Primer Ministro de Francia, y en presencia, como invitada de honor, de la Señora Ministra de Relaciones Exteriores, la Medalla de los Derechos Humanos de la República Francesa al Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA).

Los “premios de los Derechos Humanos de la República Francesa:  Libertad, igualdad y fraternidad”, entregados por el Primer Ministro, son otorgados cada año por la Comisión Nacional Consultiva de los Derechos Humanos. Esta comisión, creada en 1947, inspira con su parecer la acción del gobierno y juega un rol eminente en la promoción y la protección de los derechos humanos, tanto en Francia como en el extranjero. Su propósito es dar vida a los principios e ideales enunciados en las declaraciones solemnes, especialmente en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Creados en 1988, estos premios “honran las acciones concretas y los proyectos relacionados con la protección y la promoción efectivas de los derechos humanos, según el espíritu de la Declaración Universal de los Derechos Humanos”. Con este fin, cada año, se organiza, un concurso internacional para otorgar estos premios, que son definidos por un jurado, compuesto de miembros de la Comisión Consultiva de los Derechos Humanos. La presentación de las candidaturas es abierta a las organizaciones no gubernamentales, sin distinción de nacionalidad o fronteras. Estas pueden presentar una acción o un proyecto, realizado en Francia o en el extranjero, relacionado con uno de los temas escogidos durante el año.

Cada año se escogen temas diferentes. En los años anteriores, por ejemplo, los temas escogidos fueron la formación y la protección de los defensores de los derechos humanos, las actividades para ayudar a las víctimas de crisis y catástrofes humanitarias, la lucha contra la pobreza y la exclusión social y contra toda forma de explotación de los niños, la defensa y el apoyo a las víctimas de toda forma de minusvalidez o discapacidad, y la lucha contra la discriminación, fundada en cualquier clase de racismo y xenofobia.

En el año 2002, los dos temas propuestos fueron los actores de la lucha contra la impunidad (principalmente en relación con la instalación de comisiones de la verdad y la reconciliación o la participación en la creación de la Corte Penal Internacional) y la asistencia a los demandantes de asilo, a los refugiados y a las personas desplazadas. Se recibieron 71 candidaturas, provenientes de 38 países.

Los cinco primeros homenajeados recibieron su premio en París, en diciembre de 2002, con ocasión de la celebración del Día Internacional de los Derechos Humanos. Otros cinco candidatos fueron honrados con una “Mención especial” y con “una medalla de los derechos humanos de la República Francesa”, la cual les es otorgada. Dentro de esos últimos cinco galardonados figura el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA) por el proyecto de la creación de un “Festival Verdad 2003”, destinado a sensibilizar a la población en la búsqueda de la verdad, de la justicia, consideradas como los pilares de una paz duradera. El festival incluye presentaciones culturales y artísticas sobre el tema de la memoria.

El Festival Verdad y el Encuentro mesoamericano “Verdad, justicia y paz” se llevaron a cabo del 25 de marzo al 4 de abril del año 2003 en la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”. Como ustedes pueden darse cuenta, el proyecto del IDHUCA se enmarcaba dentro del primer tema propuesto para este año.

En efecto, Francia deseaba realzar la lucha contra la impunidad, la cual, en el año 2002, se puede decir constituyó una etapa decisiva con la entrada en vigor de la Corte Penal Internacional. Francia fue una de las primeras en ratificar el estatuto de la Corte Penal Internacional y llama a una adhesión lo más universal posible a este estatuto. Más allá de este dispositivo multilateral, la lucha contra la impunidad pasa igualmente por una acción también muy eficaz e indispensable, por las estructuras locales. En numerosos países, se han encontrado vías nacionales para superar la herencia de un pasado doloroso y para promover la reconciliación.

Si Francia ha estado entre los primeros en declarar los derechos humanos, universales y sagrados, los premios que han sido otorgados y la medalla que tengo el honor de entregar esta noche simbolizan la determinación de mi país para hacer avanzar el combate de toda la humanidad por un mundo mejor y más justo. Este compromiso es llevado sin tregua, pero con toda humildad. Ningún Estado, ninguna democracia, está exenta de reproche. Ninguno de nosotros puede pretender dar lecciones a los demás. Juntos debemos buscar el perfeccionamiento y compartir nuestras experiencias.

El premio de los derechos humanos entregado anualmente, desde 1988, subraya la importancia de la contribución de la sociedad civil a este combate por los derechos humanos y se entrega para respaldar la acción de estas personas, que con generosidad dedican su energía a hacer progresar la condición humana. Por medio de los galardonados, repartidos por todos los continentes, Francia tiene a bien saludar y honrar a todos aquellos sin los cuales las ideas mencionadas por el Estado serían palabras sin seguimiento. Este premio es un homenaje a su dedicación, a su valentía, a su perseverancia y a la obra inestimable que realizan.

Señor director del Instituto de Derechos Humanos de la UCA: por todas estas razones, es para mí un gran honor, y también un gran placer, entregarle hoy la Medalla de los Derechos Humanos de la República Francesa.

San Salvador, 11 de abril del 2003.

 

 

 

Las víctimas son las auténticas constructoras de la paz

Discurso de Benjamín Cuéllar
Director IDHUCA

El 19 de noviembre del año recién pasado, tres días después del homenaje a las y los mártires de la UCA, supe que el jurado de la Comisión Nacional Consultiva del Premio de los Derechos Humanos de la República Francesa “Libertad, igualdad y fraternidad” le había otorgado al IDHUCA “una mención especial de estímulo y aliento”.

En concreto, dicha distinción se centra en la creación del “Festival Verdad” y en lo que con éste se busca: que las víctimas del pasado y del presente, que sufren por la violación de sus derechos humanos y la impunidad, se encuentren y encuentren apoyo, se animen y animen a toda la sociedad, en el esfuerzo por alcanzar una convivencia justa y en paz. Y eso ?desde nuestra óptica? pasa tanto por el conocimiento objetivo y el reconocimiento sincero de la verdad de esas víctimas, como por la aceptación humilde de las responsabilidades por parte de sus victimarios y de la sanción legal que les corresponde.

En marzo de 1993, se tuvo y se perdió, en buena medida, la oportunidad para ello. Por un lado, el día 15 de ese mes, fue presentado en público el informe de la Comisión de la Verdad; sin embrago, cinco días después, la Asamblea Legislativa aprobó una amnistía duramente cuestionada, entre otras voces, por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Dicha Comisión, en su informe especial sobre nuestro país, en 1994, concluyó señalando que, más allá “de la eventual necesidad derivada de las negociaciones de paz y de las razones eminentemente políticas”, las “amplísimas dimensiones” de la amnistía constituían “una violación de las obligaciones internacionales asumidas por ese país [El Salvador] al ratificar la Convención Americana sobre Derechos Humanos”.

Al respecto, el actual Secretario de Naciones Unidas, lamentó “que las Partes, y especialmente el Gobierno, no cumplieron un mayor número de recomendaciones de la Comisión de la Verdad”. De manera específica, Kofi Annan afirmó literalmente lo siguiente: “Un ejemplo claro del rechazo de las conclusiones de la Comisión de la Verdad lo constituyó la aprobación de una amplia ley de amnistía pocos días después de la publicación del Informe de la Comisión. La celeridad con que esta ley se aprobó en la Asamblea Legislativa puso de manifiesto la falta de voluntad política de investigar y llegar a la verdad mediante medidas judiciales y castigar a los culpables”1.

El antecesor de Annan, Boutros Boutros-Ghali, al momento de presentar en Nueva York el informe de la Comisión de la Verdad, lanzó una clara exhortación al gobierno y a la ex guerrilla para hacer “todo lo posible para asegurar que el Informe de la Comisión llegue hasta el último de los rincones del país. Todos los salvadoreños deben conocerlo. Debe pasar a formar parte de su cultura y su historia de manera que puedan enfrentar mejor su futuro […] No puede haber reconciliación sin el conocimiento público de la verdad”2. Sin embargo, Annan, en la evaluación sobre el proceso salvadoreño, a cinco años del fin de la guerra, expresó lo siguiente: "En general, las recomendaciones relativas a la reconciliación nacional fueron desoídas. No se tomó ninguna medida para reconocer el buen nombre de las víctimas, éstas no recibieron indemnización moral ni material, no se levantó ningún monumento nacional a las víctimas ni se fijó un feriado nacional en su memoria. La recomendación de establecer un Foro de la Verdad y la Reconciliación tampoco se cumplió. En resumen, es inevitable hacer una valoración poco positiva de las medidas adoptadas en relación con las recomendaciones más importantes de la Comisión de la Verdad […] Es realmente desalentador que no se haya aprovechado la oportunidad singular que representaba la Comisión y su labor para alcanzar progresos importantes en la eliminación de la impunidad y el fomento de un clima de reconciliación nacional”3.

Frente al evidente interés por ocultar la verdad y evadir la justicia, situación que premia a los victimarios y castiga a las víctimas, fue que surgió, en 1998, el “Festival Verdad”. A estas alturas, éste constituye un espacio para rendir tributo a quienes, pese a haber sufrido atropellos contra su dignidad y a la falta de una respuesta compasiva y eficiente de las instituciones, luchan por hacer valer sus derechos y no permitir que sus familiares desaparecidos y asesinados sean sepultados bajo el olvido de una sociedad indiferente ante su dolor. Son ellas, las víctimas con rostro doliente y alma generosa, las que, en esencia, motivaron la creación de este “Festival Verdad”, que ahora reconoce la República de Francia como el lugar de encuentro “destinado a sensibilizar a la población en la búsqueda de la verdad, de la justicia y de la reparación durante el tiempo del conflicto interno, así como en la presentación de casos, y en las animaciones culturales y artísticas sobre el tema de la memoria”.

Así, a seis años de su inicio, el “Festival Verdad” ha facilitado las condiciones para la reflexión plural sobre la problemática y el acuerdo amplio para el impulso de las acciones concretas, que nos permitan lograr, en serio, una paz sólida, fundada en el conocimiento de la verdad y la realización de la justicia, en sus dimensiones más amplias: de cara a lo que ocurrió en el pasado, a lo que está ocurriendo en el presente y a lo que puede ocurrir en el futuro, si no trabajamos con la imaginación, la inteligencia, la creatividad y la ternura de las víctimas quienes, aun maltratadas, siguen siendo capaces de amar a sus seres queridos y de luchar por devolverles su dignidad.

Por todo lo anterior, además que un reconocimiento a nuestra Universidad y su participación irrenunciable en el esfuerzo por lograr la vigencia irrestricta de los derechos humanos, en El Salvador, esta condecoración que ahora recibimos es un merecido homenaje para quienes, con valentía, denunciaron y denuncian los atropellos que han sufrido en carne propia: los crímenes contra sus hijos, las desapariciones de sus familiares, la obstrucción de la justicia y la tergiversación de los hechos. Son ellas, sobre todo, las merecedoras de esta medalla y es un honor para el IDHUCA recibirla en su nombre.

Es un honor, además, que esta distinción provenga de un pueblo digno por su pasado y por su presente. Por su pasado, al ser el que, con su lucha, logró, en 1789, una de las proclamaciones más importantes en favor de la inconclusa y hoy cada vez más acechada humanización de la humanidad: la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, mejor conocida como la “Declaración Francesa”; por su presente, al mantener una posición firme ante los argumentos de las “guerras preventivas” y reivindicar, con absoluta coherencia, serenidad y firmeza, que la violencia, en cualquiera de sus manifestaciones, sólo se logra prevenir con el triunfo de la verdad y la justicia.

La estabilidad de las instituciones, cuya misión fundamental es el servicio a la gente, y la solidez de la paz, tanto en un país como en el mundo, no se puede sostener con el ocultamiento de la verdad y la falta de justicia para las víctimas; es más, sobre esas bases ni siquiera se puede hablar de una sociedad nacional y global, en democracia, porque, tarde o temprano, esa falsa e insostenible situación terminará por derrumbarse. Por eso, Juan Pablo II afirma que: “La verdadera paz, pues, es fruto de la justicia, virtud moral y garantía legal que vela sobre el pleno respeto de derechos y deberes, y sobre la distribución ecuánime de beneficios y cargas…”.

No hay, pues, donde perderse. En tal sentido, quienes integramos el IDHUCA, seguiremos al lado de las instituciones hermanas que, en esta ocasión, nos acompañan, firmes en el compromiso de trabajar con las víctimas, que en nuestro país buscan verdad y justicia. Porque son ellas las auténticas constructoras de la paz, en El Salvador, y porque, además, sólo así nos dignificamos como personas y como sociedad.

Ese compromiso con las víctimas ha sido muy bien definido por Lanssiers, quien junto con Sabato, Freire y Aute son mis referentes preferidos, cuando debo enfrentar el trance de hablar en público. Con esa cita, pues, termino mi intervención: “El compromiso vital con las víctimas […] es algo temible. Viviremos con ellas, soñaremos con ellas y con ellas nos despertaremos. Movilizarán nuestra creatividad y nuestra ternura, serán el foco incandescente de nuestra preocupación, nos chuparán la sangre y la energía, nos harán llorar y reír, estaremos poseídos como uno puede ser poseído por un espíritu. Mil veces las engendraremos, pero también seremos engendrados por ellas y viviremos mil vidas”.

San Salvador, 11 de abril de 2003
.
 

 

 

 

EDITORIAL

 

“Nueva fase del imperialismo de Estados Unidos”.

La invasión de Irak tiene una resonancia especial en América Latina, sobre todo en regiones como Centroamérica y el Caribe, que cuentan con una larga y amarga experiencia de esta clase de operaciones, la cual se remonta al siglo XIX. Después de las intervenciones estadounidenses en las guerras centroamericanas de los setenta y los ochenta del siglo pasado, parecía que se había inaugurado una nueva época, en la cual el derecho internacional regiría las relaciones entre los estados, el acercamiento y la colaboración entre las naciones, en un plano de mayor igualdad y respeto, predominarían sobre las presiones y el uso de la fuerza militar y las transiciones democratizadoras serían impulsadas con un interés genuino. Pero estas impresiones resultaron falsas. La invasión a Irak y sus consecuencias de mediano y largo plazo muestran que el imperialismo estadounidense está de regreso, como a comienzos del siglo XX, nada más que, en esta ocasión, con pretensiones de universalidad. Su ambición es ejercer su hegemonía sobre todo el mundo. En este contexto, de nuevo resuena con fuerza el juicio crudo que un general retirado de los marines hizo de sus tres décadas de servicio militar, quien, en 1935, se vio a sí mismo como un pistolero del capitalismo.

En países pequeños y subdesarrollados, con una institucionalidad débil y poca tradición democrática, la invasión de Estados Unidos a Irak es un mal ejemplo, porque da luz verde para que los poderes locales ?gobiernos y gran capital? actúen de manera arbitraria, también en nombre de la seguridad nacional y de la lucha contra el terrorismo. Si Estados Unidos, la nación que ha constituido hasta ahora el ideal democrático occidental, recurre a la fuerza militar para imponer su voluntad, por qué los poderes centroamericanos van a actuar de una manera diferente. La lucha contra el terrorismo internacional ha contribuido a restar peso específico a los procesos de transición democrática, impulsados con determinación hace apenas unos pocos años.

La invasión a Irak y su ocupación por tiempo indefinido no sólo inaugura una nueva etapa del imperialismo estadounidense, sino que también define con claridad meridiana una nueva división internacional del trabajo: Estados Unidos e Inglaterra hacen la guerra; Alemania, Francia, Australia, Canadá y España asumen las funciones de policía del territorio conquistado; Holanda y los países escandinavos toman a su cargo la ayuda humanitaria y Asia, África y América Latina siguen siendo fuente de recursos naturales y de fuerza de trabajo barata y un inmenso mercado para colocar la sobreproducción estadounidense. América Latina, y Centroamérica en particular, no puede pasar por alto esta nueva realidad imperial, que le está siendo impuesta.

 

 

 

 

ARTÍCULOS

 

Irak y la reconstrucción de Estados Unidos

Francisco Javier Ibisate S. J.

 

En este artículo, el autor hace un análisis sobre la actuación de Estados Unidos antes, durante y después del ataque que hiciera esta nación contra Irak. Explica las nuevas alianzas que se hilaron y deshilaron entre las naciones, los “pactos contra el terrorismo”, la Resolución 1441, emitida por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, etc., y la resolución presentada por los gobiernos de Estados Unidos, Inglaterra y España, declarando que como Irak no había aprovechado la última posibilidad ofrecida con la resolución 1441, quedaba legitimada la “guerra preventiva”. Declaración que estaba en franca oposición al llamado “pacto franco-alemán”, que buscaba alternativas pacíficas con miras a evitar la guerra en Irak. Es obvio que se ha agredido y debilitado el papel conciliador de Naciones Unidas, una de las pocas instituciones mundiales capaces de “construir la confianza” para respetar los derechos humanos durante las guerras y para buscar la equidad económica. Asimismo, también ha quedado debilitada “la unidad de la Unión Europea”. Ahora, de cara a la futura paz del mundo, nos preguntamos: ¿Quién y cómo se llevará a cabo la reconstrucción de Irak? ¿El Pentágono, el Departamento de Estado, Naciones Unidas con la comunidad internacional? ¿La reconstrucción de la economía estadounidense se hará gracias a la destrucción de la economía iraquí? y ¿quién y cuándo podrá reconstruir al “Dios, la conciencia y la historia” del actual gobierno de Estados Unidos?
 

 

Construir la paz: el mayor desafío de El Salvador

Arcinio Suira

 

En este artículo, el autor reflexiona sobre el problema de la paz, en un país en donde el principal obstáculo cultural para apropiarnos de las posibilidades de convivencia pacífica es la creencia de que las relaciones pacíficas son utopía en El Salvador. Precisamente, las relaciones conflictivas se nos presentan cada día como realidad ineludible y son las que se nos han motivado a reflexionar sobre la paz como un problema. Esta reflexión, por muy teórica que pueda parecer, es urgente, ya que en la medida en que tengamos no solo claridad, sino también argumentos sólidos para fundamentar y orientar nuestras acciones, de ese mismo modo nuestra cosecha en el campo de la construcción de paz será mayor a largo plazo. El actual contexto mundial, donde el viejo adagio latino, “si quieres paz, prepárate para la guerra”, está siendo puesto en acción, en la llamada guerra contra el terrorismo, nos invita también a reflexionar sobre la paz. Ojalá que esta reflexión ayude a darle un giro a la lógica contradictoria de este adagio latino y a tomar conciencia de que si queremos la paz, tenemos que prepararnos para la paz.
 

 

Cumplimiento de las recomendaciones de la Comisión de la Verdad en El Salvador

IDHUCA

 

En El Salvador, a raíz de los acuerdos de paz, surgió la Comisión de la Verdad, instancia de carácter extrajudicial, a la cual se le encomendó investigar las graves violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario durante el conflicto armado. El mandato de la Comisión incluía un informe final sobre las averiguaciones de los casos sometidos a su conocimiento y recomendaciones de orden legal, político o administrativo. Las recomendaciones debían apuntar al establecimiento de la verdad de lo ocurrido, a propiciar el funcionamiento del sistema judicial, a vencer la impunidad, a reparar en lo posible los daños causados, a prevenir la repetición de los hechos y a la reconciliación nacional. Así, el informe destaca cuatro tipos de recomendaciones, dirigidas a atacar los distintos flancos de la impunidad institucional. No obstante, esos encargos no han sido cumplidos. En tal sentido, las autoridades salvadoreñas han entorpecido los objetivos planteados por la Comisión. Pese a todo, esas recomendaciones siguen siendo importantes para coadyuvar a la democratización del país.
 

 

Proyecto interdiocesano: recuperación de la memoria histórica

Oficina de D. H. del Arzobispado de Guatemala

 

El 23 de junio de 1994 se firmó, en Oslo, el Acuerdo para la formación de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH), como parte de las negociaciones entre el gobierno de Guatemala y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), con el propósito de dejar constancia de los hechos que causaron sufrimiento a la población guatemalteca, en el contexto del conflicto armado. En abril de 1995 se inició la experiencia interdiocesana de la Recuperación de la Memoria Histórica o REMHI. Frente al gran desafío de dar a conocer la verdad e investigar responsabilidades, REMHI se convirtió en un esfuerzo alternativo y complementario a lo que podría hacer la Comisión para el Esclarecimiento Histórico. Esa iniciativa estaba sustentada en la convicción de que la violencia política le habría quitado a la gente su derecho a la palabra. Así, durante muchos años, las familias y los sobrevivientes no habían podido compartir su experiencia, dar a conocer lo sucedido ni denunciar a los responsables.
 

 

Verdad y justicia en la transición democrática mexicana. La CND y su investigación sobre la "guerra sucia"

Marisol López Menéndez

 

En la década de los noventa, México vivió una serie de transformaciones importantes en todos los órdenes: liberalización comercial, apertura económica, reducción del aparato estatal, etc. Además, surgieron nuevas instituciones: la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), la Comisión Nacional de Arbitraje Médico, el Consejo de la Judicatura Federal o el Tribunal Electoral. Aunado a lo anterior, también aparecieron cientos de organismos denominados “civiles” que, aunque se dedicaron a una amplia gama de actividades, enfocaron su atención a la defensa de los derechos humanos y la transparencia y limpieza en los procesos electorales. Desde esta perspectiva, la autora analiza la actuación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en la investigación de las violaciones de los derechos humanos, cometidas entre 1968 y 1984, época en que se desarrolló la llamada “guerra sucia” contra grupos guerrilleros y organizaciones sociales, que se consideraban cercanas a ellos.
 

 

Nace la Corte Penal Internacional

IDHUCA

 

En este artículo se hace alusión a la creación, los objetivos y los beneficios que trae consigo la Corte Penal Internacional. Con esta Institución, el cumplimiento del derecho internacional humanitario ?el “derecho de las guerras” ? ya no dependerá de la “buena voluntad” de los estados miembros de Naciones Unidas ?en especial, la de los pertenecientes a su Consejo de Seguridad?, elevándose con ello los niveles para su respeto. Su establecimiento persigue alcanzar los objetivos de los múltiples tratados internacionales, encaminados a proteger, de forma más eficaz, a la población, cuando ésta resulta afectada por los conflictos armados. La Corte Penal Internacional acompañará al Tribunal de Justicia Internacional, principal órgano judicial de Naciones Unidas y dependiente de ésta, con lo cual se robustecerá el funcionamiento de las instituciones judiciales supranacionales. La responsabilidad que define el Tribunal de Justicia Internacional es la estatal, por lo que se encuentra, tanto material como formalmente, imposibilitado para determinar la responsabilidad penal internacional de individuos que hayan cometido alguno o algunos de los crímenes internacionales. Por esto, la creación y el funcionamiento de una Corte Penal Internacional pretende poner fin a la impunidad de los autores de los crímenes mencionados, así como brindar a los estados un mecanismo penal complementario al de su jurisdicción interna .
 

 

La verdad de las víctimas

Jon Sobrino

 

En este artículo, el autor hace un análisis sobre la verdad y, para entenderla, hace tres reflexiones. Así, explica qué se entiende por víctimas; por qué la verdad no debe comprenderse sólo como un instrumento para hacer justicia a una o a varias víctimas; y que la verdad pertenece también al ámbito de la “finura”, que significa dejar hablar a la realidad, tener una mirada limpia, despertar del sueño de inhumanidad. Y desde este “espíritu de finura” ?compromiso, utopía, recuperar cuanto de humanidad hemos perdido?, desde la experiencia de estos años en El Salvador y, en el ámbito teórico, desde la tradición bíblico-cristiana, tradición importante, tanto por lo que toca a la verdad como a las víctimas, el autor ofrece tres reflexiones sobre verdad y víctimas: la relación esencial entre víctimas y encubrimiento, el aporte de la verdad a las víctimas y el aporte de las víctimas a la verdad.
 

 

 

 

COMENTARIOS

 

Justicia, globalización y derechos humanos

Carlos Castresana Fernández

 

¿A enredarnos de nuevo o a desenredar algo nuevo?

Benjamín Cuéllar

 

Reflexiones y vivencias sobre ‘verdad, justicia y paz’ en El Salvador

José Ramón Juániz

 

 

 

 

CRÓNICA DEL MES

Mayo 2003

 

Leyendo el Diario Oficial

Septiembre-octubre de 2000