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Es comúnmente
aceptado, aun cuando no se cuenta con un censo, que el 25 por ciento de
la población salvadoreña reside en el extranjero. Los dólares que esta población
envía a sus familiares que se quedaron en El Salvador, constituyen un soporte
indispensable para la economía nacional. Pero tampoco se conoce con exactitud
la magnitud de estos envíos. El registro del banco central no incluye el
total de dólares enviado desde el exterior, pues una parte de ellos llegan
a los de “acá” a través de redes informales. Existe fundamento para sospechar
que el total de las remesas es superior al registro del banco central. La
población salvadoreña organizada y residente en el exterior, en especial
en Estados Unidos, financia proyectos de desarrollo local, en las zonas
más diversas de El Salvador, un fenómeno menos conocido, pero no por eso
menos real. Es así como la ayuda económica enviada por las comunidades salvadoreñas
existentes en Estados Unidos ha hecho posible la construcción o la reconstrucción
de escuelas, clínicas, calles, parques, viviendas, etc.
Miles de familias salvadoreñas tienen acceso a aparatos electrodomésticos
y teléfonos, y sus condiciones de vivienda, alimentación y vestimenta han
mejorado, gracias a la ayuda de sus familiares residentes en Estados Unidos.
La música, la televisión y el cine en el hogar no sólo han ampliado la visión
del mundo a no pocos salvadoreños, sino que, además, han creado nuevas expectativas
respecto al estilo de vida que les gustaría llevar. La importancia demográfica,
económica, social y cultural de los miles de salvadoreños y salvadoreñas
residentes fuera de las fronteras nacionales es evidente.
Estos hechos ya son lugar común, aun cuando todavía no hayan sido estudiados
de una manera sistemática. Existe, sin embargo, otra dimensión desde la
cual puede examinarse la emigración salvadoreña y sobre la cual poco o nada
se ha dicho hasta ahora. Es un ámbito de la realidad nacional en el cual
la población salvadoreña residente en el exterior ha venido incidiendo desde
hace algún tiempo y al cual puede aportar todavía más para intentar que
la sociedad supere la polarización política, en la que se encuentra aprisionada.
A nadie escapa que la polarización, sin ser el problema principal del país,
se ha constituido en un obstáculo que entorpece no sólo la búsqueda de soluciones
a los problemas más importantes que aquejan a la mayoría de la población
salvadoreña, sino incluso la mitigación de sus consecuencias más graves.
¿Qué puede decirse, entonces, del influjo potencial de la población salvadoreña
residente en el extranjero para despolarizar la política nacional?
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