Relato
del caso
A sus 19 años de edad, Erick Mauricio Peña Carmona era un joven
estudiante de tercer año en la Escuela de Aviación Militar. Desde niño soñó
con llegar a ser un piloto de la Fuerza Aérea Salvadoreña (FAS) y había hecho
todo lo necesario para ello. La vida le sonreía y su alegría contagiaba a la
familia entera. Padres y hermanos estaban orgullosos de él; los vecinos lo querían.
Era un joven agradable que nació cuando apenas comenzaba la guerra, pero que
no iba a correr los peligros de quienes tuvieron que combatir en ella. Prometía
ser un hombre de bien, al servicio de su país y de su gente en un ambiente distinto
al que marcó la realidad de tantos otros jóvenes en el pasado reciente. Sin
embargo, ya no está entre nosotros; murió el 31 de mayo del 2001. Sólo ese hecho
brutal y dolorosamente inesperado, era suficiente para cambiar la vida de los
seres que lo quisieron y desde aquel día lo lloran. Pero en El Salvador no basta
con eso. A la tragedia, se le han sumado las enormes dificultades que las víctimas
están enfrentando para obtener justicia.
Aproximadamente a las diecinueve cuarenta horas -las 7 y 40 de la noche- de
ese último día de mayo, en la Escuela de Aviación Militar ubicada dentro de
la Base de la Fuerza Aérea, dos cadetes de cuarto año -Carlos Mauricio Melara
y César Humberto Doratt Alvarez- aprovecharon que el encargado del curso se
encontraba ausente y le ordenaron a los cadetes alumnos de tercer año que ingresaran
al aula.
Reunido
todo el grupo en el interior del salón, el cadete Melara utilizó la “voz de
mando militar” para ordenarles se pusieran en posición de “trípode” sobre los
escritorios. Tal posición consiste en colocar el cuerpo apoyado sobre tres puntos:
la parte superior de la cabeza y las puntas de los pies, con las manos tomadas
sobre la espalda. La misma es una posición prohibida dentro de los reglamentos
militares por ser lesiva a la salud. Sin embargo, siguiendo la acostumbrada
“disciplina militar” que aún priva en la estructura castrense de El Salvador,
la orden fue cumplida por todos los alumnos.
El cadete Doratt se colocó en la puerta del aula, vigilando que no se acercara
ningún oficial. Mientras tanto, el cadete Melara hostigaba verbalmente a Erick
Mauricio acusándolo de desobediencia y le propinaba golpes con los puños en
varias partes del cuerpo. Transcurridos alrededor de quince minutos en esas
circunstancias, el cadete Melara le ordenó a Erick Mauricio que se bajara del
escritorio y se dirigiera al fondo del salón. Ya en ese lugar, le ordenó que
se colocara de nuevo en posición de "trípode". La víctima le obedeció.
Simultáneamente, Doratt se dirigió a Melara diciéndole: “Me voy a poner de O.A.
(observador adelantado o vigía) y te voy a dar luz verde”. Además, Doratt le
dijo al agresor que recordara cómo Erick Mauricio Peña le desobedecía desde
que estaban en la Escuela Militar. Al verificar Doratt que nadie se acercaba,
azuzó a Melara así: “¡Tenés luz verde! ¡Dale con todo! ¡Dale sin asco!”. Ni
corto ni perezoso, Melara tomó impulso y le dio un puntapié en el lado izquierdo
del abdomen al cadete Peña Carmona, quien emitió un quejido y cayó al suelo
mientras convulsionaba.
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Posición trípode
En
la ilustración se representa la posición en que se encontraba Erick Peña
Carmona cuando recibió la patada que le provocó la muerte
Tomado de la revista "Enfoques"
del periódico salvadoreño "La Prensa Gráfica"
Domingo 10 de junio de 2001, página 4c. |
Vista la situación, los compañeros de Erick Mauricio se asustaron
y procedieron a aflojarle la camisa, dándole respiración "boca a boca" sin que
Melara ni Doratt hicieran algo por ayudar. En esos momentos ingresó otro cadete
de cuarto año, quien al observar lo que ocurría avisó al capitán Reynaldo Giovanni
Hernández Valdivieso y al subteniente Víctor Manuel Castillo. Posteriormente,
Erick Mauricio fue trasladado a la enfermería y luego, en helicóptero, al Hospital
Militar. El informe oficial sostiene que falleció en dicho nosocomio. Un dato
curioso: allí se le practicó un lavado peritoneal al cadáver, lo cual no es
un procedimiento usual en este tipo de casos.
En su declaración indagatoria, Melara recuerda así los hechos: “…y cuando
le di la orden a Peña de que se trasladara al final del pasillo, adoptando la
posición de trípode, le golpeé el abdomen de un puntapié y le dije ¡Cuento
cinco y está recuperado de nuevo!’, se puso nuevamente pero se desmayó y le
dijo Doratt que se pusiera en posición normal y que le ayudarán porque estaba
pálido”.
Fue
hasta confirmarse la muerte de Erick Mauricio, que las autoridades de la Escuela
de Aviación Militar notificaron el suceso a la Policía Nacional Civil. Y entonces
pusieron a disposición de las autoridades a los cadetes Melara y Doratt, aunque
era su obligación hacerlo desde que ocurrieron los hechos iniciales, por constituir
éstos un delito. En ese marco de “movimientos raros”, la familia fue notificada
de la muerte de Erick Mauricio con una inexplicable tardanza. Al respecto, en
la denuncia presentada en la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos
la madre de la víctima señaló:
“Tenemos la sospecha de que nuestro hijo en realidad murió en las instalaciones
de la Escuela de Aviación, pero aun así fue llevado posteriormente, vía aérea,
al Hospital Militar, donde se dijo que mi hijo tuvo un paro cardio-respiratorio
que le provocó la muerte. Fui notificada de la muerte de mi hijo hasta las doce
treinta de la noche; es decir, aproximadamente a cuatro horas de ocurridos los
hechos. Pero el cuerpo de mi hijo fue remitido del Hospital a Medicina Legal
para que, al día siguiente, se le practicase la necropsia. Recibimos los restos
de mi hijo aproximadamente a las doce horas con cuarenta y cinco minutos del
siguiente día, siendo trasladado a la funeraria de la Fuerza Armada y colocado
en la Capilla hasta las diecinueve horas; es decir, seis horas después, lo cual
nos llama poderosamente la atención”.
A lo anterior, es importante añadir lo que la ofendida declaró después en la
misma Procuraduría. “Luego -se
afirma en el texto incluido dentro del expediente- la dicente reclamó ver el
cadáver, logrando ver que en la región frontal tenía como saltado el HUESO de
la frente, pero sin señales de sangre ni de rotura de la piel, sino sólo la
inflamación como en forma de ‘grada’ en la frente. Que luego logró moverle el
cuello, viéndole unas heridas atrás de uno de los parietales de su cabeza y
notando que el cuello era totalmente flexible, sin mostrar ninguna resistencia
o rigidez, dándole la impresión de que sí había fractura en su cuello y viéndole
un rasguño en su cuello. Que luego se lo llevaron a la funeraria de la Fuerza
Armada, en donde les informaron que como la autopsia había sido bastante minuciosa,
la preparación del cadáver sería más larga de lo acostumbrado, por lo que el
cadáver estaría listo hasta como las diecisiete horas, pero lo subieron a la
capilla de velación hasta las diecinueve horas”.
Y
pese a que públicamente las autoridades de la Escuela de Aviación Militar, la
FAS y el Ministerio de la Defensa Nacional se comprometieron a darle su apoyo
a la familia ofendida, en la práctica ha sido bastante difícil obtener la información
pertinente para esclarecer los hechos. A la Fiscalía General de la República
se le ha brindado la información a “cuenta gotas” e incompleta; ejemplo de ello,
es lo relacionado con el procedimiento hospitalario practicado.
La
Fiscalía General de la República presentó requerimiento contra los detenidos,
por el delito de Homicidio Agravado. Tal calificación fue aceptada por el Juzgado
de Paz de Ilopango, el cual ordenó la instrucción con detención provisional.
Tal decisión fue confirmada por la Cámara Segunda de lo Penal y el Juzgado de
Instrucción de Ilopango. A solicitud de los padres de Erick Mauricio, el IDHUCA
designó a dos abogados para representarlos como acusadores particulares en el
proceso penal. Cabe destacar la reiterada negativa del tribunal de Ilopango
ante la solicitud de diligencias fundamentales para la investigación; entre
ellas, se deben señalar la reconstrucción de los hechos y la participación de
un perito forense extranjero en el proceso con el objeto de contar, a partir
de su conocimiento científico y experiencia, con mayores elementos sobre la
causa de la muerte.
En
la audiencia preliminar realizada en noviembre de 2001, la Jueza de Instrucción
resolvió ordenar la apertura a juicio por el delito de Homicidio Agravado. La
funcionaria no fundamentó de forma debida su resolución y pasó el proceso al
Tribunal Sexto de Sentencia de San Salvador; éste programó la realización de
la vista pública para los días 11, 12 y 13 de marzo de 2002.
En
diciembre de 2001, los defensores particulares de los acusados solicitaron al
mencionado Tribunal de Sentencia la modificación de la calificación legal del
delito. Pretendían que ésta se cambiara de Homicidio Agravado a Homicidio Culposo.
Para ello, alegaron que los imputados nunca tuvieron la intención de causarle
la muerte a Erick Mauricio. Se ordenó, entonces, la realización de una audiencia
especial para decidir sobre la calificación del delito, argumentando que se
debía subsanar la falta de fundamentación en la resolución adoptada por la Jueza
de Instrucción.
En una resolución extrañamente ambigua, el Tribunal de Sentencia modificó
la calificación a “Lesiones muy graves en concurso ideal con Homicidio Culposo”.
Eso, sin lugar a dudas, favorece a los imputados en cuanto a la pena que se
les podría aplicar en caso de ser condenados. Para ilustrar al lector, por Homicidio
Agravado la pena es de 25 a 30 años de prisión; en cambio, por la sui generis
calificación del Tribunal de Sentencia la pena oscilaría entre 5 años 4
meses hasta 10 años de prisión. El IDHUCA solicitó aclaración de esta resolución
pues, al modificar la calificación jurídica de los hechos, quedaron vacíos.
El estado actual de la situación en el caso del cadete Erick Mauricio Peña Carmona
es preocupante. Así como están las cosas, puede que ingrese a la larga lista
de aquellos hechos criminales ocurridos tras el fin de la guerra y que permanecen
en la impunidad. Hay que recordar que ésta se produce cuando un delito no es
castigado. Pero la impunidad no termina ahí. También tiene lugar cuando se sanciona
de forma leve a los responsables de un delito, frente a la grave dimensión del
mismo. Y esto último es lo que parece estar ocurriendo ahora. Ciertos componentes
del sistema parecen actuar en contra de las víctimas y a favor de los victimarios.
Eso nos inquieta. Pero, en cambio, nos alienta que -como en los casos de Ramón
Mauricio García Prieto, Adriano Vilanova, William Gaytán y Katya Natalia Miranda
Jiménez- los padres de Erick Mauricio están dispuestos a luchar hasta el fin
para obtener justicia, dentro o fuera de El Salvador.
El presente caso es otra prueba más para la justicia salvadoreña, que a diez
años del fin de la guerra no cuenta con muchos créditos positivos a su favor.
También debe asumirse como un llamado de atención a lo que pueda estar ocurriendo
dentro de la institución armada, más allá de los aplausos que casi todo el mundo
le brinda en la actualidad. Porque, en realidad, a estas alturas resultan demasiado
preocupantes declaraciones como la siguiente: “…si yo no disciplinaba a los
cadetes el castigo que yo les puse a ellos se me iba a ser impuesto a mí por
parte de los oficiales. Los oficiales lo obligan a uno a darles ese trato a
los cadetes de menor antigüedad, y de no ser así lo van evaluando con mala nota
a los cadetes más antiguos por ser faltos de vocación militar al no corregir
una falta…” (cadete Carlos Mauricio Melara). ¿Qué hubiera ocurrido -debemos preguntarnos-
si los padres de Erick Mauricio no hubieran denunciado inmediatamente los hechos
y no estuvieran insistiendo en que se haga justicia? Demos gracias a la gente
que, como estas víctimas, no agachan la cabeza y se resignan. Son ellas las
que van a salvar a El Salvador.
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Resultados
de la vista pública
Del 11 al 19 de marzo de 2002, se llevó a cabo la vista
pública contra Carlos Melara y César Doratt, acusados de la brutal
muerte de Erick Peña Carmona al interior de la Escuela de Aviación
Militar.
El jurado
escuchó la declaración de 18 testigos, que describieron lo sucedido
el día del asesinato; y 3 peritos forenses, quienes establecieron la
causa de la muerte del joven Peña. Todos los compañeros de la
víctima, que declararon durante la vista pública, coincidieron
en señalar que por órdenes de los imputados estaban colocados en posición
de trípode (prohibida dentro de la institución castrense) y que
la agresión estaba dirigida, especialmente, hacia Erick Peña Carmona.
También quedó claro que fue Doratt quien animó y provocó
a Melara para que éste diera a Erick la patada que le quitó la
vida. Tan fuerte fue este puntapié, que todos los que se estaban en el
lugar lo escucharon. El mismo Doratt, quien se encontraba en la puerta del salón
de clase vigilando que nadie se acercara, afirmó que oyó el golpe.
Con signos vitales casi imperceptibles y haciendo gestos como de ahogo, el cadete
Peña fue trasladado de emergencia a la enfermería de la Fuerza
Aérea, y de ahí en helicóptero al Hospital Militar, donde
fue recibido ya muerto.
Los tres
defensores particulares intentaron convencer al jurado de que Melara y Doratt
eran víctimas del sistema de educación de la Fuerza Aérea,
en la cual se les enseña a golpear y agredir y lo que ellos hicieron
fue reproducir esquemas aprendidos. Asimismo, manifestaron que la muerte de
Erick Peña probablemente no fue producto del puntapié, sino que
podía haber sido el resultado de un golpe que recibió en la cabeza cuando
era transportado al Hospital o por una "indigestión". Los médicos
forenses se encargaron de desvirtuar estas hipótesis.
Luego
de escuchar los alegatos de los defensores, quienes pedían consideración
para las madres de los acusados, que sufrían al ver a sus hijos en prisión,
la señora Morena de Canales, entre lágrimas, se dirigió al jurado
y al público presente: "Sí, pobres las madres de estos
jóvenes, pero y ¿yo qué?, ¿A dónde queda mi dolor de madre?
Si hay madres en el público, les quiero preguntar: ¿Cuántas de ustedes
han ido a recoger un hijo a Medicina Legal y se los entregan dentro de una bolsa
negra de basura?"
Al final de la larga jornada, el jurado emitó un veredicto condenatorio contra
Carlos Mauricio Melara y absolutorio a favor de César Humberto Doratt, habiéndose
establecido además, una condena civil por veinticinco mil colones contra cada
uno de los acusados, y condenándose al Ministerio de Defensa Nacional a la responsabilidad
civil subsidiaria, por los hechos ocurridos en la Escuela de Aviación Militar.
Ante el resultado del juicio, los padres de Erick se han manifestado insatisfechos
con el veredicto del jurado y presentaron un recurso de casación al Juzgado
Sexto de Instrucción para que se revise el proceso realizado. En él se señala
que la audiencia especial desarrollada por el Tribunal de Sentencia -donde se
modificó el delito de homicidio intencional (con mayor pena) a homicidio culposo
en concurso ideal con lesiones muy graves (de menor penalización)- no tenía
fundamento legal, ya que este tribunal no puede convocar audiencias especiales
para modificar el delito por el cual se juzga a una persona, a menos que se
presenten nuevos hechos, lo cual no sucedió en este caso. Esta audiencia especial
tuvo incidencia directa en el veredicto, dado que el jurado no estaba formado
por profesionales del derecho, quienes podían valorar mejor los argumentos legales
del juicio.
Actualmente el proceso se encuentra en la Sala de lo Penal de la Corte Suprema
de Justicia, mientras los padres de Erick Mauricio, don Misael y doña Morena,
continúan buscando justicia por la cruel muerte de su hijo.
"No es justo
que el autor intelectual de la muerte de mi hijo quede sin un castigo. Si él
(Dorat) no hubiera incitado a Carlos Mauricio Melara, tal vez Erick estaría
vivo"
Misael Canales, padre del cadete
Erick Peña Carmona
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Tribunal condena a los asesinos de Erick Peña Carmona
Después de tres años y tres meses, el Tribunal Primero de Sentencia de San Salvador declaró culpables a los cadetes Carlos Melara y César Dorat por el homicidio doloso del también cadete Erick Mauricio Peña Carmona. La condena, dictada el 27 de agosto, señaló a Melara como autor directo del asesinato y a Dorat como instigador.
El crimen ocurrió el 31 de mayo del 2001 en la Escuela de Aviación Militar cuando Carlos Melara le dio un puntapié en el estómago a Erick Peña quien se encontraba en posición de trípode (prohibida en la institución militar), César Dorat vigilaba en la puerta e incitó a Melara para materializar el hecho. “Tenés luz verde, dale con todo, dale sin asco”, fueron las palabras con las que Dorat habilitó la patada mortal. (Más información sobre el caso)
Durante la vista pública, los defensores afirmaron que no hubo intención de asesinar al cadete de parte de los imputados y que castigos como la posición trípode, puntapiés y otros tratos inhumanos son una “costumbre” en la Fuerza Armada y que por lo tanto debía condenarse a la formación militar impartida en las instituciones castrenses y no a los cadetes.
Pese a estos argumentos, los jueces encontraron responsabilidad individual de los acusados, pero también expresaron que el fallo intentaba mandar un mensaje al ejército salvadoreño para que no se pusiera en riesgo la vida de los que ingresan a sus filas con una visión equivocada del castigo y la obediencia, además agregaron que el objetivo de la Fuerza Armada es proteger la vida, no arrebatarla.
Esta es la segunda vez que se realiza la vista pública, luego que la Sala de lo Penal de la Corte Suprema de Justicia aceptara un recurso de casación en el que se objetaba el cambio de la típificación del delito en una audiencia especial donde no correspondía dicha acción. Esto provocó la anulación del proceso judicial subsiguiente y posibilitó la instalación de una nueva vista pública.
El fallo judicial en la prensa escrita nacional:
Condena de 10 años a dos ex cadetes por asesinar compañero (La Prensa Gráfica)
Diez años de cárcel para ex cadetes por homicidio (El Diario de Hoy)
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