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A propósito de la propuesta del FMLN
El contenido económico social de la propuesta del FMLN
no debe soslayar otro aspecto igual o más importante
aún. Una perspectiva de análisis es si la propuesta
en cuestión tiene coherencia interna, si es viable
técnicamente, si existen recursos para financiarla. De una
u otra forma, estos problemas podrían resolverse una vez que
el partido llegue al poder, pero antes es preciso llegar.
En cualquier propuesta política y, especialmente,
cuando se trata de una con contenido económico social, antes
que detenerse a discutir su lógica o sus tecnicismos,
importa considerar si tiene sujeros reales dispuestos a ejecutarla,
ya que, de muy poco sirve una propuesta, por excelente que sea, si
carece de sujetos. Desde esta perspectiva, la propuesta del Frente
no es criticable, puesto que, efectivamente, cuenta con los sujetos
necesarios para llevarla a cabo. Los sujetos de la propuesta del
FMLN parecen ser los empresarios capitalistas.
Cabe preguntarse, entonces, si al FMLN le corresponde elaborar
propuestas para tales sujetos. ¨Y por qué no? Se
podría arguir y añadir: si se busca ser gobierno de
El Salvador, hay que elaborar una propuesta para todos.
Formalmente, parece tener sentido tal argumentación. Sin
embargo, "toda la población" no pasa de ser un ente
abstracto, en razón de que ésta está
conformada por diferentes sectores sociales, los cuales poseen
diferentes intereses y por ello, precisamente, es que se torna
necesario optar preferentemente y el Frente tal parece que opta por
los empresarios capitalistas, aunque no lo explicite. Y es
aquí donde se encuentra un grave error: ¨a qué
partido preferirían estos empresarios como gerente del
proyecto, a ARENA o al Frente? La respuesta es obvia.
En segundo lugar, hay que considerar con atención la
visión político ideológica que subyace en la
propuesta, puesto que ella estaría definiendo la
especificidad del Frente como partido político, es decir, lo
que lo diferenciaría de ARENA, del Partido de
Conciliación Nacional, del Partido Demócrata
Cristiano, del Partido Demócrata, etc., y es lo que, por
otro lado, atraería el apoyo o el rechazo de los electores.
De esto dependería, en último término, su
acceso al poder, la razón última de cualquier partido
político.
La propuesta del Frente no parece distinguir entre aceptar las
reglas impuestas por el sistema y aceptar el sistema mismo. Es
decir, el Frente debiera optar preferentemente por los sectores
populares y, en consecuencia, proponer algo realmente alternativo
al modelo neoliberal y no simplemente ofrecer þun nuevo arreglo de
la misma melodíaþ.
En tercer lugar, políticamente, el Frente ha
caído en su propuesta en algunos errores como consecuencia
de una concepción política errada. Da la
impresión que busca ser "potable", ya que, a su juicio, para
algunos sectores no lo es. En esto último, el Frente
está en lo correcto, porque ningún partido
político puede ser þpotableþ para todos los sectores. El
error consiste en que al busca su þpotabilizaciónþ renuncia
a su naturaleza esencial: ser un partido de izquierda radical en su
concepción política e ideológica. Radical no
en la connotación vulgar del término, sino en el
sentido de buscar atacar la raíz de los problemas. Este
radicalismo tiene razón de ser en la actualidad, ya que
nuestra sociedad continúa clamando a gritos por cambios
radicales, lo cual exije y justifica la presencia de un partido con
estas características.
Prueba de que hay un error en su concepción
política sería el hecho de que en las elecciones
pasadas, cuando recién se salía del conflicto
político-militar -con todo el lastre que esto significaba
para el Frente en aquél momento, pero no por su
visión político-ideológica, sino por sus
formas de lucha-, los electores lo colocaron como la segunda fuerza
política del país, pese a todas las fallas de su
campaña y a los presuntos fraudes del partido oficial. Esto,
obviamente, no se explica porque el Frente se presentara como un
partido "potable" para todos, sino precisamente porque se lo
veía como una alternativa de gobierno para los sectores
populares.
En consecuencia, más que renunciar a ese contenido
esencial y a su imagen de entonces, el Frente debería
esforzarse por profundizar dicho contenido y por proyectar mejor
esa imagen. Esto es más importante todavía cuando se
considera que el partido en el poder es claramente anti popular, lo
cual, seguramente, se traducirá en una disminución
del número de sus electores; pero éstos
podrían ser captados por otros partidos electoreros,
gangueros y demagógicos -como algunos de los recién
constituidos-, si el Frente persiste en su postura de izquierda
moderada. ¨Moderada por quién?
La búsqueda de "potabilización" puede acarrearle
más costos que beneficios al Frente, ya que podría
reducir el caudal de los votos populares de sus antiguos
simpatizantes así como también entre otros sectores
populares que urgen propuestas radicales. En cambio, entre aquellos
para quienes busca ser þpotableþ puede que no encuentre nuevos
votantes, ya que nunca podrá llegar a serlo en realidad.
Nunca le creerán que ha cambiado de piel, aunque
efectivamente lo haga. En consecuencia, ¨qué sentido tiene
el negarse a sí mismo?
Y eso es, precisamente, lo que se desprende de la propuesta
del Frente, "Economía productiva con desarrollo humano", la
cual está muy bien, pero para los de "en frente".
Finalmente, se pueden señalar algunos puntos y
sólo algunos a partir de los cuales se podría
þtrabajarþ una plataforma política de izquierda radical:
promocionar a los informales urbanos, así como a los
empresarios pequeños y medianos; promocionar a los
campesinos, así como a los agricultores pequeños y
medianos; promocionar a las comunidades urbanas y rurales;
promocionar las cooperativas, ya sean asociaciones o sociedades,
urbanas o rurales, de producción, comercio o servicios;
promocionar a la mujer para que participe más activa e
igualitariamente en los diferentes ámbitos de la vida
nacional; promocionar a las organizaciones no gubernamentales y
velar por su eficiencia y compromiso solidario con los sujetos
antes mencionados. Una plataforma como ésta debe ser
elaborada y consensuada a partir de propuestas concretas de los
diferentes sectores populares, que no sólo conoce
cuáles son sus problemas, sino también sus posibles
soluciones. Por eso mismo aquí no podemos señalar
medidas específias, sino tan sólo identificar sujetos
y objetivos.
Los seis puntos anteriores implican, obviamente, una nueva
concepción de la labor del gobierno de cara a la
consecución del desarrollo socio económico de las
mayorías populares. Su labor estaría centrada en
promover la planificación local, regional, zonal y nacional
y en coordinar los esfuerzos de la sociedad popular, en la cual las
organizaciones no gubernamentales desempeñan un papel de
primer orden. Esto no significa, por supuesto, que el gobierno
desatienda financieramente el proceso, sino tan sólo el no
comprometerse en aquellas tareas que estas organizaciones pueden
hacer mejor que él.
Otros elementos que habría que tomar en cuenta en la
elaboración de la plataforma serían: promocionar a
los empleados públicos y privados, mediante su
calificación y recalificación, y velar porque se
respete la legislación laboral, nacional e internacional -
cuando se trate de convenios internacionales, suscritos por el
país-; generar una conciencia ecológica y evitar por
todos los medios legales que continúe la degradación
del medio ambiente, así como procurar su recuperación
-la labor primordial en este campo correspondería a las
organizaciones no gubernamentales-; combatir la evasión
tributaria para incrementar la recaudación fiscal que
posibilite la promoción de los sectores populares,
así como otras tareas sociales indelegables por parte del
gobierno; gobernar de manera honesta y transparente, recuperando el
patromonio público mal habido y enjuiciando a los
responsables sin considerar cuándo se cometió el
delito y hasta donde lo permitan las leyes; combatir el crimen
organizado y la delincuencia común, y generar las
condiciones necesarias para prevenir esta última; los
empresarios capitalistas se regiran por las leyes del mercado, para
lo cual se propiciarán las condiciones necesarias para una
sana competencia, entre sí y con las empresas extranjeras.
Si para entonces aún existieran algunos activos
públicos, cuya privatización sea socialmente
aceptable, se crearían empresas bajo la modalidad de
sociedades cooperativas con propiedad tripartita: popular,
gubernamental y empresarial capitalista. La propiedad accionaria de
estos tres sectores sería igual e invariable. En el caso de
los activos públicos ya privatizados se determinaría
si hubo irregularidades en el proceso de privatización y si
ésta se comprobasen, el proceso se revertiría. En
este caso, podrían crearse sociedades cooperativas bajo la
modalidad anterior, si esta es la forma más favorable al
interes nacional, en términos de beneficios sociales.
Aquiles Montoya