UCA

Universidad Centroamericana José Simeón Cañas



Carta a las Iglesias

© 1996 UCA Editores





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Carta a las Iglesias, AñO XVI, No. 366, 16-30 de noviembre,

1996



                     ¡NO LOS OLVIDAMOS!

                                

     Este número de Carta a las Iglesias está

dedicado a los mártires de la UCA y a todos los

mártires. En él podrán leer una crónica

de la vigilia de la UCA y de otra vigilia en Fort Benning,

protestando contra la Escuela de las Américas, con

reflexiones, cartas de solidaridad y testimonios. Podrán

leer también comentarios sobre el martirio, masivo y cruel,

que se cierne sobre los refugiados de Zaire y Ruanda. Podrán

leer las homilías, del P. Ibisate, de Mons. Cabrera y del P.

Tojeira, en las eucaristías del 15 y 16 de noviembre, que

publicamos íntegras por su importancia y por ser materia de

reflexión y estudio. Y podrán ver en la

sección de realidad nacional cómo los poderes de este

mundo siguen ignorando a los mártires, como si no fuera con

ellos, aunque son ellos quienes han tenido y siguen teniendo mayor

responsablidad en el martirio lento de la pobreza y los que

tuvieron la mayor responsabilidad en el martirio violento de las

masacres.

     Hay mucho material, quizás demasiado, pues las cosas

importantes se suelen captar intuitivamente sin necesidad de mucho

análisis y explicaciones. De todas formas, mencionamos a

continuación, en breves proposiciones, lo que podría

ser un apretado resumen de lo que hemos vivido, celebrado y

aprendido estos días, y de lo que hemos puesto en palabra en

este número.



     1. Los mártires siguen presentes. Este año ha

habido más gente que nunca en la vigilia, de la UCA y de

fuera de ella, campesinos, campesinas y, sobre todo, jovénes

universitarios. Y ha habido mayor participación activa en la

preparación de los eventos. Ha habido más recuerdo y

más amor.

     2. Los mártires de la UCA son vistos cada vez

más dentro de la inmensa nube de mártires

salvadoreños y de los mártires del mundo entero. El

Padre Ibisate comenzó su homilía recordando y

haciendo central a los mártires del Africa, con un recuerdo

muy especial para los cuatro hermanos maristas asesinados estos

días. En nuestro mundo hay una verdadera

"globalización" de mártires, una verdadera

"globalización" de la sangre y del amor.

     3. Este año se ha tenido muy presentes a los

victimarios, simbolizados en el video de La Escuela de las

Américas. Tampoco a ellos los olvidamos, pero no por

venganza, sino para que no sigan campantes por nuestros

países -como de hecho ocurre-, para que no sigan haciendo

mártir a la verdad y a la vida de los pobres.

     4. Prepotentes e irredentos, militares, gobierno y la

mayoría de los políticos en nuestro país

siguen ignorando a los mártires, pretendiendo someterles al

desprecio del silencio. Hasta ahora no han tenido la hombría

de pedirles perdón, ni la honestidad de poner a producir

todo lo bueno que dejaron al país.

     5. Prosigue la solidaridad, aquí, en muchos

países, en los hermanos y hermanas de la vigilia de Fort

Benning, que han sido condenados a prisión y pasarán

en ella más tiempo que la mayoría de los alumnos

criminales de La Escuela de las Américas.

     6. Sigue el agradecimiento y la necesidad: ¡No los

olvidamos! Para el pueblo salvadoreño y en muchos otros

países del mundo -de lo cual debiéramos sentirnos

orgullosos- ya hay dos días sagrados junto a Navidad y

Semana Santa: el 24 de marzo y el 16 de noviembre.

     7. Con algo más de ponderación y calma, como

él solía hacer las cosas, queremos unir al recuerdo

de los mártires el recuerdo de los grandes confesores, el de

Monseñor Arturo Rivera y Damas, quien luchó porque se

hiciera justicia en el caso de Monseñor Romero y de los

padres jesuitas, y quien a través de Tutela Legal, de otras

dependencias del arzobispado y de su compromiso personal,

defendió a todos los mártires anónimos. En el

segundo aniversario de su muerte recordamos con cariño

tambien a Mons. Rivera.





Silencio sobre los mártires, presupuesto de los militares 

                y una economía antipopular

                                

El miedo a los mártires y la campaña del silencio



     Tampoco este año -y van siete o diecisiete o veinte, si

se cuenta a partir del asesinato de Monseñor Romero o de

Rutilio Grande- los sectores públicos poderosos han dicho

una sola palabra sobre los mártires. Sonará a

ironía el mencionarlo y a ingenuidad el esperarlo, pero no

deja de ser notable cómo han cerrado filas los poderosos de

este mundo para que no se les escape una palabra educada, ni menos

una palabra de alabanza y de agradecimiento, y nada digamos de una

palabra de excusa y de petición de perdón con lo que

han hecho con los mártires conocidos y con los miles de

desconocidos.

     Nos negamos a olvidar tal desfachatez, pues eso sólo

puede deshumanizarnos todavía más. Ni militares, ni

gobernantes, ni políticos (con la excepción de un

Rubén Zamora y de una delegación del frente,

presentes en la UCA y algunas otras beneméritas

excepciones), tienen al parecer nada que agradecer a quienes les

señalan el camino por dónde ir o,

pragmáticamente al menos, a quienes con su muerte les

sacaron del atolladero en que estaban y aceleraron el fin de las

negociaciones. Si es verdad el rumor de que a Monseñor

Romero pueden beatificarle pronto, sólo pedimos a Dios que

no estén en Roma, entre los invitados especiales, quienes en

vida insultaron a los mártires y celebraron su muerte, y

quienes en muerte los silencian, como si hablar de ellos fuese

peste contagiosa. Y pediríamos a los jerarcas

eclesiásticos, que suelen aparecer junto a estos poderosos,

que les pregunten el por qué de ese silencio, cuando Juan

Pablo II propone a uno de ellos, Monseñor Romero, como

ejemplo a imitar. Y puestos a pedir, que una delegación

fuera el 7 de diciembre a El Mozote a recordar los quince

años de un pueblo mártir.



     Entre estos poderes políticos sólo el Debate

Nacional por la Paz ha dicho una palabra:



     Los padres jesuitas lucharon académicamente y con

     conciencia evangélica por una sociedad en paz sobre

     bases de justicia, por un Estado de Derecho que no tolerase la

     impunidad y la corrupción, por una nación

     diferente, inmersa en un proceso de desarrollo

     económico para todos, protegiendo el medio ambiente

     natural para la vida.



Los gastos ocultos de la Fuerza Armada



     Y, sin embargo, aunque no hablen sobre los mártires,

los poderesos nos lo recuerdan por el modo como se siguen

comportando. El ministerio de defensa actúa como un

superpoder que se impone a todo el mundo, al pueblo por supuesto,

pero también al ejecutivo y al legislativo. Se supone, en

efecto, que todas las instituciones del Estado están

obligadas a presentar un presupuesto en el que se especifique

claramente en qué invertirán los recursos, con el fin

de que la solicitud y aplicación del presupuesto sea

transparente. Sin embargo, en El Salvador el presupuesto de los

militares es un "secreto de Estado", y además, en lugar de

disminuir, año con año experimenta aumentos

significativos, sin que quede claro para qué, con lo cual la

opinión pública no se entera nunca del destino de los

gastos militares -y ello a pesar de que la población es la

que paga con sus impuestos el astronómico presupuesto de la

Fuerza Armada. Quizás, en Fort Benning también se

enseñan estas cosas. Puesto en números redondos,

éstos son los presupuestos de defensa en tres años

signficativos: en 1981, ya en plena guerra, 179 millones y medio de

colones. En 1993, terminada la guerra, 867 millones, y en 1996, 886

millones.

     La conclusión es que actualmente, con treinta mil

efectivos, la Fuerza Armada tiene un presupuesto mucho mayor que el

que tenía cuando había guerra en el país y

estaba constituida por sesenta mil hombres. Sigue actuando, pues,

con un presupuesto de guerra. Un estudio elaborado por el Centro

para la Paz, fundado por el expresidente de Costa Rica, Oscar

Arias, afirma que "el país de mayor crecimiento de

presupuesto militar a nivel centroamericano es El Salvador, a pesar

de la disminución de efectivos militares, como parte de los

Acuerdos de Paz de 1992".

     El Ministro de Defensa de El Salvador justifica ese

presupuesto porque "la defensa nacional es el servicio primordial

para que las demás actividades del país funcionen

adecuadamente". ¿Y de dónde saca tan extraordinaria

conclusión? ¿No habrá que decir que, muchas

veces, es exactamente todo lo contrario? En contra de lo que dice

el Ministro de Defensa, lo primordial en este país es que

todos los salvadoreños tengan salarios justos y decorosos,

trabajo, seguridad pública, educación, vivienda y

salud. La Fuerza Armada ha sido y es primordial únicamente

para el poder económico y para los mismos militares. El

presupuesto del Ministerio de Defensa serviría mejor si se

destinara a satisfacer las urgentes necesidades de la

población, es decir, si se destinara a impulsar el

desarrollo económico y social.



Coyuntura económica: tercer trimestre de 1996



     El pasado 12 de noviembre el Presidente del Banco Central de

Reserva presentó su informe económico correspondiente

al tercer trimestre de 1996. Este informe, rutinario, muestra una

marcada tendencia al desequilibrio macroeconómico

(especialmente en lo tocante a las finanzas públicas) y una

profundización de la recesión económica.

     Según el informe se perciben señales de que el

país está ante un inminente proceso de

"recuperación" de los niveles de crecimiento debido, pero

esto contradice el comportamiento de las variables

macroeconómicas experimentado durante el presente

año.

     Por lo que toca al crecimiento del producto interno bruto, lo

más probable es que el crecimiento se sitúe por

debajo del 3 por ciento, cuando se pensaba que pudiera sobrepasar

el 4 por ciento, mientras que por lo que toca a los precios durante

los nueve primeros meses de 1996 se habría logrado contener

el proceso inflacionario observado durante el año anterior

y aun durante los primeros meses del presente año.

     En lo tocante al sector externo se reportó una

inusitada reducción del déficit de la balanza

comercial, pero desafortunadamente el mejoramiento no refleja

solvencia del aparato productivo, sino más bien que la

recesión económica también está

afectando la demanda de importaciones y la oferta de exportaciones.

Las importaciones han disminuido fundamentalmente debido a una

drástica caída de la inversión y en mucha

menor medida debido a una reducción del consumo o

importaciones no necesarias. Consecuentemente, no se puede afirmar

que la caída de las importaciones era anticipable y que lo

"vemos como algo positivo".

     Siempre en relación al sector externo, las

exportaciones totales se incrementaron en un 8 por ciento, y las

exportaciones de maquila fueron las que más aportaron al

total (41.4 por ciento), seguidas de las exportaciones no

tradicionales (32.5 por ciento) y las tradicionales (26.1 por

ciento). El incremento ha sido posible, pues, gracias a la maquila,

producción de empresas internacionales ubicadas en zonas

francas, con bajo efecto multiplicador, deficientes condiciones

laborales y alta inestabilidad.

     Finalmente, destaca una reaparición del déficit

fiscal lo cual, aunque no marca una ruptura con las

dinámicas de los últimos años, sí debe

considerarse como una señal de alarma para las autoridades

económicas. Entre los períodos enero-septiembre 1995

y enero-septiembre 1996 el saldo de las finanzas públicas

pasó desde un superávit de 361 millones de colones a

un déficit de 282.6 millones de colones.

     En conclusión, estos datos macroeconómicos no

reflejan aún los efectos positivos que supuestamente

tendría el plan económico de emergencia de doce

puntos presentado por el Presidente Calderón Sol el 1 de

junio pasado. En gran parte, lo anterior se debe a que el gobierno,

nuevamente, ha incumplido sus ofrecimientos y solamente ha iniciado

la ejecución de cuatro de las doce medidas anunciadas. Las

restantes medidas no han sido ejecutadas aún, pero, aunque

lo fueran, no tendrían efectos apreciables sobre la

producción, sino en el mediano plazo.

     El balance económico del tercer trimestre de 1996

refleja, pues, que la recesión económica aún

no ha tocado fondo, que tampoco se han logrado avances

significativos en la estabilización de las finanzas

públicas y que la reducción de la brecha comercial se

debe en realidad a una reducción de las actividades de

inversión.

     Sea cuales fueren las declaraciones oficiales, la vida

cotidiana es cada vez mas difícil. Monseñor Cabrera,

sin apelar a la ciencia de los economistas, pero recogiendo la

experiencia del pueblo, dijo estas palabras en su homilía.

"Urge combatir la pobreza. La riqueza se va concentrando cada vez

más en pocas manos. La pobreza, en nuestros tiempos, se

denuncia por sí misma porque convivimos con ella, y la

corrupción contribuye a la pobreza".





                      La vigilia de la UCA



  El mes de noviembre es muy importante para todos los que

recordamos con tristeza y dolor los momentos difíciles de la

ofensiva de 1989, en la que brutalmente fueron asesinados seis

sacerdotes jesuitas y dos colaboradoras.

  El viernes 15 celebramos la tradicional vigilia, que

comenzó con una romería en la que, junto con los

campesinos y campesinas que vinieron del interior del país

y con delegaciones extranjeras, recorrimos los lugares donde ellos

vivieron y fueron asesinados.

  Lo más impresionante fue ver cómo a través

de la procesión de farolitos se transmitió la

alegría de la gente, haciéndose los mártires

presentes con su recuerdo. Luego celebramos la misa en su memoria,

participando, al igual que otros años, sacerdotes,

trabajadores, laicos, estudiantes, campesinos y campesinas. Y lo

que no podía faltar: el Cuerpo y la Sangre de Cristo que

compartimos como muestra de que el recuerdo de los mártires

aún se mantiene vivo.

  Finalizamos con un acto cultural, en el cual participaron

numerosos grupos artísticos de música y danza, entre

ellos el inesperado baile del "Torito Pinto", que con su lanzar de

cohetes y su impaciente forma de bailar, celebró

también la vigilia, en conmemoración no de su muerte,

sino de la vida que con ellos quedó reflejada en cada

salvadoreño.

  Con nuestros farolitos encendidos elevamos una oración a

nuestro Padre Dios por Ellacuría, Joaquín

López y López, Moreno, Segundo Montes, Amando

López, Martín Baró, Elba y Celina, con la

plena seguridad de que Dios nunca abandona a sus hijos,

implorándole, cantándole, bajo un cielo lleno de

estrellas, bajo el susurro de la brisa que llegaba a mis

oídos y el bello amanecer que yo nunca había vivido.



  Y en medio de todas estas cosas me hice algunas preguntas. A los

siete años del asesinato ¿sólo la comunidad de

la UCA recuerda cómo fueron asesinados por esa lucha

constante, en defensa del pueblo salvadoreño? Por todo lo

visto en la vigilia, pienso que la Iglesia salvadoreña

todavía guarda ese carisma martirial, pues ha recibido ese

don, ese espíritu de testimonio, de la incalculable

fidelidad a Cristo y la generosa entrega de su vida.

  Nuestros mártires son verdaderos frutos de esos dones con

que el Espíritu Santo ha enriquecido a la Iglesia, pues

ellos derramaron su sangre por un pueblo que, hasta la fecha,

carece de la verdad, la justicia y la solidaridad que todos

necesitamos.

  Sabemos que defender los derechos de los pobres en un país

como el nuestro no es pecado -como quisieran hacérnoslo

creer-, sino que es obligación. Si la Iglesia no lo hace a

través de la palabra, entonces ¿quién

denunciará las injusticias que a diario se cometen con los

más necesitados? Es vergonzoso pecado matar a personas

inocentes, que lo único que pretendieron era hacer saber a

la gente la realidad que el país vivía. Aunque

pudieran no haberlo hecho, lo hacían por amor a la justicia

y por ser solidarios. Por eso pagaron muy caro, pagaron con su

vida, y el único que tiene derecho a quitarla es Dios y

nadie más.



  Dicho esto, hay que hacer otra pregunta. En realidad

¿qué se pretende hacer ahora con nuestra memoria

histórica? ¿Abandonarla en el baúl de los

recuerdos o luchar para mantenerla presente?

  Sin duda alguna, es uno de los temas que a muchos

salvadoreños (oligarcas) no les gusta escuchar, pues para

ellos no existe ni en una simple pintura. Pero la masacre de los

mártires jesuitas forma parte de nuestra memoria

histórica salvadoreña, aunque a muchos no les guste.

El recuerdo que tenemos de todo ese sufrimiento nos obliga a tener

presente tanta impunidad que soportamos durante todo un conflicto

armado.

  En estos "dorados tiempos" -como dicen- los jóvenes

jugamos un papel importante, pues en nosotros está puesta

esa luz de esperanza para hacer valer día a día el

recuerdo de ese pasado de violencia, para buscar, a través

de nuestros propios esfuerzos, posibles soluciones a los diversos

problemas que el país tiene, para tomar ejemplo de los

mártires, para ser verdaderos críticos de la realidad

que vivimos, no para ser criticones para nada.

  Lo más fundamental es recordar a todos nuestros

mártires. "No los olvidemos". Hagamos realidad sus

sueños de construir no un mejor El Salvador, sino un El

Salvador que dé testimonio de vida, de ser solidarios con

todos, de saber brindar amor para lograr una verdadera

reconciliación.

                                              Milady Lorena Cruz,

                                             estudiante de la UCA

                                                                 

                                                                 

                                                                 

              Aniversario de Monseñor Rivera





  El 26 de noviembre recordamos el segundo aniversario de Mons.

Rivera. Pastor bueno y amigo fiel, estuvo muy cercano a los

mártires salvadoreños, especialmente a Mons. Romero.

El mismo fue varias veces amenazado de muerte; la última

vez, durante los días de la ofensiva. Cuentan que

pidió protección oficial e hizo este comentario con

su gracejo acostumbrado: "No es que nos vayan a proteger, pero, si

nos matan, al menos sabrán quién ha sido".

Inmediatamente después de los asesinatos de la UCA dijo

estas valientes palabras:



  "Los ha matado el mismo odio que mató a Monseñor

Romero. No cabe duda de que tan nefanda acción había

sido decidida con antelación y preparada por la

irresponsable campaña de acusaciones y calumnias.

  Eran analistas agudos de la situación del país para

presentar diagnósticos que dejaban al descubierto el pecado

social de injusticia que había que remediar con

transformaciones profundas. Este fue sin duda su pecado. Y porque

el odio ciego e industrioso de los egoístas todo lo quiere

para sí, les cortó la vida".

  "Esta masacre coloca a nuestro país en el primer lugar de

la barbarie, ya que en ningún país cristiano en los

tiemos recientes se ha asesinado a tantos sacerdotes y religiosos

y catequistas, incluido un arzobispo".





                        Meditación





  ¿Quién tiene hoy, en nuestro país y en nuestra

Iglesia, crediblidad y autoridad moral para interpelarnos, para

exigirnos conversión y para animarnos en el servicio de Dios

y de los pobres?

  Pocos la tienen, y sin embargo necesitamos sacudida y

ánimo. No la tienen, ciertamente, los que encubren nuestra

realidad y mienten sobre ella, los que defienden el olvido y la

impunidad, los que todavía llevan sobre sí sangre

inocente sin haber pedido perdón, los que mantienen a los

pobres en su pobreza y en la injusticia.

  Pero sí la tienen los mártires, todos los

mártires. Los abogados que denunciaron las violaciones

contra los derechos humanos, los periodistas que se arriesgaron a

descubrir la verdad, los sacerdotes que obedecieron a Dios antes

que a los hombres, las religiosas que acompañaron y

defendieron a los más pobres. Y la tienen, sobre todo, los

miles de mártires populares, los niños inocentes del

Sumpul, los campesinos y campesinas que fueron asesinados

simplemente por desear la vida y defenderla, y que han quedado sin

nombre.

  Los mártires murieron por decir que no todo está

permitido (la mentira, el engaño, la corrupción, la

opulencia insultante); que no todo se puede trivializar con

eufemismos (globalización, modernización,

convertirnos en pequeños dragones); que no se puede jugar

con un pueblo.

  Los mártires nos dicen, por el contrario, que merece la

pena vivir y desvivirnos para construir un pueblo fraterno, que

merece la pena comprometernos con los pobres. Y nos dicen que es

posible la verdad, la libertad y la esperanza.

  Ahora, en esta Eucaristía, con gran agradecimiento

recordamos ante Dios a todos los mártires, desde el justo

Abel, hasta nuestros mártires salvadoreños,

latinoamericanos, africanos, a los mártires de todo el

mundo. Y recordamos a Jesús. A todos ellos les pedimos que

nos concedan la audacia de la conversión, la fuerza del

compromiso y el gozo de servir a este pueblo tan sufrido y tan

amado por Dios.

                                                      Jon Sobrino

                                                                 

                                                     Solidaridad 





  Espiritualmente acompañándoles séptimo

aniversario Santos Mártires, salúdoles.

Zaida Emerita Romero Galdámez, hermana de Monseñor.



  Queridos amgios: En esta Eucaristía recordamos a nuestros

hermanos que a ejemplo de Jesús supieron traducir su fe en

El en un compromiso eficaz con las mayorías pobres de este

país hasta la entrega de su vida, despertando en todos

nosotros deseos y movimientos de solidaridad con nuestros hermanos.

En estos años en que tan fácil puede resultar

olvidarnos del bienestar de quien nos rodea y dedicarnos

sólo a nuestro propio provecho, pidamos al Señor -que

es nuestra Eucaristía-, que también sea la fuerza de

nuestra solidaridad, para que el fermento del amor y del servicio

impida que nuestra sociedad se cierre cada vez más en la

violencia y el egoísmo.        Peter-Hans Kolvenbach, S.J.



  Querido Chema: Recordamos tus palabras en el día de sus

funerales: "Han golpeado a la UCA, pero no podrán

jamás destruirla". Yo pienso en aquellas palabras que he

visto en una parroquia: "Cuando la razón duerme, se

despiertan los monstruos". La lucha de nuestros mártires era

no dejar dormir la razón, el pensamiento y la disponibilidad

de vida y corazón a la causa de nuestro pueblo. Esa es la

tarea de la UCA y de todos aquellos que van aprendiendo a leer los

"signos de los tiempos": abrir las mentes y ayudar a que cada uno

y cada una se levante de su postración y de la

exclusión a que es sometido y sometida por el ídolo

del poder, del dinero, del individualismo y el placer. Así

nos han enseñado nuestros mártires, Mons. Romero y

tantos otros -mujeres, obreros, jóvenes, maestros,

internacionalistas, campesinos: a estar siempre con los que sufren,

los excluídos, "los hácelotodo". Que nuestra Iglesia

no abandone nunca este proyecto de Dios para nuestro tiempo.Luis Coto.



                                

                                

                           Testimonios





  "Me he dado cuenta del valor profundo de la gente. De lo hondo

de su corazón brotan lágrimas al ver las fotos y la

sala de los mártires. Toda clase de gente, no sólo

intelectuales. He aprendido mucho, sobre todo de los campesinos que

visitan estos lugares". Estudiante.

  "Este año me ha gustado mucho más. Siento que se

ha universalizado y que ya no se trata sólo de los

mártires de la UCA". Religiosa.

  "Lo que más me impactó es que la gente de las

comunidades se queda sin comer por comprar uno de los recuerdos de

los mártires". Estudiante.

  "Yo no me lo pierdo el próximo año. Quiero volver

a ayudar". Alumna.

  "Las muchachas de la comunidad nunca habían venido. Les

ha encantado y dicen que por nada del mundo dejan de venir el

próximo año". Religiosa.

  "Yo nunca había venido. Me impactó el que viniera

tanta gente de las comunidades y desde tan lejos. Se ve que quieren

a los mártires". Alumna.

  "Este año me ha gustado más porque veo muchos

estudiantes y personal de la Universidad que se ha involucrado".

Visitante.

  "Estoy emocionado. Han venido muchos jóvenes. Ellos

serán nuestro relevo. Hay esperanza todavía en El

Salvador". Profesor.

  "Antes tenía un concepto muy diferente, generalizaba a

todas las personas y tenía un gran resentimiento hacia los

españoles, ellos que vinieron y mataron a millares de

nuestro pueblo durante la conquista. "¿Por qué hacen

tanta bulla por cinco españoles?", pensaba. "Con eso tal vez

queda un poco saldada la cuenta". Estaba muy equivocado, pues me he

dado cuenta que los Padres despertaron la conciencia social de los

salvadoreños y trabajaron y dieron su vida aquí. La

gente, nosotros los jóvenes, hemos perdido los valores

cívicos. Ya nadie se acuerda de los próceres, pero

estos señores, cada año que pasa aumenta su recuerdo,

porque nos inculcaron la visión social que hay que tener".

Estudiante.

  "Aquí a la UCA no sólo hay que venir a estudiar,

tenemos también que identificarnos con los mártires

y adquirir un compromiso de servir al país como lo he

aprendido aquí. Ha sido una experiencia bien gratificante".

Estudiante.





                       Africa crucificada.

Los mártires conocidos y los mártires anónimos

                                

  "La memoria de nuestros mártires se engrandece y se

actualiza si recordamos que estas mismas semanas siguen sangrando

mártires en el continente más pobre y martirizado, el

continente de Africa". Con estas palabras comenzó el Padre

Ibisate la homilía de la eucaristía del 15 de

noviembre. Y no hace falta más que ver las

fotografías de los periódicos para estremecerse. Como

siempre hay mártires conocidos y decenas de miles

anónimos. Comenzamos por éstos, reproduciendo cables

de prensa con algunas reflexiones.



Exodo de refugiados: marea humana hacia Ruanda



  Amontonados, formando una verdadera marea humana, con bultos

sobre la cabeza, bolsos hechos jirones y vasijas en las manos,

miles y miles de refugiados hutus ruandeses regresaban este viernes

a su país, después de más de dos años

de exilio en Zaire. Agrupados en una columna interminable se

dirigían a un puesto fronterizo en Gisenyi, donde agentes

humanitarios de las Naciones Unidas intentaban en vano contar a

todos esos refugiados silenciosos que parecían haber pasado

su vida caminando.

  "Son miles y miles. Ya no se los puede contar", decía un

delegado del Comité Internacional de la Cruz Roja, mientras,

a pocos metros, un funcionario de las Naciones Unidas

insistía. "Pasan la frontera a 100 por minuto. Quizá

este viernes pasaron de 15 mil a 20 mil".

  Esta verdadera marea humana, disciplinada, pero como atontada por

este nuevo y agotador desplazamiento, se dirigía hacia las

tiendas de campaña y los sectores de distribución de

alimentos. "Todos vienen de los campamentos de la región de

Goma. Hay algunos zaireños con ellos, pero en su gran

mayoría son ruandeses".

  Este campamento de tránsito puede albergarlos, pero

será necesario evacuarlos rápidamente hacia sus

antiguas moradas en el interior del país y dejar así

lugar a los recién llegados. El presidente ruandés

Pasteur Bizimungu llegó a Gisenyi para desearles la

bienvenida. Al anochecer, y aunque llovía en abundancia, lo

fundamental para los refugiados era estar por fin bajo cobijo y con

el estómago lleno.

  Para aumentar las desdichas, entre los refugiados ha surgido un

brote de cólera y se han intensificado los temores de que

estalle una epidemia. "Esta mañana tuvimos

confirmación de dos casos de cólera", dijo la doctora

María Neira. La epidemia podría surgir si no se

emprende una urgente campaña internacional para brindar

asistencia médica especial para los centenares de miles de

desplazados. En el hospital de la capital zaireña de Goma ya

hay 14 pacientes con síntomas de cólera,

confirmándose que dos padecen la enfermedad.

  El 21 de noviembre proseguía la marcha de los refugiados.

Una columna de 100 mil refugiados marchaba en el este de Zaire,

desde Bukavu (Kivu Sur) hacia Goma (Kivu Norte). De ser esto cierto

se aclararía el paradero de unos 700 mil refugiados hutus

que permanecían aún en Zaire, luego que otros 500 mil

regresaran a Ruanda desde los campamentos localizados en los

alrededores de Goma entre el 15 y 19 de noviembre.

  Este segundo movimiento de refugiados casi seguramente

cancelará o modificará los planes de la comunidad

internacional para enviar una fuerza de paz a la región para

iniciar una misión humanitaria de gran envergadura.



Un mundo opulento hipócrita y una humanidad derrotada



  A estos datos cuantitativos hay que añadir el hambre, las

separaciones familiares, las muertes y masacres, cádaveres

de mujeres y niños botados, el horror y la desesperanza,

todo lo cual deja sin palabra y llena de indignación. Los

refugiados, actores de este ominoso éxodo, son

víctimas propiciatorias de la nueva fiebre bélica de

Africa. Son en su mayoría ancianos, mujeres y niños.

Y ahora, tres reflexiones.



  "Allí no hay petróleo, pero...". A medida que los

refugiados llegan a Ruanda, los países que

participarán en la fuerza internacional continúan

analizando modos de intervención, aplazando sus reuniones y,

en el fondo, intentando desentenderse de la tragedia, como diciendo

"aquí no ha pasado nada". El siglo pasado se repartieron el

continente africano. Ahora, como no hay petróleo, se lavan

las manos. El Papa Juan Pablo II sí ha insistido en el

compromiso de la comunidad internacional con el drama de los

refugiados. "Es extraordinariamente necesaria la

intervención de las organizaciones de ayuda internacionales

para ahorrar dolor a los afectados". Pero aunque no hay

petróleo, sí hay riquezas en esa región

africana, y se las disputan Estados Unidos, por una parte, y

Francia, por otra, como avanzadilla del capitalismo europeo (de lo

cual hablaremos en el próximo número).



"Es una vergüenza", Fidel Castro. Por estas mismas fechas,

mientras el hambre se apodera de decenas de miles de refugiados en

Africa, tuvo lugar en Italia una cumbre mundial sobre el hambre en

el mundo y la búsqueda de la seguridad alimentaria.

Después de seis meses de negociación entre

representantes del Sur en desarrollo y del Norte industrial se

llegó al siguiente acuerdo en la cumbre de Roma: "reducir a

la mitad en el año 2015 el hambre en el mundo, que afecta

ahora a 840 millones de personas". El comentario de Fidel Castro:

"una vergüenza". En una cumbre anterior se decidió que

debía acabarse con el hambre de todo niño menor de

cinco años. No obstante, hoy en día más de 13

millones de niños se acuestan todas las noches sin haber

podido comer lo suficiente.



  "Las grandes potencias voltean la cabeza para no ver". Las

grandes potencias, incluidas las coloniales, han volteado la cabeza

durante meses para no ver la tragedia que se gestaba en el Zaire.

Con los brazos cruzados dejaron que la situación se pudriese

en el Zaire oriental donde se refugiaron, tras la guerra de Ruanda

de 1994, dos millones de civiles que ya habían sufrido

horrores sin cuento. La mitad de ellos ahora vaga por la selva

huyendo de los campos por miedo al genocidio. La comunidad

internacional "se apresura con parsimonia", dicen con ironía

y desesperación instituciones humanitarias, para intervenir

en la región de los Grandes Lagos. Quizás, el mejor

resumen de la tragedia sea el fax que, el día 29 de octubre,

envió el director de Cáritas Bukavu, el sacerdote

Pierre Cibambo:



  "Los víveres faltan. Dificultades de movimientos con

  los vehículos, aún con escolta. Todos vamos a

  morir. Sólo nos queda la esperanza de que el nuevo

  gobernador pueda organizar unos servicios mínimos.

  Falta de seguridad para los voluntarios y trabajadores

  zaireños. Se necesita alimentos urgentemente. ¿No

  podrá parar esto la comunidad internacional?

  ¿Qué discurso haréis el día de

  mañana si hoy estáis conduciendo a la muerte a

  tanta gente?".





  Servando, Miguel Angel, Fernando y Julio, hermanos maristas.

            Mártires del acompañamiento



  El 31 de octubre de 1996 murieron asesinados en Bugavu, Zaire,

los hermanos maristas españoles Servando, Miguel Angel,

Fernando y Julio. Un grupo de milicianos hutus, que hace dos

años huyeron de Ruanda y que desde entonces viven en los

campos de refugiados intentando controlarlos, asaltaron la vivienda

de los hermanos, la saquearon y mataron violentamente a los cuatro

religiosos, arrojando los cuerpos a una fosa séptica.

  Los asesinos permanecieron varios días en la casa, lo que

impidió el acceso de otras personas al lugar. Los pocos

testigos cercanos que quedan en los alrededores informan que los

soldados vestían las ropas de los hermanos: uno

vestía el anorak de Fernando y otro, las gafas y la camisa

de Julio.

  La fosa séptica es un pozo negro de 12 metros de

profundidad y un metro de diámetro, excavado por los

Hermanos para el servicio de la casa. Esta es una de las razones

que dificulta enormemente los trabajos de exhumación. En

estas circunstancias se duda seriamente de la posibilidad de

repatriar los cadáveres. Los Hermanos allí presentes,

con ayuda de algunos amigos, están haciendo todo lo posible

para, una vez recuperados los restos, darles cristiana sepultura en

esa tierra africana por la que entregaron sus vidas.

  Entre los documentos personales de los Hermanos está el

diario que Miguel Angel Isla escribía fielmente en tres o

cuatro momentos de cada jornada. Este escrito aparece interrumpido

con esta referencia: "31 de octubre, 15:00 horas, los dos

sacerdotes y las religiosas se han marchado. Estamos solos.

Esperamos un ataque de un momento a otro. Si esta tarde no volvemos

a telefonear será una mala señal. Lo más

probable es que nos quiten la radio y el teléfono. La zona

está muy agitada. Los refugiados huyen sin saber a

dónde y es muy notoria la presencia de infiltrados y de

personas violentas". A las 14:00 horas de ese mismo día, el

Superior General estableció comunicación con Servando

y Julio, quienes le informaron que se habían quedado en casa

para no mezclarse con los militares que huían, en espera de

que los refugiados volvieran nuevamente, como había ocurrido

otras veces. La central de la red del teléfono celular

confirma que éstas fueron las últimas llamadas del

exterior.

  Un campesino zaireño informa que al atardecer de ese mismo

día un grupo de militares se acercaron a la casa de los

Hermanos y los mataron. El mismo testigo declara haber oído

a uno de los Hermanos que gritaba: "Dios mío, Dios

mío, vamos a morir, ten misericordia de nosotros".



  Hasta aquí el comunicado de la Casa General de los

Hermanos Maristas. Desde esta Carta a la Iglesias, recordamos las

palabras de Monseñor Romero y queremos llamar a estos cuatro

hermanos "mártires del acompañamiento".



                             *  *  *



Hno. Santiago Cisneros,

Casa Provincial, Hermanos Maristas



Estimado Hno. Cisneros:



  Desde la UCA de San Salvador, al celebrar el séptimo

aniversario de nuestros seis compañeros y dos empleadas

asesinados el 16 de noviembre de 1989, reciba nuestras condolencias

y nuestra felicitación cristiana porque su

Congregación ha sido condecorada con la sangre de los cuatro

hermanos españoles, Servando, Miguel Angel, Fernando y

Julio, mártires de la fe y de la caridad evangélica

en las comunidades de Bugobe. Pedimos a Dios que la sangre de estos

mártires -y tantos otros mártires anónimos de

esas sufridas naciones- germine en paz entre esos pueblos y

generosidad y solidaridad de las Instituciones Internacionales y de

los países desarrollados ante la angustia y pobreza de todo

un continente mártir.

  En nombre de toda nuestra Universidad reciba nuestro abrazo

cristiano, Javier Ibisate, S.J.





Estimado Padre Ibisate

UCA



  En víspera del Séptimo Aniversario del

también brutal y vil asesinato de los seis padres jesuitas

y las "dos empleadas" toda la provincia Marista de

Centroamérica, y muy especialmente el Superior Provincial y

los Hermanos que trabajan en El Salvador, se unen en la

Oración en el Acto conmemorativo que celebrará esa

Universidad, el día de mañana.

  Que la sangre de nuestros Mártires Latinoamericano, y hoy

del Continente de la Esperanza, Africa, y muy particularmente los

de Rwuanda, El Zaire, Burundi, y otros, sea semilla de

Reconciliación y camino de una paz solidaria, para todos los

países en guerras internas y fraticidas.

  Gracias por su mensaje de condolencia, y sírvase aceptar

nuestro Gesto de reciprocidad con los Mártires de la UCA, Hno. Santiago Cisneros







 Vigilia ante La Escuela de Las Américas en Fort Benning

                                

  Mientras aquí en la UCA miles de personas celebraban la

vigilia de los mártires, en Fort Benning, Georgia, Estados

Unidos, más de 400 personas celebraban también una

vigilia de oración. En ella recordaban a los mártires

jesuitas, Julia Elba y Celina, y muchos otros del continente

latinoamericano. Y, además, protestaban contra la escuela

que ha estado entrenando militares asesinos durante cincuenta

años.

  A este centro de entrenamiento, instituciones de derechos humanos

y hasta la Comisón de la Verdad de las Naciones Unidas, lo

llaman ahora "La Escuela de Asesinos", y con razón, pues en

ella han sido entrenados militares que han cometido las violaciones

más crueles de derechos humanos, incluyendo a 48 oficiales

salvadoreños que aparecen en el citado informe de la

Comisión de la Verdad. Otros "graduados" de la escuela son

conocidos dictadores, y generales que han cometido masacres en

Honduras y Guatemala, y el general Noriega, que cumple una condena

de cuarenta años por tráfico de drogas. Por cierto,

El Salvador con 6,776 es el segundo país, después de

Colombia, con más "estudiantes".

  Los participantes en la vigilia rezaron y protestaron, como

Jesús en su tiempo, y el resultado fue el arresto de sesenta

personas. Los arrestos ocurrieron cuando los presentes a la vigilia

plantaban docenas de cruces en el terreno de la escuela y luego se

encaminaron hacia el edificio. Cada cruz llevaba el nombre de uno

de los miles de asesinados por militares entrenados en la escuela.

Otras dos personas fueron arrestadas cuando colgaban rosarios y un

mensaje en las puertas de los dormitorios de la escuela, escrito en

español y en inglés, que decía: "Recen con

nosotros por los mártires de la UCA".

  Los organizadores calculan que los arrestados por primera vez

pueden ser condenados a dos meses de prisión. Otros, como el

Padre Roy Bourgeois, director de SOA Watch, organización de

protesta contra la escuela, ya está encarcelado en un

prisión federal de Atlanta para cumplir una sentencia de

seis meses.

  Marcia Timmel, que trabaja con la Conferencia de Provinciales

Jesuitas en Washington, dijo: "Ya hay suficientes mártires

en América Latina. El cielo está superpoblado con

víctimas de la Escuela de las Américas". El director

del departamento de comunicación social de Maryknoll, P.

Stephen DeMott, dijo que ya es hora de que "rompamos los lazos que

nos unen a la violación de derechos humanos en los

países latinoamericanos. Añadió que "los

misioneros de Maryknoll hemos experimentado la muerte, la

destruccion y la opresión sistemática de los pobres

que ha generado esta escuela". Y recordó a Ita Ford, Maura

Clark, Jean Donovan y Dorothy Kazel, que fueron violadas y

asesinadas por soldados entrenados en la escuela.

  Terminamos con las palabras del congresista Joseph Kennedy II.

"Hace cincuenta años la escuela se abrió en

Panamá. Medio siglo después, es hora de cerrarla".

Alabó a los ciudadanos que han arriesgado ir a

prisión, y terminó con ironía: "los arrestados

por protestar han pasado más tiempo en prisión que

ninguno de los graduados de la Escuela de las Américas que

han cometido atrocidades".



                              * * *

                                

  Durante la vigilia aquí en El Salvador se pasó un

video sobre La Escuela de Las Américas, muy bien hecho y muy

impactante, que la gente vio en silencio. Hermanos y hermanas de la

solidaridad norteamericana nos animaron a firmar una carta de apoyo

al cierre de la escuela que leyó Alicia de García.

  Alicia es una salvadoreña, sufrida e invencible en la

lucha. Durante la represión, asesinaron a varios de sus

hijos y torturaron a una hija. A ella la capturaron varias veces y

también fue torturada. Amiga de Monseñor Romero,

recuerda cómo Monseñor las animó a unirse en

el esfuerzo de localizar a los desaparecidos. Y así fundaron

COMADRES, "Comité de Madres y familiares de los detenidos,

desaparecidos y asesinados políticos de El Salvador 'Mons.

Oscar Arnulfo Romero'". Esta es la carta que leyó Alicia:



San Salvador, 15 de noviembre de 1996

Excelentísimo Señor Presidente de Estados Unidos

Señor Bill Clinton:



  Por este medio y con mucho respeto, los organismos defensores de

los Derechos Humanos de Iglesias y demás sectores y pueblo

en general, nos dirigimos a usted, como víctimas que hemos

sufrido las torturas físicas, la persecución, el

encarcelamiento y el dolor y angustia de ver a nuestros hijos,

hermanos y familiares brutalmente asesinados con lujo de barbarie

o secuestrados y posteriormente desaparecidos. Le pedimos por el

amor de Dios que de inmediato cierre la Escuela de Las

Américas, por ser ésta una amenaza para nuestros

pueblos y especialmente para los salvadoreños, quienes hemos

sufrido las barbaries de los adiestramientos que en esta escuela se

dan. Hasta hoy en día seguimos sufriendo las consecuencias

por la deformación mental que elementos militares tuvieron

en esa llamada "Escuela de las Américas".

  Para los pueblos del continente americano, es una burla que le

llamen así, ya que ellos son los responsables del asesinato

de nuestro Pastor y Mártir Monseñor Romero, y de los

padres Jesuitas de la Universidad Centroamericana José

Simeón Cañas, el 16 de noviembre de 1989, que su

único error fue amar a los que sufrían tanta

barbarie. En nombre de tantas víctimas inocentes, de 80,000

asesinados, de 8,000 detenidos-desaparecidos, de miles y miles de

torturados, de los religiosos y religiosas asesinadas, de los

sacerdotes masacrados, le suplicamos una vez más el cierre

definitivo de la Escuela de las Américas que más es

Escuela de Muerte.

  A continuación firmamos este clamor:

  Alicia, y sigen 1,670 firmas



                              * * *

                                

  La solidaridad y la protesta contra La Escuela de las

Américas no es de hoy. El 29 de abril de este año una

corte federal de Georgia sentenció a 13 personas por un acto

de desobediencia civil, semejante al del 16 de noviembre. Estas

"peligrosas" personas" que guardarán más

prisión que el dictador Banzer y nuestros generales, Ponce,

Bustillo, Elena Fuentes, son gente como Clara O'Mara, ursulina de

75 años, que trabajó con los pobres. Son gente como

Fred Mercy, de 61 años, hermano jesuita, y como su hermano

en religión, el P. Bill Bichsel, de 67 años, que

celebró sus cincuenta años de vida religiosa en la

cárcel. Por cierto, el juez Robert Elliott, se quedó

de piedra cuando Bill le dijo: "Su señoría, queremos

que usted se una a nosotros en el esfuerzo por cerrar la Escuela de

las Américas. Y estamos rezando por usted".

                                

                                

                    Dos cartas de solidaridad



San Salvador, 14 de noviembre, 1996



A los participantes en la vigilia de Fort Benning



Queridos hermanos y hermanas:



  Les mandamos saludos de la Universidad Centroamericana

José Simeón Cañas en El Salvador, UCA. En la

noche del 15 al 16 de noviembre la UCA se llenará una vez

más de campesinos, trabajadoras, estudiantes, y

organizaciones populares, de madres, padres, y niños para

conmemorar, con gratitud, a los mártires de la UCA y junto

con ellos a los mártires del Sumpul, de El Mozote, de todo

El Salvador y todas las víctimas de la injusticia.

Encenderemos nuestras velas en la oscuridad de nuestros tiempos

para proclamar que para nosotros la muerte y la injusticia no

tienen la última palabra, sino la vida y la fraternidad.

  En esta noche pensaremos en ustedes que también encienden

sus luces en vigilia ante la "School of the Americas", "Escuela de

los Asesinos", en Fuerte Benning. Nos sentimos profundamente unidos

a ustedes con los lazos de un compromiso común. De

solidaridad como la que ustedes muestran esta noche en fuerte

Benning dependerá un futuro más humano para nuestros

pueblos, tanto latinoamericanos como norteamericanos. Sigamos pues,

unidos en la lucha por lo que Ignacio Ellacuría llamó

la "civilización de la pobreza", y no la de consumo, donde

compartamos, como los mismos pobres saben compartir, lo que tenemos

aunque sea poco.

  Unidos en solidaridad,Javier Ibisate y comunidad de jesuitas de la UCA 

                                                                 

                              * * *



Washington, 1 de noviembre, 1996

Querido Presidente Clinton:



  La Escuela de las Américas ha entrenado a algunos de los

violadores más notorios de los derechos humanos en las

Américas y el Caribe. Recientemente el Pentágono hizo

públicos documentos que confirman el hecho de que en la

década de los ochenta, para entrenar a militares

latinoamericanos en la Escuela de las Américas, se usaban

manuales de inteligencia militar que apoyaban la tortura, el

chantage y otras formas de presión contra opositores.

Más aún, a mi entender, en cursos publicados en la

actualidad se incluyen operaciones de guerrilla y anti-guerrilla,

operaciones psicológicas y militares, y terrorismo.

  Mis hermanos jesuitas de Colombia nos dicen que los militares

colombianos siguen practicando hoy enormes violaciones a los

derechos humanos contra civiles inocentes a los que se tilda de

"subversivos". ¿Hasta cuándo apoyará

oficlialmente Estados Unidos estos abusos de militares

latinoamericanos.

                               Sinceramente, Gregory Lucey, S. J.

                    Presidente de la Conferencia de Provinciales.

                                                                 

                                                                 

   Escuela de las Américas

           (lista parcial)





Países            Graduados



Argentina                  1,031

Bolivia                    4,349

Brasil                        455

Chile                      2,805

Colombia                   9,679

Costa Rica                 2,376

Ecuador                    2,356

El Salvador                6,776

Guatemala                  1,676

Honduras                   3,691

Nicaragua                  4,693

Panamá              4.235

Paraguay                   1,084

Perú                3,997

República Dominicana        

2,330

Uruguay                       931

Venezuela                  3,450

             Total          55,914





      Homilía del P. Javier Ibisate, 15 de noviembre 

                                 

   El póster del séptimo aniversario dice: NO LOS

OLVIDAMOS. Carta a las Iglesias titula su último

número: ¡Ay de los pueblos que olvidan a sus

mártires! Repetimos hoy la reflexión que

hacíamos hace tres sábados en la capilla de la UCA:

¿Por qué recordamos a nuestros mártires? Y

decimos que ésta ha sido una tradición secular de la

Iglesia.

   En la eucaristía de cada día recordamos a los

apóstoles y demás mártires de la primitiva

Iglesia. A lo largo del año, con estola roja, vamos

recordando a los mártires posteriores hasta el presente

siglo. La historia del cristianismo, el anuncio del Evangelio

está hecho de mártires. La historia de la Iglesia

coincide con la historia de los mártires, y forman una

unidad. No los olvidamos porque aquí, en El Salvador y en

varias esquinas del mundo sigue habiendo mártires.

   Creo que la memoria de nuestros mártires se engrandece y

se actualiza si recordamos que estas mismas semanas siguen sangrando

mártires en el continente más pobre y martirizado, el

continente de Africa. El día de ayer enviamos un fax de

condolencia y de felicitación cristiana al Superior General

de los Hermanos Maristas, Hno. Benito Arbués, Curia

Generalicia de Roma, al conocer que cuatro de sus hermanos, Servando

Mayor García, Miguel Angel Isla Lucio, Fernando de La Fuente

y Julio Rodríguez Jorge, habían sido asesinados en

Bogube, El Zaire. Una hora más tarde recibimos por fax el

"Comunicado oficial en relación con los Hermanos Maristas

asesinados en Zaire".

   Ante esta corona de mártires de nuestro tiempo repetimos:

No los podemos olvidar. Más bien, nos hacemos dos preguntas:

¿Qué Evangelio predica una Iglesia que no tenga

mártires? y ¿qué está sucediendo en un

país y en un mundo que sigue haciendo mártires? Quiero

comenzar por la segunda pregunta: ¿Qué está

sucediendo en un país y en un mundo que hace mártires?

La razón es que si nos olvidamos de los mártires del

pasado nos olvidamos de que sigue habiendo mártires

presentes.

   El Salvador es parte de un mundo "moderno", de fin de milenio,

que parece construido para seguir haciendo mártires.

Después de 1989, en que dicen que se acabó la "guerra-

fría" con la caída del muro de Berlín, se ha

iniciado la era de la "paz-fría" armada, la "paz-violenta".

Simplemente unas pocas pinceladas: las grandes corrientes de dinero,

las más lucrativas a nivel mundial, son: la venta de armas de

los países ricos a los países pobres, el

tráfico ilícito de la droga con el lavado de

dólares; el tráfico no menos lucrativo de emigrantes;

la manipulación de los precios de las acciones en las bolsas

de valores; el turismo erótico con la prostitución

infantil, y por supuesto, la imparable deuda externa del tercer

mundo, sobre todo la imposible deuda externa del continente

más pobre, Africa.

   Se ha dicho que "la bolsa de valores funciona mejor que las

Naciones Unidas", y hay algo de verdad en ello, porque en el Consejo

de Seguridad de la ONU se asientan -con poder de veto- las cinco

naciones mayores exportadores de armamento bélico, naciones

pertenecientes al pasado bloque Este-Oeste: ¡los extremos se

juntan! Ha sido un lamentable espectáculo, en estos meses de

octubre-noviembre, ver al Consejo de Seguridad deliberando y

deliberando sobre las medidas que pudieran tomarse para frenar las

renovadas matanzas étnicas del Zaire-Ruanda, sin que hasta el

momento se dé una solución internacional a la

supervivencia de los cientos de miles de refugiados. Esta es la

impresión emanada del comunicado de la casa generalicia de

los Hermanos Maristas. Parecería que a ciertos miembros del

Consejo de Seguridad les conmueven más los problemas de los

países donde hay "petróleo", que los países

donde sólo hay "personas". Primero, les suministran el

armamento bélico y luego prescinden de los resultados

humanos: su autodestrucción es problema interno de esos

países. Podemos hablar de una "paz-armada".

   A la "paz-armada" se suma la "paz-fría y violenta" del

modelo neoliberal. A nivel mundial se generaliza la pobreza, el

crecimiento con desempleo y la insolidaridad social. Junto con los

nuevos adelantos tecnológicos y las leyes-fuerzas del

mercado, lo que más crece es el excedente de la

población destinada a la pobreza, al desempleo y a la muerte

lenta. No podemos olvidar a los mártires del pasado porque el

mundo actual sigue nutriendo el ejército de los

mártires presentes.



   Desde este entorno mundial miramos a los mártires de El

Salvador. Parecería que con la firma de los Acuerdos de Paz

habría pasado la era de los mártires y que es tema de

mal gusto (o de mal susto) seguirlos recordando. Sin duda a muchas

personas o poderes no mucho les gustó que el Papa Juan Pablo

II, en su viaje del mes de febrero, bajara a arrodillarse ante la

tumba de Mons. Oscar A. Romero y que dijera que él fue un

pastor celoso y venerado que ofreció su vida por sus ovejas.

Tampoco les habrá gustado que el propio Papa haya empujado

(en contra de algunos dicasterios de Roma, y de algunos

monseñores de aquí) el proceso de beatificación

y canonización de Mons. Romero, que para nuestro pueblo ya

está canonizado.

   Nos ha llegado la información de que en Perquín han

borrado la figura de Mons. Romero y de otros mártires en el

mural de la Iglesia, porque dicen que ésos ya son tiempos

pasados. La verdad es que sigue habiendo más asesinatos que

en los años de guerra: 8,000 asesinatos en 1995, y las

más horrendas masacres se repiten cada mes o cada semana. El

propio Presidente dijo en su discurso del primero de junio que "la

delincuencia y el crimen organizado continúan figurando como

uno de los más graves problemas que confronta la

población". El discurso dice: "continúan figurando",

tal como lo había revelado el informe de la Comisión

de la verdad.

   Si antes hice mención del Consejo de Seguridad de Naciones

Unidas es para aplicarlo a un triste recuerdo nacional. Varios

grupos de conscientes norteamericanos y provinciales jesuitas

están pidiendo al Congreso de Estados Unidos el cierre de la

ESCUELA DE LAS AMERICAS, o fuerte Benning, en el estado de Georgia,

donde se adiestró a miles de militares latinoamericanos y

salvadoreños en las técnicas del asesinato, tortura,

chantaje, impartiendo un "entrenamiento avanzado" en la barbarie y

en el derramamiento de sangre inocente, financiado todo ello con los

impuestos del pueblo norteamericano. Dignos representantes de este

pueblo se avergüenzan y protestan por lo que llegó a

hacer un pasado gobierno que se preciaba de imponer la "paz-

americana" en todas las esquinas del mundo donde están en

juego sus intereses. Por ello se pide, y como universidad nos hemos

unido a esa petición, que se cierre esta triste y mal llamada

"Escuela de las Américas".

   También la Conferencia Episcopal de El Salvador -luego de

un largo silencio (Iglesia del Silencio)- emitió el

día de Todos los Santos una carta pastoral "a favor de la

vida y en contra de la violencia bestial". He aquí algunas

frases. "La situación de incertidumbre amenaza la convivencia

entre los salvadoreños. El campo y la ciudad han sido

invadidos por la muerte. En el campo la extorsión y los

homicidios están a la orden del día; mientras que en

las urbes bandas de jóvenes operan sembrando inquietud,

zozobra y crimen. La violencia se ha destacado con rabia bestial"…

Los obispos reconocen que también hay otro género de

violencia. "El desempleo, la extrema pobreza e inseguridad, que

golpean a la población, tampoco permiten vivir en

armonía. El trabajo digno y estable abre oportunidades de

paz". Los obispos dicen que "lo peor que pudiera sucedernos es

cerrar los ojos ante la realidad y mirar tanto sufrimiento con

indiferencia… No cerrar los ojos ante la realidad, pero no dejarse

invadir por el pesimismo o la desesperación". Agregan que "la

cultura de la vida se afianza con el aumento de la justicia y la

solidaridad".

   Por esta razón no podemos olvidar a los mártires

porque son parte central de nuestra Iglesia. No los podemos olvidar

porque, de acuerdo a las palabras del Papa, ¿qué

evangelio está predicando una Iglesia que no tiene

mártires y que se quiere olvidar de los pasados

mártires? No es que estemos deseando más

mártires de fusil y sangre (que también los sigue

habiendo entre tantas masacres encubiertas), sino que la Iglesia,

precedida por su Conferencia Episcopal, si es fiel a esas palabras

y mandatos del Papa, deberá y deberemos ser la voz de los que

no tienen voz, servir como un perro guardián de los derechos

humanos. Por esto murieron en El Salvador muchos mártires

inocentes (Mozote, Sumpul…), y por eso lucharon otros

mártires más conocidos, a los que el pueblo ya ha

beatificado, canonizado y también imitado. Por esto NO LOS

OLVIDAMOS.





     Homilía de Mons. Orlando Cabrera, 16 de noviembre

                                 

Queridas hermanas y hermanos:



   En primer lugar, quiero agradecer a los padres Jesuitas que

laboran en esta Universidad la gentil invitación de presidir

esta Eucaristía.

   Nos hemos reunidos aquí alrededor de esta mesa

eucarística, símbolo del Reino de Dios, para recordar

cariñosamente a los seis miembros de la

Compañía de Jesús y a dos fieles laicas, que un

día como hoy fueron brutalmente asesinados.

Recordémoslos en nuestras oraciones y recojamos su mensaje,

siempre actual, para construir un mundo más humano y

más justo. Ellos fueron valientes luchadores de la justicia

sin la cual no habrá paz jamás en ninguna parte del

mundo.

   Estos hermanos nuestros, que hoy están gozando de la

presencia de Dios, ceñidos los lomos con la verdad, con la

coraza de la justicia, con el escudo de la fe y con la espada de la

palabra de Dios, estuvieron prontos para anunciar el Evangelio de la

paz (cfr. Ef 6, 14-18).

   No optaron por la guerra, pero sí por la justicia y la

paz. No optaron por la violencia, pero fueron víctimas de la

violencia, como el divino Maestro, que no mató a nadie pero

él se dejó matar. ¡Hermoso ejemplo!, porque el

verdadero cristiano no debe matar pero debe dejarse matar todos los

días, y, si el Señor así lo quiere, debe estar

dispuesto por fidelidad al Evangelio, a sellar el testimonio de su

fe con su propia sangre.

   Nos dice el Señor Jesús: "Si el grano de trigo no

cae en tierra y muere, queda infecundado, pero si muere da mucho

fruto" (Jn 12, 23). Todos somos mártires, es decir, testigos,

y debemos dar nuestra sangre gota a gota todos los días por

el Reino de Dios. Los torrentes de sangre de tantos

salvadoreños y salvadoreñas, que lucharon por la paz,

que han inundado el suelo patrio, producirán como

decía Monseñor Romero, "frutos de

resurrección".



   Hermanos y hermanas. Se ha desatado en éstos

últimos años una ola de violencia que nos ahoga. La

delincuencia y el crimen organizado es el pan nuestro de cada

día. La situación de violencia de nuestro país

no solamente es grave, sino dramática y explosiva. Estamos

peor que en tiempos de la guerra. ¡Cuántas madres

desconocidas lloran la muerte de sus hijos, que les fueron

arrebatados de sus brazos inmisericorde y salvajemente!

¡Cuántas mujeres, jovencitas y aún niños,

han sido violados y asesinados con saña y cínicamente!

!Cuántos jóvenes, que pudieron ser el futuro

promisorio de la patria han sido cortados violentamente en la flor

de sus vidas! ¡Cuántas familias masacradas con lujo de

barbarie! ¡Cuántos chantajes, amenazas, extorsiones y

secuestros!

   La sociedad salvadoreña refleja una grave

descomposición moral y social. Ante esta situación no

podemos permanecer indiferentes. Lo peor que nos puede pasar es

acostumbrarnos a tanto mal. Tampoco, como cristianos, podemos caer

en la desesperación porque creemos que Jesús es el

Señor. Es necesario descubrir y erradicar las causas que

producen esta ola de violencia. Si no se quitan las causas profundas

el mal persiste y se agrava.

   Se debe proclamar con urgencia el Evangelio que arranque del

corazón de los hombres y mujeres el pecado, que es

egoísmo, y que se incrusta en las estructuras humanas

convirtiéndose en ley. Es necesario proponer a pobres y ricos

un nuevo estilo de vida: el estilo de vida de la fe. La

Evangelización, que es la misión fundamental de la

Iglesia, es el mejor servicio que ésta puede ofrecer al mundo

para la construcción de la paz.

   Urge combatir la pobreza. La riqueza se va concentrando cada vez

más en pocas manos. La pobreza, en nuestros tiempos, se

denuncia por sí misma porque convivimos con ella, y la

corrupción contribuye a la pobreza. Hay que erradicar el

crónico desempleo creando fuentes de trabajo. El trabajo,

dice el Papa, es la clave de la cuestión social. La familia

debe ser en nuestro trabajo pastoral una prioridad. Necesitamos con

urgencia familias que sean iglesias domésticas y santuarios

de la vida. Necesitamos en nuestro país una

administración de la justicia más efectiva y

equitativa. El peso de la ley debe aplicarse a todos, pobres y

ricos. Solamente así podrá desaparecer el cancer

histórico de la impunidad.

   En la fase temporal del Reino de Dios, nos enseña

Jesús, siempre habrá trigo y cizaña, buenos y

malos. Por eso, para una convivencia pacífica, es necesario

un cuerpo de seguridad. La policía Nacional Civil, fruto de

los Acuerdos de Paz, necesita depuración, más

capacitación, mayor apoyo logístico y mayor

número de miembros.



   Queridos hermanos y hermanas. Es el mismo Sumo Pontífice,

Juan Pablo II, el que nos urge a trabajar por la justicia y la paz.

En su reciente visita a nuestro país en su homilía nos

dijo lo siguiente: "Construid un futuro de esperanza con la

sabiduría de la paz. Dejad a los jóvenes, a los

niños, a las familias salvadoreñas un futuro luminoso

y próspero de solidaridad y de justicia".

   En el discurso de inauguración de la Cuarta Conferencia

del Espiscopado Latinoamericano, realizada en Santo Domingo,

República Dominicana, escuchamos de los labios del Papa: "La

promoción humana ha de ser consecuencia lógica de la

evangelización, la cual tiende a la liberación

integral de la persona". En el mismo discurso más adelante

econtramos: "La Iglesia no puede en modo alguno dejarse arrebatar

por ninguna ideología o corriente política la bandera

de la justicia, lo cual es una de las primeras exigencias del

Evangelio y, a la vez, fruto de la venida del Reino de Dios".

   En su hermosa carta apostólica Tertio milenio adveniente

encontramos las siguientes palabras: "Recordando que Jesús

vino a evangelizar a los pobres, ¿cómo no subrayar

más decididamente la opción preferencial de la Iglesia

por los pobres y los marginados? Se debe decir ante todo que el

compromiso por la justicia y por la paz en un mundo como el nuestro,

marcado por tantos conflictos y por intolerables desigualdades

sociales y económicas, es un aspecto sobresaliente de la

preparación y de la celebración del Jubileo.

Así, en el espíritu del Libro del Levítico, los

cristianos deberán hacerse voz de todos los pobres del mundo,

proponiendo el Jubileo como un tiempo oportuno para pensar entre

otras cosas en una notable reducción, sino en una total

condonación, de la deuda internacional, que grava sobre el

destino de muchas naciones" (n. 51).



   Queridos hermanos y hermanos que me escuchan. No desmayemos en el

trabajo por la paz y la justicia. Es un trabajo que nos pide el

Evangelio y la Iglesia. Pero no caigamos en la tentación de

la violencia, la cual, como decía Pablo VI, no es humana ni

evangélica y una vez desatada es incontrolable. Sigamos el

ejemplo de los hermanos y hermanas, que hoy recordamos, que no

optaron por la violencia sino por la paz; que no optaron por la

muerte sino por la vida.

   Dupliquemos nuestros esfuerzos por construir un mundo de justicia

y fraternidad unidos a nuestros legítimos pastores. La unidad

es un mandato de Cristo y debemos defenderla y promoverla a toda

costa. La división y la confrontación son signos de

debilidad y destruyen a la misma Iglesia. Urge tender puentes de

comunicación y de diálogo. Unidad en la diversidad

debe ser nuestro lema. El sano pluralismo no sólo está

permitido sino que es necesario.

   Los problemas de nuestro tiempo son vastos, complejos y

profundos. vivimos en un mundo complicado y adverso al proyecto de

Dios. ¡Quién pudiera volver a la sencillez feliz de

nuestros antepasados! Ellos fueron felices, porque, aunque no

conocieron la radio ni la televisión ni la cultura

electrónica, si conocieron lo fundamental: que todos los

hombres y mujeres del mundo son hermanos.

   Esta es la tragedia del mundo actual, como ya lo recordaba Pablo

VI, que el hombre no ha descubierto lo que es y a lo que está

llamado: comunión con Dios y con los hermanos. Es en esta

doble comunión donde el hombre y la mujer de nuestro tiempo

pueden encontrar lo que toda persona ansía: la felicidad.

   Ante la gravedad de los problemas de nuestra época, no

pocas veces, nos sentimos tentados a la desesperanza. No olvidemos

que la esperanza es una característica del cristiano. El

espera cuando nadie espera, incluso, ante la muerte. Si no

esperáramos, no estaríamos en estos momentos,

recordando a nuestros hermanos y hermanas, que hace exactamente

siete años, sellaron el testimonio de su fe con su propia

sangre.

   Lo primero que debemos hacer en el trabajo por la justicia y la

paz, después de rezar, es infundir a nuestro pueblo,

esperanza, sobre todo a los más pobres. Con la esperanza y la

ilusión, con las que debemos trabajar siempre, sigamos

adelante exclamando como San Pablo: "Todo lo puedo en aquel que me

conforta" (Fil 4, 13).

   Celebramos este año los 75 años de la

Coronación Pontificia de la Reina de la paz, Patrona de la

República. ¡Reina de la Paz! ¡Hermoso y elocuente

nombre! ¡Todo un programa de vida! La Madre de Dios desde su

santuario en la perla de oriente nos llama a la

reconciliación y a la paz.

   Reina de la paz, advocación mariana tan querida y

promovida en el pueblo por Monseñor Oscar Arnulfo Romero. El

se asoma en estos momentos en el horizonte diáfano tropical,

que hoy contemplamos frente a este altar, y nos invita

diciéndonos: "trabajen por la justicia, por la fraternidad,

la reconciliación y la paz".

   Que la Reina de la paz, celestial patrona de nuestra

nación, nos bendiga a todos y nos ayude para hacer de nuestro

país una comunidad de hermanos donde reine la armonía

y la paz. Así sea.





   Homilía del P. José María Tojeira, 16 de

noviembre



   Celebramos hoy el séptimo aniversario del asesinato de los

mártires de la UCA, coincidente con la fiesta de los

también mártires jesuitas del Paraguay. Y de nuevo

experimentamos que estos ejemplos martiriales cambian la naturaleza

de los tristes. San Basilio, comentando algunos martirios, no dudaba

en decir: "antes ciertamente, la muerte de los buenos se

acompañaba del llanto y de las lágrimas… pero ahora

nos alegramos recordando la muerte de los buenos. Pues la naturaleza

de los entristecidos ha sido transformada por la cruz". La festiva

vigilia de ayer nos demuestra que no hay nada que produzca tanta

alegría como el ver que siguen vivos y presentes entre

nosotros, en el recuerdo y en el estímulo, aquellos que

dieron su vida por los demás. Si su muerte, injusta y

trágica, nos indignó y nos entristeció en el

pasado, su recuerdo nos da esperanza, alegría y afán

de lucha en el presente.

   La palabra del Señor que hemos leído describe a

todos los mártires con claridad. Odiados, nos dice san Juan,

por ese mundo que idolatriza la riqueza y el poder, sufrieron la

misma suerte que su Maestro. Perseguidos, nos dice san Pablo, por

grupos depravados y perversos, se convierten, con su resistencia en

el bien, en lumbreras del universo que proporcionan una razón

para vivir. Se unen, en definitiva, a esa gran lumbrera que, desde

su opción crucificada por las víctimas de la historia,

nos ilumina a todos, Cristo el Señor.

   Unidos a Cristo y cercanos a nosotros en una historia inmediata

a la nuestra, los mártires brindan una luz especial a nuestro

caminar. Hoy en El Salvador, en medio de esperanzas frustradas tras

el fin del conflicto, sufriendo el fuerte azote de la

corrupción y de la violencia común, con problemas de

pobreza, de injusticia, de enfermedad y desempleo, cuya

solución no aparece clara en el futuro próximo, los

mártires nos siguen hablando desde su muerte.

   Nos dicen, en primer lugar, que permanecemos vivos. Que corre por

nuestras venas esa fuerza abrumadora de la vida que nadie ni nada

puede domar. Somos gente con vida y con capacidad de amar.

Mantenemos los ojos abiertos a nuestra historia y nuestro

sentimiento y nuestra razón pueden luchar frente a la

injusticia y frente al mal. Nuestra memoria y nuestra esperanza

tienen delante el reto de conjuntarse en esa ardua área de

reparar a las víctimas de la historia y construir un futuro

más justo. Aun en medio de la corrupción, del

aflojamiento de los compromisos, de la falta de planes de futuro que

tengan en cuenta prioritariamente la dignidad de los pobres, las

cosas no están tan mal. No hay guerra, queda a nivel popular

una experiencia de organización en el trabajo y en la

búsqueda de un desarrollo solidario, ha crecido la capacidad

de resistir al mal, y cada vez se abren más campos de lucha

y esperanza, como la ecología, la dignidad de la mujer, el

desarrollo autogestionado de los pobres y otros muchos.

   Los mártires nos dicen, además, que no nos

equivocamos al optar por las víctimas del mundo en que

vivimos. Nuestra sociedad, salvadoreña, así como la

mundial, produce víctimas. Baste con que sólo

reduciendo un diez por ciento el gasto mundial de armamento, y

dedicándolo a salud básica, se salvarían

millones de vidas en el tercer mundo, víctimas hoy de

enfermedades fácilmente curables. En El Salvador es

también evidente que el derroche en el estilo de vida de un

diez por ciento de la población significa la pérdida

de un monto de capital que sería suficiente para comenzar un

plan serio contra el desempleo.

   Frente a estas sociedades que han producido víctimas

durante la guerra, y que siguen produciéndolas en la paz a

través de comportamientos y estructuras injustas, nuestros

mártires, víctimas también ellos en su muerte,

nos repiten que los verdugos no tienen nunca la razón. Son

las víctimas, desde su propia posición de seres

indefensos que claman por la solidaridad, incluso sin palabras, las

que tienen siempre la razón. Y nos recuerdan también,

que no es necesario estar en guerra y participar en ella para

convertirse en verdugos. Basta con ser insensibles ante el dolor del

hermano.

   Los mártires nos abren asimismo a la solidaridad. Ninguna

sociedad pobre, en nuestros días, tiene solución de

futuro, si la solidaridad no funciona como uno de sus principios

motores. En un momento en que nuestra Centroamérica se

emociona con planes de globalización de la economía

que hablan de un progreso ilimitado, nuestros mártires se

convierten en un recordatorio doble: Nos dicen, primero, que

cualquier tipo de crecimiento económico que no se vea

atemperado, penetrado y modificado por el principio fundamental de

la solidaridad, termina en estallido social, en violencia y en

división. Y segundo, compartiendo vida y muerte con los

pobres, nos advierten que sólo la capacidad de fraternidad de

los pobres, y de todos aquellos que se dejan evangelizar por los

mismos, puede construir un futuro de esperanza.

   Los mártires, igualmente, nos proponen un camino de

austeridad. Libres ante los bienes de este mundo, incluso ante el

bien supremo de la vida, supieron entregar la riqueza de su

existencia en servicio de quienes sufrían el despojo de sus

derechos y de su dignidad. Ser libres hoy ante los bienes supone el

inicio de una cultura que destierre de nuestras tierras la

corrupción, el derroche, el cínico bien vivir olvidado
de quienes malviven. Una cultura que tenga en cuenta y dé

prioridad a la función social de los bienes existentes, y que

recuerde siempre que "sobre toda propiedad privada pesa una hipoteca

social", utilizando palabras del Papa Juan Pablo II. Las reuniones

en hoteles de lujo para hablar durante tres o cuatro días de

los problemas del país no son más que un

autoengaño de quienes quieren acallar su conciencia o sus

traiciones, cuando no el intento descarado de comprar y silenciar a

quienes en un tiempo estuvieron al lado de los pobres. Como es

también una ofensa al futuro de nuestro país el lujo

exhibicionista de carros que cuestan más del medio

millón de colones. O las casas particulares que consumen en

luz, agua y metros cuadrados de cemento más que un

cantón de nuestros departamentos rurales. O las bodas,

recepciones, fiestas, y banquetes donde el derroche y el gasto se

convierte en una cuestión de competencia y exhibición.

   La falta de austeridad en un país como el nuestro no

sólo es intolerable, sino que constituye una negación

del Padre Nuestro que rezamos cada día. No en vano el Papa

actual, después de denunciar en la reciente Cumbre Mundial de

la Alimentación las graves injusticias que predominan en

nuestro mundo, hacía la siguiente exhortación a los

gobernantes: "Es necesario -decía- que los dirigentes de los

países pongan las condiciones para redistribuir los recursos

y bienes de consumo, pero en base al principio de fraternidad".

   Los mártires, finalmente, nos invitan a vivir con

esperanza, con compromiso solidario y con alegría nuestra

situación actual. Los apóstoles, después de la

resurrección, se alegraban incluso por los golpes recibidos

por predicar al Señor. Recordando hoy a aquellos que fueron

destrozados y desprovistos de toda dignidad mediante crímenes

abominables, estamos haciendo algo más que un ejercicio de

memoria. Estamos devolviendo su dignidad a aquellas víctimas

que fueron aplastadas, humilladas y barridas con saña de la

faz de esta tierra. Estamos diciéndole a los verdugos que no

tenían razón, que las víctimas mantienen su

dignidad, mientras que ellos la perdieron con su crimen. Y estamos

sobre todo soñando con una nueva humanidad que devuelva su

dignidad a todas las víctimas de este mundo. Una humanidad en

la que podamos decir todos, convencida y conjuntamente, las

bienaventuranzas. Felices, dignos, bienaventurados, los pobres, los

que lloran, los que resisten al mal, los que tienen hambre y sed de

justicia, los solidarios, los que trabajan por la paz, los de

corazón limpio, los perseguidos a causa de la justicia del

Reino. Una sociedad, en definitiva, que anticipa el Reino de Dios en

esta tierra en justicia, en vida, en verdad y en amor. Una sociedad

sin víctimas, en la que todos juntos podamos pronunciar

sinceramente el Padre Nuestro.

   Que esta Eucaristía, en la que el Señor se hace

presente como víctima y como salvador al mismo tiempo, nos

conceda la gracia de luchar incansablemente por un mundo sin

víctimas. Ese mundo que en la comunión y en la fiesta

comienza ya a vivirse anticipadamente. Que así sea.