© 1996 UCA Editores
CARTA A LAS IGLESIAS, AñO XVI, No.363, 1-15 de octubre, 1996
Diputados que buscan la muerte y mártires que dan vida
El debate sobre la pena de muerte ha terminado, por ahora, y la
pena de muerte ha quedado aprobada. Decimos "por ahora" porque le
toca a la próxima Asamblea sancionar definitivamente esta
aprobación, y sobre todo porque el debate permanece, pues no
se trata sólo de estar en contra o a favor de la pena de
muerte, sino de propiciar la humanización o
deshumanización del país.
La deshumanización que generan gobierno y diputados
Con la pena de muerte avanza la deshumanización en el
país. 1. Con ella se solidifica la cultura de la muerte, y
aunque sea triste llamarla así, así es, pues, como en
la agricultura, esta cultura actual hace crecer la muerte, la
muerte rápida de ajusticiamientos y delincuencia, y la
muerte lenta de la pobreza por causa de la injusticia. 2. Se
canoniza la hipocresía. "Estamos respondiendo al clamor
popular", dicen gobierno y diputados de ARENA. ¿Y el clamor
popular, mucho más ruidoso, contra la pobreza, el IVA y el
desempleo? Hipocresía, pues. 3. Se ríen y burlan del
Papa. Dinero y campos pagados para preparar su visita en febrero.
Fotos junto a él, sonrisas y promesas de serle fiel. Pero
que el Papa esté contra la pena de muerte no les importa. La
diócesis de Chalatentango, con su obispo a la cabeza, y
Mons. Rosa se han mostrado también decididamente en contra.
Sin embargo, flaco servicio ha prestado el arzobispo, en quien el
gobierno y la asamblea no han visto un serio obstáculo a sus
propósitos. 4. ARENA, el partido en el gobierno y
mayoría en la Asamblea, hace algunos años
decidió cambiar los métodos de su fundador,
métodos "a sangre y fuego", como decía Mons. Rivera.
Parecía que habían desaparecido, pero los instintos
permanecen. 5. La votación según línea de
partido, increiblemente unánime en asunto tan delicado,
significa que el partido -y el dinero- están por encima de
la conciencia.
Si ponemos todo esto junto: cultura de muerte, hipocresía,
burla e irrespeto, instintos de "sangre y fuego", silenciar la
propia conciencia, no podemos negar que nos deslizamos por la
pendiente de la deshumanización.
La humanización de los mártires que dan la vida
Por coincidencia, esta misma semana han comenzado en la UCA las
misas del VII aniversario de los mártires. Recordamos a
Julia Elba y Celina, mujeres salvadoreñas, dadoras de vida,
servidoras, fieles hasta el final, que nunca pensaron en solucionar
nada derramando sangre, y que permanecieron en un lugar peligroso
para estar cerca de los padres, acompañarles y servirles,
aunque ello les costó la vida.
Ni el gobierno ni la asamblea legislativa, ni la
oligarquía ni la fuerza armada, han reconocido a estos
mártires, ni han pedido perdón por su co-
rresponsabilidad, mayor o menor, en sus muertes. En contra de lo
dicho, los mártires ponen la verdad por encima de la
mentira, la honestidad por encima de la hipocresía, la
conciencia por encima del dinero y la conveniencia, la lealtad por
encima de la burla. Así propician la cultura de la vida, nos
humanizan y hacen crecer la vida.
Y terminemos con una rectificación-aclaración. En
el pasado número publicamos la conmovedora carta de
Christian de Cherge, monje cisterciense en Argelia, a quien le iba
a asesinar, y decíamos que la había escrito "poco
antes de ser asesinado". La verdad es -de ahí la
rectificación- que la escribió tres años
antes, cuando el gobierno francés comunicó a la
comunidad de cistercienses la posiblidad de ser asesinados y les
pidió que abandonaran el país. Esto significa que
Christian previó su muerte y sin embargo se mantuvo fiel en
Argelia, dando testimonio de Dios y de la fraternidad entre
cristianos y musulmanes. Como en la caso de Jesús, "no le
quitaron la vida, sino que la dio libremente". El amor, la
fidelidad y la libertad que expresa esa muerte martirial son
también humanizadoras.
Aprobación de la pena de muerte.
El Salvador en el Informe de Desarrollo Humano deNaciones Unidas
ARENA se sale con la suya
Tras varias semanas de discusión pública y de una
intensa campaña publicitaria, ARENA pudo sacar adelante su
propuesta de reformar el Artículo 27 de la
Constitución Política para que los acusados de
secuestro, homicidio agravado y violación puedan ser
sentenciados con la pena de muerte. A los 40 votos se sumaron los
votos del PCN (4), diputados independientes (3) y uno del PDC, con
lo cual se alcanzaron los 48 votos necesarios para aprobar la
reforma constitucional, que sin embargo tendrá que ser
ratificada por la próxima legislatura. Por su parte, el
FMLN, el PRSC, el PD y la Convergencia Democrática -que en
conjunto sumaron 23 votos- fueron tajantes en su rechazo a la
medida, por considerar que la misma, más que ser una
solución a la problemática de la delincuencia del
país, es una muestra de la incapacidad del gobierno para
elaborar y poner en práctica mecanismos más
integrales de prevención y control de la criminalidad.
Varias cosas llaman la atención en la decisión de
la Asamblea Legislativa. La primera es el servilismo mostrado por
los diputados del PCN, los independientes y el del PDC hacia ARENA.
Ante una situación que exije un máximo de seriedad y
racionalidad, se han impuesto los favores que se han recibido o que
esperan recibir, así como los pactos y las negociaciones
oscuras entre quienes, se supone, han sido electos para defender
los intereses ciudadanos y no los intereses de un grupo particular.
Es inaceptable la subordinación de algunos diputados a las
decisiones de ARENA; es inaceptable que esa subordinación
esté motivada por intereses mezquinos. Así como es
necesario rechazar la sumisión incondicional de los
diputados a los dictados de su partido, es necesario rechazar aun
con mayor fuerza la sumisión de aquéllos a los
dictados de un partido que no es el suyo, sobre todo cuando se
sospecha que en ello intervienen regalías políticas
y económicas.
En segundo lugar, ARENA ha demostrado que es capaz de imponer su
poder de persuasión -para lo cual los medios han sido
decisivos- por sobre los fueros de la argumentación
racional. La razón indica que la pena de muerte no
resolverá los problemas de criminalidad en el país,
pero el Presidente Calderón Sol, el Ministro de Seguridad y
los miembros del partido creen que sí. Como en su
lógica, lo que ellos piensan debe ser aceptado por todos sin
discusión, entonces la pena de muerte tiene que imponerse en
el país. Y, de ese modo, todo el aparato
propagandístico de ARENA -apoyado por el amarillismo de
algunos medios y la voz ambigua del Arzobispo de San Salvador- se
pusieron en función de lograr aquel objetivo.
No se impuso la decisión más razonable, sino la que
se generó en los círculos de poder de la derecha.
ARENA hizo de la ampliación de la pena de muerte un asunto
en el cual tenía que demostrar a propios y extraños
quién tiene el poder en El Salvador. Una vez más,
pues, el poder se impuso sobre la razón; el autoritarismo
sobre la democracia. La gran perdedora es la sociedad que impotente
ve cómo el Estado se atribuye la función de
administrar la muerte sin que importen los costos éticos y
humanos que ello pueda traer consigo.
Informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidas
Recientemente fue presentado el último Informe sobre el
Desarrollo Humano (IDH), elaborado por el Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo (PNUD). Este informe presenta una
visión alternativa a los indicadores económicos para
evaluar el nivel de desarrollo de los países, pues el Indice
de Desarrollo Humano considera no solamente el ingreso per
cápita de un país, sino también la
situación del acceso a la educación y la salud, la
última de las cuales se refleja en la esperanza de vida.
Para el PNUD la situación ideal que sirve de
parámetro para evaluar el desarrollo humano es que exista
una esperanza de vida de 85 años, acceso a la
educación para todos y un ingreso anual cercano a los
U$5,120 dólares.
El IDH ofrece importantes pistas para evaluar el nivel de
desarrollo del país, aunque de acuerdo al Presidente de la
República, Armando Calderón Sol, el informe es
"injusto", pues no considera todos los avances alcanzados en
materia de desarrollo durante los últimos años. Al
margen de estas valoraciones no puede negarse que este informe es
una alternativa de evaluación económica y social que
trasciende las meras valoraciones del ámbito
macroeconómico. En oposición a informes de empresas
calificadoras de riesgos financieros que catalogan al país
como "seguro" para la inversión, el IDH considera la
evolución de las condiciones sociales para evaluar el nivel
de desarrollo de cada nación.
Uno de los principales aspectos del informe es el
señalamiento de que muchos países, incluido El
Salvador, experimentan un nuevo fenómeno: crecimiento
económico sin mejorías de las condiciones de vida.
Ello quiere decir, específicamente, que presentan los mismos
niveles de ingreso reportados para la década de 1970.
Algunas conclusiones generales del informe son las siguientes: "el
crecimiento económico no crea empleos en forma
automática"; "pueden aumentar los empleos incluso cuando se
reduce el ingreso per cápita. En esos países de
'empleos sin crecimiento', se multiplican los empleos con salarios
bajos y de escasa productividad, de manera que la gente trabaja
más por menos".
El Salvador en el lugar 115
En términos generales, entre 1995 y 1996 El Salvador no
avanzó ni retrocedió en la clasificación de
desarrollo humano, pues se mantuvo en la misma posición: la
115. Sin embargo, si consideramos que para 1994 la posición
ocupada por El Salvador era la 112 es evidente que desde entonces
se ha suscitado una caída en el nivel de desarrollo humano.
El Salvador se encuentra así cada vez más cerca de
ser clasificado como una nación con un desarrollo humano
bajo, e incluso se considera menos desarrollado que otros
países centroamericanos como Costa Rica, Guatemala y
Honduras que ocupan los lugares 31, 112 y 114 dentro de la
clasificación del IDH.
Aparte de lo anterior, llama la atención que el nuevo
aporte presentado por el Informe sobre el Desarrollo Humano es la
inclusión de una clasificación de los distintos tipos
de crecimiento: sin empleo, despiadado, sin voz, sin raíces
y sin futuro. Todos los tipos de crecimiento anteriormente
mencionados entrañan contradicciones que no permiten que el
crecimiento económico se traduzca en mayor desarrollo
humano.
En El Salvador, desde 1990 se ha experimentado un proceso
sostenido de fuerte crecimiento económico, el cual, sin
embargo, no se ha traducido en mejorías de las condiciones
de vida. Desde 1990 a 1995 el Producto Interno Bruto ha crecido en
un total de 34.4%, mientras que, por el otro lado, los IDH reflejan
una caída de El Salvador en la clasificación de
países según su desarrollo humano.
El tipo de crecimiento experimentado en El Salvador ha estado
basado en sectores económicos como el comercio, la
construcción y el sector financiero; lo cual ha restado
protagonismo a los sectores agropecuario e industrial. El empleo
generado han sido en realidad "empleos sin crecimiento" en los
cuales la "gente trabaja más por menos" (recuérdese
por ejemplo el caso de la maquila textil). El salario mínimo
nominal, aunque ha experimentado incrementos anuales
continúa siendo totalmente insuficiente para cubrir el costo
de la canasta básica.
El crecimiento económico tampoco ha permitido que el
Estado oriente mayores recursos para el área social. Aunque
en la práctica se ha logrado incrementar la
recaudación tributaria con impuestos que afectan las
mayorías de bajos ingresos, como el IVA, no se ha
incrementado la proporción del gasto público
destinado a la educación y la salud. Así, el acceso
a estos dos derechos humanos no ha experimentado ninguna
mejoría, pues no ha logrado aumentar su participación
dentro del total del Presupuesto General de la Nación. Por
ejemplo, en 1990 el gasto total en educación y salud
representó un 25.49% del total de presupuesto de la
nación, mientras que en 1995 representó sólo
un 23.83% del mismo.
Otro indicador de la situación de El Salvador revelado por
el IDH es que presenta los mismos niveles de ingreso per
cápita de la década de 1970; lo cual implica que pese
al crecimiento experimentado durante esa década, parte de la
de los 80 y lo que va de la de los 90, el ritmo de crecimiento de
la producción continua siendo menor que el correspondiente
a la población. Cabe señalar a este punto que al
considerar el ingreso per cápita también es
pertinente considerar la situación de la distribución
del ingreso al interior de los países. Aún y cuando
un país obtenga un ingreso per cápita anual de
U$5,120, la distribución del ingreso podría
determinar que la mayoría de la población en realidad
percibiera sólo una pequeña fracción de ese
ingreso, mientras una minoría percibiría mucho
más de U$5,120.
Aunque la posición de El Salvador no ha variado
sustancialmente entre los IDH de 1995 y 1996, es evidente que se
encuentra en una situación más difícil que los
demás países centroamericanos, excluyendo Nicaragua.
El crecimiento económico observado en El Salvador se ha
caracterizado por facilitar que los ricos se vuelvan más
ricos sin que los pobres mejoren su situación, por impedir
una mayor democratización y potenciación del papel de
la mayoría de la población y por despilfarrar los
recursos que serán necesarios para las generaciones futuras.
Asimismo, además de un estancamiento del ingreso per
cápita a los niveles de los 70, existe un retroceso en el
gasto público en educación y salud que también
han perjudicado el desarrollo humano.
Este panorama muestra claramente que la liberalización y
crecimiento de la economía no necesariamente son
sinónimo de mayor desarrollo humano. El vínculo entre
crecimiento y desarrollo no es automático, por lo cual
requiere de una fuerte y decidida intervención del Estado.
Para impulsar procesos de desarrollo humano en El Salvador es
necesario que el Estado tome con mayor seriedad la necesidad de
reforzar los presupuestos de educación y salud y que
además facilite la desconcentración en la
distribución del ingreso. Sin embargo, la realidad muestra
que éstas no son parte de las prioridades del plan de
desarrollo del actual gobierno ni de ningún otro de corte
neoliberal, por lo cual podría esperarse que, al menos en el
corto plazo, el crecimiento económico continúe
negando la posibilidad del desarrollo humano.
"Los diputados de ARENA tienen un gran problema de conciencia"
Conferencia de
prensa de Monseñor Rosa Chávez, 6 de octubre.
Monseñor, ¿cree usted que estamos en un compás
de espera para que la propuesta de ARENA sobre la pena de muerte se
reconsidere o es un hecho y ya está todo previamente
fabricado?
Yo no quería entrar en el debate parlamentario, porque
estoy convencido de que se trata de una manipulación, de que
no es un debate serio. Pero he sentido tal clamor en la gente, tal
inquietud por ver claro, sobre todo en gente ligada a la Iglesia y
que tienen responsabilidades como agentes de pastoral, que me he
visto obligado a tocar el tema en mi homilía y he querido
dar un enfoque un poco diferente a los argumentos que uno escucha
en el debate cotidiano.
Ante todo he de subrayar que el Papa nos da una gran
lección cuando aboga por la cultura de la vida en un
documento, que por cierto causó problemas en Roma, porque
contradecía la doctrina del catecismo recién aprobado
por el Vaticano. Tanto que el Cardenal Ratzinguer dijo "corrijamos
el Catecismo". Esto quiere decir que hay una evolución en la
humanidad, y esto es sumamente importante. Hay una evolución
hacia una opción radical por la vida -sólo veamos
toda la discusión del tema ecológico. Entonces, un
país que no entre en esa dinámica está
actuando en favor de una cultura de muerte, está generando
una actitud que va destruyendo a la persona.
Mi segundo argumento son las acciones del Papa pidiendo que fuera
indultada gente condenada a muerte. Y eso muy cerquita de nosotros,
en Guatemala: dos peticiones solemnes y públicas del Papa,
y dos negativas. Y quise hacer una reflexión al preguntarme
cómo fue recibido el Papa entre nosotros con tanta
solemnidad, con tanto respeto, con tantas muestras de
adhesión por parte del gobierno, y el gobierno ahora
está con esta campaña. ¿En qué quedamos?
No es serio, en absoluto. No es serio.
Por eso no quería entrar en el debate, porque me parece
que está viciado de raíz. Si el argumento fuera el
clamor popular, preguntemos entonces: ¿y el clamor popular por
la extrema pobreza?, ¿y el clamor popular cuando
querían implantar el IVA?, ¿y el clamor popular porque
la gente no tiene trabajo y porque la vida sube más cada
día? Este clamor no se oye. Eso es lo grave. Y en el fondo,
ése es el problema.
Repito. Tenemos que ser un país que opte por la vida,
comenzando por sus gobernantes. Este ha sido un poco el enfoque que
he querido dar al tema, porque hay gran inquietud en el país
por este asunto de la pena de muerte.
Monseñor, buenos días. Los niveles de pobreza vemos
que cada día se incrementan en El Salvador y prueba de ello
son los pobres que se concentran en las entradas de la
Basílica. Y no se ve una pastoral de acompañamiento
por parte de la Iglesia. ¿A qué se debe?
Bueno, toquemos el tema en dos dimensiones. Primero, éste
es un país de contrastes. Por una parte se dice que somos un
país muy bueno para invertir y se recomienda que se invierta
acá. Y por otro se dice -un organismo de las Naciones Unidas
lo afirma- que somos el país ciento quince en cuanto a
desarrollo humano. Somos un país de contrastes
también al interior: hay mucha riqueza en pocas manos. Y hay
dos clases de justicia, una para los que tiene cuello blanco y otra
para los descalzos. Y esto no puede seguir así.
Dentro de la Iglesia también tenemos que hacer un trabajo
y dejarnos cuestionar por los pobres todos los días, porque
el Señor Jesucristo nos está clamando también
a nosotros, los que tenemos en la Iglesia una responsabilidad. La
Iglesia está pasando de una visión asistencialista en
la que al pobre se le daban unos cuantos granos de frijol y de
arroz, a una visión de promoción humana, donde el
pobre sea protagonista de su propio desarrollo. La idea la tenemos
clara. Entonces, en todas las parroquias tenemos que convertir los
programas de proyectos concretos. Los pobres siempre van a
cuestionarnos. Y en ellos Cristo nos dice algo muy importante.
Mi primera pregunta es ¿cuál es su opinión con
respecto al caso del Padre Cardenal y el Derecho Canónico?
Parece una incoherencia decir que él no tiene tiempo y a la
vez le ofrecieron otra parroquia. La segunda representa un poco el
sentir del pueblo cristiano y religioso sobre las medidas de la
Iglesia. Hay un malestar patente en esa comunidad, ante medidas
como éstas después del Vaticano II y las Asambleas
Episcopales en América Latina. ¿No hay posibilidad de
consulta a la comunidad, de tomar en cuenta su sentir?
Pasemos a responder conjuntamente las dos preguntas. Esta
mañana está en la parroquia de Quezaltepec
Monseñor Ricardo Urioste. Lleva una misión y va a ser
importante lo que pase hoy en la comunidad. Monseñor Urioste
ha sido delegado para que se acerque a este problema directamente,
en contacto con la gente concreta de la comunidad. Yo espero que
esa gestión, que la hace por encargo del Arzobispo, ayude a
que lo que haya de malestar y de sufrimiento, se vaya disipando y
de veras vuelva a esta comunidad la paz, vuelva también la
alegría y el deseo de seguir trabajando.
Ciertamente, y aquí voy a la segunda pregunta, la Iglesia
es una comunión, y la comunión se construye todos los
días aceptando las diferencias y poniéndolas al
servicio de un proyecto común: el proyecto de Jesucristo.
Todos estamos guiados por el mismo Espíritu, que es el que
nos hace tan diferentes y por eso nos da tantas oportunidades de
ser creativos. Yo creo que esta visita de Monseñor Urioste
va a significar, espero, un viraje en una situación tensa
que va a servirnos de lección a todos, también en la
Arquidiócesis, para ver dónde estuvo el error,
qué provocó esta tensión. Y para que saquemos
la lección y en casos semejantes sepamos en el Arzobispado
hacer las cosas dando los pasos correspondientes. Este es mi deseo
y confío en que hoy sea un día importante para bien
de la comunidad de Quezaltepec.
Buenos días, Monseñor, tengo una consulta.
Fíjese que usted hace unos instantes habló de
"contraste". Estaba hablando acerca de la pena de muerte y al
parecer hay un contraste también ahí, porque
Monseñor Fernando Sáenz Lacalle ha manifestado en
reiterados ocasiones que está de acuerdo con la
implementación de la pena de muerte.
Yo quise argumentar en la homilía tomando la figura, la
doctrina y la actitud del Papa. Tú sabes que esta semana
salió un comunicado de la diócesis de Chalatenango,
sacándolo en un pequeño espacio porque no tienen
mucha plata allá los pobres, pero importante. Una
diócesis que se pronuncia en pleno en contra de la pena de
muerte y que encuentra los argumentos. Yo creo que es un documento
que conviene buscar allí en la Prensa Gráfica porque
sólo allí salió publicado por falta de
presupuesto.
Indudablemente, la doctrina tradicional de la Iglesia admite el
derecho de legítima defensa, tanto a nivel personal como a
nivel de la sociedad. Si a mí me agreden y van a quitarme la
vida, yo puedo defender mi vida. Yo no lo voy a hacer ciertamente,
si alguna vez estuviera en esa situación. Cristo tampoco lo
haría. El Papa tampoco lo haría. Al Papa, un 13 de
mayo, en la Plaza de San Pedro, por poco lo matan, y yo me
preguntaba anoche mientras escribía estas palabras: si el
Papa viera venir al agresor y tuviera un arma en su mano ¿se
hubiera defendido? No, no se hubiera defendido, porque él es
el vicario de Jesucristo y Jesucristo le abrió los brazos a
los enemigos y murió. Eso es lo que necesitamos, tener una
posición radical en la calidad del evangelio que es la
única que cambia la historia.
Ahora lo que hay es mucha hipocresía, y por eso dije que
no quería entrar en el debate parlamentario. Pero sí
me parece que los diputados del partido en el gobierno, que son
cristianos, que son practicantes, que están en gracia de
Dios, que comulgan los domingos, tienen un problema de conciencia,
y la disciplina partidaria pasa a segundo plano cuando en
conciencia uno no puede decir que sí. Si a la hora de votar
todos votan que sí, allí hay un gran problema de
conciencia muy mal formada. ¿A qué sacerdote van a
consultar estos diputados practicantes? ¿Al que les va a decir
que está bien lo que están haciendo o al que les va
a cuestionar desde el evangelio? Repito que hay mucha
hipocresía y uno puede caer en la trampa de entrar en el
debate sabiendo que las intenciones son otras. Las intenciones no
son que la delicuencia termine, son otras las intenciones. Perdonen
que sea tan claro, pero alguien tenía que decirlo.
El Papa escribió una encíclica después del
Catecismo, y en ese punto va más allá de la doctrina
tradicional, la de Santo Tomás del siglo XIII. Dice el Papa
una cosa preciosa: que la civilización actual tiene una
repugnancia por la pena de muerte. Imaginemos que condenan al
primero. ¿Va a ser un hombre milloniario o va a ser un
campesino o un obrero? No hace falta ser muy creativo para saber la
respuesta. Imaginemos que van a presenciar el acto quienes han
firmado la pena de muerte, con su esposa y con sus niños
pequeños, y les preparamos un estrado para que contemplen el
espectáculo. ¡Es desastroso, es inhumano, es horrible,
es degradante!
¿Esa es la cultura que queremos para el país? No,
queremos otra cosa, queremos que los niños, ésos que
anoche estábamos viendo en la televisión, en la
teletón, que esos niños tengan un futuro, que sus
familias tengan un porvenir, que los jóvenes tengan
horizonte, que el país apueste a que su mayor riqueza son
las gentes. ¿Para qué los van a matar? Tienen que
darles vida. Esa es la principal responsabilidad de un estadista,
de un gobernante.
Así que me parece que la ocasión es muy buena para
que hagamos conciencia como comunicadores a la gente que se deja
manipular por falta de formación o por falta de
información o por angustia. Tenemos que optar por el derecho
a la vida, a la vida digna, y por el derecho a una verdadera
convivencia democrática, en la que todos podamos participar.
Así que me parece que el Papa, si le fueran a preguntar hoy
a su cama del hospital Gemelli, daría una respuesta muy
interesante, distinta a la que nos da el Catecismo en su
última edición
Monseñor, perdone que insista. Usted decía que no
quería entrar en el debate, sin embargo ya está
dentro de él. Me gustaría ir un poco más
allá y conocer cuáles son esas intenciones que usted
menciona. Desde la óptica de la Iglesia ¿qué se
está vislumbrando en la fracción del partido ARENA?
Ustedes deben distinguir siempre lo que se escribe en una
homilía y lo que se dice ante un micrófono. Y esto,
por favor, ténganlo siempre presente, porque allá uno
da una opinión mucho más oficial, aquí uno es
un ciudadano que también tiene su opinión.
Repito que no hace falta ser muy clarividente para saber que las
intenciones son otras. Claro que hay un problema de delincuencia,
pero las causas de ese problema son las que no se quieren atacar.
Ese es el fondo de la cuestión. Porque atacar las causas
significa cuestionar el mismo modelo económico, el modelo
que se anda ahora proponiendo al mundo como una maravilla, como un
milagro, pero que a la gente la deja más pobre. Y entonces,
¿para quién gobernamos?, ¿para una minoría
o para las mayorías? ¿A quién queremos
favorecer? Entonces el fondo del problema es, para decirlo en pocas
palabras, que no se quiere atacar las causas de la delincuencia,
que no están en la superficie sino que están en el
fondo. Y el fondo significa extrema pobreza, el fondo significa
marginación, significa exclusión, significa falta de
políticas sociales realmente audaces, significa aumento de
la pobreza extrema, aumento del desempleo. Eso es lo que no se
quiere atacar.
Hay otras causas que son internas a las tensiones del partido,
y ésas ustedes las conocen mejor que yo. Pero existen y
quizás también tengan que ver con esta cortina de
humo que es muy irresponsable. Es muy irresponsable porque se
embarca a todo un país en una vorágine para resolver
todos los problemas que tendrían que ser secundarios cuando
se quiere pensar en el país y no en los propios intereses.
Todos los sectores han dado su posición sobre la pena de
muerte, sin embargo la conferencia episcopal aún mantiene
silencio sobre esto. ¿Por qué no hay una
posición oficial de la Iglesia?
Realmente es una buena pregunta la que tú haces. Los
obispos vamos a reunirmos el 30 de octubre. Nos reuniremos en forma
extraordinaria en circunstancias muy, muy, pero muy excepcionales.
No se nos ha convocado para esta cuestión, pero el 30 de
octubre tenemos reunión. No sé en qué punto
estaremos entonces para esta discusión. Quizás nos
falta un mecanismo de convocatoria cuando se siente que hay un tema
que merece una postura común y pública, pero nuestra
próxima reunión va a ser el 30 de octubre. Algunos
obispos están ya haciendo su planteamiento a título
personal como el caso de la diócesis de Chalatenango. Y creo
que si preguntan a otros obispos, también darán su
propia posición.
Comunicado de la Diocesis de Chalatenango
"Sí a la vida, no a la pena de muerte"
El obispo, sacerdotes y religiosas de la Diócesis de
Chalatenango, preocupados por la confusión causada en el
pueblo de Dios por la propuesta de implantar la pena de muerte en
nuestro país, orquestada por una campaña de
propaganda en los medios de comunicación social, nos
pronunciamos en contra de la pena de muerte.
Se ve que la pena de muerte no es disuasiva, ya que en
países donde existe esta pena capital la violencia y la
criminalidad organizada siguen en aumento. Además la
implantación de la pena de muerte no toca la raíz de
nuestros problemas sociales y no es solución para nuestra
problemática.
Si bien es cierto que textos aislados del Antiguo Testamento
pueden tomarse como respaldo de la pena capital, hay que
enmarcarlos dentro de un proceso de revelación continua y
progresiva que va a través de los libros Sapienciales y el
Levítico, que exigen el perdón de las ofensas y que
culmina en Jesús de Nazaret, cuyas palabras en un
sinfín de lugares nos piden el respeto a la vida y el amor
y perdón de los enemigos: "No arranquen la maleza,
déjenla crecer junto con el trigo" (Mateo 13, 24-30).
"Ustedes han oído que se dijo ojo por ojo y diente por
diente, en cambio yo les digo amen a sus enemigos" (Mateo 5, 43-
48). "El que no tenga pecado, lance la primera piedraÉ Yo tampoco
te condeno" (Juan 8, 7-11).
Monseñor Romero, en su última homilía en
catedral, haciéndose eco de las enseñanzas de la
Biblia, nos recordó que, ante una orden de los hombres de
matar, prevalece la ley de Dios que dice "no matarás" (Exodo
20, 13; Hechos 5, 29).
Como Diócesis, ante las enseñanzas de la Biblia,
nos pronunciamos en contra de la pena de muerte y de todo lo que
atenta contra el don sagrado de la vida. Y pedimos a Dios que
ilumine a los legisladores para que se busquen soluciones a los
problemas de nuestro país con métodos más
racionales y justos.
Oyentes de la YSUCA
Mire, yo no estoy de acuerdo con la pena de muerte por la
sencilla razón de que la persona que se considera que cree
en Dios y es cristiano jamás puede pensar en un acto de esa
naturaleza. Porque si bíblicamente se habla de que ojo por
ojo y diente por diente, eso nos parece que es cosa pasada. La
verdad es que con la venida de Nuestro Señor Jesucristo
quedó abolido todo eso, y además El se opuso a la
muerte cuando acusaron a la pecadora: "el que esté libre de
pecado que tire la primera piedra". El está en contra de la
muerte, por lo tanto creo que no es conveniente que se aplique la
pena de muerte (Señor de Santa Tecla).
Bueno yo creo de que no, porque se va a fusilar al que tiene
menos recursos económicos. Al que es poderoso en
economía, a ése no se va a fusilar, o sea que siempre
va a haber esa descriminación hacia el pobre. Pero yo creo
que también las autoridades deben de tomar más en
cuenta lo que el pueblo desea. Y también que se haga
más justicia aquí en el El Salvador (Señora de
Mejicanos).
Yo no estoy de acuerdo porque considero que son varios los
aspectos que contribuyen a que tengamos delincuentes en nuestra
sociedad, y en alguna medida todos, hombres y mujeres, tenemos algo
que mejorar. Porque yo podría comparar todo esto con un
árbol que está dando frutos podridos y me
preguntaría por qué los está dando podridos.
Entonces vienen de las raíces. (Señora de San
Salvador).
Yo no estoy de acuerdo con la pena de muerte porque aquí
la justicia no es pareja. Ahora con la opinión de la Iglesia
católica, del señor arzobispo, también no
estoy de acuerdo, porque si seguimos así vamos a llegar a la
Inquisición que había antes (Señora de San
Salvador).
Julia Elba y Celina.
Mujeres, dadoras de vida
El sábado 12 de octubre arrancaron las conmemoraciones de
los mártires de la UCA. Comenzamos con Julia Elba y Celina.
Hubo una charla sobre "la mujer y la teología" y a
continuación la Eucaristía.
Estas dos actividades estuvieron unidas, pues en la primera
estuvimos reflexionando sobre la marginación de la mujer y
sobre el racismo que todavía perdura en la Iglesia, a pesar
de que uno de los motivos principales de la venida de Jesús
entre nosotros fue precisamente para romper todas estas cadenas,
como nos decía San Pablo en Gálatas 3, 28. Para
romper estas marginaciones, el celebrante llamó a acercarse
al altar a una joven y a una señora para que representaran
a Julia Elba y Celina, y a un señor para representar a don
Obdulio -quien fue un mártir viviente-, y con ellos
presentes en el altar comenzamos la Eucaristía.
En la homilía se recordó la servicialidad cristiana
de Julia Elba, y cómo su fidelidad y amor hacia su familia
y los Padres la llevó a ella también y a su hija a
entregar su vida. Ellas representan para nosotros y nosotras a
todas estas personas que día a día nos van entregando
un poco de sus vida a través de su servicio. Celina, la hija
obediente que ayuda a su madre en los quehaceres. Julia Elba y
Celina, junto con don Obdulio, son representantes de la Iglesia de
los pobres, de los trabajadores y desempleados, de los que viven
pobremente en el campo y las colonias marginales, de las
trabajadoras de las maquilas, pequeñas vendedoras, empleadas
de hogar. Ellas fueron en la tierra predilectas del Señor y
ahora lo siguen siendo en el Reino de los cielos junto con los
innumerables mártires populares. Esta es la fuerza del
compromiso por la liberación que jamás se
apagará, pues sus recuerdos nos impulsan hacia la
utopía del Reino.
Entre las presentes hubo varios testimonios. Uno de ellas fue la
asociación de Julia Elba y Celina, como mujeres dadoras de
vida, en contraposición de la incongruencia del gobierno. La
primera dama de la Nación fue como abanderada a Beijing a
luchar por la vida contra el aborto, y por ello fue premiada
aquí en la Nunciatura con la condecoración Pro
Eclesia et Pontifice, y por otra parte, la semana pasada, con gran
despliegue de publicidad le están apostando a la muerte con
la aprobación de la pena de muerte. ¿Dónde
está la consistencia del Gobierno? ¿Hoy apuesta a la
vida y mañana a la muerte según su conveniencia? Con
esta ley ¿quiénes serán los más
afectados? Las mujeres-madres, las mujeres-esposas, las mujeres-
hijas, las mujeres-obreras, las mujeres-campesinas.
Otro testimonio fue hacernos tomar conciencia de todas estas
abnegadas mujeres que transcurren su vida como empleadas
domésticas, que las consideremos como seres humanos, que las
integremos como parte de nuestras familias, que no les tiremos las
sobras que caen de la mesa y compartamos con ellas el pan. Otra
más reforzó el testimonio anterior e hizo ver que las
mujeres debemos ir siempre adelante en la lucha y ver que el
servicio doméstico llegue a estar cubierto por el seguro
social.
Con la presentación de las ofrendas una trabajadora de la
cafetería de la UCA presentó el pan y nos
recordó que estas dos mujeres representan a todas las
mártires anónimas, y que si no hubieran muerto en
compañía de quienes murieron hubieran sido otras
tantas mujeres anónimas que dieron su vida y que
también ellas la dieron voluntariamente, pues habían
tenido la opción de irse a su pueblo mientras pasaba la
ofensiva, pero no, ellas decidieron quedarse allí, en su
puesto.
Con estas celebraciones siempre salimos un poco mejores que como
entramos, con más ánimo para seguir trabajando por el
Reino y con más esperanza, y le pedimos a Jesús, a
aquel que vino a estar entre nosotros y dio su vida para que la
tuviéramos en abundancia, que nos inspire para que
trabajemos por una cultura de la vida, de la justicia y del amor.
Masacre al amanecer
En el verano de 1989, la historia en El Salvador se repite. Un
grupo de sacerdotes jesuitas y dos de sus colaboradoras derramaron
su sangre inocentemente.
No es fácil recordar esa cruda experiencia. Después
de las matanzas del Mozote, de Rutilio Grande, de Monseñor
Romero, para cerrar "con broche de oro¬, ocurre el inesperado
asesinato de los Jesuitas y sus dos colaboradoras.
"Debemos sacar a Ellacuría para matarlo", era el mensaje
a través del programa "Micrófono abierto¬ de Radio
Cadena Cuscatlán, un trece de noviembre de 1989. En
él se acusaba a los Jesuitas de la ofensiva perpetrada entre
militantes del ejército y el FMLN.
La memoria de estos asesinatos me cuestiona por la sencilla
razón de que, en este tiempo, difícilmente alguien da
la vida por otro. Al observar sesos tirados, caras deshechas, ojos
sacados, paredes ensangrentadas, cuadros quemados, máquinas
destruidas, todo ello frutos de masacres, lo más
sorprendente es ver también sangre derramada de estos
hombres inocentes, que no llevaban la misma sangre
salvadoreña, pero sí la misma sangre que Cristo
derramó en favor de todo el mundo.
La masacre de la UCA es algo inaudito que toca los límites
de la injusticia, una masacre en la que borraron todos los
testigos.
Ciertamente, la historia de los mártires de esta
época y de otras tierras nos motiva. Su testimonio de vida
nos hace reflexionar si la paz realmente se logra por medio de las
armas o por una vía justa y razonable.
Milady Lorena Cruz
estudiante de la UCA
HACE SIETE AñOS
"El mismo odio que asesinó a Monseñor Romero es el
que asesinó a los Padres jesuitas, a Julia Elba y Celina",
Monseñor Rivera.
"El miércoles 15, Elba se llevó ropa para el
teologado por si no podían regresar por la tarde y
tenían que quedarse a dormir allí. Los estudiantes
teólogos les dijeron que se quedaran, pero ella no quiso
porque no quería estar lejos de su esposo. Su fidelidad la
levó a la muerte a ella y a su hija ", Estudiante jesuita.
"Al otro lado de la línea, en Londres, me hablaba un gran
amigo mío. Comenzó con estas palabras: "Ha ocurrido
algo terrible". "Ya sé", le contesté.
"Ellacuría". Pero no sabía. Me preguntó si
estaba sentado y si tenía algo para escribir. Le dije que
sí, y entonces me contó lo que había sucedido.
"Han asesinado a Ignacio Ellacuría". Me quedé en
silencio y no escribí nada. Pero mi amigo continuó:
"Han asesinado a Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró,
Amando López, Juan Ramón Moreno y Joaquín
López y López".
Mi amigo leía los nombres despacio y cada uno de ellos iba
resonando como un martillazo que recibía en total
impotencia. Yo los iba escribiendo esperando que la lista terminase
después de cada nombre que iba mencionando. Pero no, a cada
nombre seguía otro, y así hasta el final. Toda mi
comunidad había sido asesinada.
Y lo que vino después me indignó de manera
especial. Con los jesuitas fueron asesinadas dos mujeres, Julia
Elba, la cocinera que atendía a los padres y estudiantes
jesuitas, y su hija Celina. Vivían en una casita que estaba
a la entrada de la universidad y, por miedo a la situación,
pidieron a los padres pasar la noche en nuestra casa donde se
sentían más seguras. También ellas fueron
inmisericordemente asesinadas para que no hubiera testigos", Jon
Sobrino.
La Quezalte. Una Comunidad viva
Los hechos de la Quezalte son conocidos y ya los comentamos en
la anterior Carta a las Iglesias: destitución del P.
Cardenal y reacción de la comunidad. Esto ha causado
conmoción: visitas a la curia, cartas de protesta y de
apoyo, manifestaciones críticas en la reunión
del clero. Como muestra de ello publicamos el comunicado de
los jesuitas. Pero sobre todo ha mostrado la madurez y calidad
de la comunidad cristiana que sigue decidida a trabajar, con
respeto y firmeza. Sobre esto publicamos el siguiente
testimonio. Añadimos, por último, una
reflexión de Mons. Ricardo Urioste.
La Iglesia que Jesús quería
A mediados de la semana pasada fuimos con dos compañeros
a visitar y solidarizarnos con la comunidad de la parroquia
Quezaltepec, a quienes le habían quitado a su párroco
de varios años. Ellos habían escrito un comunicado de
protesta muy fuerte (ver Carta a las Iglesias No.362) y nos
enteramos que estaban muy dolidos.
Llegamos y nos encontramos con la hermana Juanita, que es quien
ha llevado la organización pastoral, y a una persona miembro
del Consejo Pastoral. Después de conversar con ellas y
expresarles nuestra solidaridad, les preguntamos qué
pensaban hacer. Nos respondieron que el interés de ellas era
que el trabajo de la parroquia continuara y que se llevara a
término todo el plan pastoral que tenían hasta para
el año 1997, que colaborarían con el nuevo
párroco, pero que lo que no tolerarían era la
presencia del vicario, pues para ellas no era una persona digna de
fiar. Nos gustó mucho a nosotros su modo de pensar, nos
pareció muy bien que hubieran protestado por la
destitución de su párroco sin ningún motivo
justificable, solamente por puro criterio del arzobispo, quien les
dijo que la Iglesia era jerárquica por lo cual tenían
que acatar la decisión. Nos despedimos y, al renovarles
nuestra solidaridad y ponernos a sus órdenes, nos invitaron
a acompañarlos a la misa del siguiente domingo en la que el
nuevo párroco tomaría posesión.
Salimos de la Quezalte pensando qué podría pasar
ese domingo, pues en el ánimo de los parroquianos
había mucho descontento. El Consejo de Pastoral se
mantenía muy sereno y dispuesto a continuar su trabajo,
aunque sabíamos lo molestos que estaban. El sábado
entregarían la parroquia oficialmente al Vicario y al nuevo
párroco en presencia de Monseñor Urioste.
El domingo me preparé para ir a la misa de la Quezalte a
las 9 de la mañana. La iglesia estaba llena, como de
costumbre. Saludé a Monseñor Urioste que ya estaba
listo para revestirse y me alegré de ver otras caras
conocidas. La parroquia, como siempre, muy organizada con sus
encargados recibiendo a los parroquianos y buscándoles
ubicación en las bancas. Toda la celebración muy
ordenada, bien preparada, con su monitora, el coro, los lectores,
las peticiones.
Las lecturas cayeron como anillo al dedo para el cambio de
párroco, y Monseñor Urioste supo utilizarlas muy bien
para limar aristas que hubiera dentro de la comunidad. Dentro de
las palabras que dijo, nos comentó que las parroquias no son
de nadie, no le pertenecen a ningún párroco, ni al
papa, ni al obispo tampoco, que ellos son nombrados para
administrarlas y hacerlas producir buenos frutos. Que los dos
párrocos anteriores, el P. Montes y el P. Cardenal
habían sembrado buena semilla, buenas cepas (de viña)
y que ahora estábamos viendo los frutos cosechados en esa
comunidad que estaba tan bien organizada, y que al nuevo
párroco le tocaba cuidar estos árboles para que los
frutos no se malograran.
Al final el nuevo párroco dirigió una palabras a
los fieles. Les dijo que él deseaba trabajar a la par de
ellos, que le tuvieran paciencia porque le iba a tomar su tiempo el
irlos conociendo, aprender sus nombres, que él iba a
aprender bastante con ellos. Después, la bendición
impartida por Monseñor Urioste, el canto final y la
procesión de salida.
Esa fue una mañana muy especial para mí.
Salí muy confortada y sumamente contenta de ver la madurez
de esa comunidad. Indudablemente que el P. Montes sembró una
buena cepa y el P. Cardenal ha sabido abonarla, podarla, cuidarla,
y este es el buen fruto que estamos viendo. Esperamos que el
Espíritu Santo derrame también su espíritu
sobre el nuevo párroco y esa comunidad siga creciendo en
madurez, sabiduría y compromiso.
Comunicado de los Jesuitas
El consejo de la Compañía de Jesús en El
Salvador, ante los sucesos ocurridos en la parroquia de Cristo
Resucitado en la Colonia Quezaltepec, suscitados en torno a la
sustitución del P. Rodolfo Cardenal, hace del conocimiento
público lo siguiente.
1.- Nos sentimos solidarios con la labor realizada en dicha
parroquia por el P. Rodolfo Cardenal. Aunque con poco tiempo
disponible, ha sabido acompañar y contribuir al dinamismo
apostólico existente entre los laicos y religiosas de la
parroquia y ha dado ejemplo, durante su ministerio, de
espíritu de servicio y cercanía a la gente.
2.- Nos sentimos también solidarios con el grupo de laicos
y laicas, religiosas y agentes de pastoral, que durante largos
años han ido construyendo una comunidad viva y fecunda. Son
personas que durante largos años han seguido las
recomendaciones del Papa Juan Pablo II, en el sentido de que los
laicos "tomen parte activa, consciente y responsable en la
misión de la Iglesia en este decisivo momento de la
historia" (Christi fideles laici, 3). Lamentamos, en este sentido,
que personas responsables y comprometidas en la construcción
de una comunidad eclesial no hayan sido consultadas en lo que
respecta a la sustitución del P. Rodolfo Cardenal. Muchos de
ellos han entregado un considerable número de años a
la construcción de una comunidad eclesial viva y
merecían ser oídos tanto a la hora de esbozar el
perfil del párroco que se puede adaptar a sus necesidades,
como en el momento de realizar cambios de importancia en la
comunidad.
3.- En la última visita episcopal que tuvo la Parroquia
Cristo Resucitado, en 1994, el entonces Arzobispo, Mons. Arturo
Rivera Damas, dejó constacia de la excelente labor realizada
por religiosas y laicos, y por el apoyo que a los mismos brindaba
el P. Cardenal. Dado que posteriormente no se ha vuelto a realizar
una visita pastoral a esta parroquia de parte del nuevo arzobispo,
recomendamos que, de parte de la autoridad eclesiástica, se
lleve a cabo un diálogo fraterno con el Consejo Parroquial
de la Parroquia de Cristo Resucitado, sobre el problema que en este
momento les afecta. Si la Iglesia recomienda que con las
comunidades religiosas no católicas se mantenga un
diálogo que abarque la vida, la acción, la
experiencia religiosa y el intercambio teológico, con
cuánta más razón debemos buscar un
diálogo hondo y sincero ante problemas que afectan la vida
y esperanzas de una comunidad parroquial de nuestra propia Iglesia.
San Salvador, 1 de octubre, 1996.
Mons. Belo, obispo de Timor Oriental, Premio Nobel de la Paz
Monseñor Carlos Felipe Ximenes Belo, obispo
católico, y José Ramos Horta, representante del
movimiento independentista de Timor Oriental, han sido galardonados
con el Premio Nobel de la Paz por su defensa de los derechos
humanos y su larga labor para alcanzar una solución
pacífica al grave conflicto del país.
Timor Oriental, isla del pacífico, antigua colonia
portuguesa, fue invadida por Indonesia en 1975 y anexionada al
año siguiente. Las Naciones Unidas siguen considerando a
Portugal como el administrador legal. En esta situación hay
un movimiento independentista y contrario al invasor. Por otra
parte, las violaciones a los derechos humanos son pavorosas.
En este contexto hay que comprender el trabajo del obispo Belo,
nacido en 1948 en Wailacalma. De joven entró en los
salesianos de Ossu, Timor. A comienzo de los ochenta fue maestro de
novicios, y en 1988 Juan Pablo II le nombró administrador
apostólico de Dili en un momento muy difícil.
El obispo Belo define así la situación actual.
"Timor Oriental es una pequeña isla, alejada de todos.
Nuestros derechos no están salvaguardados, no tenemos
libertad de palabra ni podemos tener ideas distintas a las del
gobierno, estamos como en una prisión. El mundo debe tener
en consideración que también una pequeña
nación tiene derecho a existir, el derecho a la
autodeterminación".
Desde que fue nombrado obispo, Mons. Belo se ha distinguido por
su lucha contra la represión, y ha condenado las brutales
agresiones y la guerra psicológica que los invasores
aplicaron para destruir la identidad cultural de sus habitantes. En
febrero de 1989, cuando Timor Oriental parecía olvidado del
mundo, escribió al secretario de las Naciones Unidas para
solicitar un referendum que devolviera la independencia a la
antigua colonia y pidió a la comunidad internacional que
proteja a la población que está a punto de
desaparecer. La ONU, sin embargo, se limitó a condenar la
invasión, que costó la vida a unas 200.000 personas.
Por su parte, José Ramón Horta, lider
independentista, dice que "la gente de Timor Oriental ha sufrido
mucho y debe haber un diálogo serio bajo los auspicios de
las Naciones Unidas".
Las consecuencias de este modo de ser obispo son conocidas. Mons.
Belo ha puesto en juego su propia vida y ha sufrido varios
atentados. Dice que en el Vaticano encuentra apoyo en la pastoral
y en lo doctrinal, pero no en el campo diplomático. Es
acusado de hacer política, y él rechaza la
acusación: "Como obispo estoy trabajando para servir al ser
humano. Tal vez en la labor por defender los derechos humanos, la
justicia y la paz algunos vean un gesto político, pero mi
trabajo es únicamente pastoral". En el gobierno invasor la
concesión del premio nobel ha causado sorpresa y
decepción. En Roma, el superior general de los salesianos ha
comparado a Mons. Belo con Mons. Rivera por su trabajo, convencido
de la importancia de la mediación en los conflictos.
Muchas de estas cosas nos suenan muy conocidas. También
en 1979 Mons. Romero fue propuesto para el premio Nobel de la Paz,
aunque no se lo concedieron, quizás porque el mundo
occidental no estaba preparado para ello. De todas formas, es la
misma historia: defensa del pueblo y de los derechos humanos, y
ataques del gobierno y los poderosos. En el caso de Mons. Romero,
hasta la muerte.
La Parroquia de la Quezaltepec en Santa Tecla
Era 1984 y el terreno se veía como el más
"apetecible" por su ubicación en el centro de la Colonia
Quezaltepec, para construir ahí el templo. El dueño
era el IVU y quería desarrollar ahí un complejo
habitacional. Un amigo hizo de intermedario para que el IVU
accediera a venderlo al Arzobispado. La hermana Juanita y los
Padres Segundo Montes y Rodolfo Cardenal, antecedidos por el Padre
Xavier Aguilar, habían empezado a trabajar pastoralmente en
toda la zona. La Eucaristía la celebraron mucho tiempo en la
"Casa comunal" que conseguían prestada. Desde 1982 empezaron
a llegar: Años de los inicios de la labor, lentos,
difíciles, pero la labor pastoral de todos los días
iba produciendo sus frutos. Comprado el terreno se trasladaron bajo
una champa -la gente en el suelo- a celebrar la misa, a la
intemperie. Ellos comenzaron las gestiones en España y otros
países para obtener los fondos para la construcción
del templo. Lo lograron y el templo se inauguró en 1990. El
Padre Montes no lo vio terminado. Lo habían asesinado en
noviembre del 89, junto con sus compañeros jesuitas. Desde
España, la familia de él continuó ayudando
para la guardería, casa parroquial y salón de
reuniones. El templo, arquitectónicamente bello, tiene
cabida para 400 personas.
Todo esto sólo es lo de afuera. Lo más vialioso
está dentro. El fin de semana pasado, hubo una
reunión para exponer todo el trabajo de fe y
evangelización que en esa parroquia realizaron los padres y
la hermana a lo largo de todos estos años. El Padre
Cardenal, la hermana Juanita y, sobre todo, los aproximadamente 25
miembros del Consejo Pastoral ahí presentes, hicieron el
relato de la labor, organización y planificación
pastoral actual. Fue admirable. Era un relato que refleja la
realidad, empiezan con las Asambleas de donde salen los misioneros
que son formados para ir a integrar los círculos
Bíblicos y luego las distintas comisiones: Pastoral
Familiar, juvenil, Catequesis, Evangelización, nueve
sectores en la parroquia. No lo dije, pero lo pensé: Si
todas las parroquias en la Arquidiócesis tuvieran un trabajo
así, tendríamos una diócesis modelo. Quien lo
expresó de algún modo fue el Padre Rogelio Esquivel,
quien dijo, después de escuchar el relato de la experiencia,
que esa organización y trabajo pastoral de la parroquia
Cristo Resucitado de la Quezaltepec se podría presentar como
modelo para la diócesis, igual que el trabajo de la Santa
Lucía o el del Sistema Integral de Evangelización. Le
doy toda la razón.
Al día siguiente, domingo, en el templo había unas
500 personas. El Padre Luis Eduardo Ramírez, joven, con gran
calidad espiritual y humana concelebró la Eucaristía.
Lo recibieron con cariño, regado con lágrimas por la
partidad del Padre Cardenal, y él conducirá como
Sacerdote a tiempo completo la labor pastoral. Para mí
había una mezcla de sentimientos y pensamientos, pero
así fui a cumplir con el encargo dado por el Señor
Arzobispo, en una parroquia para mí muy querida y admirada
por el excelente trabajo que ahí se ha realizado.Mons. Ricardo Urioste
Pena de muerte, crímenes del estado,
pobreza, pánico y los niños (I)
Eduardo Galeano
Eduardo Galeano dice verdades y las dice con gran fuerza.
Ofrecemos ahora un reciente texto suyo del mes de agosto,
ligeramente editado, aparecido en Le monde diplomatique y
reproducido en Co-Latino. El texto cae como anillo al dedo en
nuestra situación actual y la discusión sobre la
pena de muerte.
Los crímenes del estado
El Estado, que jamás va preso, asesina por acción
y por omisión. Crímenes por acción: a fines
del año pasado, la policía militar de Río de
Janeiro reconoció oficialmente que venía matando
civiles a un ritmo ocho veces más acelerado que el
año anterior, mientras la policía de los suburbios de
Buenos Aires cazaba jóvenes como si fueran pajaritos.
Crímenes por omisión: al mismo tiempo, cuarenta
enfermos del riñón murieron en el pueblo de
Caruarú, en el nordeste de Brasil, porque la salud
pública les había hecho diálisis con agua
contaminada; y en la provincia de Misiones, en el nordeste de la
Argentina, el agua potable, contaminada por los plaguicidas,
generaba bebés con labios leporinos y deformaciones en la
médula espinal.
En la era de las privatizaciones y el mercado libre, el dinero
se propone gobernar sin intermediarios. ¿Cuál es la
función que se atribuye al Estado? El Estado debe ocuparse
de la disciplina de la mano de obra barata, condenada a salarios
enanos, y a la prisión de las peligrosas legiones de brazos
que no encuentran trabajo: un Estado juez y gendarme, y poco
más. De los otros servicios públicos ya se
encargará el mercado, y de la pobreza, gente pobre, regiones
pobres, ya se ocupará Dios, si la policía no alcanza.
La administración pública sólo puede
disfrazarse de madre piadosa muy de vez en cuando, atareada como
está en consagrar sus menguadas energías a las
funciones de vigilancia y castigo. En el proyecto neoliberal, los
derechos públicos se reducen a favores del poder, y el poder
se ocupa de la salud pública como si fueran formas de la
caridad pública.
La hipocresía, el encubrimeinto y el arte de borrar huellas
Mientras tanto, crece la pobreza y crecen las ciudades y crecen
los asaltos y las violaciones y los crímenes. "La
criminalidad crece mucho más que los recursos para
combatirla", reconocen el Ministerio del Interior del Uruguay. La
explosión del delito se ve en las calles, aunque las
estadísticas oficiales se hagan las ciegas y los gobiernos
latinoamericanos confiesen, de alguna manera, su impotencia. Pero
el poder jamás confiesa que está en guerra contra los
pobres que genera, en pleno combate contra las consecuencias de sus
propios actos. "La delincuencia crece por culpa del
narcotráfico", suelen decir los voceros oficiales, para
exonerar de responsabilidad a un sistema que arroja cada vez
más pobres a las calles y a las cárceles y que
condena cada vez más gente a la desesperanza y la
desesperación.
Las cumbres irradian el mal ejemplo de su impunidad. Se castiga
abajo lo que se aplaude arriba. El robo chico es delito contra la
propiedad, el robo en gran escala es derecho de los propietarios:
uno es asunto del código penal, el otro pertenece a la
órbita de la iniciativa privada. El poder, que elogia al
trabajo y a los trabajadores en sus discursos pero los maldice en
sus actos, sin pudor alguno recompensa la deshonestidad y la falta
de escrúpulos. La respetable tarea tiene por
cómplices a los grandes medios de comunicación, que
mienten callando casi tanto como mienten diciendo.
Los medios, la histeria colectiva y la gente que pide la pena de
muerte
Y mientras el poder enseña impunidad, esos grandes medios,
y sobre todo la televisión, difunden mensajes de violencia
y de consumismo obligatorio. Una reciente investigación
universitaria reveló que los niños de Buenos Aires
ven, cada día, cuarenta escenas de violencia en la pantalla
chica. ¿Cuántas escenas de consumismo ven? ¿A
cuántos ejemplos de despilfarro y ostentación asisten
cada día? ¿Cuántas órdenes de comprar
reciben los que poco o nada pueden comprar? ¿Cuántas
veces por día se les taladra la cabeza para convercerlos de
que quien no compra no existe, y quien no tiene no es?
Paradójicamente, la televisión suele transmitir
discursos que denuncian la plaga de la violencia urbana y exigen
mano dura, mientras la misma televisión imparte
educación a las nuevas generaciones derramando en cada casa
océanos de sangre y de publicidad compulsiva: en este
sentido, bien podría decirse que sus propios mensajes
están confirmando su eficacia mendiante el auge de la
delincuencia.
Las fábricas de opinión pública, echan
leña a la hoguera de la histeria colectiva, y mucho
contribuyen a convertir la seguridad pública en
obsesión pública. Cada vez tienen más ecos los
gritos de alarma que se pronuncian en nombre de la población
indefensa ante el acoso del crimen. Se multiplican los asustados,
y los asustados pueden ser más peligrosos que el peligro que
los asusta. Para acabar con la falta de garantías de los
ciudadanos, se exigen leyes que supriman las garantías que
quedan; y para dar más libertad a los policías, se
exigen leyes que sacrifican la libertad de todos los demás,
incluso en países como Uruguay, donde las
estadísticas confiesan que los policías son, en
proporción, los ciudadanos que más delitos cometen.
No sólo los vividores de la abundancia se sienten
amenazados, también la clase media y también
numerosos sobrevivientes de la escasez: pobres que sufren el asalto
de otros pobres más pobres o más desesperados. En
sociedades que prefieren el orden a la justicia, hay cada vez
más gentes que aplaude el sacrificio de la justicia en los
altares del orden: hay cada vez más gente convencida de que
no hay ley que valga ante la invasión de los que
están fuera de la ley. Hay un clamor creciente por la pena
de muerte en la opinión pública de varios
países latinoamericanos; y las matanzas de niños por
los escuadrones parapoliciales de la muerte en Bogotá,
Río de Janeiro o la ciudad de Guatemala, son pública
o secretamente aplaudidas por un sector considerable de la
sociedad. Se considera normal la tortura del delincuente
común, o de quien tenga cara de ello; y llama la
atención el silencio de algunos organismos de derechos
humanos, en países donde la policía tiene la
costumbre de arrancar confesiones mediante métodos de
tortura idénticos a los que las dictaduras militares aplican
contra los presos políticos. (Continuará).