UCA

Universidad Centroamericana José Simeón Cañas



Carta a las Iglesias

© 1996 UCA Editores





CARTA A LAS IGLESIAS, AñO XVI, No.363, 1-15 de octubre, 1996



  Diputados que buscan la muerte y mártires que dan vida

                                

  El debate sobre la pena de muerte ha terminado, por ahora, y la

pena de muerte ha quedado aprobada. Decimos "por ahora" porque le

toca a la próxima Asamblea sancionar definitivamente esta

aprobación, y sobre todo porque el debate permanece, pues no

se trata sólo de estar en contra o a favor de la pena de

muerte, sino de propiciar la humanización o

deshumanización del país.



La deshumanización que generan gobierno y diputados



  Con la pena de muerte avanza la deshumanización en el

país. 1. Con ella se solidifica la cultura de la muerte, y

aunque sea triste llamarla así, así es, pues, como en

la agricultura, esta cultura actual hace crecer la muerte, la

muerte rápida de ajusticiamientos y delincuencia, y la

muerte lenta de la pobreza por causa de la injusticia. 2. Se

canoniza la hipocresía. "Estamos respondiendo al clamor

popular", dicen gobierno y diputados de ARENA. ¿Y el clamor

popular, mucho más ruidoso, contra la pobreza, el IVA y el

desempleo? Hipocresía, pues. 3. Se ríen y burlan del

Papa. Dinero y campos pagados para preparar su visita en febrero.

Fotos junto a él, sonrisas y promesas de serle fiel. Pero

que el Papa esté contra la pena de muerte no les importa. La

diócesis de Chalatentango, con su obispo a la cabeza, y

Mons. Rosa se han mostrado también decididamente en contra.

Sin embargo, flaco servicio ha prestado el arzobispo, en quien el

gobierno y la asamblea no han visto un serio obstáculo a sus

propósitos. 4. ARENA, el partido en el gobierno y

mayoría en la Asamblea, hace algunos años

decidió cambiar los métodos de su fundador,

métodos "a sangre y fuego", como decía Mons. Rivera.

Parecía que habían desaparecido, pero los instintos

permanecen. 5. La votación según línea de

partido, increiblemente unánime en asunto tan delicado,

significa que el partido -y el dinero- están por encima de

la conciencia.

  Si ponemos todo esto junto: cultura de muerte, hipocresía,

burla e irrespeto, instintos de "sangre y fuego", silenciar la

propia conciencia, no podemos negar que nos deslizamos por la

pendiente de la deshumanización.



La humanización de los mártires que dan la vida



  Por coincidencia, esta misma semana han comenzado en la UCA las

misas del VII aniversario de los mártires. Recordamos a

Julia Elba y Celina, mujeres salvadoreñas, dadoras de vida,

servidoras, fieles hasta el final, que nunca pensaron en solucionar

nada derramando sangre, y que permanecieron en un lugar peligroso

para estar cerca de los padres, acompañarles y servirles,

aunque ello les costó la vida.

  Ni el gobierno ni la asamblea legislativa, ni la

oligarquía ni la fuerza armada, han reconocido a estos

mártires, ni han pedido perdón por su co-

rresponsabilidad, mayor o menor, en sus muertes. En contra de lo

dicho, los mártires ponen la verdad por encima de la

mentira, la honestidad por encima de la hipocresía, la

conciencia por encima del dinero y la conveniencia, la lealtad por

encima de la burla. Así propician la cultura de la vida, nos

humanizan y hacen crecer la vida.

  Y terminemos con una rectificación-aclaración. En

el pasado número publicamos la conmovedora carta de

Christian de Cherge, monje cisterciense en Argelia, a quien le iba

a asesinar, y decíamos que la había escrito "poco

antes de ser asesinado". La verdad es -de ahí la

rectificación- que la escribió tres años

antes, cuando el gobierno francés comunicó a la

comunidad de cistercienses la posiblidad de ser asesinados y les

pidió que abandonaran el país. Esto significa que

Christian previó su muerte y sin embargo se mantuvo fiel en

Argelia, dando testimonio de Dios y de la fraternidad entre

cristianos y musulmanes. Como en la caso de Jesús, "no le

quitaron la vida, sino que la dio libremente". El amor, la

fidelidad y la libertad que expresa esa muerte martirial son

también humanizadoras.





             Aprobación de la pena de muerte.

El Salvador en el Informe de Desarrollo Humano deNaciones Unidas







ARENA se sale con la suya

  Tras varias semanas de discusión pública y de una

intensa campaña publicitaria, ARENA pudo sacar adelante su

propuesta de reformar el Artículo 27 de la

Constitución Política para que los acusados de

secuestro, homicidio agravado y violación puedan ser

sentenciados con la pena de muerte. A los 40 votos se sumaron los

votos del PCN (4), diputados independientes (3) y uno del PDC, con

lo cual se alcanzaron los 48 votos necesarios para aprobar la

reforma constitucional, que sin embargo tendrá que ser

ratificada por la próxima legislatura. Por su parte, el

FMLN, el PRSC, el PD y la Convergencia Democrática -que en

conjunto sumaron 23 votos- fueron tajantes en su rechazo a la

medida, por considerar que la misma, más que ser una

solución a la problemática de la delincuencia del

país, es una muestra de la incapacidad del gobierno para

elaborar y poner en práctica mecanismos más

integrales de prevención y control de la criminalidad.

  Varias cosas llaman la atención en la decisión de

la Asamblea Legislativa. La primera es el servilismo mostrado por

los diputados del PCN, los independientes y el del PDC hacia ARENA.

Ante una situación que exije un máximo de seriedad y

racionalidad, se han impuesto los favores que se han recibido o que

esperan recibir, así como los pactos y las negociaciones

oscuras entre quienes, se supone, han sido electos para defender

los intereses ciudadanos y no los intereses de un grupo particular.

Es inaceptable la subordinación de algunos diputados a las

decisiones de ARENA; es inaceptable que esa subordinación

esté motivada por intereses mezquinos. Así como es

necesario rechazar la sumisión incondicional de los

diputados a los dictados de su partido, es necesario rechazar aun

con mayor fuerza la sumisión de aquéllos a los

dictados de un partido que no es el suyo, sobre todo cuando se

sospecha que en ello intervienen regalías políticas

y económicas.

  En segundo lugar, ARENA ha demostrado que es capaz de imponer su

poder de persuasión -para lo cual los medios han sido

decisivos- por sobre los fueros de la argumentación

racional. La razón indica que la pena de muerte no

resolverá los problemas de criminalidad en el país,

pero el Presidente Calderón Sol, el Ministro de Seguridad y

los miembros del partido creen que sí. Como en su

lógica, lo que ellos piensan debe ser aceptado por todos sin

discusión, entonces la pena de muerte tiene que imponerse en

el país. Y, de ese modo, todo el aparato

propagandístico de ARENA -apoyado por el amarillismo de

algunos medios y la voz ambigua del Arzobispo de San Salvador- se

pusieron en función de lograr aquel objetivo.

  No se impuso la decisión más razonable, sino la que

se generó en los círculos de poder de la derecha.

ARENA hizo de la ampliación de la pena de muerte un asunto

en el cual tenía que demostrar a propios y extraños

quién tiene el poder en El Salvador. Una vez más,

pues, el poder se impuso sobre la razón; el autoritarismo

sobre la democracia. La gran perdedora es la sociedad que impotente

ve cómo el Estado se atribuye la función de

administrar la muerte sin que importen los costos éticos y

humanos que ello pueda traer consigo.



Informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidas



  Recientemente fue presentado el último Informe sobre el

Desarrollo Humano (IDH), elaborado por el Programa de las Naciones

Unidas para el Desarrollo (PNUD). Este informe presenta una

visión alternativa a los indicadores económicos para

evaluar el nivel de desarrollo de los países, pues el Indice

de Desarrollo Humano considera no solamente el ingreso per

cápita de un país, sino también la

situación del acceso a la educación y la salud, la

última de las cuales se refleja en la esperanza de vida.

Para el PNUD la situación ideal que sirve de

parámetro para evaluar el desarrollo humano es que exista

una esperanza de vida de 85 años, acceso a la

educación para todos y un ingreso anual cercano a los

U$5,120 dólares.

  El IDH ofrece importantes pistas para evaluar el nivel de

desarrollo del país, aunque de acuerdo al Presidente de la

República, Armando Calderón Sol, el informe es

"injusto", pues no considera todos los avances alcanzados en

materia de desarrollo durante los últimos años. Al

margen de estas valoraciones no puede negarse que este informe es

una alternativa de evaluación económica y social que

trasciende las meras valoraciones del ámbito

macroeconómico. En oposición a informes de empresas

calificadoras de riesgos financieros que catalogan al país

como "seguro" para la inversión, el IDH considera la

evolución de las condiciones sociales para evaluar el nivel

de desarrollo de cada nación.

  Uno de los principales aspectos del informe es el

señalamiento de que muchos países, incluido El

Salvador, experimentan un nuevo fenómeno: crecimiento

económico sin mejorías de las condiciones de vida.

Ello quiere decir, específicamente, que presentan los mismos

niveles de ingreso reportados para la década de 1970.

Algunas conclusiones generales del informe son las siguientes: "el

crecimiento económico no crea empleos en forma

automática"; "pueden aumentar los empleos incluso cuando se

reduce el ingreso per cápita. En esos países de

'empleos sin crecimiento', se multiplican los empleos con salarios

bajos y de escasa productividad, de manera que la gente trabaja

más por menos".



El Salvador en el lugar 115



  En términos generales, entre 1995 y 1996 El Salvador no

avanzó ni retrocedió en la clasificación de

desarrollo humano, pues se mantuvo en la misma posición: la

115. Sin embargo, si consideramos que para 1994 la posición

ocupada por El Salvador era la 112 es evidente que desde entonces

se ha suscitado una caída en el nivel de desarrollo humano.

El Salvador se encuentra así cada vez más cerca de

ser clasificado como una nación con un desarrollo humano

bajo, e incluso se considera menos desarrollado que otros

países centroamericanos como Costa Rica, Guatemala y

Honduras que ocupan los lugares 31, 112 y 114 dentro de la

clasificación del IDH.

  Aparte de lo anterior, llama la atención que el nuevo

aporte presentado por el Informe sobre el Desarrollo Humano es la

inclusión de una clasificación de los distintos tipos

de crecimiento: sin empleo, despiadado, sin voz, sin raíces

y sin futuro. Todos los tipos de crecimiento anteriormente

mencionados entrañan contradicciones que no permiten que el

crecimiento económico se traduzca en mayor desarrollo

humano.

  En El Salvador, desde 1990 se ha experimentado un proceso

sostenido de fuerte crecimiento económico, el cual, sin

embargo, no se ha traducido en mejorías de las condiciones

de vida. Desde 1990 a 1995 el Producto Interno Bruto ha crecido en

un total de 34.4%, mientras que, por el otro lado, los IDH reflejan

una caída de El Salvador en la clasificación de

países según su desarrollo humano.

  El tipo de crecimiento experimentado en El Salvador ha estado

basado en sectores económicos como el comercio, la

construcción y el sector financiero; lo cual ha restado

protagonismo a los sectores agropecuario e industrial. El empleo

generado han sido en realidad "empleos sin crecimiento" en los

cuales la "gente trabaja más por menos" (recuérdese

por ejemplo el caso de la maquila textil). El salario mínimo

nominal, aunque ha experimentado incrementos anuales

continúa siendo totalmente insuficiente para cubrir el costo

de la canasta básica.

  El crecimiento económico tampoco ha permitido que el

Estado oriente mayores recursos para el área social. Aunque

en la práctica se ha logrado incrementar la

recaudación tributaria con impuestos que afectan las

mayorías de bajos ingresos, como el IVA, no se ha

incrementado la proporción del gasto público

destinado a la educación y la salud. Así, el acceso

a estos dos derechos humanos no ha experimentado ninguna

mejoría, pues no ha logrado aumentar su participación

dentro del total del Presupuesto General de la Nación. Por

ejemplo, en 1990 el gasto total en educación y salud

representó un 25.49% del total de presupuesto de la

nación, mientras que en 1995 representó sólo

un 23.83% del mismo.

  Otro indicador de la situación de El Salvador revelado por

el IDH es que presenta los mismos niveles de ingreso per

cápita de la década de 1970; lo cual implica que pese

al crecimiento experimentado durante esa década, parte de la

de los 80 y lo que va de la de los 90, el ritmo de crecimiento de

la producción continua siendo menor que el correspondiente

a la población. Cabe señalar a este punto que al

considerar el ingreso per cápita también es

pertinente considerar la situación de la distribución

del ingreso al interior de los países. Aún y cuando

un país obtenga un ingreso per cápita anual de

U$5,120, la distribución del ingreso podría

determinar que la mayoría de la población en realidad

percibiera sólo una pequeña fracción de ese

ingreso, mientras una minoría percibiría mucho

más de U$5,120.

  Aunque la posición de El Salvador no ha variado

sustancialmente entre los IDH de 1995 y 1996, es evidente que se

encuentra en una situación más difícil que los

demás países centroamericanos, excluyendo Nicaragua.

El crecimiento económico observado en El Salvador se ha

caracterizado por facilitar que los ricos se vuelvan más

ricos sin que los pobres mejoren su situación, por impedir

una mayor democratización y potenciación del papel de

la mayoría de la población y por despilfarrar los

recursos que serán necesarios para las generaciones futuras.

Asimismo, además de un estancamiento del ingreso per

cápita a los niveles de los 70, existe un retroceso en el

gasto público en educación y salud que también

han perjudicado el desarrollo humano.

  Este panorama muestra claramente que la liberalización y

crecimiento de la economía no necesariamente son

sinónimo de mayor desarrollo humano. El vínculo entre

crecimiento y desarrollo no es automático, por lo cual

requiere de una fuerte y decidida intervención del Estado.

  Para impulsar procesos de desarrollo humano en El Salvador es

necesario que el Estado tome con mayor seriedad la necesidad de

reforzar los presupuestos de educación y salud y que

además facilite la desconcentración en la

distribución del ingreso. Sin embargo, la realidad muestra

que éstas no son parte de las prioridades del plan de

desarrollo del actual gobierno ni de ningún otro de corte

neoliberal, por lo cual podría esperarse que, al menos en el

corto plazo, el crecimiento económico continúe

negando la posibilidad del desarrollo humano.





 "Los diputados de ARENA tienen un gran problema de conciencia"

Conferencia de

   prensa de Monseñor Rosa Chávez, 6 de octubre.

                                

                                

  Monseñor, ¿cree usted que estamos en un compás

de espera para que la propuesta de ARENA sobre la pena de muerte se

reconsidere o es un hecho y ya está todo previamente

fabricado?



  Yo no quería entrar en el debate parlamentario, porque

estoy convencido de que se trata de una manipulación, de que

no es un debate serio. Pero he sentido tal clamor en la gente, tal

inquietud por ver claro, sobre todo en gente ligada a la Iglesia y

que tienen responsabilidades como agentes de pastoral, que me he

visto obligado a tocar el tema en mi homilía y he querido

dar un enfoque un poco diferente a los argumentos que uno escucha

en el debate cotidiano.

  Ante todo he de subrayar que el Papa nos da una gran

lección cuando aboga por la cultura de la vida en un

documento, que por cierto causó problemas en Roma, porque

contradecía la doctrina del catecismo recién aprobado

por el Vaticano. Tanto que el Cardenal Ratzinguer dijo "corrijamos

el Catecismo". Esto quiere decir que hay una evolución en la

humanidad, y esto es sumamente importante. Hay una evolución

hacia una opción radical por la vida -sólo veamos

toda la discusión del tema ecológico. Entonces, un

país que no entre en esa dinámica está

actuando en favor de una cultura de muerte, está generando

una actitud que va destruyendo a la persona.

  Mi segundo argumento son las acciones del Papa pidiendo que fuera

indultada gente condenada a muerte. Y eso muy cerquita de nosotros,

en Guatemala: dos peticiones solemnes y públicas del Papa,

y dos negativas. Y quise hacer una reflexión al preguntarme

cómo fue recibido el Papa entre nosotros con tanta

solemnidad, con tanto respeto, con tantas muestras de

adhesión por parte del gobierno, y el gobierno ahora

está con esta campaña. ¿En qué quedamos?

No es serio, en absoluto. No es serio.

  Por eso no quería entrar en el debate, porque me parece

que está viciado de raíz. Si el argumento fuera el

clamor popular, preguntemos entonces: ¿y el clamor popular por

la extrema pobreza?, ¿y el clamor popular cuando

querían implantar el IVA?, ¿y el clamor popular porque

la gente no tiene trabajo y porque la vida sube más cada

día? Este clamor no se oye. Eso es lo grave. Y en el fondo,

ése es el problema.

  Repito. Tenemos que ser un país que opte por la vida,

comenzando por sus gobernantes. Este ha sido un poco el enfoque que

he querido dar al tema, porque hay gran inquietud en el país

por este asunto de la pena de muerte.



  Monseñor, buenos días. Los niveles de pobreza vemos

que cada día se incrementan en El Salvador y prueba de ello

son los pobres que se concentran en las entradas de la

Basílica. Y no se ve una pastoral de acompañamiento

por parte de la Iglesia. ¿A qué se debe?



  Bueno, toquemos el tema en dos dimensiones. Primero, éste

es un país de contrastes. Por una parte se dice que somos un

país muy bueno para invertir y se recomienda que se invierta

acá. Y por otro se dice -un organismo de las Naciones Unidas

lo afirma- que somos el país ciento quince en cuanto a

desarrollo humano. Somos un país de contrastes

también al interior: hay mucha riqueza en pocas manos. Y hay

dos clases de justicia, una para los que tiene cuello blanco y otra

para los descalzos. Y esto no puede seguir así.

  Dentro de la Iglesia también tenemos que hacer un trabajo

y dejarnos cuestionar por los pobres todos los días, porque

el Señor Jesucristo nos está clamando también

a nosotros, los que tenemos en la Iglesia una responsabilidad. La

Iglesia está pasando de una visión asistencialista en

la que al pobre se le daban unos cuantos granos de frijol y de

arroz, a una visión de promoción humana, donde el

pobre sea protagonista de su propio desarrollo. La idea la tenemos

clara. Entonces, en todas las parroquias tenemos que convertir los

programas de proyectos concretos. Los pobres siempre van a

cuestionarnos. Y en ellos Cristo nos dice algo muy importante.



  Mi primera pregunta es ¿cuál es su opinión con

respecto al caso del Padre Cardenal y el Derecho Canónico?

Parece una incoherencia decir que él no tiene tiempo y a la

vez le ofrecieron otra parroquia. La segunda representa un poco el

sentir del pueblo cristiano y religioso sobre las medidas de la

Iglesia. Hay un malestar patente en esa comunidad, ante medidas

como éstas después del Vaticano II y las Asambleas

Episcopales en América Latina. ¿No hay posibilidad de

consulta a la comunidad, de tomar en cuenta su sentir?



  Pasemos a responder conjuntamente las dos preguntas. Esta

mañana está en la parroquia de Quezaltepec

Monseñor Ricardo Urioste. Lleva una misión y va a ser

importante lo que pase hoy en la comunidad. Monseñor Urioste

ha sido delegado para que se acerque a este problema directamente,

en contacto con la gente concreta de la comunidad. Yo espero que

esa gestión, que la hace por encargo del Arzobispo, ayude a

que lo que haya de malestar y de sufrimiento, se vaya disipando y

de veras vuelva a esta comunidad la paz, vuelva también la

alegría y el deseo de seguir trabajando.

  Ciertamente, y aquí voy a la segunda pregunta, la Iglesia

es una comunión, y la comunión se construye todos los

días aceptando las diferencias y poniéndolas al

servicio de un proyecto común: el proyecto de Jesucristo.

Todos estamos guiados por el mismo Espíritu, que es el que

nos hace tan diferentes y por eso nos da tantas oportunidades de

ser creativos. Yo creo que esta visita de Monseñor Urioste

va a significar, espero, un viraje en una situación tensa

que va a servirnos de lección a todos, también en la

Arquidiócesis, para ver dónde estuvo el error,

qué provocó esta tensión. Y para que saquemos

la lección y en casos semejantes sepamos en el Arzobispado

hacer las cosas dando los pasos correspondientes. Este es mi deseo

y confío en que hoy sea un día importante para bien

de la comunidad de Quezaltepec.



  Buenos días, Monseñor, tengo una consulta.

Fíjese que usted hace unos instantes habló de

"contraste". Estaba hablando acerca de la pena de muerte y al

parecer hay un contraste también ahí, porque

Monseñor Fernando Sáenz Lacalle ha manifestado en

reiterados ocasiones que está de acuerdo con la

implementación de la pena de muerte.



  Yo quise argumentar en la homilía tomando la figura, la

doctrina y la actitud del Papa. Tú sabes que esta semana

salió un comunicado de la diócesis de Chalatenango,

sacándolo en un pequeño espacio porque no tienen

mucha plata allá los pobres, pero importante. Una

diócesis que se pronuncia en pleno en contra de la pena de

muerte y que encuentra los argumentos. Yo creo que es un documento

que conviene buscar allí en la Prensa Gráfica porque

sólo allí salió publicado por falta de

presupuesto.

  Indudablemente, la doctrina tradicional de la Iglesia admite el

derecho de legítima defensa, tanto a nivel personal como a

nivel de la sociedad. Si a mí me agreden y van a quitarme la

vida, yo puedo defender mi vida. Yo no lo voy a hacer ciertamente,

si alguna vez estuviera en esa situación. Cristo tampoco lo

haría. El Papa tampoco lo haría. Al Papa, un 13 de

mayo, en la Plaza de San Pedro, por poco lo matan, y yo me

preguntaba anoche mientras escribía estas palabras: si el

Papa viera venir al agresor y tuviera un arma en su mano ¿se

hubiera defendido? No, no se hubiera defendido, porque él es

el vicario de Jesucristo y Jesucristo le abrió los brazos a

los enemigos y murió. Eso es lo que necesitamos, tener una

posición radical en la calidad del evangelio que es la

única que cambia la historia.

  Ahora lo que hay es mucha hipocresía, y por eso dije que

no quería entrar en el debate parlamentario. Pero sí

me parece que los diputados del partido en el gobierno, que son

cristianos, que son practicantes, que están en gracia de

Dios, que comulgan los domingos, tienen un problema de conciencia,

y la disciplina partidaria pasa a segundo plano cuando en

conciencia uno no puede decir que sí. Si a la hora de votar

todos votan que sí, allí hay un gran problema de

conciencia muy mal formada. ¿A qué sacerdote van a

consultar estos diputados practicantes? ¿Al que les va a decir

que está bien lo que están haciendo o al que les va

a cuestionar desde el evangelio? Repito que hay mucha

hipocresía y uno puede caer en la trampa de entrar en el

debate sabiendo que las intenciones son otras. Las intenciones no

son que la delicuencia termine, son otras las intenciones. Perdonen

que sea tan claro, pero alguien tenía que decirlo.

  El Papa escribió una encíclica después del

Catecismo, y en ese punto va más allá de la doctrina

tradicional, la de Santo Tomás del siglo XIII. Dice el Papa

una cosa preciosa: que la civilización actual tiene una

repugnancia por la pena de muerte. Imaginemos que condenan al

primero. ¿Va a ser un hombre milloniario o va a ser un

campesino o un obrero? No hace falta ser muy creativo para saber la

respuesta. Imaginemos que van a presenciar el acto quienes han

firmado la pena de muerte, con su esposa y con sus niños

pequeños, y les preparamos un estrado para que contemplen el

espectáculo. ¡Es desastroso, es inhumano, es horrible,

es degradante!

  ¿Esa es la cultura que queremos para el país? No,

queremos otra cosa, queremos que los niños, ésos que

anoche estábamos viendo en la televisión, en la

teletón, que esos niños tengan un futuro, que sus

familias tengan un porvenir, que los jóvenes tengan

horizonte, que el país apueste a que su mayor riqueza son

las gentes. ¿Para qué los van a matar? Tienen que

darles vida. Esa es la principal responsabilidad de un estadista,

de un gobernante.

  Así que me parece que la ocasión es muy buena para

que hagamos conciencia como comunicadores a la gente que se deja

manipular por falta de formación o por falta de

información o por angustia. Tenemos que optar por el derecho

a la vida, a la vida digna, y por el derecho a una verdadera

convivencia democrática, en la que todos podamos participar.

Así que me parece que el Papa, si le fueran a preguntar hoy

a su cama del hospital Gemelli, daría una respuesta muy

interesante, distinta a la que nos da el Catecismo en su

última edición



  Monseñor, perdone que insista. Usted decía que no

quería entrar en el debate, sin embargo ya está

dentro de él. Me gustaría ir un poco más

allá y conocer cuáles son esas intenciones que usted

menciona. Desde la óptica de la Iglesia ¿qué se

está vislumbrando en la fracción del partido ARENA?



  Ustedes deben distinguir siempre lo que se escribe en una

homilía y lo que se dice ante un micrófono. Y esto,

por favor, ténganlo siempre presente, porque allá uno

da una opinión mucho más oficial, aquí uno es

un ciudadano que también tiene su opinión.

  Repito que no hace falta ser muy clarividente para saber que las

intenciones son otras. Claro que hay un problema de delincuencia,

pero las causas de ese problema son las que no se quieren atacar.

Ese es el fondo de la cuestión. Porque atacar las causas

significa cuestionar el mismo modelo económico, el modelo

que se anda ahora proponiendo al mundo como una maravilla, como un

milagro, pero que a la gente la deja más pobre. Y entonces,

¿para quién gobernamos?, ¿para una minoría

o para las mayorías? ¿A quién queremos

favorecer? Entonces el fondo del problema es, para decirlo en pocas

palabras, que no se quiere atacar las causas de la delincuencia,

que no están en la superficie sino que están en el

fondo. Y el fondo significa extrema pobreza, el fondo significa

marginación, significa exclusión, significa falta de

políticas sociales realmente audaces, significa aumento de

la pobreza extrema, aumento del desempleo. Eso es lo que no se

quiere atacar.

  Hay otras causas que son internas a las tensiones del partido,

y ésas ustedes las conocen mejor que yo. Pero existen y

quizás también tengan que ver con esta cortina de

humo que es muy irresponsable. Es muy irresponsable porque se

embarca a todo un país en una vorágine para resolver

todos los problemas que tendrían que ser secundarios cuando

se quiere pensar en el país y no en los propios intereses.



  Todos los sectores han dado su posición sobre la pena de

muerte, sin embargo la conferencia episcopal aún mantiene

silencio sobre esto. ¿Por qué no hay una

posición oficial de la Iglesia?



  Realmente es una buena pregunta la que tú haces. Los

obispos vamos a reunirmos el 30 de octubre. Nos reuniremos en forma

extraordinaria en circunstancias muy, muy, pero muy excepcionales.

No se nos ha convocado para esta cuestión, pero el 30 de

octubre tenemos reunión. No sé en qué punto

estaremos entonces para esta discusión. Quizás nos

falta un mecanismo de convocatoria cuando se siente que hay un tema

que merece una postura común y pública, pero nuestra

próxima reunión va a ser el 30 de octubre. Algunos

obispos están ya haciendo su planteamiento a título

personal como el caso de la diócesis de Chalatenango. Y creo

que si preguntan a otros obispos, también darán su

propia posición.



            Comunicado de la Diocesis de Chalatenango

          "Sí a la vida, no a la pena de muerte"



  El obispo, sacerdotes y religiosas de la Diócesis de

Chalatenango, preocupados por la confusión causada en el

pueblo de Dios por la propuesta de implantar la pena de muerte en

nuestro país, orquestada por una campaña de

propaganda en los medios de comunicación social, nos

pronunciamos en contra de la pena de muerte.

  Se ve que la pena de muerte no es disuasiva, ya que en

países donde existe esta pena capital la violencia y la

criminalidad organizada siguen en aumento. Además la

implantación de la pena de muerte no toca la raíz de

nuestros problemas sociales y no es solución para nuestra

problemática.

  Si bien es cierto que textos aislados del Antiguo Testamento

pueden tomarse como respaldo de la pena capital, hay que

enmarcarlos dentro de un proceso de revelación continua y

progresiva que va a través de los libros Sapienciales y el

Levítico, que exigen el perdón de las ofensas y que

culmina en Jesús de Nazaret, cuyas palabras en un

sinfín de lugares nos piden el respeto a la vida y el amor

y perdón de los enemigos: "No arranquen la maleza,

déjenla crecer junto con el trigo" (Mateo 13, 24-30).

"Ustedes han oído que se dijo ojo por ojo y diente por

diente, en cambio yo les digo amen a sus enemigos" (Mateo 5, 43-

48). "El que no tenga pecado, lance la primera piedra╔ Yo tampoco

te condeno" (Juan 8, 7-11).

  Monseñor Romero, en su última homilía en

catedral, haciéndose eco de las enseñanzas de la

Biblia, nos recordó que, ante una orden de los hombres de

matar, prevalece la ley de Dios que dice "no matarás" (Exodo

20, 13; Hechos 5, 29).

  Como Diócesis, ante las enseñanzas de la Biblia,

nos pronunciamos en contra de la pena de muerte y de todo lo que

atenta contra el don sagrado de la vida. Y pedimos a Dios que

ilumine a los legisladores para que se busquen soluciones a los

problemas de nuestro país con métodos más

racionales y justos.





                       Oyentes de la YSUCA



  Mire, yo no estoy de acuerdo con la pena de muerte por la

sencilla razón de que la persona que se considera que cree

en Dios y es cristiano jamás puede pensar en un acto de esa

naturaleza. Porque si bíblicamente se habla de que ojo por

ojo y diente por diente, eso nos parece que es cosa pasada. La

verdad es que con la venida de Nuestro Señor Jesucristo

quedó abolido todo eso, y además El se opuso a la

muerte cuando acusaron a la pecadora: "el que esté libre de

pecado que tire la primera piedra". El está en contra de la

muerte, por lo tanto creo que no es conveniente que se aplique la

pena de muerte (Señor de Santa Tecla).



  Bueno yo creo de que no, porque se va a fusilar al que tiene

menos recursos económicos. Al que es poderoso en

economía, a ése no se va a fusilar, o sea que siempre

va a haber esa descriminación hacia el pobre. Pero yo creo

que también las autoridades deben de tomar más en

cuenta lo que el pueblo desea. Y también que se haga

más justicia aquí en el El Salvador (Señora de

Mejicanos).



  Yo no estoy de acuerdo porque considero que son varios los

aspectos que contribuyen a que tengamos delincuentes en nuestra

sociedad, y en alguna medida todos, hombres y mujeres, tenemos algo

que mejorar. Porque yo podría comparar todo esto con un

árbol que está dando frutos podridos y me

preguntaría por qué los está dando podridos.

Entonces vienen de las raíces. (Señora de San

Salvador).



  Yo no estoy de acuerdo con la pena de muerte porque aquí

la justicia no es pareja. Ahora con la opinión de la Iglesia

católica, del señor arzobispo, también no

estoy de acuerdo, porque si seguimos así vamos a llegar a la

Inquisición que había antes (Señora de San

Salvador).





                      Julia Elba y Celina.

                    Mujeres, dadoras de vida

                                

  El sábado 12 de octubre arrancaron las conmemoraciones de

los mártires de la UCA. Comenzamos con Julia Elba y Celina.

Hubo una charla sobre "la mujer y la teología" y a

continuación la Eucaristía.

  Estas dos actividades estuvieron unidas, pues en la primera

estuvimos reflexionando sobre la marginación de la mujer y

sobre el racismo que todavía perdura en la Iglesia, a pesar

de que uno de los motivos principales de la venida de Jesús

entre nosotros fue precisamente para romper todas estas cadenas,

como nos decía San Pablo en Gálatas 3, 28. Para

romper estas marginaciones, el celebrante llamó a acercarse

al altar a una joven y a una señora para que representaran

a Julia Elba y Celina, y a un señor para representar a don

Obdulio -quien fue un mártir viviente-, y con ellos

presentes en el altar comenzamos la Eucaristía.

  En la homilía se recordó la servicialidad cristiana

de Julia Elba, y cómo su fidelidad y amor hacia su familia

y los Padres la llevó a ella también y a su hija a

entregar su vida. Ellas representan  para nosotros y nosotras  a

todas estas personas que día a día nos van entregando

un poco de sus vida a través de su servicio. Celina, la hija

obediente que ayuda a su madre en los quehaceres. Julia Elba y

Celina, junto con don Obdulio, son representantes de la Iglesia de

los pobres, de los trabajadores y desempleados, de los que viven

pobremente en el campo y las colonias marginales, de las

trabajadoras de las maquilas, pequeñas vendedoras, empleadas

de hogar. Ellas fueron en la tierra predilectas del Señor y

ahora lo siguen siendo en el Reino de los cielos junto con los

innumerables mártires populares. Esta es la fuerza del

compromiso por la liberación que jamás se

apagará, pues sus recuerdos nos impulsan hacia la

utopía del Reino.

  Entre las presentes hubo varios testimonios. Uno de ellas fue la

asociación de Julia Elba y Celina, como mujeres dadoras de

vida, en contraposición de la incongruencia del gobierno. La

primera dama de la Nación fue como abanderada a Beijing a

luchar por la vida contra el aborto, y por ello fue premiada

aquí en la Nunciatura con la condecoración Pro

Eclesia et Pontifice, y por otra parte, la semana pasada, con gran

despliegue de publicidad le están apostando a la muerte con

la aprobación de la pena de muerte. ¿Dónde

está la consistencia del Gobierno? ¿Hoy apuesta a la

vida y mañana a la muerte según su conveniencia? Con

esta ley ¿quiénes serán los más

afectados? Las mujeres-madres, las mujeres-esposas, las mujeres-

hijas, las mujeres-obreras, las mujeres-campesinas.

  Otro testimonio fue hacernos tomar conciencia de todas estas

abnegadas mujeres que transcurren su vida como empleadas

domésticas, que las consideremos como seres humanos, que las

integremos como parte de nuestras familias, que no les tiremos las

sobras que caen de la mesa y compartamos con ellas el pan. Otra

más reforzó el testimonio anterior e hizo ver que las

mujeres debemos ir siempre adelante en la lucha y ver que el

servicio doméstico llegue a estar cubierto por el seguro

social.

  Con la presentación de las ofrendas una trabajadora de la

cafetería de la UCA presentó el pan y nos

recordó que estas dos mujeres representan a todas las

mártires anónimas, y que si no hubieran muerto en

compañía de quienes murieron hubieran sido otras

tantas mujeres anónimas que dieron su vida y que

también ellas la dieron voluntariamente, pues habían

tenido la opción de irse a su pueblo mientras pasaba la

ofensiva, pero no, ellas decidieron quedarse allí, en su

puesto.

  Con estas celebraciones siempre salimos un poco mejores que como

entramos, con más ánimo para seguir trabajando por el

Reino y con más esperanza, y le pedimos a Jesús, a

aquel que vino a estar entre nosotros y dio su vida para que la

tuviéramos en abundancia, que nos inspire para que

trabajemos por una cultura de la vida, de la justicia y del amor.





                       Masacre al amanecer



  En el verano de 1989, la historia en El Salvador se repite. Un

grupo de sacerdotes jesuitas y dos de sus colaboradoras derramaron

su sangre inocentemente.

  No es fácil recordar esa cruda experiencia. Después

de las matanzas del Mozote, de Rutilio Grande, de Monseñor

Romero, para cerrar "con broche de oroČ, ocurre el inesperado

asesinato de los Jesuitas y sus dos colaboradoras.

  "Debemos sacar a Ellacuría para matarlo", era el mensaje

a través del programa "Micrófono abiertoČ de Radio

Cadena Cuscatlán, un trece de noviembre de 1989. En

él se acusaba a los Jesuitas de la ofensiva perpetrada entre

militantes del ejército y el FMLN.

  La memoria de estos asesinatos me cuestiona por la sencilla

razón de que, en este tiempo, difícilmente alguien da

la vida por otro. Al observar sesos tirados, caras deshechas, ojos

sacados, paredes ensangrentadas, cuadros quemados, máquinas

destruidas, todo ello frutos de masacres, lo más

sorprendente es ver también sangre derramada de estos

hombres inocentes, que no llevaban la misma sangre

salvadoreña, pero sí la misma sangre que Cristo

derramó en favor de todo el mundo.

  La masacre de la UCA es algo inaudito que toca los límites

de la injusticia, una masacre en la que borraron todos los

testigos.

  Ciertamente, la historia de los mártires de esta

época y de otras tierras nos motiva. Su testimonio de vida

nos hace reflexionar si la paz realmente se logra por medio de las

armas o por una vía justa y razonable.                    

                                               Milady Lorena Cruz

                                             estudiante de la UCA

                                                                 

                                                                 

                                                                 

                     HACE SIETE AñOS

                                

  "El mismo odio que asesinó a Monseñor Romero es el

que asesinó a los Padres jesuitas, a Julia Elba y Celina",

Monseñor Rivera.



  "El miércoles 15, Elba se llevó ropa para el

teologado por si no podían regresar por la tarde y

tenían que quedarse a dormir allí. Los estudiantes

teólogos les dijeron que se quedaran, pero ella no quiso

porque no quería estar lejos de su esposo. Su fidelidad la

levó a la muerte a ella y a su hija ", Estudiante jesuita.



  "Al otro lado de la línea, en Londres, me hablaba un gran

amigo mío. Comenzó con estas palabras: "Ha ocurrido

algo terrible". "Ya sé", le contesté.

"Ellacuría". Pero no sabía. Me preguntó si

estaba sentado y si tenía algo para escribir. Le dije que

sí, y entonces me contó lo que había sucedido.

"Han asesinado a Ignacio Ellacuría". Me quedé en

silencio y no escribí nada. Pero mi amigo continuó:

"Han asesinado a Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró,

Amando López, Juan Ramón Moreno y Joaquín

López y López". 

  Mi amigo leía los nombres despacio y cada uno de ellos iba

resonando como un martillazo que recibía en total

impotencia. Yo los iba escribiendo esperando que la lista terminase

después de cada nombre que iba mencionando. Pero no, a cada

nombre seguía otro, y así hasta el final. Toda mi

comunidad había sido asesinada. 

  Y lo que vino después me indignó de manera

especial. Con los jesuitas fueron asesinadas dos mujeres, Julia

Elba, la cocinera que atendía a los padres y estudiantes

jesuitas, y su hija Celina. Vivían en una casita que estaba

a la entrada de la universidad y, por miedo a la situación,

pidieron a los padres pasar la noche en nuestra casa donde se

sentían más seguras. También ellas fueron

inmisericordemente asesinadas para que no hubiera testigos", Jon

Sobrino.





                 La Quezalte. Una Comunidad viva

                                

  Los hechos de la Quezalte son conocidos y ya los comentamos en

  la anterior Carta a las Iglesias: destitución del P.

  Cardenal y reacción de la comunidad. Esto ha causado

  conmoción: visitas a la curia, cartas de protesta y de

  apoyo, manifestaciones críticas en la reunión

  del clero. Como muestra de ello publicamos el comunicado de

  los jesuitas. Pero sobre todo ha mostrado la madurez y calidad

  de la comunidad cristiana que sigue decidida a trabajar, con

  respeto y firmeza. Sobre esto publicamos el siguiente

  testimonio. Añadimos, por último, una

  reflexión de Mons. Ricardo Urioste.





            La Iglesia que Jesús quería

                                

  A mediados de la semana pasada fuimos con dos compañeros

a visitar y solidarizarnos con la comunidad de la parroquia

Quezaltepec, a quienes le habían quitado a su párroco

de varios años. Ellos habían escrito un comunicado de

protesta muy fuerte (ver Carta a las Iglesias No.362) y nos

enteramos que estaban muy dolidos.

  Llegamos y nos encontramos con la hermana Juanita, que es quien

ha llevado la organización pastoral, y a una persona miembro

del Consejo Pastoral. Después de conversar con ellas y

expresarles nuestra solidaridad, les preguntamos qué

pensaban hacer. Nos respondieron que el interés de ellas era

que el trabajo de la parroquia continuara y que se llevara a

término todo el plan pastoral que tenían hasta para

el año 1997, que colaborarían con el nuevo

párroco, pero que lo que no tolerarían era la

presencia del vicario, pues para ellas no era una persona digna de

fiar. Nos gustó mucho a nosotros su modo de pensar, nos

pareció muy bien que hubieran protestado por la

destitución de su párroco sin ningún motivo

justificable, solamente por puro criterio del arzobispo, quien les

dijo que la Iglesia era jerárquica por lo cual tenían

que acatar la decisión. Nos despedimos y, al renovarles

nuestra solidaridad y ponernos a sus órdenes, nos invitaron

a acompañarlos a la misa del siguiente domingo en la que el

nuevo párroco tomaría posesión.

  Salimos de la Quezalte pensando qué podría pasar

ese domingo, pues en el ánimo de los parroquianos

había mucho descontento. El Consejo de Pastoral se

mantenía muy sereno y dispuesto a continuar su trabajo,

aunque sabíamos lo molestos que estaban. El sábado

entregarían la parroquia oficialmente al Vicario y al nuevo

párroco en presencia de Monseñor Urioste.

  El domingo me preparé para ir a la misa de la Quezalte a

las 9 de la mañana. La iglesia estaba llena, como de

costumbre. Saludé a Monseñor Urioste que ya estaba

listo para revestirse y me alegré de ver otras caras

conocidas. La parroquia, como siempre, muy organizada con sus

encargados recibiendo a los parroquianos y buscándoles

ubicación en las bancas. Toda la celebración muy

ordenada, bien preparada, con su monitora, el coro, los lectores,

las peticiones.

  Las lecturas cayeron como anillo al dedo para el cambio de

párroco, y Monseñor Urioste supo utilizarlas muy bien

para limar aristas que hubiera dentro de la comunidad. Dentro de

las palabras que dijo, nos comentó que las parroquias no son

de nadie, no le pertenecen a ningún párroco, ni al

papa, ni al obispo tampoco, que ellos son nombrados para

administrarlas y hacerlas producir buenos frutos. Que los dos

párrocos anteriores, el P. Montes y el P. Cardenal

habían sembrado buena semilla, buenas cepas (de viña)

y que ahora estábamos viendo los frutos cosechados en esa

comunidad que estaba tan bien organizada, y que al nuevo

párroco le tocaba cuidar estos árboles para que los

frutos no se malograran.

  Al final el nuevo párroco dirigió una palabras a

los fieles. Les dijo que él deseaba trabajar a la par de

ellos, que le tuvieran paciencia porque le iba a tomar su tiempo el

irlos conociendo, aprender sus nombres, que él iba a

aprender bastante con ellos. Después, la bendición

impartida por Monseñor Urioste, el canto final y la

procesión de salida.

  Esa fue una mañana muy especial para mí.

Salí muy confortada y sumamente contenta de ver la madurez

de esa comunidad. Indudablemente que el P. Montes sembró una

buena cepa y el P. Cardenal ha sabido abonarla, podarla, cuidarla,

y este es el buen fruto que estamos viendo. Esperamos que el

Espíritu Santo derrame también su espíritu

sobre el nuevo párroco y esa comunidad siga creciendo en

madurez, sabiduría y compromiso.



                                

                   Comunicado de los Jesuitas

                                

  El consejo de la Compañía de Jesús en El

Salvador, ante los sucesos ocurridos en la parroquia de Cristo

Resucitado en la Colonia Quezaltepec, suscitados en torno a la

sustitución del P. Rodolfo Cardenal, hace del conocimiento

público lo siguiente.

  1.- Nos sentimos solidarios con la labor realizada en dicha

parroquia por el P. Rodolfo Cardenal. Aunque con poco tiempo

disponible, ha sabido acompañar y contribuir al dinamismo

apostólico existente entre los laicos y religiosas de la

parroquia y ha dado ejemplo, durante su ministerio, de

espíritu de servicio y cercanía a la gente.

  2.- Nos sentimos también solidarios con el grupo de laicos

y laicas, religiosas y agentes de pastoral, que durante largos

años han ido construyendo una comunidad viva y fecunda. Son

personas que durante largos años han seguido las

recomendaciones del Papa Juan Pablo II, en el sentido de que los

laicos "tomen parte activa, consciente y responsable en la

misión de la Iglesia en este decisivo momento de la

historia" (Christi fideles laici, 3). Lamentamos, en este sentido,

que personas responsables y comprometidas en la construcción

de una comunidad eclesial no hayan sido consultadas en lo que

respecta a la sustitución del P. Rodolfo Cardenal. Muchos de

ellos han entregado un considerable número de años a

la construcción de una comunidad eclesial viva y

merecían ser oídos tanto a la hora de esbozar el

perfil del párroco que se puede adaptar a sus necesidades,

como en el momento de realizar cambios de importancia en la

comunidad.

  3.- En la última visita episcopal que tuvo la Parroquia

Cristo Resucitado, en 1994, el entonces Arzobispo, Mons. Arturo

Rivera Damas, dejó constacia de la excelente labor realizada

por religiosas y laicos, y por el apoyo que a los mismos brindaba

el P. Cardenal. Dado que posteriormente no se ha vuelto a realizar

una visita pastoral a esta parroquia de parte del nuevo arzobispo,

recomendamos que, de parte de la autoridad eclesiástica, se

lleve a cabo un diálogo fraterno con el Consejo Parroquial

de la Parroquia de Cristo Resucitado, sobre el problema que en este

momento les afecta. Si la Iglesia recomienda que con las

comunidades religiosas no católicas se mantenga un

diálogo que abarque la vida, la acción, la

experiencia religiosa y el intercambio teológico, con

cuánta más razón debemos buscar un

diálogo hondo y sincero ante problemas que afectan la vida

y esperanzas de una comunidad parroquial de nuestra propia Iglesia.



San Salvador, 1 de octubre, 1996.







  Mons. Belo, obispo de Timor Oriental, Premio Nobel de la Paz

                                

  Monseñor Carlos Felipe Ximenes Belo, obispo

católico, y José Ramos Horta, representante del

movimiento independentista de Timor Oriental, han sido galardonados

con el Premio Nobel de la Paz por su defensa de los derechos

humanos y su larga labor para alcanzar una solución

pacífica al grave conflicto del país.

  Timor Oriental, isla del pacífico, antigua colonia

portuguesa, fue invadida por Indonesia en 1975 y anexionada al

año siguiente. Las Naciones Unidas siguen considerando a

Portugal como el administrador legal. En esta situación hay

un movimiento independentista y contrario al invasor. Por otra

parte, las violaciones a los derechos humanos son pavorosas.

  En este contexto hay que comprender el trabajo del obispo Belo,

nacido en 1948 en Wailacalma. De joven entró en los

salesianos de Ossu, Timor. A comienzo de los ochenta fue maestro de

novicios, y en 1988 Juan Pablo II le nombró administrador

apostólico de Dili en un momento muy difícil.

  El obispo Belo define así la situación actual.

"Timor Oriental es una pequeña isla, alejada de todos.

Nuestros derechos no están salvaguardados, no tenemos

libertad de palabra ni podemos tener ideas distintas a las del

gobierno, estamos como en una prisión. El mundo debe tener

en consideración que también una pequeña

nación tiene derecho a existir, el derecho a la

autodeterminación".

  Desde que fue nombrado obispo, Mons. Belo se ha distinguido por

su lucha contra la represión, y ha condenado las brutales

agresiones y la guerra psicológica que los invasores

aplicaron para destruir la identidad cultural de sus habitantes. En

febrero de 1989, cuando Timor Oriental parecía olvidado del

mundo, escribió al secretario de las Naciones Unidas para

solicitar un referendum que devolviera la independencia a la

antigua colonia y pidió a la comunidad internacional que

proteja a la población que está a punto de

desaparecer. La ONU, sin embargo, se limitó a condenar la

invasión, que costó la vida a unas 200.000 personas.

Por su parte, José Ramón Horta, lider

independentista, dice que "la gente de Timor Oriental ha sufrido

mucho y debe haber un diálogo serio bajo los auspicios de

las Naciones Unidas".

  Las consecuencias de este modo de ser obispo son conocidas. Mons.

Belo ha puesto en juego su propia vida y ha sufrido varios

atentados. Dice que en el Vaticano encuentra apoyo en la pastoral

y en lo doctrinal, pero no en el campo diplomático. Es

acusado de hacer política, y él rechaza la

acusación: "Como obispo estoy trabajando para servir al ser

humano. Tal vez en la labor por defender los derechos humanos, la

justicia y la paz algunos vean un gesto político, pero mi

trabajo es únicamente pastoral". En el gobierno invasor la

concesión del premio nobel ha causado sorpresa y

decepción. En Roma, el superior general de los salesianos ha

comparado a Mons. Belo con Mons. Rivera por su trabajo, convencido

de la importancia de la mediación en los conflictos.

  Muchas de estas cosas nos suenan muy conocidas. También

en 1979 Mons. Romero fue propuesto para el premio Nobel de la Paz,

aunque no se lo concedieron, quizás porque el mundo

occidental no estaba preparado para ello. De todas formas, es la

misma historia: defensa del pueblo y de los derechos humanos, y

ataques del gobierno y los poderosos. En el caso de Mons. Romero,

hasta la muerte.





          La Parroquia de la Quezaltepec en Santa Tecla



  Era 1984 y el terreno se veía como el más

"apetecible" por su ubicación en el centro de la Colonia

Quezaltepec, para construir ahí el templo. El dueño

era el IVU y quería desarrollar ahí un complejo

habitacional. Un amigo hizo de intermedario para que el IVU

accediera a venderlo al Arzobispado. La hermana Juanita y los

Padres Segundo Montes y Rodolfo Cardenal, antecedidos por el Padre

Xavier Aguilar, habían empezado a trabajar pastoralmente en

toda la zona. La Eucaristía la celebraron mucho tiempo en la

"Casa comunal" que conseguían prestada. Desde 1982 empezaron

a llegar: Años de los inicios de la labor, lentos,

difíciles, pero la labor pastoral de todos los días

iba produciendo sus frutos. Comprado el terreno se trasladaron bajo

una champa -la gente en el suelo- a celebrar la misa, a la

intemperie. Ellos comenzaron las gestiones en España y otros

países para obtener los fondos para la construcción

del templo. Lo lograron y el templo se inauguró en 1990. El

Padre Montes no lo vio terminado. Lo habían asesinado en

noviembre del 89, junto con sus compañeros jesuitas. Desde

España, la familia de él continuó ayudando

para la guardería, casa parroquial y salón de

reuniones. El templo, arquitectónicamente bello, tiene

cabida para 400 personas.

  Todo esto sólo es lo de afuera. Lo más vialioso

está dentro. El fin de semana pasado, hubo una

reunión para exponer todo el trabajo de fe y

evangelización que en esa parroquia realizaron los padres y

la hermana a lo largo de todos estos años. El Padre

Cardenal, la hermana Juanita y, sobre todo, los aproximadamente 25

miembros del Consejo Pastoral ahí presentes, hicieron el

relato de la labor, organización y planificación

pastoral actual. Fue admirable. Era un relato que refleja la

realidad, empiezan con las Asambleas de donde salen los misioneros

que son formados para ir a integrar los círculos

Bíblicos y luego las distintas comisiones: Pastoral

Familiar, juvenil, Catequesis, Evangelización, nueve

sectores en la parroquia. No lo dije, pero lo pensé: Si

todas las parroquias en la Arquidiócesis tuvieran un trabajo

así, tendríamos una diócesis modelo. Quien lo

expresó de algún modo fue el Padre Rogelio Esquivel,

quien dijo, después de escuchar el relato de la experiencia,

que esa organización y trabajo pastoral de la parroquia

Cristo Resucitado de la Quezaltepec se podría presentar como

modelo para la diócesis, igual que el trabajo de la Santa

Lucía o el del Sistema Integral de Evangelización. Le

doy toda la razón.

  Al día siguiente, domingo, en el templo había unas

500 personas. El Padre Luis Eduardo Ramírez, joven, con gran

calidad espiritual y humana concelebró la Eucaristía.

Lo recibieron con cariño, regado con lágrimas por la

partidad del Padre Cardenal, y él conducirá como

Sacerdote a tiempo completo la labor pastoral. Para mí

había una mezcla de sentimientos y pensamientos, pero

así fui a cumplir con el encargo dado por el Señor

Arzobispo, en una parroquia para mí muy querida y admirada

por el excelente trabajo que ahí se ha realizado.Mons. Ricardo Urioste

                                                                 

                                                                 

                      Pena de muerte, crímenes del estado,

          pobreza, pánico y los niños (I)

                                                  Eduardo Galeano





  Eduardo Galeano dice verdades y las dice con gran fuerza.

  Ofrecemos ahora un reciente texto suyo del mes de agosto,

  ligeramente editado, aparecido en Le monde diplomatique y

  reproducido en Co-Latino. El texto cae como anillo al dedo en

  nuestra situación actual y la discusión sobre la

  pena de muerte.





Los crímenes del estado



  El Estado, que jamás va preso, asesina por acción

y por omisión. Crímenes por acción: a fines

del año pasado, la policía militar de Río de

Janeiro reconoció oficialmente que venía matando

civiles a un ritmo ocho veces más acelerado que el

año anterior, mientras la policía de los suburbios de

Buenos Aires cazaba jóvenes como si fueran pajaritos.

Crímenes por omisión: al mismo tiempo, cuarenta

enfermos del riñón murieron en el pueblo de

Caruarú, en el nordeste de Brasil, porque la salud

pública les había hecho diálisis con agua

contaminada; y en la provincia de Misiones, en el nordeste de la

Argentina, el agua potable, contaminada por los plaguicidas,

generaba bebés con labios leporinos y deformaciones en la

médula espinal.

  En la era de las privatizaciones y el mercado libre, el dinero

se propone gobernar sin intermediarios. ¿Cuál es la

función que se atribuye al Estado? El Estado debe ocuparse

de la disciplina de la mano de obra barata, condenada a salarios

enanos, y a la prisión de las peligrosas legiones de brazos

que no encuentran trabajo: un Estado juez y gendarme, y poco

más. De los otros servicios públicos ya se

encargará el mercado, y de la pobreza, gente pobre, regiones

pobres, ya se ocupará Dios, si la policía no alcanza.

La administración pública sólo puede

disfrazarse de madre piadosa muy de vez en cuando, atareada como

está en consagrar sus menguadas energías a las

funciones de vigilancia y castigo. En el proyecto neoliberal, los

derechos públicos se reducen a favores del poder, y el poder

se ocupa de la salud pública como si fueran formas de la

caridad pública.



La hipocresía, el encubrimeinto y el arte de borrar huellas



  Mientras tanto, crece la pobreza y crecen las ciudades y crecen

los asaltos y las violaciones y los crímenes. "La

criminalidad crece mucho más que los recursos para

combatirla", reconocen el Ministerio del Interior del Uruguay. La

explosión del delito se ve en las calles, aunque las

estadísticas oficiales se hagan las ciegas y los gobiernos

latinoamericanos confiesen, de alguna manera, su impotencia. Pero

el poder jamás confiesa que está en guerra contra los

pobres que genera, en pleno combate contra las consecuencias de sus

propios actos. "La delincuencia crece por culpa del

narcotráfico", suelen decir los voceros oficiales, para

exonerar de responsabilidad a un sistema que arroja cada vez

más pobres a las calles y a las cárceles y que

condena cada vez más gente a la desesperanza y la

desesperación.

  Las cumbres irradian el mal ejemplo de su impunidad. Se castiga

abajo lo que se aplaude arriba. El robo chico es delito contra la

propiedad, el robo en gran escala es derecho de los propietarios:

uno es asunto del código penal, el otro pertenece a la

órbita de la iniciativa privada. El poder, que elogia al

trabajo y a los trabajadores en sus discursos pero los maldice en

sus actos, sin pudor alguno recompensa la deshonestidad y la falta

de escrúpulos. La respetable tarea tiene por

cómplices a los grandes medios de comunicación, que

mienten callando casi tanto como mienten diciendo.



Los medios, la histeria colectiva y la gente que pide la pena de

muerte



  Y mientras el poder enseña impunidad, esos grandes medios,

y sobre todo la televisión, difunden mensajes de violencia

y de consumismo obligatorio. Una reciente investigación

universitaria reveló que los niños de Buenos Aires

ven, cada día, cuarenta escenas de violencia en la pantalla

chica. ¿Cuántas escenas de consumismo ven? ¿A

cuántos ejemplos de despilfarro y ostentación asisten

cada día? ¿Cuántas órdenes de comprar

reciben los que poco o nada pueden comprar? ¿Cuántas

veces por día se les taladra la cabeza para convercerlos de

que quien no compra no existe, y quien no tiene no es?

Paradójicamente, la televisión suele transmitir

discursos que denuncian la plaga de la violencia urbana y exigen

mano dura, mientras la misma televisión imparte

educación a las nuevas generaciones derramando en cada casa

océanos de sangre y de publicidad compulsiva: en este

sentido, bien podría decirse que sus propios mensajes

están confirmando su eficacia mendiante el auge de la

delincuencia.

  Las fábricas de opinión pública, echan

leña a la hoguera de la histeria colectiva, y mucho

contribuyen a convertir la seguridad pública en

obsesión pública. Cada vez tienen más ecos los

gritos de alarma que se pronuncian en nombre de la población

indefensa ante el acoso del crimen. Se multiplican los asustados,

y los asustados pueden ser más peligrosos que el peligro que

los asusta. Para acabar con la falta de garantías de los

ciudadanos, se exigen leyes que supriman las garantías que

quedan; y para dar más libertad a los policías, se

exigen leyes que sacrifican la libertad de todos los demás,

incluso en países como Uruguay, donde las

estadísticas confiesan que los policías son, en

proporción, los ciudadanos que más delitos cometen.

  No sólo los vividores de la abundancia se sienten

amenazados, también la clase media y también

numerosos sobrevivientes de la escasez: pobres que sufren el asalto

de otros pobres más pobres o más desesperados. En

sociedades que prefieren el orden a la justicia, hay cada vez

más gentes que aplaude el sacrificio de la justicia en los

altares del orden: hay cada vez más gente convencida de que

no hay ley que valga ante la invasión de los que

están fuera de la ley. Hay un clamor creciente por la pena

de muerte en la opinión pública de varios

países latinoamericanos; y las matanzas de niños por

los escuadrones parapoliciales de la muerte en Bogotá,

Río de Janeiro o la ciudad de Guatemala, son pública

o secretamente aplaudidas por un sector considerable de la

sociedad. Se considera normal la tortura del delincuente

común, o de quien tenga cara de ello; y llama la

atención el silencio de algunos organismos de derechos

humanos, en países donde la policía tiene la

costumbre de arrancar confesiones mediante métodos de

tortura idénticos a los que las dictaduras militares aplican

contra los presos políticos. (Continuará).