
No. 5, SEPTIEMBRE DE 2000
DEPARTAMENTO DE ECONOMÍA
UNIVERSIDAD CENTROAMERICANA JOSÉ SIMEON CAÑAS
Iniciamos el presente análisis de coyuntura económica con una breve descripción del nivel y distribución geográfica de la pobreza en nuestro mapa nacional. Con ello queremos mostrar que la pobreza es al mismo tiempo, efecto y causa del estancamiento del modelo económico. En otras palabras, la pobreza ampliada es la "coyuntura", o resultado terminal del modelo, donde ni la oferta crea su propia demanda, ni la demanda pueden generar oferta. El informe BID-2000 ("Desarrollo más allá de la economía") caracteriza a Latinoamérica con estos críticos problemas: "las escasas oportunidades laborales, la carencia de educación, la pobreza, la corrupción y la delincuencia... Pero lo más crítico del patrón de desarrollo económico latinoamericano se encuentra en la forma como está distribuido el ingreso... Por consiguiente, la mala distribución es un rasgo común a toda la región." (Prefacio: pp. v-vi). Hace dos años, el documento conocido como "Bases para el Plan de Nación" caracterizaba nuestra problemática económica en tres rasgos: en El Salvador el nudo gordiano es la "pobreza estructural", que se asienta en una realidad más profunda, "la marginación sociocultural", que deriva a su vez de la configuración y el funcionamiento tradicional del poder político"(p.5). En el presente análisis de coyuntura económica queremos mostrar si las políticas y sus resultados económicos dan una respuesta eficiente a este nudo gordiano de la pobreza estructural.
Por tanto, además de lo tradicional en los análisis de coyuntura, en esta ocasión se presenta un análisis de la pobreza en El Salvador en referencia a la carencia de un ingreso suficiente. Utilizando datos de 1998, se calcula la extensión, la profundidad y la severidad de la pobreza. El trabajo encuentra que el 49.74% de toda la población vive en condiciones de pobreza, dando un total de 3,007,296 personas, de las cuales, 1,346,407 sufren la condición de extrema pobreza. Los casos más extremos de extensión de la pobreza se encuentran en las áreas rurales de Cabañas, donde casi 9 de cada 10 personas son pobres, y Morazán, donde casi 8 de cada 10 personas son pobres. Asimismo, la razón de la brecha del ingreso de la pobreza extrema llega al 35.2%, indicando que aquellas familias que sufren de la pobreza extrema, en promedio reciben un ingreso que está por debajo de la línea de indigencia en un 35.2%; sin embargo, al sumar las brechas del ingreso de la pobreza extrema, se encuentra que apenas representan un 1.2% del Producto Interno Bruto (PIB). La conclusión más importante de esto, es que si bien la extensión y la profundidad de la pobreza son grandes, en el caso de la pobreza de ingreso extrema, aspirar a que en El Salvador se reduzca drásticamente en el mediano plazo no es una aspiración descabellada, sino que al contrario el estudio muestra que el potencial del país para eliminar tan grave problema es bastante alto.
A la luz de este fenómeno, la producción sigue dando señales de un crecimiento muy débil. Al primer trimestre del año, la tasa de crecimiento anualizada del PIB llegaba a 2.2%, una de las más bajas desde 1996; y el Indice de Volumen de la Actividad Económica (IVAE) mostraba una tasa de crecimiento para el primer trimestre inferior al de años anteriores. Cabe destacar en este sentido, que la mitad de los supuestos presentados por el programa monetario y financiero del Banco Central no se han cumplido, entre ellos el de una ejecución puntual de la inversión pública, mayor confianza en el sector financiero, mejores condiciones de inversión, y una mejora en los precios internacionales del café. Mientras que la otra mitad de los supuestos sí parecen validarse con los resultados, como lo son la reducción de las tasas de interés, la reactivación de las exportaciones no tradicionales a Centro América, el crecimiento de la maquila con la ampliación de los beneficios de la Iniciativa para la Cuenca del Caribe (ICC), y un entorno de crecimiento mundial más favorable.
Para comprender las tendencias de la coyuntura actual, partimos del análisis de la inflación, ya que esto aclara de donde venimos y a dónde vamos. En los primeros seis meses del año 2000 lo que más destaca es el incremento de la inflación anual con respecto al año anterior cuando se experimentó una deflación. Al mes de julio la inflación alcanzaba un nivel de 2.92%. Este salto de la inflación proviene claramente del lado de los costos, es decir por shocks de oferta, reflejando el alza en los precios de los combustibles, de la electricidad, y la eliminación de la exención del IVA a los productos agropecuarios y las medicinas; mientras que por el otro lado nos encontramos con una demanda interna deprimida que no presiona los precios.
La demanda interna deprimida se manifiesta de diversas formas, en factores que son a la vez causa y efecto de la misma: (i) el crecimiento débil, (ii) un creciente desempleo, (iii) una caída de los salarios reales, (iv) una política monetaria contractiva, (v) una política fiscal procíclica, es decir que agudiza el ciclo negativo de la economía salvadoreña, (vi) el alza misma en los precios del petróleo y una inversión poco dinámica.
(i) Entre los sectores más afectados por el lento crecimiento se encuentran el comercio, que va por un segundo año consecutivo de estancamiento, la industria, que de acuerdo al Índice de Volumen de Producción Industrial (IVOPI) muestra una desaceleración que dio comienzo a principios de 1999, y el sector construcción que continúa dando señales de estancamiento, en parte afectado por la baja ejecución de la inversión pública. Por otro lado, los sectores que han presentado mayor dinamismo, aunque a un ritmo limitado, son la agricultura, que sobre todo muestra un rebote debido a condiciones climatológicas favorables después de varios años de estancamiento; el sector financiero, que comparado con el año pasado, muestra mayores tasas de crecimiento, pero por debajo de las experimentadas a mediados de la década de los noventa; y el crecimiento de la maquila, que ha comenzado una recuperación debido a las expectativas ocasionadas con la ampliación de la ICC.
(ii) El poco dinamismo de los sectores productivos de la economía salvadoreña, se ha comenzado a manifestar en una creciente tasa de desempleo y un alto nivel de subempleo. El promedio móvil a 3 meses de la tasa de desempleo muestra un crecimiento que va de 7.6% a 8.3% entre marzo de 1999 y marzo de 2000; es de notar que el mayor incremento en el desempleo se ha dado para los hombres, alcanzando una tasa de 10.5% en marzo de 2000, mientras que para las mujeres llegaba a 4.5% en el mismo mes. En cuanto a la tasa de subempleo, pasó de 32.1% a 29.8% entre marzo de 1999 y marzo de 2000; pero al final de dicho período, la tasa de subempleo es mayor para las mujeres que para los hombres, 33.2% comparado con 27.3%. De igual forma, como un indicador proxy del empleo formal, el número de cotizantes al Sistema de Ahorro para Pensiones mostró un crecimiento casi nulo entre mayo de 1999 y mayo de 2000, reflejando la poca capacidad de generación de empleo en los últimos meses. No obstante este panorama negativo, se espera que con la ampliación de la ICC en el transcurso del segundo semestre y del primer semestre del año 2001 se incremente la generación de empleos en el sector maquila, paliando un poco el bajo dinamismo de los otros sectores, pero con el sesgo a la creación de empleo femenino y de baja remuneración.
(iii) Ante un salario mínimo nominal inalterado, el poder de compra de este se ve reducido con respecto al año anterior, llegando a un nivel que es 24% inferior al de 1988. Así mismo, el salario promedio nominal, calculado en base al Ingreso Base Cotización (IBC) ha disminuido en los primeros cinco meses del año, consecuentemente en términos reales ha bajado un 4.6% de diciembre de 1999 a mayo de 2000. La caída en el poder de compra de los salarios mínimos y de los salarios promedios, acompañados por el incremento en el desempleo ayudan a entender el poco dinamismo de la demanda interna, explicando porque se dice que la oferta es incapaz de generar su propia demanda. También, los bajos salarios reales refuerzan la idea que las presiones inflacionarias en el primer semestre del presente año, tienen sus origen en los shocks de oferta antes mencionados.
(iv) Con respecto al sector monetario, se observa la implementación de una política monetaria contractiva en el primer semestre del presente año. Esto se puede corroborar con una reducción del 0.21% en la base monetaria entre junio de 1999 y junio de 2000, la cual tuvo lugar debido a una emisión de títulos valores por parte de las autoridades monetarias por un monto de ¢1,833 millones de colones en el primer semestre del año 2000; esto llama la atención, dado que se da en un contexto de reducción de las reservas internacionales netas en un 3.37% durante los primeros seis meses. Adicionalmente, todos los agregados monetarios muestran un dinamismo menor en los primeros seis meses, la tasa de crecimiento de la oferta monetaria M1 pasó de 13.5% a 4.2%, la del M2 pasó de 6.4% a 5.3%, y la del M3 pasó de 7.3% a 5.9%, y tanto el crecimiento de los depósitos como del crédito de los bancos muestran tasas de crecimiento menores en los últimos meses. Como se mencionó antes, destaca que todo este proceso se da en un contexto de bajo dinamismo de la demanda agregada, indicando que la política monetaria ha sido procíclica desde el punto de vista de los agregados monetarios, y por tanto refuerza la tesis que el incremento de la inflación en los últimos meses tiene su origen por el lado de la oferta. En contraste, se ha observado una reducción importante en las tasas de interés, tanto en términos nominales como reales; mientras que las tasas de interés pasivas y activas nominales se redujeron en 0.78% y 1.01% respectivamente, las tasas de interés pasivas y activas en términos reales han bajado en 5.78% y 6.21% respectivamente, entre los meses de diciembre de 1999 y junio de 2000.
En este contexto resulta difícil desvincular la política monetaria con la situación emproblemada y oligopólica de los bancos. En relación a los indicadores de mora, excluyendo la cartera de Credisa, que se encuentra en liquidación, a marzo del año 2000 los bancos tenían un promedio de 5.96%, mientras que los créditos de alto riesgo, clasificaciones D y E, representaban el 5.42% de la cartera de créditos de los bancos; la utilidad de los bancos antes de reserva legal en 1999 fue de ¢-190.4 millones, es decir que hubo pérdida; y también, los bienes recibidos por los bancos en calidad de pago o adjudicación llegaron a ¢1,326.2 millones en marzo de 2000, advirtiendo sobre la gravedad de los problemas de los bancos, que a su vez son problemas de la empresas deudoras. Además, por las fusiones entre los Banco Agrícola Comercial y Banco Desarrollo, los bancos Salvadoreño y Bancasa, los cuatro bancos más grandes del país al mes de julio del corriente año concentraban el 80.1% de todos los depósitos bancarios, ubicando a la industria bancaria técnicamente en la categoría de oligopolio, según los criterios del Departamento de Comercio de Estados Unidos.
Con la información disponible, dos aspectos llaman la atención. Primero, mientras que las autoridades monetarias en su empeño por combatir la inflación, están llevando a cabo una política monetaria contractiva, que de acuerdo con todos los manuales de economía, tiene como consecuencia subir las tasas de interés, por otra parte trata de compensar con la reciente política de reducción de los requerimientos de encaje para los depósitos a plazo por un año o más, con el pago de intereses a los bancos por el 100% de estos depósitos de encaje, y con la propuesta de una ampliación de las clasificaciones de riesgo que le permitirían a los bancos mayor flexibilidad en sus depósitos de reserva por la cartera de riesgo. Y segundo, que con la fuerte emisión de títulos valores, también se le están pagando intereses a los bancos, los cuales encuentran dificultades en colocar su cartera de créditos en el sector productivo. Es decir, más que una política de combate a la inflación, parece ser una política para conservar la estabilidad de un sistema bancario oligopólico en problemas.
(v) El desempeño fiscal a lo largo del primer semestre del año 2000 no ha sido satisfactorio. Los gastos corrientes del sector público no financiero (SPNF) crecieron un 16.33% con respecto al primer semestre de 1999, mientras que los ingresos corrientes crecieron un 10.04%, dando lugar a una reducción de 32.53% en el ahorro corriente, y a un déficit fiscal del SPNF antes de donaciones equivalente a ¢342.7 millones, es decir un 89% mayor que el del año pasado. Sin embargo, esta situación se vio menguada por un ingreso por donaciones de ¢426.2 millones, dando lugar a un déficit incluyendo donaciones que es inferior en 29.14% con respecto al año pasado. Hay que destacar que la evolución del gasto público se caracterizó-- como sucede todos años-- por un desempeño muy pobre en la ejecución de la inversión pública ya que a junio únicamente se había ejecutado un 60.7% sobre lo programado en el sector público, lo cual indica que ¢924.4 millones que estaban programados no se han gastado, ayudando muy poco a estimular el bajo dinamismo en la demanda agregada, sugiriendo que también la política fiscal, incluyendo el reciente incremento en el IVA para los productos agropecuarios y las medicinas, se caracteriza por ser procíclica.
También, en el primer semestre del corriente año la Corte Suprema de Justicia declaró que la emisión de bonos para financiar los presupuestos de 1999 y 2000 fueron inconstitucionales, y por tanto esto estaría indicando que para el próximo año el actual gobierno tendrá que realizar una negociación más seria con la fracción del FMLN, en tanto que ésta tiene capacidad de veto a raíz de los resultados de las elecciones de diputados en el mes de marzo de este año, dado que se requerirá de mayoría calificada para la aprobación de cualquier empréstito del estado.
(vi) Finalmente, la evolución del sector externo tiene efectos contrarios en la tasa de crecimiento económico y la inflación doméstica. Aunque el incremento en los precios del petróleo aumenta los precios por el lado de los costos, éste tiene un efecto negativo sobre la demanda interna al reducir los recursos disponibles para gastar en otros bienes, según el Banco Central de Reserva, en el primer semestre de este año, significó una reducción de ¢1,027 millones, equivalente a 1% del PIB. Así, las importaciones crecieron a un ritmo menor, 14.3%, reflejando el poco dinamismo de los otros sectores y el incremento en los precios del petróleo; el crecimiento de las importaciones estuvo dominado por las importaciones de consumo y de bienes intermedios, mientras que las importaciones de bienes de capital tuvieron un crecimiento muy bajo, reflejo una escasa demanda de inversión. Pero por otra parte, las exportaciones son las que presentaron mayor dinamismo en la economía, con un crecimiento de 18.7% en el valor de las exportaciones de bienes hasta el mes de junio, comparadas con las del mismo período en el año 1999. El crecimiento de las exportaciones estuvo encabezado por las exportaciones de café con un 28%, gracias a precios favorables entre los meses de diciembre de 1999 y marzo de 2000, las exportaciones de maquila que crecieron 21.5%, y las de productos no tradicionales con un 14.9%. Estos cambios dieron lugar a un incremento en el déficit de la cuenta comercial de 7.2%. La ampliación de los beneficios de la ICC sugiere que las exportaciones, principalmente las de maquila, continuaran creciendo en el corto y mediano plazo, ayudando a mantener un crecimiento moderado en la economía, dado que los otros sectores no muestras señales de reactivación.
Adicionalmente, la cuenta corriente dio un saldo negativo de apenas $5 millones en el primer trimestre del año 2000 y menor con respecto al del año pasado. Este resultado favorable en la cuenta corriente se explica por un crecimiento bastante fuerte en el flujo de las remesas familiares que principalmente provienen de Estados Unidos, y que al mes de junio alcanzaban los $817.4 millones , siendo 22.9% más altas que las del primer semestre de 1999. No obstante este fuerte incremento en las remesas familiares, el saldo de la balanza de pagos al final de junio reflejó una caída de $68.5 millones en las reservas internacionales netas, principalmente por el servicio de la deuda pública externa.
El resto de este artículo presenta con mayor detalle la coyuntura económica de El Salvador en estos primeros seis meses del año 2000. En la sección dos se presenta un análisis detallado de cuantificación de la pobreza de ingreso para el año 1998, en la sección tres se abordan los temas de la producción y el empleo, en la sección cuatro el tema de la inflación y los salarios reales, en la sección 5 la situación del sector monetario y financiero, en la sección 6 el desempeño de la política fiscal, en la sección 7 el desempeño del sector externo, y en la sección 8 se presentan unas reflexiones finales y las perspectivas para fin de año.
El tesis central de esta sección es que El Salvador tiene el potencial para eliminar la pobreza extrema en un mediano plazo mediante un conjunto de medidas de política pública destinadas a la consecución de esta meta, y que si esto no se ha logrado ha sido más que todo por falta de voluntad política y económica para hacerlo. Para demostrar la validez de esta tesis se presentan datos sobre la extensión, profundidad y severidad de la pobreza extrema (pobreza del ingreso), presentando un mapa de la pobreza en El Salvador, y haciendo estimaciones de los montos necesarios para cerrar la brecha de la pobreza de ingreso. Como un ejemplo adicional, se pone la situación de los niveles de salud en la población salvadoreña, y el caso de Sri Lanka, país con un ingreso per cápita similar al salvadoreño, pero con una situación superior en materia de salud pública. Tangencialmente, también se propone una manera diferente de medir de la extensión de la pobreza de ingreso que discrepa de las cifras publicadas oficialmente, con el propósito de iniciar un debate sobre las formas más adecuadas para medir este problema.
La medición de la pobreza no es un ejercicio simple, ya que hay diferentes formas de medirla, y cada forma tiene sus propias limitaciones al no capturar algunas dimensiones, en tanto que la pobreza es un problema multidimensional. De allí surgen definiciones como la de pobreza humana, presentada en el Informe sobre Desarrollo Humano 1997 del PNUD, en la que se enfatiza que si el ingreso no era el total del bienestar humano, la carencia del ingreso tampoco podía ser el total de la pobreza. Es así que la pobreza humana se refiere a "la privación en cuanto a la capacidad más esencial de la vida, incluso vivir una vida larga y saludable, tener conocimientos, tener aprovisionamiento económico suficiente y participar plenamente en la vida de la comunidad" (PNUD(2000), p. 22).
A pesar de la aclaración, el cálculo de la pobreza humana en El Salvador está fuera del alcance de este trabajo2, y por tanto se limita a presentar algunos indicadores sobre la pobreza de ingreso, cubriendo una sóla dimensión. Cuando se mide la pobreza a partir la carencia de ingresos suficientes por parte de las personas para satisfacer un ingreso mínimo de subsistencia, conocido como la canasta básica alimentaria (CBA), o Línea de Indigencia, se entiende que se está hablando de pobreza de ingreso. La pobreza de ingreso se puede medir contando el número de personas que viven por debajo de una línea de la pobreza; cuando la línea de la pobreza se refiere al ingreso necesario para satisfacer la Línea de Indigencia, quienes se encuentran por debajo de dicha línea se dice que sufren de pobreza extrema. Por otra parte, la pobreza relativa se refiere a aquellas personas cuyo ingreso se encuentra entre el ingreso necesario para satisfacer las necesidades alimentarias y un ingreso mínimo para satisfacer otras necesidades ampliadas, normalmente en América Latina este ingreso ampliado se calcula como el doble del ingreso para satisfacer las necesidades nutricionales.3 Al obtener el número de personas en condiciones de pobreza, se considera que se está proporcionando una medida de la extensión de la pobreza.
Utilizando los datos de la Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples (EHPM) de 1998, elaborado por la Dirección General de Estadísticas y Censos del Ministerio de Economía, este trabajo hace un cálculo de la pobreza de ingreso extrema y relativa, contando el número de personas que se encuentran dentro de cada categoría y luego calculando los porcentajes, para cada uno de los departamentos de El Salvador, y diferenciando entre las áreas rurales y urbanas, lo cual permite elaborar un mapa de la extensión de la pobreza de ingreso para El Salvador. Estos cálculos se diferencian levemente de los cálculos de la evolución de la pobreza que se han utilizado frecuentemente en otros trabajos académicos y medios de comunicación, en tanto que se hace un cálculo de la pobreza de ingreso a partir del número de personas y no a partir del número de hogares. El problema del último método, utilizando el número de hogares, es que no logra medir adecuadamente la pobreza dado que no todos los hogares tienen el mismo número de personas. Si el tamaño de los hogares pobres es mayor que el tamaño de los hogares no pobres, dicha metodología tiende a subestimar la extensión de la pobreza. Adicionalmente, también se utilizan las mismas líneas de pobreza propuestas por la DIGESTYC, para no agregar una discrepancia adicional a esta nueva forma de medir la pobreza. Para 1998, se estimaba que la CBA para un hogar rural con 5.055 miembros (el tamaño promedio de los hogares rurales), era de 900.00 colones mensuales, y para un hogar urbano con 4.30 miembros (el tamaño promedio de los hogares rurales) era de 1230.16 colones mensuales. También, para determinar si un hogar se encuentra por debajo o por encima de la línea de la pobreza, se tomó en cuenta el número de miembros del hogar. No esta demás señalar que se aprecia que dichas líneas de pobreza son bastantes bajas, y que por tanto a penas son suficientes para cubrir las necesidades nutricionales de las familias promedio, y en este sentido, las medidas de pobreza que se obtienen son bastante conservadoras.
El contiene la información sobre la extensión de la pobreza rural en los diferentes departamentos de El Salvador. En su conjunto, se observa que existen más de 1.6 millones de personas pobres, representando un 63.8% de toda la población rural. Como se mencionó anteriormente, esta cifra difiere de la estimación de la pobreza rural basada en el número de hogares, que de acuerdo a DIGESTYC, alcanzaba un nivel de 58.6% en 1998.
El Salvador 1998: Extensión de la Pobreza Rural por Departamentos |
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RURAL |
Pobreza Extrema |
Pobreza Relativa |
Pobres |
No Pobres |
Total |
Pobreza Extrema |
Pobreza Relativa |
Pobreza |
No Pobres |
Ahuachapán |
101,400 |
64,480 |
165,880 |
61,256 |
227,136 |
44.64% |
28.39% |
73.03% |
26.97% |
Santa Ana |
78,122 |
94,870 |
172,992 |
105,576 |
278,568 |
28.04% |
34.06% |
62.10% |
37.90% |
Sonsonate |
66,200 |
82,700 |
148,900 |
100,600 |
249,500 |
26.53% |
33.15% |
59.68% |
40.32% |
Chalatenango |
45,299 |
33,659 |
78,958 |
41,419 |
120,377 |
37.63% |
27.96% |
65.59% |
34.41% |
La Libertad |
48,160 |
97,300 |
145,460 |
182,980 |
328,440 |
14.66% |
29.62% |
44.29% |
55.71% |
San Salvador |
25,761 |
32,409 |
58,170 |
61,494 |
119,664 |
21.53% |
27.08% |
48.61% |
51.39% |
Cuscatlán |
21,546 |
34,650 |
56,196 |
60,480 |
116,676 |
18.47% |
29.70% |
48.16% |
51.84% |
La Paz |
51,579 |
61,677 |
113,256 |
57,618 |
170,874 |
30.19% |
36.10% |
66.28% |
33.72% |
Cabañas |
63,916 |
23,026 |
86,942 |
12,586 |
99,528 |
64.22% |
23.14% |
87.35% |
12.65% |
San Vicente |
32,076 |
27,918 |
59,994 |
26,829 |
86,823 |
36.94% |
32.16% |
69.10% |
30.90% |
Usulután |
77,262 |
60,435 |
137,697 |
54,194 |
191,891 |
40.26% |
31.49% |
71.76% |
28.24% |
San Miguel |
93,288 |
64,584 |
157,872 |
77,142 |
235,014 |
39.69% |
27.48% |
67.18% |
32.82% |
Morazán |
61,560 |
33,180 |
94,740 |
24,120 |
118,860 |
51.79% |
27.92% |
79.71% |
20.29% |
La Unión |
77,147 |
72,100 |
149,247 |
56,959 |
206,206 |
37.41% |
34.97% |
72.38% |
27.62% |
TOTAL |
843,316 |
782,988 |
1,626,304 |
923,253 |
2,549,557 |
33.08% |
30.71% |
63.79% |
36.21% |
FUENTE: Cálculos propios en base a la EHPM 1998. |
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Además, los datos sobre la extensión de la pobreza de ingreso rural, nos revelan otras características de la pobreza. En primer lugar, en las áreas rurales, la mayoría de los pobres quedan en la categoría de pobreza extrema, es decir que un tercio de toda la población rural vive en condiciones de indigencia, mientras que 30.7% quedan en la categoría de pobreza relativa. En segundo lugar, los departamentos con una mayor número de pobres extremos, son Ahuachapán, San Miguel, Santa Ana, La Unión, y Usulután. En tercer lugar, a pesar que el mayor número de pobres extremos se encuentran en los departamentos antes mencionados, la extensión de la pobreza extrema es más aguda en los departamentos de Cabañas y Morazán, dado que el porcentaje de personas en condiciones de pobreza extrema es mayor en dichos departamentos, afectando al 64.2% de la población rural en el primero y al 51.8% en el segundo. En cuarto lugar, al sumar pobreza relativa y pobreza extrema, se observa que la mayoría de pobres rurales se encuentran en aquellos departamentos con mayor población rural, como Santa Ana, Sonsonate y la Libertad, pero el número de pobres rurales en los otros departamentos es también alarmante. En el departamento de Cabañas, aproximadamente 9 de cada 10 personas en las áreas rurales viven en condiciones de pobreza, y en Morazán, 8 de cada 10 son pobres.
El cuadro No. 2, muestra la extensión de la pobreza de ingreso en el área urbana por departamentos. A diferencia de la pobreza de ingreso en la áreas rurales, en el área urbana, la mayoría de los pobres quedan en la categoría de pobreza relativa, representando a un 25.11% de la población urbana, afectando a 877,901 personas, mientras que los pobres extremos representan un 14.39%, es decir a 503,091 personas. En total 4 de cada 10 personas en las áreas urbanas quedan en la categoría de pobres.
Entre otras características que se derivan de la información sobre la extensión de la pobreza de ingreso en el área urbana, se tiene en primer lugar que la gran mayoría de pobres se encuentran en las zonas urbanas más pobladas de los departamentos de San Salvador, Santa Ana, San Miguel. Es decir, que no porque la extensión de la pobreza es más baja, como en el caso de San Salvador urbano, que tiene uno de los porcentajes más bajos, 32.5%, se debe pensar que dichas áreas requieren de menos recursos, ya que el tamaño de la población es mayor. En segundo lugar, si bien en la década de los noventa el crecimiento ha favorecido más a los sectores urbanos, se observa que hay departamentos en donde la pobreza extrema alcanza niveles elevados en las áreas urbanas, por ejemplo, 36.1% en las áreas urbanas de Ahuachapán y 35.3% en las áreas urbanas de Cabañas.
Cuadro No. 2 |
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El Salvador 1998: Extensión de la Pobreza Urbana por Departamentos |
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URBANA |
Pobreza Extrema |
Pobreza Relativa |
Pobres |
No Pobres |
Total |
Pobreza Extrema |
Pobreza Relativa |
Pobreza |
No Pobres |
Ahuachapán |
29,400 |
22,904 |
52,304 |
29,120 |
81,424 |
36.11% |
28.13% |
64.24% |
35.76% |
Santa Ana |
38,253 |
78,966 |
117,219 |
138,867 |
256,086 |
14.94% |
30.84% |
45.77% |
54.23% |
Sonsonate |
24,150 |
46,340 |
70,490 |
109,060 |
179,550 |
13.45% |
25.81% |
39.26% |
60.74% |
Chalatenango |
23,460 |
20,424 |
43,884 |
29,049 |
72,933 |
32.17% |
28.00% |
60.17% |
39.83% |
La Libertad |
31,749 |
66,156 |
97,905 |
218,613 |
316,518 |
10.03% |
20.90% |
30.93% |
69.07% |
San Salvador |
171,502 |
404,321 |
575,823 |
1,195,900 |
1,771,723 |
9.68% |
22.82% |
32.50% |
67.50% |
Cuscatlán |
15,075 |
21,708 |
36,783 |
44,957 |
81,740 |
18.44% |
26.56% |
45.00% |
55.00% |
La Paz |
22,190 |
32,690 |
54,880 |
57,610 |
112,490 |
19.73% |
29.06% |
48.79% |
51.21% |
Cabañas |
18,208 |
12,640 |
30,848 |
20,768 |
51,616 |
35.28% |
24.49% |
59.76% |
40.24% |
San Vicente |
19,270 |
17,531 |
36,801 |
32,712 |
69,513 |
27.72% |
25.22% |
52.94% |
47.06% |
Usulután |
37,184 |
49,784 |
86,968 |
57,288 |
144,256 |
25.78% |
34.51% |
60.29% |
39.71% |
San Miguel |
37,698 |
69,174 |
106,872 |
121,878 |
228,750 |
16.48% |
30.24% |
46.72% |
53.28% |
Morazán |
15,934 |
12,989 |
28,923 |
24,366 |
53,289 |
29.90% |
24.37% |
54.28% |
45.72% |
La Unión |
19,018 |
22,274 |
41,292 |
35,520 |
76,812 |
24.76% |
29.00% |
53.76% |
46.24% |
TOTAL |
503,091 |
877,901 |
1,380,992 |
2,115,708 |
3,496,700 |
14.39% |
25.11% |
39.49% |
60.51% |
FUENTE: Cálculos propios en base a la EHPM 1998. |
|
|
|
|
|
||||
El Salvador 1998: Extensión de la Pobreza Total por Departamentos |
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TOTAL |
Pobreza Extrema |
Pobreza Relativa |
Pobres |
No Pobres |
Total |
Pobreza Extrema |
Pobreza Relativa |
Pobreza |
No Pobres |
Ahuachapán |
130,800 |
87,384 |
218,184 |
90,376 |
308,560 |
42.39% |
28.32% |
70.71% |
29.29% |
Santa Ana |
116,375 |
173,836 |
290,211 |
244,443 |
534,654 |
21.77% |
32.51% |
54.28% |
45.72% |
Sonsonate |
90,350 |
129,040 |
219,390 |
209,660 |
429,050 |
21.06% |
30.08% |
51.13% |
48.87% |
Chalatenango |
68,759 |
54,083 |
122,842 |
70,468 |
193,310 |
35.57% |
27.98% |
63.55% |
36.45% |
La Libertad |
79,909 |
163,456 |
243,365 |
401,593 |
644,958 |
12.39% |
25.34% |
37.73% |
62.27% |
San Salvador |
197,263 |
436,730 |
633,993 |
1,257,394 |
1,891,387 |
10.43% |
23.09% |
33.52% |
66.48% |
Cuscatlán |
36,621 |
56,358 |
92,979 |
105,437 |
198,416 |
18.46% |
28.40% |
46.86% |
53.14% |
La Paz |
73,769 |
94,367 |
168,136 |
115,228 |
283,364 |
26.03% |
33.30% |
59.34% |
40.66% |
Cabañas |
82,124 |
35,666 |
117,790 |
33,354 |
151,144 |
54.33% |
23.60% |
77.93% |
22.07% |
San Vicente |
51,346 |
45,449 |
96,795 |
59,541 |
156,336 |
32.84% |
29.07% |
61.91% |
38.09% |
Usulután |
114,446 |
110,219 |
224,665 |
111,482 |
336,147 |
34.05% |
32.79% |
66.84% |
33.16% |
San Miguel |
130,986 |
133,758 |
264,744 |
199,020 |
463,764 |
28.24% |
28.84% |
57.09% |
42.91% |
Morazán |
77,494 |
46,169 |
123,663 |
48,486 |
172,149 |
45.02% |
26.82% |
71.83% |
28.17% |
La Unión |
96,165 |
94,374 |
190,539 |
92,479 |
283,018 |
33.98% |
33.35% |
67.32% |
32.68% |
TOTAL |
1,346,407 |
1,660,889 |
3,007,296 |
3,038,961 |
6,046,257 |
22.27% |
27.47% |
49.74% |
50.26% |
FUENTE: Cálculos propios en base a la EHPM 1998. |
|
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|
||||
Al sumar los pobres de las áreas urbanas y los pobres de las áreas rurales, obtenemos la distribución agregada de los pobres en todo el país (ver ). Si bien la información desagregada por área rural y urbana proporciona más información, esta agregación permite resumir la situación de la pobreza por departamentos. En Cabañas, aproximadamente 8 de cada 10 personas viven en condiciones de pobreza de ingreso, y más de la mitad de la población vive en condiciones de indigencia, 54.33%. En todo el país, 1,346,407 viven en condiciones de extrema pobreza, y 1,660,889 viven en condiciones de pobreza relativa, por un total de 3,007,296 de personas, o el 49.7% de la toda la población. La mayoría de los pobres se encuentran en aquellos departamentos con mayor población, sin embargo la extensión de la pobreza es alarmante en todos los departamentos.
Para finalizar esta sección, el muestra las diferencias al medir la extensión de la pobreza de ingreso, por medio del porcentaje de hogares en condiciones de extrema pobreza, y por medio del porcentaje de personas en las mismas condiciones. Las diferencias no son triviales, en el caso más grande --el departamento de Cabañas-- las cifras oficiales de pobreza extrema muestran una discrepancia de 8.2%, es decir que oficialmente se reporta un nivel de pobreza extrema de 46.14%, mientras que con el método presentado en este informe, el nivel de pobreza extrema es de 54.33%. Para todo el país, el nivel de pobreza extrema reportado oficialmente es 3.33% más bajo de lo que debería ser, y si a esto se le añade la discrepancia en la medición de la pobreza relativa, que es de 1.8%, la diferencia en la medición de la extensión de la pobreza de ingreso llega a 5.13%, lo cual no es nada desdeñable. Por tanto, este trabajo recomienda, que para medir la extensión de la pobreza de ingreso, se utilice el porcentaje de personas en condiciones de pobreza, y no el porcentaje de hogares, ya que como lo muestra el cuadro No. 4, esto da un panorama distinto a nivel de todo el país, y aún más diferente en cuanto a la extensión de la pobreza de ingreso en los distintos departamentos.
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|
Diferencias de Estimación en la Extensión de la Pobreza Extrema |
|||
TOTAL |
Porcentaje de Personas en Condiciones de Pobreza Extrema |
Porcentaje de Hogares en Condiciones de Pobreza Extrema |
Diferencia |
Ahuachapán |
42.39% |
36.88% |
-5.51% |
Santa Ana |
21.77% |
19.04% |
-2.73% |
Sonsonate |
21.06% |
19.02% |
-2.04% |
Chalatenango |
35.57% |
30.71% |
-4.86% |
La Libertad |
12.39% |
10.95% |
-1.44% |
San Salvador |
10.43% |
9.49% |
-0.94% |
Cuscatlán |
18.46% |
16.32% |
-2.14% |
La Paz |
26.03% |
23.33% |
-2.70% |
Cabañas |
54.33% |
46.14% |
-8.19% |
San Vicente |
32.84% |
30.85% |
-1.99% |
Usulután |
34.05% |
29.74% |
-4.31% |
San Miguel |
28.24% |
23.44% |
-4.80% |
Morazán |
45.02% |
39.61% |
-5.41% |
La Unión |
33.98% |
27.95% |
-6.03% |
TOTAL |
22.27% |
18.94% |
-3.33% |
FUENTE: Cálculos propios en base a la EHPM 1998. |
|
||
Los datos anteriores nos revelan bastante información sobre la extensión de la pobreza, pero nos dicen poco a cerca de la profundidad de la pobreza de ingreso. La extensión de la pobreza extrema del ingreso, se refiere al número de personas con ingresos por debajo de la línea de indigencia. En esta sección se define la brecha de la pobreza por hogar, como la diferencia entre el ingreso que percibe el hogar pobre y la línea de indigencia del hogar; si se divide esta diferencia entre la línea de indigencia del hogar, se obtiene el porcentaje de la línea de indigencia que cada hogar no logra cubrir o lo que se conoce como razón de la brecha de ingreso.4 Por ejemplo, si la razón de la brecha de ingreso da un 20% para un hogar, está indicando que el hogar recibe un ingreso que está 20% por debajo de la línea de indigencia, y en este sentido nos está proporcionando información sobre la profundidad de la pobreza. El Cuadro No. 5, presenta la medida de la razón de la brecha de ingreso para la pobreza extrema en las áreas rurales y urbanas de cada departamento y para todo el país. Las cifras revelan un alto grado de profundidad de la pobreza en todo el país, alcanzando un 35% en las áreas urbanas y rurales.
Cuadro No. 5 |
||
Razón de Brecha de Ingreso para Pobreza Extrema por Departamento y Area (porcentaje) |
||
Departamento |
Rural |
Urbana |
Ahuachapán |
0.3562 |
0.3788 |
Santa Ana |
0.3201 |
0.3261 |
Sonsonate |
0.3264 |
0.3624 |
Chalatenango |
0.4031 |
0.4773 |
La Libertad |
0.3529 |
0.2854 |
San Salvador |
0.2894 |
0.3471 |
Cuscatlán |
0.3119 |
0.3213 |
La Paz |
0.3558 |
0.3320 |
Cabañas |
0.4334 |
0.3774 |
San Vicente |
0.3844 |
0.3442 |
Usulutan |
0.3305 |
0.3530 |
San Miguel |
0.3493 |
0.3605 |
Morazán |
0.3715 |
0.3817 |
La unión |
0.3394 |
0.3970 |
Total |
0.3524 |
0.3528 |
FUENTE: Elaboración propia utilizando la EHPM 1998 |
||
El mismo cuadro también nos indica que en el área rural, aquellos departamentos con mayor profundidad de la pobreza son Cabañas con una rezón de la brecha de ingreso igual a 43.3%. Chalatenango, con 40.3%, San Vicente con 38.4%, y Morazán con 37.15%. Y en el área urbana, aquellos departamentos con mayor profundidad son Chalatenango, con una razón de brecha de ingreso de 47.7%, La Unión con una razón de 39.7%, y Morazán con una razón de 38.17%. Resulta curioso también, que aún cuando en general la extensión de la pobreza de ingreso extrema es mayor en las áreas rurales que en las urbanas, en diez de los catorce departamentos la profundidad de la pobreza es mayor en las áreas urbanas. Esto último se debe en parte a que la línea de indigencia es más alta en el área urbana, dado que los costos de la canasta de alimentos son mayores.
El análisis de la brecha del ingreso de la pobreza extrema, también permite la oportunidad de hacer una estimación del potencial que tiene el país para combatir la pobreza extrema. Para lograr esto, se suma la brecha del ingreso de la pobreza extrema para todos los hogares pobres, lo cual da una idea del potencial que se tiene como país para salir victorioso en la lucha contra la extrema pobreza. Se debe tener cuidado en no interpretar esta cifra como el gasto necesario que el país debe realizar para eliminar la pobreza de ingreso extrema, ya que no es posible resolver este problema mediante una simple transferencia de ingreso, sino que más bien, es un cifra que sólo ilustra el potencial que se tiene como nación para combatir la pobreza extrema, o también de la dimensión del esfuerzo que debe realizar el país, para eliminar totalmente la pobreza extrema.
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||||
Brecha de la pobreza extrema de ingreso por departamento y área en 1998 |
||||
Departamento |
Rural (colones) |
Urbana (colones) |
Total (colones) |
Porcentaje por Departamento |
Ahuachapán |
79,443,506.00 |
39,870,325.21 |
119,313,831.21 |
9.5% |
Santa Ana |
54,957,349.41 |
41,827,887.65 |
96,785,237.06 |
7.7% |
Sonsonate |
46,601,480.33 |
28,180,831.97 |
74,782,312.30 |
5.9% |
Chalatenango |
40,169,681.68 |
37,600,577.72 |
77,770,259.40 |
6.2% |
La Libertad |
35,475,359.72 |
31,585,951.51 |
67,061,311.23 |
5.3% |
San Salvador |
15,189,322.91 |
203,436,410.63 |
218,625,733.54 |
17.4% |
Cuscatlán |
14,417,833.48 |
15,574,114.29 |
29,991,947.77 |
2.4% |
La Paz |
38,635,092.43 |
23,019,375.41 |
61,654,467.84 |
4.9% |
Cabañas |
59,821,590.07 |
24,865,667.25 |
84,687,257.32 |
6.7% |
San Vicente |
28,128,885.66 |
24,057,591.72 |
52,186,477.38 |
4.2% |
Usulutan |
56,923,390.96 |
46,138,674.51 |
||