Universidad Centroamericana José Simeón Cañas


Justicia transicional

José María Tojeira, director del Idhuca
14/09/2017
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Durante esta semana, diversas instituciones tratarán el tema de la justicia transicional. A pesar de que hace más de un año la Sala de lo Constitucional declaró inconstitucional la ley de amnistía y recomendó que los casos del pasado fueran juzgados en el marco de la justicia transicional, ninguna de las instituciones estatales señaladas por la sentencia como colaboradoras necesarias de este tipo de justicia han dado pasos al respecto. Han sido instituciones privadas las que más han hablado del tema e incluso han dado pasos coherentes con la necesaria justicia de transición, tanto tiempo atrasada por la ley de amnistía. La petición de conmutación de pena en favor del coronel Benavides solicitada desde la UCA es uno de esos pasos, que dan pautas de por dónde podría caminar la justicia transicional si de una vez logramos impulsarla.

Colombia, en el escenario del fin de su guerra interna y sus acuerdos de paz, ha optado por este tipo de justicia. En su reciente visita al país suramericano, el papa Francisco ha insistido en que “resulta indispensable también asumir la verdad. La verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia. Juntas son esenciales para construir la paz”. Porque, en efecto, solo a partir de la verdad y la justicia, que implican el reconocimiento de los hechos, las necesarias peticiones de perdón por parte de los victimarios y la reparación a las víctimas, se puede llegar a la reconciliación y a diferentes formas de perdón que demuestran finalmente la superioridad de las víctimas sobre los verdugos.

Más allá de los atrasos que hemos tenido en la justicia, la inconstitucionalidad de la ley de amnistía ofrece la posibilidad de crear un camino que lleve a una mayor reconciliación en El Salvador. Porque la justicia transicional, además de poner en el centro a las víctimas, no mira la justicia como un acto de venganza, sino como un instrumento de reparación que posibilita y facilita la reconciliación en un país. La justicia transicional busca siempre la verdad, la justicia, la reparación de las víctimas, las garantías de no repetición y un tipo de penalidad coherente con la reconciliación. En 2011, así explicaba Ban Ki Moon la justicia transicional: “Comprende el entero ámbito de los procesos y mecanismos asociados con los intentos de una sociedad para afrontar un legado de abusos a gran escala del pasado, para asegurar responsabilidad, rendir justicia y lograr reconciliación”.

No hay un modelo establecido de justicia transicional, aunque de los estudios y de los procesos realizados en algunos países se pueden extraer conclusiones y lineamientos. Naciones Unidas insistía, a través de su Secretario General, en que “se evite la imposición de modelos externos y se dispongan y financien una evaluación de las necesidades nacionales y procesos de consulta nacionales, con una participación significativa del Gobierno, de la sociedad civil y de grupos nacionales fundamentales para determinar el curso de la justicia de transición”. Por supuesto, en El Salvador no se ha hecho nada de esto después de los Acuerdos de Paz. E incluso después de la declaración de inconstitucionalidad de la amnistía ha habido un largo período de silencio e inacción. El hecho de que en la actualidad se esté hablando bastante más de este tipo de justicia es prometedor.

Más allá de las diferentes fórmulas, los elementos que han sido comunes en los diferentes procesos de justicia transicional han sido la búsqueda de la verdad, la implementación de la justicia, la reparación de las víctimas —que deben estar en el centro de estos procesos—, el compromiso de no repetición de los hechos y diversos elementos que impulsan la reconciliación. La verdad es un derecho básico de las víctimas, al igual que la justicia y la reparación. Encontrar los cuerpos de sus seres queridos, muchas veces enterrados en fosas comunes y en lugares no identificados, es un esfuerzo de verdad al que se ha ido respondiendo con las comisiones de búsqueda, aunque quede todavía mucho por hacer. Pero en otros campos, esa verdad primordial de la inocencia de las víctimas y del acto inhumano de los victimarios no ha quedado establecida adecuadamente desde el Estado salvadoreño. De hecho, este negó el derecho a la verdad de las víctimas utilizando la ley de amnistía como una especie de manto o sudario de silencio. A la justicia le corresponde reconocer esa verdad, tipificar los crímenes, reparar a las víctimas y establecer el tipo de sanciones necesarias para quienes resulten culpables. Solo así podremos decir que hay verdadero compromiso de no repetición.

La reconciliación, último aspecto de este proceso, solo puede darse en plenitud sobre la verdad y la justicia. En general, se puede decir que el mayor triunfo de las víctimas sobre los verdugos es su capacidad de perdonar. Etty Hillesum, una judía asesinada por las SS de Hitler, insistía siempre en que la venganza es reprensible, puesto que nos hace iguales a aquellos de quienes queremos vengarnos. Y aunque el rechazo de la venganza no supone nunca perdón automático ni olvido, abre las puertas a una reconciliación. Porque esta se da siempre sobre el triunfo de una verdad que es indestructible (mucho menos por la mentira, por más que se repita). Al mismo tiempo, la reconciliación se da como instrumento que aumenta nuestra capacidad de juicio y análisis del presente. Monumentos a las víctimas pueden ser importantes. Pero lo que se impone en los procesos de justicia transicional es establecer una memoria colectiva que impida la repetición de los hechos desgarradores del pasado. Mirar a la historia, establecer verdad, buscar formas de reconciliación desde la justicia nos ayudará sin duda a comprender mejor el presente, a transformarlo y a no caer en los dinamismos destructores que sufrimos a lo largo de nuestra guerra civil.


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Comentarios

Rafael Castro
16/09/2017 11:25:34 AM




En Estados Unidos, en el entorno de las luchas contra los supremacistas blancos, en una acción discutible, se están eliminando las banderas y estatuas de los esclavistas, que durante la Guerra de Sececión lucharon porque se mantuviera ese oprobioso sistema, mientras en nuestro país se alaban estatuas y se mantiene el nombre de cuarteles de genocidas que causaron mucho dolor al pueblo salvadoreño.Estas acciones no ayudan al desarrollo de una justicia trancisional que garantice los derechos de las víctimas a la verdad, justicia, reparación y garantía de la no repetición a los dolorosos hechos. Lejos de desechar los problemas que originaron la guerra civil, hemos llegado a un nuevo conflicto que desangra nuevamente a los jóvenes, especialmente a los más pobres. Si creen que van asesinar, según datos de las mismas autoridades, a 60000 pandilleros y sus familiares, tendremos que ver más sangre por largo rato, sin visos de solución al conflicto.



Patricio
14/09/2017 11:25:07 AM




¿Por qué no avanza el asunto? Porque se sigue confundiendo justicia transicional con justicia tradicional y justicia restaurativa... No he visto todavía una propuesta de JustRest. Los lineamientos de justicia transicional del IDH siguen siendo de justicia tradicional y en ese sentido, transicional, pero no de justicia restaurativa... Pero tienen la oportunidad de buscar en su experiencia... sin embargo, se hace necesario despojarse del juridicisimo y del derecho romano para volver al rim y sedak hebreo... Saludos




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