Universidad Centroamericana José Simeón Cañas


Demócratas insatisfechos y peligros de unas elecciones que no produzcan legitimidad

Roody Reserve, Departamento de Sociología y Ciencias Políticas
03/05/2017
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Los resultados de la encuesta del Iudop sobre la situación de la democracia en el país (Boletín de prensa Año XXXI, No.2, cursada entre el 25 de noviembre y 3 de diciembre de 2016), revelan un panorama inquietante. Solo una ínfima parte de la población está satisfecha con la forma como funciona la democracia, el sistema de partidos y las principales instituciones políticas. Este descontento generalizado se manifiesta, a su vez, en un deseo mayoritario de contar con la posibilidad de destituir al presidente antes de finalizar su mandato (77.6%). Sin embargo, no obstante este ambiente de insatisfacción, una clara mayoría de salvadoreños ha manifestado su apoyo a la democracia. A la conocida formulación churchiliana sobre el régimen a saber, que a pesar de sus problemas la democracia es mejor que cualquier otra forma de gobierno, 76.4% de los encuestados expresaron estar de acuerdo.


Dicho en pocas palabras, la política salvadoreña sufre de un problema de legitimidad. Los datos indican que adolece tanto de apoyos difusos (las principales instituciones no son bien valoradas) como de apoyo directo a las personas que gobiernan. Usualmente, se espera que las elecciones, al ofrecer la posibilidad de evaluar y sancionar a las autoridades de turno ayuden a paliar este déficit de legitimidad. Por ejemplo, las elecciones de 2009 que ganó el FMLN significaron en un primer momento una especie de respiro para el sistema. La encuesta del Iudop (Boletín de prensa Año XXIV, No.3) de los primeros cien días del gobierno de Mauricio Funes dejaban traslucir este sentimiento de esperanza. Casi el 80% de los salvadoreños valoraban su elección como un cambio positivo para el país y el 75% creía que el gobierno iba a combatir la corrupción. Si bien la encuesta no preguntó sobre los temas reflejados en el cuadro anterior, es llamativo que casi el 78% sostenía que el nuevo gobierno representaba un cambio positivo para el país. Este dato puede leerse en términos de apoyo a los actores políticos que recién se hacían cargo del gobierno en la época.

A diferencia de lo ocurrido en 2009, el ciclo electoral que se avecina (2018 y 2019) no parece que será capaz de ayudar a paliar la crisis de legitimidad. Aun cuando los salvadoreños siguen en su mayoría favoreciendo la democracia, su experiencia indica que la alternancia no necesariamente trae los frutos anhelados. Su valoración de los partidos, los líderes políticos y el funcionamiento del sistema político sigue deteriorándose. Por esto, el principal desafío del período electoral que se abre es que no contribuya más aún a erosionar los apoyos al sistema.


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