Universidad Centroamericana José Simeón Cañas


Oír el grito de los profetas

17/02/2015
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Con el Miércoles de Ceniza inicia el tiempo litúrgico de la Cuaresma. El mensaje del papa Francisco para esta ocasión se titula “Fortalezcan sus corazones” y concentra su atención en lo que se considera uno de los desafíos más urgentes del mundo de hoy: la globalización de la indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios. Por eso, enfatiza el papa, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan.

Ciertamente, hoy en día, hay una indiferencia manifiesta por el destino de los pobres y marginados de la humanidad, castigados por el hambre crónica, enfrentando enfermedades ya erradicadas en los países ricos. Hay un descuido y una indiferencia inmensa por la suerte de los desempleados y jubilados. Indiferencia sobre todo ante los millones de excluidos del aparato productivo. Hay indiferencia ante los asuntos públicos. La sociedad se organiza en contra de las mayorías empobrecidas y a favor de las minorías privilegiadas. Hay indiferencia por la dimensión espiritual del ser humano. No se cultiva el espíritu de fineza, de ternura, de respeto y de misericordia para todo lo que existe y vive. Predomina el espíritu pragmático y utilitarista.

Poner atención al mensaje de los profetas es la primera llamada que hace Francisco ante semejante desafío. Se sabe que el mensaje profético se puede organizar en torno a dos grandes núcleos: la denuncia y el anuncio. Ambos aspectos son necesarios y esenciales en los planes de Dios. Si se presentan por separado o desencarnados de la realidad, pierden su eficacia histórica. La denuncia profética expresa un profundo realismo, desenmascarando la manipulación de Dios, la injusticia social, los imperialismos militares y económicos. El anuncio abre a la realidad hacia nuevas y mejores posibilidades; la convivencia humana puede y debe ser justa, racional y fraterna. El establecimiento del derecho y la justicia para el débil son una prioridad en los planes de Dios y deben ser centrales en los proyectos humanos que se inspiren en esa visión.

En la Exhortación apostólica Evangelii gaudium, encontramos textos verdaderamente proféticos que desenmascaran graves realidades de indiferencia y descuido. Citemos algunos que en virtud de su espíritu crítico y propositivo se convierten en verdaderas llamadas de atención frente a la globalización de la indiferencia. Están formulados en el estilo de los profetas bíblicos y resultan propicios para el tiempo litúrgico de la Cuaresma que nos invita a la coherencia testimonial aquí y ahora. El lugar privilegiado de los pobres en el pueblo de Dios. “Nadie debería decir que se mantiene lejos de los pobres porque sus opciones de vida implican prestar más atención a otros asuntos. Esta es una excusa frecuente en ambientes académicos, empresariales o profesionales, e incluso eclesiales. Si bien puede decirse en general que la vocación y la misión propia de los fieles laicos es la transformación de las distintas realidades terrenas (…), nadie puede sentirse exceptuado de la preocupación por los pobres y por la justicia social. La conversión espiritual, la intensidad del amor a Dios y al prójimo, el celo por la justicia y la paz, el sentido evangélico de los pobres y de la pobreza, son requeridos por todos” (n. 201).

La inequidad es la raíz de los males sociales. “Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema (…) ¡Cuántas palabras se han vuelto molestas para este sistema! Molesta que se hable de ética, molesta que se hable de solidaridad mundial, molesta que se hable de la distribución de los bienes, molesta que se hable de preservar las fuentes de trabajo, molesta que se hable de la dignidad de los débiles, molesta que se hable de un Dios que exige un compromiso por la justicia” (nn. 202, 203).

Ya no se puede confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado. “El crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone; requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral de los pobres que supere el mero asistencialismo (…) La economía ya no puede recurrir a remedios que son un nuevo veneno, como cuando se pretende aumentar la rentabilidad reduciendo el mercado laboral y creando así nuevo excluidos” (n. 204).

La política es una de las formas más preciosas de la caridad. “¡Pido a Dios que crezca el número de políticos capaces de entrar en un auténtico diálogo que se oriente eficazmente a sanar las raíces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo! La política, tan denigrada, es una altísima vocación porque busca el bien común. Tenemos que convencernos de que la caridad no es solo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas. ¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres! Es imperioso que los gobernantes y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas, que procuren que haya trabajo digno, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos” (n. 205).

Qué bueno que haya profetas y que el papa Francisco ejerza también su vocación profética. Su palabra nace de la experiencia de Dios y del contacto con la realidad que vive el pueblo pobre. Por eso habla de los problemas reales que afectan a las mayorías. En nombre de Dios, denuncia la globalización de la indiferencia y llama a tomar otro camino: el de la globalización de la solidaridad. Esto nos ayuda a tener los pies puestos en la tierra y el corazón en Dios. Nos ayuda a descubrir y a realizar nuestra propia vocación de profetas. El camino de la Cuaresma propuesto por el papa pasa por el fortalecimiento de los corazones (creando un corazón misericordioso) y por la transformación de las instituciones (creando estructuras justas).


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Comentarios

CARLOS ABARCA
18/02/2015 06:51:21 PM




Gracias lic.Ayala, siempre seguiré aprendiendo de usted con este tipo de articulos espirituales, que Dios lo bendiga.



rodeliza Maria
18/02/2015 06:13:02 PM




gracias por poner mi mente a trabajar y luego sigue la acion,



osvamo65
18/02/2015 09:51:19 AM




Gracias Carlos, por este y otros aportes tuyos. Tan espirituales y a la vez llenos de tanta humanidad, de gran aplicación a la justicia social. Confío en que el Espíritu Santo seguirá iluminándote y llenándote de salud y vida.




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