Universidad Centroamericana José Simeón Cañas


"Mis causas valen más que mi vida"

Carlos Ayala Ramírez, director de Radio YSUCA
19/11/2013
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Una de las actividades que generó más entusiasmo y participación en el contexto del vigésimo cuarto aniversario de los mártires de la UCA fue el estreno de la película Descalzo sobre la tierra roja, que narra la vida del obispo emérito Pedro Casaldáliga, figura emblemática de la más genuina tradición cristiana liberadora de América Latina. Una convicción de Casaldáliga es el hilo conductor de la película: “Mis causas valen más que mi vida”. ¿Cuáles son esas causas? Citamos tres que aparecen con mayor fuerza en esta producción cinematográfica.

La causa de la tierra. Se sabe que durante la década de los setenta, en Brasil, en plena dictadura militar, hubo un proceso de intensificación del desarrollo industrial, fruto del estímulo ofrecido por la dictadura a los grandes capitales extranjeros. En ese tiempo de gran represión y sin voluntad de reforma agraria, los miliares distribuyeron a la población brasileña a lo largo de las fronteras geográficas del país, en especial en la frontera oeste y en la Amazonía. Asimismo, como la industria se modernizaba y ya no conseguía absorber toda la mano de obra procedente del campo, forzaron la emigración de los campesinos hacia el oeste, especialmente hacia Mato Grosso. La película pone en este contexto la labor que va a desplegar don Pedro Casaldáliga.

El obispo, profeta y poeta lo describe así: “Recorriendo la región y viviendo en medio de ustedes, fuimos viendo cuáles eran las mayores dificultades y sufrimientos del pueblo: problemas de tierra para los campesinos, en lucha con los grandes hacendados; mala administración y politiquería de las autoridades locales; desatención total en salud, en enseñanza, en comunicaciones; caciquismo y explotación en el comercio; esclavitud de los peones en las haciendas agropecuarias; arbitrariedad de la Policía Militar (…) No podíamos ver todo eso con los brazos cruzados. Quien cree en Dios debe creer en la dignidad del hombre. Quien ama al Padre debe servir a los hermanos. El Evangelio es un fuego que le quema a uno la tranquilidad. No se puede ser cristiano y soportar la injusticia con la boca callada. Jesús dice en el Evangelio que Él nos juzgará el último día por lo que hayamos hecho con nuestros hermanos más pobres y oprimidos”.

La causa de los pobres. Según Leonardo Boff, probablemente el mayor mérito del obispo Casaldáliga fue haberse tomado en serio los desafíos que los pobres del mundo entero, especialmente en América Latina, plantean. Seguramente, añade, vivenció el siguiente proceso. Primero, dejarse conmover y llenarse de compasión ante el sufrimiento humano del pobre. Luego, la actitud de indignación y compromiso frente a la realidad colectiva de miseria. El amor y la indignación están en la base de sus prácticas que tienden a erradicar la pobreza. Esos sentimientos, puntualiza Boff, hicieron que don Pedro dejase España, fuese después a África y, por fin, desembarcase en el interior del Brasil, donde padecen campesinos e indígenas bajo la voracidad del capital nacional e internacional.

Don Pedro lo testifica en los siguientes términos: “Si la opción por los pobres es ponerse a su lado y contra su pobreza y marginación, la opción que también se haga por los ricos deberá ser ponerse al lado de sus personas, pero contra su lucro y privilegios. Si no es así, volvemos a lo de siempre. Todos hermanos en Adán y en Dios, pero cada uno en su lugar social, unos pasándola muy bien y otros pasándola muy mal (…) Es evidente que la salvación de Cristo es universal. A todos se ofrece. Pero pasa por un camino cierto: el reconocimiento efectivo del prójimo como igual, como hermano. Con todas las consecuencias. Nadie es igual cuando se ve obligado a vivir de forma tan diferente (…). Si Cristo es la riqueza de los pobres, ¿por qué no es la pobreza de los ricos para ser la hermandad con todos?”.

La causa de los mártires. Para Jon Sobrino, a los mártires latinoamericanos los mataron por defender a pobres inocentes e indefensos, que morían la muerte lenta de la opresión y la violenta de la represión. Y explica que ha habido mártires porque antes ha habido víctimas. Por tanto, antes de pensar en los mártires, hay que traer a la memoria a los pobres y a las víctimas. Casaldáliga, agrega Sobrino, siempre las tiene presentes, y periódicamente recuerda la verdad del mundo victimizado.

Don Pedro, al dar testimonio de esta causa, afirma: “El martirio en América Latina ha pasado a ser una marca generalizada. Aquellas marcas del Apocalipsis han llegado a ser marca de todo el pueblo. Todo el pueblo latinoamericano que tiene conciencia y voluntad de defender la causa de la liberación, las propias raíces de identidad, que lucha por los derechos humanos, es un pueblo marcado para una muerte anunciada (…) Se ha hecho habitual celebrar fechas, hasta el punto de que el calendario en América Latina se ha teñido de rojo en casi todos los días. Cada día hay uno o varios mártires”. Y refiriéndose de forma poética a los mártires de la UCA, expresó: “Ya sois la verdad en cruz / y la ciencia en profecía, / y es total la compañía, / compañeros de Jesús. / El juramento cumplido, / la UCA y el pueblo herido / dictan la misma lección / desde las cátedras fosas / y Obdulio cuida las rosas / de nuestra liberación”.

Las causas de la tierra, de los pobres y de los mártires son parte esencial de la vida de don Pedro Casaldáliga, reflejadas de forma magistral en la película Descalzo sobre la tierra roja.


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Comentario

Álvaro López-Rivera
24/11/2013 09:20:02 PM




Verdaderamente, esta película proyecta de forma magistral la vida y el legado martirial.




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