Universidad Centroamericana José Simeón Cañas


Por una sociedad sana

Carlos Ayala Ramírez, director de Radio YSUCA
28/05/2013
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Cada 31 de mayo se celebra el Día Mundial sin Tabaco, dedicado a resaltar los riesgos para la salud asociados al consumo de tabaco y a promover políticas eficaces para reducirlo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de las principales promotoras de esta celebración, la epidemia del tabaquismo mata anualmente a casi 6 millones de personas en el mundo, de las cuales más de 600 mil no fuman, sino que mueren por respirar el humo ajeno. En El Salvador, de acuerdo a la Organización Panamericana de la Salud, cada año fallecen un aproximado de 5 mil personas por causa del tabaco; un número similar a los que causaba la delincuencia de las pandillas y el crimen organizado en sus momentos más críticos.

Se estima, además, que un 11% de los salvadoreños son fumadores activos, pero no se tienen estadísticas sobre la cantidad de personas afectadas por el humo del cigarrillo. Para 2012, el sistema de vigilancia sanitaria del Ministerio de Salud reportó que los costos de atención ambulatoria para la población de 1 a 9 años de edad por enfermedades relacionadas al consumo y exposición al tabaco sobrepasaron los 39 millones de dólares, siendo la atención de consultas por infecciones agudas de las vías respiratorias la que más recursos consumió (más de 36 millones de dólares).

A nivel global, el tema que se ha escogido este año como idea fuerza es la prohibición de la publicidad, la promoción y el patrocinio del tabaco. En este sentido, la OMS propone aumentar los esfuerzos locales, nacionales e internacionales para contrarrestar las estrategias de la industria tabacalera destinadas a eludir esta prohibición. La experiencia muestra que la proscripción completa de la publicidad reduce el número de personas que adquieren o mantienen hábitos de fumar. Como se sabe, la publicidad cumple al menos tres funciones básicas: informar, orientar y persuadir. Las dos primeras son un servicio real para el potencial comprador. Pero con la tercera, que suele ser la función predominante, surge un problema ético: puede derivar en la manipulación del consumidor. Hoy día, la publicidad no es un sistema de información, sino de seducción. No es una publicidad que se centre en informar sobre las características del producto, sino en la personalidad y debilidades del consumidor.

Ahora bien, la prohibición de publicidad explícita encuentra modos sutiles de evasión. A manera de ejemplo, en Estados Unidos, en una serie televisiva patrocinada por cigarrillos Camel, los guionistas tenían instrucciones rigurosas: solo podían fumar los personajes positivos, no los negativos o antipáticos; había que fumar los cigarrillos de manera relajada, no compulsivamente; los personajes no podían toser; había que eliminar los letreros de prohibición de fumar. Es decir, mediante los mecanismos de identificación y proyección, se propiciaba la inducción de conductas y valores favorables al consumo del tabaco.

Sin embargo, para la OMS, el problema no se reduce solo a la publicidad y consumo del tabaco. De manera general, se habla de que el estilo de vida que se promueve en la sociedad actual no favorece la salud. Entre las principales enfermedades que hoy causan la muerte, se enumeran no pocas que tienen su origen en el estilo de vida fomentado por la publicidad. De ahí que la Asamblea Mundial de la Salud ha aprobado recientemente un Plan para la Prevención y Control de las Enfermedades no transmisibles, como las dolencias derivadas del consumo del tabaco y el alcohol y la obesidad, responsables del 60% de las muertes en el mundo (69% en Latinoamérica).

En el texto se menciona la necesidad de que los Gobiernos promuevan la reducción de la ingesta excesiva de alcohol, el incremento del consumo de frutas y hortalizas a 400 gramos diarios (cinco piezas) y el aumento de la actividad física (disminución de la prevalencia de la inactividad en un 10%). Asimismo, el plan promueve una menor ingesta de sal (reducción del 30%) y de ácidos grasos saturados, y la disminución del consumo de tabaco (del 30%). También se refiere a la publicidad dirigida a los menores, y pide que se “reduzca el impacto que tiene en los niños la promoción de alimentos y bebidas no alcohólicas ricos en grasas saturadas, ácidos grasos, azúcares libres y sal”.

Desde nuestra perspectiva, la eficacia de este plan depende, en buena medida, no solo de la voluntad de los Gobiernos, sino también de la puesta en práctica de una ética de la publicidad y de una ética ciudadana del consumo. La primera implicaría veracidad en la publicidad (esta no debe engañar deliberadamente, ni implícita o explícitamente, ni por omisión); respeto a la dignidad de la persona (evitar técnicas que manipulen y exploten la debilidad humana); y compromiso con la responsabilidad social, esto es, regular la publicidad que reduce el progreso humano a la adquisición de bienes materiales y cultiva un estilo de vida opulento, perjudicial tanto para los individuos como para la sociedades.

La ética ciudadana del consumo, por su parte, propone un consumo liberador, justo y co-responsable. Liberador, porque hay que estar conscientes de cuáles son las motivaciones del consumo; hay que hacer uso del poder del consumidor y no simplemente lo que otros (los publicistas) dicen que hagamos. Consumo justo, porque si bien hay productos que son necesarios, estos tienen que ser universalizables, es decir, accesibles para todos. Y, finalmente, consumo co-responsable, que significa echar mano de las asociaciones e instituciones de la sociedad civil y política para luchar por ese tipo de consumo justo y liberador. En otras palabras, hay que conocer y distinguir bien entre consumo, consumismo y consumerismo.

El consumo viene determinado por la acción de obtener productos o servicios para la satisfacción de las necesidades básicas. El consumismo alude a un componente irreflexivo, cuya dinámica central está constituida por la obtención de bienes de consumo superfluos. Y el consumerismo es la organización de los ciudadanos para la defensa de sus derechos ante las injusticias que se cometen en el mercado. En suma, tanto la ética de la publicidad como la ética ciudadana del consumo, en este plano de la salud, buscan promover una forma sana de vivir individual y social. Y una sociedad es sana en la medida en que responde a las necesidades fundamentales de la persona y favorece el desarrollo de sus potencialidades.


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Comentario

virginie
07/06/2013 04:31:02 PM




Je suis fiére de toi! Cest magnifique et je ne suis pas surprise du tout par cette prouesse qui te permettra daller plus loin! Bravo, bravo, je tembrasse trés fort Virginie




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