Universidad Centroamericana José Simeón Cañas


¿Por qué un día contra la homofobia y la transfobia?

Carlos Ayala Ramírez, director de Radio YSUCA
21/05/2013
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El 17 de mayo se celebró el Día Internacional contra la Homofobia y Transfobia, es decir, contra el repudio, prejuicio o discriminación hacia mujeres y hombres que se reconocen a sí mismos como homosexuales, así como hacia travestis y transexuales. La fecha coincide con la anulación de la homosexualidad, en 1990, de la lista de enfermedades mentales por parte de la Organización Mundial de la Salud. Hasta épocas muy recientes, se pensaba que la homosexualidad era una verdadera anomalía, una desviación sexual y patológica. Hoy existe un movimiento de signo contrario, que la entiende y reconoce como una variante en la forma de vivir el sexo, tan normal, aceptable y válida como la heterosexualidad.

Sin embargo, aún cerca de 80 países criminalizan la homosexualidad y condenan los actos sexuales entre personas del mismo sexo con penas de prisión; en Afganistán, Mauritania, Nigeria, Pakistán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Yemen incluso los castigan con la pena de muerte. Y en otros, como El Salvador, aunque no se llega a procedimientos legales tan drásticos e inhumanos, sí se dan acciones de menosprecio, agresión y hasta asesinatos contra este grupo social ubicado entre los sectores denominados “minorías vulnerables”. Esto es, los que por su circunstancia —en este caso, por su inclinación sexual distinta a la heterosexual— se encuentran en estado de indefensión para hacer frente a sus problemas y hacer valer sus derechos.

Recordemos que la homosexualidad no es algo nuevo, ha estado presente en todas las culturas a lo largo de la historia. Egipto la incluyó entre los mitos de sus deidades. En el mundo griego y en el romano —donde primaban absolutas las virtudes del varón y donde se valoraba lo natural como “ordenado” y “bueno” y lo antinatural como “desordenado” y “malo”—, la homosexualidad no solo fue aceptada socialmente, sino que, además, era considerada como la “aristocracia del amor”, en el sentido de que era propia de seres “especiales”, de sentimientos amorosos refinados. Como confirmación de esta tesis suele listarse los nombres de grandes filósofos, políticos y escritores, como Sócrates, Platón, Alejandro Magno y Augusto, entre otros. Sin embargo, el cristianismo y la cultura occidental, desde una concepción procreacionista de la sexualidad, consideraron la homosexualidad como una “inversión” del orden natural y al homosexual se le tachó de “pervertido”. Desde luego que, en la actualidad, seguir considerando la sexualidad desde la norma procreativa, es decir, solo justificada por su vinculación con el acto de transmitir vida, no pasa de ser una visión reduccionista. Dicho esto, volvamos a la pregunta inicial: ¿por qué un día contra la homofobia y la transfobia?

Desmond Tutu, obispo anglicano y Premio Nobel de la Paz, quien destacó por su lucha contra el apartheid en Sudáfrica en la década de los ochenta, expresa en Dios no es cristiano, uno de sus más recientes libros, que hay al menos tres razones para oponerse a la discriminación que sufren los homosexuales. En primer lugar, porque es una exigencia de justicia. Afirma que durante el apartheid, a los negros se les echaba la culpa y se les hacía sufrir por algo ante lo que no se podía hacer nada: el color de la piel. Lo mismo sucede con la orientación sexual: es algo que nos viene dado. Y a renglón seguido, expresa su compromiso: “Después de haber luchado contra la discriminación del apartheid, no puedo dejar de luchar contra la discriminación que sufren los homosexuales, incluso en nuestras iglesias y grupos de fe”. Según Desmond, pues, se trata, en primer término, de una cuestión de justicia ordinaria: el ejercicio de los derechos a la vida, a la integridad física y moral, a la libertad, al trabajo, a la educación, a la salud y los demás que están consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

En segundo lugar, es también una exigencia del amor. Según el obispo sudafricano, todo ser humano es valioso, puesto que todos formamos parte de la familia de Dios. A todos se nos tiene que permitir amarnos unos a otros con honor. Sin embargo, lamenta, en todo el mundo se persigue a las lesbianas, a los gais y a las personas bisexuales y transexuales. Las tratamos como parias y las expulsamos de nuestras comunidades. Les echamos la culpa de lo que son. Y desde su perspectiva de pastor y defensor de los derechos humanos, sostiene que “no se puede concebir que el Jesús al que adora, pudiera colaborar con aquellos que vilipendian y persiguen a una minoría ya oprimida”. De esta segunda exigencia planteada por Tutu deducimos la siguiente aseveración: discriminar por razón de la orientación sexual es algo contrario a la dignidad humana y al amor; por tanto, inaceptable para la fe cristiana.

Finalmente, hay que estar contra la homofobia y la transfobia porque es una exigencia de la inclusión. Desmond Tutu, desde su espíritu de cordialidad y hospitalidad universal, plantea que todos estamos llamados a ser sostenidos en ese increíble abrazo del que no seremos excluidos. El abrazo de la inclusión fraterna del buen Dios, en el que todos somos iguales y tenemos el mismo valor: gais, lesbianas, blancos, negros, amarillos, pobres, inteligentes, ricos, no tan inteligentes, bellos, no tan bellos… Todos estamos convocados a pertenecer a la familia humana. En otras palabras, hay que estar contra la homofobia y la transfobia porque es inaceptable que las personas lesbianas, gais y transexuales sufran las consecuencias de la intolerancia, del miedo, del aislamiento y de la agresión criminal. Y visto en positivo, hay que decir que no se trata solo de estar en contra, sino de aspirar a una sociedad que respete los derechos ciudadanos y garantice la inclusión de todas las personas.


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Comentarios

jose
31/05/2013 06:10:50 PM




Cristo me acepta como pecador que soy pero debo aceptar y abandonar el pecado, ese es el mensaje de Jesus, el homosexual y todas sus variedades esta invitado al cristianismo pero no sus practicas homosexuales. no es que la iglesia se debe de convertir nosotros somos los que tenemos que convertirnos. yo no soy homosexual pero tengo otra clase de pecados relacionados tanto a mi sexualidad como a mi caracter y no voy a ir a la Iglesia a exigirle que me los aplauda y bendiga, mas bien pido a Dios que me ayude a abandonarlos y seguir la via cristiana. saludos



edgar
25/05/2013 06:23:32 PM




me da la impresion al oir tantos comentarios acerca de los homosexualesclaro tiene su derecho como personas humanas que son que el ideal de ser humano es llegar a ser homosexual, siento que cuando hablan de sus derecho lo que quieren se que seamos homosexuales qu es el ideal a alcanzar



juan carlos c
07/06/2013 04:14:43 PM




Son tantos años de evangelización en tantas partes del mundo y aun no entendemos cual era el proyecto de Jesús. Caminar como hermanos en medio de tantas diferencias es difícil. Cholo, pobre, rico, alto, negro, homosexual, alcohólico, drogadicto son motivo de desprecio y deshumanización. Qué difícil es curar al hombre, que difícil es curar la vida como lo hizo Jesús; lamentablemente todos nos dejamos llevar por ese lado que NO ayuda a la humanidad, que no ayuda al otro. Hagamos un esfuerzo y entandamos que somos iguales, que todos somos imagen de Dios. "ama a todos como hermanos y has el bien".



jose danilo fuentes umaña
07/06/2013 04:16:22 PM




Entiendo que el amor de Dios esta basado en principios, es decir amor desinteresado la palabra Dios es amor no dice que es poder, justicia, sabiduría aunque tenga estas 3 ultimas o sea su fuente el que diga que Dios es amor, me confirma que es su cualidad dominante...



Ana María Mayorga de Garcia
07/06/2013 04:16:09 PM




Sociedades como las nuestras con falsos e hipócritas ideales y valores incongruentes requieren debates largos, humillaciones de personas y pérdidas de vidas para aceptar cambios en nuestros patrones sociales aunque exista plena conciencia de que estamos errados al no abrir nuestra mente a todos. No nos llamemos cristianos si no actuamos como tales.




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