Universidad Centroamericana José Simeón Cañas


San Romero, fuente de inspiración para los obispos

31/01/2019
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El papa Francisco, al dirigirse a los obispos de Centroamérica durante su participación en la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá, destacó la figura de san Romero, señalando que su vida y enseñanza son fuente constante de inspiración para la Iglesia, de modo particular para los obispos. En esta línea, la siguiente frase es emblemática y deberá quedar sonando como horizonte de sentido para la vida eclesial: “Apelar a la figura de Romero es apelar a la santidad y al carácter profético que vive en el ADN de vuestras Iglesias particulares”. Recordemos que para san Romero la misión de la Iglesia solo será auténtica si es la misión de Jesús. Esta convicción está a la base del principio inspirador “sentir con la Iglesia”.

El Papa explicó que este principio, llevado a la práctica por monseñor Romero, implica tres actitudes que todos los obispos de Centroamérica no solo deben tener en cuenta, sino imitar para encontrarse con Cristo y el pueblo que sufre: “Reconocimiento y gratitud”, “Un amor con sabor a pueblo” y “Llevar en las entrañas la kénosis [abajamiento] de Cristo”.

Sobre la primera actitud, el obispo de Roma afirmó que Romero pudo sintonizar y aprender a vivir la Iglesia porque “la amó como madre que lo engendró en la fe y se sintió miembro y parte de ella”. Y a renglón seguido, el papa aclaró que “sin este amor de entrañas será muy difícil comprender su historia y su conversión, ya que fue este mismo amor el que lo guio hasta la entrega martirial”. Sin duda que ese amor de san Romero hacia la Iglesia derivaba de lo que esta significaba para su vida humana y creyente. Desde la tradición apostólica, la definió como “una comunidad de fe cuya primera obligación, cuya razón de ser está en proseguir la vida y la actividad de Jesús. Ser Iglesia es mantener en la historia […] la figura de su fundador”. El papa Francisco lee esa experiencia como “la gracia de sentirse y saberse parte de un cuerpo apostólico más grande que él mismo [san Romero] y, a la vez, con la consciencia real de sus fuerzas y posibilidades”.

El sentir con la Iglesia está vinculado a un “amor con sabor a pueblo”. Desde el espíritu de la Gaudium et spes, el papa explicó a los obispos “que el pastor, para buscar y encontrarse con el Señor, debe aprender y escuchar los latidos de su pueblo, percibir el ‘olor’ de los hombres y mujeres de hoy hasta quedar impregnado de sus alegrías y esperanzas, de sus tristezas y angustias”. De esos rasgos, Romero fue ejemplo sobresaliente. Proclamó que el mundo de los pobres enseña que la sublimidad del amor cristiano debe pasar por la imperante necesidad de la justicia para las mayorías y no debe rehuir la lucha honrada. La centralidad que dio a los pobres no fue genérica, sino muy concreta. Advirtió que ponerse a su servicio exige una conversión y purificación constantes en todos los cristianos. Romero, dijo el papa, “escuchó al pueblo que le fue confiado, hasta respirar y descubrir a través de él la voluntad de Dios que nos llama”.

Finalmente, el papa Francisco planteó que “el sentir con la Iglesia” con el que se han de identificar los obispos implica llevar en las entrañas toda la kénosis de Cristo. Citando a Romero, dijo: “En la Iglesia Cristo vive entre nosotros y por eso tiene que ser humilde y pobre, ya que una Iglesia altanera, una Iglesia llena de orgullo, una Iglesia autosuficiente no es la Iglesia de la kénosis”. En ese sentido, exhortó a no tener miedo de tocar y de acercarse a las heridas de nuestra gente. Señaló que el pastor “no puede estar lejos del sufrimiento de su pueblo”. Y hacerlo al estilo de Jesús significa dejar que ese sufrimiento golpee y marque nuestras prioridades y nuestros gustos, golpee y marque el uso del tiempo y del dinero, e incluso la forma de rezar. Expresó que le preocupa cómo la compasión ha perdido centralidad en la Iglesia, incluso en medios de comunicación católicos. Y fue enfático al afirmar “que no se pierda en el obispo la centralidad de la compasión”. La Iglesia de Cristo es la Iglesia de la compasión, y eso empieza por casa. De ahí la necesidad de que los pastores se pregunten lo siguiente: ¿cuánto impacta en mí la vida de mis sacerdotes? ¿Soy capaz de ser padre o me consuelo con ser mero ejecutor?

Cuando el Concilio Vaticano II habla del ministerio de los obispos, sostiene que estos deben anunciar el Evangelio de Cristo, llamando a los hombres y mujeres a la fe con la fortaleza del Espíritu, o confirmándolos en la fe viva. En cuanto santificadores, el Concilio señala que estos están obligados a dar ejemplo de santidad con la caridad, humildad y sencillez de vida. Y en el ejercicio de su ministerio de padre y pastor, deben comportarse en medio de los suyos como quienes sirven, como pastores buenos que conocen a sus ovejas y son conocidos por ellas. San Romero, ciertamente, fue un obispo de ese talante. Pero no solo fue un maestro de la fe y un santificador de los fieles, sino también un profeta de la justicia y de la esperanza. Qué hermosa paradoja: monseñor Romero fue sospechado y excomulgado en los cuchicheos privados de muchos obispos —como afirmó el papa—, pero hoy se apela a su ejemplo como fuente de inspiración para las autoridades eclesiásticas.

* Carlos Ayala Ramírez, profesor del Instituto Hispano de la Escuela Jesuitas de Teología, de la Universidad de Santa Clara; y de la Escuela de Pastoral Hispana de la Arquidiócesis de San Francisco. Docente jubilado de la UCA.


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Comentarios

el observador
10/02/2019 10:11:27 AM




(7) El Sr. Ayala y Don Francisco hablan de "fe", pero de que fe hablan ??? será fe en Romero, fe en el sistema político-religioso de Roma, fe en el papa emérito, fe en el papa blanco, fe en el papa negro, y digo papa blanco y negro porque hoy hay 3 papas, el papa emérito, el papa blanco (don Francisco), y el papa negro, ya que es sabido que el papa negro es el superior de la orden de los jesuitas quien es el jefe de Don Francisco y a quien Don francisco le debe observar toda lealtad y obediencia bajo el juramento jesuita.



el observador
09/02/2019 07:32:17 PM




(6) Los papas que ahí están vivitos y coleando, no obstante que se auto-proclaman "vicarios de Cristo" es decir representantes de Dios en la tierra, (falsamente por supuesto), no han podido nunca cambiar las condiciones políticas, económicas y sociales en ninguna parte del mundo. El ahora cardenal y príncipe le mandó una carta a Don Francico para que en su viaje a Panamá visitara la tumba del difunto Romero, así podrian decir que hasta Don Francisco visitó a Romero haciendo más "santo" el lugar, quien quita lo puedan hacer un centro de peregrinación así como los curas de Guatemala hicieron de Esquipulas, por ejemplo. Todo eso no es más que la alienación del sistema político-religioso de Roma que trajeron los conquistadores españoles a través de la santería, los sacramentos y las vírgenes marías para someter a los indígenas, esclavizarlos y despojarlos de sus tierras, cosa que aun se ve a lo largo y ancho del país especialmente entre la gente con menos...



el observador
09/02/2019 07:17:08 PM




(5) Incorrectamente, tanto el Sr. Ayala Ramírez como Don Francisco y el difunto Romero, y por tanto todos los católicos, creen erróneamente que el evangelio de Jesús consiste en ayudar a los pobres y a los hambrientos, si bien eso no es malo al contrario es algo deseable, ese no es el evangelio de Jesús, y en eso también falló Romero puesto que siendo uno de los jerarcas religiosos, que aunque no lo son pero se hacen llamar cristianos, su primer obligación debió haber sido predicar el evangelio de Jesús y al no hacerlo no solo dejan al descubierto que fingen ser cristianos pero no lo son, y eso es engañar a los que ciegamente ven en ellos, líderes cristianos sin serlo. Pero ahí andan para arriba y para abajo invocando a Romero seguros de que Romero va a cambiar las condiciones políticas, económicas y sociales en El Salvador, sin ver que Romero está ya bien muerto y que ni los papas, quienes ahí están vivitos y coleándo no han podido cambiar nada.



el observador
09/02/2019 06:50:47 PM




(4) Fue cuando mataron a su íntimo amigo Rutilio Grande que Romero empezó a ponerle atención a la represión militar y a defender a los campesinos y obreros que eran víctimas. Si analizamos a Romero, desde el punto de vista de la palabra de Dios, si bien Romero fue defensor de las víctimas de la represión militar, también vivió, a simple vista, una vida de pecado, (sin contar los pecados cometidos en privado), ya que dedicó su vida a la idolatría de rendirle culto a santos y vírgenes marías, como también a celebrar lo que llaman misas, donde en forma sacrílega dicen, que lo que se supone mediante un acto de magia, bajan a Dios del cielo, lo sacrifican nuevamente, reparten su carne entre la feligresía mientras Romero, además, se bebía la sangre de Dios (todo falsamente por supuesto) en razón de que solo el clero es digno de beber la sangre de Dios, y no la feligresía, cuanta vez se les antoja en miles de miles de misas a diario, a toda hora del día y de la noche...



el observador
09/02/2019 06:35:44 PM




(3) Al difunto Romero lo elevaron a los altares católicos porque lo mataron "por odio a la fe", lo cual es falso, porque la verdad es que lo mataron, si es que fue la derecha quien lo mató, porque con su mensaje subversivo hecho a los soldados para que se revelaran contra las autoridades militares en el sentido de incumplir las órdenes de sus superiores militares, de "no matar". Cabe destacar que en todo caso, los que lo mataron eran tan bautizados católicos como lo era el mismo Romero. Romero siempre fue un cura conservador viviendo en armonía con oligarcas y militares, tanto que según su secretario privado el conocido como Monseñor Jesús Delgado, fue un grupo de señoras ricas amigas de Romero las que lo pusieron en el puesto de Arzobispo no obstante que a quien le tocaba ese puesto era el conocido como Monseñor Rivera y Damas quien ya tenía 18 años de ser Arzobispo auxiliar del titular Chávez y González.



el observador
09/02/2019 06:12:55 PM




(2) El concepto de "santo" que maneja el sistema político-religioso de Roma es muy diferente al concepto de santo expresado en la palabra de Dios escrita en la Biblia, para el sistema político-religioso de Roma es a través de la santificación hecha por hombres la que llaman canonización la que cuenta para que a una persona la declaren "santo". En la palabra de Dios escrita en la Biblia, en la mayoría de los escritos de Pablo, llama santos a todos aquellos hombres y mujeres miembros de la iglesia originalmente fundada por Jesucristo a través de su Espíritu Santo en Jerusalén el día de pentecostés. Cabe aclarar que el sistema político-religioso de Roma fue fundado por el Cesar Constantino del Imperio Romano quien ostentaba el título de Sumo Pontífice en calidad de administrador de las religiones y de los asuntos concernientes a los dioses del Imperio Romano, hasta el año 325DC en el Concilio de Nicea, donde el Cesar Constantino quiso unificar al imperio bajo una sola...



el observador
09/02/2019 05:48:43 PM




(1) Yo tengo una opinión sobre el difunto Romero muy diferente a la que tiene el Sr. Carlos Ayala Ramirez y por supuesto muy diferente a la que tiene Don Francisco. No cabe duda que Romero fue un prominente miembro del clero católico salvadoreño que terminó su vida jugando un prominente papel político-religioso dentro de la política salvadoreña, pero el término "profeta" es un término bíblico que se les daba a personas que recibían un mensaje directamente de Dios para que lo comunicaran al pueblo de Dios, lo cual no es el caso de Romero aunque muchos relacionando a Romero se ponen a decir cualquier disparate que tienen en la cabeza , y voy a dar un ejemplo, en Isaías cap.61, el profeta Isaías da un mensaje profético el cual es confirmado por Jesús en Lucas cap. 4, donde el mensaje profetico se ha cumplido con su venida a este mundo.



Juan Leonardo Alvarenga
09/02/2019 08:54:21 AM




Hoy día son raros y contados los clérigos católicos que hacen pastoral igual o siguiendo las huellas del santo Romero. Lo que hay es una manada de burócratas de la biblia que no sienten ni viven como el pueblo. Están lejos del Reino como le lo dijo Jesus




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