Universidad Centroamericana José Simeón Cañas


Representantes sin representación

Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero
11/01/2018
Vota
  • 4.7 estrellas
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
15 Votos
3

No deja de sorprender el entusiasmo de los partidos políticos al presentar a sus candidatos a diputados y la respectiva agenda legislativa. Más allá de esa algarabía, en las presentaciones se observa una grave incoherencia. Los candidatos se presentan como representantes de los intereses de los habitantes de un determinado departamento. Cada departamento debe elegir a sus representantes, quienes debieran conocer a sus electores y sus necesidades y aspiraciones. El supuesto es que si resultan elegidos, se esforzarán por satisfacer esas necesidades y esas aspiraciones desde su escaño legislativo, mediante la proposición de leyes, el cabildeo en las dependencias de los gobiernos central y local, y la difusión de las demandas de los habitantes de la zona.

Pero esa no es la idea. El programa legislativo que esos candidatos proponen ha sido elaborado desde una perspectiva nacional, que no necesariamente coincide con la de los habitantes del departamento que los elegirá, y sus autores, casi seguro, desconocen la realidad departamental. La llamada agenda legislativa ha sido formulada por la dirigencia de los partidos políticos, según su percepción de la realidad nacional y sus intereses particulares. Es decir, se llama a la ciudadanía de cada departamento a elegir a sus representantes, pero estos, en realidad, representan los intereses de una agenda nacional. Sin duda, algunas de sus propuestas también serán beneficiosas para los habitantes de cada uno de los departamentos, pero estos tienen sus propios intereses y expectativas, que sus representantes no atienden al asumir la agenda del partido.

Así, pues, la ciudadanía de cada departamento ha de olvidarse de sus problemas particulares para asumir unos planteamientos nacionales, cuyo alcance difícilmente comprende y que, en cualquier caso, no inciden inmediatamente en su realidad. En segundo lugar, la ciudadanía es llamada a votar por unos representantes que no la representarán, sino que actuarán según las indicaciones de la dirigencia del partido político que los propone. Prueba de ello es que a los diputados solo les está permitido votar según las indicaciones de su dirigencia. Son, pues, más representantes de esta que de quienes los eligieron. El haber obtenido marcas en su rostro en la papeleta de votación no los compromete con sus electores. En tercer lugar, el contenido de la agenda legislativa que los candidatos a diputados se comprometen a promover es impuesto desde arriba, prescindiendo de si responde o no a las expectativas inmediatas de la ciudadanía. La estructura es claramente vertical y autoritaria. Finalmente, el diputado no vota para promover o defender los intereses de sus electores, sino para impulsar la agenda del partido político. De esa manera, nos proponen elegir a unos representantes para que representen el interés de la dirigencia del partido.

Una proporción significativa de la ciudadanía se aviene gustosa a votar por estos representantes. Es decir, aquellos que deciden la elección no exigen la representación a la cual tienen derecho. Ni siquiera se lo llegan a plantear. Esto muestra cuán arraigado se encuentra el autoritarismo en la sociedad salvadoreña. A este sector de la ciudadanía no le interesa el contenido de la agenda legislativa propuesta, mucho menos su discusión. Le basta con que tenga la aprobación de la dirigencia del partido. Consecuentemente, tampoco se le ocurre pedir cuentas a los diputados de su departamento. Eso sería cuestionar la gestión de los dirigentes del partido, algo inconcebible. El resto de la ciudadanía, tal vez por falta de educación política básica, tal vez porque no tiene ninguna razón de peso, no se interesa en esta cuestión. Para muchos, el autoritarismo es la única alternativa.

En cambio, los candidatos presidenciales sí tienen un inmenso interés en la elección de los diputados, porque cualquiera que resulte electo necesita una mayoría legislativa para poder gobernar autoritariamente sin tropiezos. Dialogar y negociar siempre resulta una carga insoportable para la mentalidad autoritaria. En definitiva, esta será la que imponga la agenda legislativa a unos diputados dóciles a los mandatos de sus respectivas dirigencias partidarias. Las elecciones prestan así una cobertura democrática a un autoritarismo ancestral. Qué sentido puede tener elegir directa e individualmente a unos representantes que no representan a sus presuntos representados.


  •   Compartir



© Todos los derechos reservados.


Comentarios

Doris Castellanos.
20/01/2018 04:30:56 PM




Hablando de las elecciones, se les va a hacer un menudo lío la orden de la sala de conformar las JRV con personas supuestamente "independientes", ya que la gente seleccionada al azar por el TSE no quiere ser parte del tal evento. Esto es consecuencia de contravenir la Ley Electoral, según la cual los partidos deben seleccionar a sus representantes para que desarrollen su papel en el evento. Y algunos pensamos que nadie más puede hacer ese papel como los mismos vigilantes de cada partido. No se han puesto a pensar en los centenares de quejas de que fulanos o sutanos no son independientes y pertenecen a algún partido. Aunque sea por quejarse de cualquier cosa en beneficio de su agrupación. En cuanto a la ansiada mayoría legislativa para gobernar cómodamente, un candidato que lidera todas las encuestas ha dicho que le tiene sin cuidado, ya que será la población quien presione por la aprobación de leyes de beneficio popular.



Vladimir flores
12/01/2018 07:22:56 AM




Hola buenos días. Yo estoy en contra de que se obligue a un ciudadano a estar cuidando hurnas sin su boluntad. Deveria ser una fuente de empleo temporal bien remunerada para que cualquier persona optara por trabajar esas horas . sin ningún tipo de amenazas a ser encarcelado ni pagar multas. Pues los veneficios los obtienen otros.



Juan Gilberto Ramirez H.
11/01/2018 07:38:15 PM




La idea principal o el objetivo inmediato de que cada departamento, 14 en total, tenga sus propios diputados que conocen las necesidades de la población que los ha elegido y por su propia iniciativa haga las gestiones o el trabajo para satisfacer esas necesidades. Pero, como dice el articulista los diputados obedecen a una dirigencia autoritaria que ha trazado una agenda nacional que supuestamente va a beneficiar a todo el país y no a un departamento en particular. En principio eso parece razonable pero desvirtúa la gestión individual de los diputados que debe orientarse a su departamento. Pero, por ignorancia cívica, los habitantes nunca se dirigen a su representante para presentarle una petición a las autoridades respectivas para hacer determinada obra de beneficio de la comunidad. Entonces surge la pregunta ¿para qué ocupar 84 diputados discutiendo una agenda nacional olvidando una agenda departamental? Para hacer ese trabajo ya diseñado solo serían suficientes...




Deje su comentario

No se publicarán comentarios insultantes, que no aborden directamente el tema del texto o escritos solo en mayúsculas.


Nombre:

Comentario:

Caracteres disponibles:1000

¿Cuánto es (1 + 4) ?: