Universidad Centroamericana José Simeón Cañas


Erradicar la pobreza

José María Tojeira, director del Idhuca
01/04/2017
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En El Salvador tenemos pobreza en abundancia. Oficialmente, según las medidas internacionales, que ponen en un ingreso de cuatro dólares diarios por persona el límite de la pobreza, tenemos un poco más del 30% de la población en pobreza. Cuando se mide la pobreza multidimensional, que más que en el ingreso monetario se centra en la privación de bienes básicos de los hogares, el porcentaje se eleva. Si hacemos una suma del total de los que coinciden en las dos mediciones y de los que no coinciden, nos encontramos casi con la mitad de la población en pobreza. Entre el 47% de la población que el Programa de las Naciones Unidas en El Salvador considera no pobres pero en situación vulnerable, muchas personas sienten una serie de privaciones que les lleva a considerarse pobres, más allá de las calificaciones oficiales de bancos o instituciones internacionales.

En otras palabras, la pobreza sigue siendo uno de los mayores problemas del país. Y más allá de las discusiones de gente bien intencionada y bien ubicada en la vida, que dice que la pobreza no es la causa de la violencia que vivimos, lo cierto es que algo tiene que ver. Los expertos suelen afirmar que la pobreza es “multicausal”, y tienen razón. Pero lo cierto es que la pobreza genera, de diversos modos, reacciones de protesta o violencia. Y genera todavía más cuando los pobres tienen claridad sobre temas como el monto de los salarios en los países desarrollados y la corrupción existente en nuestros países, y sufren simultáneamente una propaganda consumista e individualista que ofrece maravillas mientras el modo de funcionar de la sociedad impide conseguir lo que se vende como felicidad. Ciertas formas de pobreza son humillantes para quienes las sufren, y no hay nada mejor que humillar a los demás para cosechar respuestas violentas.

Hace ya cincuenta años, el 26 de marzo de 1967, el papa Pablo VI escribió una carta encíclica que ha iluminado el pensamiento de la Iglesia a lo largo de este medio siglo. Ya entonces, Pablo VI condenaba lo que recientemente el papa Francisco llama “la economía que mata”. Decía que un capitalismo liberal sin responsabilidades sociales, un “liberalismo sin freno que conduce a la dictadura”, había sido condenado ya por Pío XI en 1931 como “generador del imperialismo internacional del dinero”. La economía debe estar “al servicio del hombre”, no al contrario. Y por eso mismo Pablo VI decía que estas situaciones de pobreza e injusticia tienen “que afrontarse valerosamente y combatirse y vencerse”. La necesidad de transformaciones es urgente, y los cambios deben ser “audaces” e innovadores. El desarrollo tiene como objetivo “reducir las desigualdades, combatir las discriminaciones, librar al hombre de su esclavitud, hacerle capaz de ser por sí mismo agente responsable de su mejora material, de su progreso moral y de su desarrollo espiritual”.

Viendo nuestra historia del último medio siglo, podemos decir que hemos mejorado en muchas cosas. Pero seguimos todavía en una situación deplorable en educación, salud, vivienda, acceso al agua y a un medioambiente sano y sostenible. Y mantenemos unos índices de pobreza intolerables y causantes de múltiples disonancias en nuestra vida social. Disonancias que tienen su mayor manifestación en esa violencia que se expresa sistemáticamente en la muerte homicida, en la amenaza, en la infravaloración de la vida de los pobres. Hay cada vez más autores que piensan que es más barato erradicar la pobreza que combatir los síntomas que produce. Pero ni siquiera eso nos moviliza para iniciar un intento sistemático de erradicar la pobreza en El Salvador. A pesar de haberse hecho cálculos de los costos de la violencia, en la práctica no acabamos de entender que tenemos unos niveles de pobreza y vulnerabilidad que generan sistemáticamente gastos en abundancia. No solo la violencia tiene costos; la pobreza también. Y ambas frenan los planes de desarrollo que ingenua o cínicamente exhibimos o anunciamos a cada rato, aunque los malos resultados de los mismos nos mantengan en situaciones siempre lamentables. Erradicar la pobreza nos permitiría reducir la violencia y avanzar muchos más aprisa hacia el desarrollo, en todos los sentidos.

De la guerra civil hemos pasado a un estado de violencia permanente, con altibajos pero siempre por encima de niveles tolerables o normales, si es que la violencia puede ser normal en algún momento. Erradicar la pobreza, hacer un esfuerzo serio y nacional para hacerla desaparecer, es la única manera de alcanzar niveles de desarrollo digno, tanto en el nivel económico y cultural como en el moral y espiritual. Ejemplos de personas comprometidas con el esfuerzo en favor de un desarrollo humano no nos faltan en nuestra historia. Tanto en el aniversario de Rutilio Grande como en el de Romero se han escuchado múltiples voces que expresan el deseo de un desarrollo con justicia social y con cultura solidaria y fraterna. En el ambiente se habla de diálogo, pero la polarización continúa expresándose con fuerza en los medios de comunicación y en los ambientes políticos. ¿Estamos perdiendo tiempo? Si no nos decidimos de una vez por todas a dar pasos racionales hacia la erradicación de la pobreza, no solo perderemos tiempo, sino que mantendremos unos índices de dolor, costos e ineficiencia de los que no podrá salir nada bueno para el futuro inmediato.


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Comentarios

Siro Monterrosa
02/04/2017 07:25:55 AM



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Propuestas: 1- Asignar un presupuesto digno a la cartera educativa, eliminando presupuestos de CSJ y FFAA. Honrar los pagos de impuestos de elusores, evasores, contrabandistas, etc. 2- Formar a los docentes en criterios humanistas, constructivistas, abiertos al debate y las propuestas, rompiendo el esquema de aprendizaje por repetición y moldeando un esquema de creatividad, dignidad, comunicación asertiva, etc. 3- Modificar la ley de la carrera docente para permitir el retiro de docentes que no cumplen con su labor sociológica de transformación positiva. 4- Equiparar los modelos de educación y formación en todos los niveles tanto público como privado, eliminando las barreras económicas, ideológicas, y de clase. 5- Establecer un modelo de gestión educativa que unifique familia, escuela y comunidad. 6- Convertir a los centros educativos públicos y privados en los ejes de pensamiento y solución de conflictos.



Siro Monterrosa
02/04/2017 07:17:43 AM



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Padre: si no iniciamos verdaderos modelos de educación dignificante y liberadora, jamás podremos resolver los problemas subyacentes. Por ejemplo, la situación del medio ambiente, mejora con educación, la capacidad de entendernos también; la sanidad y salud personal, igual; la economía familiar de la misma forma; la capacidad de ser ciudadano innegablemente. ¿Cuál es el problema aparte de la inversión?: 1- Gobiernos que educan a la niñez y juventud para ser eslabones de una maquinaria productiva obsoleta. 2- Un modelo educativo supeditado al modelo de producción y a la economía criolla. 3- Docentes acomodados a dejar ver, dejar pasar porque no les pagan por componer el mundo. 4- Familias disfuncionales que vienen arrastrando este modelo histórico que se nos impuso por centurias y que reproducimos el esquema de: "estudie algo que le de pisto", "dale gracias a Dios por el trabajo"; "si a vos no te gusta, afuera hay mil esperando" y otro montón de paradigmas indignos.



Joaquin
01/04/2017 04:50:12 PM



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Muy bien que intenten hacer opinión pero me parece que están perdiendo calidad en algunos artículos y pareciera leer el diario de hoy o la prensa. gracias y bendiciones



Joaquin
01/04/2017 04:47:17 PM



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Estimado y respetado padre Tojeira, comparto mucho de lo que usted escribe y usted mismo se da la respuesta a lo que dice en su artículo a parecer mío."La necesidad de transformaciones es urgente, y los cambios deben ser ?audaces? e innovadores. El desarrollo tiene como objetivo ?reducir las desigualdades, combatir las discriminaciones, librar al hombre de su esclavitud, hacerle capaz de ser por sí mismo agente responsable de su mejora material, de su progreso moral y de su desarrollo espiritual?. La respuesta, estimado padre e intelectuales nacionales e internacionales es una aún en palabras censurada: Revolución. Los que impiden los cambios, transformaciones e innovacones urgentes, son los mismos de siempre. Ellos con apoyo exterior los que permiten que la pobreza y la violencia continuen. Leyes obsoletas, paradigmas que muchos aceptan aunque digan lo opuesto. Rutilo y Romero dejaron de ser inelectuales para acompañar a los pobres desde la misma opcion de ser pobres.




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