Tolerancia y servicio diplomático

José María Tojeira, director del Idhuca
09/01/2018

La embajadora estadounidense en El Salvador ha manifestado su indignación ante un acto en el que políticos del FMLN tenían detrás una pancarta con la famosa frase repetida en tantos sitios del mundo: “Yankee go home”. Cuando los diplomáticos se ponen solemnes, suelen dar risa. Hablan de la importancia y bondad de sus países pomposamente, sin darse cuenta de que las historias de las naciones están demasiado marcadas por conflictos y por las debilidades del ser humano. Todos los países tienen cosas y personas magníficas. Pero también historias tristes y con frecuencia abusivas o asesinas. Y más cuando han sido grandes potencias. Porque estas tienen siempre la tentación de servirse de la ley del más fuerte, que indefectiblemente conduce a la brutalidad. Por eso los ditirambos y las pompas acaban provocando risa. Pero dado el estilo pomposo y agresivo del “genio” Donald Trump, que incluso toma nota de quiénes no votan como Estados Unidos en las ONU (¡viva la democracia internacional!), no es de extrañar que la embajadora tienda a encuadrarse en ese estilo. Pero debería ser más prudente y comprensiva ante aquella frase, más aún cuando hay un sector significativo de estadounidenses que están diciendo en la práctica “Trump go home” al afirmar la incapacidad psicológica del presidente para gobernarlos.

Los diplomáticos, se suele decir, deben medir cuidadosamente su interferencia política en el país en que residen. Es difícil saber si la embajadora se ha dado cuenta de la utilización de sus palabras por parte de unos medios de comunicación políticamente muy parcializados. Ya han salido unos cuantos sedicentes analistas, aprovechando el “Yankee go home”, diciendo que si no se renueva el TPS no es porque le falte bondad a Trump, sino por culpa del FMLN. Un FMLN que en realidad ha ofendido mucho menos a Trump que algunos de los aliados republicanos del presidente yanqui (por cierto, así, “yanqui”, es como se escribe cuando se practica adecuadamente el castellano). El hecho de que algunos políticos del FMLN hayan hablado en alguna ocasión debajo o cerca de una pancarta que pone esas palabras que le molestan a la embajadora no debería ser motivo de rabieta.

Los estadounidenses han merecido que los pueblos les pidan que se vayan, porque tanto algunas de sus compañías transnacionales como sus soldados han intervenido en explotaciones y guerras que no han hecho sino multiplicar odios y pobreza. No siempre son malos los gringos; entre su gente hay muchas personas extraordinariamente bondadosas, sanamente universalistas y partidarias de la justicia. Pero también han abundado los fanáticos del garrote y de la explotación. Y estos últimos no han faltado en la historia de Centroamérica, desde William Walker a las compañías fruteras, desde el apoyo a Juan Orlando Hernández hasta el tráfico ilegal de armas organizado por Oliver North. No es para ofenderse que en una universidad se encuentre una pancarta con la mencionada frase que pone nerviosa a la embajadora. Y más cuando los propios universitarios estadounidenses han mantenido luchas contra los abusos de sus Gobiernos, pidiendo que los yanquis volvieran a casa, por poner un solo caso, saliendo de Vietnam.

La tolerancia y la prudencia son virtudes diplomáticas. Amenazar con la expulsión a cerca de 200 mil salvadoreños que en su inmensa mayoría merecen la residencia definitiva no es un timbre de honor ni del presidente Trump ni de Estados Unidos como nación. Que haya en El Salvador “lame-botas” de los yanquis no es un asunto que haya que aprovechar. Somos muchos los que tenemos parientes o amigos en Estados Unidos, y que conocemos la bondad de la inmensa mayoría del pueblo norteamericano. Otra cosa es que no nos gusten las políticas imperialistas o xenófobas, y que cuando sentimos que alguna actitud estadounidense se acerca a eso digamos el “Yanqui, vete a casa”. Tiene usted, señora embajadora, el derecho a tener su sensibilidad nacionalista y a expresarse como considere conveniente. Pero también le podemos pedir amistosamente que recuerde que es diplomática. Como dicen ustedes: “Take it easy”.