Universidad Centroamericana José Simeón Cañas


Elecciones sin contenido

05/03/2018
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Las elecciones se celebraron, pero sin reflexión previa. A lo más que se llegó en el debate electoral de las vísperas fue a mencionar algunos de los problemas que nos aquejan. Pero debate real, reflexivo, orientador de soluciones, no hubo. Al país llegaron en los últimos meses dos representantes de las Naciones Unidas. Ambos, el Alto Comisionado para los Derechos Humanos y la relatora especial sobre ejecuciones extrajudiciales, dejaron sendos informes sobre los problemas relacionados a la violencia, calificándolos como graves. ¿Incidieron esos informes en el debate preelectoral? ¿Movieron a los candidatos a tratar el tema y buscar soluciones? La respuesta es un “no” rotundo.

La Asamblea Legislativa no se atrevió a renovar antes de las elecciones unas medidas extraordinarias absurdas y condenadas internacionalmente desde el ámbito de los derechos humanos. Pero ante la falta de imaginación en la lucha contra el delito, no sería raro que el tema regrese con nuevos ímpetus. La impresión que tiene el ciudadano es que los problemas más graves de El Salvador no se tocan. Se vio claramente en la elaboración y aprobación del Presupuesto: los problemas económicos y sociales más de fondo, estructurales, no fueron tomados en cuenta adecuadamente.

Hemos tenido unas elecciones sin mayor contenido. Ello en medio de una profunda desgana ciudadana y un fuerte descrédito de los políticos de oficio. Los problemas logísticos fueron múltiples. Muchos de los miembros de las Juntas Receptoras de Votos no tenían claras sus funciones. Buena parte de los centros de votación abrieron tarde. Y la asistencia a las urnas fue una de las más bajas, sino la más baja, desde el fin de la guerra. Que uno de los temas más debatidos antes de las elecciones fuera si se debía anular el voto muestra la pobreza de la situación. Mientras, siguen pendientes una serie de cuestiones tanto estructurales como coyunturales. Por ejemplo, ¿se continuará buscando a gente independiente para la Sala de lo Constitucional?

Más de dos tercios de los diputados de la actual Asamblea Legislativa competieron por la reelección; todo hace pensar que la pereza intelectual continuará siendo un vicio en el hemiciclo. Ante ello, es indispensable que los ciudadanos estén dispuestos a una mayor beligerancia. El punto no es de Gobierno, por mucho que en el Ejecutivo no abunden las ideas brillantes. Si queremos vivir en democracia, a la Asamblea deben llegar personas que busquen soluciones legales a nuestros problemas y que debatan rumbos de desarrollo en contacto con quienes sufren la falta del mismo. Y eso, lo demuestran los resultados, no se conseguirá si la ciudadanía no exige, no habla, no presiona. Porque la Asamblea ha estado tan absorta en los intereses particulares de los diputados, los partidos políticos y sus donantes, legítimos o corruptos, que ha olvidado el clamor y el sufrimiento de los pobres.

Mientras se alaba la pacífica convivencia en los comicios o se habla con grandilocuencia de la fortaleza de nuestra democracia, los homicidios aumentan y la corrupción continúa campeando. De seguir en esta dinámica en la que las ideas son frases sueltas, las leyes papeles mojados y las palabras sonidos sin significado, el futuro no pinta nada bien. La actual Asamblea Legislativa y la nueva tienen el desafío de reflexionar, caer en la cuenta del irresponsable manejo de sus funciones y proponerse otro modo de trabajar. Si la Asamblea saliente introdujera en la Constitución el derecho universal al agua y la siguiente lo ratificara, veríamos algo de luz. De lo contrario, seguiremos condenados a una oscuridad cuyo origen, indudablemente, se debe a unas elecciones sin contenido.


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Comentario

Laura Sánchez
08/03/2018 12:21:15 PM



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¿Cómo es posible efectuar una eficaz presión en la nueva Asamblea? Los diputados electos y reelectos estarán felices de procurar un puesto de trabajo en el que van a gozar de privilegios que la mayor parte del pueblo salvadoreña no tiene ni ha tenido nunca. Para empezar, que reduzcan al séquito de "asesores" a dos, como máximo y que paguen su propios gastos, gasolina, que manejen sus propios carros, no necesitan protección especial si hacen bien su trabajo.




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