Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas"
Historia de la Universidad


1. Fundación

La Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas", conocida como UCA, fue fundada en septiembre de 1965, en el contexto del optimismo de la década del desarrollo. Un grupo de padres de familia "católicos" se acercó al gobierno y a la Compañía de Jesús con la intención de promover el establecimiento de una segunda universidad. Querían una alternativa a la Universidad de El Salvador para formar profesionalmente a los egresados de los colegios católicos.

La universidad concebida por este grupo de personas era privada, con capital y acciones, y orientada a satisfacer las demandas de una educación profesionalizante de una élite. Consideraban que una universidad católica concebida en estos términos contribuiría en gran medida al avance cultural del pueblo salvadoreño. Para contrarrestar el elitismo, proponían ofrecer algunas becas.

Además de estas consideraciones generales sobre lo que debía ser la universidad, es importante subrayar la percepción que predominaba sobre la Universidad de El Salvador. Excepto la facultad de medicina, por lo general considerada de alta calidad, la docencia en las demás facultades era percibida por los grupos económica y socialmente poderosos como mediocre o deficiente. Pero lo que más preocupaba a estas clases sociales era la orientación ideológica de la Universidad de El Salvador, la cual era considerada abiertamente comunista. La dimensión anticomunista de las intenciones de los promotores de la nueva universidad no fue explicitada de forma pública, pero estaba sobreentendida entre la clase dominante, sin cuyo apoyo no hubiera sido posible fundar dicha universidad.

La idea original de la asociación de padres de familia no progresó, pero la Compañía de Jesús, que desde hacía varios años contemplaba la posibilidad de establecer una universidad, impulsó una alternativa diferente, al menos en dos puntos importantes. La primera es que la universidad sería una corporación de utilidad pública, cuya administración se encargaría a una junta de directores, que después se reconstituiría a sí misma, al faltar alguno de sus integrantes. La segunda es que la universidad se orientaría hacia el desarrollo económico y social de la región. En esta visión había una percepción, no muy clara del todo, de las grandes injusticias sociales. Los fundadores eligieron para la universidad el nombre y símbolo libertario de José Simeón Cañas.

La Universidad de El Salvador, que vio amenazado su monopolio de la educación superior, la oposición política, que la secundó, se opusieron a la UCA. Pero el gobierno también deseaba una alternativa a la primera y, por consiguiente, apoyó el proyecto. Su apoyo fue determinante para que la asamblea legislativa aprobara el anteproyecto de ley de universidades privadas, el 24 de marzo de 1965 (Decreto Legislativo N° 244, publicado en el Diario Oficial del 30 del mismo mes). A continuación se elaboraron los estatutos (Acuerdo Ejecutivo N° 06173, 1 de septiembre de 1965, publicado en el Diario Oficial, 13 de septiembre de 1965), se instaló la primera junta de directores, integrada por cinco jesuitas, se hizo la inauguración oficial el 15 de septiembre y comenzaron las clases con 357 estudiantes, en locales de Don Rúa, cedidos por los salesianos, a principios de 1966.

Basada en un estudio previo, la UCA comenzó con las carreras de economía, administración de empresas e ingeniería industrial (eléctrica, mecánica y química). Las carreras humanísticas y la formación de profesores de educación media estaban previstas, pero fueron pospuestas. En efecto, la Facultad de Ciencias del Hombre y de la Naturaleza se fundó hasta 1969, con las carreras de filosofía, psicología y letras. Desde el comienzo se pensó que los licenciados en estas disciplinas contribuirían a la transformación del sistema educativo. En esta línea, se ofrecieron tres carreras cortas de tres años para obtener el título de profesor de educación media en letras y ciencias. Una segunda razón para abrir esta rama del saber fue que las carreras establecidas hasta entonces, de índole más bien pragmática, debían integrar en sus planes de estudio materias humanísticas y humanizantes, con vistas a una formación integral.

Se eligió el nombre de ciencias del hombre y de la naturaleza para sugerir la necesaria vinculación entre ambas ciencias y la interdisciplinariedad básica y profunda de todo saber científico. La creación de esta facultad significó una dinamización intelectual importante para la UCA, pues además de incorporar la dimensión humanística, abrió nuevas perspectivas al quehacer universitario y obligó a revisar lo ejecutado hasta entonces.

 

2. El desarrollo

Una vez establecida, el paso siguiente fue asegurar la superviviencia de la UCA. Durante unos dos años, hasta principios de 1968, los esfuerzos se concentraron en reunir los fondos necesarios para adquirir un terreno donde establecerla de forma permanente. En 1967, la matrícula subió a 541 y al año siguiente a 719. De un día para otro, los salesianos pidieron los locales. Entonces, la UCA encontró cobijo en el Colegio Externado San José, donde funcionó con graves inconvenientes para ella y el colegio.

Los fondos recogidos y otras gestiones financieras, permitieron adquirir el terreno de veinte manzanas, al su poniente de la capital, donde se encuentra localizada en la actualidad. Con un préstamo a un banco local se construyeron los dos primeros edificios, destinados, a mediano plazo, a laboratorios. Mientras tanto, se elaboró el plan maestro de construcción urbanística del nuevo campus. En 1968, se diseñaron los edificios, se adjudicaron los contratos de construcción y ésta dio comienzo. En 1969, la UCA se trasladó a su nuevo campus.

El crecimiento rápido de la matrícula –1,031 estudiantes a comienzos de 1969-, el nuevo campus y los dos primeros edificios animaron a las autoridades a emprender un programa amplio de expansión. Dado que ninguna fuente de financiamiento local proporcionaría los recursos necesarios, en condiciones favorables de largo plazo y bajo interés, la UCA consideró la posibilidad de hacer un préstamo al Banco Interamericano de Desarrollo, que ya había contribuido a financiar la Universidad de El Salvador. El Consejo Nacional de Planificación Económica de El Salvador (CONAPLAN) ayudó a preparar el proyecto.

La preparación llevó varios meses de intenso trabajo para satisfacer las exigencias del banco, en especial las proyecciones financieras de la UCA. El documento muestra una clara conciencia de que la UCA debía insistir en la investigación e influir en la sociedad, pero todo ello en el contexto del desarrollismo. CONAPLAN consideró que el proyecto era una "alta prioridad", el Banco Central de Reserva lo respaldó y los técnicos del Banco Intermaericano de Desarrollo se mostraron satisfechos e impresionados. El préstamo se firmó el 27 de octubre de 1970.

El plan de desarrollo de la UCA incluía la urbanización del campus, la construcción y equipamiento de ocho edificios (entre ellos dos de aulas, conocidas como A y B, dos para profesores, la administración central y la biblioteca), el núcleo de lo que sería la Biblioteca "Florentino Idoate", equipo para laboratorios, aumento del personal académico y administrativo, especialización de futuros profesores en el exterior, asistencia financiera para los estudiantes y asistencia técnica en áreas especializadas. La intención del plan era levantar la infraestructura básica de la UCA, incluyendo el desarrollo físico, que tuvo lugar entre 1971 y 1974, aunque no de manera exclusiva. El plan general prevía cuatro edificios adicionales (un tercer edificio para profesores, el C, el centro comunitario, la administración central y uno de aulas grandes, que podrían convertirse en auditorio).

La arquitectura de esta primera etapa no satisfizo a todos. Hubo malestar creciente por la existencia de espacios semi-cerrados, propios de otros ambientes, y por no aprovechar los elementos naturales -luz, aire y perspectiva. Esto se corrigió en la segunda etapa de expansión, después de acaloradas discusiones. Los edificios de la segunda etapa, la cual se puede identificar con facilidad, incorporaron los elementos ausentes y reflejan más fielemente el ideal universitario de la UCA. Desde otro punto de vista, la arquitectura de la UCA es flexible, permitiendo usos diversos y adaptaciones, y sobre todo facilita la integración de la comunidad universitaria, pues el diseño obliga a la interdisciplinariedad. Desde el principio se evitó la construcción de edificios para una determinada facultad.

La segunda etapa de desarrollo físico comenzó en 1978, cuando se firmó el segundo préstamo del Banco Intermaericano de Desarrollo. La junta de directores empleó gran cantidad de tiempo estudiando y discutiendo los anteproyectos de construcción. Pidió a los diseñadores familiarizarse con el funcionamiento de la UCA. Consultó a los futuros usuarios de los edificios y se asesoró de una comisión de obras físicas, que después se convirtió en la Oficina Ejecutora de Proyectos –la cual existe hasta el día de hoy. Así, se construyeron las aulas magnas I y II, los nuevos edificios de profesores (A y B), los laboratorios de ingeniería y la Dirección de Informática (antes Centro de Cómputo). A mediados de 1979, se constuyeron los edificios de rectoría, imprenta y auditorio y se remodeló la administración central. En 1983, con el remanente del préstamo no gastado en el plazo previsto y autorizada por el banco, se añadió un tercer edificio junto a los laboratorios y estares de ingeniería, se remodelaron los laboratorios y el estacionamiento principal, se levantó el muro perimetral y se adquirió el campo experimental. Asimismo, invirtió en equipo, material bibliográfico y en la especialización de docentes en el exterior. De esta forma, la UCA quedó preparada para atender unos siete mil estudiantes cómodamente.

 

3. La organización matricial

Siete años después de fundada, en 1972, mientras la expansión física se desarrollaba, la dirección de la UCA se concentró en la revisión de su organización interna. El resultado de esta primera revisión fue determinante para el futuro de la UCA, porque puso las bases sobre las cuales ésta se asienta en la actualidad. La necesidad de esta revisión surgió de la constatación de que la mayoría del personal estaba dedicado a la docencia y la administración. Cada vez que se intentaba hacer un esfuerzo interdisciplinario de investigación se desataba una crisis. Por eso, no había investigación institucional ni permanente. La proyección social era aún más precaria y fragmentaria. El crecimiento rápido del personal había sido poco planificado, sin definir sus funciones ni responsabilidades con claridad. Consecuencia de ello era que el personal, aunque reducido, adolecía de coordinación y orientación. La no definición de funciones dificultaba, además, pedir responsabilidades. Una buena parte del personal consideró que la organización por facultades era inadecuada para los fines de la UCA.

La reorganización de la UCA de 1972 se fundamentaba en un modelo matricial. Se crearon nuevas unidades, llamadas departamentos, paralelas a las facultades, que en virtud del principio de especialización de funciones, se dedicarían a promover, coordinar y facilitar las ignoradas funciones de investigación y proyección social. Los departamentos son unidades encargadas del saber de una disciplina o de un grupo de ellas. Agrupa a los académicos que hacen docencia, investigación y proyección social propia de esa disciplina. Presta servicios a todas las facultades y unidades de la universidad. Así, pues, el departamento es una unidad disciplinar e interfuncional.

De esta forma, ninguna unidad básica de la estructura académica se subordina de forma exclusiva a otra. Todas están estrechamente coordinadas entre ellas mismas y por la vicerrectoría. Los problemas académicos son resueltos de forma conjunta por el decano de la facultad, el jefe de departamento y la vicerrectoría. Los problemas de investigación y proyección social son resueltos por los jefes de las unidades implicadas y el vicerrector académico.

El nuevo planteamiento fue divulgado y discutido ampliamente con el personal docente y administrativo. Después de introducir ajustes numerosos e importantes, el proyecto fue aprobado a finales de 1972. Desde entonces, el Manual de organización y consideraciones justificativas (San Salvador, 1972) ha sido un punto de referencia fundamental para el quehacer universitario de la UCA.

La reestructuración contemplaba, además, la creación de un Instituto de Investigaciones, un Centro de Proyección Social, un decanato de estudiantes y una secretaría de comunicaciones.

El Instituto de Investigaciones promovería y coordinaría esta actividad. Antes de su creación se habían iniciado dos investigaciones interdisciplinares: una sobre los costos y beneficios sociales de la electrificación rural en el país y otra del proceso político, comprendido entre julio de 1971 y julio de 1972. Fue un esfuerzo interdisciplinario por documentar científicamente el fraude electoral. La primera investigación fue financiada por el Banco Mundial, duró casi dos años y sus resultados están recogidos en cuatro gruesos volúmenes y en una base de datos. La segunda se publicó en lo que fue el segundo libro de la UCA, El Salvador, año político 1971-1972.

Una tercera investigación, de menos envergadura, fue un estudio evaluativo del movimiento cooperativo, auspiciado por la Fundación Promotora de Cooperativas, en 1973. Ese mismo año, se iniciaron otras tres investigaciones sobre la historia económica del país, la reforma agraria y la marginalidad urbana y la vivienda mínima. La segunda implicó la docencia, pues se llevó a cabo en forma de seminarios en varias disciplinas, en uno de los cuales incluso participaron oficiales de la Fuerza Armada. Asimismo, en el área tecnológica se dieron unos primeros pasos, todavía tímidos, en la producción de alimentos, en materiales para vivienda de bajo costo y el aprovechamiento de los recursos propios.

Si bien pueden señalarse numerosos obstáculos, problemas y deficiencias, fue el inicio de la investigación institucional de la UCA. Aunque el Instituto de Investigaciones desapareció, la investigación siguió cultivándose en los departamentos y sus resultados se dieron a conocer en libros, revistas, seminarios y conferencias. Cabe destacar las investigaciones sobre la emigración y las remesas, la pobreza, el compadrazgo, la educación, la guerra y la negociación y la estructura social. A comienzos de la década de los noventa se volvió a crear un Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales, el cual tuvo corta vida. Aunque ello no ha impedido la investigación institucional, tal como se constata en la sección dedicada a este asunto.

El Centro de Proyección Social se convirtió en el Centro de Servicio Social, la unidad encargada de que los estudiantes de grado cumplan con el servicio social obligatorio. Esta transformación se debe al peso específico de los estudiantes mismos y a la identidad que adquirieron las unidades dedicadas formalmente a la proyección social. El Centro de Servicio Social requiere del apoyo de los departamentos, los cuales colaboran supervisando el trabajo de los estudiantes. Durante la guerra, el alcance del servicio se vio muy reducido, pero desde 1992, se desarrolla cada vez más en comunidades rurales y suburbanas necesitadas.

El decanato de estudiantes se orientó a la coordinación de las actividades extracurriculares de los estudiantes. Fue muy importante en los años anteriores a la guerra. En parte, por la intensa participación estudiantil. Al estallar la guerra, el miedo a la participación estudiantil redujo sus actividades al deporte y el arte. A principios de la década de los noventa, de esta experiencia surgió el Centro Cultural Universitario y el Centro Polideportivo, mientras que los asuntos relacionados con el bienestar estudiantil han sido asumidos por los decanatos y los coordinadores de carrera.

La secretaría de comunicaciones se encargó de canalizar el flujos de información hacia dentro y fuera de la UCA y dentro de ella. Estaba previsto que la unidad se subdividiera en secciones que se encargarían de la coordinación de sus actividades, contenidos y mensajes. La guerra impidió que la unidad creciera conforme a lo previsto. Sin embargo, la unidad de comunicaciones ha existido desde entonces, pero opera de forma modesta. Las publicaciones impresas, por ejemplo, son coordinadas por el Centro Editorial.

En el contexto de la evaluación general de 1973 se revisaron los planes de estudio, según los criterios siguientes: debían incorporar un componente fuerte de educación general, orientado a poner los fundamentos lógicos, culturales y la motivación de ética de servicio al pueblo salvadoreño; todas las carreras debían tener un núcleo común de materias propias, imprescindibles para la excelencia profesional, y un cierto número de materias electivas, que permitiera a los estudiantes adaptar de forma flexible el plan de estudios a sus intereses y aficiones, pudiendo así conseguir un mayor grado de especialización en su propia carrera, una competencia mayor en una segunda o ampliar las bases de su cultura general.

El cambio estructural más grande se dio en ingeniería. Se vio que el título de ingeniero industrial con especialidad en eléctrica, mecánica y química era demasiado general para las necesidades técnicas del país. Resultado de esta revisión fue la apertura de las carreras de ingeniería química, mecánica, industrial y eléctrica, a las cuales se agregó la de ingeniería civil, cuya matrícula de primer año se incrementó de forma espectacular.

En l973, la UCA tuvo problemas financieros. Aunque las cuotas y otros pagos estudiantiles nunca habían cubierto los gastos corrientes de operación, el déficit era cubierto con las becas del gobierno y algunas donaciones. Esto último más el subsidio del gobierno y los préstamos permitieron acumular una reserva pequeña, la cual era utilizada para cubrir las inversiones. Sin embargo, la inflación y el volumen creciente de operaciones de la UCA hicieron que los pagos estudiantiles, las becas y las donaciones resultaran insuficientes. Por primera vez, la UCA subió las cuotas estudiantiles.

Al año siguiente, las cuotas estudiantiles se diferenciaron, según el ingreso familiar. Las cuotas diferenciadas de la UCA tienen como fundamento el principio solidario de que se debe contribuir a una causa justa de interés común, según las capacidades de cada quien. De esta manera se evitó una subida de cuotas general e indiscriminada, aunque la UCA siempre ha sostenido que los gastos de operación deben ser cubiertos por los beneficiarios más directos del servicio prestado. Antes de dar este paso se sondeó la disponibilidad de los estudiantes. Luego se hicieron los estudios técnicos y el sistema se implantó a finales de 1974. Una unidad administrativa, la Oficina de Cuotas Diferenciadas, es la encargada de operar el sistema. En la actualidad, este sistema sigue vigente, aunque los rangos del escalafón son revisados anualmente para mantener el ritmo de la inflación y del costo de la educación superior.

La estructura del personal de la UCA también fue modificada en 1973. Se estableció un escalafón que respondiera a las exigencias de la justicia, conforme a los criterios siguientes: garantizar los mínimos de una vida digna a todos sus trabajadores, reducir las desigualdades económicas internas y aproximar el escalafón al principio de dar a cada quien según sus necesidades y requerir según sus posibilidades. El personal se organizó en seis categorías con un límite menor y mayor y escalones intermedios entre dichos límites. Se estableció un sistema de promoción automática, según el cual cada aumento era inversamente proporcional al sueldo devengado. Al igual que los otros cambios, éste también fue presentado y discutido con el personal antes de implantarlo.

La inflación de la década de los setenta hizo imposible reducir de forma drástica las desigualdades económicas internas. Sin embargo, el sistema se mantiene en la actualidad con doce categorías, de acuerdo a las cuales se hacen las promociones y los aumentos salariales, los cuales son inversamente proporcionales al sueldo devengado. A esto se añaden las prestaciones de la UCA. Al comienzo, la UCA garantizaba el salario completo por seis meses en caso de enfermedad o accidente. Luego se ofreció el seguro de vida, el seguro médico, la despensa familiar, la ayuda escolar, cuotas especiales para estudiar en la UCA y descuentos especiales por otros servicios, préstamos personales y para adquirir vehículos, etc. La mayoría de estas prestaciones, son financiadas por los aportes de la UCA y del empleado.

En 1971 se fundó la Asociación Salvadoreña de Educadores de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, cuyo propósito era apoyar financieramente a sus miembros, con el respaldo de la institución. La Asociación tuvo una vida corta.

 

4. La planificación de la segunda década

La UCA provechó la celebración de sus primeros diez años para reflexionar sobre lo que había sido esa década y para plantearse los desafíos de la siguente. Así, 1975 fue un año dedicado a evaluar y planificar. La situación objetiva de la universidad reclamaba respuestas claras a preguntas no del todo contestadas y soluciones concretas a problemas no del todo resueltos. El peso creciente de la universidad en el país y su orientación ideológica exigían considerar la cuestión de cómo emplear esa influencia institucional en la transformación de la sociedad. Esta problemática está plasmada en dos documentos. El primero es un libro de Román Mayorga Q., La universidad para el cambio social (UCA Editores, 1976) y la otra es una edición extraordinaria de ECA, "La UCA diez años después" (324-325, octubre-noviembre, 1975).

El proceso fue retomado a principios de 1976, cuando la junta de directores inició consultas intensas para replantear la misión de la UCA de cara al segundo préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo. De aquí salió un documento que sirvió para una discusión amplia y detallada que duró cinco meses y en la cual participaron veinte personas. El resultado de este proceso está recogido en Las funciones fundamentales de la universidad y su operativización (UCA, 1979). El documento tiene tres partes. En la primera y segunda define la identidad y las tres funciones (docente, investigación y proyección social) de la UCA, mientras que en la tercera explica la operativización de las dos anteriores.

Parte de este esfuerzo fue una nueva reforma curricular. Había descontento porque las carreras eran excesivamente profesionalizantes, en sentido reductor. En consecuencia, la carrera no podía ser concebida sólo como capacitación adecuada para ejercer una profesión; había que integrar la dimensión ética. Desde esta perspectiva, se revisaron los planes de estudio y los métodos de enseñanza y evaluación. Asimismo, se consolidó el registro académico, se pusieron las bases para los primeros postgrados y se estableció la política de admisión, creando un Centro de Admisiones, el cual, desde entonces, promueve a la UCA en los centros de educación media, publica folletos con orientación sobre ella y sus carreras, practica diagnósticos vocacionales, organiza el cursillo de admisión y elabora sus propios libros de texto. Los decanos y departamentos colaboran con estas tareas.

En este contexto, el Centro de Reflexión Teológica, fundado por la Compañía de Jesús en 1974, inició sus actividades en la UCA, en 1975, mediante un contrato con aquélla. En ese mismo año se abrieron las carreras de sociología y ciencias políticas. Esta última fue una experiencia muy interesante e importante para el país, porque abrió un espacio para que políticos de diversas ideologías pudieran discutir los problemas del país, en un contexto académico. En 1978 se agregó la licenciatura en computación. Asimismo, se ofrecieron dos planes complementarios (economía y administración de empresas e ingeniería industrial para ingenieros) y al profesorado en educación media de matemática y física, existente desde 1971, se agregaron otros dos (biología y química, y filosofía).

El deterioro de la situación del país y en particular el golpe de Estado de 1979 impidieron que la UCA profundizara en los cambios internos. Aparte de la crisis política, que llevó al país a la guerra, la primera junta de gobierno y su fracaso implicaron para la UCA la pérdida de personal muy valioso. La UCA se vio en aprietos serios por la salida de una parte del personal más cualificado, el cual primero se integró al gobierno y después huyó al exilio. Pocos meses después estalló la guerra y su rector, el P. Ignacio Ellacuría también se vio forzado a pasar varios meses en el exilio. En los primeros años de la década de los ochenta, varias autoridades y profesores permanecieron fuera del país temporalmente por razones de seguridad personal.

 

5. Los años de la guerra

La guerra significó una presión enorme para las tres funciones de la UCA. No obstante, ésta se adaptó a la guerra, incluso cambiando el ritmo de su quehacer. En este periodo, sin duda respondiendo a las exigencias de la crisis, la UCA puso su mayor peso creativo en su proyección social, tal como se explica más abajo. Pero también hubo novedades en el área académica, donde abrió nuevas carreras: química agrícola (1982), ingeniería eléctrica para ingenieros mecánicos (1982), ingeniería agronómica especialidad en economía agrícola (1983), profesorado en ciencias sociales y en ciencias religiosas y morales (1983), ciencias jurídicas (1984), plan complementario en sociología (1984), arquitectura (1987). Asimismo, abrió una Escuela de idiomas, dedicada a la enseñanza del inglés con bastante éxito.

En esta década inició los programas de maestría, primero teología (1985), seguida de administración de empresas (1987). Desde finales de la década anterior, la UCA comprendió la necesidad de elevar el nivel académico y profesional del país, dando el paso a los postgrados; pero procedió con suma cautela, había que contar primero con personal calificado y los recursos mínimos necesarios. Para asegurar lo primero, desde mediados de la década de los setenta se preocupó por enviar a sus mejores egresados con vocación universitaria a especializarse en universidades extranjeras. Primero utilizó una parte del segundo préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo; luego, su prestigio y a la calidad de sus propios egresados permitieron a ambos beneficiarse de becas, ofrecidas por gobiernos e instituciones privadas.

Esta experiencia no ha dado todos los resultados esperados. Una buena parte de los becarios no regresa a la UCA y otros la abandonan al cumplir los años de servicio a los cuales están obligados. Influye mucho el nivel de salarios de la universidad que, no obstante sus esfuerzos, no son competitivos con los del sector público y privado. No obstante lo anterior, por este medio, la UCA ha podido renovar su personal. En efecto, la mayoría del personal joven mejor cualificado comenzó como instructor, al graduarse permaneció en la universidad, poco después salió a especializarse en el exterior gracias a una beca y en la actualidad desarrollan su vocación universitaria en ella. La UCA, en la medida de sus posibilidades, siempre se ha preocupado por especializar a su personal y por mantenerlo actualizado.

En relación con esta intensa actividad académica, floreció la producción impresa. UCA Editores, fundada a comienzos de la década de 1970, incrementó notablemente su fondo editorial, tal como se puede constatar en su catálogo. Entre 1979 y 1984, la UCA llegó a tener nueve revistas, incluyendo ECA, fundada en 1946. Estas revistas que recogen la producción académica de los departamentos y la difunden fueron precedidas por una publicación de corta vida, llamada Abra. La lista es la siguiente: Administración de Empresas (1979), Boletín de Ciencias Económicas y Sociales (1979), Ciencia y tecnología (1980), Proceso (1980), Carta a las Iglesias (1981), Boletín de Psicología (1982), Taller de Letras (1982), Revista Latinoamericana de Teología (1984). El boletín de economía se transformó en Realidad económico social primero (1988) y luego en Realidad. Revista de ciencias sociales y humanidades (1994). A comienzos de la década de los noventa, algunas de estas revistas tuvieron que suprimirse por falta de circulación. Entonces, Realidad se convirtió en la revista de humanidades y ciencias sociales, como lo indica su título. Hubo otras dos revistas tecnológicas de corta vida: Ciencias Naturales y Agrarias (1986) y Boletín de Ingeniería Eléctrica y Ciencias de la Computación (1991).

Algunos departamentos, en particular los de mecánica estructural y organización del espacio, publican de forma periódica cuadernos de trabajo, que son explicados en las aulas a los estudiantes o en conferencias y seminarios a los profesionales.

En 1985, al cumplir veinte años, la UCA volvió a recordar su identidad y su misión. Su pensamiento y experiencia están recogidos en Planteamiento universitario (1989). Al igual que antes, se vio conveniente revisar los planes de estudio de las diferentes carreras; pero la intensidad de la guerra no permitió concluir antes de 1989.

El pago de la deuda al Banco Interamericano de Desarrollo puso presiones fuertes sobre una economía universitaria afectada ya por la guerra. Las devaluaciones del colón, con las cuales no se contaba, triplicaron el monto adeudado. Sin embargo, un acuerdo con el gobierno demócrata cristiano alivió la pesada carga, pues éste asumió una parte del monto que la devaluación suponía. Obviamente, la presión afectaba negativamente los salarios y las posibilidades de expansión. La carga de la deuda desapareció después de los asesinados de 1989. En 1991, los centros de educación superior de Estados Unidos consiguieron que el Congreso de ese país liberara a la UCA de la deuda.

A finales de la década de los ochenta, la junta de directores comenzó a organizar un encuentro anual de todo el personal para reflexionar la misión, los desafíos y las fallas de la UCA. Desde 1991, sólo la vicerrectoría de proyección social ha mantenido esta tradición. El encuentro va precedido por una evaluación de cada unidad y en él se reflexiona sobre algún punto relevante de la realidad nacional y la proyección social y concluye con una convivencia. La vicerrectoría académica sigue otra dinámica, a nivel de consejos académicos.

 

6. La proyección social

Los asesinatos del 16 de noviembre de 1989 están en relación directa con la función más importante de la UCA: la proyección social. En efecto, la UCA nació con una vocación de cambio social que fue clarificándose a lo largo de estos años y, en esa medida, fue incidiendo en la realidad salvadoreña y centroamericana. Su compromiso con la verdad, la justicia y la paz tuvo un costo muy alto, tal como lo documentan Martha Doggett, en su libro Una muerte anunciada. El asesinato de los jesuitas en El Salvador (UCA Editores, 1994) y Teresa Whitfield, "Pagando el precio. Ignacio Ellacuría y los jesuitas asesinados en El Salvador" (en prensa).

La primera proyección de la UCA a la sociedad salvadoreña fue un estudio multidisciplinar de la guerra entre El Salvador y Honduras, el cual salió publicado en ECA. La perspectiva e interpretación del hecho eran bastante críticos. A partir de entonces, la revista ECA se convirtió en el portavoz semioficial del pensamiento de la UCA. En ella aparecen, mensualmente, los análisis, las reflexiones y las interpretaciones de la realidad nacional. En la actualidad, la revista es un referente obligado de los estudiosos de El Salvador.

Poco después, la UCA se embarcó en otro estudio. Esta vez se trató del análisis de una huelga general de maestros, el cual fue publicado en un libro, Análisis de una experiencia nacional. Siguió El Salvador. Año político 1971-1972. Las dificultades para imprimir estos libros –el primero salió muy tarde y muy mal impreso y el segundo fue impreso en Guatemala- y el retraso considerable con el cual salía ECA llevaron a pensar en la conveniencia de tener una imprenta propia. Desde entonces, la UCA ha contado con una imprenta, la cual ha ido ampliando y modernizando, en la medida de sus posibilidades. La imprenta sirve a las necesidades internas de la UCA, pero también presta servicios a clientes externos. Junto a la imprenta nacieron la librería y una distribuidora de las publicaciones. A comienzos de la década de los setenta, estas dos unidades se separaron de la imprenta.

Otra proyección relevante fue su participación en el primer congreso de reforma agraria, convocado por la asamblea legislativa, en 1970. La participación de la UCA marca el punto de ruptura con los poderosos grupos económico sociales que la fundaron. La empresa privada abandonó el congreso, argumentando que era un complot comunista, y esperaba que la UCA hiciera lo mismo. Pero ésta decidió permanecer y participar en las discusiones.

El tema de la reforma agraria volvió a ser retomado por la UCA en 1976, cuando el gobierno se acercó para pedir apoyo para su proyecto de transformación agraria. La UCA se lo dio, confiada en el compromiso gubernamental, pero poco después éste retrocedió. La UCA respondió en un editorial de ECA que hizo época, "A sus órdenes mi capital". La respuesta no se hizo esperar, ese año la UCA sufrió seis ataques con bombas, que estallaron en las oficinas de la revista y en el edificio de la administración central. Estos ataques fueron acompañados por una campaña de insultos, calumnias y amenazas, que culminaron con la amenaza de una organización paramilitar que prometía asesinar a todos los jesuitas, si éstos no abandonaban el país en un mes.

Los amenazas contra la UCA y los atentados con bombas se remontan a comienzos de la década y forman parte de su historia. La razón de fondo es la proyección de la UCA en la sociedad y su vocación de cambio social. En realidad, los sectores económica y socialmente poderosos nunca le perdonan el no haberse puesto a su servicio. Consideran que la UCA las traicionó. En 1980, la Policía Nacional invadió el campus y asesinó a sangre fría a un estudiante. Nueve años después, el ejército volvió a invadir el campus para asesinar a seis jesuitas y dos mujeres, el 16 de noviembre de 1989.

A mediados de 1978, algunos militares jóvenes inquietos se acercaron a la UCA para conversar sobre la situación del país. Sus autoridades les proporcionaron algunos documentos de uso interno, en los cuales se analizaba la realidad nacional desde varias perspectivas. Este grupo fue el que planificó y ejecutó el golpe de Estado del 15 de octubre de 1979. La UCA no estuvo implicada directamente, pero sabía lo que se estaba planeando y apoyó de forma muy indirecta, confiando por segunda vez en las promesas reformistas del ejército. La participación de varios miembros de la UCA en la primera junta de gobierno fue a título personal. En cualquier caso, la junta no duró mucho tiempo. Por segunda vez consecutiva, los militares embarcaron a la UCA.

La universidad mantuvo una mejor relación con la Iglesia arquidiocesana. Desde 1972 hasta 1977, la UCA mantuvo una estrecha relación con la experiencia pastoral de la parroquia de Aguilares, dirigida por Rutilio Grande. Participó de forma discreta en el proceso de cambio impulsado por el concilio Vaticano II y Medellín. Desde el comienzo de su arzobispado, apoyó a Mons. Romero, poniendo a su servicio su capacidad institucional, e identificándose con su causa. Tanto que hasta el día de hoy mantiene viva su memoria celebrando fielmente el aniversario de su muerte y conservando su recuerdo en un museo, en el Centro Monseñor Romero.

Fueron años críticos para El Salvador. La UCA experimentó un sentido de urgencia, en el sentido de que había que hacer algo más para impedir el deterioro del país. ECA no era suficiente. A mediados de la década había conseguido un espacio gratuito para publicar una columna semanal en El Mundo. La presión del gobierno y de la empresa privada mató la columna a los pocos meses. En 1978, ese sentido de urgencia llevó a buscar cómo transmitir el pensamiento de la UCA a una audiencia mayor. Fue así como la UCA se hizo cargo de un programa diario de comentarios sobre la realidad nacional en la radio católica (YSAX), los cuales están recogidos en El Salvador: entre el terror y la esperanza. Los sucesos de 1979 y su impacto en el drama salvadoreño de los años siguientes (UCA Editores, 1980).

A medida que concluía la década de los setenta, la UCA se esforzó por evitar la guerra, tal como se puede constatar en la revista ECA. Después de la primera ofensiva "final" del FMLN, defendió la tesis de que nadie ganaría la guerra y que la solución militar era mala. Por lo tanto, comenzó a promover la mediación, el diálogo y la negociación. Ante la inevitabilidad de la guerra, propuso su humanización. Esta postura le acarreó ataques de ambos lados y más atentados con bombas y renovadas amenazas. Dudar del triunfo militar o proponer el diálogo era considerado una traición.

Pese a ello, consecuente con su tesis, la UCA junto con el arzobispo de San Salvador organizaron un debate nacional, en el cual participaron todas las fuerzas sociales, excepto las implicadas de forma directa en la guerra. Se trataba de discutir el futuro de la guerra y del país para hacer recomendaciones a quienes tenían el poder para decidir. La concepción subyacente al debate nacional ya había sido formulada por la UCA al pedir la integración de una tercera fuerza, al considerar la cuestión de las masas y al constatar repetidamente la no factibilidad de una insurrección popular.

En la revisión general de 1978 se habló de fortalecer la proyección social de la UCA, pero no fue si no hasta en 1982 cuando se la elevó a vicerrectoría y se definieron las unidades que la integran hasta el día de hoy. En ese entonces se consideró que la función era tan importante que debía asumirla el rector. Sin embargo, en 1990, se separó de este cargo y desde esa fecha funciona como una vicerrectoría aparte.

No es extraño que haya sido durante la época de la guerra cuando la vicerrectoría de proyección social se desarrolló y consolidó. Fue parte de la respuesta de la UCA a la crisis del país. En 1980 se creó el Centro de Información, Documentación y Apoyo a la Investigación (CIDAI), cuyo propósito es documentar la historia moderna de El Salvador, informar sobre los acontecimientos y apoyar la investigación sobre el país. En la actualidad, el Centro cuenta con uno de los acervos documentales más completos sobre la historia moderna de El Salvador.

En 1985 se creó el Instituto de Derechos Humanos (IDHUCA) con el propósito de documentar y difundir las violaciones de los derechos humanos que se cometían, así como también promover su respeto. El IDHUCA tuvo un papel importante durante la negociación y en el seguimiento de los compromisos adquiridos en este campo, en los acuerdos de paz. En la actualidad, trabaja en la educación en los derechos humanos y la construcción de la institucionalidad jurídica del país. Desde su fundación, el IDHUCA presta asistencia jurídica a personas de escasos recursos económicos por medio de su Oficina de Asistencia Legal. En la actualidad, también asume aquellos casos en los cuales se ha cometido una injusticia jurídica manifiesta.

En el mismo año se estableció la Cátedra de realidad nacional, un foro para discutir los problemas nacionales. Este espacio fue muy importante durante la guerra, cuando no había dónde analizar los problemas del país y proponer soluciones con libertad. La UCA invitó a miembros de las organizaciones populares, sindicalistas, políticos, académicos y eclesiásticos a presentar y discutir sus puntos de vista. Las cátedras eran atendidas por estudiantes, personas ajenas a la UCA y medios de comunicación social. En la medida en que estos se fueron abriendo, resultado del proceso de transición de postguerra, el foro ha ido perdiendo relevancia, aunque se mantiene, en ocasiones especiales.

En 1986 se fundó el Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) para conocer la opinión del pueblo salvadoreño sobre el acontecer nacional. Todos hablaban del pueblo y en su nombre, también la UCA, pero nadie le había preguntado todavía cuál era su opinión. Desde entonces, el IUDOP se ha convertido en una de las fuentes más confiables, nacional e internacionalmente, de la opinión pública salvadoreña, incluida la electoral.

En 1989, se estableció el Centro Monseñor Romero, en el cual se integraron algunas actividades de carácter religioso pastoral que ya se venían desarrollando. En efecto, esta unidad comprende el Centro de Reflexión Teológica, encargado de la docencia de la teología; la Biblioteca "Juan Ramón Moreno", especializada en teología; la parroquia universitaria y el Centro Pastoral, en el cual se atiende la demanda de comunidades, parroquias, agentes de pastoral, religiosos, religiosas, etc.

El funcionamiento de estas unidades ha sido posible por el apoyo de muchas agencias de cooperación internacional, que desde su creación las han financiado. Para gestionar, administrar y coordinar financieramente estos proyectos se creó una oficina, cuyas atribuciones se extendieron luego a toda la UCA.

Desde mediados de la década de los ochenta, la UCA adquirió una relevancia nacional nueva. El acontecimiento que marca el cambio fue el secuestro de la hija del presidente Duarte, en 1985. El rector junto con el arzobispo de San Salvador mediaron para que el gobierno y el FMLN negociaran su libertad. A partir de entonces, Ignacio Ellacuría y otros jesuitas aparecieron con frecuencia en los medios de comunicación social, en particular en la televisión, opinando o analizando la realidad nacional.

La UCA se volvió punto de referencia obligado para la prensa extranjera, académicos de otras latitudes interesados en el país, embajadores y políticos estadounidenses y europeos. De esta manera, la imagen y el pensamiento de la UCA no sólo se proyectaron dentro de las fronteras nacionales, sino también fuera. Los pronunciamientos, en los cuales la UCA tomaba postura oficial ante los acontecimientos, adquirieron una gran relevancia en la década de los ochenta, aunque los primeros se remontan a comienzos de los setenta. ECA dio especial atención a la guerra, la intervención estadounidense, las elecciones, el diálogo, la negociación, el debate nacional y los esfuerzos regionales como Contadora y Esquipulas. La proyección social de la UCA de estos años, orientada a buscar la racionalidad frente a la irracionalidad de la guerra, culminó en los asesinatos de noviembre de 1989.

 

7. Los asesinatos y sus consecuencias

El asesinato del rector, Ignacio Ellacuría; del vicerrector académico, Ignacio martín-Baró; del director del IDHUCA, Segundo Montes; del director de la Biblioteca de teología, Juan Ramón Moreno; de un profesor de filosofía, Amando López, quienes además eran profesores, investigadores y escritores, junto con otro jesuita, Joaquín López, director de Fe y Alegría, y dos mujeres, Elba y Celina Ramos, el 16 de noviembre de 1989, causó un impacto enorme en la universidad.

Estos asesinatos no sólo implicaron la desaparición física de una parte muy significativa de la dirección de la UCA, sino que además asestaron un golpe muy fuerte a la estructura universitaria, la cual se tambaleó. No se trataba sólo de reemplazar a los mártires en los cargos y las responsabilidades, sino de reconstituir la identidad y la mística de la UCA, gravemente maltrechas por los asesinatos. De este segundo impacto más transcendental no se tuvo conciencia plena de forma inmediata. En los primeros años se percibió como falta de dirección e incluso de sentido. La UCA necesitó cinco años para recuperarse del golpe.

El 16 de noviembre se ha vuelto una fecha emblemática para la UCA, en la cual recuerda anualmente su identidad y su misión con una serie de actividades académicas, culturales y festivas, a las cuales concurre una gran cantidad de gente, que se siente identificada con la causa de los mártires. En los últimos años, la participación de los estudiantes ha sido notable. No hay que olvidar que los fundamentos de la UCA fueron puestos por los mártires, en particular por Ignacio Ellacuría. Por eso, al logo de la UCA se le añadió una cruz, la señal del martirio.

La labor de estos jesuitas y de la UCA misma fue reconocida internacionalmente con una serie de premios, en particular el Príncipe de Asturias, la medalla de todas las universidades españolas y varios doctorados honoris causa y medallas de las universidades de Estados Unidos. Asimismo, la UCA firmó una serie de convenios con otras universidades, algunos de los cuales han sido muy importantes, porque han facilitado el intercambio de profesores.

El caso de los jesuitas, la historia de la UCA y el pensamiento de sus mártires están recogidos en diversas publicaciones en español e inglés. Al tratar de explicar las causas del asesinato, los autores de estas obras no pueden evitar entrar en el ser de la universidad a lo largo de esos años.

No obstante la incertidumbre de esos años, la UCA no se detuvo. En el área académica impulsó nuevos proyectos, algunos de los cuales ya habían sido formulados antes. Se abrieron tres carreras nuevas: comunicación y periodismo (1992), que incluye la especialidad de comunicación para el desarrollo, el doctorado en filosofía latinoamericana y la maestría en salud pública (ambas en 1997). Los proyectos de comunicaciones y salud pública han sido posibles gracias a cuantiosas donaciones provenientes del exterior. Los dos incluyen edificios, laboratorios, bibliografía y equipo. El primero está concluido, el segundo está en proceso. El proyecto de salud pública comenzó en 1992, formando promotores, en una zona suburbana de San Salvador. Esta dimensión tuvo que abandonarse por no ser viable, aunque la formación de promotores del Ministerio de Salud y de las organizacxiones no gubernamentales es una posibilidad real.

En 1992 se retomó la revisión de los planes de estudio, iniciada en la década anterior. El final de la guerra, los cambios ocurridos en el país y en el mundo y la antigüedad de los planes vigentes así lo exigían. La vicerrectoría académica hizo consultas sobre los criterios de acuerdo a los cuales se haría dicha revisión. Al comenzar la reforma educativa, el proceso se detuvo para acomodar los nuevos planes a los requerimientos del Ministerio de Educación.

El área que más transformaciones experimentó fue la de ingeniería. La estructura departamental existente se repensó de cara a las necesidades y los avances de la ciencia y la tecnología y, después de amplias y largas discusiones, los miembros de los departamentos fueron reagrupados de acuerdo a áreas (electrónica e informática, tecnología de procesos y sistemas, mecánica estructural, ciencias energéticas y fluídicas, matemnática, ciencias naturales y organización del espacio), a finales de 1996. Esta reestructuración va acompañada de una fuerte inversión en laboratorios.

Asimismo, se modificó la estructura de la dirección académica. A finales de los ochenta, la vicerrecotría académica se había subdividido en una vicerrectoría de investigación y grados superiores y otra de grados básicos. La idea era aligerar el trabajo administrativo académico, concentrar la investigación y promover el lanzamiento de postgrados en una vicerrectoría específica. En 1993, al vicerrectoría académica se le agregaron tres vicerrectorías adjuntas, una para ingeniería y arquitectura, otra para ciencias sociales y humanidades y la tercera para la administración académica. En 1996, se optó por simplificar esta estructura, eliminando dos vicerrectorías adjuntas, dejando sólo la de ingeniería y arquitectura.

Simultáneamente, se revisó de nuevo la organización interna de la UCA, reelaborándose el "Manual de funcionamiento" y algunos reglamentos. Parte de este esfuerzo fue la revisión de los estatutos, teniendo delante el anteproyecto de ley de educación superior, en cuya elaboración la UCA participó. De hecho, la ley actual está basada en una propuesta elaborada por la UCA, a mediados de los ochenta. El consejo superior universitario tradicional se transformó en consejo universitario, porque en el antiguo sólo estaba representado el personal académico.

Se crearon nuevas unidades y programas: el Instituto de Educación, que luego se convirtió en Departamento de Educación, el cual, además de atender las necesidades internas de la UCA, apoya la reforma educativa del país; el departamento de salud pública y la maestría en gestión del medio ambiente. En la actualidad, la UCA cuenta con fibra óptica, una red interna con acceso a Internet y varios procesos automatizados (registro académico, administración financiera y bibliotecas).

La proyección más importante de la UCA en este periodo es el martirio de los jesuitas y las dos mujeres, porque su asesinato fue determinante para evidenciar lo absurdo de la guerra e impulsar las negociaciones de paz. El caso de los jesuitas puso a prueba el sistema judicial, poniendo en evidencia sus fallas y la necesidad de reformarlo. La UCA prestó especial atención al proceso de negociación y al cumplimiento de los acuerdos de paz, volviéndose un referente obligado de Naciones Unidas y de otras instancias interesadas en él.

La proyección social se potenció de forma notable con la apertura de YSUCA, una emisora radial participativa, educativa e informativa, y con el Centro de Producción Videográfica, que comenzó produciendo un programa de opinión para la televisión comercial y documentales de diverso tipo para instituciones privadas y gubernamentales. Se prescindió del programa por su elevado costo, reduciéndose su actividad a lo segundo.

Una novedad de las vicerrectorías académicas y de proyección social ha sido la firma continua y creciente de contratos y convenios para prestar servicios a empresas privadas, dependencias estatales y organizaciones no gubernamentales. Esta modalidad supone una relación novedosa con los sectores público y privado, con potencial para enriquecer a ambas partes, un acercamiento a la problemática nacional desde una perspectiva distinta e ingresos adicionales para financiar las actividades de la UCA.

En el área administrativa también hubo novedades. De la vicerrectoría financiera se desprendió la Dirección Administrativa, responsable del mantenimiento de los edificios y equipos. En estos últimos años el campus se ha ampliado con nuevos edificios: el edificio de comunicaciones y salud pública, y la ampliación de la Administración Central y del edificio B de profesores. Estos últimos se han construido con recursos propios.