Más allá de Sagatovski y Antipov: La causalidad estructural puntualizada


SIMULTANEIDAD DE LA CAUSA Y EL EFECTO

Una vez los proponentes originales de la causalidad estructural demuestran que la explicación de la causa como provocación necesaria exige rescatar que ésta debe constituir la unidad de todas las condiciones internas y externas, pasan a demostrar que el reconocimiento de la simultaneidad de la causa y el efecto constituye una condición para mantener el carácter necesario de la relación causa/efecto. Para hacerlo parten de la noción que señala que causa que no actúa no es causa y de razonar que en realidad, si la causa necesariamente provoca un efecto y ella está a la vista, entonces debe producirse necesariamente un efecto(16). Los autores originales argumentan que, por ejemplo, el movimiento caótico de las moléculas no puede anteceder al propio calor como causa del mismo; que el volumen de un gas varía a la par de la variación de la presión y no después de ella y que una determinada alteración del estado del organismo se produce simultáneamente con una interacción de determinado carácter entre el microbio y el organismo(16).

Además, plantean que se puede alegar la existencia de efectos a largo plazo que no se manifiestan inmediatamente, pero entre tales efectos y sus causas no existirá una relación absolutamente necesaria; y que esta relación puede producirse o puede no producirse y su grado de probabilidad puede aproximarse mucho a 1 (uno), pero no será nunca igual a la unidad(16). Los autores sostienen, además, que esta afirmación es correcta, incluso si el intervalo de tiempo entre la causa y el efecto se mide en fracciones de segundo; señalando, además, que la cuestión radica en la susceptibilidad de cualquier relación entre fenómenos no simultáneos de ser alterada o totalmente interrumpida, como consecuencia del surgimiento de factores casuales; y de que éstos no pueden considerarse con absoluta certeza, no sólo debido a la imperfección de los medios del conocimiento, sino como consecuencia de la infinita complejidad tanto del medio exterior como de la configuración interna de los fenómenos interactuantes(16). Sagatovski y Antipov (1966) declaran que precisamente en la consideración de este factor radica la diferencia fundamental entre el determinismo contemporáneo y el determinismo mecanicista(16).

Por supuesto, estos factores "casuales" que pudieran alterar o interrumpir totalmente las relaciones a largo plazo entre la supuesta causa y ese efecto esperado o imaginado que no se produjera, por definición se convertirían en factores causales de la alteración o de la interrupción(17,23). Si el efecto esperado a largo plazo se produjera por la acción de la causa supuesta en interacción con factores "casuales" que pudieran ser identificados a última hora estos factores serían entonces condiciones de la causa constituida por ellos y por la causa supuesta en interacción. Si partiéramos de un efecto objetivamente producido y observado al cual pudiéramos concebir arbitrariamente como de largo plazo y de manifestación retardada y producido por un evento ocurrido en el pasado, por ejemplo, un síndrome de exposición masiva e instantánea a radiación nuclear como producto del estallido de un artefacto nuclear ocurrido años atrás, establecer la existencia de una relación absolutamente necesaria entre la causa propuesta (la explosión nuclear) y el efecto observado (el síndrome), exigiría al menos la seguridad de que el intervalo de tiempo objetivamente observado es inherente al fenómeno y que el único otro factor participante es ese intervalo, lo cual, estrictamente hablando, exigiría concebir una nueva causa: las condiciones de la causa propuesta en interacción durante y con el intervalo de tiempo, la cual representa otro fenómeno. Como es improbable alcanzar por esta vía la seguridad exigida y dado que lo más probable es que se descubrieran otros factores participantes no identificados o considerados antes, la relación absolutamente necesaria entre este efecto y su causa estará mejor explicada si tal causa es concebida como la interacción entre la causa supuesta y los nuevos factores considerados, interacción que se desarrolla y se completa dinámicamente durante el intervalo observado, transformando a los participantes de manera que produce determinado efecto simultáneamente al hecho de alcanzar determinada conformación. Por supuesto la causa supuesta tendría su propio tiempo de interacción, así como lo tendría la interacción entre la causa supuesta y los nuevos factores considerados y, estrictamente hablando, el intervalo de observación comprendería el tiempo de interacción y el que necesita el observador para reconocer que ella ha ocurrido.

Dependiente de sus componentes (condiciones) y del efecto esperado, cada interacción tiene su propia velocidad de interacción, cuyo valor más elevado posible es la velocidad de la luz(13); el intervalo inherente a un fenómeno causal es aquel dado por la velocidad en que la interacción en cuestión se desarrolla y completa en la materialización del efecto.

Ya ha sido planteado que el único intervalo compatible con una relación absolutamente necesaria entre causa y efecto es aquel requerido por la velocidad de interacción de las condiciones que conforman, simultáneamente al efecto, la verdadera causa (este tiempo representaría otro factor causal) y que determinarlo con exactitud representa el reto científico(17).