Más allá de Sagatovski y Antipov: La causalidad estructural puntualizada
SOBRE CAUSA COMO INTERACCIÓN DE LO INTERNO Y LO EXTERNO
No obstante, hay que tener en cuenta que la gente siempre ha tendido a asociar algo sencillo o unitario como responsable de ocasionar cualquier suceso. En los primeros tiempos, el conocimiento humano comenzó a entender por causa, ante todo, aquello que salta a la vista: el factor externo (16). No es casual que algunos denominen esta interpretación de causa como antropomorfa, por analogía con la actividad del humano, la cual salta a la vista y eclipsa el factor de la interacción con el objeto de la actividad, apareciendo, en un enfoque superficial, como el único factor determinante(16).
Aunque el monocausalismo simple, abierto, monofactorial no requiere ya crítica en la actualidad sus influencias están presentes cuando se declara, por ejemplo, que el neumococo es la causa de la neumonía o que el complejo Mycobacterium tuberculosis es la causa de la tuberculosis, etc. Estas influencias también pueden ser reconocidas cuando, en un intento por explicar las declaraciones abiertamente monofactoriales, se agrega de inmediato que estas causas actúan de manera diversa en diferentes condiciones; por supuesto, como ya ha sido señalado, estos rodeos no salvan la situación Qué sentido, qué significación tiene una interpretación de la causa según la cual la causa a veces actúa, a veces no actúa y lo que es más, no siempre constituye el factor principal?(16). Cabe destacar que la lógica aplicada para elaborar ese tipo de interpretaciones, tácita o explícitamente, exige principalidad.
Qué sentido puede tener, para un médico que quiere saber por qué enfermó de tuberculosis un humano dado y por qué enfermó precisamente de ésto y no de otra enfermedad, la fórmula inexpresiva que le señale separadamente: la causa (el complejo M. tuberculosis) y las condiciones (medio, intercambio, herencia, etc.), sobre todo si dicha fórmula no ofrece idea alguna acerca de la correlación verdadera entre tal causa y tales condiciones (16). Es más, qué sentido puede tener, si desde otro punto de vista, las condiciones -por ejemplo las sociales- pueden resultar de una importancia inconmensurablemente mayor que "la causa"(16).
Si por causa se entiende el factor designado como principal, "la condición determinante" entonces Por qué no considerar como tal, en el caso de la tuberculosis, a las condiciones sociales?(16) Evidentemente, la dificultad radica en que ninguna de toda una serie de condiciones (un agente, un determinado carácter del medio externo o social y del medio interno, etc.) que requiere la tuberculosis puede considerarse absolutamente principal, de una vez y por todas(16); la interacción, que en principio niega la principalidad de cualquier participante lo impide, y lo hace con base en ser un proceso de influencias mutuas transformadoras(9).
La tendencia a llamar causa a aquel factor que con mayor frecuencia resulta principal, de acuerdo con interpretaciones superficiales, es totalmente comprensible y resulta útil desde el punto de vista práctico al principio, mientras no se observen directamente casos contrarios(16). Pero resulta metafísico elevar esta interpretación provisional "de trabajo" a la categoría de concepto científico(16). Ello contradice el carácter concreto de la verdad. "No existen factores causales que tengan por naturaleza la propiedad de provocar efecto patógeno", tampoco existen, se sobreentiende, factores que por su naturaleza sean incapaces de efecto patógeno; patógenas son exclusivamente las situaciones naturales y sociales y además las específicas e individuales(16). El autor de este artículo sostiene que las situaciones son más bien socionaturales.
La causa, entendida como factor externo, no es más que una de las condiciones indispensables que juega a veces (parece jugar a veces), mas no siempre, el papel principal(16)(3). Sin embargo, semejante "causa" resulta indefinida en gran medida y en las situaciones complejas sirve más como fuente de confusiones que como una guía adecuada; evidentemente, no es posible afirmar en absoluto, fuera de una situación determinada, que uno u otro factor (el externo o el interno) constituye la condición determinante, "la causa"(16). Es más, tal afirmación sólo es posible con base en la arbitrariedad (23).
Si no se insiste en que la causa es un fenómeno que siempre por necesidad provoca un efecto, entonces no se puede ofrecer otra definición de la misma que no sea la citada anteriormente(16) u otra en la que, alternativamente, se afirme la preponderancia obligatoria de lo interno sobre lo externo, lo cual es otro extremo.
Por otra parte, si no se recupera el hecho de que la causa es fundamentalmente una interacción, la cual, como proceso de influjo recíproco modificador de los cuerpos, objetos, procesos o fenómenos, determina la existencia material, la organización estructural y las propiedades de todo sistema material, objeto, cuerpo, proceso o fenómeno, así como su unión (o uniones y relaciones) con otros; y si tampoco se insiste en introducir la interacción al análisis de la causalidad, de hecho es poco menos que imposible salvar la situación de asignar preponderancia o principalidad a alguno de los elementos participantes (lo externo o lo interno).
La causa no es una acción unidireccional de lo externo a lo interno o de lo interno a lo externo, sino una interacción tal de los mismos que necesariamente provoca un efecto(16) no obstante tengamos que asumir que ésta se presenta en todo sistema integral como una relación en la que causa y efecto cambian constantemente de lugar o que, a la luz de la conexión universal de los fenómenos, la causa y el efecto pasan una al otro y se transforman en conexión e interacción universales (13). Obviar la interacción contradice el carácter concreto de la verdad e implica sacar conclusiones al margen de la ley de la conexión universal de los fenómenos, la cual constituye el resultado y la manifestación de la interacción universal de todos los objetos, procesos y fenómenos.
Insistir en que la causa es una interacción que necesariamente provoca un efecto conduce a renunciar a encontrar algo sencillo y unitario; es decir un sólo factor que sea responsable de ocasionar cualquier suceso, un género de sucesos o siquiera algún suceso.
Si, por otra parte, insistimos en que la causa es un proceso de influencias mutuas modificadoras entre los participantes y lo retomamos y lo aplicamos al análisis de las diversas situaciones, comenzamos a salvar la dificultad puesto que así se facilita la comprensión de que, por ejemplo, la causa de la aparición de la tuberculosis es la interacción de, al menos, el complejo M. tuberculosis, el medio con sus diversos componentes (que en conjunto para fines explicativos consideramos lo externo) y el estado del organismo (lo interno); al igual que, como ya ha sido escrito, se facilita la comprensión de que la causa de los rayos cósmicos secundarios es la interacción de los rayos cósmicos primarios y la atmósfera terrestre; y que la interacción de una dosis de cloroformo (las más de las veces inocua) con el organismo en determinado estado es la causa de la intoxicación con dosis de cloroformo que usualmente no provoca intoxicación(16).
Decimos que comenzamos a salvar la dificultad porque aún así continuamos tratando con fórmulas relativamente inexpresivas aplicadas a las causas, en el sentido de que todavía no esclarecemos con ellas el mecanismo de aparición y funcionamiento de los procesos; sin embargo, al pensar y actuar de esta manera avanzamos no sólo en el sentido de reconocer la importancia de otros factores y fenómenos, sino también en cuanto a negar, con base en la interacción, principalidades asignadas de manera arbitraria a alguno de ellos.
De esta manera, obtenemos una explicación más congruente para diversos fenómenos; así es más claro, por ejemplo, que la causa del contagio de una gallina con ántrax, siendo la misma absolutamente inmune en condiciones normales, es todo lo que representa la interacción del bacilo con el organismo aviar, cuyo estado ha sido alterado por enfrentamiento artificial; que la causa de que un cristal se rompa en la situación en que algún proyectil lo impacte es la interacción entre la fuerza de choque del proyectil y la fuerza de resistencia del cristal(16)(4), como también lo es -con diferentes especificaciones- para el que otro cristal no se rompa ante el mismo tipo de impacto en otra situación o para que el cristal roto por ese impacto no se hubiera roto ante un impacto de un proyectil con menor fuerza de choque.
No obstante, en otras situaciones se facilita el reemplazo de la interacción por el influjo exterior, cuando se aplica el enfoque de la causa como interacción de lo externo y lo interno, pero esperando que aparentemente actúe igual en cualesquiera circunstancias(16). Una de estas situaciones se presenta cuando no nos damos cuenta totalmente que cuando un medicamento provoca un determinado efecto fisiológico, este efecto es el resultado de la interacción entre el medicamento y algún otro elemento (o elementos) del sistema reaccionante, debido, probablemente, a que con frecuencia la química del medicamento ha sido suficientemente bien estudiada, pero el quimismo del sistema vivo, con el cual el medicamento reacciona, permanece confuso en la mayoría de casos(16).
Otra de tales situaciones se concreta cuando se plantea que una dosis mortal de cianuro de potasio es causa de muerte por que puede provocarla a cualquier persona y cuando se razona que, en este caso, lo principal será naturalmente el factor externo. Sin embargo, también aquí lo externo no actúa en un espacio vacío, sino sencillamente de manera igual (similar) en límites de fenómenos de una sola clase; el cianuro de potasio en dosis no mortíferas o en dosis letales es sólo una condición obligada y no causa de un determinado efecto sobre el organismo por cuanto el carácter de este efecto depende de la capacidad absorvente en la región del aparato gastrointestinal, de la función secretora de los riñones, etc.(16)(5), así como de la existencia en el organismo afectado de algún órgano o mecanismo diana, en este caso el sistema de la citocromo-oxidasa y otros sistemas enzimáticos(4).
Es evidente que en ninguno de los casos el factor externo principalizado actúa en el vacío, en el caso en que el cianuro representa una dosis mortal, puede serlo parcialmente porque actúa sobre ciertos sistemas del ser viviente. Pero además, cabe aclarar que aquello que actúa de igual forma sobre determinada especie viviente no actuará necesariamente igual sobre todos los seres vivientes, no tenemos por qué esperar que actúe así sobre todos ellos; lo que actúa igual sobre todo lo vivo no actuará de igual manera sobre lo inanimado y así sucesivamente; admitir una acción o un efecto que no se altere absolutamente ante ningún sustrato es prácticamente lo mismo que admitir la presencia de un milagro(16). Sagatovski y Antipov nos dicen que las mismas reflexiones pueden aplicarse para el caso del factor interno principal (por ejemplo las enfermedades hereditarias)(16); más apropiadamente las mismas reflexiones pueden aplicarse para el caso de algún factor interno principalizado, por ejemplo, los factores genéticos en las enfermedades hereditarias.
Admitir la existencia de algún sustrato que no se altere absolutamente bajo alguna acción también es imposible.
Cabe señalar que el reemplazo de la interacción por el influjo exterior o por el factor externo ocurre también de manera más sutil y aparentemente con mayor respaldo científico.
En efecto, la teoría del determinismo general o neodeterminismo afirma que la causación es sólo una entre las diversas categorías interrrelacionadas que intervienen en los procesos de la realidad(1,2). Consecuentemente, le señala un sitio a la determinación causal o causación, a la determinación del efecto por la causa eficiente (externa), afirmando también que la categoría de la causación es particularmente notable cuando los principales cambios son producidos por factores externos (1,2). El autor de tal teoría pretende dar sostén a la preponderancia de lo externo mediante los siguientes ejemplos: primero, si se dispara un tiro contra una ventana, el vidrio se romperá y, segundo, si se aplica una fuerza electromotriz a los extremos de un trozo de metal, correrá a través de éste una corriente eléctrica conforme a la ley de Ohm (1,2); sin embargo, lo que en realidad queda en evidencia en ambos ejemplos es la necesidad de reemplazar el factor externo por la interacción entre las fuerzas de choque externas y la resistencia del vidrio y el trozo de metal, con lo que se obtiene una explicación más plausible para los efectos propuestos; la necesidad de reconocer que ni el tiro (la fuerza de impacto del tiro), ni la fuerza electromotriz, actuarían en el vacío y que, consecuentemente, por necesidad, se habrían alterado en el sustrato en que actuaron alterando a la vez y necesariamente el sustrato evidente (el cristal o el trozo de metal) de manera peculiar. De hecho, la conclusión correcta, con base en lo planteado, es que la determinación del efecto por la causa eficiente, externa, no tiene sitio alguno en los procesos que ocurren en la realidad.
Definitivamente, la causa es la interacción de lo interno y lo externo que necesariamente provoca un efecto. Con esto decimos más bien que sólo el reduccionismo, o el acto mental erróneo de llevar lo objetivo a extremos, permite pensar en algún factor que siempre, en todas partes, aparezca como la verdad absoluta, aunque tal factor no exista objetivamente.
El mecanismo de acción en esta interacción de lo interno con lo externo, que necesaria y simultáneamente provoca un efecto, existe en la realidad; y este mecanismo de acción de la concreción de la causa y del tránsito de la causa al efecto puede comprenderse como una sucesión de formas de movimiento de determinada sustancia, lo cual fortalece la noción de la unidad de estructura y proceso.