Plan 2006

San Salvador, El Salvador


 

                         

 

PLAN DE ESTUDIOS DE LA CARRERA DE

MAESTRIA EN PSICOLOGIA COMUNITARIA

UNIVERSIDAD CENTROAMERICANA

"JOSE SIMEON CAÑAS" 

           

 

1.       ÍNDICE

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    

GENERALIDADES DE LA CARRERA ...................................................

 

2

JUSTIFICACIÓN DE LA CARRERA ....................................................

 

2

OBJETIVOS DE LA CARRERA .............................................................

 

7

PERFIL DEL PROFESIONAL QUE SE PRETENDE FORMAR .......

 

8

ORGANIZACIÓN DEL PENSUM ........................................................

 

9

FORMA DE EVALUACIÓN DE LA CARRERA ...................................

 

13

PLAZO DE ACTUALIZACIÓN DEL PLAN DE STUDIOS..............

 

13

REQUISITOS ESPECIALES DE GRADUACIÓN ..........................

 

13

TEMARIO DE ASIGNATURAS ..........................................................

14

 

 

 

 

 

 

2.       GENERALIDADES DE LA CARRERA

·        Nombre de la Institución:  Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”

·        Nombre de la Carrera:  Maestría en Psicología Comunitaria.

·        Nombre de la Facultad:  Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades

·        Requisitos de Ingreso: Para estudiar la Maestría en Psicología Comunitaria, se requiere el título de Licenciado en Psicología.  Los candidatos deben realizar una entrevista orientada a explorar si poseen aptitudes básicas para cursar la carrera.  También, pueden optar al estudio de esta carrera, aquellas personas que tengan el título de Licenciado en Trabajo Social, Licenciado en Sociología o Doctor en Medicina.  Si este fuere el caso, el candidato deberá cursar asignaturas en el área de psicología, al nivel de licenciatura, según lo indique el tutor de la carrera.  Además, se requerirá un conocimiento básico de la lectura del idioma inglés.

·        Título a otorgar: Maestría en Psicología Comunitaria.

·        Duración en años y ciclos: 2 años.  Cuatro ciclos.

·        Número de asignaturas: 16.

·        Número de unidades valorativas: 64 U.V.

·        Sede donde se imparte: Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas" (UCA), Antiguo Cuscatlán, La Libertad.

·        Forma de Entrega:  Presencial.

 

3.                 JUSTIFICACIÓN DE LA CARRERA

La realidad social de El Salvador está marcada por problemáticas y carencias sociales que reclaman la formación especializada de profesionales de la psicología y otras ciencias sociales.  Entre los problemas y desafíos que enfrenta la sociedad salvadoreña podemos identificar: la delincuencia y la violencia, deficiencias sanitarias, drogas, SIDA, trastornos mentales derivados de la guerra, educación para la paz y los derechos humanos, problemas de la infancia y de la mujer, entre otros.  Muchos de estos problemas han sido abordados desde la psicología comunitaria que, al privilegiar el papel que juegan los grupos humanos y las comunidades en la compresión y solución de esos problemas, ha desarrollado herramientas teóricas, prácticas y metodológicas de gran utilidad y efectividad.  En efecto, la psicología comunitaria nace de una práctica transformadora que, enfrentada en situación y alimentada por una pluralidad de fuentes teóricas, ha contribuido al bienestar de las personas y los grupos que éstas crean y en los que están inmersas.  La formación de profesionales especializados en psicología comunitaria, por lo tanto, puede contribuir de manera importante al fortalecimiento del tejido social ya que su andamiaje teórico-conceptual amplio y multidisciplinar le permite abordar problemáticas diversas que afectan el buen desarrollo y funcionamiento de las personas y comunidades al atender el carácter socio-histórico de las mismas.

 

 

 

 

Si bien los problemas arriba apuntados pueden manifestarse como problemática de personas en particular, en todos los casos estamos hablando igualmente de problemas humanos de origen social antes que individual y altos niveles de incidencia social antes que de casos concretos.  Hablamos, además, de problemas que pueden afectar a toda la población salvadoreña pero que, de hecho, tienen consecuencias mucho más graves en los sectores socio-económicos más desfavorecidos e, incluso, en comunidades y colectivos muy concretos, dada la escasez de los recursos económicos y sociales disponibles que caracteriza a su misma ubicación social.  Ignacio Martín-Baró denunciaba esta situación en toda Latinoamérica como una característica casi endémica de un cierto tipo de orden social cuyos efectos se manifestaban incluso en una práctica científica interesada y muy poco responsable:

 

En la situación de los países latinoamericanos ese influjo de la psicología, desde los intereses de los grupos dominantes, ha conducido, como decíamos antes, a un servicio social muy parcial y parcializado.  La atención clínica rara vez ha desbordado las demandas de los sectores pudientes, la orientación escolar sólo excepcionalmente ha mirado al proceso formativo desde las necesidades de las mayorías, la consejería familiar o personal casi nunca ha puesto en cuestión las exigencias del sistema social establecido...[1](Martín-Baró, 1989, p.61).

 

La situación que Martín-Baró nos describía hace unos años sigue siendo muy semejante a la actual, con el componente añadido que nos traen las secuelas de una larga y cruel guerra civil.  Y aunque las intervenciones de orientación más social protagonizadas por psicólogos se multiplican en El Salvador, es necesario fortalecer su formación científica dotándoles de una formación de postgrado adecuada para apoyar los resultados de su esforzado trabajo a medio y largo plazo.  En este esfuerzo, desde que se inició la Maestría en Psicología Comunitaria, única en todo el ámbito centroamericano, han colaborado de manera activa la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad Autónoma de Madrid. 

 

Las condiciones sociales tan particulares de El Salvador y el enorme conjunto de problemas humanos y sociales que aquejan a esa realidad nacional requieren que cambiemos nuestro nivel de análisis sobre las posibilidades de la Psicología como instrumento de emancipación y desarrollo y traslademos nuestra discusión desde el plano de los problemas o las temáticas concretas al de la orientación metateórica y metodológica de la intervención psicológica.

 

Por lo que respecta al nivel de la metateoría, es decir, de la perspectiva general que mejor pueda corresponderse con el afrontamiento de problemas semejantes a los revisados más arriba, ya hemos dicho algo hace un momento.  Hablamos de problemas de individuos que se derivan, sobre todo, de su condición de miembros de una comunidad y, por encima de ello, de un sistema social con importantes deficiencias de carácter socio-económico y graves desigualdades sociales, tanto por lo que respecta a la alimentación como a la educación o a los servicios sanitarios de los que cada ciudadano dispone.  Son problemas que, en última instancia, remiten al psicólogo que intente analizarlos a causas y condicionantes del comportamiento y la actividad mental que provienen del mismo contexto social e histórico dentro del que han venido a cobrar realidad.  Son problemas que se manifiestan y se desarrollan de manera importante en las relaciones interpersonales e intergrupales; problemas, por último, que afectan con una profusión muy elocuente a determinadas clases sociales y a comunidades muy concretas.

 

En todos y cada uno de esos rasgos que acabamos de describir se conecta con una de las denuncias que la Psicología Social viene haciendo a lo largo y ancho de su historia como disciplina y que apunta a los límites evidentes que cualquier enfoque individualista del comportamiento y la actividad mental revela en su aplicación a la comprensión de muchos problemas humanos.  Un riguroso investigador como Henri Tajfel lo explicaba en estos términos hace ya más de una década:

 

La autoridad individual (en la decisión de no robar) tiene unos límites estrictos para un niño que vive en un enorme suburbio de una inmensa ciudad.  O cuando, en la calidad de soldado, se ha internalizado la fuerte prescripción social de que los enemigos no son del  todo humanos.  O, como guardián en un campo de concentración, la de que los presos constituyen un virus para el "organismo social"[2] .

 

En definitiva, la Psicología Social ha denunciado reiteradamente la existencia de ciertas condiciones sociales (relativas a determinados modelos de educación o a la inexistencia de estos, cierto tipo de estructuras familiares, niveles precisos de pobreza) y ciertos problemas de origen histórico (como una guerra o una historia personal llena de amenazas a la vida propia o un conjunto de creencias, valores y normas heredadas desde viejas tradiciones aún imperantes) que dan origen y/o justificación a las más aberrantes y psicópatas formas de vida y de actuación o que proporcionan sufrimientos intolerables y que, con muy poca prudencia, han sido frecuentemente subestimadas.

 

Dadas las coincidencias de algunas de esas características que acabamos de apuntar con la situación de una parte muy importante de la población salvadoreña, es necesario adoptar una perspectiva psicosocial a la hora de enfrentar sus problemas desde la práctica psicológica, ya sea para tratar con asuntos de violencia, delincuencia juvenil, traumas psíquicos o nuevos modelos y propuestas educativas o preventivas.

 

Ahora bien, si parece inevitable una perspectiva psicosocial a la hora de dar contenidos teóricos a los futuros profesionales que tendrán que intervenir sobre un contexto como el de El Salvador, el punto de vista metodológico -en el sentido amplio del término- debe

 

ajustarse, igualmente, a las condiciones básicas de ese contexto.  Es en este plano, precisamente, donde el enfoque comunitario cobra verdadero interés para nuestros propósitos.

 

La Psicología Comunitaria aparece en la reciente historia de la Psicología Aplicada, como una óptica alternativa a los modelos tradicionales de intervención psicológica y social y a su enfoque centrado en los individuos y la asistencia personalizada (véase Bennet y otros[3],  Blanco[4], y De la Corte[5] ).  Por el contrario, la Psicología Comunitaria adopta, desde el punto de vista de la práctica, una perspectiva psicosocial en la medida en que, como señalan Bennet y otros[6], plantea ciertas prioridades tales como:

 

·        Atención preferente al individuo desde su calidad de miembro y actor de una comunidad y desde su implicación en un sistema social dado; así como a las relaciones entre rasgos de personalidad y estilos de vida  y condiciones socio-culturales.

 

·        Desarrollo de objetivos de cambio social, con especial énfasis sobre la promoción de los propios recursos de los individuos y de la comunidad para resolver algunas de sus deficiencias.

 

·        Localización de poblaciones de alto riesgo con miras al desarrollo de programas de prevención y tratamiento de diferentes problemas relacionados con diversos ámbitos de la intervención psicológica.

La crisis que se evidenció en la psicología y que abrió la posibilidad de la Psicología Comunitaria tenía una doble tesitura que unificó a muchos psicólogos y psicólogas latinoamericanos:  a) la inconformidad con las teorías psicosociales que simplificaban la consideración de lo social en la explicación de las dinámicas individuo-sociedad; y b) una postura crítica frente a la concepción ahistórica y fragmentada de esta relación y hacia la no-concreción en tiempo y espacio de los fenómenos estudiados. 

Simultáneamente, los enfoques tradicionales de atención en salud mental propio de la Psicología Clínica entraron también en crisis.  Esta crisis estaba sostenida por el cuestionamiento de la eficacia y capacidad predictiva y diagnóstica de la terapia tradicional, y el señalamiento de que los modelos e instituciones tradicionales (e.g. hospitales psiquiátricos) que abordaban problemas de salud  contribuían, sin pretenderlo, al malestar de las personas. La enfermedad mental terminaba siendo reforzada por la falta de cuestionamiento de las bases sociales que la sostenían y la acriticidad de la disciplina.  Las pruebas más contundentes provinieron de estudios que demostraban la alta prevalencia de todo tipo de trastornos cuando se trataba de personas de bajos recursos.  De estos cuestionamientos surge un nuevo modelo de salud mental comunitaria o Psicología Clínica Comunitaria íntimamente ligada por sus bases críticas a la Psicología Social Comunitaria.  Cuatro elementos caracterizarían esta nueva forma de hacer clínica comunitaria.  Primero, la crítica a las definiciones tradicionales e intrapsíquicas de la enfermedad mental.  Segundo, un énfasis en factores sociales como origen de los problemas mentales.  Tercero, un marcado interés por una mejor y más equitativa distribución de los recursos de salud mental.  Y cuarto, la importancia de la comunidad como red de relaciones interpersonales[7].

 

No es casualidad que haya sido en el ámbito de la psicología latinoamericana donde la psicología comunitaria ha cobrado mayor auge[8].  Dos razones propias de ese contexto pueden aducirse al respecto.  Primero, el énfasis sobre la aplicabilidad de la Psicología en toda Latinoamérica[9].    Segundo, la relevancia que para los psicólogos de esos países cobran los aspectos ideológicos de la práctica científica, en la medida en que ese primer énfasis  por  la aplicabilidad va unido a fuertes reivindicaciones de grupos o incluso nación,  es particularmente obstaculizadas en su desarrollo.  Denuncias que, como ya hemos visto, tuvieron en Ignacio Martín-Baró un portavoz de excepción.

 

Pero a las razones traídas del propio contexto de la intervención hay que añadir la justificación que proviene del enfoque comunitario.  Este puede definirse como un modo de entender la intervención psicológica sobre diferentes problemas que apunta, más allá de los habituales objetivos asistenciales, hacia propósitos relacionados con el desarrollo humano y social que tales problemas están impidiendo[10].  Como puede verse, el enfoque comunitario implica una perspectiva psicosocial.  Hay una ampliación en cuanto al objeto de aplicación del psicólogo que remite a éste a factores de orden social a la hora de determinar las causas y las posibles soluciones de un problema humano.

 

Por otra parte, la intervención comunitaria comprende una propuesta metodológica diferente a la convencional que, como ya decíamos arriba,  privilegia ciertas estrategias de investigación y análisis de los problemas, ciertas pautas de intervención y ciertos criterios de evaluación de las intervenciones, todas ellas más adecuadas a una aplicación dirigida a colectivos humanos.  La Psicología Comunitaria amplía, además, el marco de la intervención psicológica hacia las funciones relacionadas con la prevención de los problemas y las patologías a paliar y la promoción de un modelo de salud (potenciando el diseño y la evaluación de programas), más acorde con la definición actual de la OMS: "un estado de completo bienestar físico, mental y social y no mera ausencia de enfermedad"[11].  Desde la perspectiva crítica que le caracteriza, la Psicología Comunitaria persigue la promoción del bienestar de las comunidades oprimidas y la eliminación de las condiciones sociales que vulneran su poder[12].

 

Existe, en definitiva, todo un cuerpo de conocimientos, de estrategias de intervención y de sistemas de evaluación desarrollados en el marco de la psicología y de otras ciencias sociales, que componen un bagaje de recursos necesarios y suficientes para abordar todo un amplio abanico de problemas psicosociales desde el enfoque comunitario, y que vendrán a ocupar el programa de estudios de la maestría.

 

4.     OBJETIVOS DE LA CARRERA

La maestría se propone proveer conocimientos y fomentar habilidades en el psicólogo y la psicóloga que la conviertan en un agente facilitador del desarrollo óptimo del potencial humano, a través de promover acciones tendientes al cambio, crecimiento y funcionamiento eficaz de las comunidades, ya sea individualmente o en conjunto con otros profesionales y/o personas.

 

La maestría persigue, específicamente, proveer experiencias académicas y de prácticas, que le permitan al estudiante:

1)      Conocer las bases teóricas de la psicología extendida al ámbito comunitario.

 

2)      Dominar teórica y metodológicamente los fundamentos de la investigación psicosocial.

 

3)      Investigar y comprender el quehacer cultural y los procesos sociales, grupales, interpersonales e intergrupales (específicamente de fenómenos, tales como: actitudes, liderazgo, valores, socialización, propaganda, poder, cambio social, planificación y ecología social).

 

4)      Evaluar adecuadamente los procesos y necesidades propias de las comunidades o sistemas sociales.

 

5)      Manejar los procedimientos para detectar y medir, válida y confiablemente, las variables psicosociales asociadas a la salud mental y a los problemas de la salud mental comunitaria.

 

6)      Identificar e intervenir en situaciones que obstaculicen el desarrollo humano y social, haciendo uso máximo de todos los recursos disponibles en la comunidad, organización o sistema.

 

7)      Manejar los procedimientos de intervención para la prevención, el tratamiento y la rehabilitación de los problemas de salud mental, utilizando los recursos propios de la comunidad, organización o sistema.

 

8)      Realizar trabajo comunitario mediante el manejo de los procedimientos de intervención y de las estrategias de investigación psicosocial en la prevención primaria, secundaria y terciaria de los problemas de salud mental.

 

9)      Desarrollar una concepción integral e interdisciplinaria para la promoción del desarrollo humano y de la salud mental comunitaria.

 

El logro de tales objetivos posibilitará la adquisición de destrezas para realizar las siguientes tareas:

1)      Diseño de instrumentos de investigación (e.g. entrevistas, cuestionarios, registros observacionales, recolección y análisis de datos).

 

2)      Análisis de procesos de grupos.

 

3)      Análisis de los factores biopsicosociales que contribuyen a la salud mental y a los problemas de la salud mental comunitaria.

 

4)      Identificación de necesidades y recursos de programas de servicio social y de comunidades geográficas y funcionales.

 

5)      Diseño, desarrollo y evaluación de programas y proyectos.

 

6)      Diseño e implementación de intervenciones en la comunidad.

 

7)      Organización y movilización de grupos y comunidades.

 

8)      Diseño, desarrollo y evaluación de adiestramiento.

 

9)      Trabajo en equipos multidisciplinarios.

 

5.       PERFIL DEL PROFESIONAL QUE SE PRETENDE FORMAR

La maestría aspira a formar profesionales caracterizados por:

 

·        Un pensamiento crítico que le capacite para aportar a la comprensión integral del salvadoreño y que le permita intervenir profesionalmente en forma reflexiva y creativa en la realidad de las comunidades y de la sociedad salvadoreña.

 

·        Una competencia en la labor de investigación que pueda incrementar el caudal de conocimiento y de entendimiento psicológico sobre el comportamiento humano y la sociedad salvadoreña.

 

·        Una conciencia y responsabilidad social para responder eficazmente a las demandas de servicios psicológicos por parte de individuos, familias, grupos, organizaciones y comunidades, especialmente los más desprotegidos.

 

·        Un respeto hacia el saber, las costumbres y las creencias de las personas, y hacia su derecho a tomar decisiones propias.

 

·        Una integridad y honestidad personal.

 

6.       ORGANIZACIÓN DEL PENSUM

El pensum está organizado en tres grandes apartados: materias de fundamentación, materias de especialización y el proceso de graduación que culmina en una tesis de grado.  Contempla, además, dos itinerarios que se visibilizan en el segundo año: énfasis en psicología social comunitaria y énfasis in psicología clínica comunitaria.  En el segundo año los y las estudiantes pueden escoger cualquiera de estos dos énfasis.   

 

6.1.      Los itinerarios

 

La evolución teórica y la práctica de la psicología comunitaria han discurrido desde su inicio por dos itinerarios íntimamente unidos pero que se perfilan con suficiente entidad.  El primero de ellos es el de la psicología social comunitaria, donde el énfasis ha sido, entre otros, el abordaje de las temáticas que configuran la vida y la organización comunitarias, la mutua implicación entre procesos sociales y la subjetividad, la transformación cultural basada en la evaluación crítica de los procesos y estructuras sociales y del papel mismo de la psicología,  el cambio social,  y la intervención dirigida al desarrollo de las comunidades autogestoras para la solución de sus problemas.  Como consecuencia de este énfasis la comunidad emerge como algo central y aparece como actor social y constructor de su propia realidad.  En otras palabras, la centralidad de los procesos grupales e intergrupales, la influencia y mutua implicación de las estructuras macrosociales en los comportamientos individuales y colectivos, y la importancia de los procesos socio-históricos en la configuración de la realidad psicológica, han ido definiendo el perfil de la psicología comunitaria.  De allí la paternidad de la psicología social, sobre todo aquella que se ha desarrollado especialmente en América Latina a partir del legado y producción intelectual de Ignacio Martín-Baró. En palabras de Montero (2004, pg 78) este ámbito de pensar y quehacer psicológico “señala como objeto de la psicología comunitaria el bienestar y la liberación, y más aún, la coexistencia de esos dos objetivos con el cambio social, en una forma de simbiosis social, debida a la complejidad de los fenómenos comunitarios”[13]  

 

El segundo itinerario altamente ligado al primero está fuertemente influenciado por el concepto de salud mental.  Pero no una salud mental que considera a la persona aislada o individualmente sino que toma en cuenta el hecho de que ésta es una persona-en-contexto y que su bienestar está íntimamente unido a la colectividad.  Más aún, el concepto de salud mental integral implica abordar las relaciones individuo-grupo-sociedad. Este itinerario se expresa como una práctica en psicología clínica comunitaria que se diferencia claramente del abordaje clínico tradicional. En la psicología clínica sin ninguna otra calificación, la actuación del psicólogo o psicóloga se circunscribe a la relación terapéutica individual, mientras que en la psicología clínica comunitaria se realzan, se abordan y se privilegian los nexos sociales de la persona pues son éstos por donde transitan los mecanismos y procesos de bienestar personal y comunal y sus opuestos.  Esta concepción de salud integral, altamente correlacionada con un enfoque biopsicosocial y consistente con un paradigma holista coloca claramente una práctica clínica dentro de los encuadres conceptuales y metodológicos de la psicología comunitaria.  De ahí que el modelo de intervención sea nuevo ya que lo que se pretende es “salir a la comunidad y trabajar con y sobre ella, no sólo en ella, con el objetivo de fomentar, promover y optimizara estilos de vida sanos, utilizando los recursos comunitarios e individuales” (Carrobles en Martín González et al., 1993)[14].  En resumen, la psicología clínica comunitaria manifiesta referentes psicosociales importantes.  En primer lugar considera los factores ambientales en la explicación de la disfunción-normalidad, superando el modelo que se reduce a la dinámica intrapsicológica como único determinante de este continuo.  En segundo lugar, tiene una concepción de una salud mental construida en términos positivos y de relación interactiva con el entorno, acentuándose su carácter procesal[15].  Y en tercer lugar, considera al individuo como actor activo de su salud, noción que se concreta en estrategias interventivas dirigidas a potenciar sus capacidades y autonomías en ese ámbito[16].

 

Como consecuencia del planteamiento anterior, en la Maestría en Psicología Comunitaria los y las estudiantes podrán elegir en el segundo año de estudios bien un énfasis en psicología social comunitaria o bien uno en psicología clínica comunitaria, después de haber cursado un primer año común.  Las materias de fundamentación se encuentran localizadas en el primer año.  Este primer año proveerá las bases conceptuales y metodológicas propias de la psicología comunitaria a todos los y las estudiantes y les dotará de las herramientas teóricas y prácticas esenciales de la disciplina. Y, dada la estructura de la misma disciplina, en el segundo año el estudiantado podrá elegir un ámbito de ejercicio de la psicología comunitaria: psicología social comunitaria o psicología clínica comunitaria.  Conviene anotar, sin embargo, que de las ocho materias del segundo año del plan de estudios se tendría al menos tres que aún serían comunes para ambos itinerarios (Técnicas Avanzadas de Evaluación, Gestión de las ONG, y Evaluación de Programas Sociales), pudiendo ser más dependiendo de los seminarios que se ofrezcan y que escojan los alumnos en los dos ciclos académicos del segundo año.

 

Para entender mejor los dos itinerarios que hemos descrito conviene tener en cuenta que la comunidad puede ser considerada en tres dimensiones: como un lugar, como un conjunto de personas y, sobre todo, como un sistema social.  La primera dimensión hace referencia a la ubicación de la comunidad con la problemática propia de su entorno geo-social.  La segunda, a una colectividad donde juegan un papel importante marcadores sociales que homogenizan roles y donde se visibilizan identidades.  La tercera dimensión identifica pautas comportamentales más amplias de acción individual y colectiva, entramados culturales, y señala múltiples subsistemas que interactúan y ejercen influencia mutua.

 

6.2.      Los seminarios

El plan de estudios contempla 4 seminarios obligatorios cuyo objetivo principal es capacitar al estudiantado a que utilice los conocimientos básicos de la psicología y otras ciencias afines para estudiar un problema específico y de especial interés para la sociedad salvadoreña. Tiene un componente práctico importante. La lista de posibles seminarios es amplia para poder atender los distintos intereses del estudiantado, posibilitar una formación en ámbitos bastante específicos de la psicología social comunitaria y/o de la psicología clínica comunitaria, e introducir flexibilidad al pensum para que éste pueda responder a condiciones cambiantes de la realidad nacional. Los cuatro seminarios que se programarán a lo largo de toda la carrera se escogerán entre los siguientes posibles:

 

·        La Mediación

·        Grupos de Autoayuda

·        Menores en Conflicto Social

·        La Encuesta de Opinión Pública

·        Intervención Psicosocial en Desastres

·        Psicología de la Salud

·        Investigación en Psicología Comunitaria

·        Diseño y Planificación de Proyectos Sociales

·        Análisis de Contenido

·        Elaboración y Desarrollo de Talleres

·        El Juego Terapéutico

·        El Marco Lógico

·        Grupos Focales

·        Masculinidad y Género

·        Psicología Social de la Violencia

 

La distribución de los componentes del pensum se traduce en la siguiente malla curricular donde se identifica el primer año común y,  en el segundo año, las asignaturas propias de los dos itinerarios: psicología social comunitaria o psicología clínica comunitaria.


Ciclo

Número de orden

Itinerario

(Énfasis)

Código

Asignatura

Prerrequisito

Horas

Teóricas

Horas

Prácticas

U.V.

 

 

 

 

Cursos de Fundamentación

 

 

 

 

I

1

Común

090241

Psicología Social Avanzada

Admisión

3

2

4

I

2

Común

090242

Psicología Comunitaria Avanzada I

Admisión

4

3

6

I

3

Común

090243

Metodología de la Investigación

Admisión

3

1

3

I

4

Común

991601

Seminario

Admisión

2

2

3