San
Salvador, El Salvador
GENERALIDADES DE LA CARRERA
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JUSTIFICACIÓN DE LA CARRERA
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OBJETIVOS DE LA CARRERA
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PERFIL DEL PROFESIONAL QUE
SE PRETENDE FORMAR .......
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ORGANIZACIÓN DEL PENSUM ........................................................
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FORMA DE EVALUACIÓN DE LA
CARRERA ...................................
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PLAZO DE ACTUALIZACIÓN DEL
PLAN DE STUDIOS..............
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REQUISITOS ESPECIALES DE
GRADUACIÓN ..........................
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TEMARIO DE ASIGNATURAS
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2. GENERALIDADES
DE LA CARRERA
· Nombre de la Institución: Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”
· Nombre de la Carrera: Maestría en Psicología Comunitaria.
· Nombre de la Facultad: Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades
· Requisitos de Ingreso: Para estudiar la Maestría en Psicología Comunitaria, se requiere el título de Licenciado en Psicología. Los candidatos deben realizar una entrevista orientada a explorar si poseen aptitudes básicas para cursar la carrera. También, pueden optar al estudio de esta carrera, aquellas personas que tengan el título de Licenciado en Trabajo Social, Licenciado en Sociología o Doctor en Medicina. Si este fuere el caso, el candidato deberá cursar asignaturas en el área de psicología, al nivel de licenciatura, según lo indique el tutor de la carrera. Además, se requerirá un conocimiento básico de la lectura del idioma inglés.
· Título a otorgar: Maestría en Psicología Comunitaria.
· Duración en años y ciclos: 2 años. Cuatro ciclos.
· Número de asignaturas: 16.
· Número de unidades valorativas: 64 U.V.
· Sede donde se imparte: Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas" (UCA), Antiguo Cuscatlán, La Libertad.
· Forma de Entrega: Presencial.
Si bien los problemas arriba apuntados
pueden manifestarse como problemática de personas en particular, en todos los
casos estamos hablando igualmente de problemas humanos de origen social antes
que individual y altos niveles de incidencia social antes que de casos
concretos. Hablamos, además, de
problemas que pueden afectar a toda la población salvadoreña pero que, de
hecho, tienen consecuencias mucho más graves en los sectores socio-económicos
más desfavorecidos e, incluso, en comunidades y colectivos muy concretos, dada
la escasez de los recursos económicos y sociales disponibles que caracteriza a
su misma ubicación social. Ignacio
Martín-Baró denunciaba esta situación en toda Latinoamérica como una
característica casi endémica de un cierto tipo de orden social cuyos efectos se
manifestaban incluso en una práctica científica interesada y muy poco
responsable:
En la situación de los países
latinoamericanos ese influjo de la psicología, desde los intereses de los
grupos dominantes, ha conducido, como decíamos antes, a un servicio social muy
parcial y parcializado. La atención
clínica rara vez ha desbordado las demandas de los sectores pudientes, la
orientación escolar sólo excepcionalmente ha mirado al proceso formativo desde
las necesidades de las mayorías, la consejería familiar o personal casi nunca
ha puesto en cuestión las exigencias del sistema social establecido...[1](Martín-Baró,
1989, p.61).
La situación que Martín-Baró nos
describía hace unos años sigue siendo muy semejante a la actual, con el
componente añadido que nos traen las secuelas de una larga y cruel guerra
civil. Y aunque las intervenciones de
orientación más social protagonizadas por psicólogos se multiplican en El
Salvador, es necesario fortalecer su formación científica dotándoles de una
formación de postgrado adecuada para apoyar los resultados de su esforzado
trabajo a medio y largo plazo. En este
esfuerzo, desde que se inició la Maestría en Psicología Comunitaria, única en
todo el ámbito centroamericano, han colaborado de manera activa la Universidad
Complutense de Madrid y la Universidad Autónoma de Madrid.
Las condiciones sociales tan particulares de El Salvador y el enorme conjunto de problemas humanos y sociales que aquejan a esa realidad nacional requieren que cambiemos nuestro nivel de análisis sobre las posibilidades de la Psicología como instrumento de emancipación y desarrollo y traslademos nuestra discusión desde el plano de los problemas o las temáticas concretas al de la orientación metateórica y metodológica de la intervención psicológica.
Por lo que respecta al nivel de la metateoría, es decir, de la perspectiva general que mejor pueda corresponderse con el afrontamiento de problemas semejantes a los revisados más arriba, ya hemos dicho algo hace un momento. Hablamos de problemas de individuos que se derivan, sobre todo, de su condición de miembros de una comunidad y, por encima de ello, de un sistema social con importantes deficiencias de carácter socio-económico y graves desigualdades sociales, tanto por lo que respecta a la alimentación como a la educación o a los servicios sanitarios de los que cada ciudadano dispone. Son problemas que, en última instancia, remiten al psicólogo que intente analizarlos a causas y condicionantes del comportamiento y la actividad mental que provienen del mismo contexto social e histórico dentro del que han venido a cobrar realidad. Son problemas que se manifiestan y se desarrollan de manera importante en las relaciones interpersonales e intergrupales; problemas, por último, que afectan con una profusión muy elocuente a determinadas clases sociales y a comunidades muy concretas.
En todos y cada uno de esos rasgos que acabamos de describir se conecta con una de las denuncias que la Psicología Social viene haciendo a lo largo y ancho de su historia como disciplina y que apunta a los límites evidentes que cualquier enfoque individualista del comportamiento y la actividad mental revela en su aplicación a la comprensión de muchos problemas humanos. Un riguroso investigador como Henri Tajfel lo explicaba en estos términos hace ya más de una década:
La autoridad individual (en la decisión
de no robar) tiene unos límites estrictos para un niño que vive en un enorme
suburbio de una inmensa ciudad. O
cuando, en la calidad de soldado, se ha internalizado la fuerte prescripción
social de que los enemigos no son del
todo humanos. O, como guardián en
un campo de concentración, la de que los presos constituyen un virus para el
"organismo social"[2]
.
En definitiva, la Psicología Social ha denunciado reiteradamente la existencia de ciertas condiciones sociales (relativas a determinados modelos de educación o a la inexistencia de estos, cierto tipo de estructuras familiares, niveles precisos de pobreza) y ciertos problemas de origen histórico (como una guerra o una historia personal llena de amenazas a la vida propia o un conjunto de creencias, valores y normas heredadas desde viejas tradiciones aún imperantes) que dan origen y/o justificación a las más aberrantes y psicópatas formas de vida y de actuación o que proporcionan sufrimientos intolerables y que, con muy poca prudencia, han sido frecuentemente subestimadas.
Dadas las coincidencias de algunas de esas características que acabamos de apuntar con la situación de una parte muy importante de la población salvadoreña, es necesario adoptar una perspectiva psicosocial a la hora de enfrentar sus problemas desde la práctica psicológica, ya sea para tratar con asuntos de violencia, delincuencia juvenil, traumas psíquicos o nuevos modelos y propuestas educativas o preventivas.
Ahora bien, si parece inevitable una perspectiva psicosocial a la hora de dar contenidos teóricos a los futuros profesionales que tendrán que intervenir sobre un contexto como el de El Salvador, el punto de vista metodológico -en el sentido amplio del término- debe
ajustarse, igualmente, a las condiciones básicas de ese contexto. Es en este plano, precisamente, donde el enfoque comunitario cobra verdadero interés para nuestros propósitos.
La Psicología Comunitaria aparece en la reciente historia de la Psicología Aplicada, como una óptica alternativa a los modelos tradicionales de intervención psicológica y social y a su enfoque centrado en los individuos y la asistencia personalizada (véase Bennet y otros[3], Blanco[4], y De la Corte[5] ). Por el contrario, la Psicología Comunitaria adopta, desde el punto de vista de la práctica, una perspectiva psicosocial en la medida en que, como señalan Bennet y otros[6], plantea ciertas prioridades tales como:
· Atención preferente al individuo desde su calidad de miembro y actor de una comunidad y desde su implicación en un sistema social dado; así como a las relaciones entre rasgos de personalidad y estilos de vida y condiciones socio-culturales.
· Desarrollo de objetivos de cambio social, con especial énfasis sobre la promoción de los propios recursos de los individuos y de la comunidad para resolver algunas de sus deficiencias.
· Localización de poblaciones de alto riesgo con miras al desarrollo de programas de prevención y tratamiento de diferentes problemas relacionados con diversos ámbitos de la intervención psicológica.
La crisis que se evidenció en la psicología y que abrió la posibilidad de la Psicología Comunitaria tenía una doble tesitura que unificó a muchos psicólogos y psicólogas latinoamericanos: a) la inconformidad con las teorías psicosociales que simplificaban la consideración de lo social en la explicación de las dinámicas individuo-sociedad; y b) una postura crítica frente a la concepción ahistórica y fragmentada de esta relación y hacia la no-concreción en tiempo y espacio de los fenómenos estudiados.
Simultáneamente, los enfoques tradicionales de atención en salud mental propio de la Psicología Clínica entraron también en crisis. Esta crisis estaba sostenida por el cuestionamiento de la eficacia y capacidad predictiva y diagnóstica de la terapia tradicional, y el señalamiento de que los modelos e instituciones tradicionales (e.g. hospitales psiquiátricos) que abordaban problemas de salud contribuían, sin pretenderlo, al malestar de las personas. La enfermedad mental terminaba siendo reforzada por la falta de cuestionamiento de las bases sociales que la sostenían y la acriticidad de la disciplina. Las pruebas más contundentes provinieron de estudios que demostraban la alta prevalencia de todo tipo de trastornos cuando se trataba de personas de bajos recursos. De estos cuestionamientos surge un nuevo modelo de salud mental comunitaria o Psicología Clínica Comunitaria íntimamente ligada por sus bases críticas a la Psicología Social Comunitaria. Cuatro elementos caracterizarían esta nueva forma de hacer clínica comunitaria. Primero, la crítica a las definiciones tradicionales e intrapsíquicas de la enfermedad mental. Segundo, un énfasis en factores sociales como origen de los problemas mentales. Tercero, un marcado interés por una mejor y más equitativa distribución de los recursos de salud mental. Y cuarto, la importancia de la comunidad como red de relaciones interpersonales[7].
No es casualidad que haya sido en el ámbito de la psicología latinoamericana donde la psicología comunitaria ha cobrado mayor auge[8]. Dos razones propias de ese contexto pueden aducirse al respecto. Primero, el énfasis sobre la aplicabilidad de la Psicología en toda Latinoamérica[9]. Segundo, la relevancia que para los psicólogos de esos países cobran los aspectos ideológicos de la práctica científica, en la medida en que ese primer énfasis por la aplicabilidad va unido a fuertes reivindicaciones de grupos o incluso nación, es particularmente obstaculizadas en su desarrollo. Denuncias que, como ya hemos visto, tuvieron en Ignacio Martín-Baró un portavoz de excepción.
Pero a las razones traídas del propio contexto de la intervención hay que añadir la justificación que proviene del enfoque comunitario. Este puede definirse como un modo de entender la intervención psicológica sobre diferentes problemas que apunta, más allá de los habituales objetivos asistenciales, hacia propósitos relacionados con el desarrollo humano y social que tales problemas están impidiendo[10]. Como puede verse, el enfoque comunitario implica una perspectiva psicosocial. Hay una ampliación en cuanto al objeto de aplicación del psicólogo que remite a éste a factores de orden social a la hora de determinar las causas y las posibles soluciones de un problema humano.
Por otra parte, la intervención comunitaria comprende una propuesta metodológica diferente a la convencional que, como ya decíamos arriba, privilegia ciertas estrategias de investigación y análisis de los problemas, ciertas pautas de intervención y ciertos criterios de evaluación de las intervenciones, todas ellas más adecuadas a una aplicación dirigida a colectivos humanos. La Psicología Comunitaria amplía, además, el marco de la intervención psicológica hacia las funciones relacionadas con la prevención de los problemas y las patologías a paliar y la promoción de un modelo de salud (potenciando el diseño y la evaluación de programas), más acorde con la definición actual de la OMS: "un estado de completo bienestar físico, mental y social y no mera ausencia de enfermedad"[11]. Desde la perspectiva crítica que le caracteriza, la Psicología Comunitaria persigue la promoción del bienestar de las comunidades oprimidas y la eliminación de las condiciones sociales que vulneran su poder[12].
Existe, en definitiva, todo un cuerpo de conocimientos, de estrategias de intervención y de sistemas de evaluación desarrollados en el marco de la psicología y de otras ciencias sociales, que componen un bagaje de recursos necesarios y suficientes para abordar todo un amplio abanico de problemas psicosociales desde el enfoque comunitario, y que vendrán a ocupar el programa de estudios de la maestría.
4. OBJETIVOS DE LA CARRERA
La maestría se propone proveer conocimientos y fomentar habilidades en el psicólogo y la psicóloga que la conviertan en un agente facilitador del desarrollo óptimo del potencial humano, a través de promover acciones tendientes al cambio, crecimiento y funcionamiento eficaz de las comunidades, ya sea individualmente o en conjunto con otros profesionales y/o personas.
El logro de tales objetivos posibilitará la adquisición de destrezas para realizar las siguientes tareas:
1) Diseño de instrumentos de investigación (e.g. entrevistas, cuestionarios, registros observacionales, recolección y análisis de datos).
2) Análisis de procesos de grupos.
3) Análisis de los factores biopsicosociales que contribuyen a la salud mental y a los problemas de la salud mental comunitaria.
4) Identificación de necesidades y recursos de programas de servicio social y de comunidades geográficas y funcionales.
5) Diseño, desarrollo y evaluación de programas y proyectos.
6) Diseño e implementación de intervenciones en la comunidad.
7) Organización y movilización de grupos y comunidades.
8) Diseño, desarrollo y evaluación de adiestramiento.
9) Trabajo en equipos multidisciplinarios.
El pensum está organizado en tres grandes apartados: materias de fundamentación, materias de especialización y el proceso de graduación que culmina en una tesis de grado. Contempla, además, dos itinerarios que se visibilizan en el segundo año: énfasis en psicología social comunitaria y énfasis in psicología clínica comunitaria. En el segundo año los y las estudiantes pueden escoger cualquiera de estos dos énfasis.
La evolución teórica y la práctica de la
psicología comunitaria han discurrido desde su inicio por dos itinerarios
íntimamente unidos pero que se perfilan con suficiente entidad. El primero de ellos es el de la psicología social comunitaria, donde el
énfasis ha sido, entre otros, el abordaje de las temáticas que configuran la
vida y la organización comunitarias, la mutua implicación entre procesos
sociales y la subjetividad, la transformación cultural basada en la evaluación
crítica de los procesos y estructuras sociales y del papel mismo de la
psicología, el cambio social, y la intervención dirigida al desarrollo de
las comunidades autogestoras para la solución de sus problemas. Como consecuencia de este énfasis la
comunidad emerge como algo central y aparece como actor social y constructor de
su propia realidad. En otras palabras,
la centralidad de los procesos grupales e intergrupales, la influencia y mutua
implicación de las estructuras macrosociales en los comportamientos
individuales y colectivos, y la importancia de los procesos socio-históricos en
la configuración de la realidad psicológica, han ido definiendo el perfil de la
psicología comunitaria. De allí la
paternidad de la psicología social, sobre todo aquella que se ha desarrollado especialmente
en América Latina a partir del legado y producción intelectual de Ignacio
Martín-Baró. En palabras de Montero (2004, pg 78) este ámbito de pensar y
quehacer psicológico “señala como objeto de la psicología comunitaria el
bienestar y la liberación, y más aún, la coexistencia de esos dos objetivos con
el cambio social, en una forma de simbiosis social, debida a la complejidad de
los fenómenos comunitarios”[13]
El segundo itinerario altamente ligado al
primero está fuertemente influenciado por el concepto de salud mental. Pero no una salud mental que considera a la
persona aislada o individualmente sino que toma en cuenta el hecho de que ésta
es una persona-en-contexto y que su bienestar está íntimamente unido a la
colectividad. Más aún, el concepto de
salud mental integral implica abordar las relaciones individuo-grupo-sociedad.
Este itinerario se expresa como una práctica en psicología clínica comunitaria que se diferencia claramente del
abordaje clínico tradicional. En la psicología clínica sin ninguna otra
calificación, la actuación del psicólogo o psicóloga se circunscribe a la
relación terapéutica individual, mientras que en la psicología clínica
comunitaria se realzan, se abordan y se privilegian los nexos sociales de la
persona pues son éstos por donde transitan los mecanismos y procesos de
bienestar personal y comunal y sus opuestos.
Esta concepción de salud integral, altamente correlacionada con un
enfoque biopsicosocial y consistente con un paradigma holista coloca claramente
una práctica clínica dentro de los encuadres conceptuales y metodológicos de la
psicología comunitaria. De ahí que el
modelo de intervención sea nuevo ya que lo que se pretende es “salir a la
comunidad y trabajar con y sobre ella, no sólo en ella, con el objetivo de
fomentar, promover y optimizara estilos de vida sanos, utilizando los recursos
comunitarios e individuales” (Carrobles en Martín González et al., 1993)[14]. En resumen, la psicología clínica comunitaria
manifiesta referentes psicosociales importantes. En primer lugar considera los factores ambientales
en la explicación de la disfunción-normalidad, superando el modelo que se
reduce a la dinámica intrapsicológica como único determinante de este
continuo. En segundo lugar, tiene una
concepción de una salud mental construida en términos positivos y de relación
interactiva con el entorno, acentuándose su carácter procesal[15]. Y en tercer lugar, considera al individuo
como actor activo de su salud, noción que se concreta en estrategias
interventivas dirigidas a potenciar sus capacidades y autonomías en ese ámbito[16].
Como consecuencia del planteamiento anterior,
en la Maestría en Psicología Comunitaria los y las estudiantes podrán elegir en
el segundo año de estudios bien un énfasis en psicología social comunitaria o
bien uno en psicología clínica comunitaria, después de haber cursado un primer
año común. Las materias de
fundamentación se encuentran localizadas en el primer año. Este primer año proveerá las bases
conceptuales y metodológicas propias de la psicología comunitaria a todos los y
las estudiantes y les dotará de las herramientas teóricas y prácticas
esenciales de la disciplina. Y, dada la estructura de la misma disciplina, en
el segundo año el estudiantado podrá elegir un ámbito de ejercicio de la
psicología comunitaria: psicología social comunitaria o psicología clínica
comunitaria. Conviene anotar, sin
embargo, que de las ocho materias del segundo año del plan de estudios se
tendría al menos tres que aún serían comunes para ambos itinerarios (Técnicas
Avanzadas de Evaluación, Gestión de las ONG, y Evaluación de Programas
Sociales), pudiendo ser más dependiendo de los seminarios que se ofrezcan y que
escojan los alumnos en los dos ciclos académicos del segundo año.
Para entender mejor los dos itinerarios que
hemos descrito conviene tener en cuenta que la comunidad puede ser considerada
en tres dimensiones: como un lugar, como un conjunto de personas y, sobre todo,
como un sistema social. La primera
dimensión hace referencia a la ubicación de la comunidad con la problemática
propia de su entorno geo-social. La
segunda, a una colectividad donde juegan un papel importante marcadores
sociales que homogenizan roles y donde se visibilizan identidades. La tercera dimensión identifica pautas
comportamentales más amplias de acción individual y colectiva, entramados
culturales, y señala múltiples subsistemas que interactúan y ejercen influencia
mutua.
6.2. Los seminarios
El plan de estudios contempla 4
seminarios obligatorios cuyo objetivo principal es capacitar al estudiantado a
que utilice los conocimientos básicos de la psicología y otras ciencias afines
para estudiar un problema específico y de especial interés para la sociedad
salvadoreña. Tiene un componente práctico importante. La lista de posibles
seminarios es amplia para poder atender los distintos intereses del
estudiantado, posibilitar una formación en ámbitos bastante específicos de la
psicología social comunitaria y/o de la psicología clínica comunitaria, e
introducir flexibilidad al pensum para que éste pueda responder a condiciones cambiantes
de la realidad nacional. Los cuatro seminarios que se programarán a lo largo de
toda la carrera se escogerán entre los siguientes posibles:
·
La
Mediación
·
Grupos
de Autoayuda
·
Menores
en Conflicto Social
·
La
Encuesta de Opinión Pública
·
Intervención
Psicosocial en Desastres
·
Psicología
de la Salud
·
Investigación
en Psicología Comunitaria
·
Diseño
y Planificación de Proyectos Sociales
·
Análisis
de Contenido
·
Elaboración
y Desarrollo de Talleres
·
El
Juego Terapéutico
·
El
Marco Lógico
·
Grupos
Focales
·
Masculinidad
y Género
·
Psicología
Social de la Violencia
La distribución de los componentes del pensum se traduce en la siguiente malla curricular donde se identifica el primer año común y, en el segundo año, las asignaturas propias de los dos itinerarios: psicología social comunitaria o psicología clínica comunitaria.
|
Ciclo |
Número
de orden |
Itinerario (Énfasis) |
Código |
Asignatura |
Prerrequisito |
Horas Teóricas |
Horas Prácticas |
U.V. |
|
|
|
|
|
Cursos
de Fundamentación |
|
|
|
|
|
I |
1 |
Común |
090241 |
Psicología Social Avanzada |
Admisión |
3 |
2 |
4 |
|
I |
2 |
Común |
090242 |
Psicología Comunitaria Avanzada I |
Admisión |
4 |
3 |
6 |
|
I |
3 |
Común |
090243 |
Metodología de la Investigación |
Admisión |
3 |
1 |
3 |
|
I |
4 |
Común |
991601 |
Seminario |
Admisión |
2 |
2 |
3 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
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