Zubiri en El Salvador

El cultivo del pensamiento zubiriano en El Salvador ha estado ligado estrechamente al desarrollo del departamento de filosofía de la Universidad Centroamericana (UCA), que fundó Ignacio Ellacuría en 1969. A principios de la década de los sesenta, se había explicado Sobre la esencia (SE) en la Universidad de El Salvador. En 1956 y en 1958, Ellacuría utilizó Naturaleza, Historia, Dios (NHD) para escribir dos artículos sobre los presocráticos, que publicó en la revista Cultura del Ministerio de Educación.[1] Pero es a partir del regreso de Ellacuría a El Salvador, en 1967, después de haber realizado su tesis doctoral con Zubiri, cuando se abre el camino para el trabajo sistemático de la filosofía zubiriana, el cual se prolongará hasta nuestros días.

En este esfuerzo se pueden distinguir dos grandes etapas muy significativas, porque  ambas suponen un desarrollo creativo y original del pensamiento zubiriano: una que va desde 1970 hasta el asesinato de Ellacuría, en 1989, y otra, de 1995 al 2000. La primera se caracteriza, principalmente, por tres esfuerzos, vinculados a los objetivos de la tarea intelectual del mismo Ellacuría: a) difusión de la novedad histórica y del potencial crítico y creador de la filosofía zubiriana; b) utilización de dicha filosofía para fundamentar tesis centrales de su teología de la liberación; y c) adopción de sus tesis fundamentales y del método filosófico zubiriano para la construcción de una filosofía de la liberación latinoamericana.

La segunda etapa se caracteriza por la producción filosófica de Antonio González Fernández que, en el período 1995-1998, fungió como jefe del departamento de filosofía de la UCA. El esfuerzo de A. González se concretará en la propuesta de una filosofía primera en la cual el nivel de realidad pretende ser entendido de un modo diferente y más radical que la impresión de realidad zubiriana. El punto de partida ya no sería la “aprehensión primordial de realidad”, sino el análisis de los actos humanos, de la praxis. De ahí que la filosofía primera sea para A. González una praxeología.[2] En esta línea hay que destacar el trabajo filosófico de Jordi Corominas, Director del programa del doctorado en filosofía iberoamericana de la UCA hasta mayo del 2001, orientado a fundamentar, desde la filosofía del último Zubiri, una ética desvinculada de cualquier instancia metafísica, creencia religiosa o teoría antropológica, cuyo punto de partida es el mismo en que se constituye la filosofía primera de A. González: el mero análisis de la acción humana entendida como un sistema de actos de aprehensión, afectación y volición.[3]

Desde el momento en que Ellacuría asumió la filosofía zubiriana como base de su propio esfuerzo filosófico, aquélla adquirió un papel central en la actividad del departamento de filosofía y en la estructura del pensum  de la carrera de filosofía. La estructura de asignaturas de dicho pensum se organizó, según lo que Ellacuría consideraba eran los tres temas principales del pensamiento filosófico zubiriano: el tema de la realidad, desarrollado principalmente en SE, obra considerada por Ellacuría como el primer intento sistemático por conceptuar filosóficamente lo que es en realidad la estructura y lo que es la realidad desde la idea de estructura; el tema de la inteligencia, desarrollado definitivamente en el tríptico de la inteligencia sentiente (IRE, IL e IRA), obra en la que, según Ellacuría, se presenta “la unidad trans-idealista y trans-materialista”[4] de los dos momentos de la inteligencia humana; y el tema de la persona humana como realidad personal, una realidad ligada a todas las cosas reales pero religada a la realidad misma como fundamento de su propia vida personal (cf. HRP, OH, HC, DHSH, HD y SH). De la misma manera, los contenidos de las asignaturas de historia de la filosofía se diseñaron según los autores de la tradición filosófica con los que dialoga Zubiri: Parménides, Platón, Aristóteles, Tomás, Descartes, Leibniz, Hume, Kant, Hegel, Husserl y Heidegger.

Por otra parte, Ellacuría publicó una serie de artículos sobre la filosofía de Zubiri[5], en los que analizaba aquellas características críticas y sistemáticas que pueden ser útiles para construir una filosofía “verdaderamente latinoamericana” y para enfrentar filosóficamente los problemas de la situación histórica de América Latina, especialmente de El Salvador y Centroamérica: su concepción realista-sensorial de la inteligencia, su radicación del ser y del sentido en la realidad, su interpretación físico-realista de la metafísica, su concepción del hombre como esencia material abierta y su visión material de la historia.[6]

Este intento, por parte de Ellacuría, de construir una filosofía de liberación, se concretó en la redacción de su Filosofía de la Realidad Histórica,[7] obra en la que recoge las principales tesis metafísicas, antropológicas y epistemológicas de la filosofía de Zubiri con el fin de dar cuenta, en toda su complejidad, de la estructura y del dinamismo de la realidad histórica, entendida como objeto y punto de partida de la filosofía de la liberación. En la visión zubiriana, que asume Ellacuría, el dinamismo histórico es un dinamismo de posibilitación. La historia humana no es sino la creación sucesiva de nuevas posibilidades junto con la obturación o marginación de otras. Por ello la historia no hay que entenderla desde el futuro como un progreso inexorable hacia una meta ideal. La historia, la realidad histórica, no se predice, sino que se produce, se crea a partir de la actividad humana sobre la base del sistema de posibilidades ofrecido en cada situación y en cada momento del proceso histórico. Esto lleva a preguntarse por la praxis histórica adecuada en cada momento del proceso histórico con el fin de posibilitar la liberación y la manifestación de la realidad. El papel ético de la filosofía, como momento teórico de la praxis histórica, será el de contribuir crítica y creadoramente a esta liberación de la historia.

Pero la producción filosófica de Ellacuría no se redujo únicamente a los esfuerzos anteriores. También se orientó a la fundamentación filosófica, desde  Zubiri, de tesis fundamentales de la teología de la liberación.[8] Ellacuría consideraba que el aporte de la filosofía zubiriana a dicha teología era tanto en el orden epistemológico como en el orden metafísico.[9] En el orden epistemológico señalaba las tesis de Zubiri que dan razón del método de la teología de la liberación: la congenereidad entre inteligencia y realidad; la superación de la logificación de la inteligencia con la inteligización del logos; la crítica al pensamiento occidental que ha abandonado la realidad y se ha refugiado en el ser y en el sentido; el carácter intrínsecamente material de toda la actividad intelectiva; y la necesidad de poner en juego todas las posibilidades sentientes en cada uno de los modos de intelección. En el orden metafísico señalaba los aportes que fundamentan discusiones básicas de la teología de la liberación: el carácter estructural dinámico de la realidad; la importancia metafísica de lo histórico; la historia como ámbito donde se da la plenitud cualitativa de la realidad; la importancia teologal de la historia: no hay sino una sola historia porque la creación misma es proyección ad extra de la vida trinitaria divina; el proceso de liberación y de libertad es la realización humana de lo divino; la infinitud de Dios introducida en la historia va rompiendo los límites finitos; la historia en su conjunto es manifestación y experiencia de Dios; el sujeto de la historia no es el héroe individual sino el phylum humano; el materialismo de la historia no permite evasiones idealistas o transcendentalistas.

A raíz del asesinato de Ellacuría y de sus compañeros jesuitas, el departamento de filosofía de la UCA, al igual que el resto de la universidad, experimentó graves problemas académicos, que incidieron negativamente en lo que habían sido sus actividades de docencia y de investigación hasta 1989. Estos asesinatos no sólo implicaron la desaparición física de una parte muy significativa de la dirección de la universidad, sino que además asestaron un golpe muy fuerte a la estructura universitaria, la cual se tambaleó. En el caso del departamento y la carrera de filosofía, no se trataba sólo de reemplazar a sus profesores asesinados, sino de reconstruir la identidad, la mística, la excelencia académica y la capacidad de producción intelectual, que les había impregnado I. Ellacuría. Es hasta 1994 que el cultivo de la filosofía zubiriana se revitaliza con la visita de miembros prominentes de la Fundación Xavier Zubiri. En 1994, Diego Gracia imparte un curso sobre bioética, Jesús Conill sobre Nietzsche y Zubiri, Manuel Mazón sobre la antropología zubiriana y Antonio González sobre los problemas de la metafísica occidental (PFMO). A finales de ese año se organiza en la UCA el Primer Encuentro Mesoamericano de Filosofía, en el que se presentan varias ponencias inspiradas en el pensamiento de Zubiri y Ellacuría[10].

A partir de 1995, el departamento de filosofía, ya reestructurado y renovado en su planta docente, comenzó una nueva etapa de docencia y de producción filosófica de raigambre zubiriana. En 1996, se creó la carrera del doctorado en filosofía iberoamericana con el propósito de potenciar la reflexión filosófica sobre los problemas que aquejan a Centroamérica, Latinoamérica y a las grandes mayorías de la humanidad y desarrollar un pensamiento crítico, sobre la base de pensadores latinoamericanos y españoles, buscando resaltar especialmente los de Zubiri y de Ellacuría. Hasta ahora se han defendido dos tesis doctorales en la UCA.[11] El programa de postgrado en filosofía de la UCA se amplió en 1999 con la apertura de una maestría en filosofía iberoamericana, orientada por los mismos objetivos del doctorado.

En este contexto, es relevante destacar los aportes mencionados de A. González y de J. Corominas, con cuya descripción quisiera terminar esta presentación de la filosofía zubiriana en El Salvador. El punto de partida radical para A. González es toda la gama de actos humanos en su variedad y multiplicidad, ya sean intelectivos, perceptivos o afectivos, actos de contemplación o actos que intentan modificar algo. Una filosofía primera no puede privilegiar ningún tipo de actos ni aludir a una instancia por detrás o por debajo de ellos, ya sea una substancia, un sujeto, un yo, una conciencia o el mismo “de suyo” zubiriano, porque por más obvia que pueda parecer no tiene la inmediatez de los actos mismos. La verdad primera es la verdad del simple acto en su pura ejecución y esta verdad simple es anterior a toda dualidad y aun anterior a la verdad real, que consiste en la actualización de las cosas en la aprehensión, la cual es una verdad que se mueve en el interior del acto mismo. Esta verdad primera es una verdad fáctica; en primer lugar, porque es necesario e inexorable que actuemos siempre; en segundo lugar, porque tiene un carácter trascendental: los actos son inmediatos para todos y a la vez se pueden establecer funcionalidades y estructuraciones entre ellos; y en tercer lugar, porque tienen un carácter absoluto en la medida en que una vez ejecutados son irreversibles. Así, la filosofía primera, en lugar de intentar profundizar en el contenido de la cosa actualizadas, debe intentar describir los actos en su pura ejecución. 

 Para Corominas, el punto de partida de la ética primera impone un método determinado. Instalada en la alteridad radical de los actos humanos, lo que hace dicha ética es analizarlos. Lo que se busca es tratar de evidenciar lo que resulte aprehensible por cualquiera en las acciones humanas, pero renuncia a una fundamentación racional de los actos humanos, no teoriza sobre sus causas últimas, ni siquiera sobre sus supuestos o condiciones de posibilidad, y no invoca ninguna instancia que los trascienda. La fundamentación de la ética primera se reduce al mero análisis de las acciones humanas. Y este análisis será fúndante en la medida que de él se puedan desprender algunas orientaciones morales de importancia, poner de manifiesto propuestas éticas no fundamentadas, criticar sus presupuestos discutibles y dirimir el valor o las carencias de los diversos discursos éticos y morales.

A partir de estos logros, el departamento de filosofía de la UCA busca actualmente consolidar en El Salvador un centro de estudios filosóficos de alta calidad en el ámbito nacional e internacional, teniendo como referentes principales a X. Zubiri e I. Ellacuría, habida cuenta del influjo de sus pensamientos sobre el trabajo filosófico y teológico que se ha producido en esta universidad.

 

Héctor Samour

 

 



[1] “El despertar de la filosofía”, Revista Cultura, 11, 1956, San Salvador, pp. 14-28; “El despertar de la filosofía II. De Empédocles a los sofistas”, Revista Cultura, 14, 1958, San Salvador, pp. 148-167. 

[2] Cf. A. González, Estructuras de la praxis. Ensayo de una filosofía primera, Editorial Trotta-Fundación Xavier Zubiri, Madrid, 1997,198 pp.

[3] J. Corominas, Ética primera. Aportación de X. Zubiri al debate ético contemporáneo, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2000, 405 pp.

[4] I. Ellacuría, “Zubiri en El Salvador”, Estudios Centroamericanos (ECA), 361-362, 1978, pp. 949-950.

[5] Cf. “La idea de filosofía en X. Zubiri”, en Homenaje a X. Zubiri II, Editorial Moneda y Crédito, vol. 1, Madrid, 1970, pp. 477-485; “La idea de estructura en la filosofía de Xavier Zubiri”, Realitas I. Seminario Xavier Zubiri, Sociedad de Estudios y Publicaciones, Editorial Moneda y Crédito, Madrid, 1974, pp. 71-139; “La antropología filosófica de Xavier Zubiri”, en P. Laín Entralgo (ed), Historia universal de la medicina, vol. VII, Editorial Salvat, Barcelona, 1975, pp. 109-112; “Introducción crítica a la antropología de Zubiri”, en Realitas II. Seminario Xavier Zubiri, Sociedad de Estudios y Publicaciones, Editorial Labor, Madrid, 1976, pp. 49-137; “Fundamentación biológica de la ética”, Estudios Centroamericanos (ECA), 368, 1979, pp. 419-428; “Biología e inteligencia”, en Realitas III-IV. Seminario Xavier Zubiri, Sociedad de Estudios y Publicaciones, Madrid, 1979, pp. 281-335; “La nueva obra filosófica de Xavier Zubiri: Inteligencia sentiente, Razón y Fe, 995, 1981, pp. 126-139; “Aproximación a la obra completa de Xavier Zubiri”, Estudios Centroamericanos (ECA), 421-422, 1983, pp. 965-983; “La superación del reduccionismo idealista en Zubiri”, Estudios Centroamericanos (ECA), 477, 1988, pp. 633-650. 

[6] Cf. I. Ellacuría, “Zubiri en El Salvador”, op. cit.

[7] Filosofía de la realidad histórica, UCA Editores, San Salvador, 1990, 606 pp; Editorial Trotta-Fundación Xavier Zubiri, Madrid, 1991, 478 pp.

[8] Cf. Teología política, Secretariado Social Intediocesano, San Salvador, 1973; “Hacia una fundamentación filosófica del método teológico latinoamericano”, Estudios Centroamericanos (ECA), 322-323, 1975; “Historicidad de la salvación cristiana”, Revista Latinoamericana de Teología, 1, 1984; “Historia de la salvación”, Revista Latinoamericana de Teología, 28, 1993; “El desafío cristiano de la teología de la liberación”, Carta a las iglesias, 263-265, Año XII, 1992, San Salvador. 

[9] Cf. Curso sobre teología de la liberación, UCA, 1987, texto inédito; archivo personal de Ignacio Ellacuría.

[10] Cf. AAVV, Para una filosofía liberadora, UCA Editores, San Salvador, 1995.

[11] J. Corominas, Ética primera, aportación de X. Zubiri al debate ético contemporáneo, 1999. H. Samour, Voluntad de liberación: Génesis y constitución de la filosofía de la liberación de I. Ellacuría, 2000.