CAPITULO 8

TECNICA Y SOCIEDAD.



8.0. Introducción.

En el presente capítulo se mostrará cómo la dimensión social de la filosofía de la técnica de GB emerge de la ley ontológica rectora de todo auténtico acto creador y, por lo tanto, también del acto creador o artificializador técnico por el que el hombre transforma lo real en Tecnocosmos y a sí mismo en Artífice. Por esta razón, y desde tal fundamentación onto-antropológica, GB lanzará una crítica furibunda contra el capitalismo como potenciación artificial o inventada del modo natural de apropiarse el hombre de las cosas; cuestión más grave aún cuando lo apropiado de semejante manera es lo que de creador tienen los hombres, así como de sus creaciones.

Todo ello se resume en la crítica a la propiedad privada, pues entiende GB que es el resultado de una acción mihifactora de carácter natural y, por tanto, inadecuada como acción de un sujeto crecientemente artificial él mismo (Supersujeto). Por tanto, cualquier invento potenciador del naturalismo de la acción apropiadora y su resultado, la propiedad privada, será un escollo en el proceso de artificialización (divinización) del hombre.

Definir el modo de apropiación correcto o adecuado al Supersujeto o Sociedad, tanto de las realidades en estado natural como, sobre todo, de las creaciones crecientemente artificiales del hombre, parece ser el núcleo que aglutina las reflexiones de GB sobre la técnica durante las décadas de los años sesenta y setenta. Tal es el nuevo avance que GB integrará junto a los progresos de las etapas anteriores. En este sentido, da la impresión de que nuestro autor sigue un proyecto bien definido, para cuya realización utiliza, dependiendo del aspecto que le interesa reflexionar en cada momento, transfondos categoriales filosóficos distintos pero adecuados al tipo de problema que funge como centro vertebrador de la reflexión.

Así, para el intento presente, GB encuentra en Marx las categorías adecuadas para llevar a cabo el análisis y crítica de la forma natural de producción (trabajo) y apropiación de los objetos artificiales (uso), y del capitalismo como máximo exponente de esta tendencia, a la vez que hace del comunismo, reinterpretado desde la categoría de la transfinitud analizada en el capítulo anterior, la forma adecuada de producción y uso de artefactos de un hombre artificial cuya pretensión última es, como se vio, ser Dios Creador. Según esto, resulta claro que el interés de GB por la economía proviene del papel que ésta puede jugar como potenciación o escollo del proceso transfinitador al dejar sentir sus efectos, en función del tipo de economía de que se trate, sobre el acto de creación, las creaciones y, en definitiva, sobre lo que de creador tiene el hombre.

Tal es el objetivo fundamental que persigue GB al redimensionar socio-económicamente su pensamiento filosófico, y el nuevo sentido que preside su reflexión sobre la técnica durante el período indicado. Prueba de ello es la identificación que hace de las categorías: técnica-trabajo, artefacto-producto y creador-trabajador, como se verá.

Con todo, el comunismo no será la fase en que descanse el transfinito humano, de ahí la insistencia de GB en postular un humanismo positivo como superación sintética del humanismo teórico (ateismo) y práctico (comunismo), de modo que quede intacta la esperanza en la posibilidad de ser Dios. De todo ello se trata a continuación.

8.1 Humanismo teórico, práctico y positivo.

Estas tres categorías marxianas, que GB integra en su proyecto filosófico durante el período de tiempo indicado, sirven para sistematizar eficazmente el redimensionamiento que sufre su pensamiento sobre la técnica, a la vez que advertir cómo dicho cambio no afecta en absoluto a su función y lugar en él, que continúan siendo los mismos (lugar central o, si se prefiere, de vértice cónico donde convergen todos los demás temas y problemas en virtud de su función cosmo y antropogónica) aunque iluminados desde un transfondo categorial distinto pero complementario con los progresoso realizados en las etapas anteriores.

Advierte GB que fue Marx quien conectó los términos "teórico", "práctico" y "positivo", con el de "humanismo", y el filósofo que elevó el humanismo a categoría no sólo de problema sino, principalmente, al de empresa humana; empresa definida por tres fases históricas constitutivas del proceso de humanización del hombre. Tal es, dice GB, su ocurrencia de juventud, la cual, con los años, Marx fue planificando en cuanto a materiales y fuerzas para realizarla1.

La categoría "transustanciación", que Marx emplea, es clave para entender el carácter dialéctico del proceso humanizador. El término, según GB, está perfectamente elegido, pues su trasfondo religioso (sacramento eucarístico) permite captar el sentido (plan) de dicho proceso: hacer que el hombre participe plenamente de la naturaleza divina, más aún: que el hombre sea (por hacerse) Dios2. En dicho proceso, la técnica es pieza clave. Analizar de qué modo desde el transfondo categorial marxiano, es decir, mediante trabajo creador técnica y socialmente organizado, el proceso humanizador equivale para GB a la transustanciación de hombre natural en Sociedad-Dios, y lo que esto implica, es la tarea que acometemos a continuación.

8.1.1. Humanismo teórico.

De él dice GB: "estado teóricamente humano del hombre. Hombre que es humano sólo teóricamente" (CSFA, 180).

El humanismo teórico es la primera fase del proceso transustanciador, y consiste en descubrirse el hombre cual auténtica causa de los valores, ideas, conceptos, derecho, religiones, economía, moral... Todo ello realidades innegables, mas del tipo "imágenes simplemente reales", "especulares", "imágenes virtuales" o "fenómenos". De otro modo: objetivaciones humanas de las que el hombre, en un principio, no se reconoce cual causa o creador. En este sentido GB, remedando a Heráclito, dirá que la causalidad gusta de ocultarse. Según esto, descubrirse el hombre natural, cotidiano, como causa o creador de tales realidades fenoménicas es lo típico de la fase de humanismo teórico o primera fase del humanismo. En rigor: por reabsorber o asimilar sus objetivaciones, hacerlas suyas, mas por modo de conciencia teórica: por saber que son creaciones suyas y él su creador, el hombre asciende por vez primera a hombre teórico: a hombre que se sabe humano, pero sólo teóricamente3.

Desde esta perspectiva, "ateísmo" es el fenómeno de asimilación de la idea de Dios, o dioses, por el hombre al reconocerse como causa suya; la Comunión de Dios por el hombre real mas, por el momento, sólo teórica. En este sentido, el ateísmo no consiste en negar algo que no exista ni haya existido: Dios es real, pero con realidad fenoménica, parencial, y su carácter de efecto puede ser aprovechado por el hombre si en lugar de negarle realidad se decide potenciarla. "Ateísmo", según GB, no es propiamente negar la existencia de Dios, pues Dios es "la imagen intelectual y sentimental de nuestros pujos creadores, la cara especular de nuestros deseos" (PPPMM, 97), o "eco humano" (IFAM, 13); "ateismo" es tomar en serio tal imagen y decidirse a transustanciarla de modo que advenga un nuevo estado de realidad para ambos: asimilado y asimilante.

Al reconocerse el hombre como causa de la idea de Dios quiere serlo, por lo que ha de darle existencia real, material y no sólo teórica: enmaterializar a Dios en cuerpo humano quedando elevada la condición humana del hombre a divina. Pero antes de ponerse a ello, resulta condición indispensable que el humanismo comience por ser ateo teóricamente, y a la inversa, que el ateísmo en fase teórica sea el primer paso del humanismo4. Se comprende, una vez más, la importancia que desde bien pronto (etapa de vitalismo historicista) otorga GB al nacimiento de la ontología (Aristóteles) como fase inicial liberadora contra la teología y la teocracia, y lo que ello supone para la técnica, tal como se vio en su momento.

8.1.1.1. El Renacimiento como concreción histórica del humanismo teórico.

"El ateísmo como campaña política y empresa dialéctica -dice GB- pertenece a la etapa precomunista, a la fase de humanismo teórico del hombre" (PPPMM, 128). Tal fase corresponde (es), como vamos a ver, al Renacimiento y de ahí la importancia que GB concede a este período histórico5.

Lo definitorio del Renacimiento consiste en ser el momento en que al hombre se le ocurre (invento) hacerse a sí mismo individuo, es decir: "la tendencia real y eficiente a mihifacer todo de uno" (CSFA, 98), y de ahí que GB afirme: "En el Renacimiento, el hombre inventa el hacerse a sí mismo individuo, y tal invento define al Renacimiento y a los renacidos. Desde entonces la correlación Dios-pordiosero desaparece, reabsorbida y trascendida -es decir: transustanciada-, en la de individuo. Teocracia es transustanciada, gradualmente, en reyes absolutos-súbditos, república-ciudadanos; y, en el límite, en capitalista (democracia, república, monarquía...) y proletarios. Surgimiento y presencia plena y eficaz de la gesta o categoría histórica de clase" (ibid.), lo cual significa que sólo desde ese momento "surgen las formas de humano, inhumano, deshumanizar" (ibid.).

Con anterioridad a esta ocurrencia la humanidad se hallaba escindida en la relación Dios-pordiosero, Creador-creatura, de manera que en tal estado el hombre consideraba todo como propiedad de otro que se lo dona, resultando así pordiosero por no haberse inventado el plan de hacerse individuo. Por ello, no puede sentirse despojado por Dios, sino beneficiario, y las cosas son del hombre por regalo, mas no humanas (suyas: hecho por él y para él, con esfuerzo). Negación, pues, extrínseca: no-humano, nada de in-humano aún, pues no hay todavía conciencia de "humano" como algo propio (suyo). Ni siquiera se es humano el propio hombre por virtud suya, sino por gracia de Dios6. Y en esto van juntos dueños y siervos, Papa y fieles, gobernantes y súbditos, que se tiene todos por creaturas del Creador7 .

Este sentimiento de creatura puede reforzarse o justificarse desde la teoría, resultando entonces toda teoría idealismo productor "de un proletariado espiritual" (CSFA, 303). En consecuencia, dirá GB: "Todo naturalismo -en derecho, moral o religión, sociología, economía...-, es "esclavista"" (o.c. 284).

Pero el Renacimiento es la toma de conciencia del hombre por sí mismo; el momento histórico del descubrimiento de su "seipsecontradicción" o escisión de sí en su estado natural, y el surgimiento de las ganas de terminar con ella a base de hacerlo todo suyo (fase de hallazgo). Pues bien, el intento más o menos planificado para lograrlo, en una primera fase de potenciación artificial del modo natural de individualizarse, es el Capitalismo; el comunismo, en cambio, será fase superadora del modo capitalista de hacerlo, de manera que por su medio el hombre llegue a ser humano plena y realmente8.

8.1.1.2. Filosofía-ontología-naturalismo.

La filosofía, como se vio en otro capítulo, es para GB la fase de la vida intelectual que sigue a la teológica, pero la ontología viene enferma de naturalismo. Mas, si como dice GB: "La condición necesaria, aunque no suficiente, para que la Humanidad llegue a ser Sociedad es que se convenza de que "hombre" no tiene "esencia"; de que no está condenado a ser lo que es; de que no tiene "naturaleza"; proceso prefijado para llegar a ser (natural) y terminar (morir): o "esencia" entemporalizada" (QS, 21), entonces no bastará el ateísmo, sino que habrá que acabar también con el naturalismo o esencialismo, y esto es cosa ya de la filosofía (trato con ideas y esencias). Por esta razón, GB lucha denodadamente por mostrar que las cosas y el hombre no tiene esencia, pues de lo contrario, aunque el hombre tome conciencia de creador de la idea de Dios, y quiera serlo, no podrá conseguirlo por imposibilidad del orden del ser (ontología).

Ahora bien, según GB, que las cosas y el hombre no tengan esencia no es demostrable, sino mostrable por técnica y trabajo, por ponerlo a prueba, y es algo que el hombre no ha sabido ver a causa del naturalismo que taponaba su mente y entumecía sus brazos; sólo actualmente se va sabiendo con seguridad, por ciencia y técnica actuales (E = mc2), y por filosofía actual, que lo natural no tiene esencia. Así, pues, si el ateísmo es fase culminada histórico-socialmente en el Renacimiento, terminar con el esencialismo es tarea post-renacentista, moderna y actual, ya factible con el capitalismo y perfeccionable, como veremos, con el comunismo antropológicamente entendido.

Por tanto, al igual que el ateísmo es fase teórica previa a la transustanciación práctica del universo y del hombre, dicha transustanciación precisa otra fase, teórica también, superadora del naturalismo, pues de lo contrario será improbable (o imposible) el surgimiento del plan y decisión de darse el hombre a sí mismo y a todo lo demás nuevo ser y, caso de surgir, de ponerse prácticamente, en serio y en real, a darle cumplimiento (fase de humanismo práctico).

Por ello, dentro del contexto del humanismo teórico cabe preguntarse si la filosofía también habrá de ser transustanciada, y en tal sentido dice GB: ")Seremos tan desgraciados los filósofos que no podamos pasar de fenomenólogos, descriptivos y describientes de lo inmediatamente dado, y no podamos transustanciarnos en transformadores de la realidad inmediata, a favor de la profunda y causal? )Frente a una filosofía de interpretación no cabrá una de transformación? (...). No evadamos la cuestión pretendiendo probar que la filosofía no puede ser más que interpretación del mundo, fenomenología pura, sutil y rica, pintoresca o severa, según en qué manos caiga. Se trata de algo bien diverso: de ponerlo a prueba" (PPPMM, 83-84).

Tal será la postura de nuestro filósofo respecto de la verdad: ver si algo puede ser real por ponerlo a prueba; por montarlo debidamente en artefacto y ver si funciona (éxito). Se trata de extrapolar el proceder experimental a todo lo real, de ahí que comparando el caso de la filosofía con el de cierto artefacto material diga que de haber intentado resolver por pruebas racionales (a priori racionalista, probar teóricamente) si eran o no posibles los satélites artificiales, éstos no existirían. Si existen es por haberlos "puesto a prueba" (probar prácticamente), y así "Real lo es, ahora, por haberlo puesto a prueba, comenzando por inventar procedimientos y aparatos para ponerlo a prueba; y, puesto a prueba, haber tenido éxito" (PPPMM, 84).

Pues bien, según GB, habría llegado el momento de poner a prueba la posibilidad de una filosofía transustanciadora. Verdad, pues, como eficacia y, para ello, la realidad de que se trate habrá de ser montada, es decir, puesta en estado de artificial de segundo grado.

Pues bien, frente a una filosofía fenomenológica, descriptiva, GB propone concebir la filosofía de transformación como una auténtica meta o trans-física, es decir, como técnica científica (tecnología): "Atrevámonos a cambiar esencia y naturaleza por plan; teología y filosofía, por ciencia y técnica; gobernantes, por empresarios. Y aventurémonos a hacer de Sociedad "Empresa humana"" (QS, 21). Nótese que no se trata de hacer filosofía de la técnica de ningún tipo, sino de transformar la filosofía en técnica, es decir, de hacer que aquéllo que da sentido dialéctico a lo real (filosofía como movimiento hacia lo Absoluto) sea, a la vez y a la una, capaz de enmaterializarlo realmente, tal como se vio en el capítulo anterior o, como se verá más adelante que dice GB: "La técnica es, por tanto, un realismo realizador (...), y no un simple realismo" (CSFA, 316).

Por lo anterior, la cuestión del conocimiento del ser de las cosas es cortada gordianamente por GB: si definir teóricamente (poner en estado mental científico o filosófico) lo real no cambia su esencia o naturaleza, es decir, que lo real no se entera de lo que es: "así que las lecciones de ciencia, filosofía y teología sobre nosotros no las aprende nunca nuestra realidad. Científico, filósofo, teólogo no son ni llegan a ser estados de nuestra realidad, inicial y pertinazmente acientífica, afilosófica y ateológica" (QS, 17), sin embargo: "La técnica: Técnica es conocer algo según plan inventado por el hombre y a la una o en una hacer ese algo según dicho plan. Fusión de conocimiento y creación. Obra conjunta de mente y manos. Conocer algo por haberlo hecho y hacerlo por conocerlo" (o.c. 18).

Desde lo anterior, se entiende que para GB una metafísica actual sólo tenga sentido en cuanto técnica y viceversa, de manera que ser y conocer lleguen a identificarse como resultado de un proceso dialéctico artificializador, es decir, de re-creación artefactual o técnica del ser. Por lo mismo, es fácil advertir que toda la crítica al naturalismo o esencialismo contenida en sus obras tenga como objetivo preparar el terreno para la asimilación o reabsorción transustanciadora (real y total) de la idea en que el transfinito humano proyecta (prefigura) sus anhelos más elevados y profundos: Dios, o, desde una dimensión ética transustanciadora, el Óptimo. En ello queda de manifiesto el talante auténtico o dialéctico (impulsor hacia lo Absoluto), actual (transustanciador real-de-verdad), precursor (novedoso, creativo) y atómico (desconcertante) del filosofar bacquiano.

8.1.2. Humanismo práctico.

8.1.2.1. El humanismo práctico como religión.

Frente a la fase de humanismo teórico, y como fase necesaria superadora de la teoría por la praxis, se encuentra el "humanismo práctico", o "plan del hombre puesto a serse divino" (PPPMM, 102). Y todo plan, como ya sabemos, incluye, entre otros componentes, los de decisión y éxito.

No basta saberse causa de los fenómenos para transustanciarlos de verdad, pues saber que son fenómenos u objetivaciones ni los hace desaparecer ni transforma en modo alguno su grado de realidad fenoménica. En este sentido, la única transformación producida es la que GB denomina "desenajenar": dejar de creerla ajena por saberla efecto mío, pero por el simple hecho de pensar que no es independiente de mí y haber dado el salto de la imagen al original, su realidad fenoménica no queda transustanciada. La escisión entre lo real y lo imaginario persiste. Se trata tan sólo de una "reinterpretación" o "interpretación dialéctica" (tal denominó Platón al paso de la imagen a lo real), sin efectos reales sobre lo real fenoménico, que revierte a su estado natural de reales fenómenos. Saber cómo surgen dichos fenómenos no es saber porqué, de modo que resulta imposible transformarlos en efectos reales de verdad al no controlar sus causas de aparición.

Así, pues, según GB, para transustanciarse realmente, el hombre debe superar la fase teórica y hacerse hombre práctico: "humanidad práctica", es decir, hacerse Dios por reabsorción auténtica: "reabsorber, asimilar, transustanciar a Dios en hombre; es comulgar tomado en serio, a conciencia y en grande"9.

Existen multitud de economías, derechos, religiones, morales..., y cada cual tiende a creer que aquellos fenómenos que le pertenecen como causa son los únicos verdaderos. La cuestión, entonces, no es negar la existencia de los fenómenos (bien, justicia, Dios...), ni su variedad, sino hacerlos desaparecer por superación: por elevación a un estado superior de realidad, es decir, por hacerlos reales de verdad mediante su enmaterialización (encarnación).

Según GB, Marx creyó saber el modo de hacerlo: transformando la base social (infraestructura), elaborando para ello un proyecto o programa a realizar por sus pasos: el programa del comunismo o "humanismo práctico", con una "doble función": primera: transustanciar la propiedad privada, lo cual no significa volver a estados prehistóricos, sino de algo "irreconciliablemente diverso: )Qué es lo que el hombre va a definir como suyo, como del hombre: las riquezas externas -materiales, morales, religiosas..., en cuanto apropiables por el individuo humano-, o la vida real y verdaderamente humana, la apropiable por el hombre social?"; segunda: "Lo apropiable, y apropiado, por el hombre individual no puede trocarse en lo apropiable por el hombre social o por el hombre humano (...) mediante una mansa, continua, homogénea evolución, ni con las potencias del hombre individual; hace falta una transustanciación. (...) la potencia adecuada para tal transustanciación es el trabajo"10.

Pero si transustanciar por trabajo-técnica todo lo natural es la única manera de hacer imposible la reversión del hombre en fase de humanismo teórico a hombre natural (religioso o racionalista): "La creciente sensación de enfrentarnos a un universo cual a material para nuestros proyectos, coronados de creciente éxito, es el testimonio de la eficacia de tal real ateísmo, a costa de reales dioses" (CSFA, 182), (y lo dicho vale del naturalismo pues, como ya se vio, para GB la técnica se hace a costa de naturaleza), esa acción transformadora que es el trabajo requiere una serie de condiciones si ha de ser auténticamente transustanciadora y tener como resultado (producto) un hombre y mundo verdaderamente humanos, de ahí GB diga que tal empresa "requerirá especiales, antinaturales condiciones e inventos" (CSFA, 181).

En rigor, el humanismo práctico es un nuevo tipo, aunque diverso, de religión (re-ligación), puesto que "La etapa de humanismo teórico -o que se queda en teórico- se caracteriza por la escisión entre actos reales sobre tal proyecto-designio-decisión respecto de actos reales sobre proyecto-designio-decisión con éxito, todos tales actos siempre reales del mismo hombre real" (CSFA, 185). De otro modo: que lo ideal (Dios), que se encuentra siendo en estado abstracto (desvinculado del dominio causal) quede enmaterializado por reintegración al dominio causal donde haga lo que es, de modo que Dios exista cual poder real sobre lo real y no sólo imaginariamente. Tal es lo que en el segundo capítulo del presente trabajo quedó sentado como acción y dominio propio de lo artificial-técnico, frente al artístico.

Pues bien, según GB, tal es comulgar (transustanciar) al hombre con Dios en serio, en real, o re-ligar lo escindido a un nivel superior. Lo dicho explica que afirme: "para que nos entendamos en castellano: ateísmo es hacer que la encarnación de Dios en un solo hombre, en Jesús de Nazaret, se verifique en cada uno de los hombres" (PPPMM, 77). Se trata de la unión hipostática de la que hablaba a mediados de los cuarenta, al caracterizar el filosofar "español", y de la que ahora dice sin tapujos: "la encarnación de Dios creador en un individuo natural es prefiguración de la encarnación social del trabajador humano, del hombre en cuanto -ya, por fin...-, creador" (CSFA, 345).

Por lo anterior, es posible afirmar que la filosofía de GB es una filosofía teológica práctica o, menos contradictoriamente, una filosofía teogénica re-ligante, lo cual equivale a decir, como ya es claro a estas alturas de nuestro estudio, filosofía dialéctica transustanciadora o de transfinitación.

8.1.2.2. Las dos fases del humanismo práctico.

Dice GB: "El capitalismo es una peculiar superación del humanismo teórico, y lo presupone como etapa necesaria. Por tanto el capitalismo es, de suyo, ateo; negador de mil maneras patentes o encubierta, expresas o tácitas, mas reales- de teología natural y de teología pura; por tanto negador de religión natural" (CSFA, 189). Más aún, resulta negador del naturalismo pues "por su mismo plan intenta y acomete el capitalismo llevar al máximo las facultades creadoras -productoras- del hombre, es decir: transformarlo de creatura de Dios o de engendro de la naturaleza, en productor de sí y de su tecnocosmos; y, realmente, ha cumplido tal plan en amplios límites y en variados campos de la actividad humana, en regiones extensas y de continuo extendidas a costa del fisiocosmos" (ibid.). En tal sentido, es exacto lo que afirma GB cuando dice: "El capitalismo, por el componente de proyecto, coincide con el comunismo" (ibid.).11

El capitalismo, sin embargo "diverge por el designio: realizar el proyecto a favor de el hombre en cuanto individuo, en vez de realizarlo en favor de Nos: los concreadores y usuarios de nuestro universo, -el tecnocosmos" (CSFA, 189). En este punto radica, justamente, su tragedia pues aunque supera a la teología no consigue hacer del hombre Dios, de modo que se encuentra sin orientación, en crisis, pues ni tiene a Dios (ateísmo teórico) ni se ha hecho él mismo divino, de ahí que afirme: "El fracaso del plan, las trabas que él mismo pone a su plenario desarrollo (...) depende de haber conservado, y propuéstose en su designio, conservar y cultivar el individualismo del hombre, que es su manera natural de ser uno. (...). Claro está que el designio restringe en el capitalismo la amplitud del proyecto, y hace de su norma "horma"" (CSFA, 189).

Como el Renacimiento es el autodescubrimiento del hombre en cuanto humano (fase de hallazgo), sólo a partir de él será posible ya hablar de su inhumanización y de formas inventadas de inhumanizar, que es contradicción intrínseca, propiamente dialéctica, frente a no-humano, que es contradicción externa12, y de ahí que GB diga: "Haber inventado formas inhumanas según las cuales hacer que el hombre sea hombre es gesta del capitalismo, o del individualismo llevado al límite de su plan propio. Individualismo es, pues, plan antropológico: positiva y original forma de negar total e intrínsecamente al hombre en virtud de la cual negación resucitará a hombre humano. Tal es el mérito original y la función propísima del Capitalista o de El Individuo" (CSFA, 99). De otra manera, y en fórmula a explicar: su "éxito económico es su fracaso antropológico" (CSFA, 187).

Hacer (mihifacer) todo lo de todos (lo natural y los productos, lo artificial) y a todos (productores) propiedad del capitalista, tendente a único (Capitalista), "Tal es el plan del capitalismo, comprendido antropológicamente, en su seipsescisión y seipsecontradicción humana misma" (CSFA, 187).Y lo es porque aunque el capitalista parece disfrutar de una existencia humana al ser dueño de todo y de todos, en rigor tal cosa no sucede pues, además de haber despojado violentamente a otros hombre de su condición de creadores, él mismo permanece en estado individual y, por tanto, natural por su base no eliminada, de modo que no llega a ser plenamente hombre: "se escinde y se despoja a sí mismo al escindir a la humanidad en dos clases y al despojar de lo natural, hallazgos e inventos, a los demás", resultando, por tanto, su estado de humano mera apariencia13.

Por lo anterior, dirá GB: "En esta etapa nos hallamos siendo todos -a gusto o a disgusto-, enajenados aún, por igual, en el fondo, de la auténtica esencia humana: la de creador de sí y de su tecnocosmos: de Nos los concreadores y usuarios de nuestro universo" (CSFA, 189). Por ello, y correlativamente, del comunismo dirá: "el comunismo no es, primariamente, un sistema económico; es un sistema antropológico -no abstracto sino concretísimo- de atacar, explotar y volver explosiva o revulsiva la seipsescisión y seipsecontradicción realizada por el capitalismo, mediante inventos" (CSFA, 187). Así, pues, frente al humanismo práctico capitalista, "El comunismo es la manera como es real el plan de humanismo práctico" (CSFA, 188).

Para diferenciar ambos tipos de humanismo práctico, al capitalista denomina GB "humanismo práctico híbrido" y al comunismo, "humanismo práctico integral"; por lo mismo, al cambio introducido por el capitalismo o "Revolución industrial" llama "Revolución híbrida", pues aún hay algo de natural en el hombre práctico: "hombre práctico híbrido", así como en las superestructuras teóricas que genera. GB considera que sólo el comunismo impedirá la reversión a un estado humano anterior al generar un hombre práctico integral, es decir, con superestructuras adecuadas. Y tal cosa se consigue por "transustanciación o salto, o por revolución en todos los órdenes: religioso, social, científico..., comenzando por la gran revolución antropológica de individuo en cuanto tal -puesto a serse único- a Nos,- cada uno como miembro de Sociedad en tecnocosmos".14

8.1.2.3. El trabajo.

Del término "trabajo", dice GB que "encierra un significado de orden y altura antropológicos" (PPPMM, 94). Tal apreciación es consecuente con la consideración de la transustanciación real del hombre por práctica (praxis), no por teoría (por sólo pensarlo o quererlo), lo cual indica "actitudes e instalaciones de transformación; frente a las de interpretación" (ibid.). Actitudes que, como se dijo, sólo pueden tener posibilidad-probabilidad de surgimiento y éxito si lo natural, incluido el hombre, no tienen esencia y éste es consciente de ello.

Cuatro son los puntos en que, según GB, se resume la dignidad antropológica del trabajo, y que nuestro autor sistematiza a partir de una definición que Marx da de tal término:

"1) Trabajar es crearse el hombre a sí mismo.

2) Productos del trabajo son el conjunto de creaciones del hombre.

3) Todo lo creado tiene que comenzar por ser y parecer extraño a un creador individual; por enajenársele.

4) Mas perderá tal extrañeza y enajenación cuando sea creación o producto del hombre social, y del individuo que sea y obre como miembro de una sociedad que sea, precisamente, la especie humana, el hombre como especie" (PPPMM, 94-95).

Y apunta GB: "Cuatro afirmaciones de Marx que no tanto, y menos principalmente, son una descripción o interpretación de hechos cuanto programa o empresa humana" (o.c. 95).

8.1.2.3.1. Trabajo como acción creadora (humanizadora) del hombre.

Como ya sabemos, GB establece una distancia insalvable entre ser naturalmente distinto y hacerse a sí mismo distinto de lo que se está siendo. Lo que según GB diferencia mínimamente al hombre del animal es, como se vio, la "innovación psicológica" que supone la categoría de "hallazgo" en su fase básica de "caer en cuenta", que sería prueba palpable de la transcendentalidad del hombre frente al animal, el cual no es capaz de notar que se sirve de algo, es decir, de poner en estado mental purificado sus acciones naturales (sean estas mentales o materiales). Lo real, puesto en tal estado mental o transcendental por primitivo o básico que sea, sufre una desconectación causal, consistiendo en ello lo característico de tal estado (fase poiética del acto artificializador, vista en otro capítulo).

La vida mental funge aquí, pues, como dominio con doble función: uno en que rigen leyes y causalidad características del dominio mental: creación de ideas, que son efectos inmediatos del hombre, como se dijo en otro lugar, y sometimiento de las mismas a tipos de conexiones y operaciones peculiares de tal domino (deducción, inducción...); otro, funcionando a modo de almacén o depósito en que cualquier realidad, mental o material, queda desconectada (abstraída) de su dominio o contexto legal-causal, adquiriendo caracteres de universalidad e inmutabilidad (concepto natural de ser).

A partir de aquí, si el sujeto decide reintegrar las formas al mundo real-causal (material o mental) pueden suceder dos cosas: que lo haga de tal manera que, aunque devuelto al contexto legal-causal, no se verifique tal conexión, manteniéndose así en estado de no eficiencia (artificial artístico), o que tal reintegración vaya acompañada de una conectación plena de modo que la realidad queda otra vez sometida a la causalidad, bien como sujeto paciente, bien como sujeto activo que se sirve de ella para realizar así sus acciones sobre otras realidades (estado artificial técnico o artefactual).

Pues bien, en ambos casos se precisa de una actividad peculiar por la que lo real en estado abstracto sea devuelto a alguno de los dos dominios dichos (mental o material). Tal actividad es, como se vio, la técnica en cuanto preparación y ordenación de los materiales con vistas a utilidad, tanto si se servía de ellos el artista (valor rector: belleza) como si lo hacía el artífice (valor rector: utilidad). En ambos casos se hacía necesario el manejo de materiales y de fórmulas o recetas que organizaran y preparasen tales materiales, es decir: una técnica.

Por lo dicho, no puede sorprender que años más tarde GB afirme: "El hombre mediante la técnica, mediante el trabajo, será quien pueda imponer al mundo el triple carácter de efecto suyo" (ACC, 48). Nótese ya la equivalencia que establece GB entre técnica y trabajo; máxime cuando dice: "Trabajo es enmaterialización o encarnación de los inventos" (IFAM, 187). De ello se deduce que trabajo es, cuando menos, una acción por la que lo real abstracto cambia de estado ingresando en el causal (mental o material), tomando como fin la utilidad.

Obviamente, no presenta la misma complejidad en cuanto acción, ni en cuanto a grado de transformación de lo natural, tomar arcilla y modelarla con la mano para hacer un cuenco, que producir automóviles. Sin embargo, a pesar de las diferencias, en ambas acciones hay un mínimo común, ya advertido: ser acción preparadora de materiales para hacer de receptáculo de formas, y todo ello guiado por el valor de utilidad. En este sentido, técnica y trabajo son equivalentes, lo cual explica que para dar ejemplos de técnica GB recurra con frecuencia a tipos de trabajo15.

Dicho lo anterior, se entiende que según GB los términos "trabajo" y "técnica" tengan "historia" o evolución16, por lo que en CSFA (1969) analizará la evolución del trabajo. "Trabajo" es realidad y término con historia, es decir, que forma estela o racionalidad retrospectiva con sus formas y significados previos, de modo que la acción básica citada merecedora del término "trabajo" aparece como una realidad de creciente complejidad y potencia transformadora con el paso del tiempo.

Dada la equivalencia advertida entre trabajo y técnica, pudiera extrañar que GB afirme: "toda la técnica moderna consistirá en que el hombre trabaje menos y dirija más" (ACC, 42). Esto no significa que técnica y trabajo sean opuestos (ambas son categorías cosmo y antropogénicas) sino que, utilizando los términos con significados distintos no explícitos, viene a decir exactamente lo contrario: que el trabajo, como la técnica, humaniza al hombre, pero que el hombre actual realice trabajos propios de un hombre en estado natural (pretérito) es ya un contrasentido histórico que devuelve al hombre a etapas anteriores de su historia, in-humanizándolo. Por eso, afirmará en esa misma obra que mediante técnica o trabajo, el hombre humaniza el mundo haciéndolo triplemente efecto suyo, más advierte: "por un trabajo técnica y socialmente organizado y racionalmente programado" (ACC, 48).

En cualquier caso, de todo tipo o estado histórico del término y realidad "trabajo" vale lo siguiente: "Los productos humanos son la mostración palpable y real de que [el hombre] es creador" (PPPMM, 97). El resultado del trabajo, por humilde que sea17, es la prueba práctica, no teórica, de que el hombre se hace creador real de verdad de realidades igualmente reales de verdad. Por él acontece el paso del estado abstracto o fenoménico al causal real (físico o mental), en que las cosas hacen realmente (efectos reales, funcionamiento-eficacia) lo que son (su esencia o, mejor, planes).

El trabajo es el paso de la teoría a la praxis; la mostración (factum) práctica de que el hombre es creador o causa real de efectos reales: instauración de un dominio causal estricto (artificial) en una zona del universo en que rigen las leyes físicas y sus causalidad peculiar, y a las cuales han de someterse, para ser reales, (hagan realmente lo que su forma es), las abstracciones mentales, resultando así, lo artificial-artefactual (mental o material). Por esta razón dirá GB:

"Que Dios es creador no pasa de ser la expresión provisional de que el hombre no lo es aún, de que no ha llegado aún a ser inventor; Dios es entonces la imagen intelectual y sentimental de nuestros pujos creadores, la cara especular de nuestros deseos. Dios desaparece o es reabsorbido como creador a medida y por los pasos en que el hombre asciende a inventor, a productor. Que cada vez se pidan a Dios menos milagros no es tan sólo efecto de nuestro dominio de la técnica sobre la naturaleza; proviene de algo más hondo, tremebundo y duro de decir: de que a Dios le va drenando el técnico la virtud creativa; de que Dios, en cuanto creador, está en trance de muerte. La técnica "le sorbe los sesos". Trabajar es, pues, hacerse el hombre creador, inventor: hacerse tal por sus pasos" (PPPMM, 97).

Transustanciarse en creador es el único modo que tiene el hombre de acabar con su escisión entre hombre real y Dios-idea: "el hombre creador "sorberá los sesos a Dios",-dioses, propiedades divinas...", resultando, como quedó aludido en el capítulo anterior, "Tal ocurrencia -blasfemia de blasfemias" (CSFA, 185).

Nótese que en lo dicho no se trata ya de tomar el hecho de ser creador como elemento distintivo o diferenciador del hombre frente al animal, pues ya lo está siendo por su transcendentalidad (hallazgo, como cualidad psicológica), sino de "hacerse" distinto en tanto que creador práctico y, por tanto, por haberlo puesto aprueba. El hombre se hace Dios en proporción inversa a como Dios deja de ser idea y se enmaterializa en el hombre siendo causa de efectos reales en el dominio causal físico. De otro modo, y según la distinción que vimos entre lo artístico y lo técnico: si Dios es artificial en tanto que realidad abstracta producida por la mente humana, ahora comienza a ser realidad no sólo "artística" (reintegración a la realidad material mas sin efectos causales) sino artificial real de verdad por una actividad que es a la vez trabajo y técnica. Dios, pues, como artefacto humano u hombre artificial hecho a sí mismo Dios: causa sui.

Por lo anterior es claro que los término "creador", "técnica" y "trabajo" no pueden ser aplicados del mismo modo en todos los casos, luego tampoco el resultado: creatura, efecto, producto...

En cualquier caso, y a modo de preludio de lo que se irá viendo: "trabajo es categoría ontogénica, productora de otro ser en los seres y, en especial, productora y enmaterializadora del ser del hombre en cuanto creador, inventor o productor"; "Trabajo (...) es hacer de seres enseres; de universo, mundo y, a la vez y en uno, de hombres sociedad" (IFAM, 187). En tal sentido, no sólo no es condenación del hombre, sino "nuestra salvación" (IFAM, 188)18.

8.1.2.3.2. Tipos de trabajo.

Si en lo anterior, "trabajo" ha quedado cracterizado por lo que tiene de carácter básico o común a cualquier tipo de trabajo, en este epígrafe se tratará de su aspecto histórico o diacrónico con racionalidad retrospectiva.

8.1.2.3.2.1. Trabajo natural y trabajo sobrenatural.

En rigor, "trabajo" es, según GB, invento que surge sobre un hallazgo y éste, a su vez, de una base natural o presupuesto, que denomina "acciones de la mano": "Maniobrar, manipular, manejar..., son acciones naturales de las naturales manos -presupuestos (prehistóricos) -del hombre. (...) Coger fruta del árbol, recoger frutos, agarrarse a una rama, trepar a un árbol... son acciones naturales, -refirámonos a ellas resumidamente como acciones de la mano" (CSFA, 63-64). Pero advierte: "Mas con el rigor que vamos a dar a la palabra, no son trabajo" (CSFA, 64)19.

Pues bien, cuando el hombre "cae en cuenta" de las "acciones de la mano" que está realizando incluso antes de proponérselo, y se sirve de ellas, tales acciones entran en la categoría de hallazgo, recibiendo el nombre técnico de faena: "sobre la base terrenal o natural se erige y se apoya, y de ella se hace, la estructura de faenas" (CSFA, 79). Más en detalle: "la división del trabajo (natural: maniobrar, manipular) en faenas -faenas del campo, de la casa, de pesca, caza...- es un hallazgo (...). Son hallazgos, tanto los procedimientos hallados como las actividades que de ellos se sirven. Faena, en este doble componente, es hallazgo" (ibid.). Además, "La división del trabajo en faenas es un hallazgo que, por ser transmisible tal cual, asciende a hecho" (ibid.). Y en tanto permanezca en el nivel de hallazgo, dirá GB: "trabajo escindido en trabajo según faenas (trabajo natural)" (CSFA, 94).

Nótese que GB no sólo está utilizando como criterio para definir "faenas" el de hallazgo o concienciación, sino, simultáneamente, el de "división", por donde se echa de ver que el hallazgo inicial (concienciación) está siendo utilizado él mismo cual instrumento, y esto es, justamente, lo que, como se vio en el capítulo dedicado a la estcructura de lo artificial, definía lo típico de hallazgo: la ocurrencia de servirse de lo abstraído o purificado (hallado). Hallazgo, pues, como "servir para" o estructura de artificial de primer grado, por eso dice GB: "hallazgo de la división (natural) del trabajo" (CSFA, 308).

Pues bien, a su vez, "las faenas es el lugar propicio para el surgimiento, probable y frecuente, de la división del trabajo en tareas. Es decir: el surgimiento de trabajo productor de inventos y el de trabajo usuario de inventos" (CSFA, 79). Por tal suceso, la faena resulta fasto: "por ser lugar propicio para la división en tareas, reascenderá a fasto y por ello entrará en la historia, saltando a ella desde la prehistoria" (ibid.). Por consiguiente, "La división del trabajo en tareas (...) es una gesta: categoría histórica" (CSFA, 83). Trabajo, entonces, como invento.

A su vez, la tarea puede ser utilizada ella misma, por ocurrencia, para producir nuevas divisiones del trabajo. Se trata de dividirlo según tareas, no en tareas: "Introduzcamos la palabra perdivisión (Verteilung) del trabajo, cuando se lo divide según tareas -según inventos, profesiones, oficios especializados" (CSFA, 80-81): "perdivisión del trabajo, es decir (...) la división del trabajo llevada a un extremo -a división perfecta" (CSFA, 87), es decir: hecha (facta) "de manera y en grado supremos" (CSFA, 44).

Pero tal manera de dividir puede acabar en "descuartizamiento inventado por el hombre", de forma que sobren todas las funciones menos una, y todas las facultades menos una, y sus acciones menos una, como se verá. Este peligro es inherente a dicho proceso: "la división es un procedimiento al infinito, y se detiene sólo por la deficiencia del material o del instrumento" (CSFA, 87). Sin embargo, la potencia o eficacia natural de la perdivisión, puede ser montada artefactualmente; se la puede artificializar, es decir, hacerla para que sirva para unificar al hombre (socializar) haciendo de él, como se verá oportunamente, un Supersujeto creador de verdad (Hombre, Nos o Sociedad)20. Por eso, dirá GB: "la escisión del trabajo es una gesta potenciadora del poder creador del hombre" (CSFA, 345).

Del trabajo como invento, dice: "trabajo según tareas (trabajo sobrenatural)" (CSFA, 94). Desde esta perspectiva, las faenas pueden dividirse de modo natural: por división biológica basada en distintivos genéticos (sexo, edades...); por pluralidades de "particular individuado" : dotes de cada cual: habilidades, estatura, número de hijos, tradición familiar..., pero en ningún caso pasan de ser divisiones naturales, casi innatas; por último, dice GB, puede hacerse "empleando cual bisturí cantidad y calidad, en toda su amplitud"21. Adviértase el progresivo formalismo o antinaturalismo en las fases establecidas por GB y el modo en que lo natural pasa a segundo plano. Esto explica que del trabajo afirme GB que es "actividad creadora, inventora o productora, cuyos efectos son productos, (...) la forma, fin, acciones naturales son la base terrena sobre la que y de la que surgen -cual condición previa-necesaria, mas no suficiente- estructura, valor y operación; (...) que transforman originalmente lo natural" (CSFA, 64).

Consecuentemente: "Por la manos es el hombre distinto de los animales -monos o no; mas tal distinción no se eleva a diversidad hasta que el hombre invente una manera de usarlas (...) o los correlativos oficios humanos (inventados) (...) con sus respectivos instrumentos (inventados)... y sus correspondientes productos. (...). En habilidad de manos podrá el hombre distinguirse más o menos, por un tiempo más o menos largo, de los animales; por el trabajo inventa el hacerse diverso de ellos. Como todo invento, trabajo es novedad" (CSFA, 63-64).

Pues bien, traigamos ya la definición estricta de trabajo, según GB: "es actividad estructurante, valoradora y operante, en acto de enmaterializar proyecto, designio y decisión" (o.c. 65). Evidentemente se trata de una actividad que posee ella misma estructura de artificial de segundo grado, de ahí que afirme GB que "las acciones naturales [quedan abiertas], hacia operaciones" (ibid.), esto es: "apertura al infinito" o "estado (nuevo) de disponibilidad" (ibid.) de la acción natural, de modo que por ella es posible dar estructura de artificial de segundo grado a los materiales naturales sobre los que actúa, abriéndolos a infinito, es decir, haciéndolos, en rigor del término, tal y como se verá, "productos". Por tanto, trabajo como acción artificial y artificializadora o, si se prefiere, artefacto ella misma cuya función exitosa es producir artefactos, por lo que GB dirá que el trabajo es "función especializada" (M, 313); función que realiza con mayor eficacia que el trabajo natural (acciones de las manos y faenas). Pues bien, al sujeto agente propio del trabajo como invento o artificial de segundo grado GB le denominará, como se verá, "trabajador".

8.1.2.3.2.2. Trabajo material y trabajo espiritual.

Pero hay algo más: "la división del trabajo en faenas, y, primariamente, en faenas materiales y espirituales, es un fasto: categoría prehistórica. La división del trabajo en tareas -y preeminentemente en tareas materiales y espirituales- es una gesta: categoría histórica" (CSFA, 82-83); "El trabajo -dividido o escindido ya en tareas y faenas: materiales y espirituales y sus productos, desde arado a "teoría"-, ha sido lugar propicio del surgimiento e implantación de una extraordinaria y extremada división "cuantitativa y cualitativa desigual"" (CSFA, 86).

Además, como ya se ha indicado repetidamente en este trabajo, GB afirma que los tipos de conciencia humana proceden de los tipos de trabajo22.

Pues bien, tratar de todo ello será hacerlo de las condiciones de posibilidad de la transustanciación de las realidades mentales en realidades-de-verdad (artefactuales), desde el transfondo categorial del materialismo histórico en el que GB se mueve ahora sin tapujos. Pero un materialismo histórico compatible con su concepción del hombre como transfinito transfinitante y de la Vida como trans-sujeto que se manifiesta eficazmente potenciada en el viviente artefactual o artefacto órganico que constituye ese "Supersujeto" al que denomina "Sociedad", "Hombre" o "Nos". Marxismo, pues, este de GB, peculiar y con afan de desarrollo y superación no encajable en ortodoxia alguna pues, como se verá que el propio GB indica en crítica a los seguidores dogmáticos, Marx no condenó a la humanidad a ser marxista.

Distingue GB entre trabajo espiritual y material, y dentro de cada tipo, entre faenas y tareas. El trabajo espiritual es resultado de una escisión peculiar entre actos humanos: "Representarse realmente (algo) sin tener que representar (se) algo real" , es decir: "Escindir realidad del acto frente a realidad del objeto (del acto)"; "distinción entre realidad del acto e irrealidad del objeto". De ahí que mientras los sentidos "no pueden representarse algo sin que tengan que representarse algo real", en cambio, "tal escisión (...) es el estado normal de imaginación y memoria -dentro del llamado orden sensible; y lo es del entendimiento, por eminente manera". Tal escisión "es natural, dada sin más", esto es: "Distingue potencias de potencias -vista, oído...de imaginación, entendimiento; mas no las hace diversas entre sí y de los objetos", de modo que "Teoría surge, pues, naturalmente -el hombre piensa, imagina en sueños o despierto-, a parte de ver, oír, tocar". Por ello, "es un fasto (histórico) el advenimiento de teoría, es decir: "la división del trabajo en trabajo material y espiritual"; "Es un presupuesto (histórico) la separación dada entre facultades de actos reales sobre realidad, y facultades de actos reales sobre objetos en estado de irrealidad -o reducidos a irreales: imágenes, recuerdos, conceptos... El advenimiento de teoría es un acaecimiento de tipo y fase prehistórica -aunque sea presente y pueda ser futuro- sin porvenir (novedad)"; "la escisión natural entre ojos, tacto, oído..., por una parte, y mente, imaginación, memoria por otra es simple material disponible -mas no pasa de ocurrencia, hecho, hallazgo y fasto pre-históricos". Por tanto, la escisión dicha, en cuanto suceso natural es dato (presupuesto), pero en cuanto hallazgo (concienciación y uso de lo hallado, del presupuesto) es historia en fase de prehistoria, y todo ello base para su potenciación en inventos (historia en estado histórico)23.

Esta escisión24 entre trabajo material y espiritual lo es, en virtud de lo anterior, del hombre mismo, y en tanto que natural, es contradicción no dialéctica, mas base para otra que lo sea: "La división del trabajo en material y espiritual es una escisión espontánea del mismo hombre, escisión que no le deja roto en trozos o destrozado, sino en estado real y eficiente de contradicción. Sólo que tal estado o trance es natural, o se trata de una contradicción natural; sobre ella, cual sobre base terrena, podrá erigirse una contradicción dialéctica, respecto de la cual la natural hará de condición necesaria, mas nunca suficiente" (CSFA, 172).

Tiene repercusiones igualmente sobre la materia con impronta humana (sellada), que también se escinde: "en virtud de la escisión espontánea -verdadero uranio o foco de desintegración de la naturaleza humana- entre actos reales sobre objetos reales y actos reales sobre (sus) objetos irreales (o ideales), la materia sellada se escinde en materia sellada por actos reales de trabajo real y en materia sellada (esa misma) por actos reales de trabajo irreal, por sus teorías de trabajo, de sellamiento jurídico, moral, religioso, social... de tal sellamiento real" (CSFA, 336).

El resultado de la división del trabajo en faenas espirituales es la "teoría natural", sea de derecho, religión, ontología, geometría...25. De otro modo: "la inteligencia natural es faena (natural) -hecha ya, y siempre factible-" (CSFA, 176).

Pues bien, debe notarse que, según GB, el hombre puede inventar potenciar planificadamente, mediante instrumentos que purifiquen la realidad inmediata de las cosas reduciéndolas a meros presenciales sin conexión causal real (abstracción), la doble escisión natural hallada (dentro de sí, y entre sus potencias y objetos o, de otro modo: de los objetos en reales e irreales, y de las potencias frente a ellos), de modo que surja la "teoría pura", esto es: "estado presencial puro de los objetos", y, además, hacer que tal escisión sea permanente. Tal acción es "gesta" histórica, y por ella se hace diverso. Puede también, además de reducir las cosas a teoría pura, inventar el modo de producir tal escisión, en cuyo caso resulta "facta o producta". Tales teorías, ya creaciones del hombre productor "son de otro rango que las naturales, aunque lleven el mismo nombre -teología, filosofía...". Se trata, entonces, de tareas espirituales.26

Tal escisión involucra directamente a la técnica, pues afirma GB: "el advenimiento de "teoría" es un fasto; que, al inventar el hombre aparatos para potenciar la escisión básica entre facultades de actos reales sobre realidad y facultades (actos de ellas) de actos reales sobre objetos irreales, tal fasto asciende a gesta. Tal potenciación de tal contradicción natural ascendida a dialéctica da teoría "pura", y por virtud del surgimiento de teoría a su estado de "pura", entran en contradicción real dialéctica teoría natural y teoría pura, y las dos contra sus bases necesarias. Más brevemente, establécese una contradicción dialéctica entre fisiocosmos y tecnocosmos" (CSFA, 172). Así, pues, "teoría natural es superestructura inmediata del conocimiento natural en cuanto escindido según actos reales sobre objetos irreales (de los reales) frente a actos reales sobre (sus) objetos reales. (...) A su vez: teoría pura es superestructura de teoría natural; superestructura de superestructura" (CSFA, 174).

Mas por lo mismo, "Teoría pura está doblemente atraída: por teoría natural y por los actos siempre reales de las potencias, -sean las que fueren" (CSFA, 175), de modo que puede surgirle al hombre la ocurrencia de eliminar lo que de natural haya en la teoría, mas para ello deberá comenzar por transformar la base natural de la que toda teoría natural o pura natural surge y sobre la que se sostiene, de ahí que diga: "el estado natural sensible es tan sólo material en bruto para el hombre en cuanto creador. Hacen falta, pues, actos reales inventados sobre objetos reales inventados. No basta con que el hombre sueñe despierto en la alfombra mágica; es necesario que invente el avión, comenzando por (tener que) inventar materiales, técnica actos, profesiones adecuadas, -siempre nuevos". Como consecuencia: "la historia se caracteriza por ese componente de su plan que consiste en hacer imposible (improbabilísima) la reversión al estado natural; (...) plan de hacer imposible el resugimiento de toda teoría natural pura. (...). Tal empresa es dialéctica o sobrenatural", es decir, dialéctica artificial y artificializadora, que implica dos fases: una negativa, hacer imposible una teoría natural y pura cuyos actos reales versen sobre objetos irreales, lo cual exige que los objetos irreales desaparezcan (su anonadamiento); positiva, "producción (invento exitoso de objetos reales por y para actos reales".27

Cuando eso sucede, el tipo de conocimiento resultante será: "inicialmente triplemente real: 1) Por parte del conocedor (creador); 2) Por parte de lo conocido, -que es lo en sí y para sí, o con independencia frente a su mismo creador en cuanto individual. 3) Mas definitivamente será tal conocer doblemente real: una, por parte del conocedor (en cuanto realmente creador); otra, por parte de lo conocido que, manteniendo su en sí (de creatura real), pierde su para sí o independencia (posible) frente al creador individual, en favor del creador social. (...) Conocer dialécticamente es, por tanto, perobjetivar la realidad y desenajenarla Nos el hombre" (CSFA, 178-179). Su tipo de verdad correspondiente es la "verdad dialéctica", cuyo precursor se encuentra en la verdad transcendental kantiana28.

8.1.2.4. Los productos del trabajo.

8.1.2.4.1. Carácter divino-sacramental de los productos.

Por la cualidad creadora del trabajo, que sería su peculiar tipo de gracia o participación en el poder de la divinidad, el hombre va transustanciándose a sí mismo en Dios y al resto de los seres en creación o efecto suyo, pues esa cualidad queda transferida a aquello natural sobre lo que recae, elevándolo a efecto o creatura artificial (tanto más cuanto que el trabajo artificializador esté él mismo montado o planificado técnica y socialmente, es decir, artificialmente) y, de forma correlativa, elevar al inventor-trabajador a creador.

Ahora bien, no todo hombre creador lo es en el mismo grado, es decir, divino. Distingue GB dos tipos de creadores: el sujeto por el que surge un invento-producto o "sujeto propio" y los usuarios de inventos o "sujeto secundario" (TMTC, 302). Esta distinción parece ser concebida por GB como la realización de la prefiguración de la unión hipostática en un individuo o varios (creador-inventor), la cual puede ser alcanzada también por el resto de la colectividad mediante el uso de los "bienes" o productos del trabajo técnica y socialmente organizado, que actuarían como materia natural elevada a materia sacramental eucarística en virtud de lo que de creaciones poseen al permitir gozar al usuario de su valor de uso, por el que comulgan con lo que de creador tiene su inventor, a la vez que inventarle (crearle) otros nuevos dándoles así de nuevo ser (función).

En cualquier caso, se comprende que GB afirme: "Los productos del trabajo así concebido son creaciones, inventos. Tal es su valor. Valor de creador, valor sobrenatural" (PPPMM, 98).

Desde la valoración antropológica del trabajo, se explica el interés de GB por separar, como Marx, el trabajo de la fuerza de trabajo, y el valor del trabajo del precio de la fuerza de trabajo (salario), pues "el valor del trabajo es valor de creador, valor sobrenatural: mientras que el precio del trabajo es el intento de degradar al creador al orden cuantitativo. Al orden de las cosas naturales, al nivel de la mera subsistencia biológica, natural y animal. (...) valor del trabajo y salario o precio de la fuerza de trabajo son magnitudes no conmensurables. (...). Entre valor y precio hay, dicho en terminología de Hegel, adoptada por Marx, salto cualitativo" (PPPMM, 98-99)29.

Por tal razón, y es afirmación fundamental aplicable a su filosofía a la que iban encaminadas las anteriores consideraciones, dirá GB que "La economía política de Marx se asienta, pues, y funda sobre una antropología, no sólo filosófica, sino teológica. El trabajo es la divinización real y verdadera del hombre natural, obtenida mediante la transustanciación de Dios, haber comulgado a Dios y habérselo asimilado; haber comulgado al creador y haberse hecho el hombre inventor -o productor de sí y de la naturaleza" (PPPMM, 99).

En consecuencia, la categoría de pecado cambia su significado, pues ahora se trata "del pecado transteológico de tratar al hombre-creador -aunque lo sea en grado ínfimo- cual cosa natural, y a su trabajo como mercancía, (...) atentado contra su progresiva real divinización" (ibid.). Pecado que "sube de punto y llega al colmo porque son otros hombres los que han inventado la manera de degradar así al hombre" (ibid.). Resulta fácil ya, como se verá, comprender que en esta etapa del pensamiento de GB sea el Capitalismo el "pecado trans-teológico" por excelencia.

Desde la perspectiva anterior, capitalista será el hombre que, conscientemente o no, "no reconoce (...) la distinción ineliminable entre valor y precio de la fuerza de trabajo, entre hombre en cuanto creador o productor y hombre (el mismo) en cuanto animal racional natural, dotado naturalmente de naturales músculos o de naturales nervios, cabeza, pies" (PPPMM, 101). En este sentido, tanto el capitalismo como las religiones coinciden en "condenar los dos al hombre a creatura, a asalariado, a pordiosero ontológico" (ibid.).

Proletario, correlativamente "es el hombre despojado de su calidad y supraderechos de creador, de productor de novedades", bien sea porque no es consciente de por sí de su condición sobrenatural de creador, o porque se le impide que la tenga o, incluso, porque la tiene pero se la desvirtúa intentando confundirla o acallarla con el precio mediante la elevación periódica del salario. Por eso insiste GB: "Proletario no es ni primaria ni principalmente el hombre despojado del precio de su fuerza de trabajo; lo es el desposeído del valor de su trabajo" y, por secuela, del precio de la fuerza de trabajo, pues "quien se deja despojar de lo más, que es el valor de su trabajo, de los instrumentos de producción o creación, merece que se le despoje de lo menos: del precio de su fuerza de trabajo". Por eso, al igual que capitalista, "Proletario no es, pues, una categoría primaria y propiamente económica"30, sino antropológica.

8.1.2.4.2. La ley ontológica del acto creador.

Ahora bien, tal cesión de "su calidad y derechos suprajurídicos de creador, y en especial de creador de plusvalía económica" (PPPMM, 101-1029) no tiene su verdadera causa en las intenciones, planificadas o no, del capitalista, sino en un "fundamento o manantial ontológico" (o.c. 102), que actúa como ley rectora del acto creador. Y ello en la medida en que "depende de que el producto se pone a ser en sí, se pone a ser; se nos independiza, no por sublevación o rebeldía, sino por necesidad del orden del ser. El efecto deja de ser efecto; la creatura deja de ser creatura; por el mero hecho el creador deja de ser creador" (ibid.)31. A esto denomina GB "objetivación enajenante", la cual es constitutiva de todo acto auténticamente creador: "para ser reales y para que el creador o inventor sea real y verdaderamente creador- surge y se implanta en el efecto, creatura o producto" (ibid.)32.

En efecto, si al crear algo, dice GB, lo creado no se le independizara al hombre y fuera tan suyo que nadie pudiera quitárselo, ni el creador sabría que lo había creado o, caso de saberlo, pronto pasaría su conciencia de creador y usaría de ello como de órgano suyo, y no máquina. En tal caso, según GB "Habríamos, por tal ficticia producción, eliminado objetivación y enajenamiento del producto" (PPPMM, 103). Pero para que "un creador, inventor o productor sean tales -y la cosa no pase en el país de Hadas o en ensueños-, es necesario que lo producido -de aguja a cohete (...), de mago a papa (...)- llegue a ponerse a ser en sí, y a serlo para sí; negar, pues, doblemente a su creador, negarlo cual causa eficiente y renegar de él cual causa final" (PPPMM, 104). Así, "todos los productos del hombre, para ser reales y para que él sea productor real de ellos -se le independizan, se le objetivan -se ponen a ser en sí- no en el hombre, cual miembro suyo" y "se le enajenan -se ponen a ser ellos para sí", es decir: "no para él, cual sus manos u órganos" (o.c. 105).

Por lo anterior, dice GB que los productos "son doblemente objetivos" (CSFA, 318)33, siendo ésto la prueba de que lo artificial es creación, invento, del hombre: la manera de mostrar probando, y no demostrándolo teóricamente, que lo es; de otro modo: "el factum de la técnica es una mostración propia de que el hombre es creador de sí, -inventa serse ingeniero mecánico, electrónico, de puentes...; e inventa seres diversos de los naturales, -máquina de vapor, computadora digital, telescopio..." (CSFA, 314).

En rigor, al hombre, si es creador de verdad él mismo (técnico), las creaciones se le perobjetivan: "La técnica hace que lo producido sea en sí lo que (cual nuevo) es,(...). La creatura real es la negación real justamente de su creador. Mas como el ser de lo técnico es diverso de (su) ser natural, al técnico se le perobjetivan (...) sus productos (...). La técnica es, por tanto, un realismo realizador (...), y no un simple realismo" (CSFA, 316).34

Ahora bien, "el hombre productor deja de ser causa eficiente de su producto mucho más que causa final" (PPPMM, 105), esto es: "podemos usar de una máquina, de un invento; o en su componente de para, hacerlo servir para mis fines, lo cual es rehacerse o revertir el hombre a ser causa final", en cambio "procuramos que [el invento] sea y conserve su realidad (...) que sea en sí lo que es" (o.c. 106)35. A esto se refiere técnicamente GB como "desenajenar el producto; pero mantenerlo en objetivación" (ibid.). Por tanto, para que el acto de creación sea real, y no fallido, el creador debe dejar de ser doblemente creador o causa y, correlativamente, el producto deja de ser doblemente efecto o creatura suya. Así, dirá GB: "Como estos dos componentes o reacciones lo son de una sola realidad, se resumen en una sola palabra: al creador se le exterioriza su creatura, su producto; o en otra palabra, de uso frecuente, se le cosifica" (ibid.)36, y ello por ley ontológica, de modo que afecta a cualquiera que sea el creador: "sea Dios, un artesano, un artífice: todos por igual en cuanto surtidores de novedad" (o.c. 108).

Ahora bien, ante esta situación de necesidad ontológica, el creador puede adoptar dos actitudes: "reabsorber la objetividad y deshacer la enajenación de las cosas" (caso de Hegel, con el Espíritu Absoluto); o bien "darle al hombre la ocurrencia, las ganas, la aventura y la empresa de deshacer la enajenación de las obras de las manos, mas conservar, cual riqueza propiamente humana, originalmente humana, la objetividad de las obras de sus manos", de modo que "La riqueza del mundo artificial (...) constituirá el tesoro definidor del hombre en cuanto ser sobrenatural, productor de sí mismo, inventor de su diferencia frente a todo lo natural -hombre natural, animal natural, naturaleza naturada".

Pues bien, el plan-programa del humanismo práctico consiste, justamente, en "Desenajenar sin desobjetivar. Hacerse causa final real sin dejar de ser causa eficiente de realidades" . De otro modo: mientras el hombre permanece en estado de humanismo teórico, es decir, "contemplativo, pasivo, conceptuante e interpretativo, propio del hombre en cuanto individuo", el mundo, por ser real, está objetivado, mas en tanto que fenoménico también está enajenado, y aunque el hombre adquiera conciencia de creador (humanismo), tal acto mental (teórico) en nada altera su doble exteriorización.37

Sin embargo, al ponerlo o hacerlo para su servicio (práctico) el mundo resulta "para el hombre", "para sus finalidades" (humanismo), y ello con un "para que" que lo consigue "sin aniquilar el en sí", manteniendo la realidad del efecto, erigiéndose de este modo el hombre de nuevo en causa final, y ello crecientemente, pues se trata de "su real aprendizaje de hacerse y ser causa final real del mundo". Evidentemente, en tal plan entra la propia naturaleza humana como realidad a superar, de modo que el hombre sea también causa de sí, poniéndose a la altura de la empresa que se ha decidido a realizar38. A todo ello se refiere GB cuando dice que el hombre ha inventado modos de hacer que las cosas (su obras) le "miren" sin "verle"39, o que son "efectos" suyos: a su imagen y semejanza (valor simbólico)40.

En virtud de la objetivación y ajenación del acto creador, dirá GB que el trabajo hermana a los hombres, y no de modo metafórico, sino real y eficazmente, pues lo hecho vale para cualquiera: cualquierismo de tipo inventado, o nuevo tipo de hermanamiento, más potente y real que el natural de consanguinidad, ya que no rigen en él leyes biológicas naturales sino de nuevo orden: por ley ontológica artificial: "hermanos por mundo", de ahí que resulte una insensatez pretender otra cosa e intentar apropiarse realmente de lo que nace de todos41. Por ello, no queda más remedio que "Hacer de esa necesidad ontológica, virtud social -creando a porfía un mundo que será tanto más realmente mío cuanto más realmente de nosotros" (QS, 12)42. Ahora bien, el cualquierismo generador de hermandad no es ya de tipo natural, sino inventado o artificial, pero el acto creador es siempre individual y, por tanto, natural, de ahí que GB afirme "El hombre técnico es, a la una, natural y sobrenatural, creatura y creador. En cuanto natural es (éste) individuo; mas en cuanto sobrenatural es la negación concreta, real, intrínseca de su individualidad. No-éste, no-individuo equivale a nadie, es decir: a uno cualquiera, Nadie (...). Empero el no-éste de un inventor es un no-este sobrenatural, nuevo; tal no-este es Nos" (CSFA, 316).

Por lo mismo, trabajar, en cuanto invento o producto, resulta acción potenciadamente (artificialmente) colectiva y colectivizadora, pues en cuanto acción de un individuo es ya colectiva (como los actos de entender, ver, etc, frente a ojear o pensar...; yo manipulo, pero todos trabajamos; mano como órgano colectivo frente a órgano prensil individual), y en cuanto acción artificial (trabajo sobrenatural) es colectiva de forma potenciada o artificial.

Por otra parte, sus efectos o creaciones (artefactos, enseres...) sirven para cualquiera (cualquierismo o "cara de mercancía"), pero se trata de un estado "aparencial" que desaparece por el uso, que es un modo de hacer que el cualquierismo resulte "este" al hacer "mío" el producto (función designativa o desenajenación)43. Por tanto, según GB, el cualquierismo o hermandad por ley ontológica adviene más real cuando el hombre usa los productos eliminando el estado abstracto de mercancía o para cualquiera; la hermandad abstracta, aunque real, creada por los productos resulta verdaderamente real cuando se concretan en el uso, pues entonces sirven, justamente, para lo que fueron hechos, resultando así bienes por su valor de uso.

Si existe diversidad en los efectos es porque hay diversos tipos de trabajo. Del tipo de trabajo superior serán los efectos superiormente tales, siendo del trabajo como invento del que puede decirse con mayor propiedad lo siguiente: "Los efectos quedan abiertos hacia (el poder ser transustanciados en) productos" (CSFA, 65), esto es: "productos, -realidad natural (a) con forma nueva o estructura: (b) con fin nuevo, o valores;(c) con acciones nuevas, u operación" (CSFA, 64); "Producto será, pues, estructura-valores-acciones enmaterializados" (o.c. 65). "Producto", en rigor, designa el tipo de seres artificiales creados por el hombre, y que hacen lo que son, resultando así un tipo superior de "enser" o cosa hecha para servir (mirar) al hombre44.

8.1.2.5. El capitalismo.

8.1.2.5.1. El capitalismo como creador de cualquierismo económico.

Es un dato que el hombre es un ser de necesidades naturales (comer, beber...), y que, naturalmente también, hay cosas que por alguna propiedad suya las satisface: el hombre se encuentra con que ya le están sirviendo para sus necesidades aun antes de proponérselo. Pues bien, necesidades, propiedades y satisfacciones son otras tantas realidades potenciables, en principio, por su descubrimiento o "hallazgo", es decir, por su purificación o resalte de su contexto natural, pudiendo llegar tal potenciación a desfinitar lo natural. Pero por estar en fase natural de hallazgos, tal desfinitación será denominada por GB "indefinición", si se refiere a la cosa, y "desbocamiento" si se trata de la necesidad, en ambos casos "salto a lo indefinido" (caso del primero que se emborrachó o al que usando leños se le quemó el bosque o la casa), pero no "infinitación o paso al límite "infinito"".45

Pues bien, el hombre puede descubrir que aquello que le sirve para satisfacer sus necesidades "posee valor de uso y valor de trueque". Mientras el segundo valor sea pasajero, todo queda en un proceso finito estable, pero si se descubre que el cambio es potenciable (reiterable) sin que por ello necesariamente revierta la cosa a su valor de uso, entonces "descubre lo indefinido del proceso de trocar, su poder indiferenciador o anulador de los valores de uso, reducidos a simple posibilidad de uso, que el trueque se encarga de que pase lo más tarde posible al acto". Así, pues, retrospectivamente, "El trueque es, por tanto, campo propicio de probable surgimiento de dinero".46

Si la relación de uso (servir para) no es transitiva (se acaba al primer paso), la de trueque en cambio sí lo es, de modo que resulta indefinida en su aplicación, proviniendo su limitación del estado de la técnica, que la finita. Pero el hombre ha encontrado un nuevo modo de transgredir la finitud natural al desvincular de su estado de uso el afán de vivir y gozar o, lo que es lo mismo: "la propensión ilimitada al consumo; o bien predicar y practicar una abstinencia, puritanismo, ascetismo". Con todo, sin embargo "la operación de trueque, en cuanto tal, perseverará".47

En este estado de cosas, la técnica se encuentra en estado natural y se limita a imitar lo natural sirviendo no al afán de vivir, sino a vivir bien, en definitiva: teoría marginalista de la utilidad, que confina todo uso de cosas naturales o artificializadas así como la satisfacción de necesidades a límites naturales: naturalismo, por tanto48.

Por ello dirá GB: "La operación de trocar -cual negación original, positiva y conexa con la de usar, tal cual surge en y contra una economía natural- la descerraja hacia lo indefinido, no hacia lo transfinito. La economía capitalista (...) ha inventado procedimientos para abrir la economía natural hacia lo transfinito" (CSFA, 281). Lógicamente, si, como se dijo, el capitalismo es antes que nada un plan antropológico, también abrirá hacia transfinito al hombre natural pues pretende (proyecto) convertirlo en creador, mas la forma de conseguirlo (designio) resulta contradictoria, ya que lo impide la escisión en dos clases a que condena a la humanidad, de modo que, como se dijo, en su éxito económico radica su fracaso antropológico. En rigor, en lugar de hacerlo transfinito lo desdefine al in-humanizarlo. Sobre esto se verá más adelante, pero quede indicado aquí como efecto de lo que a continuación se trata.

La potenciación del trueque pasa por varias fases, desembocando en la transformación del valor del trabajo en precio de la fuerza de trabajo: "(1) parte inocentemente, de trueque sencillo, o sin intermediarios; (2) pasa por trueque intermediado y mantenido en vilo, o en el aire, cada vez más y mejor, por nuevas funciones del dinero; (3) que somete gradualmente a sí la función productora: la de producir para el uso, -cuanto más inmediato a la persona mejor- a la de producir para el cambio, -cuanto más retardado mejor (...); (4) termina cual tope propio, por transformar al productor mismo: sus valores de uso -trabajo concreto- en valores de cambio. El valor del trabajo termina transformado en precio de la fuerza de trabajo -trabajo abstracto, homogéneo" (CSFA, 288-289).

En efecto: el trueque descubre al principio "un primer grado de indiferenciación de la utilidad frente a una persona determinada" (CSFA, 290), de modo que "quedan ya, por el trueque, cuantificados en algún grado cosas (útiles) y personas" (o.c. 291).

El segundo paso: "Trueque con intermediario, -dinero inicial" (o.c. 291). Al valor de cambio se le encuentra un cuerpo, de manera que a la indiferenciación de utilidades y personas se le añade otra: "El dinero surge de útil para hacer el trueque a útil para hacer posible el trueque", y de tal modo que él sale cual entró en el proceso de trueque: incólume, estando disponible para cualquier persona y para cualquier trueque (liquidez del dinero). Esta propiedad se irá descubriendo y potenciando artificial, progresiva y crecientemente.49

Pues bien, dirá GB: "Escindir en una cosa útil su valor de uso de su valor de cambio, y poner a resaltar su valor de cambio en cuanto tal es un hallazgo del hombre, en cuanto que se produce a sí mismo como diverso del animal"; "El hombre se hace ser a sí mismo distinto del animal por el invento del dinero; mas es distinto de él por el simple trueque", pues "la interpolación de medios entre dos extremos es típica del hombre en cuanto hombre; por ella se hace ser diverso del animal, y de sí, en cuanto aún animal avorazado, impaciente, urgido" (CSFA, 293).

La razón radica en que el hallazgo del trueque, en rigor, abre el proceso a lo indefinido, mas montarlo como invento (dinero) lo hace transfinito: "Siempre es un hallazgo haber descubierto la manera de escindir en una cosa útil sus dos valores: poner a resaltar uno, y servirse de tal resalte. Al poner en resalte aprovechado el valor de cambio de una cosa (útil) se la abre hacia otras, en principio sin límite: al indefinido. Mas al disponer de intento las cosas en orden ascendente de sus valores de cambio, se les va abriendo a lo transfinito, -casi en sucesión creciente hacia el infinito, según ley. Es claro que si, además de incardinar a tal proceso las cosas útiles naturales y las producidas para que sean útiles, por su valor de uso, se produce muchas para cambiarlas por más, o se produce una pocas privilegiadas para cambiar por muchas, -y, en intención, por todas- se habrá desatado un proceso al infinito, a un transfinito, bien diverso de una explosión a lo indefinido. El límite se hallará, patentemente, al inventar una cosa de mínimo valor de uso y máximo valor de cambio" (CSFA, 293-294).

En virtud de lo anterior, el capital queda definido así: "cantidad (1) en estado potencial o de disponibilidad, (2) y siempre creciente, por su mismo plan, llámase capital, - por el momento capital comercial, sobre todo: capital es (se inicia siendo) dinero. El dinero es elemento y la meta del cambio; y este tipo de riqueza es indefinido" (CSFA, 294-295). La concepción fisicalista de lo económico es clara cuando GB se refiere al capital con expresiones como "energía potencial económica", "proceso creciente" o "movimiento intrínseco acelerado", es decir, como estado de disponibilidad (ser) acorde con un mundo en que todo está cada vez más disponible50.

El proceso, sin embargo, prosigue en una cuarta fase de indiferenciación: "anonadamiento de las cualidades del hombre en cuanto productor de cosas por su valor de uso; transustanciación del trabajo humano de su estado material de producir cosas de diversos valores de uso -cualidades- en cosas de un solo valor: el de cambio. (...); el productor, reducido a mercancía; el valor de su trabajo -valor de su fuerza de trabajo, o sea: el valor de uso de su trabajo- a valor de cambio de su trabajo. (...). Se le paga en dinero porque se ha puesto a, o se le ha puesto para producir dinero" (CSFA, 295).

Con lo dicho, lo económico muestra su conexión con lo que aquí realmente interesa notar: "Empero el límite de este proceso de descualificación de cosas y hombre, -o de cuantificación progresiva al infinito- se alcanzaría si se pudiera transustanciar al hombre en cuanto productor en hombre producido: en creatura del valor de cambio, en creatura del capital; y a los productos del hombre en cuanto productor, en productos del capital. Tal sería el plan de capitalismo dicho en términos de Economía; pero semejante plan desborda a la Economía, aun a la política, y entra en el terreno de la antropología misma, y, en última instancia, en el de la ontología" (CSFA, 296).

8.1.2.5.2. El ateísmo peculiar del capitalismo.

El capitalismo, además del aspecto anterior por el que el hombre es reducido materialmente a cantidad, a mercancía (proletariado material, como se dirá), presenta otra faceta, esta vez espiritual, como corresponde a la escisión del trabajo en material y espiritual; faceta por la que coincidirá con la teología al generar un proletariado espiritual, que no es sino la versión secularizada del pordioserismo religioso: el idealismo. Notar esta cuestión es fundamental, toda vez que GB encuentra en esta superestructura un lastre naturalista que impide el avance del hombre en su proceso transfinitante de divinización de sí y del universo.

En el idealismo reinterpretativo (Platón) todo el peso de la realidad se desplaza hacia los objetos irreales-ideales, quedando los materiales menguados en su realidad (imagen, huella, copia...). Por esta razón, lo técnico, lo artificial, queda doblemente desvalorizado, por lo que es parte de su plan de devolución o absorción de las copias por el original o Modelo una actitud contra la actividad productiva: "Por tanto, nada de multiplicar sombras; más bien reducir a cero o a un mínimo la actividad productiva del hombre en la esfera material".51

De tener éxito el idealismo transformador o transustanciador (Kant), el hombre se transustanciaría en imagen perfecta del Dios objetivo, por lo que todos los medios y acciones, así como el resultado de los esfuerzos transformadores, no contribuirían a liberar al hombre realmente haciéndolo humano, sino todo lo contrario: "equivaldría a la proletarización o pordioserismo absoluto, respecto del cual la depauperación creciente del hombre trabajador bajo el capitalismo, -dejado a sus anchas, a su potenciación sin límites-, resultaría ratería insignificante. El idealismo de transustanciación implica la desobjetivación total del hombre y del universo dado o natural, en favor de Aquél; y (su) enajenamiento total en Aquél" (CSFA 302).

Por otra parte, el naturalismo aristotélico, si bien valora lo sensible, lo limita por lo esencial, haciendo imposible su superación por lo artificial, que sólo sería imitación o complemento52.

En conclusión: "Por tanto: la producción de un proletario espiritual, -tanto por idealismo, como por naturalismo, religiosos o no-, proporciona un material aptísimo y un probabilísimo lugar de surgimiento del proletariado material. Esta producción conjunta y complementaria no pertenece, como tal, al convencional dominio de la economía política, sino al de la antropología, pues se trata del tipo mismo del hombre" (CSFA, 302).

Ahora bien, deben distinguirse en este proceso dos fases a fin de notar qué es lo propio del capitalismo, frente a lo teológico: "Primera: constitución (a) de un proletariado espiritual mediante una filosofía y teología reinterpretativas del universo y del hombre como creaturas de otro: vgr. de Dios, cual causa única final y eficiente, y (b) de una clase distinguida de representantes de Dios, clase privilegiada de un solo individuo: el Papa, el Rey, el Emperador -divinos- el Señor Feudal, o clase privilegiada de varios individuos: clero, nobleza... todos ellos tales por delegación o gracia de Dios" (CSFA, 303).

El segundo aspecto implica que los representantes tienen los privilegios del representado: todo es de ellos, para ellos, según ellos y por virtud de ellos, lo cual no es sino la secularización del idealismo: "En el fondo, pues, se trata de una intramundanización e intrahumanización del idealismo. El Modelo es único, -un único individuo, una única clase, o varias, cada una única en un dominio especial; los demás son vestigios, huellas, imitaciones, "creaturas" de El Modelo. Todo ello dentro de una filosofía, -y, por tanto, teología, derecho, moral... -, interpretativa. (...) El modelo religioso guía a los demás, cual Dios es, según la teología creída y sida, aceptada o padecida, un solo Dios, -un solo Papa, un solo Emperador, un solo Señor...; los demás son proletarios materialmente, porque lo tienen que ser espiritualmente. Así, hasta el Renacimiento" (ibid.).

Pues bien, el capitalismo en su primera fase es el descubrimiento del valor universal del principio implícito que rige dicho proceso: "El crecimiento lento y disperso de los poderes creadores del hombre y la progresiva acumulación de productos tiene lugar dentro de tal marco o ambiente. "Todo lo de la creatura, -imagen, huella... -, es del Creador", -modelo, idea; luego "todo lo que acrece y acumula la creatura es de Dios", -del Modelo y de sus representantes universales o locales: Quidquid servus adquirit, Domino adquirit. El principio es de alcance universal. (...) De consiguiente, el uso que de tal principio hace el capitalismo incipiente, a partir del Renacimiento, y el perfiladamente presente y actuante desde la Revolución industrial es perfectamente correcto y coherente, tanto desde el punto de vista teológico como del filosófico de su tiempo. El hallazgo del capitalismo consiste, pues, en haber descubierto el valor universal de tal principio, haber negado que su aplicación al orden religioso y político fuera la única posible de él, y haberlo aplicado al económico-social. El capitalista queda equiparado a El Dios, El Papa, El Emperador, El Señor... en sus funciones de individuo privilegiado frente a muchedumbre de proletarios. Haber hallado los procedimientos de implantar tal relación asimétrica caracteriza al capitalismo, en su fase inicial" (CSFA, 303-304).

Pues bien, nótese ahora esto: "Por inicial, tanto el privilegio de El Único, cuanto las obligaciones de los demás serán justificables por estructuras idealistas, por razones, -filosóficas, teológicas, jurídicas... Es decir: por medios interpretativos. El proletariado lo es primariamente espiritual, -por su fe, creencias, normas de derecho...; y, derivativamente, material. Si fuera aún aceptable y de buen gusto acuñar fraseología, diríamos: el capitalismo se inicia dentro de un universo humano y natural de pordioseros de un Dios" (CSFA, 304); "el idealismo es el productor de una pobreza espiritual artificial, de un proletariado espiritual o pordioserismo que, al confluir en un presente histórico con la producción de un proletariado material, definirá al capitalismo por la clase típica de hombre producido: a saber, el proletariado espiritual y material" (CSFA, 299).

Ambos empobrecimientos son conexos, pues dice GB que el idealismo "implica en sí una praxis, -el proyecto, designio y decisión de que no prosperen el trabajo manual, las técnicas de producción, -cambio, transporte...; y encima el plan- reducido a simple proyecto, es decir: a utopía" (ibid.). Ahora bien, el origen de tal desvalorización no radica en algo teórico, o no exclusivamente, sino que es resultado de una praxis implicativa del estado de la técnica en un momento histórico dado. De otro modo: los tipos de conciencia (y por tanto los tipos de realidades teóricas o trato explícito con lo real) están en función de los tipos de trabajo53.

Tal secularización o artificialización por hallazgo, tiene, como herencia renacentista, al individuo como sujeto, de ahí que a teoría pura idealista siga una teoría pura capitalista: "A medida que el hombre vaya haciéndose a sí mismo creador -es decir: individuándose e individuando todo, a la teoría pura teológica -teocracia...-, sucederá la teoría pura capitalista. La correlación Dios-pordiosero -o Creador-creaturas-, será transustanciada en la de Capitalista-proletarios. La teoría y práctica capitalista-proletario es, sin duda, una original reintegración o reivindicación de la teoría y práctica teocrática hecha por y para el hombre que ha inventado ya por sí y para sí hacerse diverso de creatura, o de la naturaleza o de Dios -que es el estado pre-histórico o natural del hombre, cuando es sólo distinto de los animales" (CSFA, 97).

Surge, entonces, la "clase": "Clase es, pues, un invento; y la escisión de la humanidad en clases es una división supernatural de ella, más real y decisiva que la simple división en Dios-pordiosero, Teocracia-fieles" (ibid.). Nueva forma, artificial, de empobrecimiento humano54. Mas tal invento o creación es, en rigor, hallazgo, pues todo ello sucede dentro de un ambiente natural: "La fase