6.3.2.2. Hombre primero: historia y técnica naturalista.
En el estado de "humanamente animal" o "simplemente humano" se ingresa por el hecho de "despertar", es decir, adquirir conciencia de lo que se es o hace (conciencia reflexiva), y es paso que, en virtud del proceso implicado, resulta siempre colectivista o socializador:
"hombre no es cada uno de nosotros, por tener ojos y ojear..., órganos prensiles y coger, inteligencia y pensar...; por sólo eso no pasaríamos de primates. Hombre es cada uno por ser hombres: por ver y ser vistos, y ver que vemos lo visible, ver un mundo visto y que vemos que vemos todos, cada uno de los cuales ve por ser visto; y lo visto es visto porque todos lo ven; (...) que un hombre no es Hombre hasta que vemos, oímos, entendemos, trabajamos...; lo cual no es tan sólo un fisiológico estar despiertos, sino estar despiertos a ser Hombre. Si un hombre se quedara solo en este mundo llegaría a perder hasta la memoria de haber sido hombre entre hombres, volvería a primate; y no vería lo que ve ahora ni pensaría como entiende ahora. Mas estas últimas secuelas caerían en robinsonada, si no tuviéramos el dato del estado de sueño, frente al estado de vigilia. Es, pues, el paso del estado de sueño (y ensueños) al de vigilia paso metafísico y acontecimiento metafísico. Es el paso de hombre precisamente a hombre que es Hombre. Al mundo común; y, por común real..." (M, 352-353).
"Que nos veamos, hablemos, oigamos... en cuanto hombres, es un invento, creación, novedad en ser, precedido todo ello por una fase de ojearnos, gruñirnos, orejearnos, olfatearnos, manosearnos... como animales racionales naturales -no aún como animales racionales, de humanizadas animalidad y racionalidad con pujos de Hombre" (IFAM, 159). Por esta razón, el mero hecho del "despertar" humano resulta un acontecimiento cargado de transcendencia1; no un mero suceso fisiológico, pues en ese mismo momento el universo queda coajustado y elevado a "Mundo", es decir:
"quedará repartido, coajustado y refundido al vernos, oírnos, entendernos..., al estar despiertos -que despierto es estado colectivo, propiamente de nosotros, y sólo mantenible en vilo por nosotros: por vista (colectiva), por oído (colectivo), por entendimiento (colectivo)... Lo demás son robinsonadas. Robinson, lo somos, cada uno, al dormir y al soñar; y Robinson sólo es posible como durmiente y soñante. (...) Despertar, pues, es un fenómeno (no un aparencial) metafísico: se despierta uno a ser nosotros: a ver, a vernos, ver que vemos lo visible; a entender, a entendernos, a entender que entendemos lo inteligible... E inteligible, visible..., nosotros, es estado nuevo, original y cualitativamente diverso del natural; y se pasa por salto del uno al otro, por trans y plus ultra, a una transcendencia no previamente existente, sino constituida y surgiente ante y por virtud de nuestra vista, de nuestro entendimiento..." (M, 352).
Y así: "Cada uno no podemos ser hombre sino siendo Hombres: el Hombre es Hombres. Y El Hombre, Hombres, reparten las cosas entre los estados de ser y de ente: por vista, oído, entendimiento, manos...; y no por ojos, oídos, pensamiento, órganos prensiles... que, por sólo ello, ni siquiera cada uno es hombre. Y si insistimos en llamarlo así, llamémoslo hombre en estado natural que es el hombre durmiente y soñante" (M, 353).
Frente al animalmente humano, que sólo está en universo, es decir, a merced de los procesos físicos, fisiológicos, biológicos..., el hombre humanamente animal posee ya "mundo", mas de tipo "mundo natural":
"el mundo natural (...) es, realmente, constituido por el humanamente animal, es decir: por el hombre que está siendo Hombre, por los Hombres; lo humano es, todavía, modo de animal, casi adjetivo o adverbio de animal. Las manos del Hombre casi no han pasado de su fase animal de órganos prensiles; y sus ideas, del estado de ensueños, de mitos, de fábulas; y en tal estado -de duermevela, sueño...-, recaemos aún con regularidad (...) los Hombres, los humanamente animales. (...). Hay, pues, una capa del mundo -filosófico, moral, económico, social,...-, proveniente de esa fase de humanamente animal o simplemente humano del hombre, una mínima humanización de lo natural por ser el mismo hombre naturalmente humano" (M, 354).
Este "comienzo" lo es también del "hombre primero", estado en que se pone el "primitivo" cuando toma conciencia de su distinción con el animal y se comporta de modo distinto a él: "El hombre primero o primer hombre es cualquier hombre en la medida en que deje de estar siendo, de buenas a primeras, de bruces, creatura de la naturaleza, se recobre de creatura y se haga distinto de ella, mostrando tal su distinción por servirse de ella para sus fines, resultando o surgiendo así a ser Señor de lo natural" (ET, 74).
No basta, pues, saberse distinto, sino que ha de hacerse, además, distinto; ha de potenciar o cultivar esa propiedad humana con la que ya se encuentra siendo por naturaleza y que, un buen día, descubrió sorpresivamente: la propiedad de estar siendo distinto de los animales. Por tanto, ha de comportarse (potenciación), por decisión, como distinto de los animales2. Hallazgo, pues, de primera magnitud; de tanta como pueda serlo la transformación de alma en espíritu: "del animal racional, elevado, por seipsecreación, a espíritu" (IFAM, 85)3. Mas espíritu incipiente, cargado aún de contenidos naturales4, por lo que más que "objetos" posee "perceptos", que es la forma inicial de "diferencias impuestas, aislamiento forzado", resultando así el hombre "conocedor en estado de percipiente"5.
Pues bien, dice GB: "La primera transformación que sufrió, y con la que se inaugura la historia, consistió en pasar la naturaleza de Señora a sierva del hombre -entró a servir al hombre" (ET, 84). De otro modo: el hombre tiene "Mundo" por vez primera, mas mundo transcendente, y no sólo transcendental: "Mundo o conjunto coherente de cosas naturales convertidas -en parte, por culpa de su inocente exhibicionismo- en criados y criadas del hombre, en "servicio" doméstico, constituye el primer acontecimiento histórico; y el hombre natural, por virtud de él, asciende a ser primer hombre -por primera vez hombre" (ET, 84).
Por vez primera, pues, el hombre cultiva su distinción, su transcendencia, de modo que ya deja de ser "primitivo" y genera "mundo". Por vez primera "El universo -el conjunto de cosas en sí mismas o unidas por leyes para un cualquiera, ninguna privilegiada- está ya amueblado para el hombre, y cada cosa se definirá como especial mueble" (ET, 84), lo cual significa que las cosas entran en un contexto diferente del natural o "escenario", y que tal contexto viene dado por las nuevas condiciones, leyes y conexiones que el hombre impone a las cosas y a sí mismo cuando se sirve de ellas para sus fines6. El uso instrumental, pues, hace de los seres enseres y crea con ellos un mundo en que habitar como en casa propia. En definitiva: "primera humanización del universo -de hombres y cosas" (ET, 85).
Por otra parte, si por el proceso implicado en la conciencia reflexiva o capacidad de epojé todo es puesto en estado colectivo (universal), surgiendo una relación peculiar entre los elementos y el Todo, con el propio hombre también sucede lo mismo, y por ello dirá GB que en el estado de "simplemente humano" u "hombre primero", cada hombre es un "particular" que se encuentra en estado de "especie humana"7; "En la primera fase de la historia del hombre cada hombre es uno; mas sólo uno de tantos o, cuando más, un Excelentísimo Don Nadie (...). En la primera, la cosificación es máxima -en hombre y universo" (IFAM 188-189).
En este sentido dirá: "Animal político o ciudadano es definición de hombre, en cuanto inventor de ese coto cerrado que es ciudad, dentro del cual los hombres se ven y ven que se ven; hablan y se hablan; oyen y se escuchan; piensan y se entienden; y un grupo de cosas los mira sin verlos. (...) En la segunda [fase], cada hombre es uno de ese Todo, finito y definido, que es Ciudad, frente a todo el resto del Universo -que es lo más- respecto del cual uno de tantos es aún una de tantas cosas. (...) En la segunda, crece notablemente la descosificación del hombre; imperceptiblemente, la del universo" (IFAM, 188-189). Correlativamente, "El hombre es, de natural, animal racional; por invento, por novedad en ser, hácese animal político" (IFAM, 184). Esto es:
"Novedad que no puede surgir con sólo que uno de los interventores sea cosa o se halle o se ponga en estado de cosa -así entre la más fina y perspicaz de las inteligencias, y los numeros, figuras, ideas. El animal racional puede serlo perfectamente en eso de racional: mas no ascenderá, por novedad, a político, hasta que invente el dialogar"; "Ciudad, definida, frente a campo abierto, por ese invento que son las murallas -definición o límites de doble vertiente: interna o externa- y desarticulada por dentro según esotros inventos de calles, plazas, templos, acrópolis, casas, palacios, jardines, prisiones... es, sin duda, lugar propicio para que salte esa novedad en ser que es el diálogo -el reconocimiento, frente al simple conocimiento entre cosas animadas y raciocinantes. En el campo natural, virgen de ciudades, los hombres se ven, se oyen, se increpan...; en ciudad, nos vemos, nos oímos, nos entendemos, nos hablamos..." (IFAM, 183)8.
Dos tipos de hombre, por tanto. Y respecto de la técnica: "La técnica peculiar o distintiva del primer hombre o del mundo humano merece el título de técnica naturalista" (ET, 85). Obsérvese que dice GB "Naturalista", y no "naturalizada"9 y, puesto que no son lo mismo, podemos preguntarnos: )si el hombre primitivo no tiene técnica, y la de tipo naturalista es del hombre primero, con qué tipo de hombre resulta isomorfa la técnica naturalizada? Por lo dicho, o lo es de un tipo de hombre superior al primero o, si no, ha de haber un tipo intermedio entre el primitivo y el primero; un tipo de hombre que, por serlo, sepa que se sirve de las cosas y, por tanto, se sabe ser distinto del animal, pero no se hace distinto de él al quedarse en el "primer paso" o simple descubrimiento sin potenciación posterior. De ahí que GB diga, como se verá, que lo definidor de la técnica naturalizada es el "hallazgo básico". En cambio, del "segundo paso" es propio el "hallazgo", tal como dijo.
Nos encontramos, pues, con que según GB la "historia" surge con la técnica naturalista y con el primer hombre, no con el hombre primitivo, y así se entiende que diga nuestro autor: "La naturaleza -radiaciones, vibraciones del aire, ideas...- comienzan a tener historia real, historia humana, a la una y en virtud de resurgir el hombre natural a Hombre, a Hombres"; "Es suficientemente claro que, a medida y por virtud de cada avance de hombre a El Hombre, a los Hombres, surgirá una nueva naturaleza; lo visto, lo oído, lo entendido, lo producido... -por horda, familia, ciudadano, obrero, proletario...-, son, realmente -no metafórica o fantasmagóricamente-, algo nuevo: mundos nuevos de hombre nuevo" (M, 353).
Y en otra obra: "la historia es propiamente por los hallazgos e inventos del hombre, en todos los órdenes: religioso, militar, técnico, moral, político, científico" (IFAM, 71-72), de modo que ponen a lo natural, que sólo tiene presente, pasado y futuro, en estado de pretérito y porvenir, y sin ellos, en lo que ambos tienen de invento o creación, "se revirtiera al estado natural, desaparecería la historia: la estela del hombre creador, caminante, en el mar del ser" (o.c. 73).
En lo dicho se observa una contradicción: si el hombre primero es el que funda la historia, y su técnica propia es la naturalista, la cual entra en la categoría englobante de técnica natural, de la cual sin embargo dice que no tiene "quantum de historia", y se sostiene que lo dicho por el autor tiene algún sentido a la vez que nuestra interpretación de su pensamiento es correcta, entonces )qué quiere decir en el fondo?
Todo lo anterior cobra sentido y pierde su contradicción si se considera la distinción que hace en CSFA entre historia en estado prehistórico e historia en estado propiamente histórico, resultando que sólo desde el Renacimiento comienza a surgir la historia propiamente tal, al comenzar el hombre a hacerse Creador dejando de ser, como se verá, "simple Señor".
Según esto, "técnica naturalista", en lo que tenga de natural, fundará historia en fase prehistórica y, por tanto, historia de hallazgos o "siervos". Esto explica la paradoja apuntada en su momento de que de instrumentos claramente fabricados por el hombre para servirse de ellos GB dijera que no habían sido "hechos para"10.
Así, pues, tanto los hallazgos básicos, definidores de técnica naturalizada, como los instrumentos más complejos de la técnica naturalista, no tienen, en rigor, categoría de "enseres" o "cosas que el hombre ha inventado, ha producido justa y precisamente para que le sirvan" (ET, 81), y de ahí que GB los coloque en la categoría de "siervos", y no de "creaturas": "Mas todos estos siervos, no creaturas, son siervos o servidores con peculio, es decir, en terminología técnica, con "esencia", con "naturaleza", y tal peculio o propiedad privada inalienable, por mucho que desee lo contrario un simple Señor, restringe la técnica a lo que, sin hacer novelas deductivas, fue efectivamente desde los griegos, por los romanos y medievales hasta el Renacimiento: Mundo de siervos de un Señor. Universo humanizado según y por la correlación "siervo-Señor"" (ET, 97).
Por tanto, dos niveles de hallazgo aparecen también en Elogio de la técnica, aunque no explícitamente, y es su conjunto el definidor de una técnica "natural" o, si se prefiere la sinécdoque: "naturalista". Técnica natural es siempre, por tanto, y esta es su limitación, incluso en fase "naturalista", contradicción dialéctica, pero limitada, infecunda. Y lo es tanto en la fase de "primer paso del proceso dialéctico" por el que "el hombre deja de ser natural; y no deja que lo natural sea su ser naturalmente" (ET, 83); fase de "el más sencillo uso a servicio del hombre" (ET, 32), tal cual "el sencillísimo y multimillonario acto de beber" (ET, 82), como en fase de inventor de telescopios, galeras... a servicio de órganos e intenciones naturales. Lo natural limita la potencia dialéctica de la técnica y no permite la fundación de historia en estado propiamente dialéctico. Así, pues, los artefactos pertenecientes a una "técnica, en el fondo predominantemente natural", no producen, en rigor historia: "no hay historia"; mas historia en estado histórico.
En este sentido hay que entenderlo cuando vg., dice: "Los descendientes inmediatos de Noé (...) no hicieron ni ciencia, ni técnica, ni tecnología, ni filosofía. Así hasta el Renacimiento (...). Ante la Autoridad sintió el hombre respeto y vergüenza, hasta el Renacimiento. A partir de él, la autoridad no podrá pasar de respetable, y aun ese valor tendrá que ganárselo y lo poseerá en vilo" (ET, 26-27). Más aún: "Newton y Aristóteles, Lagrange y Tomás de Aquino, Carnot y Galileo... son individuos pertenecientes a diferentes especies del mismo género próximo: naturalismo teológico, científico, técnico..." (ET, 37).
Como consecuencia de lo dicho, "hombre primero" es término que engloba tanto al hombre sujeto de "hallazgos básicos", como al que en otro capítulo sentábamos como "individuo", pues todos esos tipos vitales tienen en común, a pesar de las diferencias, el hecho de que el hombre no pasa de ser en ningún caso "simple Señor" de esos "siervos" que lo son a servicio de fines naturales y con esencia, es decir, que no dejan de serlo por complejos que sean, tal como telescopio galileano, una nave romana o un galeón. La humanización se mantiene en la fase dialéctica de siervo-señor, no aún de creatura-Creador.
La función que el hombre se asigna a sí mismo en este estado es, como se verá mejor más adelante, la de "fenomenólogo" o, en el mejor de los casos, la de "fenomenólogo activo", pues no considera planes ni proyectos transformadores de verdad pasando a segundo plano el interés por la aplicación práctica de lo descubierto o desencubierto; hombre que se conforma con descubrir "qué son" las cosas en su esencia, desprovistas de todo lo accidental, de modo que el hecho de que "lo así desencubierto sirva o no sirva para algo del hombre individual o colectivo, carecerá, por lo pronto, de importancia"11.
El hombre primero es, como se irá viendo, el que se autodescubre como racional y potencia dicha propiedad (hallazgo) hasta el límite (racionalismo), proceso que va de los griegos (hallazgo) al Renacimiento.
Dicho lo anterior, es posible ya interesarse por lo típico de la técnica naturalista y pasar luego a la naturalizada, a fin de notar de qué modo ambas son fase prehistórica de la historia, de hallazgos; no de inventos, enseres o productos, en sentido estricto.
6.3.2.2.1. El condicionante teocrático y la ontología.
Dice GB:
"El hombre puede ser su ser humanamente. Y este adverbio de modo no expresa una inútil reduplicación. Declara un hecho histórico, la gran hazaña humana, ontológica en uno: el hombre es hombre, y es de sí mismo. Lo segundo no va, sin más, con lo primero. Al revés: precede la identidad sencilla "el hombre es hombre" -y no es caballo o trigo, o agua, o dos... Y precede la alienación inmediata, antiontológica: lo es de otro: de Dios, Dioses, Iglesia, Estado, Estamento, Partido...."(ET, 76).
El transfondo del pensamiento bacquiano es claro: el hombre puede ser señor de lo natural, pero también, a la vez, considerar que lo es por permiso de otro Señor (Dios primeramente, y luego de la naturaleza), de modo que ni el hombre en cuanto señor resulta dueño "de sí", ni sus siervos son realmente "suyos" (efectos). Será señor, o dueño, de prestado; no por derechos propios.
En este sentido, GB concibe la historia como la sucesión de fases que conducen a la liberación total del hombre: a su plena humanización y, por ello, a su transformación en Creador de un nuevo mundo en que todo sea, además de siervo, creatura suya; que el hombre sea "causa" en sentido estricto, y el mundo, "efecto" suyo, también en sentido estricto, rigiendo así el principio de causalidad auténticamente tal, y que no es el natural sino el artificial o filosófico, tal como se vio en su momento. Por esa razón dirá nuestro autor: "Las superaciones de tal real contradicción constituyen esa cadena o sarta de hazañas, definidoras de la Historia del hombre y del mundo" (ET, 76).
Se entiende, por tanto, que la técnica sea considerada como punto fundamental en esa transformación pues, como ya sabemos, la técnica es "isomorfa" (efecto) con cada tipo vital (causa); manifestación o exteriorización de lo que se cuece en el "hondón de la vida", de modo que por su mediación se van haciendo realidad esos preludios que son los anhelos y sueños, aún en estado de imágenes o parenciales, de la vida transfinita y transfinitante que es la vida humana12.
Pues bien, por la técnica naturalista, como se ha dicho, el hombre, siendo ya señor de lo natural, no consigue ser aún dueño de sí, de modo que no llega a ser plenamente humano. Y no lo consigue a causa del prejuicio teórico de la mentalidad naturalista, esencialista o racionalista. El hombre sólo consigue una humanización o artificialización puramente racional del universo, pero no real o meta-física, quedando lastrada la potencia de la técnica por lo que en el fondo no es sino idealismo, es decir, el predominio de las ideas o teorías sobre el aspecto transformador de lo real. Sin embargo, la humanización racional no fue la primera forma de humanizar el universo: antes que por racional, el hombre se tuvo a sí mismo y al universo por creaturas de Dios comportándose de manera consecuente. Como resultado, su alienación o estado "natural" fue superior al provocado con posterioridad por el racionalismo.
Con lo dicho, podemos adelantar ya algunas conclusiones que resultarán mejor probadas más adelante: puesto que el hombre natural o primitivo no tiene mundo, técnica ni historia, y la técnica naturalista pertenece a hombres (Hombre) que lo son por vez "primera" (que se descubren a sí mismos y a lo real, por primera vez, como racionales), entonces la técnica naturalizada o, como se dirá, "elemental", será la propia de hombres pre-ontológicos, pero post-primitivos, a los que vamos a denominar "religiosos" o, mejor aún, "teocráticos". Hombres ellos mismos entregados, como lo natural de que se servían, a fuerzas superiores13.
Por esta razón, dirá GB que desde antiguo han sabido los hombres que considerar las cosas naturales como siervas o criadas tenía como antecedente obligado el haber sido hechas para tal fin por alguien; mas como el hombre se encuentra las cosas naturales ya hechas, como "dadas", considera que ese alguien es Dios, que las hizo para que fueran criadas del hombre; y a él para servirle a Dios. Por ello afirmará GB que "Dios no hizo antropología; hizo religión. Dios no es teólogo; es teócrata. Y de la teocracia, cual de querencia divina, padecerán todas las religiones"14.
En consecuencia: "respecto de Dios no hay más que creaturas, hechuras íntegras de sus manos, hasta en el existir; respecto de los hombres, las cosas son y no pueden pasar de ser siervas -y él, Señor-; no las hemos hecho" (ET, 96); por ello, "El que nos sean siervas, el que nos sirvan, es una concesión divina; y el que, correlativa y complementariamente, seamos Señores es otra, benévola y graciosa, cesión divina de derechos reales, de derechos divinos" (ibid.).
Ante lo sagrado, la actitud humana es de espera: esperar su manifestación graciosa, sin inquirirlo (verdad como revelación). El sentimiento de respeto y temor hace que cualquier intento de atisbar lo oculto sea vergonzoso: "Ante la Autoridad sintió el hombre respeto y vergüenza (...)", por eso dirá GB que "Para las concepciones teocráticas del mundo -y para las teológicas, aunque lo disimulen-, todo es secreto divino, mientras Dios no lo muestre; y, por ello, incognoscible si Dios no lo revela; e irrespetuoso, pretender desencubrirlo sin su expreso consentimiento" (ET, 27); y remedando un conocido pasaje bíblico afirma: "Sem y Jafet son la prefiguración, y aun el dechado, de "hijo bueno" para con la madre Naturaleza. Saben que tiene secretos; si por un accidente los ostenta, cúbrenlos con piadoso manto; y se proponen no mirarlos, si, por otro accidente, los vieron" (ET, 25).
Los efectos para la técnica son claros: "Teogonías y Teologías son las grandes castradoras de la inventiva humana, pues castran al ser, no dejándole que sea lo que es. Será ser, será inventor, por gracia de, con permiso de, bajo la inspiración de...: lo cual no es ni ser ser, ni ser inventor. Si hay técnicas lo serán de irremediables doctrinos, de incurables acólitos, de obedientes altavoces de Dios" (ET, 88).
Pues bien, esta mentalidad y actitud teocráticas y teológicas se ven reventadas por la ontología, por la filosofía de los "griegos griegos" (ET, 88), pues advierte GB: "No confundamos respeto a la Naturaleza, con vergüenza por la Naturaleza, o de lo natural propio o ajeno" (ET, 26), y es que para el griego clásico "todo lo visible es digno de ser visto" (ibid.). En este sentido, los griegos filósofos son valorados por nuestro autor como un rayo de sol en un mundo gris de teocracia; un paréntesis humanizador que se cerró tres siglos antes de Cristo15.
La ontología supone la liberación de la teocracia y el sometimiento de Dios al ser, de modo que los filósofos griegos consiguen zafarse de los mitos y hacer que las leyes del ser rijan para la divinidad, y "con ello quedó establecida, independientemente de Dios y Dioses, la ontología", cosa que todo occidente, y la ciencia en particular, quiérase que no, debe a Aristóteles16.
Con los filósofos griegos se da la condición necesaria para un cambio en la ciencia y la técnica: "Los griegos griegos no pecaron en Adán (...). Por eso llenaron la condición necesaria, mas no suficiente, para inventar ciencia y técnica: apetito ilimitado de ver, verdad como desencubrimiento, curiosidad respetuosa por atenta, liberación de vergüenza física y mental, negación resuelta de la existencia de secretos inviolables en el ser y en todo ser -vergüenzas a cubrir" (ET, 28), y es que "Cuando el hombre es hombre, el agua es agua, el fuego es fuego..., el hombre posee la condición necesaria para ser inventor de un fuego que es fuego -y no semejas de El Fuego-, y de un ánfora que sea ánfora, en que guardar un agua que es agua, y no de una quisiánfora receptáculo de una quisiagua" (ET, 89).
En definitiva: proceso de secularización o humanización racional con base en una nueva actitud vital como transfondo del cambio científico y técnico: "Toda esa evolución, y desacralización de lo real, ha sido necesaria para que el herrero sea herrero, y no siervo de Vulcano; el labrador sea labrador, y no mercenario de Ceres; el arquero sea arquero, y no doctrino perpetuo de Apolo..." (ET, 88). Por tanto, sólo quien se sabe ser de sí y no de otro "puede aventurarse, con conciencia segura ontológicamente, a inventar algo nuevo" sin acudir a ese otro (Dios, dioses...)17.
La ontología sin embargo "vino al mundo propensa a una enfermedad; con unos siglos la propensión se trocó en enfermedad, y con unos más en enfermedad crónica: el esencialismo o naturalismo"18.
En este sentido, el elemento liberador de la teocracia resulta tan castrante para la técnica y el mundo artificial como aquélla: "El esencialismo o naturalismo vuelve, en principio, imposible la individualidad creadora, inventora, productora, y, de consiguiente, hace imposible que surja una peculiar colectividad -llamémosla sociedad", esto es: "colectividad fundada por inventores y productores y consolidada por ellos y por todos los demás en cuanto usuarios"(ET, 91)19; "Naturalismo -derecho natural, física natural, religión natural...-, son la negación de historia, su programática imposibilitación" (ET, 35). En definitiva: "Por tal hecho o factum la técnica, las buenas artes y malas artimañas de los dioses, deliciosamente contadas por Homero, quedó sometida a la ontología: a la naturaleza y a la esencia" (ET, 88).
Pero a pesar de todo, Aristóteles es la figura central del proceso que abre las puertas liberadoras, aun con su defecto, y justo es reconocerlo: "No siempre se ha sabido apreciar por los científicos el aporte que represente la ontología aristotélica -frente, inclusive, a la teología, conceptualmente decorosísima, de Platón-; como no siempre sabemos agradecer al inventor de la carreta de bueyes o de la domesticación de gallinas o de la rueda, tales inventos" (ET 88); "Se lo debemos todos, científicos o no, a Aristóteles. No estará mal el que aprovechemos las ocasiones de agradecérselo" (ET, 89). Por este descubrimiento aristotélico el hombre puede reclamar "derechos ontológicos" sobre todo (o.c. 75) y también concebir la posibilidad de humanizarse a sí mismo, es decir, de "tomar posesión de lo que es, de sí mismo: de su cuerpo íntegro y de su alma íntegra" (o.c. 75-76).
Con el Renacimiento, como se dijo, cambiarán de nuevo las cosas y se saldrá del letargo medieval. El Renacimiento, nueva actitud vital con su isomorfa "técnica de analizadores" o "técnica de irreverente desvelamiento", supondrá la salida de la medieval y clásica "técnica de imitaciones" o "técnica respetuosa de lo natural" como transición hacia "nuestra técnica", que es ya "técnica de explosivos" o "técnica de desaforada violación de secretos" o "supernatural"20.
6.3.2.2.2. Mentalidad naturalista: causalidad y técnica naturalista.
Como se va viendo, lo característico de la técnica naturalista, según GB, radica en el tipo de mentalidad peculiar que le sirve de base, y que no es otra que la de "instalación natural" típica de la "primera fase" de hallazgos, aunque en el hombre primero auténticamente tal dicha actitud es de carácter racionalista-esencialista, de modo que al hecho de "caer en cuenta" de que algo sirve para ha de añadírsele otro: la convicción de que la cosa servil, haya sido hecha para servir para o tomada tal cual del universo natural (recuérdese la ampliación de la categoría de hallazgo a los artificiales de segundo grado cuyo designio era natural), posee una esencia que el hombre no ha hecho (naturaleza) y que tal esencia es infranqueable (límite). De ahí el naturalismo que da nombre a este tipo de técnica, pues es técnica lastrada de racionalidad "natural"; de racionalidad que aún es de otro: de la naturaleza, no ya de Dios.
Parece claro, pues, que para GB la diferencia entre técnica naturalizada y naturalista no reside en que una simplemente se sirva de lo natural en su estado natural (que algo natural sirva para) y la otra lo fuese de artefactos (cosas hechas para servir para), sino en el grado de "naturalidad" (servidumbre) con que se vive la vida superior, espiritual o mental, y así GB dirá: "técnica que hemos denominado "naturalista" o "racionalista"" (ET, 94). Esto explica, como se verá, por qué al hallazgo que da origen a una técnica naturalizada GB lo denomina "básico", y a dicha técnica "elemental". Y aunque el descubrimiento inicial sea potenciable en un "segundo paso", resultando así auténtico "hallazgo", la existencia de una actitud naturalista lastrará, finitando, la potencia dialéctica encerrada en él dando como resultado una técnica "naturalista", que es mezcla de hallazgo auténtico (segundo paso) y actitud de instalación natural (primer paso).
Desde el punto de vista de la causalidad y, por tanto, en referencia también al universo físico que le sirve de base, una técnica naturalista se caracteriza por lo siguiente:
a- Causalidad eficiente.
Dos aspectos caracterizan la mentalidad naturalista si se considera la causalidad eficiente: por una parte, desde Aristóteles el viviente queda definido como el ser que se mueve a sí mismo por tener interiorizado el principio y causa de su movimiento, así como de su cesación. El no viviente, en cambio, por poseer la causa de su movimiento extrínsecamente, de modo que al cesar el influjo causal vuelve al estado de reposo. Física, pues, sin ley de inercia, tal como lo fueron la griega, la romana y la medieval, hasta Galileo y Newton21.
Se trata de una intelección de la causalidad eficiente acorde, según GB, con la experiencia propia de hombres en estado de "boyeros, remeros, picapedreros, aguadores, cocheros, coolies, estibadores, barrenderos..." (ET, 44), es decir, de fuerzas en estado natural, y así dirá: "Carretas de bueyes, barcas, azadas, flechas y arco, ladrillos y sogas... son no sólo contemporáneas sino coetáneas -de la misma época histórica- con filosofía griega, física natural, física medieval, indisolubles unas de las otras, pues pertenecen e integran la misma concepción del universo" (ET, 44).
El otro aspecto está referido a la forma de concebir la infinitud. En la mentalidad naturalista se confunden infinito e indefinido, de modo que existe miedo a admitir procesos al infinito en lo natural por considerar que lo son hacia lo indeterminado22.
b- Causa formal.
"Lo natural -dice GB- está preso, sin evasión, de su propia naturaleza, y cada parte suya de todas las demás. A eso se llama tener "esencia" y ser un "compuesto sustancial"" (ET, 46), y por esta razón, en la mentalidad naturalista "lo natural perfecto es, sencillamente, un tope" (ET, 50). A esto llama GB "cosiquera", pues no en vano "De los griegos nos viene, y llega al colmo con los medievales, una fijación mental en las cosas o entes" (ET, 56)23.
Desde la concepción sustancialista, sea de tipo platónico o aristotélico, que para este caso es lo mismo, es claro que la técnica en cuanto posibilidad humana no podrá pasar de "imitar con sus aparatos la forma natural" (ET, 45), de modo que "lo artificial era tenido cual suplemento de lo natural; siendo lo natural fin y final" (ET, 47).
c- Causa final.
En relación con la formal se encuentra la causa final, ya que GB considera que en la mentalidad naturalista es la forma o esencia lo que en definitiva funge como modelo deseable, de manera que cuando una realidad llena ese modelo se dice que es perfecta, es decir, que no admite ulterior mejora. Por esta razón, es típico de la mentalidad naturalista "Pensar que lo natural puede llegar a poseer, por constitución inicial y definitiva, perfección, o ser para sí fin y final, y por tanto que el arte o la técnica no pasen de ser puro medio, y no necesario de ordinario, es uno de esos prejuicios que la presencia mayoritaria, y casi unánime, de lo natural, durante miles de miles de años, inoculó con insinuación pertinaz e inocente en la humanidad, viviente casi siempre más como animal que como racional, en algunos más como racional que como animal, siempre: animal-racional naturales" (ET, 48). Así, pues, el fin o modelo a alcanzar resulta, además, por su carácter infrancheable, final.
d- Causa material.
La mentalidad naturalista, en lo concerniente a la causa material y con independencia de la época histórica en que aparezca, posee un aspecto común: admitir que en los cambios sustanciales persiste un substrato o residuo intransformable: la materia básica o primera (materia prima, átomos...). Otro aspecto común era la creencia en la inexperimentabilidad de dicho substrato24.
e- Proporcionalidad entre causa y efecto.
Por último, es característico de la mentalidad naturalista considerar que hay una proporcionalidad directa entre el tipo y poder de la causa y del efecto: "Lo natural es que entre causa y efecto haya o igualdad o proporcionalidad finita. Que los brazos humanos muevan unos kilos, no una tonelada; (...). Newton, en su segunda ley del movimiento, formuló esa proporcionalidad; la masa era siempre, para él, finita", y es que "Su física no fue física de "explosivos"; lo fue de analizadores" (ET, 36-37). Y así, la técnica en ello fundada, sigue la misma directriz, por formar una unidad epocal, como se dijo, "indisoluble", y así: "viento en vela, salto de agua en molino; carbón en cocina; vapor de agua en locomotora, galeotes en galera, bueyes en carreta... son causas eficientes, con especificidad, o sea: con definición definiente o delimitante; y, por tanto, con finitud de efecto -finitos todos, en el mismo nivel, causa y efecto. Que viento no vale para tirar de carreta; ni salto de agua, así sea el del Ángel, para cocinar, ni vapor de agua para inflar velas... cada causa eficiente natural lo es de específicos o especiales efectos. Es que todo lo natural está especificado, todo: causa eficiente y causa formal, final o material" (ET, 37-38).
6.3.2.2.3. Consecuencias de la mentalidad naturalista para la técnica.
Como secuela general de la mentalidad descrita la técnica resulta "naturalista", es decir, afectada de naturalismo o esencialismo, lo cual puede explicarse en los siguientes términos:
a- Que "De ser verdad el principio "la naturaleza es el límite propio, intrínseco y real de toda cosa", una secuela sería la ineficacia de lo artificial, apenas rebasara tal límite natural. (...) Todo lo artificial habría de ser de por sí inoperante; y su inoperancia sería apropiada mostración de que sólo lo natural es operante" (ET, 21-22). Según esto, un avión, vg., es ""naturalmente" imposible" (ibid.). Esto explicaría, a su vez, el tipo de técnica griega y medieval: "sólo lo natural o naturaleza tenía, según ellos, en sí la causa eficiente a servicio de la causa final, por eso no emprendieron crear una técnica de instrumentos o máquinas que funcionen de por sí, a que encomendar una tarea, y "que trabajen ellos"; ni la emprendieron, entrevista, ni les acudió" (ET, 22).
b- Que en tal mentalidad no caben, y por lo tanto no son posibles, artefactos que hoy en día son ya familiares, cotidianos, tales como barcos de vapor, aviones, teléfonos, autos, no pudiendo pasar de los del tipo pala, pico, carreta, velero... Nada, pues, de autómatas25.
c- Que todo artefacto humano podría ser hecho también por la naturaleza, mas si esto no sucede no será por impotencia atribuible a aquélla, sino por accidente, de modo que no le es posible a la técnica superar a lo natural ni innovar nada sobre-natural, logrando, a lo sumo, ayudar a lo natural hasta llegar a su plenitud potencial cuando accidentalmente no puede o, en caso de gozar ya de perfección, limitarse a imitarlo. Tales secuelas fueron ya sacadas explícitamente por Aristóteles en perfecta coherencia lógica con su mentalidad naturalista, a pesar de que el sentido común se resista a admitir cuando menos la primera26. Por tanto, si se considera o demuestra que hay artefactos imposibles de producir por la naturaleza deberá admitirse que ésta es imperfecta no sólo actual, sino potencial y esencialmente y, por lo tanto, que es superable o perfectible, en cuyo caso el naturalismo se resquebraja indefectiblemente.
A modo de resumen conclusivo, todo lo anterior puede condensarse en las siguiente palabras de GB:
"Demos ya la formulación explícita al aquí latente principio:
(1) La naturaleza de cada cosa -sea hombre, sentidos del hombre, mente o voluntad humanas, órganos creadores humanos..., agua, tierra, luz, mármol, limonero, caballo...- tiende a, y puede llegar y llega de ordinario a poseer un estado de perfección suyo, propio, insuperable, equilibrado, estable.
(2) La técnica no debe ni puede hacer más que o mantener tal perfección o reponerla si se hubiera perdido o producirla si no se ha llegado, por un accidente, a ella.
(3) Naturaleza es norma o fin supremo; la técnica es medio para tal fin" (ET, 20-21).
Y así: "En definitiva, es la técnica la que obra a servicio de la naturaleza. la técnica no posee ni fin propio ni final propio. Fin y final, se los dicta la naturaleza. Ella es el tope, el límite superior propio" (ET, 19). Por todo ello es lógico que el epígrafe 31 del capítulo 1 de la primera parte de Elogio de la técnica sea intitulado "naturaleza: fin y final de la técnica. Etapa naturalista de su historia" (ET, 18).
6.3.2.2.4. De la praxis a la teoría.
Según GB, el hombre humaniza el universo natural, humano o no, antes que por teoría pura, por la praxis. Una praxis cargada, no obstante, de transcendencia aunque use "perceptos" 27.
Ya se ha venido advirtiendo en varias ocasiones, la última a propósito de la causalidad eficiente y final en conexión con la mentalidad naturalista, que para GB el tipo de mentalidad de una época está en conexión con un tipo de experiencia práctica, de modo que las formas de pensar van a remolque de la praxis ejercida por el hombre en su trato con el universo28. Pues bien, respecto de lo que denomina "naturalismo integral" (ET, 34), dice: "Sospechemos, una vez más, de que la verosimilitud, casi irresistible, de estas afirmaciones de Aristóteles provenía de la presencia y eficiencia de una técnica, en el fondo predominantemente natural: de notar lo técnico de entonces cual accidente de lo natural" (ibid.)29.
La transcendencia del pensamiento y de la praxis humana se ve, pues, limitada por una falacia naturalista, o empirismo larvado, que da preponderancia y carácter de definitivo a lo natural frente a las posibilidades que en ella encuentra la transcendencia humana. En una praxis o técnica naturalista, las "propiedades" o "potencias" naturales de las cosas naturales no son advertidas por el hombre como "posibilidades" o "potencias inventadas" sobre lo natural cual base o material, aunque ya lo estén siendo de facto: el naturalismo ciega la mente y entumece los brazos, de modo que el hombre no puede advertir ni el poder de la técnica en la transformación de lo real (factum transcendens), ni su carácter de factum transcedentale.
6.3.2.2.5. Conclusión.
El defecto de la técnica, en lo que tiene de "naturalista" o "racionalista" radica en que la humanización conseguida por tal técnica es meramente teórica, racional y, además, por teoría en estado natural ella misma (naturalista), quedando entonces todo proyecto, decisión y designio, así como el éxito, es decir, el plan del hombre racionalista, a servicio de lo natural; limitado por ello. El orden natural no ha sido reventado; no hay transformación real-de-verdad o meta-física, sólo teórica. Se trata de un hombre, en el fondo, empeñado en "mantener el orden natural, macroscópico, global, burdo y promedial -obligación del hombre en cuanto natural, fenomenólogo o no" (ET, 103). Nada de "recrear el ser a imagen y semejanza suya, invirtiendo, por fin y al cabo de miles de miles de años, la correlación creador-creatura: Otro, el Creador; los demás, hombres inclusive, creaturas, en la de Hombre-creador -lo demás creaturas del hombre" (ET, 103).
Lo anterior está implicando, como se verá en su momento, una concepción del trabajo en tanto que dividido en natural-sobrenatural y en material-espiritual. Desde esta perspectiva, la técnica naturalista posee un entramado teórico-racional (trabajo espiritual) que justifica y sostiene (idealismo o humanización "teórica") la interpretación esencialista de lo natural (naturalismo), y de ahí que la técnica naturalista sea también denominada por GB "racionalista".
La técnica naturalizada, como se va a ver, tiene como causa de su escasa eficacia transformadora su proximidad al estado natural (fuerzas en estado natural, etc.) siendo vencida, desestabilizada y arrastrada (caída) por su contrario esencial. Tal sería el carácter de la primera humanización del universo y del hombre: una primera surgencia de mundo eminentemente empírica aunque no exenta de transcendentalidad, y por ello perceptiva o práxica, es decir, por uso al servicio del hombre ya con conciencia, mas sin gran poder transformador por su proximidad a lo real en estado natural 30. En la técnica naturalista el exceso de racionalismo merma su capacidad transformadora.
Pero si se logra una auténtica humanización (artificialización) en ambos dominios (teórico y práctico) el hombre conseguirá ser más dueño de sí, más "primer hombre" y por tanto menos "natural" o "de otro", y de ahí, como veremos, que GB denomine a tal hombre "primario". Con todo, ser de la naturaleza no implica el mismo grado de alienación que ser de Dios: la ontología, en cuanto trabajo espiritual o teoría, es ya una liberación respecto del pensamiento religioso y, por secuela, de sus consecuencias.
6.3.3. Técnica naturalizada.
Oigamos al autor:
"Alguna vez y algún día de algún año, digno de recordación según nuestros multiseculares criterios, algún hombre cayó en cuenta de que los leños flotaban, que él flotaba en ellos, que ramos deshojados servían de bastón o tranca, que troncos más o menos redondos se deslizaban mejor sobre el suelo que troncos rugosos o deformes...; todo ello, y más, fueron los hallazgos básicos, definidores de una técnica naturalizada. El hombre descubrió, por azar, que algo servía para acciones que no eran las naturales -las que, sin más, de buenas a primeras, de suyo ejercía. Y esto es lo maravilloso: que la rama, fuera del árbol, desgajada por un rayo o por una mano, sirviera todavía de algo" (ET, 31).
"Puesto ante lo natural, el hombre descubrió sorprendido, que cosas no producidas por él -y lo eran, de suyo, en tal sentido todas- le servían para usos inverosímiles a la naturaleza de las cosas misma, usos bien venidos, por dichosa ventura, para sus conveniencias" (ET, 81).
Según lo anterior, son los "hallazgos básicos" los que caracteriza a la "técnica naturalizada". Por su parte, lo propio de los "hallazgos básicos" consiste en el carácter inductivo (purificación) proveniente del "caer en la cuenta" (descubrimiento), con el consiguiente sentimiento de sorpresa resultado de la novedad (descubrió por azar). Una vez consciente de que lo natural "servía para" acciones o fines no naturales, el hombre está en situación de conformarse con ello o de "potenciar tal servicio" (ET, 85)31.
Por otra parte, la humanización de lo natural, como ya sabemos, lo es tanto de lo natural humano como de lo no humano, mas la humanización o artificialización de lo no humano precede a la del propio ser natural del hombre: "Y se halló con que el agua del río servía para beber, bañarse...; el caballo, para montar; la manzana, para comer... Que los ojos sirvan para ver, las orejas para oír, las manos para agarrar... serán descubrimientos posteriores, que, siempre, lo natural nuestro se nos hace tan natural que naturalmente lo preterimos y pasamos por alto; que ser algo es la mayor manera de no saber que se lo es ni qué es. La identidad inmediata es embobante" (ET, 81).
Se trata, en ambos casos, de una "Primera humanización del universo -de hombres y cosas- inventada e impuesta al universo, inclusive al hombre en cuanto natural- por un nuevo tipo de hombre que se inventó en él y por él, a costa de su "naturaleza"" (ET, 85)32.
En ambos casos se trata del surgimiento de un tipo de técnica que GB califica como: "La técnica más elemental, más próxima a lo natural" (ET, 32), y de la que dice: "es real e intrínsecamante contradictoria. Mas tales contradicciones, lejos de destruir el ser, le inventan e inoculan nuevo ser: la rama es bastón, el tronco es rueda; el huesillo es aguja; el hombre es zapatero, carpintero, remero, piloto, padre de familia, rey o reyezuelo, mago o médico..." (ibid.), y así: "Los actos de beber y comer son el primer acto de insurrección contra la ontología, y el primer paso del proceso dialéctico. Por él el hombre deja de ser natural; y no deja que lo natural sea su ser naturalmente" (ET, 83).
Notemos las razones de GB para hacer tales afirmaciones:
""El agua de río es agua"; pero "da la dichosa casualidad, la bienvenida coincidencia, de que sirva para beberla el hombre", que no es agua..., son proposiciones, idéntica la primera; mas la segunda es negación concreta, positiva y original de que tal identidad viene haciendo el hombre por el sencillísimo y multimillonario acto de beber. No sabemos quién fue el primero que bebió agua, del río o de la fuente: pero ahora sabemos que fue el primer dialéctico, el primer negador del posteriormente llamado, principio de identidad y de contradicción" (ET, 81-82).
De modo que, en efecto, "Que la fruta sirve para comer, el agua para beber (...) no es lo mismo que decir: la fruta es fruto, el agua es húmeda" (ET, 31). Se trata, por tanto, de "Servir algo natural para una finalidad heterogénea e indeducible de lo natural" (ibid.), pues "De "el hombre es hombre" y "el agua es agua" no hay camino para concluir, ni con silogismos ni sin ellos, "luego el agua sirve para que la beba (la sea) el hombre" (ET, 32). Y con mayor finura técnica: "Sean cuales fueren las causas finales internas de cada cosa, descubren todas (...) sin pretenderlo, sus lados flacos, y de ello se aprovecha el hombre, y, por ellos, las trueca de señoras de sí en criadas (...)"33 (ET, 83). Por tanto, al poner el hombre las cosas a servicio de fines propios se produce una "contradicción real en el orden de la causa final" (ET, 32), resultando que "Tal descubrimiento es la negación positiva, original del principio de identidad" (ibid.), lo cual provoca un sentimiento sorpresivo de maravilla:
"Y esto es lo maravilloso: que la rama, fuera del árbol, desgajada por un rayo o por una mano, sirviera todavía de algo. Es que la rama de un árbol, diríamos ahora, no es esencial, exclusiva, propia e íntegramente rama de árbol. A su ser, a su corporeidad..., a su rigidez, a su peso... le acontece eso de ser rama de árbol; lo es realmente mas no íntegramente. Lo "natural" sería que rama de pino fuera tan de pino que no pudiera servir de tea; que tronco de árbol, separado de raíz y hojas, dejara de ser tronco de árbol y dejara de ser. Que fruta de árbol fuera tan "fruta de árbol" que, separada de su función de fruto, de simiente, no sirviera ni para comer y menos aún para ser deliciosa y morosamente paladeada" (ET 31).
Ahora bien, )a caso los animales, y quizá todo ser viviente, no hacen lo mismo? También beben, se alimentan..., por lo que introducirán igualmente negaciones positivas del principio de identidad, pudiéndose aplicar a tales actos el calificativo de "técnica más elemental". Sin embargo, dice GB: "El animal es distinto en aspecto y actos del vegetal o mineral; mas no sabe o nota que es distinto. Se sirve de otros animales o cosas para sus necesidades y querencias; empero no sabe o nota que se sirve, y, por ello, no llega a cultivar tal distinción y potenciar tal servicio, ni tan sólo con esas potenciaciones, tan primitivas, como guardar agua en tinaja, para que nos sirva mejor" (ET, 85-86).
Por tanto, para ser calificado de "técnica elemental", cualquier acto de los citados (básicos) ha de entrar antes en la categoría de "hallazgo", es decir, ha de ser concienciado (puesto en estado de resalte mental frente a las demás propiedades: purificación de la propiedad). Luego esos mismos actos hechos por seres vivientes que no toman conciencia de ellos no pueden ser calificados de "técnica", ni elemental ni de ningún tipo. Por tanto, es claro que para GB hacer "hallazgos" es condición necesaria para el surgimiento de la técnica, de manera que mientras los animales no sean capaces de ello no tendrán técnica34.
Por otra parte, si se afirma que ya la técnica más elemental es dialéctica, la dialéctica, en cambio, no nace con la técnica basada en hallazgos, pues, según lo dicho, los actos de comer y beber que hacen los animales también han de ser dialécticos, pero no llegan a serlo "potenciadamente": con conciencia. Por tanto, si un acto dialéctico ha de entrar en la categoría de hallazgo y, consecuentemente, resultar "técnica elemental", ha de estar previamente y de forma forzosa "en" conciencia. De otro modo: ha de ser advertido el carácter instrumental o de "enser" que ya tiene el ser natural cuando está siendo usado incluso sin caer en cuenta de ello. Que esto es así lo demuestran las afirmaciones del propio autor:
"Que "el ser no es ser" y que, al no serlo, no se aniquila, sino asciéndese a "el ser es instrumento" fuera la fórmula precisa, mas pretenciosa, de expresar la situación dialéctica en que, por primera vez en la historia, y haciéndola, puso algún hombre al ser natural, al "ser que es ser", que es lo que es. Quien domesticó la primera gallina fue el primer dialéctico en avicultura,
"Y si a alguien le repugna la palabra de "dialéctica" -por ciertos armónicos que, cual timbre, resuenan ahora con ella-, no le discutiremos el gusto y el derecho de emplear otra dentro de la misma frase, por ejemplo: el que inventó domesticar gallinas fue el primer técnico en avicultura" (ET, 33).
Cierto que la domesticación de tales aves resulta actividad más compleja que beber, pero la sustancia del tema es la misma: que por "usar" las cosas naturales éstas son negadas positivamente en su ser al introducirse en él, al menos, una contradicción en la causa final, mas que es la potenciación conciencial de lo que ya está sucediendo (hallazgo) lo que eleva ese acto a "técnica".
Por tanto, "técnica" será para GB, en principio y de forma genérica, cualquier acto instrumental con conciencia expresa del nuevo ser que le adviene a una cosa por el simple uso a servicio de otro ser, y que en realidad no es sino un nuevo estado en que la cosa es puesta: "estar sirviendo para", de ahí que GB afirme: "el hombre es hombre, el pino es pino, el agua es agua...: ejemplos de identidad sosa y ñoña que, por suerte, la técnica refuta y el más sencillo uso, a servicio del hombre, descalifica" (ET, 32). Más aún: "el ser es de tantas maneras no ser cuantas sirva un ser para otro ser. Recordémoslo al comer, deleitándonos, una manzana, y arrojar, infecundizándolas, las semillas -real o metafóricamante, en este orden o en otros, cual los de moral y genética" (ET, 33).
Podemos concluir, pues, que para GB si todo "uso", a servicio humano o no, es dialéctico, sólo será calificable como "técnica" cuando el sujeto tome conciencia de lo que de mediación instrumental posee (hallazgo), es decir: del hecho de estarse sirviendo de algo para fines propios. Tal es, en rigor, aquella acción que puede ser calificada por vez primera de técnica, es decir, la "técnica elemental, más próxima a la naturaleza" o técnica "naturalizada".
Como secuela, resultan dos tipos de dialéctica: una natural, y otra artificial o potenciada por, al menos, el hallazgo básico consistente en elevar a concienciado el comportamiento instrumental natural. No parece forzado ver detrás de esta concepción bacquiana la sombra de la inteligencia sentiente de Zubiri y, desde tal posicionamiento, negar que los animales posean técnica35.
En cualquier caso, tal comportamiento es, entonces, "técnico" y en cuanto "elemental" resulta momento fundacional de mundo (aunque lo sea en estado natural) e historia (aunque lo sea de tipo prehistoria). Por no llegar a ser comportamiento técnico o instrumental potenciado racionalmente (hallazgo propiamente tal), sino mero descubrimiento del mismo (hallazgo básico), no pertenecerá al hombre primero, menos aún al primario y, por supuesto, nada tendrá que ver con el primitivo.
Postulemos, pues, para cubrir el hueco dejado por GB en su teoría respecto del sujeto propio de este tipo de técnica, un hombre natural con "conciencia pasiva" pero de tipo intermedio entre el hombre primero y el primitivo, o natural en sentido estricto36. Sería el tipo humano religioso teocrático que considera todo de Dios, incluidos él mismo y la técnica de la que se sabe usuario, y que no desea transformar nada pues no es su dueño; hombre como "pordiosero" o "siervo".
6.3.4. Técnica supernatural.
Si la técnica naturalista venía caracterizada por un tipo de mentalidad o teoría sobre lo real, de modo que ésta afectaba al modo de entender la causalidad y, por tanto, de tratarse con lo natural, la técnica supernatural es la refutación práctica del naturalismo teórico o racionalismo naturalista y, en consecuencia, la superación de la técnica natural-ista; a fortiori de la natural-izada y, con ello, en definitiva, de la técnica natural o clásica, inaugurándose entonces, como se va a ver, la fase histórica de la historia al superar su estado prehistórico. De otro modo: el hombre pasa "De humanizador del universo por razón, a humanizador del universo por creador" (ET, 95). Por tanto, la historia propiamente dicha se inaugura con la técnica supernatural y, en consecuencia, con el hombre ya en fase de "creador".
Si la refutación aludida ha de ser efectiva (práctica) deberá afectar a cada una de las causas entendidas al modo clásico y, en consecuencia, a su técnica isomorfa: "técnica clásica" o "natural". Por lo mismo, desde los resultados de dicha crítica podrá verse si la caracterización del nuevo tipo de técnica que hace GB, la "supernatural", es adecuada o no.
6.3.4.1 Crítica a la causalidad clásica.
a- Eficiente
La invención de motores artificiales de expansión y explosión es la prueba de la existencia de causas eficientes reales: "Motores de expansión y de explosión -desde molecular a nuclear- son ejemplos del tipo de "causa eficiente" real, física -no de tipo pensado o "creído"-, característica de la técnica actual, en cuanto actual" (ET, 42).
En los motores ve GB artefactos de inmensas consecuencias filosóficas, pues ponen en solfa, por praxis o "puesta a prueba" real y no meramente especulativa, conceptos netamente filosóficos que parecían condenados a permanecer exclusivamente en el terreno de la discusión teórica o racional: "En el campo de la causa eficiente, la técnica actual ha dado doble y conexo salto, transgenérico: (1) de ser algo movido por virtud de otro, a moverse; de transitivo a reflexivo; (2) de finitud a infinitud, de esencia a explosivo. Hasta ahora no había sido posible tal tipo de refutación de filosofía y teología, romanas y medievales" (ET, 43). Por lo anterior, podrá afirmar GB: "Que una filosofía y una teología sólo pueden ser refutadas por otras, y no por física, matemáticas o dramas... es un prejuicio -interesado ya, o de inocentes fuera de edad. Aquí los motores de expansión y explosión "refutan" real y propiamente la física filosófica griega y medieval" (ET, 43).
En cuanto al primer aspecto, el del movimiento, en la mentalidad naturalista el viviente quedaba caracterizado por llevar intrinsecado el principio del movimiento, de ahí que afirme GB que para una física carente de la "lex inertiae", "El viviente era, dicho en términos nuestros, el mejor y único, entonces, ejemplo de movimiento inercial"(ET, 40).
Pues bien, como se vio en otro capítulo, "La física moderna, y actual, es la negación positiva, original y propia de tal "natural" sentencia" (ET, 40). En consecuencia, todo motor y artefacto por él movido "Cumple la definición de viviente; lo cual debe advertirnos que es mala definición, si es que pretendemos o persistimos en conservar la distinción genérica entre inanimados y animados" (ET 41).
En segundo lugar, respecto del problema de la infinitud, actualmente la operación de paso al límite infinito "es nada menos que la operación característica de la matemática moderna" (ET, 41), de modo que se sabe que lo infinito no equivale a lo indefinido, en contra de la mentalidad clásica. Y no sólo eso, sino que tal operación, lejos de ser un mero asunto teórico, se está verificando en los motores de expansión y explosión, montados sobre dicho principio en el dominio físico: "Un "automóvil" se define por interiorización real y eficiente de una infinidad. Un "automóvil" explota sin estallar; es infinidad reguladamente semoviente, y no simple infinidad difundida y difuminada -nube o humo. Para volar (...) un cohete astronáutico (...) lleva una infinidad real -no conceptual o "creída"- por dentro. Infinidad finitada, finitud vuelta a desfinitar, desfinitud vuelta a ser finitada... hasta que se agote el combustible" (ET, 42).
De nuevo, pues, "refutación" real provocada por el artefacto "motor": "Motor de expansión y, sobre todo, motor de explosión son la refutación concreta de que repugna "el proceso al infinito" en lo real" (ET, 41); "Motor de explosión y de expansión son casos, a la mano del técnico, de "primer motor"" (ET, 42-43).
En virtud de lo anterior, la técnica se involucra con lo sagrado: "La técnica actual es técnica de "primeros motores" -de eso que, comenzando por Aristóteles, se creyó digno de ser atributo divino, definidor de Dios, y que, por inexistencia o por concesión divina, está pasando a ser nuestro: del hombre y del mundo" (ET, 43).
En definitiva, en los motores lo indefinido se finita, se limita, resultando la infinitud; en este caso infinitud moviente que, interiorizada por un artefacto lo convierte en "automóvil". Como consecuencia surge un conflicto real con la definición clásica de viviente, pues cualquier artefacto seipsemoviente "es automóvil o automotor de original manera, frente a los vivientes" (ET, 41).
"Motor" es "transfinitud" real, no meramente teórica: ""Motor de expansión y explosión es una forma actual -concreta, viva y coleante- de decir "transfinitud": finitud que se des-define a sí misma -se redefine de inventada manera- desdefine de su redefinición -se define según nueva..., y así sin fin" (ET, 61). Dicho artefacto es, pues, la plasmación concreta, la exteriorización, de la transfinitud que la vida tiene o es en su "hondón".
b- Formal.
En la técnica actual, la esencia es sustituida por "planes" o "modelos" inventados por el hombre: "Las formas y funciones, internas y externas, de avión, auto, pulidora, olla a presión, estilográfica, papel, teléfono, radar, máquina de escribir, dínamo... son de otro orden, más que genéricamente diverso del de las formas y funciones "naturales". Son formas nuevas; y no violentaríamos demasiado el uso si, en vez de "forma", empleáramos la palabra "modelo""(ET, 44-45). Mejor aún: "plan de montaje, de reparación y de funcionamiento" (ET, 46). En definitiva: "la técnica actual ha inventado la manera de superar las causas formales -esencias y formas-, por planes. Es supernatural en el orden de causa formal. Plan es el sustituto, por eminencia, de esencia. Infinidad desdefiniente de lo propiamente definible o confinante que es "esencia"" (ET, 48).
El plan presenta un carácter intermedio entre la finitud limitante o definición cerrada de la esencia o naturaleza, y la indefinición, porque abre las esencias a lo infinito sin caer por ello en lo indefinido: "Las llamadas esencias y naturaleza, comenzando por la propia, son material para inventos, para inventarse un nuevo ser"(ET, 47), y es que "Entre una esencia o un compuesto sustancial (natural) y una mezcla, natural o violenta, existe, descubierto por la técnica -es la técnica misma realizada- un término medio; y mejor, otra solución o modo de hacer realidades firmes y "automóviles". La de plan" (ET, 46). El plan funciona, por tanto, como motor ideal o conjunto de ideas-fuerza.
En definitiva, "haber inventado planes es el equivalente supernatural de inventar "esencias"" (ET, 46). Con tales "esencias artificiales" el ser natural deja de tener "futuro" quedando abierto a "porvenir", lo cual permite al hombre "hacerse diverso" sin estar condenado a ser, a lo sumo, "distinto"37 del animal: "Lo grande no es ser hombre; lo grande, de verdad, es hacerse otra cosa lo que comenzó siendo hombre. Lo grande no es distinguirse del animal; lo grande consiste en inventar maneras de hacerse diverso del animal, inclusive - y ante todo- del animal que uno comienza por ser (...) y que, por inercia esencial, continuará siendo, tras generaciones de generaciones, si no se propone y pone a inventarse un nuevo ser" (ET, 47). Decisión, pues, meta-física.
La fuerza de las afirmaciones anteriores radica, según GB, en que no son demostrables, sino sólo "mostrables" por la mera existencia de cualquier artefacto moderno, como vg., un avión. Tal artefacto es, además, la prueba concreta de que es posible aislar funciones naturales de su natural contexto (el vuelo, del pájaro viviente como conjunto de funciones fisiológicas) sin que por ello la función deje de existir y, por tanto, de que lo natural no es un verdadero compuesto, pues de ser así no habría otro modo de volar que siendo ave38.
En virtud de lo anterior, GB considera que mediante planes el hombre puede aislar funciones naturales (o inventar nuevas) e inocularlas o enmaterializarlas en cuerpos diferentes del natural. Pues bien, el hombre puede concebir un plan sin precedentes: el de ser creador de verdad, y así, a modo de san Anselmo actual, dice GB: ""lo máximo que el hombre puede concebir, evadiéndose de ser doctrino e imitador de la naturaleza, es lo de ser planificador e inventor"; luego "Dios es el Inventor" (ET, 47). De otro modo: ser "Inventor" (Dios) es la máxima aspiración del hombre, su anhelo más querido, y por eso lo pone GB en Dios, interpretando peculiarmente el argumento anselmiano39, y de ahí que diga a renglón seguido: "Las llamadas esencias y naturaleza, comenzando por la propia, son material para inventos, para inventarse un nuevo ser" (ET, 47); nuevo ser, consistente para GB en una sobrenaturaleza divina, como se verá en el próximo capítulo.
c- Final.
Dice GB:
"Toda la física actual, en cuanto actual -y la anterior clásica, desde el Renacimiento- es la negación concreta, definida y eficiente de la cosiquera griega y medieval.
De que haya cosas calientes no se sigue que tenga que existir La Gran y única Cosa que sea El Fuego; de que haya cosas calientes se sigue que son muchísimas; y si hay una sola caliente, se sigue que se compone de muchísimas.
Tengamos bien presente ante la mente esta deducción, pues constituye la clave de nuestro problema (...): la causa final, el fin de la técnica actual" (ET, 58).
Nótese en lo dicho que el ataque al finalismo en lo natural viene de la técnica, no de la teorización filosófica40, y así: "El remedio no ha venido de la filosofía o metafísica, que, por ir siempre a la zaga de la física o de la ciencia, no se corrigen de nada si la ciencia, física o matemática, no comienzan, de por sí, a reformar un defecto" (ET, 57). A este respecto recuérdese la crítica que desde la física y las matemáticas (probabilidades) lanza minuciosamente GB contra la "cosiquera" o sustancialismo esencialista, y que se ha derrumbado, entre otras cosas, ante la nueva concepción colectivista de las propiedades físicas (vg., la luz o el calor)41. En definitiva: la forma, que funciona como causa final, desaparece ante la concepción colectivista de las propiedades físicas descubierta por la física actual.
Por otra parte, la finalidad en lo natural queda también socavada por los números transfinitos de Cantor: el infinito no es "todo de vez", sino "algo en infinitas veces", es decir: "a un algo y una función o ley de "veces"", y así, los numeros, vg., no son cada uno una entidad irreductible, como entendía Aristóteles, sino realidades momentáneas que surgen de la determinada cantidad de veces en que se suma la unidad, reduciéndose todos ellos a dicha unidad (algo) y las "veces" que se suma (función)42. De otro modo: algo que permanece en estado de perenne disponibilidad, sin definirse o limitarse definitivamente, sino sólo momentáneamente. Es lo que en CSFA denomina GB "estado de ser" o "material en bruto". Así, pues, desde la matemática también recibe ataques la "cosiquera".
En definitiva: no existen fines, únicamente existen "finales", es decir, propiedades colectivas transitorias, momentáneas, a las que se les da una peculiar función: la de ser término o "final" de una actividad o movimiento. Lo único que hay en cada ser es la perenne disponibilidad para convertirse en "finales" que, por serlo, resultan esencialmente superables o transfinitables; perennemente definibles y desfinitables. No existe, pues, posibilidad de que algo pueda fungir como "fin último" al que subordinarse todos los demás.
Las consecuencias de lo afirmado por GB son fundamentales para entender lo que propone respecto de la técnica y cuál deba ser su función en relación a la vida humana y la humanización de hombre y universo. Afirma que la técnica "actual" no tiene un fin: "El fin" o "La Causa final", lo cual no impide la existencia de "fines", sino que, contrariamente, es lo que posibilita "el surgimiento de fines que sean tales realmente por serlo de muchísimos de vez: fines colectivos, tan reales en su orden, cual calor, propiedad colectiva de grandes colectivos" (ET, 59). Por ello dirá GB, y esto es fundamental para entender cualquier planteamiento del tema ético en relación a la técnica en el pensamiento de GB: "El fin de la técnica no es La Justicia, o El Orden, o La Paz o El Bienestar", pues "Esas grandiosas cosas no existen, como no existe El Calor o La Luz" (ibid.)43.
Pues bien, según lo anterior, dirá GB: "La técnica actual no tiene por fin la infinidad, sino la perenne e inagotable disponibilidad; ni le es fin La Razón, El Sistema, sino la inventiva, que es, en realidad, el entendimiento y voluntad en cuanto inexhaustible disponibilidad para ocurrencias, trucos, trazas, planes, empresas, posibilidades y aventuras" (ibid.). Lo anterior puede formularse de otro modo: el fin de la técnica actual es el Ser o la omnímoda disponibilidad44.
No hay nada en los seres, pues, perenne, esencial, sino que todo lo suyo debe "descender" a "sencillos finales, a simples estaciones, a material formado que retransformar, a fuerzas que desespecificar o desdefinir" (ibid.), de modo que en cada momento son sentidas como limitaciones del hombre que, momentáneamente "descansa, y aun goza de una etapa del viaje" (ET, 60)45. En definitiva: "Que podamos ir a donde queramos exige que no existan Cosas absorbentes causalmente, y menos la Cosa central; que no existan tampoco Cosas direccionalmente acaparadoras, y menos aún El Fin, El Centro del mundo. Si vamos a alguna parte será porque hemos comenzado por elegirla cual final" (ET, 59-60), y es que "Los llamados "valores" se convierten en señores cuando los hombres los aceptan cual fin y final; mas aceptarlos así define al hombre como pretérito y obsoleto -o no actual" (ET, 54)46.
El único fin de la técnica actual, pues, es la inventiva, pero de tal tipo que no es posible calificarlo de "El Fin", y de ahí que en otro escrito afirme: "la meta, un punto irreal: el punto apuntado y en cuanto apuntado por la dirección que lleva" (Ex, 127), es decir, el entendimiento y la voluntad como campo de ser para inventos, o lo que es lo mismo: que el fin del hombre es la libertad (la omnímoda disponibilidad, el ser); el ser "Inventor", de modo que lo real quede abierto a un filosofar propia y auténticamente transustaciador: hombre como transfinito con deseo de Infinitud, de ahí que diga GB: "Ninguna de esas cosas -dogmas, sistema de axiomas, teologías, filosofías, tipos de economía, de sociedad, de derecho... con pretensiones de "único" y "definitivo"- puede pasar de ser final, estación; jamás arrogarse el título de fin. El fin es la infinidad, la perenne y perennemente renaciente disponibilidad; otra manera de decir que el fin del hombre en cuanto actual es la libertad -sea o no su forma inicial y rudimentaria la de la españolísima gana" (ET, 54). Una gana que, en clave sentimental "española", se concreta en el ansia de ser Dios, lo Infinito, pues no puede conformarse con nada finito47, y de ahí que si se intenta imponerle valores eternos "se sublevarán o se les sublevará la libertad -la infinidad con sus exigencias de omnímoda disponibilidad" (ibid.).
Así, pues, júntese a la inexistencia de fines, y por la tanto a la libertad definitoria del hombre afirmada por GB, el deseo peculiar y novedoso de ser Infinito (Dios), añádase la esencia explosiva o dinamita ontológica que es el hombre (transfinito y transfinitante), agítese bien la mezcla y se obtendrá un panorama altamente inestable para la realidad en estado natural, pero esperanzador para un hombre que anhela sobre todas las cosas salir lanzado hacia un estado supernatural de su ser, de su libertad, arrastrando para ello al resto del universo circundante, que se convertirá en "creatura" o realidad supernatural, también. Por ello dirá GB que con el poder de la técnica actual al hombre le va su ser y, con el suyo, el de todo lo demás, sobreviniéndole por ello una responsabilidad inédita hasta el momento en la historia. Por esa razón hará falta una nueva moral: una "moral de Señores", como se dirá oportunamente, o mejor, de Creadores48. Sólo falta una base real-material con que hacer real todo eso, y es de lo que se trata a continuación.
d- Material-y-eficiente.
Si el hombre se presenta actualmente como un ser explosivo en virtud de su gana de infinito y de su poder para poner en solfa el ser propio y el de todo lo demás, el universo físico se revela, actualmente también, como un polvorín onto-cósmico: "La técnica moderna, sobre todo la actual, ha hecho el descubrimiento -azorante, si fuésemos un poco conscientes- de que la sustancia, el núcleo de casi "infinitesimales" dimensiones del universo es explosivo, es infinidad; y a tal descubrimiento ha seguido otro, más desconcertante aún y tremefaciente: tal infinidad, real, física, comprobable, es "regulable", "montable", "graduable" por instrumentos inventados"49 (ET, 42). Por tanto, hombre y cosmos cual sustancias explosivas.
Esta base material del universo es causa material pero también eficiente, pues posee intrinsecado el principio de movimiento, tal como se vio en su momento: la radiactividad probabilística o espontaneidad: "su propio carácter de potencia dinámica básica, de "automóvil", de "se-moviente" (...) con el expansivo y explosivo, propio del estado atómico, nuclear y aun molecular" (ET, 65-66)50.
Lo anterior abre la puerta a la posibilidad no sólo de transformaciones, sino de "transustanciaciones" o cambios meta-físicos, creadores, afectantes tanto al alma como al cuerpo del hombre natural, ya que en la actualidad se dan, según GB, las condiciones necesarias para ello: "Hay con qué y de qué realizar por sus pasos" novedades o creaciones semejantes: "ese "con qué y de qué", esa realidad es en uno causa material y causa eficiente, se halla en, y es, el estrato nuclear, atómico, molecular de la realidad". Y, acudiendo a Heisenberg, recuerda que lo eterno y lo indivisible es lo máximamente expuesto a transformación: "de todo en todo", y que la base del universo tiene tales características, y que por ello en lo microfísico son posible transustanciaciones reales: "sin restos" o "materia básica realmente común". Tal es, dice GB "el criterio moderno para saber si se ha llegado a lo básico de la realidad, al fondo de las cosas", y afirma que, al igual que ya hacen los físicos, "Tal fenómeno merece calificarse de "creación"" (ET, 67-68).
En definitiva: la materia del universo es lo que faltaba añadir al coctel anterior para posibilitar la enrealización todo tipo de empresas, aventuras e inventos y, en el extremo, la de ser Infinitos o Dios en persona: "En virtud de semejante constitución de los elementos básicos del universo, de la realidad, se puede afirmar ahora (...) que hay con qué hacer todo (causa eficiente), y hay de qué hacer todo (causa material), y que eso "con qué y de qué" son la misma realidad, estática y dinámica de una vez y en uno" (ET, 67)51. Una materia, o causa material y eficiente, que es , como se dijo "divina", de modo que afirme GB: "Hay, pues, con qué, hay de qué y hay cómo realizar la empresa propia y distinguida de la técnica actual"; que "La empresa "divina", definidora de la técnica, en cuanto actual, es realizable por la progresiva epifanía o revelación de la constitución "divina" de las realidades básicas" (ET, 68). Una "empresa" de creaciones, transustanciaciones o novedades que poco tiene que ver con las que el uso que de la técnica se hace cotidianamente nos proporciona, y por eso dirá GB que se trata de "novedades "en ser" -aparte de las de vestidos, perfumes y aparatos que caracterizan la técnica en cuanto actual" (ET, 67).
e- Proporcionalidad causa-efecto.
En una técnica supernatural, frente a la concepción clásica, no hay proporción entre la causa y el efecto. Por eso dirá GB que ni siquiera Newton, al igual que la física medieval y griega, comprendió que "lo grande en el dominio de la causalidad consiste precisamente en realizar lo del Evangelio: fe con dimensión corporal de granito de mostaza; y efecto, con magnitud corporal de montaña. Desproporción de causa y efecto; causa mínima, efecto máximo. Explosión" (ET, 37); "La técnica y la ciencia actuales es, o da, ese salto de género a género en todo" (ET, 39).
Ahora aparece plenamente claro el significado del epíteto "supernatural" aplicado a la técnica, así como el de "actual" en cuanto a lo último surgido y en tanto que realidad explosiva. El hombre que posee tal tipo de técnica es de un género espiritual diferente ya de sus ancestros, por lo que es claro que para GB la causa de la verdadera brecha antropológica y, por tanto, del origen de la auténtica historia, es la técnica supernatural: "el hombre primario o propiamente hombre será aquel que invente la manera de no ser creatura de nada ni de nadie; muestre con sus obras, con práctica, que se ha hecho diverso de todo, inclusive de eso suyo, previo inmediato: ser Señor de lo natural. Se haya hecho, pues, a sí mismo Creador, ya que creador, a diferencia de señor, no sólo es distinto de sus productos sino diverso de ellos, tan diverso que los invierte o los hace inversos: resultan creaturas los que comenzaron por ser creadores" (ET, 74). Un tipo de hombre que no admite más límites que los de su libertad y, en consecuencia, desconsiderado para toda realidad en estado natural: "Lo natural, su propia naturaleza incluida, es para el hombre actual simple y bruto material para fines inventados por él, y con finales que él se propone por decisiones inventadas" (ET, 24). Hombre como sustancia explosiva y demoledora: "definiría al hombre diciendo: "el hombre es el explosivo de sí y del mundo" -"El Gran Triquitraque", "El Combustible del Universo", "La Bomba del Ser"" (ET, 133); "el ser del hombre es explosivo -propio y ajeno-; y que habría de definirse por algo así como la dinamita, y no tanto por lo de animal racional" (ET, 61); "La Cabeza del mundo y del ser" (ET, 103).
En definitiva: "Autor y lectores, todos nos hallamos embarcados en el siglo veinte (...) Embarcados en una técnica supernatural, cual empresa de nuestra época, empresa de la que podemos tan poco evadirnos como de las empresas de luz y fuerza, de agua y gas, de petróleo y cemento de que nuestra vida depende" (ET, 35); "En una frase, a la que deseo éxito, diría: lo típico de nuestra técnica, la de nuestros tiempos, es ser técnica de explosivos" (ET, 24).
Sin embargo, aún somos híbridos: "Los hombres actuales somos aún (...) híbridos reales de hombre natural o primitivo, de hombre señor del universo y de hombre productor, creador de mundo" (ET, 80). Esta condición híbrida, nos advierte GB, deberá ser tenida muy en cuenta si no se desea poner en peligro, por un sentimiento mal llevado de vanidad entitativa o complejo de superioridad onto-metafísico, el proyecto de transustanciar al hombre en Dios, como habrá ocasión de comprobar en otro capítulo.
6.3.4.2. El hombre "creadoramente humanamente animal" o "Animal social".
Analicemos a continuación, dentro de los límites del tema, qué tipo de hombre es el sujeto propio (supersujeto) de la técnica supernatural y, en consecuencia, de la historia real en fase histórica.
"El mundo artificial (...) -dice GB- proviene de un hombre que está siendo humanamente animal en grado y nivel de distancia superior frente a animalmente humano. El hombre es productor -causa eficiente, eficaz, rectora, ocasionalmente-, de "El Hombre y El Mundo: de un mundo nuevo más real que el anterior. El Hombre es ya, más bien que humanamente animal, creadoramente humanamente animal o animal creador; y las cosas, creaturas suyas: obras de las manos de El Hombre, con objetividad propia, real-de-verdad, frente a la objetividad simple de lo natural" (M, 354).
Nótese en lo dicho: a) cómo el hombre asciende a "productor" de "El Hombre y El Mundo", es decir, a creador de un nuevo ser para sí y para lo circundante; b) cómo la categoría de "productor" implica la posesión de una cuádruple causalidad; c) cómo los seres creados por el hombre (artificiales) poseen superioridad óntica y epistémica frente a los naturales. Por esta razón de lo que se trata es de "que sea el hombre causa eficaz, rectora y ocasionante" (M, 211), y "eficiente" (M, 354), en grado creciente asumiendo de este modo para sí la función de "causa sui" y de causa de un mundo nuevo o artificial (tecnocosmos), de manera que pueda autodenominarse "Creador" en sentido estricto del término, y llamar a todo lo demás "creatura". En este sentido el proyecto filosófico de GB queda perfectamente expuesto en Metafísica:
"e) El hombre dispone, por ahora, de tres procedimientos -reales de verdad-, para hacerse real y verdaderamente transcendente frente a mundo y universo: I) poner a rendir lo que él tiene dentro de sí de causa eficaz, y poner a rendir al máximo a las causas eficientes por medio de las causas eficaces.
2) Potenciar lo que él tiene, por datos suyos, de causa rectora (cibernética); a la vez insertar lo más que se vaya pudiendo causas rectoras (cibernéticas) en el mundo.
I),2) hacen realmente posible, y real de verdad, la transcendencia del hombre -sobre el hombre natural, sobre el mundo natural, dándose a sí mismo la constitución de Primer motor de sí y del mundo.
3) Planificando la actuación de causas ocasionantes, tratar de reabsorber la dosis de racionalidad informante de mundo y universo, rebajando las cosas a la categoría de cualquiera y de alógicas, para así hacerse él, el Hombre, a sí mismo -contra el hombre natural y el mundo natural-, Razón de sí y del mundo.
Tres planes metafísicos en que vale la pena que trabaje una metafísica que quiera ser actual" (M, 209).
Adviértase que se trata de algo de proporciones cósmicas: que el hombre se haga motor-y-razón de sí y del universo. GB admite que por la planificación de la actuación de las causas ocasionantes el hombre debe reabsorber lo que de racional haya en las cosas, a la vez que inyectarles la suya propia, pero estancándose en la transcendentalidad sólo llegará a "Señor racional" u "hombre primero". Lo peculiar, sin embargo, del "hombre primario" era ser, como se explicó, motor de explosión, y en los motores rige, nótese, la causalidad eficaz y rectora.
Se trata, por tanto, de aunar ambos elementos en un nuevo tipo de mundo: el artificial, de ahí que GB afirme: "el mundo actual, predominantemente natural, no está regido ni por un primer motor -causa eficaz y rectora-, ni por razón, sino por causas eficientes, formando cadenas más o menos largas y estructuradas, y siempre sometidas a un principio de conservación total, es decir, a que, en resumidas cuentas, no pase nada nuevo en realidad de verdad. Si se lograra cambiar -no de palabra, o interpretativa, sino realmente-, el estado de lo real de natural a artificial, )se llegaría a un universo regido, real y verdaderamente, por un primer motor y por razón? )No sería tal estado más estable que el natural" (M, 210); un mundo del que dice: "el artificial se parece a fábrica o laboratorio. (...); el mundo artificial, en cuanto todo, es fábrica bajo supervisión de Primer motor racional; para Ingenieros, que genialmente se han ingeniado para transmutar el mundo natural en universo que funcione cual fábrica automática de la que sea el hombre causa eficaz, rectora y ocasionante" (M, 211). Un mundo "en que lo artificial hace acto de presencia y eficiencia según causas eficaces, eficientes, rectoras y ocasionantes" (M, 208).
Profundicemos en lo afirmado por GB.
Por "causa eficiente" entiende GB "causa (...) de un cambio energético, según orden temporal fijo y según coeficiente de equivalencia real, fijos, dentro de la conservación total de realidad" (M, 199)52. Lo peculiar de la causalidad eficiente es, pues, el cambio energético. Ahora bien, este tipo de causalidad se verifica continuamente en el dominio de lo físico o natural como algo propio de modo que, en la medida en que resulte natural, tal dominio ostenta "como tipo de causalidad suyo el de causa eficiente", aunque ciertamente lo esté siendo sometida a un tono de "neutralidad causal" en comparación con la racionalidad, individualidad, dirección y transcendencia que pueda imprimirle la vida humana53.
El hombre puede intervenir en esa neutralidad que le trata como a uno cualquiera de los cuerpos del universo, orientándola y transformándola según sus planes y proyectos, es decir: "poner a rendir al máximo a las causas eficientes", de modo que por este hecho el hombre puede implicarse de lleno con la sustancia del universo (materia-energía). Mas tal optimización de esa causalidad eficiente rebosante del universo físico se hace "por medio de causas eficaces", de manera que de ese modo el hombre optimiza lo que de por sí tenga de causa eficaz él mismo. Veamos pues qué sea la causalidad "eficaz".
De ella dice GB: "posee, como característica, no el cambiar una forma de energía en otra -la energía mecánica de dar media vuelta o una vuelta a cierta llave en un auto, en casa... no es causa eficiente (según a) de los cambios siguientes, sino causa eficaz del surgimiento o entrada en acción de una verdadera causa eficiente" (M, 200). La causa eficaz es, por tanto, la desencadenante de las transformaciones energéticas, pero ella misma no se compone de ninguna, de ahí que afirme: "la causa eficaz no forma cadena con las eficientes, aunque sí contexto; y, de suyo, no hay cadenas de causas eficaces. Cada causa eficaz presenta un cierto matiz y grado de primer motor -inmóvil" (M, 200).
El citado "contexto" posee la siguiente forma: "orden cósico"; "según tiempo"; "según módulo mínimo de realidad", y en ello radica la clave para entender la transcendencia peculiar del hombre cuando potencia lo que de causa eficaz posee: "hacer A que B entre en la acción C está (y ha podido ser planificado) según orden cósico (tal movimiento mecánico coincide con la entrada en acción de tal causa); según tiempo -la causa eficiente D entra en acción al cabo de n segundos o dentro de tal margen de tiempo según el tipo de aparato, etc.; y según un módulo mínimo de realidad" (M, 200)54.
En definitiva: en tanto el hombre consiga someter las energías de la causalidad eficiente con el mínimo de esfuerzo, ajustando aquélla con la eficaz de forma adecuada tanto cósica como temporalmente, formando un contexto con ambas en que la eficaz transcienda a la eficiente, el hombre logrará máximos efectos con mínimo esfuerzo, descargando todo el trabajo sobre las causas eficientes, acercándose así, en cuanto causa eficaz, y como a límite propio, al modelo del "primer motor inmovil" (Dios). Así, dirá: "El hombre mismo -cómodamente sentado, sin esfuerzo-, se siente transcendente respecto de la cadena de causalidades eficientes que una acción suya -imperceptible, desmesuradamente pequeña-, desata en un artefacto. (...) En el mundo artificial (moderno) la conexión causal entre el hombre y los aparatos se verifica según el plan y designio de que el hombre intervenga como causa simplemente eficaz. Por tanto, según proyecto de primer motor, en plan y designios claramente transcendentes, es decir: de una transcendencia planificada por el hombre y para el hombre" (M, 200-201).
Además de las causas comentadas, GB nota que el hombre realiza las veces, y cada vez más, de "causa rectora" o, como también la denomina, "causa vectorial" o "cibernética" (M, 201). Esto significa que: a) del mismo modo que un vector no es magnitud física pero es real en cuanto dirección y admite un cálculo vectorial, aunque no escalar; b) y que a tenor de la segunda ley de Newton todo cambio en la velocidad o dirección de un móvil pide una fuerza, y se habla de fuerzas vectoriales55, así, también, decimos, el hombre para GB va convirtiéndose paulatinamente en "motor vectorial" de lo real: "la técnica moderna ha montado aparatos, cual el volante de un auto moderno, que reduce al mínimo la energía a emplear para dirigir (vector) el hombre los vectores reales -cantidad de movimiento de un auto de tantas toneladas... Para lo cual se coajusta la dirección con una causa eficaz, y a ésta con una causa eficiente. Una vez más: el hombre se hace él mismo a sí mismo -por especial invento real-, transcendente real y físicamente. Primer motor vectorialmente. Las más potentes y descomunales máquinas modernas las va a poder dirigir un niño" (M, 202).
Y no sólo eso, sino que el hombre ha llegado a inventar "aparatos autorreguladores" (M, 203), que son "otro caso de causa rectora", en que se produce un reajuste automático, como en el caso de un "vulgar termostato" o de lo pilotos automáticos de las aeronaves o buques, a diferencia, por ejemplo del timón de un velero56.
Por todo ello afirmará GB: "Toda la cibernética actual no es sino el estudio de causas rectoras -puras, si fuera posible, cuando más sujetas a un mínimo: es decir a progresiva reducción-, con base de causa eficaz, que es ya por su parte una reducción en realidad, que se asienta sobre un fundamento de causa eficiente lo más real posible ya o sin límite alguno en cuanto a realidad" (M, 202-203).
Llegados a este punto, es factible comprender ya plenamente la siguiente definición que da GB del hombre moderno57: "el hombre moderno -y esto define, en parte, el calificativo de moderno-, ha inventado artefactos en que la causalidad se escinde en causalidad sobre base de máxima realidad (causa eficiente) y causalidad sobre base de mínimo de realidad (causa eficaz y rectora). Al emplear dichos aparatos, el hombre se hace realmente transcendente frente a la realidad (causas eficientes), reduciendo a un mínimo su adscripción real a las causas reales; sin perder, por eso, el dominio real sobre lo real"(M, 203).
Ocupémonos, por fin, de lo concerniente a la causalidad ocasionante. Este concepto implica los de entropía y azar: "causa ocasionante es aquel tipo de causa cuya eficiencia se caracteriza por aumentar el dominio del porque sí, o dicho al revés: por desmontar el dominio de integral y omniempapante racionalidad" (M, 206). Un caso de este tipo de causalidad lo constituyen los juegos de azar58. Como se vio en su momento, dos son los modos de manifestarse o distribuirse el principio de razón suficiente (racionalidad)59, pues bien: "En el universo físico, a distinción del mundo físico (natural), tiene constantemente lugar, y es lugar propio, la creciente imposición de causas de estilo ocasionante; o sea, causas que realmente hacen disminuir el calado de razón, sacándola a superficie, al orden global. (...) Es suficientemente claro que el universo físico -tal como lo barrunta la ciencia física actual-, está constituido por causas ocasionantes, o estadísticas, cuyos efectos son: imposición gradual de la categoría de cualquiera (uno de tantos, uno de tantísimos...) y aumento gradual de la categoría de porque sí -imposibilidad de dar razón de ciertas cosas. Creciente desvanecimiento de la racionalidad del universo" (M, 206-207), y de ahí que afirme: "las causas ocasionantes pertenecen, en rigor, a la metafísica, y de ellas provienen las máximas transformaciones del mundo físico (natural), y del individuo humano, sociedad..., (...). Una causa ocasionante, por tanto, afecta a la distinción real de la racionalidad del universo y del mundo, perturbando o transmutando la distribución de racionalidad entre las cosas. Por lo cual, a medida que aumente -o por tendencia intrínseca del universo o por designios del hombre-, el número y tipo de causas ocasionantes, es decir: de causas generadoras de cualquierismo y de porque sí, la racionalidad -el éste, y el porqué asignable a todo éste-, se van retirando a ciertos órdenes; y llegará o puede llegar o se puede intentar (por proyecto y designio) que llegue a condensarse y recogerse en un éste privilegiado: Vgr. Espíritu absoluto, o en un conjunto de cosas cada una de las cuales sea, en cierto aspecto y grado, ésta -yo transcendental" (M, 207).
En definitiva: "El creciente dominio del porque sí o del cualquierismo sobre las cosas ha recibido en física el nombre de entropía (...); lo cual no obsta para que en regiones limitadas -una máquina bien montada, un viviente...-, decrezca la entropía o, dicho al revés, aumente el dominio del porque tal o porque cual; todo lo cual es a costa de que crezca en otras partes la entropía, para que así, juntos crecimiento y decrecimiento, den o un total cero o bien la entropía crezca en el sistema total que es el mundo" (M, 333).
Por tanto, si el hombre, mediante algún procedimiento, consiguiera aumentar la entropía en ciertos dominios pero condensase la racionalidad en uno peculiar en que ella rija, el hombre podría llegar a ser el único principio de razón suficiente y distribuirla del modo que le convenga o, de otra forma: "Tiene, de consiguiente, perfecto sentido -dentro de la metafísica actual, no en la anterior-, preguntarse: )puede proponerse el hombre, cual designio, hacerse él a sí mismo transcendente, con transcendencia real de verdad, multiplicando e intensificando el número y acción de causas ocasionantes, con el resultado de que un creciente número de cosas entre en la categoría de uno de tantos, de cualquiera, de alógicas, de modo que las categorías de éste (único, original, yo...) y de racional se reduzcan, condensen y unifiquen en Uno -vgr. Espíritu absoluto (...)- o en un grupo privilegiado de unos, cada uno de los cuales sea éste?" (M, 208).
Se trata de una "aventura" de carácter y consecuencias "metafísicas" que demanda la "decisión metafísica"60 de correrla o no. En cualquier caso, la decisión de tomar el universo como racional y el azar por simple juego acaban con la posibilidad de tal aventura; situación que, sin embargo, la "aventura de la física atómica", la de "la energía atómica, bomba atómica, reactor, motor... atómicos" ya ha "decidido" enfrentar61.
Cuando dice: "grupo privilegiado de unos, cada uno de los cuales sea éste", GB está haciendo referencia implícita a un aspecto que forma contexto con todo lo dicho: el social. Se trata del nuevo tipo de hombre o sujeto propio y adecuado a una técnica supernatural: "Animal social es la definición de hombre, en cuanto inventor del mundo en que los hombres ven que se ven, oyen que se oyen, conocen que se conocen, y las cosas los miran, sin tener, para ello, que verlos, tocarlos, oírlos...con órganos bióticos" . Y luego: "En la tercera (fase), cada hombre es uno de Nos: uno del Pueblo. (...) En la tercera: se acrecen a la par, y sin límite, descosificación del hombre y del universo. Hombre, por fin, humano; universo, por fin, mundo. Pueblo-y-mundo, Pueblo-en-mundo son el estado a que tienden ya, declarada, planif