Nueve tesis sobre nuestra época


William I. Robinson

Los izquierdistas y progresistas del mundo luchan por llegar a un acuerdo con la dinámica esencial de nuestra época: la globalización capitalista. La globalización del capitalismo, y la transnacionalización de los procesos sociales, políticos y culturales que encierra, es el contexto histórico mundial de los acontecimientos a las puertas del siglo XXI. El debate sobre la globalización se está llevando a cabo entre los académicos y lo que es mas importante, entre los diversos movimientos sociales y políticos a escala mundial. Estos movimientos han chocado con los procesos globalizadores que están redefiniendo el terreno mismo de la acción social, incluyendo las profundas limitaciones y las posibilidades reales que para el cambio popular representa el nuevo ambiente global. Sin embargo, en mi opinión, los activistas y los académicos han contribuido a comprender la naturaleza sistémica de los cambios que encierra la globalización, la cual esta redefiniendo todos los puntos fundamentales de referencia de la sociedad humana y el análisis social, y requiere una modificación de todos los paradigmas existentes.2

La globalización capitalista denota una guerra mundial. Esta guerra se formó durante cuatro décadas después de la Segunda Guerra Mundial, escondida tras toda una serie de contradicciones secundarias vinculadas a la Guerra fría y el conflicto Este-Oeste. Se incubó con el desarrollo de nuevas tecnologías y la faz cambiante de la producción y el trabajo en el mundo capitalista y con la incubación del capital transnacional surgido de los antiguos capitales nacionales del norte. Las primeras descargas datan de principios de la década de los 80 cuando, como argumento mas adelante, las fracciones clasistas que representaban al capital transnacional lograron el control efectivo de los aparatos estatales del norte y comenzaron a captar esos aparatos en el sur.

Esta guerra prosiguió con la liberación del capital transnacional de todo constreñimiento a su actividad global que se produjo con la desaparición del antiguo bloque soviético y con el creciente logro de movilidad global y de acceso a todos los rincones del mundo por parte del capital. Es una guerra de una minoría poderosa y rica del mundo contra la mayoría pobre, desposeída y paria del mundo. Las bajas suman ya los cientos de millones, y amenazan con remontarse a miles de millones. Me refiero a esto como una guerra mundial en sentido figurado, ya que el nivel de conflicto social y destrucción humana alcanza proporciones belicosas. Pero también lo digo literalmente ya que el conflicto vinculado a la globalización capitalista es en verdad una guerra mundial: implica a todos los pueblos del mundo y nadie puede escapar a intervenir.

Describir el actual estado de cosas como una guerra mundial es una dramática declaración con el fin de resaltar el grado en que considero la humanidad está entrando en un período que bien pudiera igualar a las depredaciones coloniales de siglos pasados. Sin embargo, no quiero ser apocalíptico ni cautivador. Como analizo mas adelante, la globalización capitalista es un proceso, no tanto consumado como un proceso en marcha. Enfrenta grandes contradicciones con posibilidades de alterar su curso. Se requiere por tanto una interpretación más precisa de la globalización como guía para nuestra investigación social y nuestra acción social.

Lo que sigue, lejos de una afirmación que resuelva el debate sobre la globalización, es un modesto intento por hacer un inventario de los principales perfiles de nuestra época. Tiene el propósito de presentar una instantánea holística del "bosque" de la globalización identificando sus árboles más imperiosos y sus interpelaciones, en correspondencia con lo que considero deben ser las preocupaciones teóricas y practicas claves de los intelectuales y los activistas. Como advertencia debe destacarse que, dadas las limitaciones de espacio, las siguientes tesis se deben ver no como explicaciones completas de los problemas. Cada punto lo constituyen declaraciones resúmenes de final abierto que presentan fenómenos complejos de forma simplificada y requieren mayor exploración.

Nueve tesis sobre la globalización.

Primera: la esencia del proceso es la sustitución, por primera vez en la historia del sistema mundial moderno, de todas las relaciones de producción pre (o no) capitalistas residuales por relaciones de producción capitalistas en todas partes del mundo.

Los activistas y estudiosos han señalado que la globalización encierra la acelerada internacionalización del capital y la tecnología, una nueva división internacional del trabajo, procesos de integración económica, una disminución de la importancia de la nación-estado, etc. El mundo ha venido moviéndose en los últimos decenios hacia una situación en la cual las naciones se han vinculado mediante flujos de capital e intercambio en un mercado internacional integrado para la globalización del propio proceso de producción. A su vez, la globalización económica esta trayendo consigo la base material para la transnacionalización de los procesos y sistemas políticos, de las sociedades civiles, y la integración global de la vida social. La globalización ha ido borrando cada vez mas las fronteras nacionales, y desde el punto de vista estructural, ha hecho imposible que naciones individuales mantengan estructuras económicas, políticas y sociales independientes y mucho menos autónomas.

Todas estas son características importantes. Empero, el núcleo de la globalización, desde el punto de vista teórico, es la cercana culminación de un proceso que comenzó con el surgimiento de la expansión colonial europea y el sistema mundial moderno hace 500 años: la gradual propagación de la producción capitalista en todo el mundo y su eliminación de todas relaciones precapitalistas. Partiendo de un mundo en que el capitalismo era el modo dominante dentro de un sistema de "articulados modos de producción", la globalización esta trayendo como consecuencia un mundo integrado en un solo modo capitalista (de ahí globalización capitalista).3 Esto implica todos los cambios asociados al capitalismo, pero cambios que son de carácter transnacional mas que nacional o internacional. Incluye la transnacionalización de las clases y la división acelerada de toda la humanidad en dos únicas clases: capital global y clase obrera mundial (aunque ambas siguen enmarcadas en estructuras y "jerarquías" segmentadas, como se analiza posteriormente).

El capitalismo mundial esta echando abajo todas las estructuras no de mercado que en el pasado pusieron limites a la acumulación -y la dictadura- de capital. Cada rincón del mundo, cada aspecto de la vida social, se esta convirtiendo en mercancía. Esto implica la fragmentación y conversión en mercancía de esferas no comerciales de la actividad humana, fundamentalmente las esferas controladas por los estados, y las esferas vinculadas a unidades comunitarias y de la familia, economías locales y familiares. Esta total transformación de la vida social en mercancía esta socavando lo que queda del control democrático del pueblo sobre las condiciones de su existencia diaria, mucho mas allá de lo que tiene que ver con la propiedad privada de los principales medios de producción. Como señalara James O'Connor, estamos presenciando la maduración de la economía capitalista en sociedad capitalista, con la penetración de las relaciones capitalistas en todas las esferas de la vida4.

La transformación en mercancía entraña la transferencia al capital de esferas antes publicas y de esferas privadas antes no capitalistas como son la familia y los dominios culturales. En todo el mundo, la esfera publica, desde los sistemas educacionales y de salud, las fuerzas policiales, las prisiones, los servicios, la infraestructura y los sistemas de transporte, se están privatizando y convirtiendo en mercancías. El monstruo destructivo del valor de cambio esta invadiendo también esferas privadas íntimas de la comunidad, la familia y la cultura. Ninguna de las antiguas esferas pre-mercancías brinda un escudo que proteja de la enajenación del capitalismo. En todos los aspectos de nuestra existencia social, interactuamos cada vez mas con nuestros congéneres mediante deshumanizadas y competitivas relaciones de mercancías.

Segunda: está surgiendo una nueva "estructura social de acumulación" que por primera vez en la historia es mundial.

Una estructura social de acumulación se remite a un conjunto de instituciones sociales, económicas y políticas que se refuerzan mutuamente y normas culturales e ideológicas que se funden y facilitan un patrón exitoso de acumulación capitalista durante períodos históricos específicos.5 Una nueva estructura social global de acumulación se está superimponiendo y está transformando a las estructuras sociales globales de acumulación existentes. La integración al sistema mundial es la dinámica estructural causal que subraya los eventos de los cuales hemos sido testigos en naciones y regiones de todo el mundo en los últimos decenios. La fragmentación de las estructuras económicas, políticas y sociales nacionales es recíproca a la gradual fragmentación, que comenzó hace 30 años, de un orden mundial pre-globalizador basado en la nación-estado. Las nuevas estructuras económicas, políticas y sociales surgen a medida que cada nación y región se va integrando a las estructuras y los procesos transnacionales en surgimiento.

El agente de la economía global es el capital transnacional, organizado desde el punto de vista institucional en corporaciones globales y en agencias de planificación económica y foros políticos supranacionales como el Fondo Monetario Internacional la Comisión Trilateral y el G-7, y controlado por una élite transnacional con conciencia de clase radicada en los centros del capitalismo mundial. Esta élite transnacional tiene una agenda global integrada por componentes económicos, políticos y culturales que se refuerzan mutuamente y que, en su conjunto, comprenden una nueva estructura social global de acumulación.6 El componente económico es el hiper-liberalismo, que busca lograr las condiciones para la movilidad total y la actividad mundial sin trabas del capital.7 El hiper-liberalismo incluye la eliminación de la intervención del estado en la economía y la regulación por parte de naciones estados individuales de la actividad del capital transnacional en sus territorios. Esta poniendo fin a la anterior capacidad del estado para impedir el lucro capturando y redistribuyendo los excedentes.

En el norte, el hiper-liberalismo, lanzado por primera vez por los gobiernos de Reagan y la Thatcher, toma la forma de la liberalización y desmantelamiento de los estados benefactores keynesianos. En el sur, conlleva programas "de ajuste estructural neoliberal". Estos programas buscan la estabilidad macroeconómica (estabilidad de precios y de tipos de cambio, etc.) como requisito esencial para la actividad del capital transnacional, que debe congeniar una amplia gama de políticas fiscales, monetarias e industriales entre múltiples naciones si quiere ser capaz de funcionar simultánea, y con frecuencia instantáneamente, entre numerosas fronteras nacionales.8

El componente político es el desarrollo de sistemas políticos que operan mediante la dominación consensual mas que mediante la dominación directa y coercitiva. Los mecanismos consensuales de control social tienden a sustituir a las dictaduras, el autoritarismo y los sistemas coloniales represivos que caracterizaron a gran parte de las estructuras de autoridad política formal del mundo hasta el período de postguerra fría. La élite transnacional se refiere a estos sistemas políticos como "democracias", aunque haya poco o ningún contenido democrático autentico. El "consenso democrático" en el nuevo orden mundial es un consenso entre una élite global cada vez más coherente sobre el tipo de sistema político más propicio para la reproducción del orden social en el nuevo ambiente mundial. Este componente se analiza en detalle mas adelante.

El componente cultural/ideológico es el consumismo y el individualismo despiadado. El consumismo proclama que el bienestar, la tranquilidad y la finalidad de la vida se logran mediante la adquisición de mercancías.9 El individualismo competitivo legítima la supervivencia personal, y lo que se requiera para lograrla, por sobre el bienestar colectivo. El consumismo y el individualismo calan la conciencia de masas a nivel mundial. Canalizan las aspiraciones de las masas en deseos de consumo individual, aun cuando las necesidades inducidas nunca serán satisfechas para la gran mayoría de la humanidad. La cultura e ideología del capitalismo mundial funciona entonces para despolitizar el comportamiento social e impedir la acción colectiva dirigida al cambio social al canalizar las actividades del pueblo en una fijación de búsqueda del consumo y la supervivencia individual.

La globalización, por lo tanto, tiene profundas consecuencias para cada nación del sistema mundial. Las estructuras productivas en cada nación se reorganizan recíprocamente a una nueva división internacional del trabajo, caracterizada por la concentración de las finanzas, los servicios, la tecnología y el conocimiento del norte, y las fases de gran intensidad de trabajo de producción globalizada del sur. A medida que cada economía nacional se reestructura y se subordina a la economía mundial, nuevas actividades vinculadas a la globalización llegan para dominar. Las clases preglobalización como son los campesinados nacionales, los artesanos de pequeña escala y las burguesías nacionales vinculadas al capital nacional y los mercados internos, se debilitan y se ven amenazadas por la desintegración. Surgen nuevos grupos vinculados a la economía mundial y se tornan dominantes, tanto económica como políticamente. Los estados se exteriorizan. Los sistemas políticos se estremecen y reorganizan. La cultura global dominante penetra, pervierte y da nueva forma a las instituciones culturales, las identidades de grupo y la conciencia de las masas.

Tercera: la agenda transnacional ha germinado en todos los países del mundo bajo la guía de hegemónicas fracciones transnacionalizadas de las burguesías nacionales.

El capitalismo mundial está representado en cada nación-estado por representantes en el país, los cuales constituyen fracciones transnacionalizadas de grupos dominantes. La alianza de clases internacional de las burguesías nacionales en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial se ha convertido en una burguesía transnacionalizada en el período de postguerra fría, y se ha convertido en esta década de los 90 en la fracción de clase hegemónica en el mundo. Esta burguesía desnacionalizada tiene conciencia de clase y de su transnacionalidad. En su vértice está una élite administrativa que controla las influencias de la política mundial, y responde al capital financiero transnacional como fracción hegemónica del capital a escala mundial.

En los años 70 y 80 las incipientes fracciones transnacionalizadas comenzaron a eclipsar a las fracciones nacionales en los principales países capitalistas del norte y a capturar "las alturas de mando" de la política estatal. Desde los años 80 hasta ya entrados los 90, estas fracciones cobraron ascendencia en el sur y empezaron a competir por, y en algunos países se apoderaron de, los aparatos estatales.10 La agenda transnacional es embrionaria en algunos países y regiones (por ejemplo, gran parte del África Subsahariana). Ha incubado y es ahora predominante en otras regiones (por ejemplo, Filipinas, la India y grandes partes de Asia). Se ha consolidado plenamente en otras partes (por ejemplo en Chile, México y gran parte de América Latina). Dadas las estructuras de la asimetría norte-sur, las fracciones transnacionalizadas del Tercer Mundo son socios "menores". Ellas supervisan a nivel local, bajo el tutelaje de sus homólogos "superiores" del norte, los arrolladores cambios económicos, políticos, sociales y culturales que encierra la globalización, incluyendo la reforma de libre mercado, el fomento de sistemas "democráticos" en lugar de las dictaduras, y la diseminación de la cultura/ideología del consumismo y el individualismo.

Cuarta: los observadores van en busca de una nueva "hegemonía" mundial y afirman que en un mundo tripolar de bloques económicos europeos, americanos y asiáticos, la vieja fase nación-estado del capitalismo ha sido reemplazada por la fase transnacional del capitalismo.

En su magistral estudio "The Great Transformation", Karl Polanyi resumió el anterior cambio histórico en la relación entre el estado y el capital, y la sociedad y las fuerzas de mercado, que tuvo lugar con la maduración del capitalismo nacional en el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.11 Ahora somos testigos de otra "gran transformación": la maduración del capitalismo transnacional.

Sin embargo, los activistas y los académicos aún se aferran a un obsoleto marco de análisis de la nación-estado con una consecuente interpretación errónea de los eventos y el peligro de acción social mal orientada. Los momentáneos flujos, conflictos y contradicciones vinculados a la transición del capitalismo nacional al transnacional no deben confundirse con la tendencia histórica en si. La globalización cambia la relación entre el capitalismo y la territorialidad, y con ello la relación entre las clases y la nación-estado.12

Las "alturas de mando o alturas dominantes" de la toma de decisiones estatales están pasando a instituciones regionales.13 El poder estructural del capital transnacional plenamente móvil se sobreimpone al poder directo de las naciones-estado.14 La relación histórica entre las naciones-estado y las clases antes radicadas en la nación, y entre el poder de clase y el poder estatal se ha modificado y requiere redefinición.

La burguesía transnacional ejerce su influencia de clase por dos canales. Uno es una densa red de instituciones supranacionales y relaciones que pasan por alto cada vez más a los estados formales, y que deben ser concebidas como estado transnacional emergente que no ha adquirido forma institucional centralizada alguna. La otra es la utilización de los gobiernos nacionales como unidades jurídicas limitadas a lo territorial (el sistema inter-estados), que se transforman en correas de transmisión y filtros para la imposición de la agenda transnacional.

El capital transnacional requiere que las naciones-estado desempeñen tres funciones: 1) adoptar políticas fiscales y monetarias que garanticen la estabilidad macroeconómica; 2) brindar la infraestructura básica necesaria para la actividad económica global, y 3) brindar control, orden y estabilidad social (la élite transnacional ha afirmado que la "democracia" es más capaz que la dictadura para desempeñar su función de orden social, como se analiza más adelante). En resumen, no somos testigos de "la muerte de la nación-estado", sino de su transformación en estados neoliberales. Es cierto, por tanto, como muchos académicos y activistas han señalado, que el capital aun necesita poder estatal.15

Sin embargo, el poder estatal y la nación-estado no son coequivalentes, y los intereses del capital transnacional no se corresponden con interés "nacional" o nación-estado alguno. La confusión esta en igualar la necesidad por parte del capital de los servicios brindados por los estados neoliberales, y el uso que este hace del lento sistema inter-estado, con algún tipo de afinidad orgánica entre el capital transnacional y naciones-estados especificas, como existía en la fase nacional del capitalismo. Si las principales concentraciones de capital ya no se asocian a una nación-estado en particular, ¿ Sobre que base material y clasista debe interpretarse el conflicto inter-estatal? ¿ Que razonamiento teórico existe para pronosticar la rivalidad y competencia entre las naciones estados como una expresión de la competencia de los capitales nacionales?

La descentralización espacial del poder del capital transnacional se confunde con una reciente "fuerza" e "independencia" de los "rivales estadounidenses" y con los cambios geopolíticos de poder concebidos en términos de naciones-estados.16 En realidad, el capital transnacional y su principal agente institucional, la corporación global, es capaz de aprovecharse de un anticuado sistema nación-estado/interestatal para arrancarle mas concesiones a la clase obrera mundial. La continua separación del mundo en naciones estados genera una condición central para el poder del capital transnacional.

Un marco obsoleto de nación-estado puede malinterpretar los eventos. Por vía de ejemplo, algunos han interpretado el "Contrato con América" (y antes de el, el Reaganismo) como un proyecto anquilosado de la derecha opuesto a un programa más "liberal". El "Contrato con América", de hecho, es un programa que representa la quinta esencia de los intereses del capital transnacional. Las diferencias entre los programas de Gingrich y Clinton no constituyen un enfrentamiento fundamental entre fracciones o proyectos capitalistas distintos, sino diferencias en cuanto al ritmo, el momento, y los aspectos secundarios (por ejemplo, la política social) para llevar adelante la agenda transnacional en Estados Unidos.

La reestructuración fundamental de las políticas sociales que comenzó con el Reaganismo y el Thatcherismo en el norte, los programas de ajuste en el sur, el "Contrato con América", etc., no son el producto de movimientos conservadores e inclinaciones políticas de derecha per se, a pesar de las apariencias. Mas bien representan la política concreta lógica y las modificaciones ideológicas de la globalización en la medida que esta se aplica a las condiciones particulares de cada país. De manera similar, las diferencias tácticas entre los gobiernos nacionales de países esenciales sobre como llevar adelante los intereses transnacionales -diferencias tácticas que con frecuencia tienen como origen las características particulares de historias y condiciones locales y regionales- toman la apariencia de contradicciones fundamentales entre "capitales nacionales" e "intereses nacionales" rivales. Los eventos pudieran parecer contradicciones entre naciones-estados cuando en esencia son contradicciones internas del capitalismo mundial. La necesidad de que los estados neoliberales garanticen la legitimidad como parte de su función de orden social con frecuencia encierra un discurso de "intereses nacionales", "competencia del exterior", etc., a niveles ideológico y de masas. Las limitaciones de espacio impiden un mayor análisis. Baste recordar que el sello del buen análisis social es distinguir la apariencia de la esencia.

Quinta: el "mundo feliz" del capitalismo mundial es profundamente antidemocrático.

El capitalismo global es depredador y parásito. En la economía mundial de hoy, el capitalismo es menos benigno, responde menos a los intereses de las amplias mayorías de todo el mundo, y es menos responsable que nunca ante la sociedad. Unas 400 corporaciones transnacionales son dueñas de dos tercios de los activos fijos y controlan el 70 por ciento del comercio mundial. Al estar los recursos del mundo controlados por unos pocos cientos de corporaciones mundiales, el alma y el destino mismo de la humanidad están en manos del capital transnacional, que tiene el poder de tomar decisiones de vida o muerte para millones de seres humanos. Tal concentración de poder económico conduce a enormes concentraciones de poder político a nivel mundial. Todo análisis de la "democracia" en tales condiciones carece de sentido. La paradoja de la desaparición de las dictaduras, las "transiciones democráticas" y la propagación de la "democracia" en el mundo se explica mediante nuevas formas de control social y el uso indebido del concepto de democracia, cuyo significado original -el poder(cratos) del pueblo(demos) se ha desfigurado tanto que ya no se le puede reconocer. Lo que la élite transnacional llama democracia se denomina con mayor exactitud poliarquía, para tomar un concepto de los círculos académicos.

La poliarquía no es dictadura ni democracia, a nivel de sistema político.17 Se trata de un sistema en el cual un pequeño grupo realmente gobierna, en nombre del capital, y la participación de la mayoría en la toma de decisiones se limita a elegir entre las élites rivales en competencia en procesos electorales fuertemente controlados. Esta "democracia de baja intensidad" es una forma de dominación consensual. El control social y la dominación es hegemónica, en el sentido expresado por Antonio Gramsci, y no coercitiva. Se basa menos en represión directa que en diversas formas de apropiación ideológica y desautorización política hechas posibles por la dominación estructural y el "poder de veto" del capital global. La poliarquía la promueve ("promoción de la democracia") la élite transnacional del sur como parte fundamental de su agenda, a diferencia de la anterior red global de regímenes civiles-militares y francas dictaduras (por ejemplo, los Somozas, los Duvaliers, los Marcos, los Pinochets, las minorías blancas, etc.), y antes de ellos, los estados coloniales represivos que los países capitalistas del norte promovieron y sostuvieron durante gran parte de la historia moderna. Los sistemas autoritarios tienden a desatarse cuando las presiones globalizadoras desarticulan las enraizadas formas de autoridad política coercitiva, dislocan comunidades y patrones sociales tradicionales e instan a montones de personas a demandar la democratización de la vida social.

Las masas desorganizadas pujan por una democratización popular más profunda, mientras las élites organizadas lo hacen por transiciones fuertemente controladas del autoritarismo y las dictaduras a poliarquías de élite. Este problema es decisivo, ya que gran parte de la izquierda a nivel mundial no ha sido democrática en el siglo XX, ni en el seno de sus propias organizaciones ni en practicas estatales en aquellos países donde ha llegado al poder. Los históricos puntos débiles democráticos de la izquierda han hecho que muchos vacilen en denunciar la poliarquía por lo que es: un remedo de democracia. La izquierda se debe comprometer a la democracia en la sociedad y en sus propias instituciones -una democracia popular, participativa de la base hacia arriba, que de poder a las clases populares a nivel local, subordine los estados a la sociedad civil, haga a los líderes responsables, etc.

Pero la poliarquía tiene poco que ver con la democracia como ocurrió con el sistema político estalinista en el antiguo bloque soviético. Las trampas del procedimiento democrático en una poliarquía no significan que las vidas de montones de personas se llenen de contenido democrático popular autentico o significativo, mucho menos que se logre la justicia social o mayor igualdad económica. Las nuevas poliarquías ("las nuevas democracias") de la sociedad mundial naciente no satisfacen ni se proponen satisfacer las autenticas aspiraciones de participación política, mayor justicia socioeconómica y realización cultural de las mayorías reprimidas y marginadas.18

Sexta: "la pobreza en medio de la abundancia", el dramático crecimiento en la globalización de las desigualdades socioeconómicas y de la miseria humana en casi todos los países y regiones del mundo, una consecuencia de la desenfrenada operación del capital transnacional, es mundial y generalizada.

La doble tendencia está a favor de la concentración de riqueza entre una capa privilegiada que abarca a alrededor de un 20 por ciento de la humanidad, en la cual la diferencia entre ricos y pobres se hace mayor dentro de cada país, del norte y el sur, simultánea a un agudo incremento de las desigualdades entre el norte y el sur. La desigualdad mundial en la distribución de la riqueza y el poder es una forma de violencia estructural permanente contra la mayoría del mundo. Este es un fenómeno ampliamente observado, pero es necesario vincularlo más explícitamente a la globalización. Solo en América Latina, el número de personas que viven en la pobreza creció de 183 millones en 1990 a 230 millones en 1996, según cifras divulgadas por la Comisión Económica de Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (ECLAC). Tomando en cuenta el crecimiento demográfico, el porcentaje de la población que vive en la pobreza, según ECLAC, aumento de 40 por ciento de la población total en 1980 a 44 por ciento en 1990 y 48 por ciento en 1996.

Este incremento de la pobreza es por tanto más exponencial que aritmético. La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) agrega que, entre los pobres de América Latina, 59 millones de personas padecen hambruna crónica.19 Según el más reciente informe anual del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), "Human Development 1994", mil 300 millones de personas viven en absoluta pobreza -literalmente entre la vida y la muerte. Un tercio de la población del sur "vive en estado de abyecta pobreza," dice el informe, "en un limite tal de existencia humana que no se puede describir con palabras." Mil millones no tienen acceso al servicio de salud, mil 300 millones no tienen acceso a agua potable, y mil 900 no tienen acceso a medidas sanitarias.20

Una comparación de los informes recientes revela la inquietante tendencia de que el abismo entre la minoría cada vez menor de ricos y la vasta mayoría de pobres sigue agrandándose. En 1960, las 20 naciones más ricas del mundo eran 30 veces más ricas que el 20 por ciento más pobre. Treinta años después, en 1990, eran 60 veces más ricas. Solo un año después, en 1991, el ultimo año del que se tienen cifras, fue de 61 países ricos por cada país pobre, según el informe de 1994. Sin embargo, el informe señalaba: "estas cifras encubren la verdadera escala de la injusticia ya que se basan en comparaciones de los ingresos promedio per cápita de países ricos y pobres. Por supuesto, realmente hay grandes desigualdades en el seno de cada país entre los ricos y los pobres" (énfasis en el original). Sumando a ello la mala distribución en los países, el 20 por ciento más rico de la población mundial obtuvo por lo menos 150 veces más que el 20 por ciento más pobre. Dicho de otro modo, la relación de desigualdad entre los ricos y los pobres del mundo vistos como grupos sociales en un sistema mundial cada vez más estratificado fue de 1 por cada 150.

El drenaje al exterior del excedente del sur hacia el norte no ha disminuido bajo la globalización. El informe del PNUD de 1994 señalaba que en 1992 el flujo en los cargos del servicio de la deuda solamente (cifra que por tanto no incluye la repatriación de ganancias y otras formas de transferencia de excedente del sur al norte) sobre la deuda conjunta del Tercer Mundo de 1.5 billones fue dos y media veces el monto de la ayuda al desarrollo ofrecida por el norte, y 60 mil millones de dólares más que los flujos privados totales hacia los países en desarrollo. Estas "venas abiertas" por las cuales sigue fluyendo la riqueza del sur hacia el norte indican que el capital transnacional opera de forma tal que aun requiere retaguardias estratégicas en el núcleo del capitalismo mundial, donde el control global, el almacenamiento del capital y los centros de la tecnología y las finanzas se concentran, dentro de la nueva división internacional del trabajo y lo que A.Sivanandad ha llamado "nuevos circuitos del imperialismo".21

Pero la perpetuación de la división centro-periferia no se traduce en continua prosperidad para las mayorías del norte. Simultáneamente a la creciente división norte-sur ha habido un abismo cada vez mayor entre ricos y pobres en Estados Unidos y los demás países desarrollados, unido a un incremento de la polarización social y las tensiones políticas. Entre 1973 y 1990, los salarios reales disminuyeron uniformemente para el 80 por ciento de la población estadounidense y aumentaron para el 20 por ciento restante.22 Los más ricos en Estados Unidos acrecentaron su porción de ingresos de 41.1 por ciento en 1973 a 44.21 por ciento en 1991. La concentración de riquezas (que incluye ingresos y riquezas) fue aun más pronunciada. Para 1991, el 0.5 por ciento más solvente de la población poseía 45.4 por ciento de todos los bienes, excluyendo las viviendas. El uno por ciento más rico poseía 53.2 por ciento de todos los bienes y el 10 por ciento poseía el 83.2 por ciento. Estados Unidos era propiedad de una pequeña minoría.

En 1991 los que vivían por debajo de la línea de pobreza establecida por el gobierno, es decir, por debajo del 125 por ciento de la línea de pobreza representaban el 34.2 por ciento de la población de los Estados Unidos. En otras palabras, 34.2 por ciento de la población estadounidense era "pobre" o "muy pobre." En términos más precisos desde el punto de vista sociológico, más de un tercio de la población estadounidense vivía en absoluta o relativa pobreza. El patrón es similar en otros países desarrollados de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos(OCDE). La división norte-sur es creciente y no se debe subestimar. Sin embargo, la humanidad esta cada vez más estratificada según líneas clasistas transnacionales. Dada la acelerada creación bajo la globalización de lagos de riqueza en países del Tercer Mundo y mares de pobreza en países del Primer Mundo, tiene más sentido ver el mundo cada vez más dividido por líneas de clases que por líneas nacionales. Las limitaciones de espacio impiden extendernos más, pero hay importantes procesos empíricos como la descendente "nivelación global", y los problemas teóricos que estos procesos generan, los cuales requieren una mayor exploración.

Séptima: hay profundas e interrelacionadas dimensiones raciales, étnicas y de sexo para esta creciente pobreza y desigualdad mundial.

A medida que el capital global se concentra, cierra desproporcionadamente las puertas a las mujeres y a los grupos oprimidos desde el punto de vista racial y étnico. A medida que el capital transnacional pasa al sur del mundo no deja detrás en el norte, ni encuentra en el sur, clases obreras homogéneas, sino clases históricamente estratificadas y segmentadas por líneas raciales, étnicas y de sexo.

En el norte, por ejemplo, los obreros de color, arrastrados originalmente, y con frecuencia por la fuerza, de la periferia al centro como mano de obra servil, son excluidos desproporcionadamente de sectores económicos estratégicos, relegados a las filas del creciente ejército de "suplementarios", convertidos en los sectores más vulnerables de un mercado de trabajo racialmente segmentado que se torna más rígido bajo la globalización, y están sujetos a una creciente ola de racismo, incluyendo el desmantelamiento de programas de acción afirmativa y medidas estatales represivas contra las bolsas de trabajo inmigrante.23

Aunque los procesos globalizadores socavan la existencia de las clases precapitalistas, también intensifican la estratificación entre la clase obrera, con frecuencia siguiendo líneas raciales/étnicas, en el norte y el sur. Sin embargo, considero que las "jerarquías de la clase obrera" están tornándose especialmente organizadas en todo el eje norte-sur, dados los procesos de integración, los nuevos patrones de migración y el incremento de las concentraciones de mano de obra del Tercer Mundo en el Primer Mundo, así como la creciente pobreza de las antes privilegiadas "aristocracias obreras" de origen europeo. Este problema y sus implicaciones teóricas requieren también mayor exploración. Las raíces de la subordinación de la mujer -la participación desigual en una división sexual del trabajo sobre la base de la función reproductiva femenina- se exacerban mediante la globalización, que convierte cada vez más a la mujer de reproductoras para el poder laboral requerido por el capital en reproductoras de suplementarios para los cuales el capital carece de valor. La clase obrera femenina es más devaluada, y la mujer denigrada, a medida que la función de la economía doméstica (familiar) pasa de criar la mano de obra para la incorporación a la producción capitalista a criar suplementarios.

Este es un sostén estructural importante de la "feminización de la pobreza" mundial y es recíproco a las dimensiones raciales/étnicas de la desigualdad y mutuamente las refuerza. Ayuda a explicar el movimiento entre las élites norteñas para desmantelar los beneficios de bienestar keynesianos de una manera que afecta desproporcionadamente a la mujer y a los grupos racialmente oprimidos, y la impetuosidad con la cual el modelo neoliberal exige la eliminación incluso de redes de gasto social y seguridad que con frecuencia significan, literalmente, la diferencia entre la vida y la muerte.

Octava: hay profundas contradicciones en la sociedad mundial naciente que hacen totalmente insegura la supervivencia misma de nuestra especie, mucho menos la estabilización y viabilidad de mediano a largo plazo del capitalismo mundial, y presagian un prolongado conflicto social global.

La estructura de producción, distribución y consumo mundial refleja cada vez más el desigual patrón de ingresos. Por ejemplo, bajo el nuevo apartheid social mundial, el turismo es la actividad económica de más rápido crecimiento e incluso el medio de subsistencia de muchas economías del Tercer Mundo. Esto no significa que más personas realmente disfruten los frutos del ocio y los viajes internacionales; significa que 20 por ciento de la humanidad tiene cada vez más ingresos disponibles, lo cual es simultáneo a la contracción del consumo por parte del 80 por ciento restante. Este 80 por ciento se ve obligado a brindar todo tipo de servicios cada vez más frívolos y a orientar su actividad productiva a satisfacer las necesidades y los deseos de lujo de ese 20 por ciento24. Las fuerzas de seguridad privada y las prisiones son ahora el principal sector de crecimiento de Estados Unidos y otros países del norte.25

El apartheid social genera decadencia. Las "ciudades fortalezas" militarizadas y el "apartheid espacial" son necesarios para el control social en una situación en que una parte cada vez menor de la humanidad puede realmente consumir las cosas esenciales de la vida, mucho menos productos de lujo.26 A medida que el capitalismo maduraba a fines del siglo XIX en el norte, la tendencia inherente a la acumulación de capital hacia una concentración de ingresos y recursos productivos, y la polaridad social y el conflicto político que genera, fue compensada por dos factores. El primero fue la intervención de los estados para regular la operación del libre mercado, guiar la acumulación y capturar y redistribuir los excedentes. El segundo fue el surgimiento del imperialismo moderno para compensar las tendencias polarizantes inherentes al proceso de acumulación de capital en el norte, de forma tal que el conflicto social mundial era generalmente transferido al sur.

Esos dos factores por tanto impidieron, en el centro del sistema mundial, la polaridad social generada por el capitalismo. Pero al reducir o eliminar la capacidad de los estados individuales de regular la acumulación de capital y captar excedentes, la polarización esta trayendo ahora -a nivel mundial- precisamente la polarización entre una minoría rica y una mayoría pobre pronosticada por Karl Marx. Sin embargo, esta vez no hay "nuevas fronteras" ni tierras vírgenes para la colonización capitalista que pudieran compensar o balancear las consecuencias sociales y políticas de la polarización global. Por lo tanto, el mal endémico del capitalismo desenfrenado es el conflicto social intensificado, que a su vez engendra constantes crisis políticas e inestabilidad, dentro de los países y entre los países.

En el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, el norte pudo pasar al sur gran parte del conflicto social como resultado conjunto de una transferencia imperialista de riqueza del sur al norte y la redistribución de esta riqueza en el norte mediante intervención estatal keynesiana. En el Tercer Mundo se libraron no menos de 160 guerras de 1945 a 1990. Sin embargo, la globalización encierra un cambio distinto en la contienda mundial del conflicto interestatal (que reflejaba determinada correspondencia entre clases y naciones en la fase del capitalismo nacional) al conflicto de clases mundial. El informe del PNUD de 1994 resalta un cambio de "un patrón de guerras entre estados a guerras en el seno de los estados." De los 82 conflictos armados entre 1989 y 1992, solo tres fueron entre estados. "Aunque con frecuencia son atribuidos a divisiones étnicas, muchos tienen carácter político o económico," dice el informe. Entre tanto, los gastos militares mundiales en 1992 fueron de 815 mil millones de dólares (725 mil millones de los cuales correspondieron a los países ricos del norte), una cifra igual al ingreso combinado del 49 por ciento de la población mundial en ese mismo año.26

El período de inestabilidad política mundial que enfrentamos va de guerras civiles en la antigua Yugoslavia y en numerosos países africanos al conflicto social que se gesta en América Latina y Asia, disturbios civiles endémicos, unas veces de poca envergadura y otras de gran envergadura, en los Ángeles, París, Bonn y la mayoría de las metrópolis de los países norteños. La incierta supervivencia y las inseguridades que representa el capitalismo mundial induce diversas formas de fundamentalismos, localismos, nacionalismos y conflicto racial y étnico. Como clase gobernante a escala mundial, la burguesía transnacional ha empujado a la humanidad a una crisis de civilización. La vida social bajo el capitalismo mundial es cada vez más deshumanizante y esta cada vez más desprovista de todo contenido ético. Pero nuestra crisis es más profunda: Estamos ante una crisis de la especie27. Como muchos analistas han señalado, contradicciones estructurales bien conocidas analizadas por Marx hace cien años como son la sobre acumulación, el subconsumo y la tendencia al estancamiento, se exacerban con la globalización. Empero, aunque estas contradicciones "clásicas" generan crisis social y decadencia cultural, las nuevas contradicciones asociadas al capitalismo de la segunda mitad del siglo XX -a saber, la incompatibilidad de la reproducción del capital y de la naturaleza conducen a un holocausto ecológico que amenaza la supervivencia de nuestra especie y de la vida misma en nuestro planeta.28

Novena: dicho en términos muy simplificados, gran parte de la izquierda a nivel mundial esta dividida en dos campos.

Un grupo esta tan aplastado por el poder del capitalismo mundial que no ve alternativa alguna a la participación al tratar de negociar el mejor acuerdo posible. Este campo busca alguna nueva variante de la democracia social y la justicia redistributiva que pudiera funcionar en el nuevo orden mundial. Propone por tanto diversas formas de un keynesianismo mundial que no desafía la lógica del propio capitalismo, y tiende a un pragmatismo político. Los otros consideran al capitalismo mundial y sus costos -incluyendo su propia tendencia a la destrucción de nuestra especie- como inaceptablemente elevados, tanto que hay que oponerse a ellos y rechazarlos. Sin embargo, no han ideado una alternativa socialista coherente a la fase transnacional del capitalismo.

Vemos esta estratégica línea divisoria en la izquierda latinoamericana, africana y asiática, así como en el norte y entre los grupos de izquierda y socialistas que intentan una renovación en los países del antiguo bloque soviético. Por ejemplo, este fue el problema subyacente fundamental que finalmente condujo a cismas formales en el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Nicaragua, el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional de El Salvador, y a la reciente ruptura de la izquierda filipina, y que esta generando profundas tensiones en el seno del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil y el Congreso Nacional Africano (ANC) de Sudáfrica (aunque hay que tener cuidado de no simplificar problemas complejos ni hacer generalizaciones a partir de experiencias especificas).

Mi opinión particular es que no debemos albergar ilusiones de que el capitalismo mundial pueda ser amansado o democratizado. Esto no significa que no debamos luchar por reformas en el seno del capitalismo, sino que toda esa lucha debe ser incluida en una estrategia y programa más abarcadores para la revolución contra el capitalismo. La globalización crea grandes limitaciones a las luchas populares y al cambio social en cualquier país o región. La tarea más urgente es por tanto desarrollar soluciones a la difícil situación de la humanidad bajo un capitalismo salvaje librado de las limitaciones que le pudieran ser impuestas anteriormente mediante la nación estado. Una alternativa al capitalismo mundial debe ser entonces un proyecto popular transnacional. La burguesía transnacional esta consciente de su carácter transnacional, esta organizada transnacionalmente y opera mundialmente. Muchos han afirmado que la nación-estado es aun el punto de apoyo de la actividad política para el futuro próximo. Pero no es el punto de apoyo de la actividad política de esta élite mundial.

La masa popular de la humanidad debe desarrollar una conciencia de clase transnacional y en consecuencia un protagonismo político y estrategias mundiales que vinculen lo local a lo nacional y lo nacional a lo mundial. Un proyecto contrahegemónico transnacional requiere el desarrollo de alternativas pragmáticas concretas y viables. El Partido Comunista Sudafricano (SACP), por ejemplo, ha hecho importantes avances pragmáticos en su estrategia de "reducción" del mercado mediante la desmercantilización de áreas claves de la sociedad sudafricana, no como fin en si mismo sino como parte de una lucha más amplia por el socialismo.29

Las contradicciones del capitalismo mundial abren nuevas posibilidades así como enormes retos para una alternativa popular. Sin modelo socioeconómico viable propio, los sectores populares corren el riesgo de estancamiento político bajo la hegemonía de la élite transnacional, o aun peor, de quedar reducidos -si llegan al gobierno- a administrar las crisis del neoliberalismo con una consecuente perdida de legitimidad. En tal escenario, la opinión hegemónica de que no hay alternativa al capitalismo global se refuerza, llevando a la resignación entre los sectores populares y a la traición de las obligaciones entre los intelectuales y líderes. La "carrera hacia el fondo" -la nivelación descendente de las condiciones de vida y la gradual igualación de esas condiciones en el norte y el sur- crea condiciones objetivas fértiles para el desarrollo de movimientos sociales y proyectos políticos transnacionales. La revolución de las comunicaciones ha facilitado las comunicaciones de la élite global, pero también puede ayudar a la coordinación global entre las clases populares, como lo demuestra el uso creativo que los Zapatistas (EZLN) de México han hecho de Internet.

A mediados de la década de los 90 hubo señales alentadoras de esa coordinación popular transnacional como el Foro de Sao Paulo en América Latina, y el Plan Popular para el Siglo Veintiuno (PP21) en Asia.30 Un proyecto contrahegemónico transnacional no entrañaría oponerse a la globalización - lástima que no podamos simplemente demandar que los procesos históricos se interrumpan conforme a nuestros deseos, y haríamos mejor en comprender como influir sobre esos procesos y reorientarlos - sino tratar de convertirla en una "globalización desde abajo." Ese proceso de abajo hacia arriba tendría que abordar las profundas dimensiones raciales/étnicas de la desigualdad mundial, partiendo de la premisa de que, aunque el racismo y los conflictos religiosos descansan en temores materiales reales entre los grupos cuya supervivencia esta en peligro, llevan consigo una dinámica cultural, ideológica y política propia que debe ser desafiada y enfrentada en los programas y la practica de la contrahegemonía.

Un proyecto contrahegemónico tendrá que estar completamente permeado de un enfoque de igualdad sexual, en la practica y en el contenido. También requerirá formas alternativas de practica democrática en el seno de las organizaciones populares (los sindicatos, los "nuevos movimientos sociales", etc.), en el seno de los partidos políticos, y -en aquellos lugares en que el aparato estatal formal es captado mediante elecciones u otros medios- en el seno de las instituciones estatales. Las nuevas practicas igualitarias deben evitar las tradicionales formas jerárquicas y autoritarias de intercambio social, las relaciones de autoridad burocrática y vencer los cultos de la personalidad, la toma de decisiones centralizada y otras practicas tradicionales de este tipo. El flujo de la autoridad y toma de decisiones en las nuevas prácticas sociales y políticas en el seno de un bloque contrahegemónico debe ser de abajo hacia arriba y no al revés.

El protagonismo político transnacional entre las clases populares significa desarrollar un protagonismo transnacional y masivo de base -una democracia participativa transnacional- que trascienda el viejo "internacionalismo" de los líderes políticos y los burócratas y vaya también mucho más allá de las formas paternalistas de "solidaridad" del norte con el sur. Lo que esta en juego es más que la prolongada miseria de las masas y el conflicto social; en juego esta la supervivencia misma de nuestra especie. Un socialismo democrático basado en una democracia popular pudiera ser "la ultima" -quizás la única- esperanza de la humanidad.

Referencias

2. Hay un enorme y creciente volumen de literatura sobre globalización, demasiado grande para mencionarlo aquí. Resúmenes de ella pueden encontrarse, entre otros lugares, en William I. Robinson, "Promoting Polyarchy: Globalization, U.S. Intervention and Hegemony" (Cambridge: Cambridge University Press, 1966); Leslie Sklair, "Sociology of the Global System" (Baltimore: John Hopkins University Press, 1991); Malcolm Waters, "Globalization" (Londres: Routeledge, 1996). Para puntos específicos de debate entre estudiosos y activistas de izquierda, ver, por ejemplo, diversas contribuciones en Ralph Miliband y Leo Panitch: "Socialist Register 1992 -New World Order?, y "1994 -Between Globalism and Nationalism" (Londres:The Merlin Press).

3. En estos términos, mi definición de globalización va más allá de la mayoría de los conceptos que consideran el proceso como cuantitativo, que entraña una aceleración en el ritmo de las interconexiones e interdependencias globales (dimensión objetiva) unido a nuestro conocimiento de tales interconexiones (dimensión subjetiva). Ver Ronald Robertson, "Globalization: Social Theory and Global Culture"(Newbury Park: Sage, 1992) para esa conceptualización cuantitativa). La definicion cualitativa planteada aquí incorpora estas dimensiones objetiva y subjetiva pero considera que el cambio cuantitativo esta dando lugar al cambio cualitativo. Mi argumento es que el sistema mundial moderno ha atravesado olas sucesivas de interconexiones globales, cada una de las cuales ha profundizado las redes de relaciones y ha destruido las autonomías, pero que la época actual es una fase cualitativamente nueva. Ver Immanuel Wallerstein, "The Modern World System"(Nueva York: Acedemic Press, 1974), y literatura sobre el sistema mundial y la dependencia en general para la idea de que, en esta concepción cuantitativa, no hay nada nuevo en la globalización como las interconexiones a escala mundial, y ver el brillante estudio de Eric Wolf "Europe and People Without History" (Berkeley: Universiy of California Press, 1982) sobre como esas redes de interconexiones han abarcado siglos, si no milenios.

4. James O'Connor, "A Red-Green Politics in the United States?", "Capitalism, Nature, Socialism, Vol.5, No.1 (marzo de 1994):1-19.

5. Sobre las estructuras sociales de acumulación, ver David M.Kotz, Terrence Mc Donough y Michael Reich, "Social Structures of Accumulation: The Political Economy of Growth and Crisis"(Cambridge: Cambridge University Press, 1994).

6. Estas ideas de una estructura social mundial de acumulación, una élite transnacional y una agenda mundial de esta élite transnacional, se analizan en detalle en Robinson, en la obra citada.Ver también William I. Robinson, "Pushing Polyarchy: the U.S.-Cuba case and the Third World," Third World Quarterly, Vol.16, No.4, 1996: pags.643-659.

7. Hasta donde conozco, el termino hiper-liberalismo lo empleo por primera vez Robert W. Cox en "Global Perestroika," Socialist Register 1992, en la obra citada.

8. Para un análisis más amplio y estudios de casos sobre el neoliberalismo, ver Hank Overbeek (ed.), "Restructuring Hegemony in the Global Political Economy: The rise of transnational neo-liberalism in the 1980s (Londres: Routledge, 1993), y Robinson, "Promoting Polyarchy", en la obra citada.

9. Sobre este punto, ver Sklair, obra citada.

10. Sobre estas fracciones transnacionales del norte, ver, entre otros importantes trabajos, Stephen Gill, "American Hegemony and the Trilateral Commission" (Cambridge: Cambridge University Press, 1990); Robert W. Cox, "Power, Production and World Order: Social Forces in the Making of History" (New York: Columbia University Press, 1987). Sobre estas fracciones del sur, ver Robinson, "Promoting Polyarchy", en la obra citada.

11. Karl Polanyi, "The Great Transformation" (New York: Rinehart and Company, 19944).

12. Sobre el capitalismo y la territorialidad, ver John Gerard Ruggie, "Territoriality and beyond: problematizing modernity in international relations," International Organization, Vol.47, No.1, Winter 1993: pags.139-174.

13. Sobre este punto, ver, por ejemplo, David C. Ranney, "The Evolving Supra-National Policy Arena" (Chicago: University of Illinois de Chicago, Centro de Desarrollo Económico Urbano, 1993).

14. Sobre este punto, ver, por ejemplo, Stephen Gill y David Law, "Global Hegemony and the Structural Power of Capital," International Studies Qarterly, Vol.33, No.4, diciembre de 1989, pags. 475-499.

15. Ver, por ejemplo, Michael Tanzer, "Globalizing the Economy," Monthely review, Vol.47, No.4, septiembre de 1996, pags.1-15; Samir Amin, "Fifty Years is Enough!," Monthly Review, Vol.46, No.11, abril de 1996, pags.8-50.

16. Estas opiniones son generalizadas. Ver, por ejemplo, Harry Magdoff, "Globalization -To What End?", en el Socialist Register 1992, en la obra citada; Alejandro Bendana, "Hegemonía y Nuevo Orden Mundial"( Managua: Centro de Estudios Internacionales, 1992); Robert Gilpin, "The Political Economy of International Relations" (Princetown: Princetown University Press, 1987).

17. Robert Dahl, "Polyarchy:Participation and Opposition" (New Haven: Yale University Press, 1971).

18. Los puntos de esta "tesis" se analizan en detalle en Robinson, "Promoting Polyarchy", obra citada. Ver también Barry Gills, Joel Rocamora y Richard Wilson (eds.), "Low Intensity Democracy: Political Power and the New World Order" (Boulder:Westview, 1993).

19. Estos datos de la ONU (de ECLAC y la FAO) fueron divulgados en La Jornada (Ciudad México), el 6 de octubre de 1996. Aparecieron también en "Poverty Remains Pervasive Throughout Latin America", del Chronicle of Latin American Economic Affairs, de la base de datos de America Latina, Instituto Latinoamericano, Universidad de Nuevo México, Vol.11, No.1, 4 de enero, 1996.

20. Los siguientes datos son del PNUD, Human Development 1994, Nueva York; Oxford University Press.

21. A. Sivandandan, "New Circuits of Imperialism," Race and Class, Vol.30, No.4, abril-junio 1989: pags. 1-19.

22. Buro Estadounidense del Censo, citado en la obra de Jerry S. Kloby, "Increasing Class Polarization in the United states", pags. 27-43, en Berch Berberoglu(ed.), Critical Perspectives in Sociology, Dubuque Iowa: Kendal/Hunt, 1993, segunda edición. Los datos siguientes son del Buro, citados por Kloby, a menos que se indique lo contrario.

23. Por ejemplo, ver el análisis de Sivanandan, en la obra citada y sobre el caso específico de los latinos en Estados Unidos, ver William I. Robinson, "The Global Economy and the Latino Populations in the United States: A World Systems Approach," Critical Sociology, Vol.19, No.2, 1992, pags. 29-59.

24. Para un ejemplo, ver la decadente propagación de los campos de golf y el turismo en Asia para las élites (masculinas) asiáticas analizado en la obra de Malee Traisawascichai "Chasing the little white ball," The New Internationalist, No.263, enero de 1996, pags.44-50.

25. Ver, por ejemplo, Mike Zielinski, "Armed and Dangerous: Private Police on the March," Covert Action Quarterly, No.54, Otono 1996; pags.44-50.

26. Sobre esos procesos de restructuración física y social urbanos vinculados a los procesos globalizadores, ver entre la reciente literatura de "ciudades globales" las obras de Mike Davis "City of Qartz"(London Verso, 1990), y "The Four-Gated City," Crossroads, No.5, noviembre de 1990; pags.9-15.

27. Informe del PNUD 1994.

28. Hay una muy importante literatura floreciente sobre el ambiente y la sociedad mundiales, que incluye la publicación Capitalism, Socialism, Nature. Una buena introducción es la obra de Bellamy Foster, "The Vulnerable Planet" (New York: Monthly Review, 1996) y la crítica teórica del capitalismo y el medio ambiente es la obra de Martin O'Connor(ed.), "Is Capitalism Sustainable?: Political Economy and the Politics of Ecology" (New York: The Guilford Press, 1994). No debe hacerse menos énfasis del debido en cuanto a las dimensiones raciales de los problemas ambientales, incluyendo el cambio consciente por parte de la élite transnacional de las fases más ecológicamente destructivas y peligrosas de producción global hacia el sur y/o en comunidades del Tercer Mundo en el norte. Ver, por ejemplo, el trabajo de John Foster Bellamy, "Let Them Eat Pollution: Capitalism and the World Environment," Monthly Review, ol.44, No.8, enero de 1993; pags. 10-20; y todo el numero especial de Crossroads dedicato al racismo ambiental, No.20, abril de 1992.

29. Ver "Strategy and Tactics Document" del SACP adoptado en su 9no Congreso en abril de 1996, y en particular la sección "Socialism is the Future" Build it Now", reproducido en Crossroads, No.55, octubre de 1996.

30. Sobre el Foro de Sao Paulo, ver William I. Robinson, "The Sao Paulo Forum: Is There a New Latin American Left?," Monthly Review, diciembre de 1992, Vol.44, No.7; pags.1-13; y sobre el PP21, ver "Post-NAFTA Politics: Learning from Asia," Monthly Review, Vol.46, No.2, junio de 1994; pags.12-21. RG/1-4-96.


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