LUDWIG WITTGENSTEIN - Un esbozo de su vida

T. Michael McNulty, SJ

 

El filósofo Ludwig Wittgenstein nació en el año 1889 y murió en 1951. En su vida de 62 años vió dos guerras mundiales y cambios culturales asombrosos. Su mundo natal era el Imperio Austro-Húngaro, pero para el tiempo de su muerte habían desaparecido todos los imperios del mundo, incluso él de los británicos, entre quienes vivió la última mitad de su vida.

Su familia era muy rica y de alta cultura. Entre los huéspedes alrededor de la mesa familiar se encontraba a Sigmund Freud, los compositores Johannes Brahms y Gustav Mahler, y el artista Gustav Klimt. Su padre era industrial, que estableció la industria de hierro y acero en Austria. Era un hombre bastante duro, y demandó mucho de sus hijos varones. Es posible que su personalidad explique el hecho de que tres de los cuatro hermanos Wittgenstein se suicidaron. Ludwig no cupo bien los expectativas de su padre. Era un jóven sensible, con inteligencia extraordinaria y talentos musicales, pero no tenía interés alguno en el mundo del negocio.

Estudió primero en la escuela de ingenería en Berlin, donde encontró las obras de Heinrich Hertz, y después en Mánchester en Inglaterra. Había pensado en estudiar con Ludwig Boltzmann en Viena, pero éste se suicidó antes de que Wittgenstein pudiera inscribirse en su clase. Cuando estaba en Mánchester desarrolló cierto interés por los cimientos de la mathemática. Viajó a Cambridge para consultar con Bertrand Russell. Preguntó a Russell si debía seguir explorando la lógica o no. Le dijo a Russell que no quería continuar con la lógica si no tuviera talento suficiente para hacer un trabajo verdaderamente excelente. Había sido influido por Otto Weininger, que dijo que ser genio era un cargo duro, y era el deber del genio de llegar a ser excelente. Russell lo hizo escribir algunas páginas, que luego leyó. Su reacción fue entusiasta: "ˇDe ningún modo debe usted volver a Mánchester!"

Wittgenstein tuvo muchas discusiones largas con Russell durante los tres años siguientes, y Russell llegó a darse cuenta de que él mismo no iba a contribuir con nada de importancia al avance de la lógica. Tal vez Wittgenstein llevaría a cabo su proyecto.

Wittgenstein era un hombre de gran integridad y honradez. No toleraba el fingimiento ni lo superficial. Por eso era un amigo bastante difícil y exigente. Pero era también leal y afectuoso. Antes de la primera guerra mundial, no carecía de dinero, y era generoso con sus amigos, sin hacerlos sentir mal. Era también un hombre bien conservador. Su sensibilidad en la música, por ejemplo, no extendió más allá de Brahms. Su gusto literario también era particular. No le gustaba Shakespeare, pero para él Dickens era un maestro sin par.

Es asombroso que al estallar la primera guerra mundial, se alistara en el ejército Austro-Húngaro como soldado raso y tratara de conseguir un puesto en medio del combate. Lo miró como oportunidad de probar su propio carácter.

Durante la guerra a parecer Wittgenstein tuvo algunas experiencias que impactaron profundamente su carácter, de una manera no bien conocida. Se relacionaba con dificultad con sus compañeros, porque ellos eran por lo general hombres de clase inferior, sin educación ni buena crianza. Ellos no entendieron nada del mundo en que Wittgenstein había crecido, y se burlaban de él y lo trataban con desprecio. Más tarde, cuando llegó a ser oficial, la situación se hizo aún más difícil. Tenía pocos amigos, y no había nadie con quien pudiera compartir sus pensamientos más íntimos. Su vida era bastante desamparada.

No sabemos mucho de los detalles de su vida emocional y espiritual durante ese tiempo. Solía apuntar sus pensamientos en cuadernos, a veces empleando una clave sencilla que aprendió como niño, pero parece que los destruyó después de la guerra, salvo algunos de los años 1914-1916. En estos encontramos pensamientos técnicos sobre la lógica entremezclados con otros sobre Dios, la ética, y el significado de la vida. Lo claro es que cambió de fundamento su punto de vista alrededor de su propia vida.

Una vez, cuando se halló en un pueblecito polaco, visitó una librería, en que encontró un solo libro, El Evangelio en Breve de Leon Tolstoy. Compró el libro y siempre después durante la guerra lo guardaba con él. Llegó a ser conocido como "el hombre con el evangelio." Parece que experimentó un despertar religioso (o por lo menos espiritual) que influyó todos sus pensamientos siguientes.

Durante la guerra siguió escribiendo un libro de filosofía, que conocemos ahora como Tractatus Logico-Philosophicus. Durante la guerra la estructura del libro se cambió, reflejando el impacto de las experiencias del autor. Parece que era un buen soldado, valiente hasta recibir una decoración. Pero fue capturado por los Italianos en las semanas finales de la guerra, y pasó casi dos años en un campamento de prisioneros en Italia. Durante este tiempo resumió su contacto con Bertrand Russell, escribiéndole sobre su libro. Al fin logró mandar el manuscrito a Russell, que lo leyó pero no lo entendió. Esto molestó mucho a Wittgenstein, porque creyó que había resuelto todos los problemas de la filosofía en su libro, incluso los que lo preocupaban a Russell. Existe todavía la correspondencia de aquel tiempo entre los dos, y se puede ver claramente la molestia de Wittgenstein a causa de la necesidad de explicarle a Russell lo que quiso decir sobre este o ese punto de la lógica. Pero Wittgenstein dependió también de la ayuda de Russell para publicar el libro. Russell hubo de escribir una introducción; por eso para Wittgenstein valió la pena explicar claramente el punto de su obra.

Después de que fue liberado del campamento de prisioneros, Wittgenstein trató sin éxito de publicar su libro. No quería permitir ningún cambio en el texto para hacerlo más fácil de leer. Por eso, los editores no podían ver cómo fueran a recobrar sus gastos de producción. Esto sólo sería posible si se pudiera vender el libro en cantidades suficientes, y en todo caso no era probable que el libro fuera popular.

Regresó a Viena para visitar a su familia, a fin de renunciar a su herencia. Después de la guerra era tal vez el hombre más rico de toda Europa, teniendo una fortuna de más de $300 milliones. Renunció ésta a favor de sus hermanas, de tal manera que fuera imposible que lo recuperara. Su contador describió su acción como "suicidio financiero." Pero insistió, porque quería vivir libre de cargos mundanos lo más posible. Siempre después en su vida padeció escasez de dinero, pero nunca aceptó nada de su familia. Cuando recibió ayuda de sus amigos, era siempre algo de la iniciativa de ellos. Nunca pidió nada que no ganó de una manera u otra.

La guerra lo cambió mucho. Sufrió dificultades mentales, y experimentó a veces una depresión seria. Los problemas con la publicación de su libro agravaron sus pensamientos sombríos, pero al fin fue publicado, simultaniemente en Inglaterra y Alemania. La introducción por Russell fue publicado en Alemania así como parte de la traducción en inglés, no obstante las dudas de Wittgenstein. Este escribió a Russell acerca de su introducción, "En la traducción alemana toda la elegancia de tu estilo inglés está perdida, y lo que queda es la superficialidad y el malentendimiento. No puedo aguantar hacerlo imprimir con mi libro."

En el Tractatus reclamó que hubiera resuelto todos los problemas de la filosofía. Entonces fue necesario hacer algo diferente con su vida. Decidió a llegar a ser maestro en la escuela primaria de Austria, que en aquel tiempo estaba reformandose fuertamente. Fue necesario que se educara para esta carrera nueva. Por eso se inscribió en un instituto de maestría en Viena, donde estudió las técnicas de los nuevos modos de enseñanza del movimiento de reforma. Después de su calificación consigió un puesto en una escuela rural, donde había de enseñar la primaria.

Encontró la vida de un maestro de primaria rural bastante difícil. La gente del pueblecito donde estaba no valoraba mucho la educación, y sus horizontes eran muy limitados. El era un maestro exigente, usando el castigo de una manera que hoy parecería inaceptable. Pero animaba a sus alumnos más inteligentes que continuaran su educación. Esto produjo algunos conflictos con los padres de los estudiantes, quienes querían que sus hijos llegaran a ser campesinos como ellos.

Las dificultades que Wittgenstein experimentó con los padres de sus estudiantes no lo detuvieron de volver tres años más a enseñar en las escuelas rurales de Austria. Y siempre encontró a jóvenes que querían aprender más que el mínimo. A la vez escribió un diccionario de lexicografía para las escuelas primarias, una obra que tuvo un efecto muy beneficioso. Es interesante que este diccionario sea uno de sólo tres escritos publicados durante su vida.

En el año 1926 se despidió de la profesion de maestro de primaria. Había un incidente de algún tipo desconocido, tal vez alrededor de su práctica de disciplina corporal, que fijara su salida. Se especula que involucrara una mentira. Había una investigación y un proceso legal, y Wittgenstein fue declarado como libre de culpabilidad. Pero fue humillado por razón de tener que sumirse al proceso. De todos modos se sentía culpable por muchos años después.

En el verano de 1926 regresó a Viena y restableció relaciones amables con sus familiares, con quienes no había tenido mucho contacto desde 1913, cuando murió su padre. Porque ya no tenía una profesión propia, entró en un arreglo con un amigo que conoció durante la guerra, el arquitecto Paul Engelmann. Lo ayudaría con el diseño y construcción de una casa para su hermana Margarethe, que se había casado con el inglés Thomas Stoneborough. Wittgenstein y Engelmann eran amigos muy íntimos—Engelmann era uno entre poca gente que entendió lo importante de lo que Wittgenstein había escrito en el Tractatus. En una carta a Ludwig von Ficker, Wittgenstein le escribió que su libro se dividía en dos partes: lo escrito, y todo lo que no había escrito, que quedaba sin expresión. Esto, dijo Wittgenstein, era la parte importante.

Poco a poco Wittgenstein tomó cargo del proyecto, hasta que llegó a ser jefe. Esto no lo causó a Engelmann ningún problema. Se conformó totalmente con todas las decisiones de diseño que Wittgenstein hizo. Este era exigente que todos los detalles se llevaran a cabo con cuidado y exactitud. Los diseños de las aldabas y cerraduras eran tan importantes como los de los rasgos estructurales de la casa. El resultado era una casa distinta de diseño, sin adorno alguno. Es irónico que después de la segunda guerra mundial la casa fuera mal usada por los Rusos, que ocuparon Viena hasta 1955 (lo usaron como caballeriza), y que ahora, muy modificada, sea una parte de la embajada búlgara.

Durante este período resumió otra vez sus contactos con el mundo de la filosofía. En aquel tiempo, Moritz Schlick, catedrático de filosofía en la Universidad de Viena, pretendió ser presentado a Wittgenstein. Schlick había leído el Tractatus, y lo había impresionado mucho. El había reunido alrededor de sí algunos estudiantes universitarios que tenían intereses semejantes, y que más tarde formaron el círculo de Viena. Entre ellos eran Rudolph Carnap, Friedrich Waismann, y Herbert Feigl. Al fin, por medio de la ayuda de su hermana Margarethe, Wittgenstein y Schlick se encontraron.

Cuando era maestro, Wittgenstein fue visitado en su pueblo por Frank Ramsey, un jóven brillante de Cambridge, a fin de que conversaran sobre el Tractatus. Es interesante que aunque Wittgenstein nunca quería explicarle sus pensamientos a Russell, acogiera a Ramsey cordialmente y pasara mucho tiempo con él discutiendo su libro. Ramsey tenía muchas preguntas y muchas críticas, y él conoció bien el libro, habiendo colaborado con la traducción. El escribió una reseña crítica del Tractatus en el periódico Mind en 1923, cuando había cumplido apenas 19 años. Su revista queda una introducción excelente a dicho libro. Murió tragicamente en 1930, habiendo cumplido sólo 26 años.

Durante los años 1925-28 Wittgenstein se quedó en Viena, salvo una visita breve a Inglaterra en 1925. Tenía muchas discusiones con Schlick y sus colaboradores, a veces sobre la filosofía, a veces sobre la poesía. Parecía siempre más claro que los pensamientos de Wittgenstein y los de los demás miembros del grupo no se acoplaban. Ellos habían pasado por alto el elemento místico de sus escritos. Por eso, habían creído que sus actitudes acerca de la metafísica y la religión eran hostiles, como las de ellos. Era una equivocación grande.

Durante aquellos años Wittgenstein llegó a creer que podía hacer otra vez buen trabajo en la filosofía. En 1929 regresó a Cambridge, pensando en conseguir una beca de Trinity College. Pero necesitó ser doctor; pudo consiguir su grado por medio de contar su residencia estudiantil anterior y someter el Tractatus como tésis. Era cómico que un filósofo de gran reputación como Wittgenstein tuviera que someterse a exámenes. Los profesores fueron G. E. Moore (con entusiasmo) y Bertrand Russell (de mala gana). Claro que salió bien. Al salir de la sala de exámenes Wittgenstein los palmeó y les dijo, "No se preocupen. Sé que nunca van a entenderlo."

Inmediatamente después del examen, Wittgenstein pidió una beca de Trinity. Su proyecto fue recomendado por Russell y Moore, y los gobernadores estuvieron de acuerdo. Así comenzó una carrera académica en Cambridge que duró más o menos 17 años. Durante estos años tuvo lugar una revolución en la filosofía, que cambió para siempre la cara del sujeto.

La revolución no era fácil. Empezó con algunos pasos tentativos y hasta equivocados. Al principio Wittgenstein trató de desarrollar los pensamientos del Tractatus, en parte de responder a las críticas de Frank Ramsey. Escribió un discurso titulado "Algunas observaciones sobre la forma lógica," pero no lo satisfizo, y lo repudió antes de presentarlo. Sin embargo fue publicado en Proceedings of the Aristotelian Society. Fue la última obra publicada en su vida.

Durante los años 1930-35 el punto de vista de Wittgenstein sobre los métodos y resultados de la filosofía evolucionó, hasta que al final de este tiempo había llegado en un modo de pensar que se distinguió fuertamente de lo que caracterizó su técnica de plantear problemas en el Tractatus. Como dije antes, los primeros pasos fueron difíciles. Parece que en Octubre de 1930, cuando estaba trabajando con mucho esfuerzo sobre el problema del conocimiento, le cayó en la mente la idea de que no era posible hablar de la experiencia excepto por medio de un idioma público; o sea, el lenguaje de la experiencia se aprendió por medio de la misma enseñanza por medio de que se aprendieron las palabras del mundo de cada día: el mundo de mesas, sillas, animales, casas, etc. Puede ser que la experiencia sea privada, pero toda la gente puede entender el idioma con que se describe. Por eso, las palabras no pueden refirirse a ningun objeto privado, o no podríamos entenderlas.

Esta revelación lo causó a criticar el método de su libro previo. Llegó a ver muchos de sus pensamientos anteriores como equivocaciones típicas de lo que describía como la enfermedad de la filosofía. El propósito de la filosofía quedaba lo mismo—el resolver de las confusiones—pero la técnica había cambiado a fondo. Por contraste con el Tractatus, ahora rechazó la pretención que hubiera una forma general de la proposición. El idioma tomaba varias formas, de hecho innumerables, y los usos del idioma eran no menos complicados que los tipos de comportamiento humano.

En aquel período Wittgenstein escribió dos manuscritos grandes, que ahora han sido publicados con los títulos Philosophische Bemerkungen (Observaciones filosóficas) y Philosophische Grammatik (Gramática filosófica). Aquel era el trabajo que había escrito cumpliendo con las obligaciones de su beca. Para renovarla, tuvo que someterlo al College. Fue evaluado por Bertrand Russell como "muy importante." Pero Russell dijo además que no sabía si fuera verdad. Expresó la esperanza de que no, porque como le parecía a él, si fuera verdad, tuviera consequencias muy malas para la filosofía. Ya en aquel tiempo comenzó un alejamiento intelectual entre los dos, que en otro tiempo eran colaboradores y amigos.

En el año 1934 aparecieron dos manuscritos en inglés, reproducidos por máquina y encuadernados con envolturas de azul y café, que circularon entre los estudiantes de Wittgenstein. Se llamaban The Blue and Brown Books (El libro azul y el libro marrón). Wittgenstein envió copias de ambos cuadernos a Russell, diciendo que no sabía si le tuvieran interés alguno, pero si no, no importaría. En estos cuadernos fueron disparados los primeros tiros verdaderos de la revolución.

Comenzando en el año 1930, Wittgenstein ofreció conferencias de filosofía en la Universidad Cambridge. Al principio tuvieron lugar en una sala grande, pero casi inmediatamente el sitio se cambió a los cuartos de un amigo de Wittgenstein, y siempre después las conferencias así como las discusiones que las acompañaban tenían lugar o en aquellos cuartos o en los de él mismo.

Típicamente 15 hasta 20 personas estaban reunidas, incluso alumnos, uno u otro profesor, y unos estudiantes de investigación extranjeros. Había poco mueblaje en el cuarto—sillas sencillas, un sillón (ocupado siempre por G. E. Moore, a quien sólo le era permitido fumar), una mesita cubierta de papeles. Wittgenstein habló sin apuntes, pero sus presentaciones estaban siempre bien preparadas. Andaba alrededor del cuarto con viveza, gesticulando fuertamente, a veces parando de repente en silencio, al paracer luchando para esclarecer su pensamiento. De vez en cuando se sentaba unos minutos en silencio, fijando la vista en la mano, o murmurando "ˇQué estúpido soy yo!" Muchas veces pedía ayuda de su auditorio. Un estudiante dijo una vez después de una conferencia, "Nunca antes he visto pensar a una persona."

Dijo de su método de enseñanza, "Cuando les enseño la filosofía, puedo ser comparado a un guía que está mostrandoles como hallar su paso alrededor de Londres. Tengo que conducirlos del norte al sur, del oriente al poniente.... Después de que los había conducido muchas veces por la ciudad, por varios rumbos, habríamos pasado por alguna calle específica un sinnúmero de veces, cada vez como parte de un paso diferente. Al fin y al cabo van a conocer Londres." Y describió la situación de la filosofía como si hubiera un hombre en un cuarto, frente a una pared en que varias puertas falsas están pintadas. Porque quiere salir, trata de abrirlas, pero se ve que eso no sirve. Mientras tanto, aunque no se da cuenta, hay una puerta verdadera detrás de él. Necesita sólo volverse y abrirlo. Para ayudarlo a salir del cuarto, necesitamos convencerlo a mirar en otra dirección. Pero eso es difícil, porque resiste nuestros esfuerzos; cree que sabe donde está la salida.

A Wittgenstein no le gustaba la filosofía académica, y animaba a sus estudiantes que no ejercieran una carrera como filósofo. Mejor que hicieran un trabajo honesto, como médico o plomero. No obstante, quería que sigueran pensando en las preguntas importantes de la filosofía. Para él estas preguntas eran una pasión que lo obsesionaba y no lo permitía dejarlas. Odiaba también Cambridge, que le parecía corrupta y superficial. En general, su actitud hacia el mundo moderno era pesimista. Percibío de todos lados la decepción, la inautenticidad y la violencia, mientras que valoraba la honradez, la lealtad, y la amistad. Se sentía extranjero de otro mundo, y era siempre infelíz.

Se le acabó a Wittgenstein la beca de Trinity College en el año 1935, y pensó en poner casa en la Unión Soviética. Visitó el país con un amigo y le gustó lo que halló. Pero no pudo conseguir permiso de imigrar, porque no tenía ninguna profesión útil; por eso los rusos no querían aceptarlo. Por lo tanto, se quedó en Cambridge el año de escuela 1935-36. Al cabo de este tiempo pasó el año siguente en su casita en Noruega, que había construido en un lugar aislado en la costa de dicho país antes de la primera guerra mundial. Allí finalizó lo que ahora constituye los primeros 188 párrafos de Philosophische Untersuchungen (Investigaciones filosóficas). Tenía la capacidad de tolerar períodos largos de soledad, y ese tiempo fue muy fructuoso para su trabajo.

En 1937 regresó a Cambridge, y en 1939 aceptó la cátedra de las ciencias morales de la Universidad, que G. E. Moore había ocupado antes que él. Como pasó esto es una historia interesante. En 1938 sucedió el Anschluß, la unión forzada entre Austria y Alemania, creando Alemania Mayor. Por eso, Wittgenstein estaba para perder su pasaporte austraico. Habría sido ciudadano de Alemania si no hubiera llegado a ser súbdito británico. Pero había en aquel tiempo muchos refugiados austraicos que querían entrar Inglaterra, y dicho país no estaba aceptándolos. Wittgenstein no quería ser alemán. Le parecía que tendría mejor posibilidad de éxito en ganar ciudadanía británica si tuviera un puesto universitario. Por lo tanto, cuando se ofreció la cátedra, la aceptó de inmediato. Habría sido imposible que el gobierno británico hubiera rechazado al profesor de las ciencias morales de la Universidad Cambridge. Así era casi por casualidad que Wittgenstein se quedara en Cambridge. Si no, la historia de la filosofía en el siglo 20 habría sido muy diferente.

Antes de que asumiera su puesto, estalló la segunda guerra mundial. Wittgenstein no podía soportar quedarse en Cambridge, con su atmósfera de irrealidad y esterilidad, mientras que la nación estaba luchando por su sobrevivencia. Se ausentó de la Universidad y se puso a trabajar como asistente de hospital en Guys Hospital en Londres durante el Blitz, y después como asistente de investigaciones en Newcastle. En Newcastle, inventó algunas inovaciones técnicas que se mostraron útiles. De vez en cuando había pensado en ser médico, y valió mucho el trabajo que hacía, el que le dió mucha satisfacción. Hizo algunos amigos en Guys, con quienes mantenía correspondencia hasta que murió.

Después de dos años de ausencia, tuvo que regresar a Cambridge, donde se quedó hasta los mediados de 1947.

Wittgenstein renunció su puesto como catedrático de las ciencias morales en la Universidad de Cambridge a fines del año 1947. Sus últimas conferencias fueron dadas en la primavera de aquel año, y después tuvo un período de licencia hasta que terminara el año. Se le había hecho más y más claro que su influencia no les caía bien a sus estudiantes. Había crecido entre ellos un espíritu partidario que no permitía el desarrollo de mentes abiertas, y ocasionaban a veces una jerigonza sin que entendieran bien lo que estaban diciendo. Su personalidad era tan fuerte que era inevitable que algo de este tipo pasara, pero le daba mucha pena.

Había ahorrado suficiente dinero que podía vivir sencillamente por algunos años sin que necesitara ingresos. Viajó a Irlanda donde vivía un amigo íntimo y su estudiante anterior, el médico M. O'C. Drury. Drury era psiquiatra, jefe de una clínica en Dublin. Arregló que Wittgenstein alquilara una casita en el oeste del país, en la costa más aislada. En este atmósfera de soledad trató de trabajar, y produjo con mucha dificultad la que conocemos ahora como la segunda parte de las Philosophische Untersuchungen (Investigaciones filosóficas). Su salud estaba empeorando en aquel tiempo, y algunas veces necesitó cambiar su domicilio. Cuando vivió en la costa, hubo una historia de que podía amansar las aves, dandoles de comer de su propia mano.

Tenía mucho interés en el trabajo de Drury, y fue impresionado por la manera de que éste trataba los pacientes. Dijo una vez que no podía imaginar nada más horible como que si álguien tratara como normal las delusiones de un paciente.

En 1949 visitó a Norman Malcolm en Ithica, NY, en la Universidad de Cornell. Cuando estaba allá conoció a Oets Bouwsma, Max Black, y otros importantes filósofos norteamericanos. Cuando regresó a Inglaterra, se discubrió que sufría de cáncer del estómago. En el año 1950 vivió con amigos en Cambridge y Oxford, y no podía hacer mucho trabajo. A los fines del año 1950 visitó otra vez su casita en Noruega, y contempló quedarse allá permanentamente. Pero su salud seguía empeorando, y tuvo que abandonar sus planes y regresar a Cambridge. Se hizo claro que estaba a punto de morir, y fue invitado por su médico a quedarse con él y su familia. En los últimos dos meses de su vida se puso otra vez a trabajar, y produjo pensamientos sobre la certidumbre comparables a los mejores de su vida. Seguía trabajando hasta dos días antes de que muriese. Murió el 29 de abril de 1951, habiendo cumplido 62 años. Antes de que perdiera el conocimiento, dijo a sus amigos reunidos alrededor de su cama, "Diganles que he tenido una vida maravillosa."

Wittgenstein no era un hombre religioso en el sentido ordinario, pero tenía una fuerte sensibilidad religiosa. Después de una discusión entre sus amigos, fue sepultado según los ritos de la iglesia católica. No obstante, siempre después ellos se preguntaban si hubieron hecho lo correcto.

Su libro, Philosophische Untersuchungen (Investigaciones filosóficas) fue publicado póstumamente en 1953, y es entre los libros filosóficos más influyentes del siglo.

 

Fuentes:

Monk, Ray. Ludwig Wittgenstein: The Duty of Genius. New York: The Free Press, 1990.

Von Wright, G. H. "Ludwig Wittgenstein: A Biographical Sketch," in Norman Malcolm, Ludwig Wittgenstein: A Memoir. Oxford: Oxford Universiy Press, 1958.