7.-LA ESTRUCTURA MEDIAL DEL LOGOS 

En la intelección dual, el campo de realidad no es "visto" como tal, sino que funciona como medio en el cual se mueve la intelección diferencial, esto es, el campo determina como medio abierto el paso del "sería" al "es" de la intelección afirmativa. La dualidad del logos es aquí medialidad, y el medio es lo que posibilita el discernir entre los diversos "sería" aquel que más se acerca al "es" de lo que la cosa real es "en realidad". El campo es ahora medio de discernimiento. Esto es lo que Zubiri tratará en la tercera sección del segundo volumen sobre la inteligencia, y lo hará en dos partes. Primeramente abordará el tema de la determinación del logos en sí misma y, en segundo lugar, precisará cual es el carácter del logos en cuanto determinado, esto es, el tema de logos y verdad.

 

7.1.- La determinación del logos en sí misma

Es el tema del Capítulo VI de Inteligencia y Logos que se divide en cuatro parágrafos:

1.- Qué es la determinación: la evidencia.

2.- Caracteres intrínsecos de la evidencia.

3.- Algunas ideas falsas sobre la evidencia.

4.- Intuicionismo y racionalismo: aprehensión primordial y evidencia.

Nuestro trabajo pretende ceñirse a la estructura del acto intelectivo tal y como Zubiri lo analiza, prescindiendo de sus relaciones con otras ideas sobre la intelección, por eso nos centraremos para nuestro análisis en los dos primeros parágrafos de éste capítulo. El parágrafo tercero que se ocupa de algunas ideas falsas sobre la evidencia está dedicado por Zubiri a retomar las posiciones que sobre la evidencia tienen Descartes y Husserl, el iniciador y el culminador de la filosofía moderna respectívamente. En Descartes la evidencia radica en el cogito ergo sum, en Husserl está en lo que podría llamarse la plenitud intencional. Zubiri va a retrotraer el esse del sum cartesiano al noérgico "estar" de lo real, y va a retrotraer también la impleción intencional husserliana a la exigencia noérgica que la posibilita. No entraremos en esa discusión.

Por su parte, el parágrafo cuarto que lleva por título Aprehensión primordial y evidencia, consiste en retomar la ya vieja discusión entre lo que se ha llamado racionalismo frente a lo que se ha llamado intuicionismo. En este parágrafo Zubiri lleva al racionalismo a su momento de evidencia y al intuicionismo a la aprehensión primordial. Así, reducidos a su origen tanto el racionalismo como el intuicionismo, Zubiri replantea la cuestión a partir de la articulación entre aprehensión primordial de realidad y evidencia. Tampoco entraremos en esta cuestión.

Vamos pues, a los dos primeros parágrafos que se ocupan de la evidencia y de sus caracteres esenciales. Expondremos muy brevemente las líneas fundamentales del pensamiento de Zubiri para explicitar a continuación su estructura tempórea.

7.2.-La evidencia

Parte Zubiri de la estructura cíclica del movimiento del logos: en la fase de impelencia quedamos distanciados de la cosa real primoridalmente aprehendida, pero sólo para poder aproximarnos a ella en la intención afirmativa, para verla mejor, dice Zubiri Esta distanciación aproximante se efectúa en la distancia misma que media entre la cosa individual y el campo de realidad abierto desde ella misma. Dicho intelectivamente, se trata del campo mismo pero como momento campal originado desde el momento individual de la aprehensión primordial: es el "entre" en actualidad dual. En este punto Zubiri conceptúa a la distancia campal en actualidad intelectiva como oquedad:

"En su virtud, esta actualización de una cosa real tiene como momento formal suyo lo que pudiéramos llamar una interna "oquedad". El desdoblamiento entre lo individual y lo campal de la cosa real actualizada, constituye en esta actualización un hiato o una oquedad entre lo que ella es "como realidad" y lo que ella es "en realidad". (IL 212-213)

Se trata de una oquedad en la actualización misma justo como re-actualización. Por ella somos llevados en impelencia hacia las simples aprehensiones y en ella, colmándola, somos atraídos hacia la cosa real. El mismo movimiento intelectivo dota a la oquedad de precisa estructura.

La estructura de la oquedad consiste en ser, antes que nada, retinente: en ella estamos en la realidad retenidos. Pero esa retención no es en modo alguno estática, sino que es retinencia en movimiento. A ese movimiento intelectivo y retinente Zubiri lo conceptúa como "agere", consiste en estar agitados. De aquí que ese "agere", por ser, como toda intelección, co-actualidad, es también co-agere, y de aquí cogitar. Este cogitar implica un "para":

")Para qué? Para inteligir lo que la cosa es en realidad". (IL 215)

Zubiri conceptúa el primer momento estructural de la oquedad como retinencia en "agere". Para nosotros es importante notar que esa retinencia en agere posee un también intrínseco momento de "para". Este "para" estaría inscrito en la funcionalidad propia del campo.

Ahora bien, esa retinencia en agere, con su "para" incluído, proviene de la realidad de la cosa primordialmente aprehendida, y proviene de modo intrínseco. A ese provenir-de Zubiri lo conceptúa como un "ex". El "ex" apunta al momento de impelencia que, propiamente podría llamarse mejor, movimiento de ex-pelencia. Pero precisamente por ser un "ex" retinente nos mantiene moviéndonos en su interior. Ahora ese movimiento, ese "agere" en interioridad del "ex" tiene un sentido más preciso: es exigencia. La oquedad será, pues, ámbito exigencial. La exigencia no será sino la misma fuerza impositiva propia de la realidad campal sentida. Por eso la exigencia se fundará también en el "hacia". La exigencia apunta, pues, a lo aprehendido primordialmente pero "para" inteligirlo "en realidad", y llevado por la misma realidad. La exigencia no es sino el "para" mismo de la expelencia.

El "ex" apunta, pues, a la unidad de los dos momentos de la intelección dual, a la unidad entre el "sería" de las simples aprehensiones y el "en realidad" que es en intención afirmativa. Es unidad de realización. La realización consiste en ser intelección exigencial. De la variabilidad de las simples aprehensiones unas quedan admitidas y otras no. El admitir o no admitir estará en función de lo que va a juzgarse, pues bien, es por y en la exigencia misma que unas determinadas simples aprehensiones queden descartadas y otras queden admitidas. La realización de las simples aprehensiones está, pues, exigencialmente determinada por la cosa real.

Es justamente a esa determinación que Zubiri va a conceptuar como evidencia. Evidencia es visión en "ex". Aquí visión no significa sino aprehensión. La visión no es sino un modo de aprehensión. Con esto llegamos a la conceptuación que Zubiri hace de la evidencia. Evidencia es aprehensión en "ex", es aprehensión dual. Así, la aprehensión primordial de realidad no consiste en ser evidencia. Dice Zubiri que esa primordial aprehensión es mucho más que evidencia porque en ella no hemos salido de la cosa, estamos "en" ella, en cambio la evidencia supone la salida de la cosa al campo abierto por ella misma. Así, la evidencia es sólo determinación de intelección dual y, por tanto, pertenece solamente a los juicios, a la intelección afirmativa. La evidencia es determinación de afirmación y momento esencial de todo juicio. La evidencia no es, pues, visión, sino exigencia de visión.

Ahora bien, la evidencia es ciertamente exigencial, pero por serlo en reactualización, está inscrita en ámbito de libertad. La evidencia sólo es posible en liberación, y así, como exigencia se mueve libremente, sea en la construcción de las simples aprehensiones, sea en su elección en cuanto al "desde donde va a juzgarse, sea por elección de la trayectoria del juzgar mismo.

Cada realidad primordialmente aprehendida tiene su forma y modo de exigencia según su forma y modo de realidad. No hay, pues un canon universal de evidencia. La evidencia, justo por ser "ex", depende de la realidad que la origina.

7.2.1.-Caracteres intrínsecos de la evidencia

Zubiri atribuye a la evidencia cuatro caracteres intrínsecos que exponemos muy sintéticamente.

En primer lugar la evidencia no es algo inmediatamente dado sino algo mediatamente logrado. La mediatización se funda en que la intelección es siempre campal, y se trata de algo logrado porque se realiza en ámbito de libertad.

En segundo lugar la evidencia es formalmente dinámica. El dinamismo de la evidencia está fundado en el dinamismo de la misma realidad aprehendida: es dinamismo noérgico.

En tercer lugar la evidencia es constituyente. En ella se constituye la unidad de la intelección diferencial precisamente en tanto que unidad, y esa constitución tiene carácter de necesidad: es necesitante. El ser necesitante concierne a la estructura misma de la evidencia. Se trata de la necesidad con que una cosa real actualizada mediatamente determina mi afirmación de ella.

En cuarto lugar la evidencia posee el carácter de exactitud. La exactitud es el carácter de la evidencia según el cual ésta se delimita rigurosamente a su propia realidad. Exactitud es, en este sentido, limitación. No tiene sentido atribuir exactitud a la aprehensión primordial de realidad. El "ex" de la exactitud no es sino el "ex" de la exigencia misma. Así, la exactitud viene exigida por el modo y la forma de la cosa real primordialmente aprehendida. Tampoco hay, pues, canon de exactitud universal.

7.2.2.-Evidencia y temporeidad

La evidencia se sitúa en el ámbito tempóreo de la reactualización campal cuya estructura conocemos ya y que hemos expresado como "YA-es-aún, es decir, una estructura tempórea dominada desde su momento de anterioridad "YA". A este modo de presencia con dominio de la anterioridad lo hemos conceptuado como "estar ausente". Pues bien, veamos brevemente cómo la conceptuación que hace Zubiri de la evidencia se amolda a ese "estar ausente".

La reactualización campal empieza por distanciarnos de la cosa real individualmente aprehendida. Esa distanciación, lo hemos visto, lo es en dirección de algo previamente aprehendido. Tempóreamente se ha abierto aquí efectivamente la dirección del "YA" y se ha instituído su dominio respecto de la presencia aunque sólo en reactualización, porque la presencia estricta de la aprehensión primordial no desaparece nunca por ser el fundamento mismo de toda intelección. La distancia permite, por desrealización, la creación de las llamadas simples aprehensiones. Elaboradas éstas, y en un segundo momento nos aproximamos de nuevo a la cosa real individual para inteligir, en función de las simples aprehensiones, lo que la cosa real es "en realidad". Esa distanciación aproximante sólo es posible en el campo de realidad considerándola como acto intelectivo. Pues bien, ahora Zubiri conceptúa ese ámbito como oquedad. La oquedad implica un momento negativo, una especie de vacío que permita el movimiento en libertad del logos. Así dice Zubiri que la intelección dual se mantiene siempre en esa oquedad y, en todo caso, al colmarse la oquedad por la intención afirmativa, podrá hablarse de una oquedad colmada, pero oquedad. Esa negatividad intrínseca a la oquedad no es otra que la que correspone a la negatividad de la ausencia propia de la reactualización campal. Se trata de una negatividad sostenida por y en el fundamental momento de presencia: el "estar" noérgico de la primordial actualización que se abre, como dice Zubiri, "en expansión presencial".

En el movimiento aproximativo, lo notamos expresamente, hay un "para". Ese "para" apunta, tempóreamente hablando, a la estricta presencia de lo primordialmente aprehendido, pero nunca llega a confundirse con ella porque queda siempre mediatizado por su intrínseca ausencia. Es la estructura del logos que nunca puede suplir a la aprehensión primordial y que siempre se queda en su mediación aún en la más fuerte afirmación de lo que la cosa real es "en realidad". No obstante el "para" expresa la exigencia que tiene el movimiento intelectivo en dualidad de realizarse como afirmación en dirección de lo real. La exigencia es así fuerza de realidad en actualidad dual. Esa fuerza proviene, en última instancia, de lo real primordialmente aprehendido que, desde su forma y modo de realidad impondrá su exigencia de intelección campal. Pues bien, a esa exigencia de realización situada en la misma cosa real corresponde tempóreamente el "aún" de la estructura tempórea de la reactualización. El "aún" expresa tempóreamente la apertura de la temporeidad de la reactualización campal en dirección y sobre su momento terminal: la estricta presencia de la cosa real primordialmente aprehendida. El "aún" pertenece a la oquedad, pero ya vertida sobre la plenitud de la presencia. El dominio del "YA" alcanza al "aún", por eso el "aún no puede sustituir nunca a la estricta presencia de donde ha surgido y a donde vuelve.

La evidencia es la determinación exigencial de la realización de las simples aprehensiones en la intelección afirmativa. La evidencia es propiamente ex-videncia, o todavía mejor: ex-aprehensión. Pues bien, la estructura de ese "ex" no es otra que la del "ex" de la ex-pelencia distanciante y de la ex-igencia de realización en reversión. El movimiento intelectivo dual, el agere, tiene lugar libremente en el ámbito del "ex". De este modo, a esos tres momentos del "ex" corresponden sus tres momentos tempóreos "YA-es-aún". Al "YA" corresponde el momento primario de expelencia, al "es" corresponde el agere que siempre tiene forma gerundiva: afirmar llegando, llegar afirmando, etc., y al "aún" corresponde el momento propiamente exigencial, el de realización en cuanto exigida. Su esquema puede ser el siguiente: YA------------es-------------aún

Expelencia

co-agitare

exigencia

ya----------------------------ES------------aún

EX-VIDENCIA estricta

presencia

La evidencia posee caracteres intrínsecos que quedan también enmarcados en esta estructura tempórea dominada por la anterioridad.

Primeramente, dice Zubiri, la evidencia no es lo inmediatamente dado, esto es, para nosotros: carece de estricta presencia. Lo que inmediatamente se está dando (no dado) es la aprehensión primordial de realidad en estricta presencia. La evidencia es, pues, sólo mediatamente lograda. La mediación implica aquí el dominio de la anterioridad tempórea: su mediación "desde". Y el logro implica el movimiento afirmativo "hacia" su propio "aún" siempre abierto y libre.

En segundo lugar la evidencia tiene carácter dinámico fundado en la dinamicidad misma de la realidad que desde su primordial aprehensión la ha expelido y que ahora le exige intelección dual. Aquí Zubiri insiste en que no se trata de la cuestión del ser sino de realidad. En su momento veremos la implicación del ser en la intelección.

La evidencia es además constituyente: va constituyendo la unidad del momento campal y del momento individual en la intelección dual. Pero la evidencia en cuanto constituyente queda siempre abierta: eso es lo que expresa su momento tempóreo de "aún", porque en cuanto se cierra como evidencia constituída no hace sino "retrasarse" respecto de la estricta presencia de lo real. En este sentido dice Zubiri:

"La evidencia constituída es siempre y sólo resultado. Por esto llega demasiado tarde. Lo primero es el dinamismo exigencial constituyente: la evidencia es formalmente evidenciación". (IL 230)

Finalmente la evidencia posee carácter de exactitud. La exactitud tempóreamente hablando corresponde también al "aún" de la intelección dual que recubre al "ES" de la estricta presencia de la aprehensión primordial. Un recubrimiento que no puede llegar a ser absoluto ni total, de la misma forma que el "en realidad" no puede nunca agotar la realidad de lo real primordialmente aprehendido.