6.-LA ESTRUCTURA DINAMICA DEL LOGOS 

Zubiri va a analizar el dinamismo del logos en el ámbito abierto por la dualidad que el mismo logos exige. La intelección campal, recordémoslo, no es ya aquella intelección compacta de lo real en la que el momento de individualidad y el momento de campalidad quedaban unitrariamente aprehendidos. Ahora se trata de analizar aquella intelección diferencial en la que lo real es inteligido en función del campo como lo que es "en realidad". Esta intelección diferencial implica la apertura de una distancia desde donde se intelige. La apertura misma tiene lugar precisamente por el movimiento de impelencia que nos lleva de la cosa individual aprehendida "hacia" el campo que ella misma abre. Ese movimiento de impelencia constituye la primera fase del despliegue distanciado. La segunda fase será el intentum y se conforma como intención intelectiva yendo del campo abierto "hacia" la cosa real individual.

Ese doble movimiento en el que quedamos siempre tensamente retenidos constituye lo que Zubiri llama el dinamismo del logos. Los próximos dos capítulos de Inteligencia y Logos van a dedicarse respectivamente al análisis de cada una de las fases en que el dinamismo de la intelección en logos consiste

Hemos visto ya el esquema tempóreo de la estructura básica del logos. Lo más relevante del esquema radica en su dualidad y en su remisión al momento de anterioridad, del "ya". Seguiremos ahora de forma muy sintética el hilo concuctor del análisis de Zubiri mostrando, como lo hemos hecho hasta ahora la estructura tempórea propia del dinamismo del logos.

 

6.1.- La distanciación.

Zubiri analiza la primera fase del movimiento intelectivo, la distanciación, en tres pasos. Explica, en primer lugar, lo que entiende por distancia. En segundo lugar explicita en qué consiste ese "tomar distancia" para acabar describiendo la estructura de lo aprehendido distanciadamente. Es el análisis de la fase de impelencia.

 

6.1.1.- La distancia.

Zubiri entiende por distancia la "unidad en el desdoblamiento" del momento individual de lo primordialmente aprehendido y de su momento campal. Se trata pues, de una unidad pero en desdoblamiento, porque ahora se intelige la cosa real pero "entre" otras y "desde" el campo. Sobre ésto precisa Zubiri tres puntos:

En primer lugar la distancia no es distacia "de" la realidad sino "en" la realidad en la que estamos instalados por y desde la aprehensión primordial.

En segundo lugar, ese campo de realidad es un momento de la cosa real misma, su momento en "más", su apertura transcendental.

En tercer lugar constata Zubiri que la distancia sólo lo es en al ámbito campal porque la intelección permanece en lo primordialmente aprehendido y es allí donde el campo se abre para ser recorrido.

Estas precisiones apuntan al reforzamiento de la unidad constitutiva de la distancia y a su fundamentación en lo primordialmente aprehendido. Seguidamente Zubiri analiza el momento del desdoblamiento que consiste en "tomar distancia".

 

6.1.2.- Tomar distancia.

Zubiri define el tomar distacia como:

"...estar llevado por la cosa misma en su formalidad de realidad individual a su momento campal diferencialmente autonomizado." (IL 84)

Hemos sido, pues, llevados por la fuerza de lo real a la autonomía de su campo. Lo que queda así distanciado es lo que la cosa individualmente aprehendida es "en realidad". De este modo lo real individual se ha transformado en punto de apoyo para el distanciamiento mismo, para el despliegue en que la distanciación consiste. Es lo que Zubiri conceptúa como retracción.

En el movimiento de retracción el "en realidad" queda suspendido y, en cierta forma, "sobre" la cosa real individual. Tanto el estar en retracción como el estar "sobre" las cosas reales, consiste siempre en mantenerse "en" la realidad abierta "en" las cosas reales primordialmente aprehendidas. Zubiri recuerda insistentemente que se trata de una modalización ulterior de la aprehensión primordial. Dice Zubiri:

"...en la retracción inteligimos "la" realidad como algo abierto a lo que las cosas puedan ser en ella. Por tanto estar en esta forma en "la" realidad, es estar liberado por lo pronto de lo que las cosas son en realidad."(IL 85)

Esa liberación a la que el movimiento de retracción nos ha llevado hace que el "en realidad" se constituya sólo en libre punto terminal desde donde se podrá ir a "la" realidad para inteligir lo que "es". Ese libre punto terminal no consiste en ser lo que la cosa real "es", sino sólo lo que la cosa real "sería". El "sería" es el "es" pero aún en libertad, o en palabras de Zubiri:

"El "sería" es el modo propio y formal como la cosa está mantenida en retracción. La realidad de lo terminal en cuanto meramente terminal es la realidad en "sería"". (IL 86)

El "sería" es real y está presente como real, pero ya no en aprehensión primordial sino en lo que Zubiri llama simple aprehensión. La simplicidad consiste en que es solamente término de aprehensión. Se trata, pues de realidad pero en "sería". La presencia de la realidad se mantiene como irrenunciable. La realidad del "sería" es el primer punto que Zubiri tiene interés en remarcar. En segundo lugar reafirma que el primer acto de la inteligencia consiste en la aprehensión primordial de realidad y que el "sería" no es sino aprehensión en retracción respecto de esa primordial aprehensión. Y por eso mismo, la realidad no será patrimonio del juicio, esto es, del logos, sino de la aprehensión primordial. El logos sólo es momento ulterior de intelección.

6.1.3.- Distancia y temporeidad

Al tratar de la estructura tempórea del esquema básico del logos, y en lo que tocaba a su momento dinámico, vimos ya cómo, al autonomizarse el campo de realidad por su doble movimiento de impelencia e intentum, exigía no sólo el dominio del "ya" en la estructura del mientras "ya-es-aún", sino también el establecimiento de una estructura tempórea "completa". Esto es, la intelección dual en tanto que re-actualización posee su propio "ya-es-aún" fundado en el mientras de la aprehensión primordial de realidad. Esta estructura tempórea de re-actualización se mueve entre el "es" de la presencia estricta de la aprehensión primordial y el "ya" que la intelección dual ha abierto y bajo su dominio.

Al abordar el tema de la distancia, hemos visto que Zubiri insiste y remarca lo esencial de su unidad, esto es, la unidad que mantiene entre el momento individual y el momento campal en lo ya diferencialmente inteligido. Esa unidad es, tempóreamente considerada, la unidad del "mientras" primordial. La estructura tempórea es también, antes que nada, unidad estructural. Pero distancia, nos dice Zubiri, consiste en ser unidad en desdoblamiento, y ese desdoblamiento, lo hemos visto ya, tempóreamente se dirige en primer lugar desplegándose en dirección "desde", es decir, hacia la anterioridad de la estructura tempórea, por eso potencia el dominio de su faz "ya". El "mientras" cuya estructura formal es el "ya-es-aún" y que en aprehensión primordial de realidad hemos expresado como "ya-ES-aún", se transforma ahora, por la distancia abierta en impelencia en "YA-es-aún". No nos hemos salido del "mientras" primordial, ha habido sólo un corrimiento en el dominio de sus momentos: hemos pasado de la presencia estricta del "ES" a la "ausencia" del "YA". Es justo ese paso lo que Zubiri analiza al describirnos lo que él entiende por tomar distancia.

En el tomar distancia lo que queda distanciado es el "en realidad", y queda distanciado por el movimiento de retracción. Es significativo para nuestro trabajo que Zubiri califique este movimiento precisamente como re-tracción, esto es, como un "ir atrás", o mejor, como un "ir-antes". En esa anterioridad retraída es donde queda el "en realidad" distanciado.

Al autonomizarse el campo por el movimiento de retracción, transforma lo aprehendido primordialmente en punto de apoyo para su libre simple aprehensión que se constituirá en puro punto terminal de aprehensión: el "sería".

La autonomía del logos se realiza en dirección "desde", por ello su momento dominante será el "YA", pero en tanto que autonomía, el logos tiene su estructura tempórea completa. Su momento "es" tiene ahora el carácter de movimiento retroactivo: es un "siendo" direccionalmente dirigido al "ya". El "ya", por tanto tiene un doble carácter análogo al doble carácter que poseía el "es" en aprehensión primordial de realidad. En aquella ocasión el "es" era simultáneamente el "es" del "mientras" y el "ES" de la estricta presencia de lo primordialmente aprehendido. En el caso del "ya" nos encontramos ahora que el "YA" será al mismo tiempo, el "ya" de la estructura abierta del mientras y el "YA" de la estructura tempórea del logos autonomizado. El primero ya forma parte de la estructura tempórea básica de la presencia de la realidad en la que siempre estamos. Es un "ya" de positiva presencia propio del "estar". El segundo "YA", abierto desde el "ES" y fundado en el primer "ya", será el momento tempóreo propio de la simple aprehensión, del "sería", es un "YA" en "ausencia" o en libertad. Hemos visto que por ausencia entendemos un estar-en-ausencia y no simplemente un no-estar. Se trata de realidad presente en ausencia.

La estructura que los dos "yas" conforman expresa tempóreamente esa "intrínseca ambivalencia" que atribuye Zubiri a la presencia de la simple aprehensión (IL 86). Es en "ausencia" como la intelección campal puede mantenerse "sobre" lo primordialmente aprehendido: está liberada de la estricta presencia y pude moverse en la "simple" presencia de la realidad. Su esquema podría ser el siguiente:

 

"SERIA"

simple intelección

aprehensión YA---es---aún campal

 

"SOBRE" liberación

ya--------ES---------aún aprehensión

primordial

M I E N T R A S

 

 

 

6.2.- La estructura de lo aprehendido en distancia

Zubiri trata el tema de la estructura de lo aprehendido en distancia en tres puntos: primeramente aborda el tema del origen de lo que ha llamado simple aprehensión, en segundo analiza la condición de lo aprehendido en simple aprehensión, en tercer lugar explica cuales son sus modos estructurales.

6.2.1.-El origen de la simple aprehensión

Zubiri sitúa el origen de la simple aprehensión en el acto de retracción que, impuesto por lo real mismo, procede de la aprehensión primordial. Con esto Zubiri no se ocupa tema del llamado origen de las ideas, sea que éste se ponga en un mundo suprasensible en la línea platónica, sea que se ponga en un remoto inicio temporal. Afirmando claramente el origen en la presencia Zubiri puntualiza tres aspectos esenciales.

En primer lugar la retracción no significa el prescindir de la realidad de lo aprehendido. La realidad permanece, lo que queda en suspenso es sólo su "en realidad".

En segundo lugar, por el movimiento de retracción en el campo de realidad, la cosa aprehendida en simple aprehensión queda reducida a ser principio de inteligibilidad respecto a lo primordialmente aprehendido como individual.

En tercer lugar, el contenido de lo aprehendido simplemente en cuanto principio de inteligibilidad no será sino el "sería". El "sería" sigue estando en el campo de realidad y sólo en respecto a su origen primordial.

6.2.2.- La condición de lo aprehendido en simple aprehensión

La condición de lo aprehendido en simple aprehensión está en ser mero principio de inteligibilidad, con lo que su contenido ha quedado en suspenso por el movimiento de retracción, así el contenido ha quedado en la condición de irrealidad.

Zubiri conceptúa lo que entiende por irrealidad en tres momentos. En primer lugar lo irreal reposa y procede de lo real por el movimiento de desrealización. El "des" de la desrealización, dice Zubiri, no es un momento puramente negativo, sino que es la positiva inclusión de la realidad en la forma de "des". La positividad del "des" se funda en la positividad del "de suyo" de lo real. No se trata aquí de la clásica separación entre esencia y existencia. La desrealización procede de la aprehensión primordial y se realiza justo en y por el desdoblamiento entre su momento individual y su momento campal. Pero al autonomizarse el campo de realidad como ámbito de realidad, posibilita la suspensión del contenido con respecto a la individualidad que le ha originado. Este es su momento negativo. Aquí dice Zubiri:

"Entonces tenemos "la" realidad como ámbito, pero sin una realidad individual propia. Este "sin" es justo el perfil negativo del positivo "des" de la desrealización. La desrealización no afecta a lo campal a "la" realidad misma, sino a la cosa real en su momento de lo que ella es "en realidad". Esto es, "la" realidad ya no es forzosamente aquí y ahora esta cosa real determinada. Desrealizar no es suspender "la" realidad, sino suspender el contenido que aquí y ahora es real, suspender aquello en que está realizada "la" realidad". (IL 93)

De este modo, la irrealidad no será sino un modo de estar en "la" realidad, el modo des-realizado. Por tanto envuelve siempre el positivo momento de realidad que la ha originado.

El segundo momento de la irrealidad es el momento de su actualización. Lo irreal se actualiza en las simples aprehensiones, esto es, no queda en una especie de vacío irreal. Lo irreal adquiere así su propio contenido.

El tercer momento es el de la liberación. El "sería" como contenido actualizado en simple aprehensión es lo que Zubiri llama "cosa libre". Y la cosa libre, precisamente por serlo en desrealización, se realiza como cosa creada. Creación consiste en actualizar la realidad desrealizada en un contenido libre. El "sería" será la unidad de lo libre y de lo creado, esto es, de la actualización desrealizada y de la libre realización.

Así pues, la condición de lo aprehendido en simple aprehensión consiste en ser principio de inteligibilidad, en ser irreal por desrealización y en ser cosa libre y creada, en ser "sería".

6.2.3.- Los modos estructurales de la simple aprehensión

El "sería" en libre realización se constituye a partir y desde lo real primordialmente aprehendido. Pero esta construcción no posee el carácter de univocidad ni la libertad que adquiere es absoluta. Lo libre viene determinado por su origen en lo real aprehendido primordialmente y la no univocidad se funda en los diversos respectos formales que lo real abre desde sí mismo. Estos respectos formales se fundan, a su vez, en las diversas dimensiones que lo real tiene por el solo hecho de ser real, y esas dimensiones son tres, lo vimos ya, la riqueza de notas, la solidez estructural y el "estar siendo". Cuando estas tres dimensiones se actualizan libremente en "sería", se constituyen como un "ésto", un "cómo" y un "qué".

a.- El percepto

Lo primero que puede quedar desrealizado es el contenido de la cosa real entera, y esa desrealización termina en una actualización en "sería" que tiene el carácter de "esto". El "esto" no es sino el "este" pero en tanto que percibido, por eso Zubiri lo llama percepto. El "esto" es el "este" en retracción desrealizada. Es terminación libre de creación también libre. Ahora bien, se trata de la forma primaria y de la posibilidad de las otras simples aprehensiones.

El percepto actualiza en retracción desrealizada la riqueza de notas de lo real que se está dando en aprehensión primordial. Se trata ya de una auténtica retracción aunque muy "cercana" a la cosa real misma, por eso Zubiri le da el carácter de primariedad respecto al resto de la estructura del "sería".

b.- El ficto

El "esto" apunta a un sistema de notas reales, pero sólo tiene en cuenta su riqueza, su totalidad. Pero en tanto que sistema, lo real posee siempre una determinada manera de estar estructurado. Esa manera en cuanto desrealizada en simple aprehensión nos da la dimensión del "sería" en tanto que "cómo". Se trata de "cómo" se estructura lo real en libre creación. Este "cómo" es libre y en cuanto tal se configura como ficto. La ficción consiste en estructurar libremente un "cómo" de realidad. No se trata, insiste Zubiri, en fingir realidad, sino de la actualización de la realidad en ficción. Se trata de conceptuar "cómo" sería lo real en realidad.

El ficto, además, es doblemente libre. Su primer momento de libertad lo adquiere por el mero acto de desrealización que lo ha originado y que pasa por la irrealidad de las notas en su conjunto, esto es, por el percepto. En un segundo momento el ficto reconfirma la estructuración misma de las notas, y lo hace libremente. Es su segundo momento de libertad. No obstante esa doble libertad remite siempre, sea positiva, sea negativamente, al "cómo" originario de lo primordialmente aprehendido como real, a la solidez de su estructuración. Así dice Zubiri:

"Lo que no se da ni puede darse es ficto que no tenga nada que ver con algo aprehendido anteriormente como real". (IL 100)

En esta aprehensión en ficto es donde Zubiri sitúa la fantasía. La fantasía es así la esencia de la imaginación humana, es la creación variable de los "cómos" de realidad, o mejor dicho, de la realidad en la viabilidad de sus "cómos".

Se trata de una auténtica intelección sentiente. Es intelección porque es aprehensión intelectiva y es sentiente en su imagen.

c.- El concepto

El percepto y el ficto ofrecen ya la configuración de algo aprehendido como real en la aprehensión primordial, pero el "esto" y el "cómo" nos remiten a algo más preciso, su "qué". Se trata ahora de precisar "qué" es "esto" que tiene determinada figura. Pues bien, ese "qué" que se actualiza de forma desrealizada y libre, es lo que Zubiri llama concepto. El concepto no es lo que la cosa "es" "en realidad", sino lo que "sería", porque aún estamos en intelección distanciada. En tanto que libre y creado, el concepto es estrictamente concebido, es concepción. Pero esa concepción libre lo es en el ámbito respectivo tanto a su origen como a su término. Ambos convergen en lo real aprehendido primordialmente.

El "qué" como "sería" en concepto tiene dos aspectos. Por un lado es un "qué" abstracto. La abstracción ha de entenderse a partir de lo dicho sobre la desrealización, esto es, como un movimiento positivo y esencialmente creador, un movimiento libre realizado en el ámbito de realidad y por tanto dejando intacta la formalidad de realidad. La abstracción se realiza tomando libremente orientaciones diversas, tantas como el campo de realidad y la cosa primordialmente aprehendida le permitan. Pero la abstracción es, sobre todo, un acto de precisión: se trata de abstraer las notas que configuren justo el "qué" de la cosa. Aquí estaría la diferencia con el ficto. El ficto no abstrae sino que reconforma creativamente un "cómo" estructural. El concepto, en cambio, abstrae de forma precisa las notas que necesita para construir, para concebir el "qué". Del resto de notas simplemente "prescinde".

Y así, el segundo momento del concepto es el de ser construcción. El concepto siempre es construído libremente desde lo abstraído de la cosa real. La construcción conceptual no consiste en ser un nuevo ficto porque no ha sido mera reconformación de notas, sino que ha actuado por estricta y precisa abstracción. Zubiri pone el ejemplo de las diversas definiciones conceptuales que sobre el hombre se han hecho.

La unidad estructural del "esto", del "cómo" y del "qué" es lo que constituye al "sería", esto es, al "en realidad" como actualización desrealizada en retracción. Los tres momentos estructurales que configuran el "sería" han reactualizado en retracción a las tres dimensiones constitutivas de lo real aprehendido primordialmente.

Antes de entrar en la cuestión del movimiento de reversión intelectiva, esto es del intentum, veremos brevemente la estructura tempórea de lo aprehendido en distancia.

6.2.4.- Estructura tempórea de lo aprehendido en distancia

Hemos visto cómo Zubiri analiza la estructura de lo aprehendido en distancia, esto es, del "sería". ha empezado por la cuestión de su origen, ha seguido por la cuestión de su condición para terminar con sus modos estructurales. Empecemos pues con la temporeidad y el origen del "sería".

a.- Temporeidad y origen de la simple aprehensión

El origen de la simple aprehensión está inequívocamente en la aprehensión primordial, ese es el pensamiento de Zubiri. Por tanto y tempóreamente hablando, se da una inequívoca remisión a la presencia estricta propia de la aprehensión primordial de realidad. Así, el origen del "sería" no está remitido a un oscuro indagar sobre el llamado origen de las ideas, que debería situarse en un pasado remoto o en una trascendencia igualmente remota. Investigar en esa línea supondría el salirse AallendeA de la aprehensión, con lo que el análisis del acto intelectivo que Zubiri tiene ante los ojos quedaría desvirtuado. En todo caso, y si hubiese de salir, eso sería tarea de una investigación de la razón que, a su vez volvería a poner en el tapete el problema del origen de la razón misma, con lo que entraríamos en un círculo vicioso.

El punto de partida exigido por el método analítico del análisis zubiriano no es otro que la estricta presencia en la que noérgicamente estamos por la aprehensión primordial. Toda apertura, sea en la línea del pasado, sea en la línea de una posible trascendencia, deberá anclarse y efectuarse desde esa presencia inamisible. Se trata, lo hemos repetido muchas veces, de un análisis estructural y formal, no de la investigación sobre la génesis procesual del acto intelectivo considerado talitativamente. Esa investigación la dibuja Zubiri en otros escritos suyos, pero no en el estudio que nos ocupa.

Lo que a un análisis estructural puede exigírsele es que conceptúe aquella estructura esencial y primaria, el principio estructural de sustantividad, que es la esencia, de tal forma que haga "ver" en ella justo el origen de lo que talitativamente tiene ante los ojos. Los ojos, así, están fijos en la cosa misma y en su mismidad. Si lo esencial aparece desplegado ante los ojos, el análisis debe dirigirse al núcleo mismo desde donde lo desplegado se despliega, a su estructura mínima pero ya suficiente porque contiene incoado el despliegue mismo. Eso es lo que Zubiri está haciendo con el acto intelectivo: el análisis de su estructura mínima y esencial, presente y presentante. Así hemos planteado desde el principio la estructura de nuestra investigación.

Si es verdad que el "sería" se sitúa en el momento de anterioridad de la estructura tempórea "ya-es-aún", a la que somos llevados por la fuerza de lo real aprehendido en "hacia", también es verdad que ese "ya" viene abierto desde la presencia misma. La anterioridad del "ya" se actualiza justo presentándose como anterioridad, por eso la estructura de la presencia de lo real es "ya-es-aún" y no solamente el "es" de un supuesto instante presente. El instante presente, al igual que el "ya" o el "aún" sólos, no son sino abstracciones hechas desde una primaria estructura esencial de la temporeidad, el "ya-es-aún" indivisible. No vamos a repetir aquí lo ya dicho sobre la estructura respectiva y facial de la temporeidad.

 

El "ya" se abre, pues, dentro de la estructura tempórea de la presencia de lo real, por la misma fuerza de lo real presentándose en "hacia" direccional. Ese "ya" será el momento tempóreo propio del "sería" porque éste se realiza por un movimiento de re-tracción, pero manteniéndose en la realidad misma, esto es, en su presencia distensa. Lo que el "sería" pierde es la estricta presencia de lo aprehendido en aprehensión primordial. Esa estricta presencia, recordémoslo no es sino el dominio del "ES" sobre el resto de la estructura tempórea, y no su secesión de ella. La intelección campal ha transferido ese domino al "YA" por haberse abierto justo en su dirección.

A la pérdida del dominio de la estricta presencia la hemos llamado "estar en ausencia". Pues bien, el "sería" en cuanto principio de inteligibilidad está en ausencia de lo presente en aprehensión primordial. No se trata de que no esté, sino de un estar real, pero en ausencia.

 

b.-Temporeidad de la condición de lo aprehendido en simple aprehensión

El concepto tempóreo de "estar en ausencia" se comprende perfectamente desde el concepto de desrealización. Entendemos que, tempóreamente hablando, desrealización consiste en ausentación. Y ausentación consiste en dar dominio al "ya" sobre el resto de la estructura tempórea. Así, la condición tempórea del "sería" será la de estar ausente.

Esa pérdida del dominio de la presencia estricta está expresada con claridad en el texto de Zubiri que hemos transcrito, cuando dice:

"Desrealizar no es suspender "la" realidad, sino suspender el contenido que aquí y ahora es real..." (IL 93)

La suspensión del "ahora", de la estricta presencia es la que nos ocupa. Es verdad que en este contexto Zubiri no hace referencia alguna a la anterioridad abierta por el "sería", pero también es verdad que esa anterioridad ha quedado ya suficientemente mostrada al tratar de la apertura del movimiento reversivo en dirección del pasado cuyo lastre no deja de pesar.

Es así, bajo el dominio del "ya", que lo irreal se actualiza, es decir, se "presenta". Su presencia consiste en ser reactualización intelectiva con una estructura tempórea dominada por su faz de anterioridad. El "ya" no queda seccionado de la estructura, sino que permanece en ella dominándola, y así es como se hace presente. No se trata sino de la estructura del "estar ausente".

Es en esa "ausencia" donde la libertad tiene lugar. El "sería" es, nos ha dicho Zubiri, "cosa-libre". Se trata de un modo de libertad, una libertad abierta, abierta también tempóreamente en dirección "desde" y, por tanto será lo que Zubiri conceptúa como libertad-de. )De qué? De lo aprehendido primordialmente. la fuerza de la realidad de lo aprehendido primordialmente nos ha lanzado al campo de libertad. La realidad nos hace libres. Se trata ciertamente del despliegue de una libertad ya incoada en la misma aprehensión primordial de realidad. Tal vez su momento de incoación tenga su raíz primaria en la formalidad de alteridad de la intelección humana. En este sentido realidad sería idéntica a libertad. El "de suyo" sería la forma primordial de la libertad misma.

Pero lo que aquí nos interesa es esa libertad que se mueve en el ámbito dominado por el "ya", en una presencia que ya no es estricta, pero que remite, como la misma libertad a la identidad de su origen y de su término.

c.-Temporeidad y estructura del "sería"

El "sería" se estructura dimensionalmente en perceptos, fictos y conceptos, a partir de lo real, también dimensional, primordialmente aprehendido, y en la dirección del "desde" abierta como campo de realidad.

Conocemos ya la estructura tempórea básica de este momento de la intelección. Se trata de la presencia de la re-actualización cuya estructura tempórea está dominada desde el momento de "ya". Ahora bien, el campo se abría a partir del primer plano, inmediatamente presente, y en dirección del horizonte pasaba por el "fondo" o la periferia. La estructura del campo tenía dos momentos esenciales: el "entre" y el "por" que no era sino la funcionalidad "entre" las cosas campales. Zubiri va colocando al "sería" en su estructura también direccionalmente, aunque no se detiene a explicitar esa estructura en sí misma. Intentaremos ver si la estructuración del "sería" puede articularse tempóreamente según la dimensión tempórea de la funcionalidad campal de la cosa real.

En la cosa real las dimensiones de riqueza, solidez y "estar siendo" se recubren mutua y totalmente. En la aprehensión primordial de realidad las dimensiones son aprehendidas compactamente, pero en la simple aprehensión en distancia, dice Zubiri, las dimensiones quedan actualizadamente discriminadas: esto, cómo y qué. Esa discriminación no es sino un modo de apertura, de separación, que a su vez se realiza estructuradamente. La estructuración empieza por el "esto" que corresponde al primer plano del campo de realidad y que, ya distanciado en dirección del "ya", está sin embargo, "muy cerca" de la presencia estricta de lo real. El "esto" que se configura como percepto, es por su "cercanía" a la presencia estricta de lo real, la forma primaria y la posibilidad misma de toda otra simple aprehensión. Es forma primaria de distancia, esto es, de ausencia.

El ficto, por su parte, debe fundarse en el percepto, es un "cómo" de "esto". Zubiri le atribuye, lo hemos visto, una doble libertad. La que le viene desde la dirección del percepto y la que tiene para recomponer la estructuración de las notas. El ficto está más distanciado de lo real en presencia estricta que el percepto, aunque mantiene siempre una referencia a esa presencia.

Tenemos, finalmente, el concepto. Este, lo hemos visto, se realiza por abstracción y construcción, pero la construcción puede jugar aquí un papel decisivo, dice Zubiri:

"Pero la verdad es que la mayoría de los conceptos, sobre todo los conceptos científicos, no son meramente abstraídos sino que están construidos por la propia inteligencia". (IL 104)

Y aunque sigue siendo también verdad que el constructo sigue manteniendo su cordón umbilical a través de la abstracción con su origen en lo aprehendido primordialmente, su situación en el ámbito de la distancia es la más lejana de todas.

Percepto, ficto y concepto, al discriminarse en la actualización retroactiva, se articulan en orden de lejanía ascendente, por lo menos en lo que a su estructura tempórea se refiere. Esta es nuestra hipótesis de ordenación tempórea y puede visualizarse como sigue:

 

 

 

YA--------------------es----------aún Reactualización

campal

concepto

ficto Irrealidad

percepto

ya---------------------------------ES--------aún Actualización

aprehensión

primordial

M I E N T R A S

 

El "sería", pues, posee una estructura que internamente estaría también determinada tempóreamente. Es imposible determinar con los datos que tenemos los grados de lejanía o de ausencia que pueden darse entre perceptos, fictos y conceptos. Nos conformamos con presentar la estructura tempórea básica.

 

6.2.5.-Intelección distanciada de lo que la cosa es "en realidad".

Con el análisis de la estructura del "sería", Zubiri concluye la presentación de la primera fase del movimiento en que la intelección campal consiste. Ahora Zubiri va a analizar la segunda fase de ese mismo movimiento. Si la primera fase del movimiento consistía en ser impelencia, esta segunda fase será de reversión: se trata de ir desde el "sería" hasta el "ES" de la cosa primordialmente aprehendida. Este "ir" será precisamente el afirmar, y un afirmar con discernimiento, esto es, será un juicio. Se trata, pues, del análisis del juicio.

Este "ir" se realiza en el interior del campo de realidad, por tanto no hemos salido de la formalidad de realidad. Zubiri analiza la afirmación en tres pasos:

- Qué es afirmar

- Las formas de la afirmación

- Los modos de la afirmación

A.-La afirmación

Afirmación es, ante todo, una intelección firme, y lo es por contraposición a la intelección retraída que era el "sería". La intelección firme consiste en ser movimiento de reversión, es por tanto, una intelección esencialmente dinámica. Zubiri enfoca así la afirmación desde sus dos vertientes: la afirmación en cuanto movimiento y el movimiento intelectivo en cuanto afirmación.

a.-La afirmación en cuanto movimiento.

La afirmación se constituye como intentum noérgico. Se mueve "hacia" lo que la cosa real es "en realidad" desde lo abierto en el campo de realidad, esto es, "entre" el campo. El logos afirmativo va a consistir en la intelección de una cosa "entre" otras, y ese "entre", no lo olvidemos, lo es distanciadamente, es distancia que tiene que ser efectivamente recorrida de la misma forma que ha sido "abierta" por el movimiento de impelencia. La distancia recorrida se constituye en un "llegar", ese "llegar" es propio de la afirmación, y lo es de tal modo que dice Zubiri:

"No es que sea un "llegar a afirmar", sino que es "afirmar llegando" o "llegar afirmando", un movimiento que constituye la intelección en el llegar mismo". (IL 115)

La afirmación, dicho con más precisión, no es que cubra la distancia, sino que consiste en estar "cubriendo" la distancia. Zubiri insiste en la dinamicidad esencial e intrínseca de la intelección afirmativa.

b.-El movimiento en cuanto afirmación.

El movimiento intelectivo en cuanto afirmación no consiste en ser una especie de añadido a la aprehensión primordial de realidad. Zubiri considera que la afirmación no sólo no añade nada a la primordial aprehensión, sino que más bien la reduce por ser hecha en distensión intelectiva desde una simple aprehensión (el "sería") que, a su vez, ha supuesto una reducción de lo primordialmente aprehendido. De este modo puede decir Zubiri que la afirmación es ciertamente más que la simple aprehensión, pero mucho menos que la aprehensión primordial. Es más que el irreal "sería" porque consiste en ser intelección firme, pero es menos que la aprehensión primordial de realidad porque, en definitiva, toda su fuerza le viene de ella y no la agota. La afirmación, por fuerte que sea, es siempre y sólo una modalización de la aprehensión primordial de realidad.

El movimiento afirmativo se encuentra siempre retenido en la realidad. No hay, dice Zubiri, una especie de decisión espontánea de juzgar. El movimiento intelectivo le viene impuesto a la inteligencia por la misma fuerza de la realidad que le ha impelido hacia el campo de las cosas reales y que ahora, reteniéndole tensamente, le impulsa a afirmarlas. Así puede decir Zubiri:

"Es movimiento de mi intelección, es un dinamismo de ella, pero no es una acción cuya intencionalidad resulte de una acción mía, sino más bien e una intención dinámica en la que se halla mi inteligencia, y consecutivamente -subrayo el vocablo- mi mente. En este sentido es en el que digo que no es tanto que yo afirmo cuanto me encuentre en intención afirmativa". (IL 122)

Por eso mismo, la afirmación tiene el carácter de ser receptiva, esto es, se afirma en tanteo tanto como pueden serlo el mirar, el palpar, el escuchar... Y ese ir afirmando en tanteo tiene un carácter preciso: es el discernimiento. Discernir es, dice Zubiri, sólo un modo de moverse en la realidad en que ya estamos retenidos. Discernimos, entre los diversos respectos en que la realidad nos mantiene, aquello que lo real primordialmente aprehendido "es" en realidad.

Por ser la afirmación una intelección diferencial, es dual. Esa dualidad interna de la afirmación es la que ahora, brevísimamente, trataremos. La afirmación, por ser discernimiento, es juicio, y como tal posee un de qué se juzga y lo qué se juzga.

De qué se juzga

Brevemente: se juzga sobre aquello que se ha aprehendido ya como real. El juicio recae sobre la realidad misma de lo primordialmente aprehendido.

En este punto Zubiri responde a dos casos que podrían invalidar las afirmaciones anteriores, el caso de los juicios matemáticos y el caso de la literatura de ficción. En ambos casos el juicio no recae sobre realidades primordialmente aprehendidas sino sobre construcciones. En el caso de la matemática se trataría de construcción según conceptos y en el caso de la literatura de ficción se trataría de la construcción a base de perceptos y de fictos. Pero la cuestión no está tanto en que se trate de construcciones, sino de que la construcción, en ambos casos, lo ha sido en realización. Eso es lo que Zubiri llama postular. Así, la matemática y la literatura poseen auténtica realidad, realidad postulada que, sin embargo, proviene también de una previa realidad primordialmente aprehendida y que dio lugar a los perceptos, fictos y conceptos con los que tanto la literatura como la matemática están construídos.

Así, todo juicio presupone siempre una realidad primordialmente aprehendida, sea directamente, sea en postulación. Sobre esa realidad es que se juzga.

Qué se juzga

Aquello que se juzga es lo que la cosa real ya aprehendida como real es "en realidad". Esto supone que la distancia abierta en el campo por el movimiento de impelencia ha quedado recorrida en sentido inverso: el "sería" se reintegra a su origen juzgando, afirmando el "esto" el "cómo" y el "qué" en la cosa real, diciéndonos lo que es "en realidad". Lo que se juzga no es la realidad de lo primordialmente inteligido, esa realidad está ya siempre dándose en aprehensión primordial. Lo que se juzga es lo que "en realidad" es esa realidad: se trata de movimiento de realización del "sería" en dirección de lo que la cosa real "es".

c.-Afirmación y temporeidad

Con la afirmación entramos en la segunda fase del movimiento en que la intelección campal consiste. El primer momento de ese movimiento, el de impelencia, nos abrió la estructura tempórea de la aprehensión primordial de realidad en dirección del "ya", dándole a ese "ya" un dominio sobre el resto de la estructura e inaugurando, simultáneamente, el ámbito de la re-actualización campal, con lo que se generaba una nueva y completa estructura tempórea propia de esa re-actualización. El "YA" era el dominio tempóreo de las simples aprehensiones, del "sería".

Pero el movimiento no se detiene en el "YA", sino que ahora vuelve a su origen, esto es, a la aprehensión primordial, llevado por la misma fuerza de realidad que, en un primer momento, lo impulsó a salir. En esa vuelta consiste la afirmación. Pues bien, si atendemos a la estructura tempórea ya expuesta, podremos ver que su momento tempóreo seguirá dominado por el "YA", pues procede del "sería", pero se sitúa en el "es" que, en Zubiri siempre es un "siendo": una forma gerundiva. Afirmar, nos ha dicho Zubiri, es un "afirmar llegando" y un "llegar afirmando". Ese gerundio expresa el modo de su presencia. Presencia, no lo olvidemos, en re-actualización, esto es, presencia en "desde", y por tanto sigue siendo un "estar ausente". La ausencia (tempórea) es el presupuesto tempóreo del movimiento reversivo: si no estuviera ausente no podría volver.

El estar en ausencia posibilita también que la afirmación sea en discernimiento y en tanteo. Sólo la distancia y la ausencia permiten discernir entre varios modos de aproximación a la cosa real presente, pero no en estricta presencia. Sólo en distancia se puede tantear. La ausencia, recordemos, no es sino el modo tempóreo de la distancia, siempre en el marco de la intelección.

El esquema básico de la temporeidad de la afirmación podría visualizarse como sigue:

 

YA--------es--------aún reactualización

afirmación campal

"sería" "en realidad"

ya------------------ES-------aún aprehensión

primordial

 

M I E N T R A S

 

Zubiri valora, por así decirlo, a la afirmación más que a las simples aprehensiones pero menos que a la aprehensión primordial de realidad. El punto de partida suyo está, tempóreamente hablando, en la presencia estricta de lo real. En la medida en que una intelección se aleja de esa presencia, esto es, en la mediad que se ausenta, pierde "valor", y viceversa, en la medida que una intelección se acerca a la primigenia presencia de lo real, esto es, en la medida en que se va presentando, adquiere proporcionalmente "valor". El "valor" está sin duda en lo real, en la realidad misma, pero en tanto presente.

 

B.-Las formas de la afirmación

Por formas de la afirmación entiende Zubiri las diversas formas como la cosa primordialmente aprehendida es término de intelección afirmativa. Se trata del análisisde las formas de juicio pero en la línea de la estructura de la intelección. Así Zubiri distingue tres formas de juicio estructuradas en riguroso orden de fundamentación: el juicio posicional, el juicio proposicional y el juicio predicativo.

a.-Juicio posicional.

Es la primera y primaria forma de juicio. En él lo real primordialmente aprehendido no está ya calificado por una simple aprehensión, sino que se da una simple aprehensión cuya realización se afirma globalmente. El momento afirmativo del juicio posicional se expresa con un nombre sustantivo en connotación afirmativa. Zubiri pone el ejemplo del fuego: al abrir una ventana veo fuego y simplemente digo: (Fuego!. Ese mi decir no es aprehensión primordial porque la aprehensión primordial es muda, es pura impresión de lo real como real, pero al decir (fuego! la califico. Para ello necesito tener una cierta idea del fuego si no, no podría decirlo, por eso se trata efectivamente de un juicio, pero un juicio en el que sólo se pone lo real aprehendido como realización global de una simple aprehensión.

b.-Juicio proposicional.

Se trata de la segunda forma de juicio fundada en la primera. En el juicio proposicional lo real ya aprehendido está ya calificado por una simple aprehensión. Lo real aquí no sólo está "puesto" como en el juicio posicional, sino efectivamente propuesto para ser juzgado como lo que es "en relidad". Lo propio de esta forma de juicio radica en que aquello de lo que se juzga y lo que se juzga poseen una unidad complexiva que se expresa normalmente en una frase nominal. Para simplificar Zubiri llama (A) a aquello de lo que se juzga, o sea a lo real primordialmente aprehendido, y (B) a lo que se juzga, esto es a la calificación dada desde una simple aprehensión. Pues bien, en el caso del juicio que nos ocupa, B pertenece a la índole misma de A, está complexivamente unida a ella, y esa unidad complexiva es lo que expresa la frase nominal: es su "en realidad".

c.-Juicio predicativo.

Es la tercera forma de juicio fundada en las dos anteriores. En él, como modificación que es del juicio proposicional, el intentum recae sobre lo ya aprehendido puesto como real y desde una simple aprehensión calificadora. Pero en éste juicio, a diferencia del anterior, lo que se juzga (B) no pertenece a la índole de aquello que se juzga (A). Aquí se prescinde del modo como B esté en A. Cada uno posee su entidad. Por eso el juicio predicativo no va a expresar la mera complexión de B en A, sino más bien su conexión: será un juicio conectivo. La conexión, por su parte significa tanto unión como separación porque respeta la entidad propia de los dos momentos, aún así Zubiri la coloca como previa a la relación para la que se exige la realidad de al menos uno de los relatos. Si no estamos en la relación nos movemos aún en el ámbito de la respectividad: conexión es aún respectividad.

Así, la afirmación en este juicio consiste en poner la unidad conectiva de aquello que se juzga con lo que se juzga en "la" realidad. Y, a su vez, lo afirmado es la realización de aquello que se juzga en lo que se juzga de forma conectiva. La afirmación y lo afirmado constituyen las únicas partes de la afirmación misma. Estamos en el movimiento de reversión de la intelección dual campal, en ámbito de respectividad transcendental y no de relación talitativa, por eso Zubiri no puede aceptar la intrusión de un tercer elemento en la estructura del juicio, ese tercer elemento sería el verbo "ser" con entidad propia. El verbo "ser" tendrá una triple función, pero no "entitativa" sino sólo expresiva: expresa, en primer lugar, una afirmación, esto es, la "realidad" de la conexión A-B; en segundo lugar expresa la unidad conectiva misma, esto es, el "en realidad" de A en la conexión A-B; y finalmente expresa la relación entre A y B, y en este aspecto es cópula: es relación copulativa. Las tres funciones expresivas están en orden de fundamentación: en última instancia está la "realidad" expresada como fundamento último. El ser, lo hemos visto ya, no reposa nunca sobre sí mismo sino en la realidad. Y el juicio, no hay que olvidarlo, no es sino intelección afirmativa de realidad: es reactualización de realidad.

d.-Temporeidad y formas de la afirmación

Hay una analogía estructural entre la estructura del "sería" como percepto, ficto y concepto, y la estructura de la afirmación en sus formas posicional, proposicional y predicativa. Ambas se fundan en la estructura del campo de realidad, en cuanto "entre" y en cuanto función. La estructura "sería" se articulaba en función del momento de retracción del movimiento intelectivo, y la estructura de la afirmación se hace en función del intentum o momento de reversión de la misma intelección. Ambas están originadas por la misma fuerza de la realidad que aprehendida sentientemente en "hacia" las lleva, en primer lugar, a abrirse direccionalmente en el movimiento de retracción y, en segundo lugar, a reintegrarse también direccionalmente en el intentum afirmativo. Otra cuestión sería la de investigar la posible implicación entre los diversos momentos de las dos estructuras, esto es, el ver si percepto y juicio posicional, ficto y juicio proposicional y, concepto y juicio predicativo, poseen algún vínculo intrínseco y estructural. No es nuestro tema, aunque podemos decir que en lo que toca a su estructura tempórea mantienen una simetría significativa.

Hemos visto ya aunque muy someramente cómo Zubiri establece una estricta fundamentación ascendente entre las tres formas de la afirmación: el juicio fundamental es el juicio posicional, sobre él se funda proposicional y sobre éste el juicio predicativo. También Zubiri califica gradualmente la fuerza con que la unión que la afirmación realiza se lleva a cabo en cada caso. Dice Zubiri:

"La unidad más fuerte es la formal posicional; es la forma suprema de inteligir con el logos lo que algo es en realidad. Menos fuerte es la forma proposicional o complexiva: se afirma la unidad como complexión. Finalmente, en la afirmación predicativa se afirma la unidad de lo real como conexión: es la firmación menos fuerte de la realidad: son tres grados de fuerza de realización, tres grados de inteligir lo que algo es en realidad". (IL 170)

Tempóreamente esta gradación de la fuerza de realización es también ordenable. En la afirmación, lo hemos visto ya, se vuelve "desde" el "sería" hacia el "ES" de lo primordialmente aprehendido. Esto significa una vuelta del momento estructural del "YA" hacia el "ES" de la estricta presencia. Esa vuelta se va realizando en el ámbito tempóreo de la ausencia, del estar ausente propio de la reactualización campal. Pues bien, en el caso del juicio posicional se da ciertamente una ausencia, pero de tal manera que se encuentra muy cerca de la presencia estricta de la aprehensión primordial. Siguiendo el ejemplo de Zubiri: la ausencia sería el desde dónde me apoyo para poder decir "(Fuego!", si no tuviese una idea anterior del fuego expresada ya en un nombre, no podría nombrar lo inmediatamente aprehendido como fuego. El juicio posicional deja ver una mínima anterioridad que lo posibilita como tal juicio, y simultáneamente posee la máxima fuerza de realización de la unidad entre lo real y su "en realidad". Esa máxima fuerza está en función de la mínima cercanía tempórea a la presencia estricta de lo real.

Por su parte el juicio proposicional mantiene, por así decirlo, una mayor distancia respecto de lo primordialmente aprehendido. La fuerza de realización de la unidad entre lo real y su "en realidad" es menor que en el juicio posicional. Es verdad que aquello que se juzga pertenece a la índole de lo que se juzga, que es lo primordialmente aprehendido, pero para expresarlo necesito no sólo dar el rodeo por la simple aprehensión, cosa también necesaria mínimamente en el juicio posicional, sino hacerlo complexivamente en lo que se llama una frase nominal que ya posee dos elementos: se ha modificado el jucicio posicional, lo puesto es ahora pro-puesto. Tempóreamente la pro-posición está más alejada de la estricta presencia de lo real que la mera posición de eso mismo real, y lo está en dirección del "YA" dominante en la estructura tempórea de la reactualización campal.

El juicio predicativo será, en el orden de la lejanía tempórea, el más alejado de la presencia estricta. Este juicio es ya una modificación del juicio proposicional, y en él no se expresa sólo la complexión de las notas de lo real de que se juzga, sino que se expresa la conexión entre ellas, o en todo caso, una posible conexión. A su máxima ausencia corresponde su mínima fuerza de realización. Es de notar aquí la presencia de la cópula en el verbo "ser" a la que Zubiri solamente le otroga una función expresiva y le niega toda posible función entitativa. El "ser" en la intelección campal será sólo expresión: primeramente expresión de la realidad de la conexión, en segundo lugar de la unidad conectiva, o sea su "en realidad" y finalmente de su relación como cópula. Veremos más adelante las implicaciones de este "ser" al abordar el tema de la verdad, pero ahora baste con señalar que su presencia no es sino la expresión de la ausencia que tiene con respecto a la realidad primordialmente aprehendida en estricta presencia. Esa ausencia, no lo olvidemos, consiste en un "estar" ausente, es, por tanto un modo negativo de presencia. En Zubiri la positividad de la presencia no se pierde nunca, pero sí se modaliza, y también negativamente como lo hemos visto en el movimiento de desrealización y en la misma irrealidad del "sería". El "ser", pues no tiene entidad por sí mismo sino sólo en función de lo que expresa que no es otra cosa que la misma realidad reactualizándose campalmente en afirmación conectiva.

Esquemáticamente la estructura tempórea de las formas de la afirmación podría ser la siguiente:

 

YA-------es--------aún REACTUALIZACION CAMPAL

J.predicativo

J.proposicional

J.posicional

 

ya------------------ES-----------aún ACTUALIZACION

 

M I E N T R A S

 

C.-Los modos de la afirmación

Zubiri, tras analizar las formas de la afirmación siguiendo la línea de su fuerza de realización, analiza ahora los modos de la afirmación siguiendo la línea de su firmeza, esto es, atendiendo a la intelección afirmativa en cuanto afirmativa.

La intelección campal es intelección en movimiento, y el movimiento implica lo que Zubiri llama una privación: se va hacia lo que aún no se tiene. Ese ir en dualidad, esto es, entre la simple aprehensión y lo real primordialmente aprehendido afirmando lo que "en realidad" es, hace que el movimiento intelectivo sea de suyo expectante. Expectación, dice Zubiri, es la intelección de lo otro en su primer presentarse como otro. Lo que se expecta "desde lejos" es, no lo real, sino lo que lo real es "en realidad". Se trata de una expectación en intención intelectiva, es movimiento intencional. Ese movimiento se funda en el "hacia", y por ello mismo es un movimiento "desde-hacia", y al estar ya en su momento de reversión intencional, ese "desde" se va a constituir en apoyo de la expectación para ir "hacia" lo intendido. Y el ir, por su parte, no será sino un "yendo". Ese "yendo" constituye la intención intelectiva, pero esa intelección se va resolviendo plasmándose afirmativamente. La intención afirmativa será pues el modo como la intención intelectiva se va resolviendo, y esa resolución tiene diversos modos. Este irse resolviendo constituye el segundo momento de la reactualización campal. Dice Zubiri:

"No se confunda la actualización y realización de lo simplemente aprehendido en "la" realidad con esta actualización de la cosa real en orden a las simples aprehensiones y con la realización de estas simples aprehensiones en la cosa dada". (IL 176)

No estamos, pues, ni en el término del "desde": las simples aprehensiones, ni en el término del "hacia"; en lo real dado, sino justo en el "yendo": en la actualización de lo real en orden a las simples aprehensiones. Ese "yendo" "en orden a" se estructura en diversos modos de afirmación. La modalización será analizada en la línea de la firmeza con la que se va afirmando la intelección. Así, cada forma de afirmación (posicional, proposicional o predicativa) tendrá sus diversos modos de afirmarse según la firmeza que vayan teniento los juicios. No es lo mismo fuerza de realización que firmeza: una misma fuerza de realización puede tener diversos grados de firmeza.

Zubiri distingue tres momentos constitutivos en el modo como la intelección expectante se resuelve. En primer lugar la resolución se realiza en función de las simples aprehensiones: "desde" ellas. En segundo lugar, las simples aprehensiones son cualificantes intrínsecas de la intelección, y en tercer lugar la afiramción resolutiva se modaliza según haya sido calificada por las simples aprehensiones: toda afirmación es, por sí misma, modal.

Finalmente, ese irse resolviendo modal posee estricta estructura. No se trata de analizar talitativa y psicogenéticamente la escala de grados que la afirmación va adquiriendo. Estamos en una análisis estructural de la intelección y este punto no constituye excepción alguna. Dice Zubiri:

"Lo que aquí se trata de conceptuar no es una psicogénesis de nuestras afirmaciones, sino el espectro intelectivo, por así decirlo, de sus diversas estructuras". (IL 181-182)

Veamos muy brevemente ese espectro estructural de los modos de la afirmación. Aquí Zubiri irá de menos a más. Cada grado se apoyará en el anterior

- La ignoracia. La ignorancia es la privación (no carencia) de intelección de lo que es "en realidad" algo que ya se ha aprehendido como real. La privación consiste en que la unidad de la cosa individual y el campo queda en suspenso. Esa suspensión es positiva determinación, pero eso no se trata de mera carencia sino de determinación privacional. Toda intelección campal, por ser expectante es ya privacional, pero la ignorancia realiza ese primer e ínfimo grado de privación. Se trata, sin embargo de un modo positivo de afirmación: afirmo ignorar lo que lo real es "en realidad". Aquí dice Zubiri con gran belleza:

"Precisamente porque la ignorancia es un modo de intelección afirmativa, el hombre tiene que ir aprendiendo no sólo lo que las cosas son en realidad, sino que tiene que aprender a ignorar. Sólo así puede crear nuevas simples aprehensiones que en su hora pueden conducir desde la ignorancia a otros modos de intelección afirmativa".(IL 187)

- El indicio. El indicio constituye el primer alborar de una posible determinación y puede presentar tres cualidades: la clarescencia, la borrosidad y la mera indicación. Pero el indicio posee una actualización intelectiva, y como tal se constituye en barrunto que, a su vez se modaliza según las cualidades del indicio: en el barrunto se vislumbra lo clarescente, se confunde lo borroso y se sospecha en lo indicado. Pero la sospecha es ya incoadamente la transición al modo siguiente de afirmación.

- La duda. Este modo de afirmación se apoya en los dos anteriores. La duda es la precisión de lo ambiguo a partir de la sospecha de lo indicado.

- La preponderancia. En la ambigüedad de la duda, la intelección tiende a decantarse. Al decantarse la intelección queda preponderantemente actualizada en lo que se llama opinión. La opinión es modo de afirmación y posee tres cualidades: clinamen, gravedad y vencimiento. Estas tres cualidades determinan las tres cualidades de la afirmación: la inclinación, la probabilidad y la convicción. Son los modos de la opinión.

- La obviedad. La cosa se actualiza ahora en una determinada univocidad pero sólo laxamente. La cosa parece obvia y la afirmación de lo obvio es la plausibilidad. esta afirmación se queda en lo manifiesto de la cosa, pero no pasa de ahí.

- La certeza. Ahora lo manifiesto abandona la laxitud de la apariencia para constituírse en lo que la cosa es "en realidad". Se trata de la efectividad. Ahora podemos decir que "esto" es efectivamente tal cosa. La cosa queda reconstituída en el movimiento intelectivo: ha tomado cuerpo. Así, en este modo de actualización la efectividad determina el modo de afirmación: es la certeza. En ella queda confirmada la efectividad de la cosa primordialmente aprehendida, pero no como real sino sólo en su "en realidad".

a.-Temporeidad y modos de la afirmación

Los modos de la afirmación constituyen, por así decirlo, el recorrido intelectivo de cada una de las formas de la afirmación. Se trata de un recorrido estructuralmente conceptuado, no talitativamente descrito. Ese recorrido lo es en el segundo momento del movimiento intelectivo de la actualización lógica: el intentum. Se trata pues, de visualizar de modo estructural cómo la afirmación va llegando (o cómo el llegar se va afirmando) a la mayor firmeza del "en realidad".

Zubiri articula la estructura de los modos de la afirmación en orden ascendente: partiendo del modo menos firme, la ignorancia, al modo más firme, la certeza. La estructura toda lo es de una actualización, por tanto de un estar presente: es el estar presente de la reactualización campal que hemos determinado tempóreamente como "estar ausente". La estructura modal de la afirmación muestra cómo esa ausencia se va modalizando también, siendo patente en el modo de la ignorancia por su momento más negativo, hasta llegar a su momento más positivo en la certeza. Sin embargo la certeza no es de ningún modo la estricta presencia que solamente corresponde a la aprehensión primordial de realidad. La certeza sería el modo de la afirmación más cercano a la presencia de lo real, pero manteniéndose todavía en lo que hemos llamado "ausencia", pues se trata tan sólo de certeza de lo que la cosa real estrictamente presente es "en realidad". El "en realidad" ciertamente afirmado constituye el modo mínimo de "ausencia", pero siendo aún ausencia. Más adelante veremos la articulación del "en realidad" con lo real por "medio" de la afirmación. Tempóreamente esa articulación apuntará al "aún" de la estructura tempórea de la reactualización campal, pero ahora estamos todavía en el "es", en el "siendo" de esa estructura tempórea. El esquema tempóreo de los modos de la afirmación puede ser el siguiente:

 

YA--------es--------aún "EN REALIDAD"

ignorancia

indicio

duda

preponderancia

obviedad

certeza

ya------------------ES-------------------aún REALIDAD

M I E N T R A S

 

Todos los modos de la afirmación están dominados tempóreamente por el "YA" de la estructura tempórea de la reactualización campal: son modos inscritos en el "desde" del "hacia" sentiente.

En el esquema anterior hemos puesto solamente los modos de la afirmación, pero debe tenerse en cuenta que esos modos lo son de cada una de las formas de la afirmación, por tanto cada una de esas formas queda recorrida intrínseca y estructuralmente por su línea de firmeza. Así, el juicio posicional podríamos decir que realiza su recorrido modal instantáneamente, en cambio los juicios proposiconal y predicativo hacen su recorrido más "lentamente". No nos detendremos en ello. De todas formas podemos afirmar que a través de la estructura tempórea de la línea modal de la firmeza, es posible ver con más claridad la estructura tempórea de las formas de la afirmación.