5.- LA ESTRUCTURA BASICA DEL LOGOS 

La estructura básica del logos tiene para Zubiri tres momentos fundamentales: la dualidad, la dinamicidad y la medialidad. Vamos por pasos.

5.1.- La dualidad

El logos nos dice algo acerca de una cosa real, a saber, lo que la cosa real es "en realidad". Pues bien, dice Zubiri:

"Esto que nos dice de ella está apoyado a su vez en la intelección anterior de otra cosa real, porque lo que nos dice, las llamadas ideas, según advertía ya, no flotan sobre sí mismas sino que son intelección de cosas. Por tanto que el logos nos diga algo acerca de una cosa real significa que no inteligimos lo que esta cosa es en realidad sino desde la intelección de otra anterior".(IL 55)

Tanto la realidad actual que queremos inteligir como la realidad previa desde la que inteligimos son término de aprehensión primordial, pero cuando la primera se realiza desde la segunda tenemos lo que Zubiri llama aprehensión dual porque, como él mismo dice:

"aprehendemos una cosa real pero es con la mirada en otra anteriormente aprehendida" (IL 56).

Esta anterioridad de la cosa desde la que se aprehende lo real "en realidad" deja ver ya que se trata de una realidad "entre" y en función de la otra. Ese entre es fundamento campal de la dualidad de esa aprehensión. La dualidad hace que la actualización carezca de la unitariedad de la aprehensión primordial para pasar a ser lo que Zubiri llama actualización diferencial No se trata de la diferencia entre dos actualizaciones, sino de la diferencia propia de una actualización, la del "en realidad". Tampoco se trata de comparar dos actualizaciones diferentes sino de actualizar diferencialmente una realidad desde otra.

Tampoco se trata, y esto es importante para nuestro trabajo, de producir una especie de fusión interna entre lo recordado y lo aprehendido. Dice Zubiri:

"...una especie de radical reminiscencia, de suerte que la aprehensión de lo que la cosa es en realidad sería en buena medida un compuesto de aprehensión y reminiscencia. (...) no es esto lo que constituye la dualidad de que aquí tratamos. Porque sea lo que fuere de esta fusión, la presencia de una aprehensión en otra no es una fusión. Esto es, la dualidad no es composición". (IL 58-59)

El rechazo de la reminiscencia va en la línea del rechazo de la posible interpretación de la presencia de una actualización en otra precisamente como fusión, pero no en la línea de la implicación de un efectivo pasado haciéndose presente en la actualidad dual. Así afirma Zubiri su presencia en un texto muy hermoso que nos es esencial:

"Se trata de que a la luz de la realidad campal de la cosa anteriormente aprehendida es como se aprehende lo que una cosa real es en realidad: igual, o parecida, o completemente distinta de la anterior. Precisamente por ello todo el proceso de la intelección en esta línea va siempre lastrado con el peso de lo antiguo. Porque lo antiguo hace posible aprehender lo que lo nuevo es en realidad, pero tiende con exceso a asimilar lo nuevo a lo antiguo". (IL 60)

Lo esencial es notar que ese pasado ha sido abierto, o mejor dicho, está siendo abierto desde la presencia de lo real aprehendido como real. Es desde aquí donde surge la luz que se abrirá en la dirección de la anterioridad y que permitirá "ya" desde la anterioridad aprehender lo real como "en realidad". El lastre de lo antiguo es, sin duda, el lastre del pasado, pero abierto desde el presente. Por eso Zubiri nos pone en guardia contra su peso excesivo y, en cierta forma, nos da la clave para liberarnos de su exceso: es la presencia misma de lo real.

Zubiri resume en cuatro puntos lo esencial de la dualidad del logos. Esta es la síntesis de esos puntos:

1.- Toda cosa real, además de ser individual, es campal. Es lo que es como real y es lo que es "en realidad". El logos está basado en la remisión campal de una cosa real a otra cosa real. Esta remisión se funda, en última instancia, en la apertura transcendental de la realidad. El logos es, pues, modo de actualidad remitente.

2.- El desdoblamiento de la cosa en su ser real y en su ser "en realidad" es campalmente un ámbito, y como tal fundamenta la dualidad intelectiva. La remisión a una cosa anterior abre constitutivamente el ámbito en que el logos efectuará la intelección dual.

3.- Esta dualidad, a su vez, posibilita la aprehensión de dos algos: del que se dice y de quien se dice. Y sólo porque hay la remisión de algo anterior podemos inteligir cual es este algo, de tal forma que ese algo anterior se constituye en principio de inteligibilidad de la cosa real actual.

4.- El logos debe ser conceptuado desde la única intelección de la que es modalización y no desde las dos aprehensiones que en él intervienen.

 

5.2.- Dualidad y temporeidad

La dualidad constituye, pues, el primer momento de la estructura del logos y consiste fundamentalmente en que se trata de la intelección de una cosa real a la luz de otra cosa real previamente aprehendida. Esa anterioridad es, en vistas a nuestro estudio, esencial.

Zubiri ha partido, lo hemos visto, de la presencia estricta de la aprehensión primordial de realidad, de su inmediata actualidad. Ahora esa inmediatez se abre en el campo que esa misma actualidad genera, y se abre direccionalmente llevado por la misma fuerza de la realidad presentada en "hacia". Pues bien, la dirección de esa apertura es un "desde". Y ese "desde" apunta hacia algo anterior que se constiturá como principio de inteligibilidad de lo actualizado como real en aprehensión primordial.

Si Zubiri estuviera realizando un análisis talitativo del proceso de la intelección, la remisión que hace al momento de anterioridad, esto es, a la aprehensión primordial de realidad que va a constituírse en principio de inteligibilidad, le llevaría hacia otra previa aprehensión primordial, y así indefinidamente. Se plantearía entonces el problema del inicio de la intelección, del inicio temporal talitativo. Este tema es abordado por Zubiri en otro lugar, pero no es el caso del estudio sobre la inteligencia sentiente. Zubiri, lo hemos dicho repetidamente, está haciendo un análisis estructural, y el punto de partida exigido por la cosa misma que analiza, el acto intelectivo, está en la inmediata presencia de la intelección que, a su vez, se origina en la estricta presencia de la aprehensión primordial de realidad. Su estructura tempórea no será la de la línea temporal en la que se desarrolla el proceso intelectivo. Antes bien, estamos intentando hacer ver como desde la estricta presencia de lo real, inmediata y directa en la intelección sentiente, se abrirá ex-tructualmente, tanto en la dirección de su anterioridad como en la dirección de su posterioridad, la misma temporeidad. Volveremos sobre esta cuestión más adelante.

La estructura tempórea de la actualidad intelectiva es la estructura de su "siendo", y ésta es el "ya-es-aún". En aprehensión primordial de realidad esa estructura está dominada por la estricta presencia y quedaba entonces como "ya-ES-aún". Pero la fuerza de la realidad presentada en "hacia" abre el despliegue de esa estricta presencia en dirección "desde" dando a su faz "ya" el dominio sobre la estructura tempórea. El logos incoado en la aprehensión primordial y en estricta presencia queda ahora desplegado en efectiva anterioridad. Esquemáticamente podría representarse así:

 

iluminación

cosa cosa

real logos real

desde

YA-------------es-------------aún

 

 

Aparecen en este esquema tanto la dualidad de las aprehensiones como el dominio de la anterioridad. Se trata, sin embargo de un esquema aún insuficiente. Y su insuficiencia radica en que no tiene en cuenta aún la estructura tempórea del logos en tanto que re-actualización autónoma, esto es, basada en la autonomía que el campo posee al instaurarse como ámbito de realidad. El logos como intelección así conceptuado va a poseer su propia estructura tempórea completa como "ya-es-aún", pero con la imprescindible dominancia del "ya" que la conformaría entonces como "YA-es-aún". Lo veremos con detalle.

La dualidad del logos nos ha hecho ver, en este primer momento, la efectiva apertura de la estructura tempórea del acto intelectivo en dirección del "YA".

La intelección obliga a recurrir al pasado, pero no hay que olvidar que ese recurso es posible sólo desde lo presente, que es justo lo que hay que inteligir. Lo que estamos analizando no es sino la estructura mínima, el gozne exacto donde ese recurso al pasado se origina. Esto es lo que Zubiri tiene ante los ojos.

 

5.3.- La dinamicidad

El logos, además de ser dual, es dinámico, esto es, consiste en ser un movimiento en el que los dos términos de su dualidad no son sino momentos suyos. Veamos brevemente como Zubiri conceptúa ese movimiento.

El punto de partida del movimiento del logos está en la realidad aprehendida primordialmente. Por esa aprehensión estamos "en" la realidad, pero ahora Zubiri remarca ese "estar": al abrirse campalmente lo real primordialmente aprehendido el "estar" se transforma en "quedar". La realidad, por su propia fuerza nos retiene "quedando en ella". Ese "estar-quedando" es noérgico y su misma forma gerundiva transluce su estructura de "estar siendo". En todo el movimiento del logos estaremos siempre "quedando" en la realidad.

El movimiento del logos es sentiente y tiene lugar en y por el "hacia" que, a su vez ha abierto el campo de realidad "entre" las cosas reales que inteligimos.

El movimiento del logos se realiza "entre" dos realidades distintas, pues bien, esa distinción sólo es posible como distanciamiento dentro del campo de realidad. Distanciamiento consiste en recorrer el campo de realidad: es tomar distancia.

La distancia se recorre direccionalmente. apunta hacia la cosa real desde la que vamos a inteligir la otra cosa real. Se trata de un movimiento orientado. Dentro de una misma dirección caben varias orientaciones. La diversidad de orientaciones es, dice Zubiri, en el fondo, arbitraria.

La orientación de la direccionalidad a la que el "hacia" nos empuja no está unívocamente determinada, con lo que el campo de realidad se revela como campo de libertad. La orientación es algo que puede ser elegido, o mejor dicho, que debe ser elegido.

Finalmente, el movimiento del logos es un movimiento doble que tiene lugar en la retinencia de lo real. La primera fase del movimiento es lo que Zubiri llama impelencia y consiste en que lo real mismo nos empuja, nos impele, a recorrer el campo abierto de la realidad que nos retiene. La segunda fase del movimiento es lo que Zubiri llama reversión y consiste en volver desde el campo al que hemos sido llevados, hacia lo real que queremos inteligir. Se trata del intentum. Intentum es ciertamente tender a la cosa real, pero en tanto que manteniendo la tensión del ámbito de realidad en la que estamos tensamente retenidos. Es, en palabras de Zubiri, una realidad en intentum y no un intentum de realidad. Nos estamos moviendo en el ámbito de la noergia y, por tanto, no cabe aquí confusión con la intencionalidad fenomenológica. El intentum, por el hecho de serlo, es espectante. Es movimiento en ex-pectación. El "ex" expresa ya su estructura fundada.

La duplicidad interna del movimiento del logos abre su estructura como re-actualización dinámica y le dota de su propia autonomía. Autonomía anclada en la aprehensión primordial y retenida en la realidad.

 

5.4.- Dinamicidad y temporeidad

Zubiri empieza a explicar la dinamicidad del logos desde lo real de donde se parte, es lo real aprehendido primordialmente. La realidad así aprehendida nos retiene, y esa retinencia consiste en un "estar quedando". Advertimos ya que ese "estar quedando" deja entrever su estructura esencial de "estar siendo". El uso del gerundio transparenta su estructura tempórea. Se trata de la presencia distensa en la que siempre estamos y cuya estructura facial "ya-es-aún" conocemos.

Esa presencia es una presencia abierta por el "hacia" sentiente, y ahora esa apertura no se limita a ser solamente posibilidad de recorrido, sino que se constituye en efectiva remisión "hacia" otra cosa en el campo también efectivamente abierto. Se da lo que Zubiri llama distanciamiento. Por ser el "hacia" direccional, el recorrido se efectúa en una dirección tempórea muy precisa: el "desde". Se va "hacia" la cosa campal "desde" donde se ha de inteligir lo real primordialmente aprehendido. Ahora bien, ese "desde" no solamente posee dirección, sino que tiene también, dentro de la dirección, lo que Zubiri llama orientación. El "hacia" ha abierto la dirección tempórea en "desde", pero dentro de ese "desde" caben diversas orientaciones. La razón estriba en que el "desde" está abierto campalmente como ámbito de realidad. Pues bien, la diversidad de orientaciones posibles hace que el campo de realidad se convierta en campo de libertad.

El "ya" de la estructura tempórea del logos como "YA-es-aún" ha quedado abierto como ámbito de libertad. Es forzoso que el campo se abra, y que se abra en dirección "desde". Pero una vez efectivamente abierto se autonomiza como ámbito libre y permite optar por diversas orientaciones. Es en ese campo libre donde el logos va a moverse. Su movimiento tendrá dos fases: la de impelencia y la de reversión o intentum espectante. Se ex-pecta desde el "YA".

Tempóreamente tenemos la estructura del "mientras" en la que la aprehensión primordial de realidad nos ha instalado y en la

que "estamos quedando" siempre. Tenemos también efectivamente abierta la dirección del "YA" que el logos, en su movimiento de impelencia nos ha abierto. esta "YA" posee, una vez abierto, un dominio sobre la estructura entera del "mientras" . No estamos ya en la estricta presencia propia de la aprehensión primordial, sino en la presencia del "mientras" dominada por su momento de anterioridad, por el "YA". Pero el campo se ha autonomizado como ámbito de libertad y eso, tempóreamente conlleva que ha generado su propia estructura tempórea completa: su "ya-es-aún" propio. Esta nueva estructura está fundada en la estructura tempórea de la aprehensión primordial de realidad y no es sino un despliegue de ella en dirección del "YA".

Esta nueva estructura tempórea del logos está en el dominio completo de su momento de anterioridad, lo que queda gráficamente expresado así: "YA-es-aún". El "YA" de esta estructura coincide con el "ya" de la estructura tempórea de la aprehensión primordial de realidad. El "es" abarca todo el ámbito de libertad en el que el logos se mueve. Es un es que es "siendo", y como tal estructura tempóreamente el movimiento del logos, su dinamismo. Es un "siendo" que ha surgido en dirección de su "YA" y se articula en dirección de su "aún" que va a coincidir con la presencia estricta de lo primordialmente aprehendido. El "aún" va recubrir, por así decirlo, al "ES" de la estricta presencia originaria.

El "siendo" posee, pues, un doble recorrido: el de impelencia y el de reversión en intentum. El carácter esencial del "siendo" será justamente el de espectación. Dicho más exactamente, la espectación que caracteriza al movimiento del logos tiene la forma tempórea de en "siendo" que dominado desde su "YA", apunta a una presencia originaria que "siempre" le quedará en su "aún" abierta. La apertura, en los dos sentidos del "hacia", es principio y fin del logos.

Esquemáticamente la estructura tempórea del logos, básicamente considerada, quedaría así:

reversión espectante

YA----------es---------aún - LOGOS

siendo

impelencia

ya----------------------ES----------aún - APREHENSION

estricta PRIMORDIAL

presencia

M I E N T R A S

 

Con esto tenemos esquematizada la estructura tempórea básica del logos. En los análisis ulteriores iremos viendo cómo esa estructura tempórea va tomando cuerpo en los distintos momentos del logos.

 

5.5.- La medialidad

Hemos visto ya que el campo de realidad se autonomiza al abrirse intelectivamente. Al autonomizarse queda instaurado como ámbito de realidad y como tal es, de alguna manera inteligido. Zubiri conceptúa el campo en tanto que permite inteligir lo que hay en él sin ser él mismo visto, esto es, como medio. Pero a su vez, el campo tiene su propio modo de intelección que impide que sea inteligido como una cosa entre otras, sino precisamente como ese "entre". Así pues, Zubiri nos dirá, en primer lugar lo que entiende por medio, y en segundo lugar, su forma de intelección.

El medio, nos dice Zubiri, "no es algo que se ve sino algo en que se ve, algo que permite ver"(IL 75). En este sentido todo logos es mediado por más inmediato que nos parezca. Porque medio no consiste en ser intermediación: en la línea de la intermediación puede hablarse de un logos inmediato porque el intermediario es siempre una cosa real, y el logos puede prescindir de esa cosa intermediaria para decir "inmediatamente" lo que quiere decir,pero el medio del que aquí habla Zubiri no es ese. Medio es simplemente ámbito que modaliza las posibles intelecciones que acontecen en él. Zubiri pone los ejemplos de la luz, del espejo, de los medios sociales...

Al afirmar Zubiri que todo logos, por el hecho de serlo, es mediado, nos está diciendo que todo logos está modulado por el medio en el que se mueve y que esa modulación es un carácter esencial suyo. Ahora bien, todo medio nos remite a un medio fundamental que es el que hay que conceptuar. Ese medio fundamental no será sino la misma realidad en cuanto ámbito campal. Y ese ámbito campal se ha abierto desde la realidad primordialmente aprehendida. Ahora bien, la realidad es aprehendida directa e inmediatamente en aprehensión primordial, pero en intelección campal, precisamente por ser campal, se ha perdido la inmediatez y se ha adquirido la medialidad: inteligimos lo que algo es "en realidad" de una manera no ya "directa" sino mediata.

Autonomizada la realidad como medio campal posibilita el movimiento del logos en cuanto logos declarativo. Es la reactualización la que permite declarar algo de algo.

 

5.6.- Temporeidad y medialidad

Básicamente el esquema tempóreo que hemos esbozado desde la dualidad del logos es aplicable a la medialidad del logos. Es el esquema tempóreo de la reactualiación fundada en la actualización primordial. En él, el campo está dominado tempóreamente por el "YA" y se abre como campo de libertad en el que el logos espectante apunta a la estricta presencia de lo primordialmente aprehendido.

Ahora bien, lo que a nuestro juicio manifiesta de forma clara la mediación del logos en lo que respecta a la temporeidad es la pérdida de la estricta presencia propia de la aprehensión primordial. Es verdad que esa pérdida se consuma en el momento en que el logos dinámico se abre en dirección de su "YA", pero ahora, en tanto que campo abierto,se autonomiza como medio, y la pérdida se hace, si cabe, más patente. Es por eso necesario conceptuar este momento tempóreo de la intelección.

En primer lugar hay que recordar que la pérdida de la estricta presencia no equivale a perder la presencia de la intelección como tal. Por tanto nos seguimos moviendo retenidos en la realidad "quedando" en ella. Se trata de la presencia distensa del "mientras".

En segundo lugar hay que recordar que todo "siendo" lo es de un "estar" y que el "estar" constituye el núcleo de la actualidad. El "estar siendo" tiene, en este caso, carácter noérgico. Es la realidad la que "está" y "está siendo" en la intelección. Pues bien, la presencia que se pierde no es la presencia del "siendo", ni mucho menos la presencia de la realidad. Perdemos la estricta presencia pero nos quedamos en el "estar". A ese quedarse en el "estar" pero sin la estricta presencia de la aprehensión primordial, vamos a llamarlo ausencia.

No se trata de ausencia de realidad, sino de realidad en ausencia. No se trata de no estar, sino de estar ausente. La ausencia no indica sino la pérdida de lo estricto de la presencia, pero mantiene la presencia del "estar". La negatividad que la ausencia implica se inscribe en esa carga negativa que el medio contiene y que Zubiri expresa diciendo que permite ver sin ser él mismo visto. Es esa misma negatividad la que hace que el campo sea campo de libertad.

En el fondo toda la carga negativa que hay en el concepto de ausencia no quiere sino expresar tempóreamente la carga negativa que el mismo campo conlleva.

Tempóreamente el concepto de ausencia deja ver, por un lado la positividad de lo que "ya-es", y por otro lado la negatividad de lo que "ya-no-es". Queda anunciada aquí la negatividad del pasado. El pasado es lo "ya no" que se abre desde el "es" estrictamente presente que lo sostiene reactualizándolo, pero como lo que "ya" no es.

Ausencia, por tanto, no significa ni vacío ni pura negatividad sino que es un modo negativo de "estar" positivamente: es "estar ausente". Es presencia no estricta.

La ausencia va a extenderse también a la tercera tabla del tríptico, a la intelección racional. Lo veremos en su momento.

Hasta aquí Zubiri nos ha esbozado lo que él llama la estructura básica del logos. Sobre ella hemos esbozado nosotros su estructura tempórea también básica. Ahora Zubiri va a entrar en el análisis de la estructura formal del logos en sus dos momentos esenciales: como logos dinámico y como logos medial. Por nuestra parte iremos siguiendo el análisis de Zubiri, haciendo ver su estructura tempórea.