III.-LOGOS Y TEMPOREIDAD 

 

Entramos ahora en el análisis tempóreo de la segunda tabla del tríptico sobre la inteligencia: Inteligencia y Logos. La articulación de esta segunda tabla con la primera del tríptico, posee una estructura precisa, la de la ulterioridad. No se trata, lo hemos visto ya, de una ulterioridad temporal, sino de una ulterioridad estructural. El logos será, pues, un momento estructural del acto intelectivo, momento ulterior pero esencial suyo. En este sentido el logos va a poseer su propia estructura tempórea fundada en la estructura tempórea del acto intelectivo. Poner de relieve esa estructura será el objeto de nuestro estudio, y lo haremos recorriendo el esquema mismo de la obra de Zubiri de manera análoga a lo hecho en el capítulo anterior. Por eso no está de más hacer una presentación general de esta segunda tabla del tríptico sobre la inteligencia.

 

1.- ESQUEMA FUNDAMENTAL DE INTELIGENCIA Y LOGOS

El estudio consta de una introducción y tres secciones. La introducción ocupa el primer capítulo, y consiste en presentar los conceptos fundamentales con los que va a analizarse lo que es el logos y su conexión con lo ya analizado en el volumen anterior.

La primera sección se titula La intelección de las cosas en el campo de realidad, y consta de dos capítulos en los que se trata respectivamente lo que es el campo de realidad y lo que es lo real campalmente inteligido, esto es, el logos sentiente.

La segunda sección atiende a la estructura formal del logos sentiente en su carácter de estructura dinámica, y consta, a su vez, de dos capítulos: en el primero analiza Zubiri lo que significa la distanciación y, en el segundo, analiza lo que es la intelección distanciada de lo que la cosa real es en realidad.

Finalmente, la tercera sección se ocupa del análisis de la estructura formal del logos sentiente, pero en tanto que estructura medial, y consta también de dos capítulos. El primero de ellos se ocupa de la determinación del logos en sí mismo, esto es, como evidencia, y el segundo en su respecto a la verdad. El estudio termina con una conclusión general.

Cada una de las secciones se ocupa, a su manera de los tres caracteres esenciales del logos: su dualidad, su dinamicidad y su medialidad. Entremos, pues, en el análisis del texto mismo.

 

2.- LA INTRODUCCION

Zubiri empieza por situar el análisis que va a emprender en el ámbito de lo ya analizado, esto es, en el análisis de la intelección sentiente. Así, recogiendo análisis ya sabidos, Zubiri nos guía en tres páginas de síntesis apretada y exacta al momento de apertura de la formalidad de realidad. Es en esa apertura donde Zubiri introduce el concepto de campo de realidad:

"Cada cosa real tiene, pues, dos momentos. Uno, el momento por así decirlo, individual de su propia realidad; otro, el momento de abrir un campo, el momento campal. Son dos momentos de una sola realidad: todo lo real es individualmente y campalmente real, y es aprehendido siempre en estos dos momentos". (IL 14)

En la aprehensión primordial de realidad están aprehendidos esos dos momentos de lo real, el individual y el campal, pero están en lo que Zubiri conceptúa como aprehensión compacta de la realidad. El aprehender compactamente es propio de la aprehensión primordial de realidad como modalización primaria de la intelección, pero en las modalizaciones ulteriores de la misma intelección lo compacto da lugar a la autonomía de lo campal frente al momento individual de la aprehensión: lo real se aprehende ahora no sólo en su momento campal (que ya lo era) sino campalmente. Ahora el campo es ámbito de realidad abriendo un respecto a otras cosas reales igualmente campales. Es en este respecto donde inteligimos no sólo que la cosa es real, sino lo que es "en realidad". Ese "en" expresa precisamente el campo abierto por lo real mismo.

A la actualización de una cosa real en el ámbito de realidad es lo que Zubiri llama logos. Logos es, pues, actualización, o mejor dicho, es "re-actualización" por ser actualización ulterior respecto de la aprehensión primordial. En tanto que actualización el logos posee el carácter de sentiente, ya que consiste en ser una modalización de la impresión misma de realidad. Además el logos será dinámico: no será sino el movimiento de restauración de la unidad entre el momento campal y el momento individual de lo real.

Que el logos sea conceptuado por Zubiri ya en su introducción como re-actualización, como ulterioridad y como movimiento indica, para nuestro trabajo, que subyace en él una estructura tempórea propia y autónoma, aunque fundada radicalmente en el origen mismo del logos: en la presencia estricta de la aprehensión primordial de realidad. Antes de entrar en esa estructura tempórea propia del logos despejemos un posible equívoco frete al que el mismo Zubiri nos pone en guardia al final de su introducción. Se trata de una constatación que hemos venido repitiendo constantemente pero que ahora tiene una relevancia especial. Dice Zubiri:

"Es esencial observar que no se trata de un proceso sino de una estructura. Cuando se intelige lo que algo es en realidad después de haberlo inteligido como real, este "después" no significa que lo que hago es "ponerme" a inteligir lo que esa cosa es en realidad. La inteligencia no "se pone" a hacerse cargo de lo que algo es en realidad, sino que está ya puesta a ello por la realidad misma, por la unidad de su aspecto individual y campal". (IL 16)

Habíamos visto ya que Zubiri no está describiendo el proceso talitativo del acto intelectivo, sino analizando su estructura esencial, por eso el logos no podía interpretarse en su ulterioridad como un momento cronológicamente posterior a la aprehensión primordial de realidad. Eso es lo que en el texto que acabamos de transcribir aparece ratificado. Pero además este mismo texto da pie para fundamentar la lectura que de la obra de Zubiri estamos haciendo, y que prima la imagen del tríptico respecto de la imagen de la trilogía. Nos explicaremos muy brevemente: la interpretación de la obra de Zubiri sobre la inteligencia como trilogía implica o puede implicar un orden de lectura o de acomodación de la obra que empieza por la aprehensión primordial de realidad, sigue por el logos y continúa hasta la razón para acabar "volviendo" maduramente a su punto de partida. En esta lectura es muy fácil que se cuele la idea de que ulterioridad es, de hecho, posterioridad cronológica: la trilogía sigue el orden del discurso en el que una palabra viene siempre después de la otra...

En cambio nosotros hemos seguido la imagen del tríptico, que es la que Zubiri solía utilizar para referirse a su obra sobre la inteligencia. El tríptico no se contempla en el mismo orden en el que se lee un discurso. El tríptico, lo hemos dicho ya, muestra en primer lugar su tabla central donde aparece lo esencial y, ulteriormente, se abre a derecha e izquierda en sus tablas laterales que, a su vez, complementan, subrayan o simplemente apuntan a lo ya mostrado en la tabla central.

Pues bien, nuestra hipótesis es la siguiente: la ulterioridad del logos, en tanto que ulterioridad estructural, consiste en abrirse no en posterioridad cronológica, sino en anterioridad estructural. Esa anterioridad no es temporal (porque no se trata de un análisis talitativo), pero sí es tempórea. Si la estructura tempórea de la aprehensión de realidad es "ya-es-aún", el logos es apertura en dirección del "ya".

El tríptico cerrado (compacto) se abre ahora en una de sus tablas, y al abrirse genera un campo nuevo de análisis, el logos. Nuestra tarea va a consistir en descubrir la estructura tempórea de esa segunda tabla articulada esencialmente a esa primera tabla central.

Recordemos muy brevemente que la estructura tempórea de la intelección sentiente en tanto que actualización consiste en la presencia del "estar" de lo real, y que esa presencia no es sino el "siendo", el "mientras" o el "siempre" en el que noérgicamente estamos. En aprehensión primordial de realidad esta presencia es estricta, pues se da un dominio del momento central del "es" sobre los momentos de su apertura "ya" y "aún". El dominio quedaba expresado en la estructura "ya-ES-aún". Esa estructura tempórea es, desde sí misma abierta y lo es direccionalmente por esa forma de presentación que recubre a todas las demás que es el "hacia".

De la misma forma que la estructura tempórea de la actualidad intelectiva queda modalizada en la aprehensión primordial por el dominio del "es", así, en el logos, que es re-actualización intelectiva, la misma estructura tempórea quedará a su vez modalizada por el dominio del "ya". Pero eso no es todo; al autonimizarse el campo como ámbito de realidad, en cierta forma va a exigir su propia estructura tempórea "completa". Esa exigencia de completitud se fundamenta en el hecho de que el logos es intelección dinámica. Habrá que hacer ver, en su momento, cómo esa estructura tempórea "completa" se articula con la estructura tempórea de la aprehensión primordial y en que sentido la modifica.

Algo análogo sucederá con ese otro modo de actualización que es la razón, pero no se trata ahora de avanzar ideas, sino simplemente de apuntar caminos. En cualquier caso no nos salimos de esa presencia en "siempre" que caracteriza a la intelección en cuanto tal y en sus modalizaciones. Estamos "siempre" instalados en la realidad.

Entremos pues en la primera sección del estudio del Logos: La intelección de las cosas en el campo de la realidad. Seguiremos, como lo hemos hecho hasta ahora, el hilo conductor del análisis de Zubiri deteniéndonos allí donde lo tempóreo adquiera relevancia especial. Este método no es arbitrario sino que está fundado en el mismo pensamiento de Zubiri para el que el tiempo no es sino tiempo-de una realidad. El tiempo no tiene sustantividad alguna. La estructura tempórea no es sino el tiempo de una cosa real considerado transcendentalmente, esto es, en tanto que propio de "esa" realidad. Por eso es necesario perseguir en la estructura esencial de la cosa real su estructura tempórea. El seguir paso a paso la estructura del acto intelectivo es lo que nos ha posibilitado ir abriendo, también paso a paso,la estructura de su temporeidad. Vamos a ver, pues la temporeidad de las cosas en el campo de realidad.

 

 

3.- EL CAMPO DE REALIDAD

Al introducir Zubiri el tema del campo de realidad empieza advirtiendo que el campo es, antes que nada, un momento de la formalidad de realidad y, en ese sentido, pertenece a la aprehensión primordial de realidad. Sólo en un segundo momento el campo se constituye como momento del logos, aunque justo en ese segundo momento es cuando el campo adquiere su función más importante. Para Zubiri es esencial insistir en éste punto, y de tal manera que llega a afirmar que el concepto de campo pertenece, de hecho, a lo que hemos llamado la tabla central del tríptico, esto es, al ámbito de la aprehensión primordial de realidad.

Esta advertencia de Zubiri tiene importancia para nuestro estudio porque apunta ya a un primer momento de lo que hemos llamado la articulación entre las dos tablas del tríptico. Que la noción de campo pertenezca a la tabla central significa, en primer lugar, que debe darse una estricta continuidad entre la aprehensión primordial y el logos. No se trata de que termine la aprehensión primordial de realidad y empiece (antes o después) el campo y su peculiar intelección, sino que el campo empieza, por derecho propio, en el centro mismo de la aprehensión primordial de realidad. Esa continuidad, recordémoslo, es también un carácter de la estructura tempórea: se trata de la unidad estructural y formal del "ya-es-aún". La unidad del momento individual y del momento campal que se da en aprehensión primordial de realidad y que Zubiri conceptúa como compacción posee tempóreamente la misma estructura que la aprehensión primordial: "ya-ES-aún". Esto es, se mantiene primerísimamente en el ámbito de la estricta presencia, pero es menester remarcar ahora que esa estricta presencia es, desde sí misma abierta en su "ya" y a su "aún" constitutivos, con el dominio del "ES". Precisamente esa apertura dominada por la estricta presencia constituye el momento tempóreo de lo aprehendido en compacción: lo individual y lo campal de cada cosa real.

Introducidas así las cosas, el campo tiene entonces dos aspectos desde donde Zubiri va a abordarlo. En primer lugar, el campo se abre desde cada cosa real aprehendida: es el campo de lo real abierto en sí mismo. Pero en segundo lugar esa apertura se constituye en ámbito de realidad, es algo que abarca las otras cosas reales. En este segundo momento es donde el campo adquiere una cierta autonomía. Esta duplicidad del campo implica también una duplicidad en la aprehensión. Así, en primer lugar podemos aprehender las cosas reales como campales, lo que es propio ya de la aprehensión primordial de realidad. Pero pueden aprehenderse las cosas en función del campo que ellas mismas generan, entonces es cuando se inteligen campalmente, esta es la aprehensión propia del logos.

3.1.- Los caracteres generales del campo

Zubiri hace una descripción del campo en analogía con los elementos del campo visual. El mismo Zubiri hace notar la insuficiencia de esta analogía y su dependencia del lenguaje ordinario. Hay otra imagen aparte de la del campo visual, que Zubiri parece tener en cuenta, es la imagen del campo electromagnético de la física. Pero es necesario volver a la cosa misma y conceptuar el campo en la estructura misma que Zubiri le otorga: en la estructura de la intelección. Se trata de campo intelectivo sentiente y, por tanto abarca a todas las formas de presentación de lo real que constituye la sensibilidad, y aquella forma de presentación de lo real que las recubre a todas, recordémolso, es el "hacia". El campo, pues se abre presentándose en "hacia".

Empieza Zubiri la descripción del campo por aquello que se aprehende directamente y que es lo que constituye el primer plano. Centrado este primer plano el resto es "lo demás". Lo demás puede constituirse como fondo desde donde se destaca el primer plano, pero puede configurarse también como la periferia. Esta estructura de primer plano, fondo y periferia es variable.

Todo campo posee un horizonte que lo enmarca, ese horizonte forma parte del campo y, en cierta manera lo totaliza. Cuando el campo queda totalizado tenemos lo que Zubiri llama un panorama, y ese panorama es aprehendido como "syn-opsis"; en cambio, las cosas aprehendidas en su orden dentro del panorama forman lo que Zubiri llama syn-taxis. Así, la sinopsis y la sintaxis con los dos aspectos de la unidad panorámica de la aprehensión campal.

Tanto el horizonte como la sinopsis y la sintaxis son variables. El horizonte puede aplicarse o retraerse con la consiguiente variación sinóptica y sintáctica.

Sea como sea la variabilidad del campo, Zubiri la ha dejado anclada en lo que ha llamado el primer plano, que es lo directamente aprehendido. Todo "lo demás" gira, varía, se amplía o se retrae alrededor de ese primer plano. Hasta aquí, por tanto es la presencia de lo directamente aprehendido la que domina al resto de la variabilidad campal. Tempóreamente podemos decir que se trata de la estricta presencia propia de la aprehensión primordial de realidad. Esa presencia es estricta porque se trata de una aprehensión primordial del primer plano la que está en el centro de todo el campo, pero precisamente por tratarse ya de campo, esa presencia es también la presencia del "hacia" abierto direccionalmente. El "hacia" se abre direccionalmente como "desde-hacia" porque se trata, no lo olvidemos, del modo sentiente de presentación de lo real que recubre a todos los otros modos de presentación.

La presencia propia del campo hasta aquí descrito, es por tanto, una presencia estricta pero ya efectivamente abierta en "desde-hacia".

Pero el campo no solamente está anclado en la aprehensión del primer plano, sino que está totalizado por el horizonte que lo separa de lo no-definido. El horizonte tiene también su presencia, pero no como la del primer plano: la temporeidad del horizonte es el "mientras", el "siempre" que totaliza y abarca toda aprehensión primordial particular. "Siempre" hay un horizonte en el que se inscribe la fugacidad de una aprehensión primordial. Tempóreamente el horizonte posee la presencia distensa propia de la aprehensión de realidad, pero carece de esa presencia estricta propia de la aprehensión primordial de realidad. Ambas presencias no son separables, pero sí distinguibles. La presencia estricta no es sino el momento central de la presencia distensa. No olvidemos que el campo es propio de la aprehensión, no de las cosas. El campo es ámbito aprehensivo, realidad en cuanto sentida. La presencia, sea entendida como presencia estricta o como presencia distensa, sólo es la presencia en que la actualidad intelectiva consiste. No hay que olvidarlo: el campo es antes que nada, momento de la formalidad de realidad.

3.2.- El concepto estricto del campo

Zubiri restringe el concepto estricto del campo al ámbito de las cosas reales, esto es, el ámbito de lo abierto en formalidad de realidad en la aprehensión. En este sentido el campo es fundamental y estrictamente campo de realidad en contraposición a lo que él mismo llama campo perceptivo en el que lo que hay son contenidos percibidos. El campo se abre, pues, en la apertura misma de la impresión de realidad en cuanto realidad formal y constitutivamente abierta. Dice Zubiri:

"Y esta apertura concierne a la impresión de realidad en cuanto tal, por tanto a todos los modos de presentación de lo real. Entre ellos hay uno, el modo del "hacia". Lo que ahora me importa en este "hacia" es que las otras realidades son en este caso, como ya dijimos, otras cosas reales respecto de las cuales cada una es lo que es. Pues bien, esta respectividad es formalmente lo que constituye el momento de cada cosa real según el cual toda cosa está en un campo. Este campo pues está determinado por cada cosa real desde ella misma; de donde resulta que cada cosa real es intrínseca y formalmente campal". (IL 27-28)

Es, pues, la respectividad de cada cosa real por el hecho de estar en formalidad de realidad, y sentida en "hacia" la que constituye el campo estrictamente hablando.

El campo es así "excedencia" en "hacia", excedencia constitutiva de cada cosa real. Zubiri va apretar más el concepto de campo a partir de la estructura de lo que el llama "cosa-campo" y que posee carácter cíclico: el campo se puede ver desde la cosa real que lo genera y, a su vez, la cosa puede verse en el campo que la incluye.

En la primera perspectiva la excedencia campal coincide con lo que Zubiri ha conceptuado como transcendentalidad. Esta no es sino la apertura respectiva a la suidad mundanal. La transcendentalidad no se agota en el campo, pero este es un modo sentiente de la transcendentalidad. El campo será la transcendentalidad sentida.

En la segunda perspectiva, el campo, dice Zubiri, "cobra una función en cierto modo autónoma". Se transforma en ámbito de realidad. Ese ámbito de realidad es anterior y fundante de todo concepto de espacio o de espaciosidad. Es ámbito sólo en cuanto física respectividad.

De esta forma el concepto estricto de campo será el de ser ámbito transcendental. No nos hemos salido de la formalidad de realidad en el que cada cosa real es formalmente aprehendida.

3.3.- Ambito transcendental y temporeidad

En la base del concepto estricto de campo está la respectividad transcendental, en cuanto sentida en "hacia" de cada cosa real. La respectividad transcendental es apertura respectiva a la suidad mundanal. Toda cosa real por el hecho de ser mundanal "está siendo", el "siendo" constituye el modo de su actualidad mundanal y la estructura del "siendo" es su tiempo.

El concepto de campo es anterior al concepto de espacio y a la espaciosidad intrínseca a cada cosa real. La espaciosidad no es sino la ex-tensión física de lo real en cuanto simplemente "está" y en ese sentido es también anterior al tiempo y a la temporeidad. Lo que "está" está ulteriormente "siendo". Tendríamos así, en el ámbito de la tanscendentalidad sentida, y en otro orden de fundamentación los conceptos de campo-espacio-tiempo, o mejor: campo-espaciosidad-temporeidad

Como lo que nos hemos propuesto es poner de relieve la estructura tempórea del acto intelectivo, vamos a prescindir de la cuestión del espacio y de la espaciosidad y a centrarnos sólo en la cuestión de la temporeidad. No obstante hay que notar que los tres conceptos que nos ocupan: campo, espaciosidad y temporeidad, se fundan en la estructura del "ex" en que la respectividad transcendental de la realidad consiste.

Hemos visto ya como ese modo de presentación que es el "hacia" dota de dirección a su misma presencia, y al hacerlo la abre a sus respectos constitutivos "ya" y "aún". El campo no es solamente transcendentalidad, sino transcendentalidad sentida en "hacia", es decir, presentada en "hacia", y por tanto, tempóreamente abierta.

El campo, estrictamente conceptuado como ámbito transcendental sentido, posee su propio "siendo", esto es, su presencia abierta por el "hacia". La estructura de este "siendo" dependerá de la estructura misma del campo, y eso es lo que veremos a continuación.

3.4.- La estructura del campo de realidad

Zubiri conceptúa la estructura del campo de realidad sobre la base de la estructura que el "hacia" mismo abre. Se trata de la estructura de la apertura misma pero en tanto que presentada en "hacia". Dice Zubiri:

"Este "hacia" no es sólo un modo de presentarse la realidad sino que es, como todos los demás modos, un modo de presentación transcendentalmente abierto. Lo cual significa que toda cosa por ser real es en sí misma campal: toda cosa real constituye una forma de realidad "hacia" otra. Ciertamente el "hacia" es formalmente una forma de realidad, pero el "hacia" en apertura transcendental (propia de la impresión de realidad) es formalmente campal". (IL 33-34)

Así pues, cada realidad está, desde sí misma abierta direccionalmente a las otras realidades, lo que hace que cada realidad sea, desde sí misma "entre" otras realidades. El "entre" será el primer momento de la estructura del campo. Es un "entre" fundamentalmente de actualidad de lo real.

Así continúa Zubiri:

"El "hacia" de la campalidad es ante todo un "hacia" en "entre", o mejor dicho, es un "entre" que tiene positivamente el carácter de un "hacia" de realidad". (IL 34)

Este "entre" estructurado en "hacia" es lo que permite que las cosas reales tengan una determinada posición respectiva: primer plano, periferia, horizonte.... La positividad del "hacia" como presencia es la que permite la distribución posicional de las realidades aprehendidas, y de tal forma que cada realidad constituye en sí misma una nueva posibilidad de ordenamiento posicional del campo. De esta forma, el "entre" no sólo tiene lugar porque las cosas reales son varias, sino que también son variables, y esa variabilidad nos dará la clave para entender el segundo momento de la estructuración del campo en la conceptuación de Zubiri: la función.

Las cosas reales no solamente se actualizan unas entre otras, sino unas en función de las otras. Esta funcionalidad puede ser, y es de hecho, muy variable. Zubiri dota al concepto de funcionalidad de una amplitud muy grande y por eso renuncia a hacer un inventario completo de los tipos de funcionalidad para quedarse sólo con los ejemplos más significativos. Así, un primer tipo de funcionalidad sería la mera coexistencia. Otro sería la sucesión en la que una cosa real es actualizada después de otra. Otro sería la posición que la cosa real ocupa en el campo y su mismo carácter espacial o espacioso.

Así, la funcionalidad como dependencia de unas cosas reales respecto de las otras, no es sino un carácter estructural del campo mismo. Y ese carácter lo es también en y por el "hacia" de su presentación.

Es en este nivel donde Zubiri aborda la cuestión de la causalidad. No entraremos en la argumentación que sigue Zubiri frente a las posiciones de Hume y de Kant. Nos basta con constatar que para Zubiri la causalidad no es, primariamente, sino un tipo, entre otros, de funcionalidad. De este modo la preposición "por" no es sinónima, para Zubiri, de causa, sino que sería la simple expresión de la funcionalidad sentida, y sentida en "hacia".

Concluye Zubiri:

"En definitiva, el campo de realidad tiene una estructura determinada por dos momentos: el momento del "entre" y el momento del "por". Cada cosa es real en el campo entre otras cosas reales y en función de ellas. Estos dos momentos no son independientes. La funcionalidad, el "por", es en rigor la forma del "entre" mismo. La forma de estar "entre" es funcional". (IL 42)

 

3.5.- Temporeidad y estructura campal

Los dos momentos de la estructura campal, el "entre" y el "por", no nos han sacado de la presencia propia de la aprehensión primordial, aunque sí nos servirán para explicitar con más precisión la apertura de esa presencia.

El estar en actualidad campal es también un "estar siendo", y el "siendo" expresa ya en su forma gerundiva su estructura extensiva. Esa estructura no es sino el "mientras" cuyos momentos son el "ya-es-aún" direccionados por el "hacia". Ahora bien, con base a lo dicho por Zubiri respecto del campo, podemos ver ahora que la estructura tempórea es estrictamente campal. No se trata sólo de que el campo posea una estructura tempórea, sino que ésta está abierta desde el campo mismo ya que el campo no es sino la transcendentalidad misma de lo real sentida y abierta estructuralmente en "hacia".

Estructuralmente el "siendo" se abre según la estructura del campo misma. Puede decirse que el "es" como faz primaria de esa estructura se abre "entre" el "ya" y el "aún", y que constituye en función de ellos. Es precisamente, lo vimos ya, la fuerza del "hacia" es la que abre a la presencia estricta del "es" propio de la aprehensión primordial de realidad. Pues bien, si el "hacia" abre la estricta presencia, lo hará según su propia estructura. Es más, puede afirmarse ahora que el "hacia" es estructurante de temporeidad. Recordemos que el "hacia" no es sino forma de presentación sentiente de la misma realidad.

Entonces la estructura tempórea abierta según la estructura campal en "hacia" podría esquematizarse así:

ya---------------es-----------------aún

 

por por

 

entre entre

 

desde hacia

 

Hemos dicho más arriba que el "es" como faz central de la estructura tempórea se abría "entre" y en función (por) de sus otras dos facies. Pero lo mismo cabe decir del "ya" y del "aún". El "ya" se ha abierto "entre" el "es" y el "aún" y está en función de ellos, y, a su vez, el "aún" lo es "por" el "es" y el "ya" y está entre ellos. No se trata sino de la interna respectividad de una estructura esencial.

Hay que remarcar que el punto de partida de la apertura estructural de la temporeidad está en su estricta presencia central. El punto de partida no es indiferente, y no lo es porque la apertura tiene un carácter estrictamente direccional por fundarse en el "hacia" de realidad. Y esa direccionalidad no es algo que simplemente viene ya dado, sino que fundamentalmente se está dando. Ese "dando" así, en gerundio, es el punto de partida. Para Zubiri la realidad no es nunca "lo dado" sino "lo dando". La presencia de lo real es absolutamente inamisible, y por eso mismo el "hacia" no se abre sino en "desde-hacia", y abriéndose así, campalmente, origina, por así decirlo, el "ya" y el "aún" constitutivos de su misma presencia direccional.

El campo, pues, posee la misma estructura tempórea que él ha generado. Veamos ahora cual será la estructura tempórea de la intelección campal, del logos.

 

4.- LO REAL CAMPALMENTE INTELIGIDO: EL LOGOS

Una vez analizado el campo como momento de la aprehensión de lo real, Zubiri va analizar lo que es propiamente la aprehensión campal, esto es, la intelección de la cosa real en cuanto incluida "en" el campo que ella misma ha abierto. Ya no se trata sólo de aprehender las cosas como reales, lo que era propio de la aprehensión primordial de realidad, sino de aprehenderlas "en" el campo, esto es de inteligir lo que esa cosa es "en realidad". Eso será lo propio del logos. Es lo que Zubiri llama intelección campal.

4.1.- La intelección campal

Para explicar la intelección campal Zubiri ubica lo que él entiende por logos a partir de la crítica de los inicios del pensar griego donde el logos llegó a poseer un lugar preeminente. No seguiremos aquí la argumentación de Zubiri. Bástenos con recordar que para Zubiri fue precisamente en el pensar griego donde el inteligir quedó logificado y la realidad entificada, y que el mismo Zubiri comprende su tarea filosófica en el sentido de desentificar la realidad y de deslogificar la inteligencia. El concepto que desemboza esa doble entificación-logificación es el concepto de realidad, entendido también en su doble vertiente: como el prius del "de suyo" y la formalidad de alteridad que le constituye, esto es, como "de suyo" y como inteligencia sentiente.

Para Zubiri el logos no es sino un modo de intelección sentiente. Es el modo según el cual se intelige lo que una cosa real es "en realidad", y esa intelección es campal porque consiste en inteligir sentientemente lo que una cosa real es desde otra cosa en el mismo campo que ella ha abierto. El logos, pues no reposa sobre sí mismo sino en lo aprehendido primordialmente, por eso posee la estructura de la ulterioridad.

Zubiri distingue tres momentos esenciales del logos:

- En primer lugar el logos consiste en ser reactualización de lo actualizado primordialmente. Es modalización ulterior.

- Es segundo lugar esta actualización viene exigida por la impresión misma de realidad. Es necesitante.

- En tercer lugar, la intelección campal es fundamentalmente movimiento. Y lo es por ser intelección dual, ya que necesita ir, tomando distancia, de lo primordialmente aprehendido hacia el campo abierto en la misma aprehensión primordial, y revertir, en un segundo momento desde el campo hacia lo real para inteligirlo ahora como "en realidad". Así, Zubiri define al logos como la reactualización de lo real campalmente en movimiento.

Tanto la ulterioridad de la rea-actualización, la necesidad en tanto que expresión de la fuerza de la realidad primordialmente aprehendida, como el movimiento de distanciación y reversión en que el logos sentiente consiste, se fundan en el "hacia" como modo de presentación de lo real.

4.2.- Intelección campal y temporeidad

Los tres momentos esenciales de la estructura del logos nos orientan ya sobre el posible despliegue de su estructura tempórea aunque esta estructura no se verá plenamente sino en el análisis de los capítulos siguientes.

Por ser el logos reactualización, el dominio de su estructura tempórea no podrá ya recaer en su estricta presencia, en el "es" de la estructura "ya-ES-aún", sino que, manteniéndose en la presencia inamisible del "hacia", queda ya efectivamente abierto. En cuanto campo, la apertura lo es, en principio, en las dos direcciones que el "hacia" abre: el "ya" y el "aún", pero en cuanto logos queda aún por determinar su dirección. Aunque es posible ya decir que esa dirección apunta al "desde" donde el logos va a inteligir lo aprehendido primordialmente. El "desde" abre la faz tempórea del "ya". Lo veremos con detalle.

Por ser el logos exigido por la misma aprehensión de realidad debe ser conceptuado en inmediata continuidad con esa misma aprehensión, y esa continuidad hace que el logos se empiece a mostrar, si bien incoativamente, en el núcleo mismo de la aprehensión primordial. La continuidad de logos y aprehensión primordial, conceptuada como incoación y despliegue, es homologable a la estructura tempórea de la presencia, que desde sí misma y en estricta continuidad se despliega o se abre por la misma fuerza de la realidad que se le impone. Su fundamento es la presencia de lo real en "hacia".

Finalmente, por ser el logos movimiento en distanciación y reversión, se constituye como realidad dinámica y como tal deberá tener una forma tempórea. Lo tempóreo es, para Zubiri, la forma del dinamismo.

Empezaremos a analizar la estructura tempórea del logos sobre la base de la conceptuación que hace Zubiri de la estructura básica del logos.