Zubiri, X.

filosofía, Ortega

"Ortega, maestro de filosofía"

El Sol, Madrid, 8 marzo 1936, p. 6

La vida intelectual de Ortega ha sido la gigantomaquia entre Aristóteles, el hombre antiguo, y Kant, el hombre moderno. Más que renovador e introductor de todo lo producido en Europa, ha sido propulsor de la filosofía en España, creó un ámbito para filosofar con libertad. No hizo filosofía de partido, como es habitual en España. Para ello los que reciben han de poner en marcha la filosofía en sí mismos, y no solamente anotar egoístamente lo que a Ortega se oía. Además de propulsor, ha sido creador de sensibilidad filosófica, sensibilidad intelectual. Y capacidad de sentirlo todo: "yo he sentido en mí el universo entero". Nuevos temas. Descubre la importancia del libro de Brentano sobre los sentidos del ser (antes de Heidegger). Presentidor. No pura inquietud intelectual sin decidirse por nada, sino búsqueda sin término de un átomo de verdad. Por su radicalidad metafísica no podían satisfacerle ni Scheler ni Husserl. Capacidad de crear un ámbito para los discípulos, maestro de la acogida intelectual, calor de su inteligencia amiga. Inexorable con la mediocridad o sofisticación intelectual. Aversión a las inteligencias no modestas sino mediocres. Imperio político sólo es posible a base de libertad. Filosofía es sistema abierto y no cerrado. Más que discípulos, fuimos hechura suya, en el sentido de que nos hizo pensar en cosas y en forma en las que hasta entonces no habíamos pensado. Sobre todo cuando se estaba haciendo. Continuaremos aprendiendo de él por la gigantomaquia de nuestro tiempo. Esta gigantomaquia la han suscitado Brentano y Dilthey. El primero idea aristotélica de ser e idea cartesiana de evidencia racional; el segundo irreductibilidad del ser de la vida y originalidad de la intelección histórica. Inflexión de la trayectoria de la filosofía. Nuevas posibilidades. Ser discípulo es algo que no pasa.