POSIBILIDAD,
NECESIDAD Y SENTIDO DE UNA FILOSOFIA LATINOAMERICANA
(DIVERTIMENTO
METODOLOGICO)[1]
En un trabajo apenas considerado entre los suyos y
muy poco valorado o casi desconocido en su época, Ignacio Ellacuría dejó
plasmadas con precisión, rigor y austeridad verbal algunas tesis fundamentales
relativas al desde donde se puede ejercer una teología latinoamericana que se
pretenda de liberación[3].
Salvadas las distancias temporales, de pensamiento y de argumentación, conviene retomar algunos de
sus puntos medulares para delimitar mejor desde donde ejercer el filosofar
latinoamericano actual.
En lo que sigue voy a procurar trasladar a la
filosofía lo que él planteó para la teología. No puedo, por lo tanto, retomar
todo su texto y cambiar sólo la palabra teología por filosofía, aunque en
muchos casos sea así. Más bien, debo reconducir el argumento hacia mi
reflexión, con plena conciencia de que quizá el resultado filosófico de esta
operación no sería aceptable para el mismo Ellacuría, al menos en los términos
en que él entendía la filosofía[4]. Ese
resultado ya es de mi exclusiva responsabilidad y se sabe deudor del esfuerzo
intelectual y político del jesuita español-salvadoreño. En el fondo, mi
esfuerzo no es más que un juego ( un divertimento) que intenta
encabalgar una reflexión filosófica atea (aunque el término no sea de lo más
adecuado y sólo pretende referir a una reflexión que no hace cuestión sobre
Dios o la fe) sobre una propuesta teológica que considero muy sugerente y
rigurosa, católica y resultado de una profunda y respetable experiencia de fe.
Este juego me sugiere que buena parte de la filosofía que Ellacuría programó y
no llegó a desarrollar yace de modo indirecto bajo ropajes teológicos. Pero,
esta es una hipótesis que merecería tratamientos no factibles de efectuar por
ahora aquí.
El trabajo de Ellacuría está articulado en los
siguientes puntos, que traspolaré en cada caso y cuando sea pertinente, a la
filosofía:
1. Desde el planteamiento del problema
2. Desde la historicidad de la teología
3. Desde la prehistoria de la teología
latinoamericana (TL)
4. Desde el intento ya real de una TL
5. Desde los condicionamientos históricos de la TL
6. Desde las características de la nueva producción
teológica latinoamericana
7. Desde la contraofensiva de la reacción
8. Desde la reacción eclesial ante los logros de la
TL
9. Hacia una determinación teórica de la TL
10. Sobre el método de la TL
Hay que anotar que Ellacuría concibe que la TL se
presenta mayoritaria y abrumadoramente como teología de la liberación (TLI).
Esto exige ser cuidadosos para deslindar estas manifestaciones. En el caso de
la filosofía se deberían incluir todavía más reservas en este sentido. Ni era
así en 1975 cuando Ellauría publica sus tesis ni, mucho menos, lo es ahora.
Quiero decir, la filosofía latinoamericana (FL) no se identifica sin más con la
filosofía de la liberación (FLI), entre otras razones porque hay varias versiones
de FLI[5].
Es interesante advertir que el mismo Ellacuría
reclama en nota a pié de página una preocupación explícita por lo centroamericano
apenas desarrollada en este sentido. Y denuncia una relación centro / periferia
(en el lenguaje de la época) en quienes se amparan en la teoría de la
dependencia, porque inhiben o no consideran la gestación de un pensar regional.
A continuación reproduzco su discurrir adaptado a la
filosofía e incluyo lo de mi cosecha entre corchetes. Hechas estas advertencias
y libres de inhibiciones, pasemos a jugar gozosamente con su texto.
1. Desde el planteamiento del problema
El
rechazo por la pregunta misma acerca de una filosofía latinoamericana, al dar
por evidente su posibilidad o imposibilidad, impide avistar la complejidad del
tema y no facilita una posición crítica respecto del actuar y hacer filosófico
y de sus posibilidades futuras [conservaré a continuación entre paréntesis la
numeración de las tesis tal como él las enunció para la teología en su
artículo. Corresponde en este caso la numeración (1.1.)].
La ambigüedad de nuestra situación histórica y el
estatuto no sólo teórico, sino la
existencia práxica del filosofar latinoamericano exige un preguntarse reflejo
para asegurar su ciriticidad (1.2.)
La FL es histórica y por tanto debe historizarse
críticamente (1.3.)
2. Desde la historicidad de la filosofía
No conviene comenzar por una definición formal de la
FL. Es preferible comenzar por un análisis crítico de los modos históricos de
hacer filosofía entre nosotros (2.1.).
La filosofía ha sido históricamente esfuerzo de
reflexión sobre la realidad, pero desde
situaciones determinadas social y culturalmente, aunque sin percatación(sic)
refleja de los condicionamientos que estas situaciones imponían. Esta reflexión
lleva a un sentido nuevo en cada caso y reclama nuevas síntesis (2.2)
La lectura crítica desde nuestra situación [agrego:
explicitada para nosotros mismos conceptualmente (HCG)] de lo que otras
culturas entienden por tarea de la filosofía en sus formulaciones teóricas y
formales o en sus realizaciones concretas es metodológicamente útil. Tal
proceder respeta en un primer momento el carácter "universal" de la
filosofía y posibilita la variación y superación de los límites concretos y
estructurales de esa "universalidad". El intento de superación de
esos límites, porque en el mejor de los casos se trataría de un universal
concreto, puede ser parte del método con las debidas cautelas (2.3). [¿A qué
cautelas se refería Ellacuría? Supongo que desconfiaba aquí de los folklorismos
o relativismos culturalistas. En todo caso, es de lo que yo (HCG) desconfiaría
y frente a lo cual creo que hay que precaverse].
La existencia del pluralismo filosófico es un dato
histórico. Es asimismo una necesidad histórica fundada en las distintas
condiciones de humanidad en que viven varones y mujeres en este mundo (2.4.).
La inclinación hoy vigente de medir la verdad por su
operatividad, en vez de hacer más difícil el reconocimiento de la validez
teórica de la filosofía, obliga a ésta a una reelaboración de su sentido en
términos de validez histórica y no puede dejar de referirse a la realidad
histórica como lugar de comprobación (2.5.).
Lo importante es ver por qué América Latina ha
podido considerarse como territorio sociocultural occidental a espaldas de su
verdadera realidad sociopolítica (2.6.).
El acceso a las fuentes, aunque se esté junto a
ellas, implica siempre interpretación. Esa interpretación ineludible puede
servir para atisbar el carácter diferencial de la FL (2.7.).
La historia de la filosofía enseña que la situación
histórica posibilita y a la par limita la realización de una filosofía viva.
[Para la teología, Ellacuría se fija en los grandes logros teológicos de los
protestantes en este siglo]. Ellos se deben, en parte, al intento de responder
a necesidades concretas, más que a transmitir un saber ya logrado. Es cierto
que el nuevo instrumental teórico utilizado tiene una gran importancia, pero
ese instrumental es productivo por haber surgido de una situación social y de
unas necesidades determinadas (2.8).
Tras el recurso demasiado fácil a la autoridad se
esconde con frecuencia una cierta incapacidad y una falta de productividad
(2.9.).
3. Desde la prehistoria de la FL
El recurso a la historia de lo que ha sido la
filosofía en América latina debe servir de principio crítico de la FL. [Aquí
Ellacuría introduce la teoría de la dependencia como instrumento que pondría en
claro el hecho teológico. La referencia no se podría enunciar de ese modo para
la filosofía, en la medida en que no hay algo así como un hecho filosófico,
pero sí mediaciones que la filosofía reclama para acceder a la realidad. Es
importante anotar aquí su preocupación por el modelo usual de transmitir
filosofía en centros especializados, que debería ayudar a iluminar supuestos
teóricos y sociales y a brindar sentido real al quehacer filosófico pasado
(3.1.)].
Solamente en la superación de los límites que
impidieron una filosofía creativa en AL será posible una FL. Por tanto, un
análisis crítico de la historia de la filosofía en el Continente, dentro de un
análisis crítico de la historia global de la región, son partes indispensables
del hacer filosófico actual (3.2.). [Yo agregaría, además, que por ese camino
quizá descubriríamos que no siempre ha faltado creatividad filosófica entre
nosotros... Es muy curioso que Ellacuría no reclamara para nada este examen de
la historia de la filosofía en la región. ¿Presupondría que no había nada de
interés y que no era menester efectuarlo?].
El filósofo latinoamericano cuyo ideal de producción
intelectual sea el mismo que el del filósofo primermundista muestra su
desubicación histórica y la ausencia de enraizamiento situacional.
Consecuentemente, ha perdido la posibilidad misma de un pensamiento vivo y real
(3.3.).
El planteamiento de formulaciones aparentemente
nuevas -por ejemplo, en algunas filosofías conservadoras de la liberación- que
no lleve a un profundo cambio del sentido mismo del hacer filosófico y del
contenido concreto de sus resultados muestra la vaciedad de esas formulaciones,
cuyo sentido verdadero aparece en la fácil conciliación con los contenidos y
con el sentido último de la filosofía usual (3.4.).
4. Desde el intento ya real
[Al hablar Ellacuría del intento ya real de una TL
sus referencias se circunscriben a los años 60 de este siglo y a
acontecimientos al interior de la Iglesia. No es posible parafrasearlo en
cuanto a la filosofía, porque la historia de la filosofía latinoamericana se
remonta, como mínimo, al siglo XIX e incluso, depende su consideración, con
precauciones, matices y exámenes cuidadosos hasta al mal llamado periodo
precolombino].
5. Desde los condicionamientos históricos de la FL
[Aquí viene la delimitación respecto del marxismo y
de la teoría sociofilosófica empleada para “accesar”(sic) a la realidad
histórica. En esta tesis, Ellacuría establece el nexo con el socialismo
latinoamericano y afirma que lo que se busca es eficacia y no originalidad
teórica. Su cuestionamiento, a mi juicio incoherente, de lo teórico comienza
desde aquí] (5.1.).
La oposición de la FL a la filosofía usual es
fundamentalmente por la ahistoricidad de esta última y por su inefectividad
para contribuir al cambio social. La objeción fundamental contra ella no es que
no haya surgido en Latinoamérica, sino que no ha surgido de cara a la realidad
histórica de las mayorías populares, ni siquiera en los países en que ha
surgido (5.2.). [Nótese el énfasis flagrante en la realidad].
[En cuanto a la teoría de la dominación-dependencia,
como la denomina, Ellacuría destaca la relación, pero afirma también una
autonomía de la TLI. Culmina esta parte haciendo una crítica a la teología,
conste que escribe en l975, que quizá también podría ser todavía válida, no
sólo para la teología actual, sino para la filosofía:]
Cada vez más se ve la necesidad de superar una
primera etapa de irrupción para llegar a otra de mayor alcance teórico, aunque
de una teoría en conexión con una praxis sociopolítica, que englobe la
dimensión personal y de encarnación a una trascendencia que supera en la
historia a lo histórico. Todavía los temas se repiten machaconamente, lo mismo
que las razones y las fuentes examinadas (5.6.). [Por cierto, insiste en la
ambigüedad respecto de lo teórico. Lo ha rechazado y lo reclama. Es claro que
hay, al menos, dos sentidos de lo teórico implicados en su discurrir, sin que
lo advierta explícitamente y menos que los especifique, como más adelante
veremos].
6. Desde las características de la nueva producción
filosófica latinoamericana
En la producción filosófica latinoamericana hay una
clara preferencia por los temas que tienen relación más directa con la praxis
histórica. En este sentido, más que de una filosofía política se podría hablar
de una filosofía histórica si es que por historia se entiende la totalidad
procesual de la realidad humana en su más real concresión (6.1.).
[Luego Ellacuría advierte sobre el carácter más
programático que efectuado de la teología y señala que ha sido
preponderantemente teología de-. Además, la realidad latinoamericana se
revela como lugar apto para la renovación y radicalización del cristianismo.
Habla del pueblo como pobres por opresión y enfatiza la dimensión más profética
que profesional del sacerdote].
Justicia-libertad no es uno de los temas, sino la
clave interpretativa (6.4.3.).
[También alude al problema teológico de la sobrenaturaleza.
Todavía ve insuficiencia hermenéutica de la totalidad del mensaje bíblico y
anota que tampoco se han tocado todos los temas teológicos desde una
perspectiva latinoamericana. Para poder seguir con mi juego, hay que dejarlo
ahora examinar las relaciones entre teología y filosofía desde su perspectiva
interesada en impulsar la reflexión teológica].
En el quehacer teológico se da una importancia
excepcional a las ciencias sociales, tal como se presentan hoy en AL.
Sustituyen, en general, a lo que representaba la filosofía en el trabajo
teológico (ancilla theologiae). De las ciencias sociales no se saca tan
sólo su aporte "positivo", sino también el "campo" que
manejan y la "visión" que se desprende de ellas. En esta preferencia
por las ciencias sociales no debe verse tan sólo una peculiaridad del talento
latinoamericano, una preocupación de efectividad sobre la realidad social, sino
también un juicio de valor, por el que se da a la sociedad y a la historia un
rango de densidad real, superior al que se atribuía a aspectos más naturales y
subjetivistas de la realidad (6.5.3.). [Esta situación es importante para la
filosofía. Porque, como ya anoté más arriba, la filosofía también necesita la
mediación de la ciencias sociales por razones similares. Es interesante anotar
que la ruptura del vínculo ancillar con la teología ha hecho que muchos
teólogos dejen de preocuparse de la filosofía, incluso en sus variantes
latinoamericanistas. Los profesionales de la filosofía, por lo demás, no
prestan casi atención a la teología y, mucho menos, a la hermenéutica bíblica
latinoamericana].
No se da suficientemente una reasunción crítica del
acervo filosófico pasado y, en general, de la tradición. El contacto con ella
es, más bien, indirecto a través de filósofos modernos. En general, la tarea
práctica es tan urgente [esto es válido para la teología y no tanto para la
filosofía, aunque podría considerarse, en el peor de los casos, la urgencia de
la docencia que aniquila la reflexión...y, en el mejor, las urgencias de una
realidad intolerable que debía interpelar al filosofar] que el instrumental
teórico se resiente a veces. Por otro lado, a veces la FL se realiza en un
excesivo diálogo con la filosofía o, más en general, con la cultura europea, lo
cual condiciona gravemente su peculiaridad y, lo que es peor, traslada el
carácter del interlocutor, que ya no es el pueblo latinoamericano, sino el
sabio europeo (6.5.4.).
[En las tesis 7 y 8 exhorta a prestar más atención a
la cristología y a trabajar con toda la fe para hacerla efectiva en la praxis.
Las reacciones conservadora y eclesial ante la teología no proveen aspectos
relevantes para esta traducción filosófica mía. Aunque no estaría de más
señalar algunos puntos de contacto, como el relativo a los componentes no
latinoamericanos y sí elitistas de la reflexión. Pero, conviene avanzar hacia
la determinación teórica].
9. Hacia una determinación teórica de la FL
La determinación de lo que debe ser la FL no puede
hacerse como determinación apriorística desde el análisis formal de lo que es
filosofía y de lo que es Latinoamérica, pero tampoco puede hacerse de un modo
aposteriorístico a partir de los resultados actuales de la FL: en un caso lo
formal elude lo histórico y en el otro no hay suficiente formalidad (9.1).
[Aquí viene a continuación nuevamente la discusión sobre lo teórico o, diría
yo, sobre el esfuerzo de formalización].
La cuestión fundamental no es una determinada
cuestión teórica formulada por sujetos individuales, sino que es la realidad
humana de un pueblo determinado en una precisa situación histórica, que se
entiende a sí mismo como realización incógnita (y en este sentido es pregunta)
y que anticipa la respuesta en cuanto busca una realización transformativa
(9.2.).
Esta formulación no es trascendentalista y mucho
menos idealista, porque la pregunta no es una pregunta teórica, sino una
realización abierta, y porque el sujeto de esa realización no es la
interioridad individual ni la intersubjetividad trascendental, sino un pueblo
histórico, cuyas condiciones de realización y cuya captación de esas
condiciones están históricamente dadas y son, en gran medida, materiales
(9.2.1.).
La filosofía es parte intrínseca del proceso
(9.2.2.).
Punto fundamental, por tanto, es una correcta
vivencia e interpretación de lo que es
la realidad histórica latinoamericana. Dada la importancia de la
situacionalidad en el hacer teológico y dado que a cada situación pertenece
esencialmente su propia comprensión, es esencial para que el producto teológico
sea latinoamericano el partir de una interpretación realmente verdadera de la
situación histórica (9.2.3.):
Resulta esencial la utilización de las ciencias
sociales. Esto implica la cualificación de las relaciones teología y filosofía
(9.2.3.1.). [Aquí se cierra la consideración de las relaciones entre teología y
filosofía y mi juego de traslación al terreno filosófico puede avanzar más
ágilmente].
Se parte de una situación total concreta, que es
mediada críticamente por un determinado análisis sociológico, dentro de un
marco interpretativo general. La filosofía no juzga la legitimidad científica
del análisis sociológico [aunque en determinados momentos podrá hacerlo, lo
hará reclamado por la misma ciencia social y podrá ser considerada esa
reflexión como parte de la ciencia social respectiva]; lo que juzga
directamente es la situación real hecha presente en el análisis, lo cual
permite una cierta distancia crítica del análisis mismo. Consiguientemente, no
hay una dependencia directa de la reflexión filosófica respecto de una
determinada teoría sociológica, porque los datos sociológicos no son premisas
para una deducción, sino exigencias problemáticas. Con todo, el pensar
filosófico debiera mantenerse alerta para superar los límites de la praxis
social y del pensar sociológico (9.2.3.2.). [Este punto es muy importante. No
se trata de que se pueda acceder a la realidad de modo directo, sino que lo que
interesa es el desafío que la realidad presenta a través de la mediación y no
tanto la mediación misma, aunque ésta deba estar también bajo la lente crítica
y autocrítica del filosofar].
La razón de esta necesaria [habría que subrayar esta
necesidad y sus consecuencias] conexión entre la filosofía y las ciencias
sociales está en la unidad de la realidad histórica y del cuerpo social al que
ambas se dirigen; en el carácter práxico con que se presentan hoy en AL tanto
la sociología como la filosofía; finalmente, en la ideologización a la que están
sometidas tanto la interpretación sociológica como filosófica de la realidad
histórica (9.2.3.3.).
[Nuevamente Ellacuría apuesta por la teoría de la
dominación-dependencia. También señala la necesidad de revisar las relaciones
con el marxismo. La fe en la praxis entra aquí como componente esencial].
El énfasis en la dimensión histórica de la realidad
no es una tesis originaria ni exclusivamente latinoamericana; no ha sido
tampoco fundamentada debidamente por los pensadores latinoamericanos [el mismo
Ellacuria colaboró en buena medida a hacerlo, aunque, como ya señalé, no
trabajó sobre los aportes de los latinoamericanos], pero está implícita en la
praxis y constituye su horizonte peculiar (9.3.1.).
El
mundo concretamente real es el mundo histórico, donde el sujeto de esa historia
es la sociedad y el objeto de ella el proceso sociopolítico entero (9.3.2.1.).
Esta
dimensión histórica implica la total concresión que exige la praxis. La
verdadera realidad es la concresión de lo universal. Y esta concresión no puede
menos de ser politización. Se entiende aquí por politización el último carácter
concreto y definitorio, que tiene la sociedad como proceso dinámico,
estructurada desde unos poderes públicos -no exclusivamente estatales-, y que
representan la totalidad condicionante de cualquier proceso particular. Este
proceso de politización podría entenderse como socialización, si es que éste, a
su vez, se entendiese como proceso entero de la sociedad desde la perspectiva
del poder (9.3.2.2.).
De ahí que para la FL la "cuestión social"
no sea una cuestión, sino la cuestión por antonomasia, en la que toman su
realidad y significado total y concreto todas las demás cuestiones (9.3.3.). [Y
hoy es también la cuestión de la participación o de la ciudadanía participativa
y, por ende, responsabilizable; en tanto objetivo político y medio de avanzar
en la resolución de la cuestión social. A continuación, Ellacuría muestra qué
es lo que puede agregar la TL a la reflexión social, cómo tiene un más que
proviene de la contemplación, cómo las dualidades entre trascendencia e
inmanencia pueden ser sintetizadas en la historia, sin abstracciones evasivas
en series de opuestos horizontalistas y verticalistas. La unidad y el sentido
están en la historia y Jesu-Cristo es la conexión esencial en el seno mismo de
la realidad histórica. Se trata de articular todo el mensaje cristiano y todas
las pretensiones humanas. Un signo histórico sólo se puede manifestar mediante
obras que articulen las dimensiones de lo social y lo personal. Es el misterio
de la encarnación que hace factible la comunicación entre seres de diversos
registros como Dios y sus criaturas].
10. Sobre el método de la FL
El método fundamental de la FL consiste en la puesta
en marcha refleja y crítica de los principios teóricos expresados en las tesis
anteriores. Con especial hincapié en no hacer de la filosofía un asunto
teórico, ajeno al proceso histórico, sino como una praxis que busca su
comprensión plena (10.1.). [Aquí estalla la incoherencia respecto de lo teórico
que ya adelanté en (5.1). ¿Cómo podría la filosofía no ser asunto teórico?.
¿Cómo podría no serlo la teología?. ¿Cómo podría comprenderse la praxis si no
fuera por medio de la teoría? Salvo que se entienda por teoría lo que
vulgarmente se entiende: un conjunto de proposiciones que no teorizan nada y
que no tienen referentes. Y esto no parece atribuible a uno de los más
rigurosos y productivos teóricos latinoamericanos del siglo XX].
Es necesario poner en relación inmediata el mensaje
de las fuentes con la propia situación histórica (10.2.). [Pero, esto no se
puede hacer así sin más. Porque toda interpretación es mediada como ha afirmado
anteriormente. Por supuesto, lo que está en juego, teológicamente, es el acceso
a las fuentes bíblicas y la función del magisterio. Es curioso cómo Ellacuría
inserta posteriormente en su reflexión una concepción de lo hermenéutico.
Salvando distancias, para continuar mi juego, hay que tratar de adecuarlo a la
reflexión filosófica].
No se toma el decir de las fuentes como algo
terminado y concluso, sino como respuesta a una situación, sólo desde la cual
se entiende y se alcanza la clave para referir lo ya dicho a lo por decir en
nuestra distinta situación (10.2.2.). [Anotemos de nuevo, entre paréntesis, que
muy lamentablemente la hermenéutica bíblica desarrollada por la TLI ha sido
casi ignorada por la FL].
Se trata de una recepción crítica a la que sigue una
intelección refleja e histórica. El verum de la historia no es un factum
dado, una vez por todas, sino un faciendum que sólo aclara un logos
histórico (10.2.3. y 10.2.4.).
Esta
inteligencia de la realidad tiene que ver con lo que es el ejercicio de la
inteligencia en las ciencias sociales. Las ciencias sociales aportan la
valoración de lo social e histórico como principio de interpretación de la
realidad. Ofrecen una interpretación global de la situación histórica.
Presentan un instrumental teórico que, por su propia naturaleza, está
relacionado con lo que es la experiencia popular (10.3.).
No puede olvidarse que la filosofía tiene historia
(10.4.).
[A continuación viene una bifurcación, que considero
fuerte, entre el anuncio de la buena nueva y la reflexión filosófica. Para la
teología se trata de cumplir con el objetivo, finalmente, retórico, de
"hacer creíble" el mensaje cristiano. Aparece nuevamente la cuestión
de la teoría. Porque Ellacuría no se resigna, con toda razón a mi juicio, a que
la teología cumpla un papel exclusivamente kerigmático o pastoral]. Porque lo
que se busca es hacer más rigurosa y realmente teórica a la filosofía. Lo que
ocurre es que en este planteamiento se tiene una idea distinta de lo que es
teórico y de lo que es científico. A lo teórico le corresponde un momento
práxico de verificabilidad en signos eficaces (10.5.1.). [Aquí, por fin, lo
teórico aparece resignificado y revalorado significativamente].
Al ser la tarea de liberación de enorme complejidad,
exige también un esfuerzo teórico máximo. En este sentido, el hacer filosófico
es popular, no porque deba reducirse a lo que actualmente pueda entender el
pueblo y lo fundamental no es incluir o excluir argumentaciones, sino el
instrumental teórico manejado (10.5.3.).
[Además del aporte de las ciencias sociales, hay
para Ellacuría conocimiento de experiencia y de fe]. Tienen que articularse
(10.5.4.).
Planteado así el método, no tiene mayor importancia
teórica el discurrir cómo de hecho deba comenzarse la reflexión filosófica: si
por el análisis de la situación o del mensaje de las fuentes (10.6.). [Para la
filosofía esto sí es decisivo, porque puede faltar una actitud que permita
cerrar de modo pertinente el círculo argumental y conduzca a permanecer
regodeándose y dando vueltas viciosamente en las fuentes].
Una de las condiciones importantes del método es que
la reflexión filosófica se haga preferentemente "desde" los oprimidos
y para ellos (10.7.).
La necesidad de contrastación y verificación de la
filosofía tiene como su polo esencial no el mundo de la cultura occidental,
sino la realidad histórica de aquellas mayorías a las que debe ser anunciada la
liberación. La totalidad de la argumentación sólo dará plenamente de sí cuando
se la ponga frente a la realidad de aquellos -no meramente frente al concepto-
a quienes va dirigida privilegiadamente (10.7.2.).
La FL no debe cerrarse sobre sí misma, debería
comunicarse con otras filosofías, tanto del pasado como del presente. Así
evitaría unilateralismos y se prepararía para cumplir históricamente una
función universal (10.9).
Hasta
aquí el discurso de Ignacio Ellacuría. A los/as lectores/as atentos/as no
escapará, espero, la riqueza de sugerencias que deja abiertas este ejercicio de
traslación mutatis mutandi al campo filosófico de reflexiones teológicas
elaboradas hace ya algunas décadas. Sirva de modesto homenaje a su autor y de
reconocido aprecio al rendimiento teórico de su estimulante y valiente trabajo
teológico.-
[1] Elaboré este trabajo hace ya algunos años, probablemente entre 1991 y 1992, cuando estaba esbozando sin saberlo todavía lo que después sería mi Filosofar desde nuestra América. Ensayo problematizador de su modus operandi. México, Miguel Ángel Porrúa / CCYDEL, CRIM, UNAM, 2000, 202 págs. Y lo preparé como parte de los textos para mi seminario de posgrado dedicado, en esa ocasión, a comentar detalladamente la obra de Ignacio Ellacuría, Filosofía de la realidad histórica. San Salvador, UCA, 1990, 606 págs., reeditada también en Madrid, Trotta, 1991, 478 págs. Este divertimento fue leído y discutido con los estudiantes, a quienes agradezco sus observaciones. Ante el gentil ofrecimiento de Héctor Samour para publicarlo en ECA, he actualizado refrencias y pulido una vez más el texto.-
[2] Catedrático de la UNAM.-
[3]. Ignacio
Ellacuría: "Tesis sobre posibilidad, necesidad y sentido de una teología
latinoamericana" en: A. Vargas-Machuca (editor), Teología y mundo
comtemporáneo; Homenaje a Karl Rahner en su 70 cumpleaños. Madrid,
Cristiandad, l975, pp. 325-350; también en: Escritos teológicos. San
Salvador, UCA, 2000, t. I, pp. 271-301.-
[4] Para una aproximación inicial Cfr. Manuel Domínguez Miranda, “Ignacio Ellacuría, filósofo de la realidad latinoamericana” en: Universitas Philosophica. Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana, diciembre de 1989, nº 13, pp. 69-88; Víctor Flores García, El lugar que da verdad. La filosofía de la realidad histórica de Ignacio Ellacuría. México, Miguel Ángel Porrúa / Universidad Iberoamericana, 1997, 295 págs.; Varios Autores, Para una filosofía liberadora. San Salvador, UCA, 1995, 265 págs. Los recientes trabajos de Héctor Samour permiten ya una comprensión completa del aporte filosófico de Ellacuría: “Una filosofía para la vida” en: ECA. San Salvador, UCA, año LV, noviembre-diciembre 2000, nº 625-626, pp. 1129-1164 y Voluntad de Liberación. El pensamiento filosófico de Ignacio Ellacuría. San Salvador, UCA, 2002, 448 págs.-
[5] Para más detalles remito, entre otros de mis estudios sobre el tema, a los siguientes libros: Filosofía de la liberación latinoamericana. México, FCE, 2 ed. (la primera es de 1983), 1992, 320 págs.; Filosofías para la liberación ¿liberación del filosofar?. Toluca, Universidad Autónoma del Estado de México, 2 ed. (la primera es de 1997), 2001, 221 págs.-