Antonio González S.J.

 

TRINIDAD Y LIBERACIÓN

La doctrina de la Trinidad considerada desde la perspectiva de la teología de la liberación. 

 

  

NOTA:Este libro tiene su origen en un trabajo de tesis presentado en la Philosophisch-Theologische Hochschule Sankt Georgen de Francfort bajo la dirección del profesor E. Kunz en el semestre de verano de 1991. Su estilo y vocabulario son por ello inevitablemente académicos.

 

  1. INTRODUCCIÓN.

El título de este trabajo quiere dejar claro que aquí no se pretende realizar un estudio sobre el modo en que la teología de la liberación de hecho ha tratado el tema de la Trinidad, sino más bien estudiar cómo se pueden abordar los problemas teológicos ligados con el tema de la Trinidad desde el punto de vista de esa teología. En el primer caso tendríamos una investigación de tipo historiográfico sobre lo que los distintos teólogos de la liberación han afirmado sobre la doctrina trinitaria, mientras que en el segundo se trata de un estudio de tipo sistemático. La razón de esta segunda opción obedece no solamente a la limitación de la bibliografía a la que de hecho he tenido acceso sino más bien y sobre todo a la limitación real de la bibliografía existente sobre el tema. Esta limitación no es solamente de carácter cuantitativo, sino también en mi opinión de carácter cualitativo en algún punto importante, como se irá viendo a lo largo de la presente investigación. De hecho la teología de la liberación solamente ha producido hasta hoy una monografía importante sobre el tema de la Trinidad, a la que seguiremos en muchos puntos pero a la que también tendremos que hacer algunas observaciones críticas.

Esto no significa, claro está, que en este trabajo pretendamos dar una solución sistemática a todos los problemas que ha de abordar una reflexión sobre la Trinidad desde el punto de vista de la teología de la liberación. Se trata solamente de esbozar unas líneas generales de reflexión tratando de aclarar el modo en que la teología de la liberación habría de abordar distintos problemas dogmáticos, ya sea porque de hecho así los ha abordado, ya sea porque ese modo concreto de abordarlos se deriva de la metodología propia de la teología de la liberación, por más que hasta ahora ningún teólogo lo haya hecho en la manera que aquí proponemos. Así, por ejemplo, si aquí tratamos en algún momento el tema del Filioque, no lo haremos para decir de modo historiográfico qué es lo que la teología de la liberación en general ha dicho sobre este tema desde sus inicios, ni todo lo que un teólogo concreto (por ejemplo Leonardo Boff) ha escrito en el conjunto de su obra. Tampoco trataremos de hacer un tratado sistemático sobre el Filioque, sino solamente de presentar cuál habría de ser la respuesta o las respuestas propias la teología de la liberación a este problema, teniendo en cuenta tanto los presupuestos hermenéuticos de esta teología y su diferencia con otras teologías contemporáneas, como lo que de hecho la teología de la liberación (en este caso, Boff) ya ha afirmado sobre el asunto.

Cfr. L. BOFF, A Trindade e a sociedade, Petrópolis, 1987. De L. Boff existe también una versión "popular" sobre el tema de la Trinidad (ed. esp. La Santísima Trinidad es la mejor comunidad, Madrid, 1990), que sigue en lo fundamental el estudio antedicho, evitando aquellos pasajes más "especulativos".

1.1. Plan de la investigación. Se trata pues en principio no de hacer un tratado De Trinitate, sino solamente de preguntarse por cuál es el modo en que la teología de la liberación, dados sus presupuestos de método y contenido, habría de tratar el tema de la Trinidad y cómo esto la diferencia de otras teologías contemporáneas. Esto supone, por tanto, en primer lugar, preguntarnos por la situación de la reflexión trinitaria en la teología moderna. Sin pretender ser exhaustivos, habremos de trazar las líneas generales de la reflexión trinitaria actual, apuntando sus diferencias y ventajas respecto a la reflexión clásica pero también haciendo algunas consideraciones críticas que permitan columbrar qué tareas ha de enfrentar una reflexión sobre la Trinidad desde el punto de vista de la teología de la liberación.

En el siguiente capítulo entraremos ya más explícitamente en el ámbito de pensamiento de la teología de la liberación, pero tratando solamente de sentar las bases desde las cuales esta teología ha de estudiar el tema de la Trinidad. Se tratará de recoger, sin pretender tampoco exhaustividad, las líneas fundamentales de la hermenéutica teológica latinoamericana. Por tratarse de cuestiones en el fondo epistemológicas, será ineludible la referencia a los presupuestos filosóficos que, implícita o explícitamente, fundamentan el método teológico latinoamericano. Para ello habrá que hacer, a título ilustrativo, referencia a los presupuestos epistémicos de otras teologías, así como adelantar ya, en esbozo, las consecuencias que esos presupuestos tienen para el acceso a los problemas de la teología trinitaria desde el punto de vista de la teología de la liberación.

La siguiente pregunta es, lógicamente, si de hecho la teología de la liberación ha desarrollado todas las consecuencias que, para el tema de la Trinidad, se derivan de sus presupuestos. En este sentido tendremos que estudiar, en el capítulo cuarto, las deficiencias que, en mi opinión, presenta la obra de Boff, que como veremos tocan más a su concepción de lo que en el lenguaje tradicional se denominaría la "Trinidad económica". Esto supondrá tratar de determinar cuáles son las razones sistemáticas de tales limitaciones, que como veremos se hallan en su cristología y, en concreto, en su posición frente a lo que se ha venido a denominar "teología de la cruz": contra Moltmann señala Boff que el dolor de la historia y de sus víctimas no puede afectar a la realidad divina en su esencia. Por ello nos veremos obligados a considerar las discusiones de Boff con Moltmann en cuanto representante de esta teología, tratando no de mediar en la polémica sino de encontrar una opción sistemática que nos permita pensar la presencia real de la Trinidad junto a los pobres en la economía de la salvación, por más que una respuesta completa a los interrogantes que se plantearán en el capítulo cuarto no podrá ser formulada hasta el capítulo octavo de la presente investigación.

El capítulo cinco pretende negativamente recoger los resultados de la discusión con Boff y con Moltmann, pero sobre todo, comenzar positivamente con el estudio de la manifestación de la Trinidad en la historia de la salvación desde el punto de vista de la teología de la liberación. Como veremos, esta manifestación no es una mera revelación epifánica del misterio divino, sino que constituye la estructura misma de la economía salvífica. Por eso la historia de los hechos liberadores de Dios con su pueblo, desde la creación hasta la culminación escatológica se nos presenta como una historia trinitaria. De nuevo es menester advertir que lo que intentaremos en este capítulo es poner de manifiesto esta estructura trinitaria, siguiendo naturalmente a los principales teólogos de la liberación que se han expresado sobre el tema, pero de nuevo sin pretender exhaustividad historiográfica sino simplemente descubrir las líneas generales de un estudio sistemático de la estructura trinitaria de la economía salvífica desde el punto de vista de la teología de la liberación.

Una vez alcanzado este punto podremos, en el capítulo sexto, preguntarnos por la relación entre la Trinidad revelada en la economía salvífica y lo que clásicamente se denomina la "Trinidad inmanente". La teología de la liberación, como otras teologías contemporáneas, parte del axioma rahneriano sobre la identidad entre Trinidad económica e inmanente. Pero, como veremos, esta identidad es interpretada en forma muy diversa en cada teología. Por esto tendremos que ver cuál es la lectura propia de la teología de la liberación, lo cual no se podrá hacer sin referirnos a otros teólogos europeos y sin traer de nuevo a colación los presupuestos hermenéuticos enunciados en el capítulo tercero.

En el capítulo séptimo, por fin, abordaremos ya los temas propios de la "Trinidad inmanente". En concreto, trataremos de precisar qué es lo que la teología de la liberación entiende por "persona". Esto supone ver cuáles han sido los modos clásicos de comprensión de la persona, mostrando sus deficiencias desde la perspectiva de la teología de la liberación. Se tratará de decir por qué la concepción de la persona como individua substantia o como sujeto plantea dificultades para una comprensión de la historia de la salvación tal como se ha esbozado en los capítulos anteriores. Por eso tendremos que examinar dos alternativas importantes a las concepciones clásicas (en concreto, la de Ricardo de San Víctor y la de Pannenberg) para, en un diálogo crítico con ellas, proponer una alternativa propia que pueda recoger mejor la comprensión propuesta de la historia de la salvación y de la relación entre economía e inmanencia. La idea de persona aquí esbozada nos permitirá también ir ya adelantando una respuesta a los problemas cristológicos formulados al hilo de la discusión entre Boff y Moltmann.

Por último, en el capítulo octavo, tendremos que abordar la difícil cuestión de la unidad y de la esencia divina, para la cual hemos desechado ya desde el capítulo segundo los conceptos clásicos de sustancia y de sujeto, también inválidos para pensar a la persona. Esto supondrá, del mismo modo que hemos pensado una alternativa al concepto de persona, buscar una respuesta nueva al problema de la unidad y de la esencia divina. Como se pondrá de manifiesto, se trata de un solo y único problema. En este punto vamos a seguir muy de cerca la propuesta de Boff, si bien tratando de darle mayor precisión conceptual y fundamentación filosófica. Una vez esto hecho, podremos acceder a una comprensión nueva tanto de la tesis joánica de que "Dios es amor" como de la afirmación tan característica de la teología de la liberación de que el Dios cristiano es el "Dios de los pobres". Ambas tesis, como se comprobará, pueden ser solamente explicadas satisfactoriamente de un modo trinitario. A su vez, la perspectiva aquí alcanzada nos permitirá responder a los problemas planteados en el capítulo cuarto, es decir, nos permitirá terminar de explicar en qué sentido se puede hablar de una solidaridad real del Dios trino con las víctimas de la historia.1.2. El recurso a la filosofía. Tal vez el lector se sorprenda de las abundantes referencias filosóficas que aparecerán a lo largo del trabajo, algo tal vez no tan habitual en todas las investigaciones teológicas. Tal vez esto pueda causar la falsa impresión de que aquí estamos tratando cuestiones más propias de la "teología natural" o elaborando una imagen puramente racional y apriorística de lo que sea la Trinidad. No es así. Como la estructura misma del trabajo muestra, nuestro recurso a un instrumental filosófico tiene solamente el sentido, en el capítulo tercero, de aclarar cuáles son los presupuestos epistémicos con que la teología de la liberación se acerca a los "datos revelados". Estos presupuestos son algo inevitable en toda investigación racional (como la teología pretende ser) por más que no todas las teologías, por desgracia, sean conscientes de cuáles son sus propios presupuestos hermenéuticos. El recurso a conceptos filosóficos en los dos últimos capítulos de este estudio, de suyo los más "especulativos", no quiere otra cosa que aclarar lo que del Dios trino (y veraz) se nos ha manifestado en la economía salvífica, sin la pretensión de sustituir esa revelación por un acceso meramente filosófico a la realidad de Dios, como es obvio.

No es esta investigación el lugar donde se ha de discutir la naturaleza, posibilidades y métodos de la teología natural y de sus "pruebas" y "vías" de acceso a Dios. No son necesarias aquí, porque partimos de la realidad revelada de Dios. Ciertamente, toda recepción de la revelación incluye de algún modo preconceptos de lo que sea la realidad divina. Ciertamente también, estos conceptos son proporcionados no sólo por las distintas tradiciones religiosas, sino también por la filosofía. Pero lo que es indudable es que la revelación histórica del "Dios de Abraham, Isaac y Jacob" supera, cuestiona e incluso destruye las expectativas de la filosofía. Lo que hay que pedir a la filosofía y a la teología, por tanto, es que sus preconceptos racionales sean lo suficientemente abiertos para poder acoger la novedad del Dios de Jesucristo. Esto supone, claro está, también la pregunta sobre si los conceptos clásicamente aceptados de raigambre helénica son los más adecuados para ello. Un rechazo apresurado de todo cuestionamiento filosófico no implica más pureza "teológica", sino más bien y con mucha frecuencia la asunción acrítica de los conceptos filosóficos más en boga. Así, por ejemplo, es inútil rechazar en bloque el racionalismo hegeliano para apelar a la revelación si uno no se toma la molestia de elaborar una crítica seria de los conceptos hegelianos. De lo contrario, sus categorías aparecerán de nuevo subrepticiamente, pues se pensará, pongamos por caso, a Dios como Sujeto absoluto.

La filosofía no la usamos entonces aquí para obtener informaciones adicionales sobre Dios con independencia de su revelación histórica, sino para cuestionar las categorías (filosóficas) con que esa revelación ha sido conceptuada en la historia de la teología. En este sentido podríamos decir con la filosofía analítica que la filosofía no ejerce en nuestro trabajo una función cognoscitiva, sino meramente "terapéutica": se trata de localizar ciertas "enfermedades del lenguaje" teológico, concretamente del lenguaje empleado para tratar de la Trinidad. Ahora bien, lo que sucede es que la crítica de las categorías tradicionales, en la medida en que se acepta la legitimidad de la teología en cuanto conceptuación de los datos revelados en la historia de la salvación (problema en el que no podemos entrar aquí), lleva necesariamente a proponer otras categorías y conceptos alternativos a los criticados. Pero el objeto de estas categorías no es otro que el de tratar de contribuir a la comprensión de la realidad revelada de Dios, y no el sustituirla por otra comprensión meramente racional. Esto tiene la ventaja de que, en la medida en que las categorías empleadas se hacen conscientes, ya no son presupuestos incuestionables, sino que están inevitablemente abiertas a nuevas críticas y a su sustitución por otros conceptos más adecuados para describir lo manifestado en la revelación del "Dios de Abraham, Isaac y Jacob".

En concreto nuestra investigación parte del convencimiento de que después de Hegel la filosofía se mueve en un nuevo horizonte en el que tanto el concepto antiguo de sustancia como el moderno de sujeto, llevados en Hegel a una síntesis genial, han agotado con él también sus virtualidades. Nuestro punto de partida es en este sentido, no simplemente "postmoderno", sino, más radicalmente, "posthegeliano". Por ello nos apoyaremos con frecuencia en estas páginas en aquellos filósofos contemporáneos en los cuales se hace especialmente patente la búsqueda y la formulación de este nuevo horizonte del filosofar. Aunque ya en el joven Marx hay importantes intuiciones en este sentido, aquí remitiremos con frecuencia a las críticas de Nietzsche y de Wittgenstein a muchas categorías filosóficas clásicas. Más frecuentemente usaremos la filosofía de Zubiri, por entender que las críticas ya presentes en los autores mencionados adquieren en él particular precisión terminológica y conceptual. Se tratará, inevitablemente, de una particular interpretación de Zubiri, que no tiene necesariamente que coincidir plenamente con otras importantes lecturas actuales del mismo.

En cualquier caso, la terapia filosófica aquí realizada no tiene otro interés que el servir a la clarificación de los problemas teológicos, con frecuencia condicionados por presupuestos metafísicos inveterados, para así permitir una comprensión abierta y actual de la doctrina de la Trinidad. Una compresión que no nos conduce a la de Aristóteles y de Hegel, sino al Dios que, por ser amor, en un sentido no metafórico sino estricto y real, es el "Dios de los pobres".