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Somalia: una nación fraccionada
María Ester Chamorro*
El pueblo somalí, nativo del Cuerno de África, encuentra sus orígenes en la primera mitad del primer milenio antes de Cristo; y, hasta el día de hoy, mantiene su unidad a través de la religión islámica, de su lengua y costumbres.Durante el período colonial (Siglo XIX y mitad del XX), vivían comunidades somalíes en los que hoy son sus países vecinos: Etiopía, Kenya, y Djibuti. El grueso de la población se asentaba en la parte colonizada por los ingleses, hoy Somalilandia; y en la colonizada por los italianos, que comprende el centro y el sur de su actual territorio.
En 1960, al lograr la independencia de los ingleses e italianos, los somalíes, al igual que nosotros hace casi 200 años, intentaron formar un estado unitario; pero este esfuerzo, al igual que el nuestro, fracasó estrepitosamente.Si bien lograron constituir la República de Somalia y ser reconocidos por la comunidad internacional, los conflictos internos entre los diversos clanes impidieron consolidar el nuevo Estado.Una guerra con Etiopía a mediados de esa década, en la que el gobierno etíope fue auxiliado militarmente por los cubanos y que terminó con la derrota de Somalia, complicaron aún más las cosas. Finalmente, la instauración en 1969 de la dictadura militar del General Siad Barré, y diez años después, la guerra civil para derrotarlo, sellaron la suerte de este esfuerzo de unidad.
Las regiones central y del sur se sumieron en la anarquía y así permanecen hasta ahora; mientras que el Norte decidió crear su propio Estado: Somalilandia.En 1991, este nuevo gobierno elige a su primer presidente, H.E. Abdirahmed Ali, y comienza el esfuerzo por establecer la vida independiente del país.Las familias que habían huido hacia territorio etíope comienzan a regresar poco a poco a una Hargeisa, su capital, que tiene el 95% de sus edificios en escombros.Actualmente, Somalilandia se ha fortalecido; sus procesos democráticos están consolidándose con el apoyo de organismos internacionales de peso, como la Unión Europea, que con miradas solidarias, pero extrañas, exigen condiciones avanzadas de democracia y responsabilidad.
.Sin embargo, su independencia no es todavía reconocida, ni por los países árabes, ni por los gobiernos occidentales, debido a la renuencia que todos ellos tienen en reconocer nuevos Estados fruto del desmembramiento de uno anterior.
La posición geográfica de Somalilandia es estratégica porque sus costas dan al Golfo de Aden, que es la entrada al Mar Rojo; y al Canal de Suez, paso obligado del comercio petrolero.Berbera, su puerto más importante, goza de una plataforma profunda que permite el arribo de los grandes buques.Pero es todavía un puerto en desarrollo, con poca población y escasa infraestructura.El tránsito interno hacia este puerto es casi nulo.La costa de Berbera es paradisíaca y solitaria.El color del agua es azul intenso, y un poco más verde a la orilla; no hay olas grandes, solo unas pequeñas que revientan en la costa; el fondo del mar es parejo y agradable al caminar; la temperatura del agua es fresca bajo el ardiente sol de este puerto.Me cuentan que la población de Barbera se baña frecuentemente para refrescarse ya que el calor llega en el verano hasta los 40 grados.Las mujeres se bañan con ropa a cierta distancia de los hombres.Cuando tuve la oportunidad de visitarlo, a finales de enero,hacía frío y es por eso que estaba solitaria la costa.
El pueblo somalí es dinámico y tiene sus ojos puestos en el desarrollo, la paz y la tolerancia.Más del 95% profesa la religión islámica desde hace casi un milenio.Algo característico en Hargeisa es la venta legal del Khat, una hierba que mascan sobretodo los hombres a cualquier hora del día para sentirse bien, y olvidarse de problemas.Es una adicción similar al cigarrillo que daña la salud de muchas formas.El Islam no lo acepta pero lo tolera.El consumo diario de una persona puede andar desde uno hasta veinte dólares, según la calidad de la hierba.Una joven somalí me afirmaba que “las mujeres que lo mascan son las que tienen vidas menos exitosas”.Está comprobado que su consumo prolongado puede provocar estados alucinatorios y pérdida de facultades mentales.
La hierba no se cultiva en el país, sino que viene de Etiopía y de Kenia diariamente en grandes cargamentos, y es distribuida por cientos de pequeños negocios, a la orilla de las calles de la ciudad.Los vendedores suelen ubicarse en unas mesas cuadradas de madera, pintadas siempre de verde con su número de matrícula en letras grandes y blancas; encima, un toldo en forma de sombrilla, amplio y de tela.Permanecen abiertos hasta casi la medianoche y por lo general hay un hombre atendiéndolo.
El comercio del Khat es una de las principales fuentes de ingresos para el Gobierno.Tanto los mayoristas como los pequeños comercios pagan un impuesto. En ningún momento pude apreciar un pleito o algún acto de violencia motivado por el consumo de Khat.Se presenta como parte de la normalidad cotidiana.
La unidad familiar es vital en este pueblo.Un niño somalí aprende a conocer sus varios nombres desde pequeñito; a temprana edad sabe por lo menos veinte nombres que lo identifican.Debe poderlos recitar de memoria porque si se pierde alguna vez, será la forma de devolverlo a su familia.A finales de enero de 2008 me encontré con un somalí de 27 años que trabaja como Administrador Financiero en una importante ONG.A mi petición escribió así su nombre Mukhtar Hassan Maidhane.“Pero Hassan no es mi apellido”, me dijo, “sino el nombre de mi padre; tampoco Maidhane es mi apellido, sino el nombre de mi abuelo”; y así van agregándose los nombres de sus antepasados.“Mukhtar y Hassan son nombres árabes”, me explica.“El verdadero nombre somalí es Maidhane; por eso, uso este último como apellido cuando tengo que llenar formularios”.Son los cambios que la globalización impone.Me contaba Mukhtar que a pesar de que actualmente existen teléfonos fijos en los hogares y móviles con las personas, “un número telefónico puede estar descompuesto, y aunque no fuese ese el caso, no dice nada de tu persona”.Son sus antepasados los que identifican a un somalí, los que lo llenan de significado, los que despertarán referencias en los demás.
Durante mi corta permanencia en la capital de Somalilandia realicé una visita a la Universidad de Hargeisa.Esta fue fundada en el año 2000 y está localizada dentro de la ciudad.Cuenta con un terreno extenso y la integran ocho departamentos, entre los que se encuentran Medicina, Leyes, Administración de Empresas, Estudios Islámicos, y otros.Sus edificios son amplios y sencillos, bastante cercanos unos de otros, con poco vegetación.Cuenta con cerca de tres mil estudiantes, y solo el 30% de esta población es femenina.La carrera más popular es Administración de Empresas con un tercio del total de alumnos de la Universidad.Le sigue Leyes, con 350 alumnos; y Medicina, con 147.Al principio no había mujeres en la carrera de Leyes, pero con el énfasis moderno en el tema del género, esto ha ido cambiado.
Una facultad muy interesante es la de Medicina.Su decano es un médico de mucha experiencia, Dr. Derie Ereg, un docente estricto, que toma con responsabilidad la formación médica de los Somalíes.Se graduó de Anestesiólogo en Turquía; ha trabajado muchos años en el Hospital de Hargeisa y conoce sus carencias.Por eso proclama que en su Departamento, “nadie se gradúa sin esfuerzo”.Un alumno debe de sacar óptimas notas para permanecer como estudiante de Medicina.La primera promoción de médicos de esta Universidad será en el 2009 y contará con cerca de 20 graduados, que comenzaron sus estudios en el 2003.
La condición de la mujer en Somalia es de dependencia al varón dentro de la estructura familiar, social y religiosa.Al casarse pasa a desarrollar un núcleo familiar amplio, que incluye la procreación de varios hijos, y la adopción de primos, sobrinos u otros familiares en desventaja.Una mujer debe cubrir todo su cuerpo con su vestimenta, hasta la cabeza, dejando solamente libres la cara y las manos.Hay mujeres destacadas en las luchas contra la discriminación, mujeres valientes que buscan recursos legales de apoyo a sus acciones de condena en casos, por ejemplo, de violación.Sus luchas reivindicativas abarcan temas como el medio ambiente, la educación, la economía y la participación política; sus logros son significativos dadas las condiciones culturales que oprimen, incluso en su propio cuerpo, a la mujer somalí.
Visitar Somalilandia no solo me llenó de experiencias nuevas, al entrar en contacto con la historia y la cultura de este pueblo fuerte que mantiene sus vínculos, a pesar de las fronteras que lo fraccionan.Pude gozar de su comida sabrosa, de sus bailes exóticos, de sus vestidos llenos de colores y texturas finas; de la tranquilidad de sus hogares.Pero, a la vez, pude reconocerme en un mundo subdesarrollado, con sus abundantes barrios marginales; su escasez de agua, de vehículos de transporte, de medicina y médicos actualizados; sus vulnerables estructuras habitacionales; su empleo precario, entre otros.
ara terminar, querido lector, quisiera dejar testimonio de algunos aspectos culturales somalíes que motivaron mi admiración, como son el poder real que la estructura y práctica religiosa ejerce en el ciudadano común, el mayor control social de la violencia delincuencial, y su aprecio indiscutible por la niñez
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