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La Eternidad de Sísifo
José Manuel González*
El estado ideal de la conciencia primitiva permite el desarrollo de una perfecta relación instintivo-social(1); la integración como elemento que define la sociedad real no está sujeta o no nace como elemento normativo sino como identificación instantánea que anuda códigos compartidos en la que la conducta se homogeniza sin renunciar a su dignidad individual por mínima que esta pueda parecer.
El hombre entonces, como animal social, está determinado por su misma naturaleza a buscar la consolidación de grupos; a asociarse con otros semejantes que le permitan desarrollarse libremente y a la vez desarrollar con esa misma dignidad el grupo social con el que se identifica. Es esta asociación entre semejantes la que permite el surgimiento de una sociedad utópica ideal. Asociación entre semejantesdigo, pues ello implica que cada uno se concibe diferente al otro y por ende, capaz de contribuir, a través de sus diferencias, a ese Inter.-diálogo que construya una realidad mejor sin anular con ello la naturaleza diferente del otro.
Esta posición instintiva del surgimiento de sociedades primarias es una propuesta a la que muchos sociólogos, psicólogos y pensadores de principios del siglo XX le apuestan, sobre todo, después de la continua decepción de las diversas fórmulas, convenciones, ideologías, visiones de mundo o planteamientos filosóficos que se han dibujado en el devenir de la cultura occidental europea, sin alcanzar en ningún momento, cualquiera de ellas, la verdadera armonía o desarrollo humano o social concreto.
n efecto, en esta línea consecutiva de la historia y la proyección de las sociedades, cada nuevo planteamiento parece una respuesta o salida emergente frente a las carencias, bloqueos, vacíos e impedimentos que un planteamiento anterior ha dejado observar en la dinámica cultural. Es ahí donde aparece la señal de su propia condena pues convierte el sentido del “devenir” en un todo concluido a través de un logro obtenido y por lo mismo finalizado; en ello es donde aparece el hombre emboscado en esa categorización de términos ordenadores de las cosas pero incapaz de crear nada. Una conducta reactiva de prueba y error que se mueve en el contenido abstracto de las realidades como naturaleza normativa convertida en objeto de estudio pero que no retoma, sino al contrario evade las fuentes ontológicas de la realidad concreta. Es entonces una descripción de abstracciones, una lectura de premisas, tesis e hipótesis sobre un mundo construido a través de lenguajes e idiomas capaces de resumir en conceptos una dinámica social, pero incapaces de volver su centro de estudio en lo que verdaderamente es la fuente de todo. El sujeto concreto.
1. Del instintivismo natural a la naturaleza normativa
El principio de una sociedad armónica, consecuente, articulada en función del desarrollo del hombre, se encuentra en la base de todo pensamiento y proyecto de estado y sociedad, una sociedad en la que el hombre sea capaz de continuar creando, conquistando emancipadamente y en condiciones dinámicas permanentes que conduzcan al estado utópico. Sin embargo, más allá de ese principio instintivo, la racionalidad humana parece no solo anular esa base del desarrollo humano sino además desvirtuarlo, re-construirlo y finalmente transcodificarlo(2) al punto que, en la medida que más se intenta figurar el horizonte idóneo para hacer tangible ese principio instintivo, más se aleja de la verdadera realización del mismo. Lo más específico de ese hombre emboscado se deja entrever en Bloch precisamente cuando de manera metafórica y aludiendo a la comparación primitiva plantea que la fundación de un hogar convierte el fenómeno del amor que, en un principio, parece moverse solo en la esfera privada, en un contrato que no es solo de Derecho privado(3) es enfático con ello que la unión libre de la pareja ahora se ve normativizada por la configuración del Estado conduciendo al matrimonio –sociedad primera, natural e instintiva- en una célula estatal; en efecto, Bloch deja entrever que el instinto legalizado se transforma en el aparente beneficio social pero en esencia, dicha reglamentación o institucionalización del instinto tiende a anular la misma naturaleza humana por la atención y seguimiento de la norma, el convenio social o el contrato; en este caso básico es un contrato en el que dos se hacen un solo cuerpo(4) asumiendo compromisos, obligaciones, más que con ellos mismos, con las normativas del Estado en el que se inscriben y sometiéndose a las condicionantes del entorno materializadas en la ley y su expresión inmediata.
Frente a la naturaleza propia del hombre, la constitución armónica de una sociedad debería observarse en la naturaleza de las relacioneshumanas pero para ello es necesario saber reconocerlas para evitar anularlas con la ley. En cuestión de ese génesis instintivo, el amor es lo mejor que puede unir a dos personas, otorgando la felicidad según su propia medida y su propio derecho sin perturbaciones… no es necesario, por ello, imponerle otros(5). Sin embargo, la necesaria reglamentación de las sociedades convierte esta naturaleza primaria en una disposición de terminologías y reglamentos que terminan en convenios clasificados y construidos, el cautiverio de Sísifo a mantener rodando la roca para llevarla a la cúspide de la montaña no es menos agobiante que el cautiverio del hombre a mantener la legalidad del ser social por medio del establecimiento que ello condiciona.
En esta quimera de relaciones y expresiones sobre los mundos posibles, las palabras se vuelven los únicos hechos concretos con los que se puede figurar ese hombre emboscado en la sociedad determinada. Ellas no solo ordenan las desmesuradas emociones y visiones utópicas de realidad sino que, despóticamente limitan, bloquean y en ocasiones castran todo principio instintivo humano de esa verdadera relación. El lenguaje no solo es un ordenador eficaz del mundo, sino que se convierte en el verdadero creador de esa realidad y en el primer elemento normativo de la sociedad y del ser social. Un elemento normativo tan fuerte que incluso sustituye la experiencia real de las cosas por una experiencia vicarial convencionalmente asumida como mejor forma de acercarse a los hechos concretos. El hombre entonces, animal sentiente, concreto, instintivo y natural, se transforma ahora, a través de esa realidad producida por el lenguaje, en un producto del racionamiento, abstracto, innatural a sí mismo, normativizado y convencionalmente comprendido para poder ser estudiado, proyectado en mundos posiblescon variantes racionales controladas en esas abstracciones, pero sin la capacidad final de materializarse sino a través de una ambigua representación.
En la expresión representada del ser social y de esa sociedad ideal, la naturaleza racional del hombre se vuelve entonces un mecanismo que lo controla y le impide decodificar su verdadero ser , atrapado o mejor dicho soterrado, bajo gruesas capas de conceptos que se representan como códigos aparentes a decodificar, ello conduce a la ilusión permanente de estar hablando sobre la realidad concreta cuando lo único que se ha hecho es discutir anagramas conceptuales sobre mundos posibles que no tienen afiance real, pero que sí pueden figurarse como reales o cercanos a lo real y verosímil.
La imposibilidad de alcanzar ese verdadero mundo produce solucioneserróneas que progresivamente exigen la creación de otras soluciones (igualmente erróneas) frente a la imposibilidad de solventar los problemas que surgen de dichas prácticas en las que se puede controlar –aparentemente- al sujeto ‘social’pero no al sujeto concreto o natural. Esas soluciones creadas se plastifican en los códigos legales, en las normativas sociales y también en los reglamentos tácitos que una sociedad construida y definida en sí misma y que como tal proyecta.
El trabajo de Sísifo no es en sí un castigo sino una prueba concreta de su naturaleza esencial de ser hombre activo, de probar su voluntad dinámica sin caer en el conformismo de la regulación por la ley; el verdadero castigo caería en él al dejarse vencer y asumir una condición pasiva y muerta. Frente a lo anterior el contrario a Sísifo está en el hombre socializado y regulado. La regulación de la sociedad a través de leyes y normativas legales e incluso de correctivos moralizantes solo produce legalismos que enclaustran las intenciones primarias de una sociedad armónica y proyectan una utopía inalcanzable en la que desdibujan esa sociedad asumida y entendida como imperfecta pero en vías de desarrollo. Sugiriendo de soslayo el beneficio de un pequeño grupo consolidado como ideal. En efecto, la regulación (incluso desde la formulación escrita de la ley) proyecta una división inmediata de clases o castas sugeridas como habituales para potenciar el desarrollo; la aparente relación de armonía creada en la imagen de progreso económico solo emblematiza los privilegios de una clase dominante como algo de lo que todos tienen posibilidades de alcanzar pero solo se esboza como una constante lucha de un horizonte ambiguo en un camino de solo oportunidades; en el fondo de ello se encuentra un comité de la clase dominante que se presenta como representante de la generalidad sugiriendo la oportunidad de todos a través de esa relación interclasista y aparentemente democrática; pero la configuración del Estado Clasista no se debe entender como una Familia ampliada Bloch es determinante en ello pues concretiza que la primitiva comunidad familiar conocía servidores, hijos, mujeres, señor, pero la propiedad era común; había en ella división del trabajo, pero todavía natural, no constitutiva en clases(6)… De ahí que el principio de armonía se deba enfocar en la integración y respeto de todos, un elemento que se encuentra en Bloch en la base necesaria del ser social. Es decir cada comunidad en su génesis plantea esa necesidad básica y se debe mantener observada ese estadio primigenio de la consolidación de la comunidad antes de intentar desvirtuarla, En este estadio de comunidad es todavía real, no ilusoria, todavía no ha alzado un estrato que, distanciado del verdadero interés general, domina a todos los demás. Ese es el instinto que propicia la comunidad, algo que se alcanza y se define en su propio génesis, el mismo Bloch ejemplifica Los miembros de la comuna están socializados directamente, el trabajo es distribuido según la tradición y la necesidad, lo mismo que los productos si son necesarios para el consumo(7). Rodar la roca hasta la punta evidencia de la voluntad de el hombre que se yergue para caminar despierto pero deberá motivar a todos los demás a seguir su mismo camino.
Contrario a la suma de hombres libres y dignos, el nacimiento del Estado (contra natura) se va dibujando en Bloch como una agresión constante en la medida que la institucionalización anula al individuo; es la opresión de clase, el poder político; la guerra, y solo ella constituye su cimiento. La configuración del Estado conlleva la ruptura de la comunidad igualitaria, pues en su consolidación, el desarrollo del capital privado y la propiedad privada se convierten en la manifestación más palpable de la anulación de libertades y oportunidades para todos; no es extraño por ello que Bloch enfatice que en la configuración política del Estado, el derecho individual institucionalizado y reglamentado como legalismo y no como concesión comunitaria, anule el derecho colectivo al punto que, frente a las emergentes insatisfacciones de la colectividad, progresivamente se deban estructurar y enunciar nuevas regulaciones para mantener el orden frente al descontento social de la clase explotada. Por lo anterior se entiende de alguna manera que la construcción del Estado surja en la enunciación y se concretice en una democracia procedimental pero no en un verdadero sentido democrático. El Estado surge por una guerra de conquista, por la combinación de dos comunidades, de las cuales la una, en tanto que victoriosa, se convierte en clase explotadora, mientras que la otra, la vencida, pasa a ser la clase explotada(8).
Esta situación presenta quiebres de relación continuos cuando el hombre toma conciencia real de su estado de expropiación de libertades y es precisamente en ese momento, cuando se manifiesta el paso natural del instinto natural de ser social. El instinto no cabe en formulas legales y el hombre natural no es capaz de determinarse en conceptos convencionales, por lo que se resiste a las barreras legales que se construyen en la configuración de ese mundo normativizado y reglamentado externo a lo humano. Esa resistencia emergente a la sociedad convencional no es otra cosa que una necesidad del hombre de retornar a su estado concreto frente a las limitantes sociales que lo condicionan; ese corsé legalista que lo limita, lo reprime y por ende lo somete a replicar actitudes creadas des-armónicamente y en contra de sus derechos naturales de ser.
En Bloch, esos momentos de quiebre alcanzan a figurar la utopía real del ser social y ser individual y presentan a su vez el estado primigenio de la naturaleza humana. En efecto, parecería que Bloch mantiene un Sísifo rodando cuesta arriba la roca de la eterna cuestionante frente a las diversas propuestas de desarrollo del Estado. Hay una necesaria diferenciación en el desarrollo social del Estado que lo hace salvable dentro de la dinámica social y que evidencia cómo y porqué se desvirtúa este proyecto como hecho necesario y es precisamente en el cuestionamiento de los mecanismos de cohesión que el Estado plantea, mecanismos heredados del sistema feudal y del militarismo impositivo; lo que hay que combatir de acuerdo a Bloch es el Estado coactivo(9) es decir esa forma de gobierno donde la democracia coloca al obrero como fuerza productiva de acuerdo al capital y evade la supremacía bélica.Bloch sugiere en ello evitar la confusión entre la coacción inquisitiva del Estado totalitario que anula al sujeto y lo oprime con el modo de producción capitalista industrial, este último en sí mismo es ajeno al Estado como también a la coacción.
Si bien, cada momento de la historia ha puesto su atención en la aparente valoración del sujeto concreto, configurando pensamientos, hipótesis y premisas para reivindicar a dicho sujeto, en la práctica real dicha expresión cultural e ideológica solo ha convertido al sujeto en un objeto de estudio dentro del laboratorio epistemológico donde la hermenéutica es la medida que valora la metafísica para hablar de conceptos que construyen conceptos y delimitan leyes para validar y corregir las leyes que perdieron vigencia en períodos pasados o que no cumplieron con su aparente objetivo: armonizar la sociedad para el beneficio colectivo del hombre integrado a la dinámica social.
Del sujeto a los sujeto-objetos
La integraciónutópica del hombre como sujeto social es un aspecto que como se observa ha sido eficientemente normativizado por las convenciones sociales, construyendo una serie de representaciones que alimentan los imaginarios colectivos y evidencian los correctivos sociales-moralizantes que cada sociedad construye; pero esa integración elimina al sujeto como ente real, lo somete con las camisas de fuerza de las representaciones hasta finalmente convertirlo en un tema que se suma a las narrativas sociales y crea alteridades convenientes para estudiar las conductas como un explorador frente a una cartografía simbólica homogénea.
El sujeto ahora es objeto de estudio y objeto construido, clasificado, configurado u objetivizado para colocarlo en el tablero de juego de los seres mitológicos fundantes de sociedad: se habla del pueblo, del ciudadano, del marero, del civilizado o del salvaje urbano como se habla seres creados en una mitología cotidiana sin corporeidad real. Esas narrativas construidas como categorías de valor facilita el panorama social y dinamiza las conductas en una serie de respuestas creadas sin cuestionamientos reales. Es el revestimiento del hombre concreto por personajes míticos lo que muestran estos cuestionamientos, un ser social que solo se entiende a través de categorías y clasificaciones pero no materialmente, la sumisión del sujeto frente a la imagen y el rol que se le atribuye para que pueda existir en la sociedad legalizada convenientemente cartografiada, aun cuando ese rol sea al margen de ella.
Lo paradójico de lo anterior se muestra cuando el verdadero sujeto se resiste a vestirel disfraz de la sociedad y se enfrenta a los legalismos procedimentales que le ficcionan sus derechos; cuando la misma dinámica explota en el rostro de la configuración y construcción social y los convenios configurados entre el sujeto ubsumido y la sociedad legalista se rompen. De acuerdo a Bloch la desigualdad de la propiedad de los medios de producción, y no otra cosa, lleva, por eso, de manera económico-inmanente a la destrucción de la solidaridad tribal, a la construcción de un poder político de clase... el Estado es en tan escasa medida un cuerpo extraño en el capitalismo, que puede decirse incluso que culmina en él(10),el aparente beneficio de la propiedad privada sacrifica toda iniciativa de integración social al impulsar unidireccionalmente el desarrollo y beneficio individual pro sobre el beneficio de todos.En esta lógica despótica y maniquea del Estado capitalistadesmesurado es donde se producen tarde o temprano los quiebres y resurgen las confrontaciones del hombre que piensa.
Es entonces cuando emerge el hombre concreto en una sociedad aparente y legalizada, un hombre sin rostro, atípico, no homogéneo; un hombre que busca integrarse desde su misma naturaleza pero que no logra vestir ningún traje social pues no hay mito convencional que le calce bien. Frente a este espectro que se aparece en los límites de lo racional en que se mueven y transforman las convenciones sociales y los diques se rompen para construir otros diques.
Sin embargo, la ficción es verosímil y más tangible que la realidad natural y el mundo construido es tan dominante que termina por someter la naturaleza humana y al hombre mismo por lo que ese sujeto que reclamó su naturaleza primitiva para integrarse en sociedad, se viste con un concepto nuevo, un concepto construido para él, para convertirlo en objeto de estudio y para ubicarlo en el diorama de lo cotidiano como nuevo espécimen de la narrativa mitológica naciente.
La esperanza y el eterno retorno
El mito refleja a un desconocido, dibuja un espectro homogéneo que repele la diversidad porque le asusta desconocerse en el otro y no encontrar su disfraz en el alterno, pero a la vez, refracta el prisma descompuesto de la naturaleza humana y en las posibilidades de los matices de esa refracción se aparecen continuamente los rostros verdaderos del ser humano concreto. Ese rostro del hombre que mira y cuestiona las normas cuando estas se formalizan, se hacen ley aplastante y eliminan el derecho natural para propiciar el desarrollo del estado; es ahí donde el hombre aparece y se pone en camino, cuando surge el sujeto consiente y vislumbra esa propedéutica del camino retornando a su esencia natural de interrogación. La Esperanza en Bloch esta en Sísifo, en mantener rodando hacia delante la roca, en un continuo dinamismo, una ruptura de lo estático y lo pasivo o conformista que nace en el individuo, lo construye, lo constituye y posteriormente lo colectiviza, ese eterno retorno lo motiva a ser individual primero para ser colectivo después pues de hecho, en esa propedéutica del camino, el caminar juntos empieza por el individuo en sí mismo para después configurar desde sí al otro.
Es en ese resurgimiento donde se encuentra la semilla que origina las sociedades utópicas, las verdaderas utopías, es en ese haz de luz fragmentado, donde el instinto vuelve a su verdadera naturaleza e intenta rescatar al hombre de esa realidad ficcionada en la que vive, es entonces cuando lo desviste de la imagen construida y evidencia la incongruencia de la ley que lo anula y lo somete en lugar de posibilitar su desarrollo. Pero este momento de lucidez es fugaz y lamentablemente se diluye en nuevos revestimientos por la homogenización del Estado, en efecto, el Estado va construyendo nuevas relaciones de dependencia en la construcción permanente del sujeto. En la medidaque este se va incluyendo en esa dinámica social se le imponen nuevos deberes, de asistencia para formas al futuro ciudadano todo lo normal posible(11) no se puede negar que la construcción del Estado trasciende su naturaleza de ser creado para convertirse en creador y en ello, transmuta las condiciones de relación pues el hombre que creó al Estado como espacio posible para su desarrollo y proyección individual, ahora es creado y definido por su criatura. El principio de la Esperanza se visualiza entonces más allá de la institucionalización del Estado como entidad independiente para convertirse en lo que debería ser: un espacio para el desarrollo del hombre integro, individual y colectivo, un hombre autónomo, emancipado, libre y trascendente que en su misma configuración se torne ético, moral y capaz de producir la belleza de las cosas en su misma naturaleza de ser. Bloch parece conducir en ello a la eterna pregunta, el retorno constante del Sísifo que rodará la roca a la cúspide de la colina hasta alcanzar la plenitud de su objetivo pero que deberá volver a sus inicios recurrentemente. Ese eterno retorno es necesario en Bloch para no caer en los reglamentos limitantes de la institucionalización. La eterna pregunta, el cuestionamiento constante es lo que asegura la plenitud del hombre y rompe el despotismo de la institucionalización.
Bloch conduce a la valoración del preguntarse eterno como único elementoválido a institucionalizar para llegar ala reivindicación del Hombre despierto que mira hacia el futuro pues es en ello donde la Justicia se vuelve digna y efectiva en la integración del otro en si individualidad y en su socialización. Ese espacio utópico de integridad implica el real reconocimiento del derecho individual y colectivo dentro de un marco mínimo de dignidad.
Otras consideraciones.
No se puede hablar de Bloch si no es a través de la única institucionalización que considera y ello es la eterna pregunta, el cuestionamiento que permite mantener al hombre con la cabeza erguida en la búsqueda constante de ese reino de la Libertaden el que obtenga esa herencia plena de la libre elección en función de su desarrollo ético, moral y estético o cultural.
in embargo para alcanzar este estado de conciencia y de vida es necesario, como se ha observado anteriormente, vencer el estado cosificado del derecho privado que irrumpe en los derechos del hombre y por ende de la sociedad para satisfacer los derechos de una clase privilegiada. Es precisamente esa imposición absoluta de unos pocos sobre muchos la que debe de evitarse, por ello es necesario volver al verdadero papel de la justicia. En Efecto Bloch no desecha las leyes como formas de establecer el orden en un sistema social pues en ellas se puede observar (al volver hacia la esencialidad que da origen a cada ley) la justificación de una utopía a construir. En otras palabras, es conveniente entender que el derecho, como forma de organizar un sistema social (independientemente del tiempo en el que se observe, o el sistema de pensamiento que lo produzca) es una simple jurisprudencia cosificada que no debe anular al ciudadano sino propiciar su desarrollo; cuando se absolutiza la ley es cuando esta se convierte en una norma que anula el derecho individual que se cae en la objetivación del sujeto y se invierte el verdadero sentido de las sociedad, es en esos estadios cuando la lógica del capital parece convertirse en protagonista.
En estos estadios sociales es donde la configuración del Estado adquiere un aspecto contra natura. En palabras de Bloch, en lugar de estar superpuesto a la economía de antes, el Estado surge de ella misma…con contraposiciones internas que contribuyen finalmente a la clase dominante servirse perfectamente del Estado(12).La Empresa privada y el mismo sistema económico capitalista se convierte en el sensor y regulador de las condiciones sociales del Estado, anula la integración social e invierte la misma lógica política por la implantación del sistema del desarrollo del capital. En efecto, las condiciones actuales de las sociedades capitalistas ponen en evidencia lo anterior cuando se observa que lejos de favorecer la libertad del individuo, se está regulando no solo su propia vida sino además su categoría social condicionada por la adquisición de bienes a favor del desarrollo económico de unos cuantos. Los gobiernos o las mismas leyes políticas de un Estado no son dirigidas en este aspecto por un sistema de gobierno ciudadano o a favor del hombre, sino que este, el gobierno, finalmente obedece al desarrollo empresarial convirtiendo la política y sus legislaciones en vigilantes concretos de la empresa privada, otorgándole beneficios por sobre los derechos del hombre y anulando sus propias libertades.
De ahí que sea necesaria esa evaluación constante desde la propuesta de Bloch, pues si bien es cierto, en la gestación de una sociedad se encuentra el instinto natural que regula la integración del individuo en una colectividad igualitaria que no anule su subjetividad, ese germen fundante poco a poco va desapareciendo cuando los legalismos se vuelven absolutos, ello trae confrontaciones o quiebres ocasionales pero que muchas veces no solucionan problemas sino que lejos de ello acrecientan necesidades; en otras palabras, la explotación no desaparece sin más con la introducción de una libertad impotente(13), no es la sistematización de leyes, o el surgimiento de legalidades y reglamentaciones o decretos lo que anula los sistemas de explotación, al contrario, la introducción de normativas leyes, regulaciones o similares solo establece nuevos márgenes, nuevas fronteras y nuevas formas de explotar al hombre en situaciones cada vez más controladas o determinadas.
El verdadero sentido del derecho entonces debe mirar siempre a la utopía, liberando al hombre no para crear una felicidad artificial, condicionada a categorías estratificadas por conceptos, estereotipos o representaciones imaginarias, sino salvaguardando la dignidad que naturalmente necesita el hombre erguido para mantener esa utopía final transformadora de la historia.
Notas
1. Instintivismo: enfoque psicológico y sociológico de principios del siglo XX según el cual el individuo es un ser formado por una serie de instintos que gobiernan los comportamientos. Parte del principio de que en el hombre como en los animales, el inconsciente, o subconsciente, predomina sobre la conciencia; que el hombre es, en su esencia, una criatura de instintos y de hábitos, y sólo por añadidura y superficialmente, un ser “intelectual”. Cualquiera sea el grado de nuestras inteligencias, somos, en la acción, hermanos de los animales: por ende nos dirigen los instintos, y no razones; los sentimientos, y no ideas. Carlos Rasines, 1919, textos de sociología política. Edit. Vida.
2. Trascodificación: La materia de la expresión o substancia de la expresión es alterada en el mensaje final, para potenciar una selección de equivalencias óptimas en un repertorio signico. Un repertorio capaz de reflejar valores abstractos para un referente concreto.Roman Guber. pag. 52
3. Capítulo 24. pag. 270
4. Idem.
5. Cap. 24 pag. 271
6. Cap.24 pag. 272
7. Cap. 24 pag. 272
8. Cap.24 pag. 273
9. Cap. 24 pag. 273
10. Capt. 24 pag. 274
11. Cap. 24 Pag. 271
12. Capt. 24 pag. 275
13. Capt. 24 pag. 279
Bibliografía
Bloch, Ernst. 1954/59 El principio esperanza. Madrid.
Gubert Roman. 1987. La Mirada Opulenta. Barcelona, Gustavo Gili
asines, Carlos. 1919. Textos de sociología política. Edit. Vida
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